coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


12 recomendaciones de un gibelino, Atilio Mordini, para lo que se viene.

12 recomendaciones de un gibelino, Atilio Mordini,  para lo que se viene.

FIAT IUSTITIA ET PEREAT MUNDUS

  1. “El verdadero humanismo, en efecto, debe fundarse sobre el Hombre Universal, sobre el Hombre-Dios, por ende sobre el Cristo y sobre la Tradición de la Iglesia Católica; puesto que solo a condición de que el hombre sea Dios, y sea Dios no como individuo, ni como masa o colectividad, sino en la unión hipostática de dos naturalezas en la misma Persona; sólo a condición de fundarse sobre el Hombre-Dios cual mediador universal entre Creador y criatura de modo que la humanidad pueda hacerse divina por participación de la Gracia, el humanismo puede verdaderamente y con razón afirmarse como verdad absoluta y fecunda, y no difundirse como vana retórica.”
  2. “La ignorancia del mundo moderno es causada pues por el divorcio entre Revelación y razón, entre verbo encarnado y el que San Justino denomina Verbo espermático.”
  3. “Ellos son los secuaces del caballero que desciende sobre el caballo blanco y coronado de oro a la apertura del séptimo sello, el caballero armado de arco que ha venido para vencer. Ellos han ya vencido en el momento mismo que pusieron mano a la guerra santa contra el falso progreso del mundo, en el momento mismo en que las plebes los creyeron derrotados para siempre.”
  4. “No puede haber monarquía legítima que no proceda del Imperio”
  5. “Güelfismo significa sobre todo desconsagración del poder y por lo tanto ateísmo político… Hoy quien es güelfo  y es consecuente, debe ser comunista…”
  6. “El aristócrata feudatario gibelino no es rico en oro de tráfico o de usura, sino en castillos y en tierras fértiles, en murallas pedregosas y en armas, en brazos de trabajadores por él amados y protegidos, y en brazos de generosos caballeros.”
  7. “Sabemos bien que estas afirmaciones nuestras escandalizarán a muchísimos lectores, pero ser aristocráticos significa, por lo menos desde nuestro punto de vista, ser hombres verdaderamente libres; libres de complejos y prejuicios inútiles frente  a la historia, peligrosos para el presente y lo que más cuesta, para el próximo porvenir del mundo cristiano… Lo saben bien y lo sienten los aristócratas verdaderos del coraje, de la virtus y del heroísmo; y de sólo mirarse en los ojos enseguida se reconocen recíprocamente.”
  8. “Y tradicional significa hoy estar dispuestos a todo, significa mil veces preferir la destrucción casi total de la humanidad antes que tolerar el ateísmo y el laicismo del mundo moderno; ¡qué tan sólo algunas pocas parejas del género humano se salven sobre la tierra!”
  9. Unir a los hombres entre sí significa unirlos al Altísimo, y religare =atar juntos, verdadera Unión Suprema y lictoria en el enlace de toda verga y del fascio en su totalidad al hacha de la justicia. Unir a los hombres entre sí y lanzar puentes entre los individuos para hacer de ellos personas libres y vivientes, es lanzar un puente a Dios para someter el tiempo a lo Eterno, venciendo a la muerte.”
  10. “Si la sangre azul puede reavivarse a través del rojo de hombres salido de lo bajo a través de sus virtudes, es sin embargo absurdo y ridículo creer que se pueda crear ex novo una aristocracia. Ni siquiera el cristianismo ha pretendido jamás tanto; y San Gregorio Magno, uno de los mayores papas cristianos, es hijo de la gens Anicia de la antigua nobleza romana; y los príncipes germanos sobre los que se funda la aristocracia carolingia eran herederos de aquellos reyes consagrados antes a los Ases, y más tarde al Redentor.”
  11. “Aquel que se insertará tenazmente en la jerarquía podrá cuanto más ser arrastrado en los bienes y en la vida física, pero nunca en su personalidad que permanecerá inmune a los slogans de las masas cuantitativas; y no caerá presa del convulso y continuo agitarse de crisis en crisis, de reforma en reforma en una historia que no es digna del hombre.”
  12. “…no se debe buscar en la aristocracia de la sangre la nueva clase dirigente así como tal, sino el germen para una aristocracia renovada. Se trataría en suma de una selección a fin de revaluar los elementos aun aptos para el poder para abarcar a los otros, los nuevos; así como Alejandro se hizo investir por Darío moribundo para  poderse así decir legítimo Emperador.”[1]

[1] Citas extraídas de El Católico Gibelino, de Atilio Mordini, Ed. Heracles, Buenos Aires, 1997.


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