coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Los complejos de los ecuatorianos: El Profesional.

Los complejos de los ecuatorianos: El Profesional (o profesionista).

De los muchos complejos que aquejan a los ecuatorianos, uno es muy particular y  me “encanta”. Este es el que he denominado el complejo profesional.

Resulta que en los países hispanoamericanos (que no latinos), al parecer, por algún resabio colonial -en toda la extensión de la palabra-, debido a que en épocas  pasadas la nobleza y el cargo estaban muchas veces relacionados. Hoy ciertos individuos (que no personas) creen que por poseer un título profesional su estatus ontológico ha superado su mediocre existencia. Y así vemos como estos  con sus doctorados, sus ingenierías o sus licenciaturas – amén de sus PHds obtenidos en Europa o los EE.UU.- en “nomeimportaunbledo” asumen estos títulos como si de títulos de nobleza se trataran. ¡Válgame Dios! de quien no les trate por su título… pobre y triste humano aquel que no se da cuenta que se ha matado entre 4 y 8 años estudiando para como buen arribista ascender por sus papeles en la marejada de la masa disoluta que puebla los cuatro rincones del país, su quid pro quo: (medio) saber hacer algo. Tres ejemplos claros recuerdo de mi corta vida – en orden descendente conforme al tiempo:

1) La montubia guayaca que se esforzó toda su vida -utilizando todos sus encantos femeninos- para primero conseguirse una teta, perdón, un trabajo en una institución pública; para después sacar su título en economía en noseque universidad -becada por la misma institución pública por sus mismos encantos femeninos – y rematarle con algún curso al cual ella le dio el valor de un MBA. Cabeza en alto, orgullosa de lo que es (o cree ser), se afirma en un pedazo de cartón en la pared… pobre el truhán que no se dirija a ella como “economista” (los apocopes como eco. econ. y sus etcs. no están permitidos en este caso) y más pobre aquel desgraciado que se atreva a enviarle un oficio sin el Ec. o Econ. antes del nombre y el MBA, después de él. Recibirá su “ubicatex” enseguida. Aunque a ella también le dieron el suyo cuando le explicaron que era un MBA, y el por qué ella no lo tenía.

2) El abogaducho leguleyo que ¡Oh sorpresa! alguna vez lo ocupé en uno de mis omnipresentes líos legales. En este caso con buen apellido, abolengo, casa de sus antepasados en el centro histórico de Quito, departamento en la República del Salvador y Portugal, bigote a lo Dalí y quien también mamaba, perdón nuevamente, trabajaba ocasionalmente para el Estado. Además de sus complejos de venido a menos, le encanta le traten como doctor; si bien no exigía que fuera así (nobleza obliga dicen por ahí). Pero siempre un leve suspiro de satisfacción se le escapa de su ser cada vez que alguien reconoce su doctorado en leyes (que antes lo entregaban a diestra y siniestra al que era y al que no era… y que ahora se ha regulado algo más su obtención). El “doctorcito”, como le decían en la calle, finalmente me estafó y no solo que no resolvió uno de mis juicios, sino que se arregló muy bien con la otra parte para repartirse lo que era mío. Bien vivo resultó el “doitor”, seguramente eso no lo aprendió en el claustro universitario sino en los arrabales de los juzgados con el resto de “profesionales del derecho”.

3) El profe chagra de dibujo en el colegio, que resulta había sido arquitecto: -“Profe” decía yo. – “Arquitecto” me respodía”. – “Pero profe quiero quiero saber como se dibuja esto”. -“Arquitecto” me volvía a responder. Y solo se me ocurría en mi inocencia de educando: Como que si fuera mi culpa el galopante desempleo de nuestro país, y como si fuera mi culpa que hubiera elegido una carrera más que explotada en estas tierras donde abundan los médicos, loa abogados y los aquitectos. Ni hablemos hoy en día del déficit de especialistas en carreras técnicas que faltan en el Ecuador. Pues no a muchos les agradaría escuchar cuando se refieran a ellos como “técnico soldador”… aunque tal vez lo pensarían al saber que estos ganan mucho más que cualquier “Arquitecto”.

Tres ejemplos claros, tres ejemplos patéticos. Valen por lo que dice un papel en una pared. Son por cómo se refieren hacia ellos. ¿Cómo no van a ser así? Si desde mocosos sus padres les meten por las orejas que el objetivo máximo de su vida es ser profesional: “usted mijo debe ser un buen profesional”, “un buen profesionista” dirán unos más leidos… y como no hacer la comparación con el complejo argentino del inmigrante tano o gallego que había realizado a su estirpe con -“m’ hijo el dotor”.  El primer profesional de mi familia fue alguien hace 800 años en algún punto de Europa. Así que para mí  la universidad no es más que un trámite demasiado largo y caro; me será siempre imposible entender esto: Como a los individuos se les enseña ser útiles en algo (pues una profesión no es más que esto), antes de enseñarles a ser personas, antes de orientarlos a ser gente.

De muy niño la mejor lección de mi vida sobre este complejo me la dio uno de mis bisabuelos (al cual tuve la dicha de conocer): “EL MAYOR TÍTULO QUE JAMÁS PODRÁS OBTENER ES EL DE SEÑOR” ¡Ajo! le agrego yo. Y este mismo axioma me lo reafirmó el más querido de mis maestros (que no profesor) el licenciado, pero sobre y ante todo señor Vinicio Angulo, allá cuando cursaba mi sexto grado de escuela en el milenio anterior.

Mis acomplejados doctorcitos, licens, arquitectos y ecos ¿Saben qué?: Les quiero. La vida es un cabaret.

Por Francisco Núñez Proaño.

Addendum: Debo anotar que el complejo se agrava mientras el nivel social va bajando.


3 comentarios so far
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La verdad es que los cholos acomplejados, los individuos de baja clase, sean vástags de “Sanguñas”, “Washintongs”, con nombres como “Bryan” o “Jony”, o aquellos que llegaron a la ciudad a buscar mejor suerte y estudiando (o mejor dicho “estudiando”) van subiendo de “nivel” conforme van ayudando a la sociedad decadente a consolidarse con las mentes obtusas. Nunca es infaltable el caso de un cholo de Guamote que, amarrándose la correa, vino a Quito a sacarse la “madre” estudiando medicina. Egresó, se marchó a Holanda, obtuvo su título de medico cirujano y posteriormente de Máster y demás, conoció a una incauta holandesa (como les gusta a esos europeos la pinga, digo la vibra chola nacional), tuvo dos hijos, aprendió holandés y volvió a cholear a todos aquellos que le reclamaban cuando se pasaba el semáforo en rojo y casi atropellaba algún transeunte, o aquella graciosa ocasión en que intentó manosear a una jovencita de buena familia haciendo sus “chequeos”, para cuando esta y su madre le reclamaron, solo llevarse el título de “longas acomplejadas, cholas arribistas que por tener ojos claros se creen mejores”…. No olvides, estimado amigo, que el fantasma de Pedro Taipe, digo Peter Scotch, es el “geist” de esta época en esta tierra de bastardos… La nueva nobleza…
Carpe Diem, repitió Horacio

Comentario por Isabelo

Es peor que te digan “abogadosh” que “abogado”
Es peor que te digan “profeshor” en vez de “maestro”
Es peor que te digan “oficial” en vez de “policia”
Es peor que te digan “pana” a “usted”

Siempre hay algo que es peor… pero creo que lo peor de todo es la masa de acomplejados que porque sacaron un cartón en la central, se creen mejores o “superados”. El paradigma de la superación es el producto que venden los hijos de puta de la universidades. Y a quién se le puede vender un producto así? sino a un pueblo acomplejado que niega sus raíces y abolengo.
Es millones de veces más noble ser tratado de “labriego” si se es indígena o mulato o zambo, que ser tratado de “doctor” (refiriendose a un médico) cuando en su familia lo más cercano en sus antepasados pudo haber sido un chamán!

No entiendo porqué gente que hace una labor INMENSAMENTE NOBLE, como un bombero, un labriego o un barredor de calles; no se siente orgullosa y presume de su título PORQUE ESO SI SIRVE A TODOS.

Las profesiones más “codiciadas” son la enfermedad en la cual se apoya la modernidad: los economistas, los administradores y los abogados!

Comentario por centroprimigeno

De acuerdo con algunos de los conceptos, pero hay que saber entender que ha ocurridoen la soicedad ecuatoriana: La abolición del examen de ingreso, permitió un estampida de miles, cientos de miles de asémilas a las universidades, de modo que el 90% de los doctores (en infinidad de carreras), arquitectos y licenciados en efecto, han sido descritos aquí. La educación universitaria, es tan de a perro, como sus maestros y egresados. Pero, no hemos de igualar a un asno con título que a un señor y que además de ello, tiene un pergamino que obtuvo, como el 1, 2 o, máximo el 3% de los profesionistas de la República en una Universidad que realmente se llamó tal en la época de Vizancio.

Comentario por Juan Francisco Morales Suárez




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