coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


El acta de la independencia de Quito. Historia secreta de América -6-.

El acta de la independencia de Quito.

(29 de mayo de 1822)

El difunto historiador Efrén AVilés Pino en su “Enciclopedia del Ecuador” dice y cito el artículo “Historia de la independencia”: “La independencia del Ecuador tiene un solo nombre: 9 de Octubre de 1820. El 9 de octubre es el día más importante en la historia de Guayaquil, de la antigua Audiencia de Quito y del Ecuador actual, porque es el verdadero y único día de nuestra independencia.” -siempre en referencia a los sucesos del 10 de agosto de 1809-. Y concluye: “Ese mismo día -8 de noviembre de 1820- un ejército de guayaquileños, al que con sentido patriótico se llamó “División Protectora de Quito”, marchó hacia el interior para luchar por la independencia de todos los pueblos de la audiencia. Se inició entonces -bajo el mando de Febres-Cordero y Urdaneta, primero; y del Gral. Sucre, después- una rutilante campaña militar que durante 18 meses, entre triunfos y derrotas, liberó todo el territorio de la Audiencia, hasta culminar, el 24 de mayo de 1822, en el monumental escenario de la gloria guayaquileña: El Pichincha. Ese día, el pueblo quiteño fue testigo de los momentos más transcendentales de su historia, cuando observó -con muda emoción- el empuje de los padres de la libertad, que desde Guayaquil habían llegado para sellar en la cima de los Andes, de manera definitiva y para siempre, la libertad de la Patria.” Caben entonces tres preguntas:

La primera: ¿Por qué el historiador no menciona al acta de la independencia de Quito del 29 de Mayo de 1822? – Acaso desconocía este documento -que es utilizado por varios historiadores nacionales y extranjeros desde hace mucho-, o ¿Le guiaban otros intereses?

La segunda: ¿Por qué no se conoce a este documento como se titula el “Acta de la independencia de Quito” y se insiste en llamar al acta del 10 de  Agosto de 1809 como “Acta de independencia”?

Y la tercera: ¿Le debemos a Guayaquil entonces la libertadura -república la llaman algunos- que nos vino después del 24 de mayo de 1822? Esa, se las dejo respondan ustedes queridos lectores.

Con este preámbulo paso a publicar la transcripción de la verdadera y única acta de independencia de Quito del 29 de mayo de 1822. Documento que si bien es conocido, oficialmente es ignorado:

Escudo de San Francisco de Quito, concedido por Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico.

“Acta de la independencia de Quito.”[1]

“En la ciudad de San Francisco de Quito, capital de las provincias del antiguo reino de este nombre, representada por su excelentísima municipalidad, el venerable deán y cabildo de la santa iglesia catedral, los prelados de las comunidades religiosas, los curas de las parroquias urbanas, las principales personas del comercio y agricultura, los padres de familia, y notables del país, dijeron: que convencidos de hallarse disueltos los vínculos con que la conquista unió este reino a la nación española, en fuerza de los derechos sacrosantos de todo pueblo para emanciparse si el bien de sus habitantes lo demanda cuando la opresión, el vilipendio y los ultrajes a los ciudadanos por un gobierno corrompido y tiránico han roto todos los lazos que por cualesquiera motivos ideales ligaron estas provincias a la Península, cuando los sacrificios de la América en las aras de la libertad prometen a Quito la elevación de sus destinos a la gloria y a la prosperidad, cuando los resultados de la guerra que ha sostenido el Nuevo Mundo por su independencia aseguran la suerte de estos países, guerra cuya justicia está reconocida por el género humano y cuyos principios han proclamado en el siglo todas las naciones y todos los hombres que conocen su dignidad, cuando en fin, los españoles profanando el santuario y sus ministros, hollando la moral pública, cubriendo los pueblos de sangre y de luto, preparaban la completa ruina de estas regiones infortunadas, y cuando el Ser Supremo, criador de los bienes de la tierra, cansado del torrente de males que ha inundado el pueblo quiteño, dándole la victoria con que coronó las armas de la patria en la memorable batalla del 24 del corriente sobre las faldas del Pichincha, lo ha puesto en posesión de sus derechos imprescriptibles por medio del genio titular de Colombia, por la mano del inmortal Bolívar, que desde los más remotos puntos de la República ha proveído siempre infatigable a la felicidad de estas provincias; esta corporación, pues, expresando con la más posible y solemne legitimidad los votos de los pueblos que componen el antiguo reino de Quito, ofreciéndose al Ser Supremo y prometiendo conservar pura la religión de Jesús como la base de las mejores sociedades, ha venido en resolver, y resuelve:”

“1º. Reunirse a la república de Colombia como el primer acto espontáneo[2] dictado por el deseo de los pueblos, por la conveniencia y por la mutua seguridad y necesidad, declarando las provincias que componían el antiguo reino de Quito[3] como parte integrante de Colombia, bajo el pacto expreso y formal de tener en ella la representación correspondiente a su importancia política.
2º. Presentar los testimonios de su reconocimiento a las divisiones de Colombia y del Perú, que a las órdenes del señor general Sucre han roto las cadenas que ataban estos países al ignominioso carro peninsular; a este efecto, y considerando una obligación santa tributar a los libertadores de Quito una prueba de gratitud, y que éstos lleven una señal de sus sacrificios, autorizada la corporación por el patriotismo y por los servicios de estas provincias a la causa de Colombia, e impetrando la aprobación del gobierno, conceden a la división libertadora una medalla, o cruz de honor pendiente al pecho de una cinta azul celeste. La medalla será un sol, naciendo sobre las montañas del ecuador, y unidos sus rayos por una corona de laurel: entre la montaña en letras de oro la inscripción Colombia, y alrededor del sol Libertador de Quito en esmalte azul; en el reverso Vencedor de Pichincha 24 de mayo, 12º, y el nombre del agraciado[4]. El pueblo regalará estas medallas que serán para los generales con esmaltes en los rayos de piedras preciosas, para los oficiales de oro, y para la tropa de plata. Y respecto a que el ejército libertador que ha hecho la campaña de Pasto ha tenido una parte tan importante en la libertad de Quito, como la división misma que ha entrado, se suplicará al gobierno que conceda el uso de esta medalla a aquel ejército con las modificaciones que guste, y que el excelentísimo señor libertador presidente acepte la que le presentará una diputación del pueblo quiteño, que también pondrá otra en manso de S. E. el vicepresidente, como una pequeña significación del agradecimiento de estas provincias a sus esfuerzos por liberarlas. Y estando entendido el cabildo y corporaciones que el señor general Sucre tiene la delegación de las facultades concedidas por el soberano congreso de la República al excelentísimo señor presidente, se le exigirá que mientras aprueba el gobierno la solicitud de este pueblo, permita a la división de su mando el uso de esta medalla, y que tome él sobre su cargo, en unión de la municipalidad, dar las gracias al gobierno del Perú por la cooperación de sus tropas a la libertad de Quito, suplicándole que éstas lleven la expresada medalla como una manifestación de nuestro agradecimiento a sus sacrificios, y el expresado señor general remitirá a nombre de este pueblo la misma condecoración, sin la inscripción del reverso y con cinta blanca, al excelentísimo señor protector del Perú, y tendrá la facultad de hacerlo a los demás jefes de aquel estado que hayan concurrido a la expedición libertadora de este país, y a los ciudadanos que por servicios distinguidos en esta gloriosa campaña hayan tenido una influencia en la recuperación de nuestros derechos, pendiendo ésta de la cinta tricolor del pabellón de la República.
3º. Erigir una pirámide sobre el campo de Pichincha, en el lugar de la batalla, que se llamará en adelante la cima de la libertad. En el pedestal, frente a la ciudad, se esculpirá esta inscripción: Los hijos del ecuador a Simón Bolívar, el ángel de la paz y de la libertad colombiana. Seguirá en el mimo frente el nombre del general Sucre, y debajo Quito libre el 24 de mayo de 1822, 22º. Y continuarán los nombres de los jefes y oficiales del estado mayor de las divisiones unidas. En el pedestal de la derecha se colocarán los nombres de los jefes y oficiales de la división del Perú, prefiriendo los heridos, y precedidos por el de su comandante, el señor coronel Santacruz, y continuarán los nombres de los cuerpos y de toda la tropa. En el pedestal de la izquierda, y en todo este costado por el mismo orden, los nombres de los cuerpos y de los jefes, oficiales y tropa de la división de Colombia, precedidos por el del señor general Mires. En el pedestal que mira al campo de la batalla, esta inscripción: A Dios glorificador. Mi valor y mi sangre terminó la guerra de Colombia, y dio libertad a Quito. Seguirán arriba los nombres de los muertos en combate. Sobre la cúspide de la pirámide se colocará el genio de la libertad rodeado de banderas de los cuerpos que han hecho la campaña de Quito, que simbolizará la unión de los estados americanos.
4º. Poner en el frontispicio de la sala capitular una lápida que recuerde en la posteridad el día feliz en que Quito recobró sus derechos, y el nombre del Libertador.
5º. Establecer perpetuamente una función religiosa en que se celebrará el aniversario de la emancipación de Quito; la cual se hará trasladando en procesión solemne, la víspera de Pentecostés, a la santa iglesia catedral la imagen de la madre de Dios, bajo su advocación de Mercedes, y el día habrá en ella misa clásica con sermón, a que concurrirán todas las corporaciones, y será considerada como la primera fiesta religiosa de Quito, cuando tiene el objeto de elevar los votos de este pueblo al Hacedor Supremo por los bienes que le concedió en igual día.
. Instituir otra función fúnebre por el alivio y descanso de las almas de los héroes que sacrificaron su vida a la libertad americana, cuya función, celebrada el tercer día de Pentecostés, será tan solemne como la del artículo anterior, o el día siguiente hábil
7º. Que para hacer durable la memoria del general Sucre en esta capital, se publique el 13 de junio la Ley fundamental de Colombia, y que en él preste la ciudad, las corporaciones y autoridades, el juramento de defender con sus bienes, su vida y su sangre la independencia, la libertad política y la integridad del Estado, perpetuando una función todos los años el mismo 13 de junio para recordar el día en que Quito se incorporó a la República.
8º. Celebrar una misa de gracias el domingo dos del entrante, con toda pompa, para rendir al Dios de los ejércitos nuestro homenaje y reconocimiento por la transformación gloriosa de Quito, y disponiendo en los tres días precedentes toda especie de regocijos públicos, iluminando la ciudad por tres noches, y concediendo al público cuantas diversiones quiera usar moderadamente. El cabildo tendrá conciertos en estas tres noches y al frente de su casa se colocará una figura alegórica que represente a la América sentada en un trono majestuoso, y rodeada de sus atributos, acariciando el busto del Libertador de Colombia. A la derecha se verá un genio que simbolice a Quito presentando al busto del general Sucre una corona cívica; a la izquierda estarán los retratos de los más esclarecidos generales del ejército, y alrededor, escritos con letras de oro sobre campo azul, los nombres de los oficiales y soldados más ilustres. El mismo cabildo preparará una fiesta triunfal para el día 13 de junio que se publique la Ley fundamental del Estado.
9º. Colocar en la sala capitular los bustos del Libertador de Colombia y del señor general Sucre, a los dos extremos de las armas de la ciudad, cuyo glorioso monumento se colocará igualmente en los salones del palacio y otros lugares públicos.
10º. Que esta acta quede abierta por quince días en la sala de cabildo para que sea firmada por todos los ciudadanos que uniendo sus votos a los que la han dictado, expresen más suficientemente, si es posible, los deseos de los pueblos de Quito, a cuyo efecto se circularán copias en todo el departamento para que en las casas de los ayuntamientos se suscriba por las personas que puedan hacerlo, y se dé este testimonio de su patriotismo y de sus sentimientos.”

“Con lo cual se concluyó esta acta que proclama la corporación como una declaración expresa de sus votos que hace a la faz del mundo el pueblo de Quito, el día veintinueve de mayo del año del Señor mil ochocientos veintidós, y el duodécimo en que manifestó sus deseos de ser libre, feliz y colombiano (?).”

“Vicente Aguirre[5]. Dr. José Félix Valdivieso. Javier Villacis. Tomás de Velasco. Pedro Cevallos. Dr. Bernardo Ignacio de León y Carcelén[6]. Vicente Álvarez. Fidel Quijano. Pedro Guarderas. Vicente Chiriboga. Manuel Moreno. Dr. Pedro José de Arteta. Antonio Salvador. José María Guerrero. Bartolomé Donoso. Ramón Borja. José María del Mazo. Próspero Quiñones. Antonio Fernández Salvador. Dr. José María Cabezas. Dr. Agustín de Salazar. Maximiliano Coronel. Dr. Nicolás de Arteta. Dr. Joaquín Pérez de Anda. Calixto Miranda[7]. Dr. José Camacho. Mariano Batallas. Bruno de Neira. Dr. Francisco León de Aguirre. Dr. José Loza, secretario. Fray Luis Sosa, provincial de Santo Domingo. Maestro fray Antonio Alban, provincial de la Merced. Presentado fray Manuel Bravo, presidente comendador de la Merced. Fray Narciso Segura, provincial de San Francisco. Fray Antonio de la Torre, guardián. Maestro fray Carlos Mejía, prior. Pedro José de Encinas. Señor Pedro de San José, prefecto. Luis de Saá. José Corrella. José Álvarez. Doctor Manuel Espinosa. Presentado doctor fray José Boú. Juan de León y Aguirre. José de Zaldumbide. Juan Antonio Terán. Miguel Valladares. El título de Miraflores. Fray Francisco de Saá. José Eugenio Correa, cura de San Roque. Fray Francisco Martínez, rector. Antonio Pineda. Juan Ante. José Viteri. Pedro Manuel Quiñones. Antonio Baquero. Francisco Campos. Mariano Merizalde, cura de San Marcos. Antonio Llerena. Fray Manuel Solano, prior provincial de agustinos[8]. José Miguel Batallas y Vallejo. Manuel Valladares. Mariano Hurtado. Ramón Molina. José Villandrando. Miguel Espinosa. Matías Sánchez. José Valareso. José González. Manuel del Corral. Mariano Soria. José Montanero. Manuel Benítez. Pedro Iriarte. Mariano Villamar. Pedro Guarderas. Vicente López Merino. Ignacio Villacis.”


[1]  Publicada en la Gaceta del gobierno del Perú (hemeroteca del Instituto  Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú), del sábado 27 de Julio de 1822, Tomo Tercero, Número 10, Lima. Transcrita y digitalizada por Francisco Núñez Proaño.

[2] El acto de unión a la república de Colombia no fue nada “espontáneo” y de hecho existen historiadores que consideran a este hecho una anexión forzada. Véase: El rey de la noche de Mark Van Aken.

[3] Llama la atención como se insiste y se reitera la condición de Quito como “antiguo reino”.

[4] La primera orden ecuatoriana instaurada pos independencia.

[5] El General Vicente Aguirre Mendoza fue esposo de Rosa Montúfar Larrea, hija de Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre y presidente de la Junta Suprema de Quito del 10 de Agosto de 1809.

[6] De la Casa de los marqueses de Villarrocha y de los marqueses de Solanda.

[7] El doctor Calixto Miranda propuso un proyecto constitucional monárquico para Quito en 1812.

[8] Llama poderosamente la atención el número de religiosos firmantes.


5 comentarios so far
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Tienes razón, Francisco, al Acta de 1809 se la debe conocer como “Primer Grito de Independencia”, mas “de la Independencia”. Insisto: en América toda y en el mundo, se ha reconocido al movimiento fidelista de Quito del 10 de agosto de 1809 como hecho inspirador para las otras naciones. Las rebeliones anteriores, como la de Chuquisaca o alguna en Colombia, no tuvieron la trascendencia ni la influencia que transmitieron los quiteños (no sólo de la ciudad de Quito, sino de la Real Audiencia de Quito).

Ahora bien, creo que, sin pretensiones, podría responder a tu pregunta “¿Le debemos a Guayaquil entonces la libertadura -república la llaman algunos- que nos vino después del 24 de mayo de 1822?”. Y mi respuesta es: SÍ, sí se la debemos, no como única acción, pero sí la que marcó el pasó definitivo, el inicio del fin, que se concretaría, como bien nos cuentas, en mayo de 1822.

Pero el movimiento guayaquileño del 9 de octubre de 1820 no habría tenido la influencia que tuvo si no hubiera habido el 10 de agosto de 1809, el 2 de agosto de 1810 e, incluso, las manifestaciones en las Cortes de Cadiz. Bien nos compartiste el documento que hacía explícita la preferencia de Guayaquil por mantenerse como parte de las colonias españolas (OJO: hasta las Reformas borbónicas, Bogotá, Lima y sus territorios, así como La Plata y Nueva España y otros, no eran “colonias”, sino que eran parte de los territorios españoles de ultramar; es decir, tenían un estatus superior que el de colonias).

Comentario por Mauricio Alvarado-Dávila

Estimado Mauricio:

Yo considero que el 10 de agosto de 1809 en Quito es en verdad un hecho trascendente que influyó en toda la América. Lo atestiguan innumerables personajes e historiadores; ya conocemos el famosos caso del Congreso de Chile y el Faro de Valparaíso y el mismo Bartolomé Mitre, historiador y presidente de la nación argentina, le reconoce a Quito esta primacía en su “Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana”.

Pero de la misma forma considero que a las cosas hay que llamarlas por su nombre y la única acta de independencia de Quito es esta que he presentado de mayo de 1822.

Gracias por responder a mi pregunta,es verdad que también le debemos a Guayaquil la indenpendencia… ahora en mi juicio particularísimo, personal y subjetivo; eso no es para nada positivo, a pesar de ser un hecho consumado hace casi dos siglos.Como bien sabes y expresas nunca fuimos considerados colonias sino solo al final del Imperio español, e incluso la Constitución de Cádiz de 1812 reconoció el estatus de provincias de ultramar a todos los territorios americanos. Así se prueba conducente con este documento que los mismos criollos no tenían conciencia de ser colonia al considerar(se) a Quito como “antiguo reino”: “que convencidos de hallarse disueltos los vínculos con que la conquista unió este REINO a la nación española” y que “han roto todos los lazos que por cualesquiera motivos ideales ligaron estas PROVINCIAS a la Península”.

En cuanto al 2 de agosto de 1810, para mí es una fecha de quiebre e inflexión histórica, de no retorno, debido a que fue el pretexto o la justificación necesaria -entre muchos otros sospechosos actos realizados por oficiales españoles de ligación masónica- para “la guerra a muerte” de Bolívar contra “España” -debemos que recordar que la primera fase de la guerra de independencia fue enteramente entre criollos. Y Bolívar lo confirma así: “En los muros sangrientos de Quito fue donde España, la primera, despedazó los derechos de la naturaleza y de las naciones. Desde aquel momento del año 1810, en que corrió la sangre de los Quiroga, Salinas, etc., nos armaron con la espada de las represalias para vengar aquéllas sobre todos los españoles. El lazo de las gentes estaba cortado por ellos; y por este solo primer atentado, la culpa de los crímenes y las desgracias que han seguido, debe recaer sobre los primeros infractores.” Declaración política es verdad, por tanto más pretextiva.

Saludos,

Francisco Núñez Proaño.

Comentario por coterraneus

[…] acta de independencia de Quito del 29 de mayo de 1822 comienza con estas palabras: “En la ciudad de San Francisco de Quito, […]

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Al 9 de octubre, no le debemos nada, puesto que los gamonales y exportadores guayaquileños, quisieron anexarse al perú, por esta razón nombraron al cuencano Lamar como0 jefe militar de Guayaquil. Al ser ocupada la ciudad por tropas colombianas, salieron para Lima, Jose J. Olmedo y Lamar que sería nombrado presidente peruano y posteriormente invadió el Dstrito del Sur.

Comentario por Fausto Vizuete




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