coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


¡CUERVOS!

¡CUERVOS!

(exégesis de un viaje consumado)

“El hombre en su íntima naturaleza es antitético. Microcosmos, mundo abreviado, espíritu y materia, alma y carne, inteligencia y sentido, bien y mal, poder y miseria, vida y muerte, eternidad y tiempo… el contraste, la antítesis”

Manuel J. Proaño

– En perfecto castellano: Yo.

¿Quién hubiera pensado que un viaje que comenzó en la puerta delantera de un edificio del Condado al norte de Quito a comienzos del año del Señor dos mil uno iba a terminar diez años después en los jardines de Eram en Chiraz al suroeste de Irán en un caluroso día del Safar invernal? … Diez años habían pasado y apenas parecían unos días, diez años habían pasado y parecían una eternidad. El viaje había sido demasiado intenso. Había perdido todo en el camino. Tres continentes, dos océanos, algunos mares y muchos espíritus de por medio. Lo que había comenzado como un grito de Achtung! había terminado como una victoria de Mon Dieu; si la plenitud es la suma de todas las posibles experiencias del hombre… en ese camino, en ese viaje, en esa vía yo había recorrido buena parte de esa plenitud. Solo se aprende a vivir viviendo, y cada uno tiene que hacer su propio aprendizaje. No hay experiencia ajena que valga.

Presa de la desesperación -plato predilecto del Tártaro- , muchas veces estuve a punto de botar la toalla, pero ese camino que comencé solo, debía necesariamente llevarme solamente hacia mis pares, hacia mis coterráneos, hacia mis prójimos. Y persistí, y luché, y logré que mis palabras se convirtieran en hechos y esos hechos en símbolos imperecederos, en símbolos vivientes… se escuchó decir: ¡hágase mi voluntad!… había sido demasiado, pero me reconfortaba saber de la constante presencia de mis omnipresentes acompañantes a lo largo del camino: los cuervos.

¡Cuervos! ¡Cuervos! En todos lados, a cada paso, en cada esquina, en cada ciudad y cada campo; en las encrucijadas calles de aquel quiteño Condado entonces límite enigmático del norte capitalino, en el aeropuerto JFK de New York junto a mis abuelos, en los bosques de los Berkshires de Massachusetts, en las rutas del Perú andino, en el hotel Ritz de Sopocachi de La Paz, en el rincón más oscuro de mi cuarto de Buenos Aires, en la Alameda Central de esa hostil Santiago, en las sedes de Río de Janeiro, en el restaurante aquel en el Malecón de Guayaquil donde comenzó el fin junto al italiano y al “mono que se hizo serrano”, en la Compañía de las Indias Occidentales de Ámsterdam, en el hipódromo de Constantinopla, en el desierto babilónico, en los jardines del Golestan de Tehran, en los jardines de Eram de Chiraz, pero sobre todo en el Monte Ararat en aquel ínclito lugar que se llevó las aguas que nadie vio… donde la humanidad comenzó nuevamente. Y el sol brillaba como nunca ese día… En aquel lugar donde los dioses me obligaron a peregrinar… para bendecirme.

Cuervos, vigilantes y astutos, predilectos de la casta de los locos. Cuervos insondables, con su mirada tan fija y tan negra como la noche oscura del alma. Cuervos impenetrables como las piedras de las ruinas de Tiahuanaco, y sabios como los magos persas que recorrieron la ruta de Belén hace dos mil y pico de años…. simplemente esperando, observando, advirtiendo… simplemente estando allí; ¡su presencia! Eso era suficiente, en cada lugar… con cada mirada cómplice entre nosotros sabíamos que la obra emprendida era demasiado grande para los tiempos en los que habíamos nacido… sabían aquellos guardianes de la Torre de Londres que los servicios prestados a la Corona de Hierro casi nunca eran recompensados, pues habíamos nacido en la época en la que la verdad había desaparecido y dónde la realidad no podía más que contundir. Sin embargo nacimos y morimos juntos en ese viaje. Ellos me debían todo, habían sido creados para eso, su misma existencia se justificaba por mí; como la primavera que existe para que la flor florezca. Mi obra había sido veneno y elixir mágico a la vez, quienes estuvieron en ella marcaron sus vidas para siempre. Muchos amigos, más enemigos, muchos resentidos, algunos dolidos, pocos agradecidos; pero todos y cada uno innegablemente en deuda eterna con quien los había probado de por vida.

Y después de diez años llegó el fin…

– Llamé a Fortunato. No hubo respuesta.

– ¡Fortunato! Gruñí

– No hubo respuesta.

–Llamé otra vez ¡Fortunanto!

–Solo silencio. ¡Primavera que no llega! Pensé… y quise llorar como en Mullholland Drive, pero simplemente no pude por mucho que quise y lo intenté.

Y allí los Mustaqims entendiéndome y extendiéndome sus manos y brazos derechos hacia mí, pronunciaron mi sentencia, mirando al cielo anunciaronme en perfecto árabe -¡Qom!

– ¿Qué dije yo?

-¡Qom! Repitieron…

– ¡No entendí nada! Estaba más confundido que nunca, hasta que un árabe del Plata se apiadó de mí y me tradujo esa palabra

-¡Qom! Significa ¡levántate!…

¡Levántate!

Ese mismo rato ante ellos lo hice… y esa palabra me cambió para siempre.

Era medianoche y mi labor llegaba a término. Había completado la séptima, la octava, y la nona. Había sido fiel a mi nombre. Y se había terminado el tiempo; la décima y ¿Quién sabe? la décimo primera serán para este nuevo ciclo. El nigredo se consumió en sí. El albedo se viene venir. Ahora somos Nos.

La sinfonía ha de comenzar…

Entonces, los cuervos al final se pronunciaron, yo no los había criado… esperan aún otros ojos… no podían digerir el oro. Todos y cada uno de cada rincón visitado y vivido, en frenética parvada ante su causa última cuando la desolación finalmente se presentó en medio del desierto con el tremendo templo ante mí, cuando la locura vomitó por mi boca y aterrorizó a los más locos que yo; y mientras mis hermanos de sangre bailaban en feliz concierto en el sur de mi natal ciudad y mis hermanos de espíritu me esperaban con impaciencia… chillaron al unísono ensordeciéndome para siempre contra las viejas palabras, en perfecto inglés: NEVERMORE! NEVERMORE! NEVERMORE!

Por Francisco Núñez Proaño

Parvada de cuervos en los jardines de Eram en Chiraz


7 comentarios so far
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Bendita Sea!

Ahora Nos toca

Comentario por Andreu

Cuervos, los hay en todo lado. Los hombres se han convertido en cuervos para olvidarse que son hombres, y sacar los ojos a los que siguen siendo hombres.

Comentario por Legionario del Cielo Blanco

y hay quienes se olvidan de los fieles compañeros cuervos de Odín, Huginn -pensamiento- y Muninn -memoria-:

Huginn ok Muninn
fljúga hverjan dag
Jörmungrund yfir;
óumk ek of Hugin,
at hann aftr né komi-t,
þó sjámk meir of Munin.

Hugin y Munin
vuelan todos los días
alrededor del mundo
temo menos por Hugin
de que no regrese,
aún más temo por Munin.

Y a veces no vuelven, y su desaparición produce monstruos.

Comentario por coterraneus

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Comentario por Ageless




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