coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Carlos IV, precursor de la independencia hispanoamericana. Historia secreta de América -12-.

Carlos IV, precursor de la independencia hispanoamericana.

Carlos IV, por Goya.

“…he reflexionado que sería mui político y casi seguro establecer en diferentes puntos de ella (América) a mis dos Hijos menores, a mi  Hermano, a mi Sobrino el Infante Dn. Pedro, y al Príncipe de la Paz, en una Soberanía feudal de la España, con títulos de Virreyes perpetuos y Hereditaria en su línea directa”.

-Carlos IV, Emperador de las dos Américas.

“…la Patria, que es una, desde el Cabo de Hornos hasta las orillas del Mississipi”.

– Manifiesto de la  Junta de Guayaquil del 15 de mayo de 1821.

José Gabriel Condorcanqui (autodenominado Túpac Amaru), Eugenio (Chusig) de Santa Cruz y Espejo, y Francisco de Miranda –entre otros- son considerados como los “precursores” de la emancipación americana respecto de España. Sin embargo, a todos estos personajes, debemos agregar el nombre de Carlos IV como justo precursor de la independencia americana, eso sí, de una independencia de un tono distinto a la obtenida históricamente.

En un artículo  anterior mío: ¿Carlos IV: Emperador de las dos Américas? Traté de dilucidar brevemente el enigma en torno al título de  “Emperador de las dos Américas” de Carlos IV –de España- que hace deducir la instalación del Imperio en América, una independencia propulsada por la misma monarquía en otras palabras. Ahora puedo corroborar ese hecho, debido a que existió el plan para realizar este proyecto de independencia iniciada por el monarca.

Víctima de una “historiografía inmisericorde”, Carlos IV, figura muy poco tenida en cuenta por la mayoría de historiadores españoles y americanos quienes lo consideraron o consideran un mediocre y un enclenque en muchos casos, en realidad se configura como uno de los reyes hispanos que destaca por su preclara visión de los sucesos de su momento y del futuro, tuvo que saber (sobre)llevarse como un estadista en medio del caos europeo y de la angustia americana. Así el mito histórico que señala que la ruptura del complejo bihemisférico de la monarquía española se produjo por  la “falta de flexibilidad política en el genio gubernamental y director de la metrópoli”, es producto de la ignorancia o la mala voluntad en torno a los proyectos de independencia preparados por Carlos IV.

La emancipación concordante.

El planteamiento de las independencias americanas desde la metrópoli no era una novedad, ya en época de Carlos III y bajo la corriente del iluminista conde de Floridablanca y el ilustrado conde de Aranda (Secretario de Estado de Carlos IV, siendo reemplazado por Godoy posteriormente), este último propondría (con un pensamiento colonial ya) que España debía retener las Antillas y algunas plazas más, para servirse de estas como escalas para el comercio, y creándose con los restantes territorios tres grandes reinos: Nueva España, Costa Firme y Perú.[1]  Sin embargo, tan solo con las premuras del nacimiento de lo que Eric Hobsbawn denominaría como el largo siglo XIX con la revolución francesa (subversión inglesa) de 1789 y ya bajo el reinado en España y las Indias de Carlos IV es que se vuelve una apremiante necesidad prever la mayoría de edad política de los reinos ultramarinos que lamentablemente no pudieron desenvolverse de la manera adecuada “al frustrarse su normal proceso, que obligaba al desenlace natural del desarrollo de los nuevos reinos, transformándose en nuevas monarquías” como señalara Demetrio Ramos Pérez[2].

Son dos los factores principales que obligan a considerar la emancipación concordante (y no discordante), por un lado la madurez del mundo criollo, repleto de iniciativas y por el otro la aparición de la fórmula armonizadora de los diversos instintos nacionales amparados por un sistema confederativo imperial que prevaleciera por sobre la plurimonarquía española. Forzando así a conjugar en esta fórmula la compatibilización de los viejos y los nuevos reinos. Tradición y modernidad, podrían acaso encontrar un libre curso en la historia de un Imperio multisecular agotado por el peso de la geopolítica y de la gloria.

Dos factores subalternos acaban de cooperar al proyecto: “el temor enfermizo sentido en las esferas del Gobierno español  a que América llegara a contagiarse de de un deseo independentista y la prevención de que el espíritu de la Revolución llegara a provocar fenómenos de catastrófico mimetismo  en el Nuevo Mundo, tal y como desgarradoramente se habían producido en las Antillas francesas.”[3]

Independencias Solidarias.

Sobre estos cuatro fundamentos, se sitúa el plan de independencias solidarias que se atribuye a Carlos IV y a Manuel Godoy, que a diferencia de los anteriores, respondía a eventos de actualidad y no a presuntos futuros.  La participación del propio monarca, más allá de la influencia del Príncipe de la Paz, fue fundamental para los proyectos de independencia.

El proyecto de monarquías americanas no surgió de la noche a la mañana, en las bases del memorial de Aranda y bajo la fuerte influencia que ejerció este sobre Carlos IV en su juventud y primeros años de reinado podemos concluir que este fue un precedente necesario, que encontraría su fermento en la independencia de los Estados Unidos, en el caos y la revolución europea y la pérdida de territorios hispanoamericanos como la Luisiana, cedida por presiones a Napoleón  y pactada en el Tratado de San Ildefonso de 1800, finalmente vendida de manera infame por el emperador de los franceses a los Estados Unidos de Norteamérica.

Podemos enumerar al menos tres proyectos conocidos de independencias solidarias promovidas por el monarca español para la creación de reinos independientes con monarcas propios a la cabeza de cada reino. El primero de estos se desarrolló en 1804, si bien la iniciativa surgió ya en 1800 –debido a los sucesos de la Luisiana española- , y Godoy en sus memorias nos dice de este: “Mi pensamiento fue que en lugar de virreyes fuesen infantes (príncipes) a la América, que tomasen el título de príncipes regentes, que se hiciesen llamar así, que llenases con su presencia la ambición y el orgullo de aquellos naturales, que les acompañasen un buen Consejo con ministros responsables, que gobernase allí con ellos un Senado, mitad de americanos y mitad de españoles, que se mejorasen y acomodasen a los tiempos las leyes de las Indias, y que los negocios del país se terminasen y fueren fenecidos en Tribunales propios de cada cual de estas regencias. Vino el tiempo que yo temía: la Inglaterra rompió la paz traidoramente con nosotros y en tales circunstancias no osó el Rey exponer a sus hijos y parientes a ser cogidos en los mares”.[4] Si bien no era una independencia plena, era un proyecto que consideraba regencias y no reinos particulares.  Pocas consideraciones más podemos hacer al respecto, debido a la falta de información.

El segundo proyecto se plantea en 1806, con la noticia de la pérdida inicial de Buenos Aires a manos de los ingleses, y en medio de las hostilidades de las guerras napoleónicas, que sin embargo no desaniman a Carlos IV a llevar adelante su planteamiento, y esperando la oportunidad adecuada cree tenerla en sus manos en este año, tan decidido se encontraba que lleva adelante una curiosa tramitación de “consultas” llevada a cabo por el mismo con su puño y letra mediante cartas fechadas en 6 y 7 de octubre[5] que remitió a ocho prelados y donde procede a consultar:

“Habiendo visto por la experiencia que las Américas estarán sumamente expuestas, y aun en algunos puntos imposible de defenderse por ser una inmensidad de costa, he reflexionado que sería mui político y casi seguro establecer en diferentes puntos de ella a mis dos Hijos menores, a mi  Hermano, a mi Sobrino el Infante Dn. Pedro, y al Príncipe de la Paz, en una Soberanía feudal de la España, con títulos de Virreyes perpetuos y Hereditaria en su línea directa, y en caso de faltar esta, reversiva a la Corona, con ciertas obligaciones de pagar un tributo que se imponga y de acudir con tropas y Navíos donde se les diga. Me parece que además de político van a hacer un gran bien a aquellos Naturales, así en lo económico  como principalmente en la Religión, pero siendo una cosa que tanto puede gravar mi conciencia, no he querido tomar  resolución  sin oír antes Vuestro dictamen, estando muy cerciorado de Vuestro talento , Christiandad, Zelo de las almas que givernais, y del amor a mi servicio, y así espero que a la mayor brevedad respondáis a esta carta, que por la importancia del secreto va toda de mi puño, así lo espero  del acreditado amor que tenéis  al servicio de Ds. y a mi persona, y os ruego que encomendéis a Ds. para que me ilumine y me dé su Santa Gloria. San Lorenzo, y Octubre 7 de 1806.- Yo el Rey”.[6]

En esta carta de consulta que realiza el Rey al Obispo de Orense, nos ayuda a comprender la amplitud y la seriedad del proyecto: se trata sobre la legitimidad de trasladar a hijos y hermanos suyos, además de al mismo Godoy, como Virreyes primero y como monarcas independientes después, Soberanía feudal es el término que Carlos IV utiliza, con las implicaciones de las juradas leyes de Indias que prohibían enajenar el territorio propiedad del monarca, buscando entonces un común acuerdo y aprobación de los prelados, sus consejeros, las Cortes y los Cabildos americanos.

Las respuestas a la consulta no se hicieron esperar y en su mayoría se expresaron de forma favorable a la consolidación de estos gérmenes o semillas de nuevas monarquías americanas, el Obispos de San Ildefonso se expresaba así en su respuesta al Rey: “… establecidas en América algunas soberanías feudales de España, aunque comerciasen con ellas más directamente que ahora las demás naciones (independencia económica)… No tengo duda de que es muy justo y muy prudente el medio de las soberanías feudales para asegurar a la corona de España todo el esplendor, y a sus pueblos toda la prosperidad que pueden esperarse de la América. Y es gran ventaja que aquellos y de estos vasallos de V.M. el que puedan recaer las nuevas soberanías en personas tan propias de V.M.”[7]  Este proyecto no prosperó debido a la derrota del Rey de Prusia en Jena a manos de Napoleón en octubre de 1806 y la posterior alerta y alarma que cundió por Europa, además debido a la desconfianza que produjo en muchos el hecho de que Godoy también sería uno de los nuevos soberanos feudales americanos.

Finalmente el último plan se realiza, o se intenta realizar en 1807. En la articulación del avance napoleónico por Europa y de sus obligaciones  con España según el Tratado secreto de Fontainbleau. Sobre el cual traté en un artículo anterior de este blog. Ahora se pretendía dejar al napoleonismo revolucionario en Europa y pasar a América a refugiarse en el Nuevo Continente enmarcados dentro de un sentido tradicional y monárquico. En esta ocasión el propio Rey junto a toda la familia real (como en el caso coetáneo portugués) se trasladarían a “imperar” en América[8]. Aún contra la oposición de muchos prelados, consejeros y militares.  “En contraste con la artificiosa creación de los Estados que tan caprichosamente se montaban en Europa, los reinos americanos existían, eran una realidad jurídica y, además, una realidad de sentimiento… El pensamiento tradicional español estaba, por añadidura, acorde con esa idea de las patrias americanas, e incluso con la de la necesaria independencia de las mismas.” Conforme a esto, Carlos IV y su familia emprendieron el inicio de su viaje hacia América desde Madrid, hacia Sevilla, y desde allí  a Cádiz para embarcarse hacia sus reinos ultramarinos. Lamentablemente, Carlos IV junto a su familia, fueron apresados por las tropas francesas cuando se encontraban en pleno viaje hacia Sevilla. El resto, descorazonadamente,  es historia.

Por Francisco Núñez Proaño        


[1] No solo en Europa de contemplaba estas independencias con nuevas monarquías en América, el intendente Ábalos de la Real Audiencia de Caracas ya propuso en su Representación del 24 de septiembre de 1781 esta idea. Ver: Pronóstico de la Independencia de América y un proyecto de Monarquías en 1781 en Revista de Historia de América, México, N° 50, 1960, págs. 439-473.  

[2] Ver: Ramos Pérez Demetrio, Entre el Plata y Bogotá. Cuatro Claves de la emancipación ecuatoriana, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1978.

[3] Ídem, pág. 22.

[4] Príncipe de la Paz, Memorias (24), I, pág. 49.

[5]Ramos Pérez, Demetrio, Entre el plata… pág. 34. Vadillo, José Manuel de, en Apuntes sobre los principales sucesos que han influido en el estado de la América del Sur, Cádiz, 1836.

[6] La carta de Carlos IV dirigida al Obispo de Orense fue publicada por Eugenio López Aydillo en El Obispo de Orense en la Regencia de 1810, Madrid, 1918, pág. 188.

[7] Ramos Pérez, Ob. Cit., pág. 50 y sigs.

[8] Vale resaltar que el acta de Quito del 10 de agosto de 1809, denominada “Primer grito” o “Acta de la independencia” reza así: “compondrán una Junta Suprema que gobernará interinamente a nombre y como representante de nuestro soberano, el señor Fernando Séptimo, y mientras Su Majestad recupere la península o viniere a imperar en América”.



¿La crisis de los 25?

¿La crisis de los 25?

“La voz de la sangre, sorda, potente, confusa, irrevocable, le reclama hacia el hermano en el sol y el suelo, hacia el hermano de quien, empero, le separan abismos intelectuales y le divorcian sus más altas predilecciones. A su vez, la voz de la inteligencia, clara, distinta, irrefutable, le retiene en el dominio ajeno, dándole libros por compañeros y museos por refugio; ilusionándose entre bellezas que le atraen y artistas que le repelen, entre enseñanzas que le exaltan y maestros que le descorazonan.”

Gonzalo Zaldumbide

A mis coterráneos contemporáneos:

Estoy por cumplir 26 años en menos de dos meses, y vivo en la era del eterno teenager, donde tengo que soportar a viejos y viejas desadaptados pasados o que rosan los 50´s que se juran quinceañeros y que no solo hacen el ridículo sino que provocan lástima. Es verdad: la juventud es una cualidad espiritual, pero de eso al capricho de no asumir su edad, rol y posición hay un abismo.

Desde que cumplí 25 he podido ir comprobando y a la vez compartiendo mis experiencias y mis cambios internos con mis contemporáneos y coterráneos, aquellos con los que estoy incondicionalmente ligado, precisamente aquellos que oscilamos entre los 25 y 26 años. Indiscutiblemente la época donde más decisiones, procesos y definiciones he y hemos sufrido muchos va de los 20 hasta los 25; parafraseando a Carl Schmitt puedo decir que a partir de este milagro de la decisión, estos 5 milagrosos y decisivos años han de definir con sus efectos el resto de nuestras vidas; necesariamente todo milagro conduce a una crisis (existencial acaso).

Curiosamente la primera prueba que pude distinguir de esta “crisis de los 25”, no solo en mí, sino y sobre todo en mis amig@s, es el hecho de que la mayoría no asume (o no asumimos) el hecho de haber atravesado nuestro primer cuarto de siglo, tan es así que amigas y amigos por igual incluso llegan a mentir sobre su edad…  algunos ya van en sus 24 un par de años – vanidad a un lado, y consta en el facebook, el registro oficial de mi generación, que no ponen el año de su nacimiento en su perfil-. Tengo mi propia anécdota en este sentido: Me encontraba en una fiesta y me puse a conversar con un grupo de veinteañeras, las cuales preguntaron por mi edad, a lo que respondí que tenía 20: las risas no se hicieron esperar.  ¿Por qué respondí que 20? –Señal de la crisis de los 25, rechazar el propio pasado en beneficio de los otros.

Biología ontológica.

Sin embargo, la característica más precisa de esta crisis es un hecho profundamente biológico más que psicológico o psíquico, que se convierte en ontológico conforme vamos o voy avanzando hacia los 26 y más allá. No es coincidencia entonces que quienes hablamos desde cuando nos conocemos de una casi eterna soltería –en pos de una Causa o una Idea superior- empecemos a cuestionarnos ahora sobre los beneficios del matrimonio (ya me han propuesto matrimonio dos veces este año, así es, la mujer propone ahora), o sobre la necesidad de tener hijos –hombres y mujeres por igual-, o sobre el futuro a cortísimo plazo y relacionado a esto el eterno flagelante del suicidio tampoco ha faltado en ser nombrado ¿Cambios hormonales? ¿Cambios espirituales? No lo sé, pero dejo claro que el aburguesamiento lo dejamos a un lado;  lo que sí sé es que a los 25 ya no podemos farrear ni chupar como a los 20, que a los 25 una noche fría nos hace pensar dos veces antes de salir, que a los 25 el sueño es más pesado y corto, que a los 25 acabamos de definir nuestro rostro y nuestra apariencia, que a los 25 y peor a los 26… estamos más cerca de los 30 que de los 20. Y es a los 25 cuando una desesperación profunda ataca al cuerpo y corroe alma y empezamos a sufrir los primeros males del cuerpo y empezamos a sentir esa pequeña decadencia humana que finalmente nos llevará a la muerte algún día (y ahórrate comentarios, tú ridículo sufridor que puedes asegurar “estoy mejor que nunca”).

Asumir el rol.

Esta etapa de profundo cuestionamiento no se restringe a las cuestiones más banales como la vida nocturna,  sino que se dirige a la fibra íntima del ser: hemos llegado a nuestro primer cuarto de siglo asfixiados y cabreados con y por el medio, aburridos de un sociedad que nos limita y nos exige patrones ajenos a nuestra voluntad y sobre todo sin ser o estar donde habíamos aspirado o al menos querido. Muchos optaron por el autoexilio, otros se encerraron en esa eterna adolescencia, y algunos se suicidaron ontológicamente mucho antes con el matrimonio fuera de tiempo o el dinero como meta y fin último de la existencia.

Recuerden todos ustedes mis contemporáneos, como a los 15 veíamos con admiración a los que tenían entonces 25 y pensábamos que iba a ser una etapa maravillosa y plena, y ahora vemos como la realidad nos contunde y vamos asumiendo formalmente la adultez que en nuestra generación llegó muy tarde, pues en la de mis abuelos a los 25 ya habían hecho el camino de lo que sería su vida, casados, con hijos, con propiedades y mucha más experiencia que nosotros y ni hablar de épocas anteriores donde existían príncipes que a los 16 años armaban ejércitos para luchar por sus sacrosantos derechos a reinar o de emperadores que a los 25 ya habían consumido su existencia. El mismo Julio César a sus 40 y tantos hubo de caer de rodillas, sumido en lloros y lamentos ante el busto de Alejandro Magno en Cádiz.

Altas exigencias dirán algunos, pues yo les digo dejen la mediocridad y asumamos lo que somos. Nuestro rol, donde sea y como sea se realizará solo cuando seamos capaces de asumir que la madurez ha llegado, que la crianza ha terminado y que sin embargo no es esta una ventaja, sino un reto, pues el tiempo no perdona y la vida pasa sin piedad. No se trata de ser viejos antes de hora, se trata de ser eso que algunos llaman adultus (precisamente haber concluido la crianza y pasar a ser forma y fondo); finalmente cada acto que realizamos repercute sobre todo en nosotros mismos. Es eso, o quedar atrapados en el limbo de la pendejada y la puerilidad. Todo esto no es más que un tránsito y debemos saber conducirnos en medio de él para finalmente llegar al fin del camino, donde habremos de confrontarnos con nosotros  mismos y decir: Heme aquí, soy Francisco: He vencido (o Dios no lo permita: he sido derrotado).

Vive como piensas, o acabarás pensando como vives.

Cuerpo, alma y espíritu son un todo intrínsecamente relacionados. La edad pesa,  la biología y el ser son uno solo. Cada hecho, cada acto, cada acción y actuación, cada actitud con la que nos llevamos, nos conducimos  y nos lideramos a nosotros mismos en la vida, en este tránsito, a partir de hoy y al futuro que nos espera no solo genera reacciones externas, sino y fundamentalmente conduce hacia la reintegración de nuestra personalidad, la mayor fidelidad, la que nos debemos a nosotros mismos. Ser capaces de mirarnos a la cara, de reconocernos y retomar lo que somos y donde estamos.

Soy enemigo de las categorías generales, debido a que la igualdad es una mentira absurda impuesta y creída solo por ciertos estratos de intelectualoides de cafetín y universidad herederos de 1789. Por eso he escrito este artículo tan solo para quienes va dirigido, es decir para quienes lo comprenden y comparten esta aparente crisis de los 25.

Por Francisco Núñez Proaño.

Nota: Recomiendo esta película precisa para esta edad, no cometamos el error de María Antonieta y de Luis XVI de Francia de asumir nuestros roles cuando sea demasiado tarde y la guillotina nos espere afuera de nuestros hogares:



Proclama
julio 25, 2011, 5:37 pm
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Proclama

“In the Vedas and Upanishads we find the ‘world tree’, inverted sometimes to suggest the origin of  its power in ‘the heights’, in the ‘heavens’.”

Julius Evola.

Extraída de un rincón de Quito:

Un rincón de Quito donde se encuentra fijada esta "Proclama". (Fotografía por Francisco Núñez Proaño ©)

“Pídeme y te daré por herencias las naciones.”

“Y como posesión tuya los confines de la tierra.”

– SALMOS



Rayo

Rayo

A la memoria de Mircea Eliade, “un perfecto pagano clásico que intenta cristianizarse”.

Con Horacio os invocamos:

Zeus y tú, poderoso Júpiter tonante,

Thor que reinas sobre el relámpago,

y bajo tu espuela del viento alzas la voz del trueno.

Traed el luminoso adorno del cielo precipitado,

oh, siempre dignos de veneración y perennemente venerados,

concedednos lo que suplicamos en el momento sagrado.

Vivificante rayo, que en tu resplandeciente rol nos brindas

la destrucción y la vida nueva, que naces diferente

siendo el mismo, no mirarás nada mayor

que la ciudad y su fortaleza destruidas por tu fuerza,

purificadas y reconstruidas surgen y vuelven a los tres días.

Santifica poderoso rayo, glorifica poderosa luz

y eleva el sonido hasta la última esfera.

A través de ti, somos los ecos re-fulgurantes

de la memoria sacra y de la juventud sin juventud.

Por Francisco Núñez Proaño




Sobre la naturaleza universal y metafísica del amor idílico

Sobre la naturaleza universal y metafísica del amor idílico

El enamoramiento o el amor idílico es una de las modalidades más elevadas de amor existente. Contrariamente a lo que algunos suponen, no se debe a procesos químicos dentro del cerebro. Estos son un mero efecto de la causa superior que es el conocimiento metafísico intuitivo que entraña el amor idílico y que se traduce a un nivel corpóreo por efecto expansivo del centro espiritual hacia la periferia física. El amor idílico tampoco se debe a ideales culturales propios de una determinada época, como algunos suponen. Aquellos pueden potenciarlo o enriquecerlo, pero no lo determinan.
En los diálogos platónicos “El Banquete” y “Fedro”, Platón, nuestro magistral filósofo y místico, anterior al cristianismo y a la consiguiente cultura cristiana, trata el tema del enamoramiento o amor idílico en su real sentido, en su verídica esencia, la cual conecta directamente con lo divino. Posteriormente, la mística medieval trovadoresca del amor cortés, surgida en Francia alrededor del siglo XI, en la localidad de Provenza, aborda al enamoramiento con miras a la comunión divina. A su vez, los caballeros andantes que luchaban a muerte y desinteresadamente por sus damas, cuyos emblemas son Tristán, el Amadís de Gaula y Percebal, entre otros más, también manifiestan la noble condición del enamoramiento. Dante no se olvida de este y lo plasma en su obra “Vita Nuova”, que trata de su devoción por Beatriz, modelo ideal que lo conduce a esferas superiores conectándolo con lo sagrado. También lo grafica en su “Divina Comedia”, en la cual es Beatriz quien lo guía por las nueve esferas del Cielo.
El enamoramiento o amor idílico ha acaecido en todas las épocas y culturas. Diversas tradiciones inmemoriales lo testimonian, reconociendo su valor metafísico, simbólico y transcendente. En la tradición clásica dos mitos relevantes de este fenómeno son los de “Orfeo y Eurídice” y “Psique y Eros”. En el primero, Orfeo, quien enamoró a Eurídice con la música celestial emanada de su lira, descendió hasta los mismos Infiernos, hasta el Hades, para rescatarla. En el segundo, Psique, locamente enamorada, vagó de templo en templo y accedió a ser esclava de Afrodita, sometiéndose a toda clase de durísimos trabajos y sufrimientos por encontrar a su ser amado. Asimismo, en la tradición China tenemos un cuento tradicional de amor narrado por el poeta Po Kiu Yi, de la dinastía Tang, en la que se refiere el amor de la doncella más hermosa de todo el imperio de ese entonces con el Emperador Ming-Noang. Cuando este se comunica con el espíritu de ella, que yacía muerta, este le dice entregándole un alfiler y un brazalete de oro: “Si hay tanta pureza en el amor que por mí siente aún el Emperador como lo hay en este oro, todavía podremos reunirnos sin que existan para nosotros fronteras entre el cielo y la tierra…”. Después de pronunciadas estas palabras le recuerda que serán ambos dos aves que volaran siempre juntas o dos entrelazadas ramas de un mismo árbol. A su vez, en la tradición japonesa tenemos la famosa historia de amor de Kimiko. En un fragmento de la historia, ella le dice a su ser amado, a su único amante: “Yo, amor mío, no soy más que tu loca pasión, tu ilusión pasajera, tu sueño, una sombra que flota en tu vida…” ¿Fuera de la época y de la cultura, más allá de ellas, no es sumamente romántico eso? En la tradición hindú, por su parte, tenemos la historia de amor entre el rey Nala y su hermosísima esposa Damayanti, quien lo busca desesperadamente de paraje en paraje con la finalidad de encontrarlo, siéndole fiel hasta el final, incluso cuando el rey lo pierde todo. No me olvido de la tradición árabe, en la que tenemos el famoso relato de amor entre Aladino y la princesa Badrulbudur, presente en “Las mil y una noches” y llevado al cine de dibujos animados por Disney. En la tradición celta tenemos la famosa leyenda de amor entre Deirdre y Noise, en la cual ambos, con todo en su contra y con los terribles infortunios fruto de los maleficios que utiliza un druida para distanciar al uno del otro, luchan por su amor, por permanecer uno al lado del otro. Finalmente, cuando mueren, son enterrados juntos y de sus tumbas crecen dos árboles de tejo cuyas ramas están entrelazadas, símbolo de su unión amorosa aún tras la muerte. Las piedras que delimitaban las tumbas se convierten con el tiempo en polvo y los dos tejos, sin embargo, continúan vivos y entrelazadas sus ramas, símbolo de la eternidad del amor, de su espíritu inmortal. Igualmente, en la tradición escandinava tenemos la famosa leyenda sobre los amores de Sigfrido y Krimilda. Estos son solo algunos ejemplos, sin tener en cuenta todos los cuentos tradicionales de hadas, príncipes y princesas de cuyas historias de amor disfrutamos tanto los niños y las mujeres.
Estos cuentos tienen por eje central al heroísmo, la nobleza y el desprendimiento, así como a la fuerza o poder sobrenatural al que es capaz de conducir el enamoramiento. Reconozco que aquellas historias son simbólicas. Sin embargo, considero que lejos de representar mensajes desligados del enamoramiento del que se sirven como cubierta, representan mensajes solidarios a este y que colindan con él en su esencia. De cultura a cultura, de época a poca, lo único que varía son las formas externas de manifestación de un mismo fenómeno: el enamoramiento. Bien analizadas aquellas diversas expresiones conducen al mismo contenido, a un contenido común y arquetípico con estructuras compartidas. Diferentes significantes portan un mismo significado.
Muy pocas son las personas cuya disposición de espíritu les permite enamorarse. De ahí que la mayoría -el vulgo espiritual- no sean capaces de comprender al enamoramiento y lo denigren, menospreciando un don tan precioso caído del cielo. Esto, del mismo modo en el que los hermanos de José despreciaron en él el don divino manifiesto a través de los sueños, porque ellos no lo tenían y lo envidiaban. Muchos toman al enamoramiento por una liviandad y llaman con ese nombre sagrado, reservado a un sentir elaborado propio de ciertos espíritus delicados, a cualquier necedad pasional, a la mera atracción o deseo.
El enamoramiento es una puerta que se abre en una persona en la que la atención se posa con profundidad penetrante. Esta puerta abierta en esa persona, comunica a la otra, a través de aquella en la que su atención se posa, con el reino celeste. Por medio de la puerta abierta cruza una luz transparente, de un blancor irresistible y de tal resplandor que ciega los sentidos corpóreos y entumece todos los miembros del cuerpo. Este se paraliza y al instante el ánimo desfallece de una nostalgia inexorable, que parece remitir a un pasado remoto, al contemplar a una figura tan hermosa, a la persona que lo remite a una suerte de paraíso primordial. Desfallece en medio de escalofríos y su ser se eleva. La luz cruza a través de la puerta desde el cielo hasta la tierra, tocando el espíritu cuyo destino es enamorarse y uniendo sus entrañas a las de la otra persona. Se trata de una hierofanía. Así, el ser enamorado bebe de la luz que emerge desde la persona a la cual ama y en la cual se encuentra la puerta abierta que lo comunica hacia esferas elevadas, el puente entre los mundos, por el que un maravilloso perfume desciende desde lo alto hasta embriagar su espíritu y desquiciarlo, brindándole el don de la clarividencia y la suprema cordura. El enamoramiento, además, conduce a la virtud, puesto que fija al ser enamorado en lo bello a lo cual aspira, de tal manera que aquel busca imitar esa belleza y concentrándose en ella olvida las tentaciones de antaño, cesando en el vicio.
Y ese enamoramiento, que toca un fondo superior, es el que por medio de la luz divina restablece al cuerpo a su salud original o primigenia, generando cambios fisiológicos que lo benefician prolongando sus años y su calidad de vida, brindándole salud física y psicológica que se corresponden con una orientación espiritual correcta de la cual son el resultado. Aquellos cambios fisiológicos no son la causa del enamoramiento, sino su mero efecto, así como la sombra no es la causa de la luz, sino su mero reflejo. Porque la materia no dirige sobre el espíritu, sino que es este el que reina como Rey sobre la materia. Porque lo que es en los planos superiores se manifiesta en los inferiores según una escala jerárquica de lo más a lo menos. “Como es arriba es abajo”, señala Hermes Trismegistus en el “Kybalión”.
En estas ultimas generaciones, en las cuales prima el materialismo y el cientificismo, se concibe al enamoramiento desde esa perspectiva limitante, tomándolo como un mero fenómeno corpóreo y físico. El relativismo de nuestra era, por su parte, lo toma como un mero fenómeno social o cultural de carácter relativo. El utilitarismo lo condena como inútil. El nihilismo lo niega. Precisamente por eso combato a esas corrientes tan opacas, mustias, carentes de vida, carentes de Prana.
Por Sofía Tudela Gastañeta.


El ciclo de Augusto

El ciclo de Augusto.

Augusto Pontifex Maximus (Augusto como Sumo Pontífice)

En el séptimo día, del séptimo mes, del año parricida, en una cálida y noroccidental esquina por donde el  sol estival  alumbraba el templo de la patrona y antepasada de la gens Julia, la diosa Venus Genitrix; los parricidas y Augusto discutían:

–          Ya nos hemos desecho del tirano que impedía el juego de la República y sus instituciones, ahora podemos ser libres a pesar de todo, no podemos admitir esto: tú estás destinado a ser solo un hombre. Eres solo eso, un hombre, un jefe faccioso: ¿Cómo crees poder suscitar el florecimiento de una edad? Replicaron los parricidas.

Augusto les respondió: Ustedes me temen, saben que yo encarno plenamente fuerzas espirituales qué tan solo han permanecido latentes, yo les doy la posibilidad y la oportunidad de llegar a ellas.

–          Se sacudieron trémulos: uno con voz nerviosa y exaltada le gritó: No hemos tomado la vida del tirano por nada, la hemos tomado por Roma, su sangre ha de vivificar la República de Catón Censorius y de sus descendientes.

Imprudente: Hablas de Catón y de sus vástagos, y no veo a ninguno de ellos entre ustedes. No entienden  que para salvar a Roma no basta con recurrir a la violencia.

–          ¿Acaso pretendes  la fortuna de César? Claro que sí, esas son tus ambiciones, tu corazón se mueve por el oro, eso es lo que quieres: oro ¡Nada más! No te preocupes nosotros te lo daremos pero déjanos en paz, hemos de encargarnos de esto nosotros.

Blasfemo: César ha pasado a la divinidad, no te atrevas a injuriarme con su oro, los dioses han confirmado con una señal en el cielo que él ahora se encuentra junto a ellos en lo alto, en el Empíreo: reparte el oro entre las gens y sus templos de la ciudad. Yo reclamo la herencia de mi padre, yo reivindico todo su patrimonio, yo soy hijo del dios César.

–          Silencio, introspección y duda.

Ustedes han cavado la tumba de la República, ustedes mercaderes dados a patricios, ustedes artífices dados a senadores, ustedes etruscos dados a romanos. Han reducido todo en su torno… virtud, la virtud no es más que un nombre para ustedes.

Augusto se iba a retirar entonces.

–           El jefe de los parricidas gritóle a sus espaldas: ¡Impío!  Entiende lo que haces, estás acabando con Roma.

La sacral figura de Augusto y su metro setenta centímetros de estatura se alejaban de la traición para siempre.

–          Augusto respondióle sin mirar hacia atrás: ¡Impío!: No hables de impiedad, tú  que por negocios despreciaste la guerra; impiedad es el fuego del hogar extinto, impiedad es el lento hundimiento de Roma, impiedad es desobedecer a los dioses: Júpiter Optimo y Máximo me ha hablado en un sueño, y heme aquí: ¡Yo soy su voluntad!

Augusto entonces se dirigió hacia la puerta del templo dispuesto a salir. Un par de parricidas entre dientes rebuznaron, mátenlo, mátenlo ahora que podemos…. Ahora o nuestros genius no nos lo perdonarán ¡Salvemos a Roma una vez más!: empuñemos el gladio y terminemos con esto. Otro de ellos le dijo entonces: -¡Hazlo tú, no volveré a manchar mis manos con sangre de los dioses! Todos dudaron y los insidiosos no quedaron más que en la inquina y la frustración.

Volteó Augusto a rendir honor a la diosa de su gens y abandonó el templo. Mientras descendía por las gradas la luz se reflejaba en el mármol blanco de estas. Ese día el sol estaba velado por un halo: presagio de realeza.  Roma había vuelto a nacer. El Ciclo de Augusto había comenzado.[1]

Por Francisco Núñez Proaño.


[1] El renacer del héroe: En julio del año cuarenta y cuatro A.C., el Sidus Iulium, le aportará la revelación de su propia misión divina. Octavio no es el fundador de la religión, sin embargo será su sustentador y regenerador, su piedad y su respeto por los dioses fueron incomparables.  A su muerte, el primer Emperador de Roma, como a la muerte de su padre adoptivo César, ascendió al Empíreo y fue proclamado dios junto al “tirano” y sus antepasados.



De bicentenarios y profetas.

De bicentenarios y profetas.

"Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas." Simón Bolívar

"Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas." Simón Bolívar

“Viva nuestro Rey legítimo y Señor Natural Don Fernando VII y conservémosle a costa de nuestra sangre esta preciosa porción de sus vastos dominios libre de la opresión tiránica de Bonaparte hasta que la divina misericordia vuelva a su trono o que nos conceda la deseada gloria de que venga a imperar entre nosotros.”

Su Alteza Serenísima, Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre.

“Terribles días estamos atravesando: la sangre corre a torrentes: han desaparecido los tres siglos de cultura, de ilustración y de industria: por todas partes aparecen ruinas de la naturaleza o la guerra”.

Simón Bolívar

“Nuestra historia tiene errores grandes y pequeños que no se han corregido todavía, especialmente en lo que atañe a la independencia de Quito. Todavía se consigan en sus páginas que esa guerra es  heredera de la Revolución Francesa, que los Cabildos nada tienen que ver con nuestra emancipación, que dicha guerra no fue una perfecta guerra civil y que las invocaciones a nombre de Fernando VII que a cada momento hacían los patriotas eran la máscara que ocultaban sus verdaderas y ocultas intenciones… amén de otras faltas a la verdad que ahora se demuestran y que han empañado la historia por el desconocimiento de los documentos en que debía apoyarse”.

José Gabriel Navarro

Hoy 5 de julio de 2011 se celebra con una estupidizante algarabía propia de la fecha, el bicentenario de la llamada “declaración de independencia” de Venezuela, y siendo que el “Libertador” era venezolano, no puedo menos que referirme a esta fecha.

Desde el 2009 que el continente viene celebrando inconscientemente los distintos bicentenarios de sus “independencias”. Y hay que decirlo de una buena vez, de manera directa y sin rodeos, esas celebraciones son las celebraciones de la ruptura, división y rebajamiento de la Patria Grande, del inicio de nuestros males más atroces, es la celebración de nuestra miseria y nuestro olvido.

La llaman independencia y la llaman libertad, y por ahí dicen que eso venimos celebrando en el o en los bicentenarios. Sinceramente me causan mucha risa y mucha pena aquellos que se llenan la boca hablando de independencia, libertad,  unidad y “Patria Grande” y a la vez reivindican a Bolívar, a San Martín, a Sucre y a O’ Higgins y cía. (Que según algunitos sabelotodos querían unir algo que ya estaba unido). Dicen que estos nos dieron independencia: “independencia” es al parecer la entrega y expoliación del continente al imperialismo británico primero y al yanqui después, independencia es la crisis política y el endeudamiento económico consuetudinario desde hace 200 años, independencia es morirse de hambre, independencia es alienarse la cabeza de ideas e identidades que no son nuestras. Dicen que estos nos dieron libertad: “libertad” le llaman al látigo, al fusil y a la guerra; que hablen de libertad  los fusilados, perseguidos y desterrados de Bolívar y sus descendientes en la ideas: que hablen de libertad los muertos en innumerables guerras civiles endémicas en lo que alguna vez fue un Imperio con siglos de paz; que hablen de libertad los indios sometidos y exterminados por la república: que hablen de libertad los cholos, los llaneros, los chagras, los huasos y los gauchos utilizados como carne de cañón en cuanta guerrita chauvinista se les ocurrió a los vende patrias; que hablen de libertad los oprimidos por la oligarquía y los cazados por la masonería y el liberalismo. Nuestros llamados próceres y quienes los reivindican como bandera de unidad, revolución y cambio son hipócritas, sinvergüenzas, vendidos y traidores, eso es lo que son, y lo digo sin empacho (y si algunos me quieren colgar, crucificar o fusilar por decir esto, les diré entonces háblenme de libertad y de independencia mamarrachos).

Estos son los próceres, los hombres que hablan de patria y como dicen sus leguleyos seguidores, a confesión de parte: relevo de pruebas:

Los liberales del mundo somos hermanos en todas partes.

“En defensa de la patria todo es lícito menos dejarla perecer.”

José de San Martín

“Terribles días estamos atravesando: la sangre corre a torrentes: han desaparecido los tres siglos de cultura, de ilustración y de industria: por todas partes aparecen ruinas de la naturaleza o la guerra”.

Simón Bolívar, 1814

“Yo deseo continuar sirviendo a mi patria, para el bien de la humanidad y el aumento del comercio británico”.

Simón Bolívar. 1815

“Siento no depositar esta insignia ante la asamblea nacional, de quien la había recibido; siento retirarme sin haber consolidado las instituciones que ella había creído propias del país y que había jurado defender…Que se presenten mis acusadores. Quiero conocer los males que he causado, las lágrimas que he hecho derramar. Salid y acusadme. Si las desgracias que me hacháis en rostro han sido, no el efecto preciso de la época del poder sino del desahogo de malas pasiones, esas desgracias no pueden purgarse sino con mi sangre. Tomad de mí la venganza que queráis, que yo no os opondré resistencia. ¡Aquí está mi pecho!”

Bernardo O’ Higgins.

“Contra la fuerza y la voluntad pública he dado la libertad a este país y como esta gloria es mi fortuna nadie me puede privar de ella”.

Simón Bolívar, 1828.

“Un País devastado tanto tiempo por la guerra sangrienta y desastrosa que ha sufrido, necesita de un gobierno propio, que anhelan sus pueblos, para que remedie los males de las convulsiones políticas”

Antonio José de Sucre.

“Nuestro pobre país parece destinado a sufrir más que todos los demás de América. De un extremo de democracia, que era ya desorden, pasa al otro, ¡que rigor! ¡ay qué hombres!”

Antonio José de Sucre

“Créame Ud., nunca he visto con buenos ojos las insurreciones; y últimamente he deplorada hasta la que hemos hecho contra los españoles”.

Simón Bolívar, 1830.

“Seamos libres, lo demás no importa nada”.

José de San Martín.

Al Congreso Constituyente: “¡Conciudadanos! Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de todo lo demás”.

Simón Bolívar, 30 de enero de 1830.

La Hispania ultramarina desde entonces vive de tumbo en tumbo y sin levantar la cabeza. Y a la Hispania europea tampoco le ha ido muy bien que digamos, sabiamente dijo un compatriota del otro lado del charcho “Nos separamos para profundizas nuestros errores”.  Históricamente hablando la Independencia estuvo mal, sin embargo es un hecho consumado y por tanto inalterable; pero debemos considerar que si la separación vino por medio de una guerra, entonces solo por otra guerra vendrá la unidad. Debemos revivir la unidad superior que no divida. Debemos revivir hispanoamérica.

De tanta celebración bicentenaria solo sacamos una cosa: profetas, y el mejor de todos ellos fue Bolívar, y que nos lo diga con sus propias palabras en su última carta al general Flores (nuestro primer presidente republicano):

“V. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar. 3°. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4°. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas. 5°. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6°. Sí fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período de la América.”

Una profecía cumplida al pie de la letra, tal vez por algún filón hebraico en la venas de su autor o por ser este el modelo de latinoamericano (que no hispanoamericano), quien lo arruina todo y después se arrepiente de todo.

La nuestra, como diría Luis Corsi Otálora, es la Sinfonía Inconclusa de nuestros pueblos en la historia, gracias a los profetas de la calamidad diría yo. En estas tierras llenas de profetas que lanzan sus áridas y verdaderas palabras al viento para que se pierdan en la futilidad del futuro hecho, de la desgracia vivida y de la fatalidad realizada.  En estas tierras de profetas estériles hacen falta y mucha, mucha falta, hombres virtuosos que no vivan de la palabra y  la destrucción sino de la acción y la creación: a estos alguna vez los llamaron Reyes.

Por Francisco Núñez Proaño.

 

Y les dejo estas palabras de Wilfrido Loor para la reflexión:

NOS ENVENENARON

“¿No será que nuestros adversarios para destruirnos, nos envenenaron con falsos conceptos de libertad, democracia, independencia, palabras flexibles que se prestan a todas las interpretaciones, que cada cual las entendió como pudo y nos lanzó a la lucha fraticida, sobre ríos de sangre y montaña de incomprensiones hasta colocarnos en una dolorosa esclavitud económica y social, de rodillas ante los grandes pueblos o ante los grandes consorcios o trusts internacionales?”

“…en más de una centuria (ahora ya van para dos) en que hemos vivido peleando sin visión del porvenir, con la sangre en las rodillas, el estómago vacío de pan y la cabeza vacía de los grandes ideales políticos, ciegos ante nuestra propia grandeza, denigrando lo que es nuestro y admirando lo ajeno, en un insensato afán de imitar a otros pueblos.”

“Es tiempo de que comience ya la resistencia. De que volvamos a encontrar los que hemos perdido: nuestro espíritu, nuestra alma, nuestro propio yo…”

“Sino comienza la resistencia, la destrucción seguirá adelante, continuaremos atomizándonos más y más, y un día en un lenguaje que no es el de Cervantes y el de la SantaDoctora de Ávila se dirá: por aquí paso un pueblo enfermo de libertad, democracia y anarquía.”

(Wilfrido Loor  fue un destacado historiador , académico y jurista, uno de los niños que ante el cual se efectuó el prodigio de la “Dolorosa del Colegio”, el 20 de Abril de 1906,  miembro de la Academia Nacional de Historia, autor entre otrasobras de “Cartas de García Moreno”, “Manabí, Prehistoria y Conquista”, “Schumacher”, “Eloy Alfaro”, “La Victoria de Guayaquil”, “García Moreno y sus Asesinos”, “José María Yerovi”)