coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


De bicentenarios y profetas.

De bicentenarios y profetas.

"Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas." Simón Bolívar

"Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas." Simón Bolívar

“Viva nuestro Rey legítimo y Señor Natural Don Fernando VII y conservémosle a costa de nuestra sangre esta preciosa porción de sus vastos dominios libre de la opresión tiránica de Bonaparte hasta que la divina misericordia vuelva a su trono o que nos conceda la deseada gloria de que venga a imperar entre nosotros.”

Su Alteza Serenísima, Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre.

“Terribles días estamos atravesando: la sangre corre a torrentes: han desaparecido los tres siglos de cultura, de ilustración y de industria: por todas partes aparecen ruinas de la naturaleza o la guerra”.

Simón Bolívar

“Nuestra historia tiene errores grandes y pequeños que no se han corregido todavía, especialmente en lo que atañe a la independencia de Quito. Todavía se consigan en sus páginas que esa guerra es  heredera de la Revolución Francesa, que los Cabildos nada tienen que ver con nuestra emancipación, que dicha guerra no fue una perfecta guerra civil y que las invocaciones a nombre de Fernando VII que a cada momento hacían los patriotas eran la máscara que ocultaban sus verdaderas y ocultas intenciones… amén de otras faltas a la verdad que ahora se demuestran y que han empañado la historia por el desconocimiento de los documentos en que debía apoyarse”.

José Gabriel Navarro

Hoy 5 de julio de 2011 se celebra con una estupidizante algarabía propia de la fecha, el bicentenario de la llamada “declaración de independencia” de Venezuela, y siendo que el “Libertador” era venezolano, no puedo menos que referirme a esta fecha.

Desde el 2009 que el continente viene celebrando inconscientemente los distintos bicentenarios de sus “independencias”. Y hay que decirlo de una buena vez, de manera directa y sin rodeos, esas celebraciones son las celebraciones de la ruptura, división y rebajamiento de la Patria Grande, del inicio de nuestros males más atroces, es la celebración de nuestra miseria y nuestro olvido.

La llaman independencia y la llaman libertad, y por ahí dicen que eso venimos celebrando en el o en los bicentenarios. Sinceramente me causan mucha risa y mucha pena aquellos que se llenan la boca hablando de independencia, libertad,  unidad y “Patria Grande” y a la vez reivindican a Bolívar, a San Martín, a Sucre y a O’ Higgins y cía. (Que según algunitos sabelotodos querían unir algo que ya estaba unido). Dicen que estos nos dieron independencia: “independencia” es al parecer la entrega y expoliación del continente al imperialismo británico primero y al yanqui después, independencia es la crisis política y el endeudamiento económico consuetudinario desde hace 200 años, independencia es morirse de hambre, independencia es alienarse la cabeza de ideas e identidades que no son nuestras. Dicen que estos nos dieron libertad: “libertad” le llaman al látigo, al fusil y a la guerra; que hablen de libertad  los fusilados, perseguidos y desterrados de Bolívar y sus descendientes en la ideas: que hablen de libertad los muertos en innumerables guerras civiles endémicas en lo que alguna vez fue un Imperio con siglos de paz; que hablen de libertad los indios sometidos y exterminados por la república: que hablen de libertad los cholos, los llaneros, los chagras, los huasos y los gauchos utilizados como carne de cañón en cuanta guerrita chauvinista se les ocurrió a los vende patrias; que hablen de libertad los oprimidos por la oligarquía y los cazados por la masonería y el liberalismo. Nuestros llamados próceres y quienes los reivindican como bandera de unidad, revolución y cambio son hipócritas, sinvergüenzas, vendidos y traidores, eso es lo que son, y lo digo sin empacho (y si algunos me quieren colgar, crucificar o fusilar por decir esto, les diré entonces háblenme de libertad y de independencia mamarrachos).

Estos son los próceres, los hombres que hablan de patria y como dicen sus leguleyos seguidores, a confesión de parte: relevo de pruebas:

Los liberales del mundo somos hermanos en todas partes.

“En defensa de la patria todo es lícito menos dejarla perecer.”

José de San Martín

“Terribles días estamos atravesando: la sangre corre a torrentes: han desaparecido los tres siglos de cultura, de ilustración y de industria: por todas partes aparecen ruinas de la naturaleza o la guerra”.

Simón Bolívar, 1814

“Yo deseo continuar sirviendo a mi patria, para el bien de la humanidad y el aumento del comercio británico”.

Simón Bolívar. 1815

“Siento no depositar esta insignia ante la asamblea nacional, de quien la había recibido; siento retirarme sin haber consolidado las instituciones que ella había creído propias del país y que había jurado defender…Que se presenten mis acusadores. Quiero conocer los males que he causado, las lágrimas que he hecho derramar. Salid y acusadme. Si las desgracias que me hacháis en rostro han sido, no el efecto preciso de la época del poder sino del desahogo de malas pasiones, esas desgracias no pueden purgarse sino con mi sangre. Tomad de mí la venganza que queráis, que yo no os opondré resistencia. ¡Aquí está mi pecho!”

Bernardo O’ Higgins.

“Contra la fuerza y la voluntad pública he dado la libertad a este país y como esta gloria es mi fortuna nadie me puede privar de ella”.

Simón Bolívar, 1828.

“Un País devastado tanto tiempo por la guerra sangrienta y desastrosa que ha sufrido, necesita de un gobierno propio, que anhelan sus pueblos, para que remedie los males de las convulsiones políticas”

Antonio José de Sucre.

“Nuestro pobre país parece destinado a sufrir más que todos los demás de América. De un extremo de democracia, que era ya desorden, pasa al otro, ¡que rigor! ¡ay qué hombres!”

Antonio José de Sucre

“Créame Ud., nunca he visto con buenos ojos las insurreciones; y últimamente he deplorada hasta la que hemos hecho contra los españoles”.

Simón Bolívar, 1830.

“Seamos libres, lo demás no importa nada”.

José de San Martín.

Al Congreso Constituyente: “¡Conciudadanos! Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de todo lo demás”.

Simón Bolívar, 30 de enero de 1830.

La Hispania ultramarina desde entonces vive de tumbo en tumbo y sin levantar la cabeza. Y a la Hispania europea tampoco le ha ido muy bien que digamos, sabiamente dijo un compatriota del otro lado del charcho “Nos separamos para profundizas nuestros errores”.  Históricamente hablando la Independencia estuvo mal, sin embargo es un hecho consumado y por tanto inalterable; pero debemos considerar que si la separación vino por medio de una guerra, entonces solo por otra guerra vendrá la unidad. Debemos revivir la unidad superior que no divida. Debemos revivir hispanoamérica.

De tanta celebración bicentenaria solo sacamos una cosa: profetas, y el mejor de todos ellos fue Bolívar, y que nos lo diga con sus propias palabras en su última carta al general Flores (nuestro primer presidente republicano):

“V. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar. 3°. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4°. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas. 5°. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6°. Sí fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período de la América.”

Una profecía cumplida al pie de la letra, tal vez por algún filón hebraico en la venas de su autor o por ser este el modelo de latinoamericano (que no hispanoamericano), quien lo arruina todo y después se arrepiente de todo.

La nuestra, como diría Luis Corsi Otálora, es la Sinfonía Inconclusa de nuestros pueblos en la historia, gracias a los profetas de la calamidad diría yo. En estas tierras llenas de profetas que lanzan sus áridas y verdaderas palabras al viento para que se pierdan en la futilidad del futuro hecho, de la desgracia vivida y de la fatalidad realizada.  En estas tierras de profetas estériles hacen falta y mucha, mucha falta, hombres virtuosos que no vivan de la palabra y  la destrucción sino de la acción y la creación: a estos alguna vez los llamaron Reyes.

Por Francisco Núñez Proaño.

 

Y les dejo estas palabras de Wilfrido Loor para la reflexión:

NOS ENVENENARON

“¿No será que nuestros adversarios para destruirnos, nos envenenaron con falsos conceptos de libertad, democracia, independencia, palabras flexibles que se prestan a todas las interpretaciones, que cada cual las entendió como pudo y nos lanzó a la lucha fraticida, sobre ríos de sangre y montaña de incomprensiones hasta colocarnos en una dolorosa esclavitud económica y social, de rodillas ante los grandes pueblos o ante los grandes consorcios o trusts internacionales?”

“…en más de una centuria (ahora ya van para dos) en que hemos vivido peleando sin visión del porvenir, con la sangre en las rodillas, el estómago vacío de pan y la cabeza vacía de los grandes ideales políticos, ciegos ante nuestra propia grandeza, denigrando lo que es nuestro y admirando lo ajeno, en un insensato afán de imitar a otros pueblos.”

“Es tiempo de que comience ya la resistencia. De que volvamos a encontrar los que hemos perdido: nuestro espíritu, nuestra alma, nuestro propio yo…”

“Sino comienza la resistencia, la destrucción seguirá adelante, continuaremos atomizándonos más y más, y un día en un lenguaje que no es el de Cervantes y el de la SantaDoctora de Ávila se dirá: por aquí paso un pueblo enfermo de libertad, democracia y anarquía.”

(Wilfrido Loor  fue un destacado historiador , académico y jurista, uno de los niños que ante el cual se efectuó el prodigio de la “Dolorosa del Colegio”, el 20 de Abril de 1906,  miembro de la Academia Nacional de Historia, autor entre otrasobras de “Cartas de García Moreno”, “Manabí, Prehistoria y Conquista”, “Schumacher”, “Eloy Alfaro”, “La Victoria de Guayaquil”, “García Moreno y sus Asesinos”, “José María Yerovi”)


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Contundente como golpe de martillo!

“No hay mayor esclavo, que aquel que jura ser libre”

Comentario por centroprimigenio

NOTA INICIAL AL LIBRO: “VISIONES DE FUTURO: ORÍGENES DEL PENSAMIENTO CONSTITUCIONAL DE MONTECRISTI”.
“Este ensayo, fue presentado como tesis previa a la rendición de exámenes de grado de doctor en Jurisprudencia en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador en 1988 y titulado: “Hacia una Nueva Concepción del Derecho Territorial”. El Tribunal que receptó el examen de tesis estuvo integrado por los doctores Jorge Salvador Lara, Ramiro Dávila Grijalva y Hernán Salgado Pesántez, cuyos solos nombres nos revelan la grave exigencia y rigurosidad que debía manifestarse en la investigación y sus propuestas. El Director de Tesis fue el Dr. Arturo Donoso Castellón. Posteriormente rendimos el examen de grado ante cinco catedráticos distintos sobre otras tantas materias del pensum universitario.
Decidimos la publicación de este ensayo, en virtud de demostrar que las definiciones del pensamiento contenido en la Constitución del 2008 sobre la tierra y la vida y la naturaleza (Pachamama), fueron resultado de la construcción de propuestas de corrientes intelectuales de muchos años antes. Entre las proposiciones que 20 años antes de la Constitución de Montecristi, formulamos en el trabajo que enseguida reproducimos, constan entre otras las siguientes: 1. LA PLURINACIONALIDAD del Ecuador, (2 años antes del levantamiento indígena de 1990), así en el capítulo 6, punto 6.2, señalamos, entre muchas otros apartados: “…¿Existe uniformidad en la cultura ecuatoriana? Evidentemente no. El Ecuador es un Estado multicultural, multi (o pluri) nacional…” . Más adelante les damos directamente el calificativo de naciones. Enseguida realizamos una especulación e interrogante sobre este aspecto, más atrevida aún, y abordamos también: 2. LA DIVERSIDAD CULTURAL: “…La existencia de la diversidad de culturas en nuestro país, conferiría derecho para que cada nación forme a su vez un Estado diferenciador del resto, con su propia organización legal y política, es decir, cada comunidad nacional se encontraría en el derecho obvio de desligarse del cuerpo matriz al que se pertenece, puesto que las estructuras jurídicas del Estado ecuatoriano no se adaptan a los requerimientos culturales de tales pueblos…” ; 3. LOS DERECHOS COLECTIVOS: “…aquellos grupos humanos que se encuentran en capacidad de entender las profundas relaciones del hombre y la naturaleza, de la colectividad humana y los recursos naturales, deben ser los conductores de la sociedad y la humanidad entera…” ; 4. LA NATURALEZA EN CALIDAD DE MADRE DE LA HUMANIDAD (Pachamama): “… únicamente las nacionalidades y pueblos originarios de los territorios que ocupan los entes estatales, por el desarrollo paralelo de sus culturas en el seno de la tierra, entienden la responsabilidad de la organización humana con respecto a la tierra, y como ésta forma parte inseparable de un todo biológico en el que el centro es la humanidad misma…” ; 5. LA CONSULTA A LA COMUNIDAD SOBRE DECISIONES REFERIDAS AL MEDIO AMBIENTE: “…Las mencionadas naciones, de quienes somos parte integrante por la firme existencia de hondísimos vínculos culturales, han de determinar el régimen jurídico de los territorios y de los recursos que en ellos existan; 5. DERECHOS DE LA NATURALEZA: “…La tierra, es decir, el territorio en cuyo seno habita el hombre, no es patrimonio del Estado, es la morada de la sociedad humana presente, y sobre todo futura. … El hombre solamente ha de administrar la tierra como un recurso de propiedad ajena. El territorio donde se asientan las colectividades humanas pertenece a la humanidad, que únicamente tiene derecho a extraer del mismo los elementos que permitan su desarrollo biológico….”
En este aspecto, haciendo nuestras las viejas expresiones del jefe de la tribu Seatle, repetimos: “…Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra, ocurrirá a sus hijos. Pues todas las cosas están relacionadas como la sangre une a la familia…” 6. EL SUMAK CAUSAY: “…la conducción de la sociedad por sí misma, la impostergable responsabilidad de cada individuo y de todos en conjunto en sus relaciones con la proveedora de vida: la tierra, pues del tratamiento que se dé a ella, resultará directo el trato entre los hombres. La paz sólo será posible en la racional administración de la abundancia…”. 7. PENSAMIENTO BOLIVARIANO LIBERADOR E INTEGRACIONISTA: En este tema desarrollamos hace 24 años, una amplia defensa del bolivarianismo, como consta en el Subcapítulo Cuatro.tres.dos y en muchas secciones de la tesis . No solamente que nuestra posición ideológica nos convirtió en bolivarianos desde la juventud, sino que como a todos los condiscípulos de las aulas universitarias de varias promociones y generaciones, constó, creamos un Movimiento Bolivariano al interior de la Universidad, con las ideas, proclamas, doctrina e imagen del Libertador, hecho que en aquella época era algo simplemente incomprensible . 8. LA CIUDADANÍA UNIVERSAL, que en Montecristi tiene una expresión más amplia que nosotros hace dos décadas, cuando señalamos: “…La unidad política en un primer estadio, se ha de enfocar hacia la homogenización de la legislación latinoamericana, hacia la concesión de una ciudadanía común…” ; 9. IDENTIDAD CULTURAL: “…el impulso creador del hombre, permitirá la subsistencia de la sociedad que mediante el desarrollo de la cultura, se elevará del estado de caos en que se encuentra y creará con ello las nuevas relaciones sociales. Mediante el incremento, el apoyo y la expansión de la cultura, las necesarísimas transformaciones jurídicas han de gestarse en forma sabia y pacífica,…”; 10. INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA: “…Nosotros, hemos proclamado la imprescindible necesidad, la incontestable conveniencia de la unidad nacional latinoamericana…” ; 11. SOBERANÍA ALIMENTARIA: Hallamos muchísimos conceptos relativos a ella en las páginas 285 y siguientes de esta compilación. 12. También declaramos de modo enfático, pues así lo comprobamos, que propusimos hace 24 años la creación de la federación de Estados Latinoamericanos, que se ha concretado en el proyecto Político de la UNASUR.
Señalamos que estas y muchas otras de nuestras proposiciones idílicas para el entonces, como podrá apreciar el acucioso y paciente lector, se han convertido en firmes preceptos constitucionales, de modo que la mayor parte de la Carta Política de 2008, contiene declaraciones que nosotros y naturalmente, muchos otros ciudadanos formulamos en el transcurso del proceso revolucionario que se inicia de modo utópico como actividad contestataria al gobierno de Febres Cordero y tiene diversas manifestaciones luego, entre ellas el levantamiento indígena de 1990, con el cual marchamos y apoyamos en la calle y en la producción de esquicios literarios y en el activismo personal y social en las caídas de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez, gestadas por la ciudadanía y el pueblo y apropiadas por los grupos de poder.
De igual manera por no hallarnos satisfechos con las definiciones constantes en la Constitución de la República sobre el territorio del Ecuador, antes al contrario, sumamente contrariados dados los antecedentes que enseguida relatamos. Habíamos advertido en su oportunidad, antes de que se aprueben los preceptos que constan en los artículos 4 y 5 de la Constitución, con un corto resumen relativo a los principios que animan al Derecho Territorial a varios legisladores, entre ellos a los miembros de la Mesa de Soberanía presidida por Francisco Velasco Andrade a efectos de la rectificación que se imponía. Nuestros aportes netamente técnicos y con fundamento en la ciencia, no fueron considerados.
Esencialmente, hacíamos notar que un Estado tiene que invocar en su Carta Política los títulos de que se halle y asistido, así como el antecedente histórico, para presentarse ante el concierto internacional como legítimo poseedor de un espacio físico en el cual se asienta y su pueblo ejerce soberanía. El intercambio de opiniones, -si pueden considerarse tales- a las que se vertieron y se hicieron públicas luego, en la reunión de “rendición de cuentas” a la que los asambleístas constituyentes de la Provincia de Pichincha convocaron a la ciudadanía en el Aula Magna de la Universidad Andina “Simón Bolívar” en el mes de febrero de 2008, demostraron la nula proposición de los responsables del tema.
Allí, en dicho foro, se ratificó algo -que pensé- se trataba de una infortunada interpretación de la prensa, la “opinión” que había servido para desechar los títulos jurídicos e históricos del Ecuador sobre su suelo, sin considerar la subrogación que la República hizo en 1830 de los derechos adquiridos a través de las instituciones coloniales, tanto del Reino y del inmortal Estado de Quito, como del Departamento del Sur de la Gran Colombia, fue la de que el nombre “Real Audiencia de Quito”, tenía “tufo monárquico”.
Al habernos especializado justamente en el tema de Derecho Territorial, no aceptamos ese “razonamiento” en modo alguno ni antes ni después de la señalada reunión, que se realizó ante unos cuatrocientos asistentes, de modo que recogimos nuestras advertencias en un libro que publicamos con el nombre de “Aportes Ciudadanos Enviados a la Asamblea Constituyente” .
Ante tal “razonamiento”, se hace imposible argumentar, pero hacemos notar la gravedad que encierra la citada “proposición”, que en efecto desecha trescientos años de historia –la colonial e independentista- y hace tabla rasa de nuestra propia realidad de pueblo mestizo, pues sin el aporte español no solo de orden genético, sino sobre todo cultural, ninguna nación o Estado latinoamericanos existirían, ni nosotros mismos, como sujetos de un Estado Constitucional de Derechos y Justicia. El asunto no queda tan sólo allí, pues la opinión desecha sustancialmente a los procesos históricos de la Emancipación americana, iniciados en Quito. Recordemos aún más, que los títulos que el Libertador Simón Bolívar -a quien se entiende, sigue el proceso constituyente- invoca y proclama para la delimitación de los Estados sudamericanos, son los del Utti Possidetis Juris al año de 1809.
¿Por qué razón Bolívar en su sabiduría hace esa invocación?, pues por el expreso e inconmensurable reconocimiento formulado desde la interpretación de los Libertadores, que la ruptura con el imperio español se realiza a través del Primer Grito de la Independencia Hispanoamericana el 10 de Agosto de 1809, ejecutado por la ínclita ciudad de Quito. Así lo advierte expresamente el Libertador en varias proclamas y en el litigio territorial que se presenta con Perú en los últimos años de las guerras de independencia. Es decir, la sociedad habitante de la Real Audiencia de Quito y en especial de su Capital, al expresar su pronunciamiento, que se dirigió a mil sitios de América , establece el antecedente histórico para el Derecho Territorial Americano, pero esa grata, extraordinaria y única realidad, se desechó en la norma constitucional, sin miramiento alguno por prejuicios que revelan una severa falta de discernimiento.
En efecto, el historiador guayaquileño Camilo Destruge, quien reivindica a la sociedad del Puerto, pues escribiendo de forma honesta e imparcial hace más de cien años , para refutar la creencia que empezaba a animar en principios de siglo XX a un historiador boliviano, Luis Arce, (a quien luego han seguido en ese País algunos) sobre la primacía en la Revolución Independentista , cita, luego de realizar un extraordinario análisis histórico y jurídico, a varios conocedores, entre ellos:

• “El ex Presidente de la República de Panamá, doctor Amador Guerrero quien dice:

“FUE EL DIEZ DE AGOSTO EL ORIGEN DE LA AMÉRICA DEL SUR COMO HERMOSO CONJUNTO DE NACIONES LIBRES”

“…Separados de la Madre patria los países cuya independencia EMANÓ DE LA GRAN FECHA SUDAMERICANA”

• El Sr. Dr. Francisco José Urrutia, Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia en esas mismas épocas, escribe:

“EL 10 DE AGOSTO DE 1809, MARCA LA FECHA DE AQUELLA EPOPEYA QUE, POR LO GRANDE Y LO HEROICA, ES CASI UNA LEYENDA: LA DE LA EMANCIPACIÓN HISPANOAMERICANA”

• El Sr. Dr. Juan Barrios, Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Guatemala, escribiendo sobre el próximo centenario del 10 de Agosto, dice:

“Cien años han transcurrido desde que el patriotismo americano INICIÓ ESA CAMPAÑA GLORIOSA QUE PRODUJO COMO RESULTADO LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA”

• El Sr. Dr. Arístides Arjona, Ministro de Gobierno y Justicia de la República de Panamá, escribiendo sobre el próximo centenario del 10 de Agosto dice:

“El glorioso acontecimiento que hace cien años tuvo lugar en Quito, no puede extinguirse en el recuerdo de los que rinden admiración á lo sublime y á lo grande. SE INCIÓ CON ÉL LA EMANCIPACIÓN de pueblos sumidos en tiránica opresión; y CINCO REPÚBLICAS SURGIERON A SU IMPULSO”.

• El Sr. Ministro Plenipotenciario de Chile en Washington, escribe refiriéndose también al 10 de Agosto de 1809:

“Los países de la AMÉRICA al celebrar el PRIMER CENTENARIO DE SU INDEPENDENCIA, tiene derecho para sentirse orgullosos”

• El Sr. Bolívar Calvo, secretario del Ayuntamiento de Santiago de Chile, dice:

“Los sudamericanos nos preparamos con entusiasmo, á celebrar dignamente EL CENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA. Corresponderá al Ecuador INICIAR la celebración del Centenario, pues FUE EL PUEBLO DE QUITO EL PRIMERO QUE PROCLAMÓ SU INDEPENDENCIA. La fecha del 10 DE AGOSTO DE 1809, merece por so, ser recordada, particularmente por los ecuatorianos, y por los sudamericanos en general, ya que AQUELLOS DIERON EL EJEMPLO, que pronto tuvo tan DIGNOS IMITADORES EN LAS DEMÁS COLONIAS ESPAÑOLAS”

Ekkehart Keeding nos dice: “el Cabildo, en noviembre de 1783, percibía claramente la situación al comunicar al ministro José de Gálvez que parte de la población de la Audiencia de Quito trataría de “sacudir la dominación española… a fin de establecer la independencia”. El cabildo quiteño señaló a todo un grupo de personas identificadas con el pueblo para desequilibrar el poder español”. Estos asertos constan de la carta de Juan José Villalengua, Presidente de la Real Audiencia, dirigida el 3 de abril de 1789 al Virrey Gil y Lemos, en la que añade: “habiendo de salir reos de la causa, forzosamente muchos sujetos de clase distinguida, amigos, corresponsales y confidentes de Espejo, (la continuación del nuevo juicio) ocasionaría semejante procedimiento en esta provincia un incendio difícil de apagar…, (estas personas son) en cierto modo enemigos del Estado…”

La trascripción que realizamos arriba, es apenas una ínfima parte de las opiniones que se han vertido –siempre por parte de extranjeros- sobre el Diez de Agosto y sus repercusiones en la Historia Mundial, entre ellas, la que hoy nos importa, la de la definición y delimitación territorial, pero todo este cúmulo de conocimientos y herencia cultural, fue descartada sin más “reflexión”, que su presunta cercanía con la petulancia monárquica, cuando en realidad es todo lo contrario, pues con la monarquía rompieron los herederos de Espejo. Petulancia existe en la barbarie.

La identidad histórica del Ecuador, que tiene sus profundas raíces en las luchas de los pueblos quiteños con Atahualpa, la labor de las misiones en Mainas y Jaén y las luchas en el proceso de Independencia, primero en América Hispana, ha sido desconocida pese a las declaraciones iniciales, en las normas constitucionales de los artículos correspondientes.

En el ensayo que propusimos como tesis doctoral, no defendimos con la vehemencia necesaria, los títulos jurídicos del Ecuador sobre el oriente y el Amazonas, pues muchos otros antes que nosotros lo han hecho con suficiencia, pero ante el grave vacío constitucional que puede traer consecuencias políticas ulteriores, nos vemos obligados a publicar nuestra ponencia y a hacer notar para quien tenga la humildad suficiente de reconocer su error, sepa admitirlo y para quien no, sepa que existen ciudadanos que conociendo de las ciencias del Estado en medida suficiente, aunque nunca inacabada, demuestran documental, jurídica e históricamente ese error esencial que se ha producido en detrimento del Ecuador.

El trabajo de investigación de 335 páginas, tuvo como título desde su preparación en el año 1987 el de: “Hacia una Nueva Concepción del Derecho Territorial”, que finalmente se calificó en mayo de 1988. Tuvimos una sorpresa cuando se publicó muchos años después (1987) un libro con similar título: “Nueva Concepción del Derecho Territorial Ecuatoriano”, del Myr. Hernán Alfonso Altamirano Escobar, que trata en su mayor parte de los derechos territoriales del Ecuador, aunque cita a varios de los mismos autores que nosotros en algunas proposiciones, por ello al publicar esta obra, la hemos complementado así: Orígenes del Pensamiento Constitucional de Montecristi. Derecho Internacional Público y Derecho Territorial. Nueva Concepción”.

Haremos necesarios análisis de las normas contenidas en la Constitución sobre estas materias, mencionando de modo breve el antecedente histórico de tales disposiciones y su relación con las afirmaciones contenidas en nuestro antiguo trabajo, que consta desde el año señalado, 1988, en los registros de las Bibliotecas General de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y en la de la Facultad de Jurisprudencia de la misma institución. Igualmente nos referiremos a la aplicación de los principios constitucionales en la actual política exterior del Ecuador.

Introducimos por ello en el capítulo sexto que inicialmente fue el final del trabajo, varios pies de página que dicen relación precisamente con el análisis estrictamente técnico, ideológico, jurídico y doctrinario que realizamos en tal época, y la comparación de nuestras propuestas con los textos de la Constitución de Montecristi. Del texto original no hemos añadido ni suprimido nada, como puede comprobar cualquier investigador.

Las notas que no corresponde al trabajo original señalan: “Nota de la Compilación”, para así distinguirlas de las que se hallan en el ensayo inicial.

Finalmente pedimos la benevolencia del investigador, a efectos de que se asuma que el texto en relación a las instituciones internacionales que analiza, se halla naturalmente superado por los cambios que se han producido. Lo que solicitamos es que en efecto, se examinen a la luz de su actual desarrollo, las proposiciones ideológicas que entonces formulamos y que son parte de la semilla sembrada por nosotros y otros ciudadanos, que fructificó más tarde.

Los cambios que tienen que realizarse en la Constitución son solamente de carácter técnico, más no conceptual. Reivindicamos la estructura del Estado tal como se la diseñó originalmente en 2008.”

Dr. Juan Francisco Gabriel Morales Suárez, diciembre de 2010.

Comentario por Juan Francisco Morales Suárez

“…4.3.2 POSICIÓN DE AMÉRICA LATINA: Simón Bolívar y el Ideal de la Integración.- La Gran Colombia.- El Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826.
Cuando buscamos referirnos a los procesos históricos que se desarrollaron en nuestro continente, debemos cuidarnos de no emitir aspectos que aparecen ora como no decisorios en tales acontecimientos, pero que de un modo y otro, han influido en el tiempo y escenario espacial de América Latina.
Sin que existiera la claridad necesaria y avocada desde un comienzo a la desconocida tarea de legislar y organizar a las sociedades americanas, el proceso de la independencia a política nos embarcó en un espectro en el cual dominaba el caos, producto del desconocimiento o incultura que nos legara el tiempo de colonización española. Mejor dicho, la ideología de despotismo y discriminación racial que heredamos del impero español, se convirtió en instrumento válido con el cual organizamos nuestras pequeñas repúblicas, no tanto en su extensión, cuanto en la ausencia total de objetivos que hasta hoy en día mantenemos. El despego a nuestra realidad sociológica, la obstinación de los dirigentes en concebirnos a cada una de las partes del subcontinente latinoamericano como entes independientes y contrarios entre sí, en oposición a la unidad y a la búsqueda de identidad que desde un primer momento forjó a los americanos del norte, nos conduce luego de varias generaciones que han pretendido encontrar respuesta a los graves problemas que vos acosan, a concluir que nada o casi nada hemos logrado desde hace casi dos centurias.
Desde las primeras épocas de la Independencia, se habló de la necesidad de enfrentarnos a un momento o estadio más alto que aquella, es decir de proyectarnos a una “segunda Independencia”, que consistiría en el desarrollo de las instituciones liberales o “democráticas”, que habían sido adoptadas, a imitación de Europa y Norteamérica, puesto que se consideraba que en el marco o con la ayuda de la más amplia libertad, se lograría una emancipación mental, que estaba referida al pasado colonial, del que todavía quedaban recuerdos, y aún se encontraba en plena vigencia en cuanto a sus costumbres y pensamientos, (el de los indígenas) por ser considerado como símbolo de atraso e ignorancia. Mientras que la “Primera Independencia” tuvo un carácter abiertamente continental y se dio una fórmula propia, hispanoamericana, esta llamada “Segunda Independencia” se enclaustró de modo exclusivo, en el ámbito más limitado de los ya pretendidos Estados Nacionales. De un concepto acertadamente manejado de “ciudadano”, entendido desde la noción de “ciudadanía americana”, o la Patria Grande, se pasó entonces a una ciudadanía limitada, para la cual se comenzó a establecer los actuales marcos jurídicos, para entonces inexistentes.
Para tener una idea más clara de lo que significó esta pretendida “Segunda Independencia”, podemos referirnos, entre otros casos, a los programas de inmigración europea que fueron defendidos y sostenidos tanto por los liberales, cuanto más por los conservadores, como una fórmula ideal para lograr nuestra “emancipación mental”.
Frente a la “Primera Independencia”, la “Segunda” significó, en líneas generales, una especie de interiorización de la problemática americana en relación con los procesos mundiales. Mientras que la primera, dentro de los matices que le fueron propios, fue podríamos decirlo, anti-imperialista, la segunda dejó de percibir ese hecho y se dedicó a reconstruir internamente los nóveles estados para que pudieran ingresar en la órbita de los nuevos imperialismos, portadores según se entendió, de la “civilización y del progreso”. La exigencia de la emancipación mental, promovida por vastos sectores políticos, condujo a una verdadera ceguera, y esta “mentalización” puesta en marcha, dio al traste con los aspectos positivos del pensamiento revolucionario de la Independencia.
Ante un futuro incierto que se preveía para los Estados americanos, Bolívar proclama en reiteradas ocasiones su doctrina, alejándose desde luego de los hechos localistas, de las circunstancias regionales de la colectividad recientemente emancipada, y proyecta para la organización de las nacientes repúblicas, una idea integradora que asegurase el desarrollo de la paz y el ideal de felicidad que persiguen las colectividades sociales.
El principio de unidad es, por razones de fondo, el pensamiento básico que oriente las acciones del Libertador. Es el punto de partida, el factor esencial para resolver los problemas de supervivencia y desarrollo de estos países, considerando como un todo, como un conjunto a hispanoamérica, siendo este rasgo de sus ideales, es decir, su concepción internacionalista, la añorada búsqueda de la identidad hispanoamericana, la base sobre la cual han de descansar en los sucesivo, los reiterados intentos de los diferentes Estados, de lograr el único camino acertado para el desarrollo de nuestros pueblos, es decir, la integración.
En tales momentos había que enfrentar o conjurar un mal que fue considerado como inmediato, y era la pretendida reconquista de Hispanoamérica por parte de los españoles, por tanto, unificar, e integrar medios, esfuerzos y voluntades, significa la única solución para sobrevivir, para evitar ser absorbidos nuevamente por España o por otras potencias a las que interesa prolongar de modo indefinido la situación de coloniaje de América meridional. Unir e integrar significa para Bolívar, un ingrediente indispensable para dar una cierta cohesión política y estratégica en el campo de las relaciones internacionales, a esta inmensa extensión geográfica, prácticamente despoblada para entonces, y sustancialmente dividida en las distintas entidades coloniales que España formó, con el exclusivo objeto de debilitar y poder gobernar. Por ello, despliega todo su esfuerzo para aglutinar, para evitar que alguna de las partes se desprenda del todo original, para seguir acreciendo el patrimonio territorial o base física de la Gran República que él proyecta crear: La Gran Colombia.
Para Bolívar, no es posible dividir la historia y cultura de nuestros pueblos, él nos concibe como unidad en toda su praxis política, en su actividad ora de estadista, ora de caudillo militar inigualado. “Si no nos unimos, pereceremos”, sostiene en reiteradas ocasiones. “Para sacar del caos a nuestras nacientes repúblicas, todas nuestras facultades no serán bastante”, si no fundimos la masa del pueblo en un todo, la legislación en un todo, y el espíritu nacional en un todo. Unidad, unidad, unidad debe ser nuestra divisa”.
Ante el Congreso de Angostura exclama: “Si unimos todo en una misma masa de nación, consolidamos más nuestras fuerzas y facilitamos la mutua cooperación de los pueblos a sostener su causa moral. Divididos seremos más débiles, menos respetados de los enemigos y neutrales. La unión bajo un solo gobierno supremo hará nuestras fuerzas, y nos hará formidables a todos”.
De este modo se configura el pensamiento de Bolívar, en primer lugar, la unidad es absolutamente necesaria a nivel nacional, es decir, dentro de aquellos estados que estaban en formación, de este modo ha de proyectarse la unidad e integración hacia un nivel más amplio, como el regional hispanoamericano y continental, que es con toda razón el objetivo supremo que se propone el Libertador desde el comienzo de su campaña independentista. Bolívar es un creador de Repúblicas, de tal modo que la obra que pretende es la integración y unidad de la Patria Continental. “Para nosotros, la Patria es América”, señala en la Proclama a la División Urdaneta, el 12 de Noviembre de 1814.
“Estableciendo la América Española como un solo ente, y resueltos los problemas internos, desaparecerá consecuentemente el caos interno de sus porciones, el poder se robustecerá, y los caudillos aprenderán que para conquistarlo han de emprender una actividad muy distinta que la del forcejeo minúsculo y de la conspiración parroquial. El Estado dispondrá de elementos de fuerza suficientes para garantizar la estabilidad y combatir la anarquía.
Otro de los grandes principios que Bolívar defiende y por el que lucha hasta su muerte, es la libertad en general, y de manera particular, la libertad de América, es un objetivo de prioridad esencial, que adquiere un especial matiz cuando el Libertador la ubica como sustento fundamental de su pensamiento político, al concebirla como un principio trascendental, para lograr el objetivo final y supremo de su misión histórica: Integrar en un solo cuerpo político a la América Hispana.
La libertad de las diversas regiones y organismos administrativos que conforman la América Hispana, es condición sine qua non para la integración de las mismas en un ente de mayor dimensión política. Estableciéndose una relación de mutua casualidad, en la que la libertad viene a ser el requisito básico. Es por ello que tratadistas como Arturo Andrés Roig, sostienen que la actividad política de Bolívar está enmarcada dentro de un gran programa de liberación, cuando el libertador enuncia los peligros que se presentarían por la América del Norte y su proyección.
A los dos principios enunciados se añade el de la democracia como complemento ideal para la realización de los fines de la organización política. Es una trilogía de valores que dependen entre sí mutuamente, y constituyen elementos de suprema importancia para lograr la paz y bienestar social.
Cuando Bolívar propicia una integración basada en los referidos principios, señala además algo muy importante: La unión de las naciones que lleguen a constituir el todo político iberoamericano, debe fundamentarse en la mutua conveniencia, en el respeto a las autonomías nacionales, en la igualdad y en el Derecho, en franca contraposición democrática con las escuelas europeas que preconizan todo lo contrario, esto es, la alianza o unión para la guerra, para ejercer presión de fuerza, para resolver la cuestión temporal y peor aún para hacer efectivas las “leyes del crecimiento de los Estados” de Ratzel, Kjellen y otros, que se configuraban en esos tiempos.
Para hacer efectivos sus propósitos, el Libertador edifica y establece las bases de los mismos con la creación de Colombia, la incorporación de Guayaquil a Colombia, la entrevista de Guayaquil, los Tratados y Acuerdos bilaterales y el Congreso Anfictiónico de Panamá, momentos a los que hemos de referirnos.
La creación de Colombia representa a la vez, el punto de partida del programa de integración continental que mueve a Bolívar, en la materialización de una idea que se fraguó en su actividad militar y política; para conformarla se distingue en la acción bolivariana la presencia de los siguientes pasos:
a) La identificación de una misma causa al suelo y sociedad americana, en especial a Nueva Granada y Venezuela; b) Definición de las bases estructurales de la nueva República; c) Práctica política que le permitiría ganar la guerra de independencia; d) Creación de la República, mediante el acto oficial de declaración del Congreso de Angostura; y e) Refrenamiento y aprobación de ese acto legislativo en la Primera Asamblea Constituyente, que se reúne en territorio de la nueva entidad política.
Es por ello que luego del triunfo de Boyacá , Bolívar regresa a Angostura y al presentarse al Congreso formula un pedido de esencial importancia para nuestra historia y para el tratamiento que a ella debemos otorgarle:
“¡Legisladores! El tiempo de dar una base física y eterna a nuestra República ha llegado . A vuestra sabiduría pertenece decretar este gran acto social y establecer los principios del Pacto sobre el cual va a fundarse esta vasta República. Proclamadla a la faz del mundo y los servicios quedaría recomenzados”.
La creación de Colombia constituye la más grande de sus obras, para nosotros no es imaginable el beneficio que se debió suceder con la permanencia de la unidad nacional colombiana, a pueblos con igual historia, corresponde un mismo destino, Bolívar afirmaba que Colombia era la garantía de libertad de la América del Sur, la aspiración que mantuvo por crear una entidad territorial grande, era el reflejo del pensamiento que permitiría crear las condiciones adecuadas de organización y prosperidad para la sociedad americana.
Las ideas de Bolívar se ratifican cuando logra la anexión de Guayaquil a Colombia. Esta ciudad adopta una posición ambigua que complica el problema surgido por los reclamos del Perú, que fundamenta ciertos derechos en la Cédula Real de 1802, que coloca bajo la protección militar del Perú a Jaen y Mainas.
Pero Bolívar advierte los derechos que Colombia tiene sobre el territorio de Guayaquil, es pues su incorporación un acto natural de ejercicio de soberanía, y la plena aplicación del principio jurídico del Uti possidetis juris de 1810, que establece la autonomía de las Unidades Políticas de carácter nacional y no la pretendida autonomía de las provincias que las conforman.
Evidentemente, nos hemos referido a los títulos provenientes de España, y es desde luego lógico el hacerlo, toda vez que nuestros pueblos se conforman como sociedades nacionales con la conquista y colonia; es decir, debemos reconocer que nuestros orígenes inmediatos empiezan con la intervención española en América, y la defensa que en ese momento Colombia hace del territorio de Guayaquil, reivindicación que tiene legítimos instrumentos de carácter jurídico, puesto que Guayaquil tanto como ciudad creada en la conquista, como sociedad correspondiente a un organismo superior, depende –por los vínculos que la anexaron a Quito- de la suerte que deba correr en lo futuro el Departamento del Sur, la Real Audiencia o la República del Ecuador.
Con toda razón Bolívar es tajante y duro con respecto a la actitud de Guayaquil, cuando señala con toda razón que una ciudad y un río no pueden tener la pretensión de ser un país, y cuando se dirige a la Junta que gobernaba esa ciudad expresa, que Guayaquil es el complemento del territorio de Colombia; que una provincia no tiene derecho a separarse de una asociación a la que pertenece, y conformando la lógica de las nunca desentrañadas leyes de la naturaleza, señala que es contravenir a ellas y a las de la política, que un pueblo intermedio se constituya en campo de batalla de dos Estados. A continuación y para reafirmar su tesis afirma que Colombia no permitirá jamás que ningún poder de América encete su territorio.
De este modo obtenemos una clara idea de lo que el territorio significa para la organización de una sociedad, para que ésta culmine o identifique sus destinos, No se trata de la vieja y perniciosa búsqueda de territorios en donde el Estado conquistador pueda expandirse, es una positiva defensa de uno de los elementos indispensables para la realización de los fines sociales, y para la correcta relación de las entidades republicanas recientemente creadas. La unidad e integración han de basarse pues, en el respeto absoluto a los derechos de las colectividades sociales, sin que una u otra pretendan dominar a los miembros que conforman la unidad y que pertenecen en el caso americano, a pueblos integrantes de un continente en donde la presencia del pueblo o población corresponden a un todo integral y realista que acoge disímiles naciones en un mismo suelo.
En cuanto a la entrevista de Guayaquil, a breves rasgos señalaremos que los logros más importantes fueron el establecimiento de la paz entre Colombia y Perú, que se veía amenazada por el problema de Guayaquil. Al mismo tiempo esta situación permitió que en aquella jornada se delinearan las futuras acciones que corresponderían a los libertadores en su ánimo de lograr la total independencia y liberación de América.
Otro aspecto que fue tratado en la indicada reunión fue justamente aquel por el cual los Estados Sudamericanos se comprometerían a conformar la Confederación Hispanoamericana, que vio su primer instrumento jurídico en el Tratado de Alianza y Confederación, suscrito entre Colombia y Perú, el 6 de Julio de 1822, que entre otros objetivos busca consolidar la libertad en América e interponer buenos oficios ante los distintos gobiernos americanos, anteriormente españoles para que entrando todos en el mismo pacto, se realice la Unión de los Confederados.
Los Tratados que a éste primero siguieron, son los de Unión, Liga y Confederación, suscrito con Chile el 22 de Octubre de 1822, asimismo con Argentina y México el 3 y 8 de Marzo de 1823, en forma respectiva.
De esta manera se va conformando el proyecto de unidad, y para materializarlo, Bolívar emprende la cruzada por lo que denomina “la cita suprema de todos los países libres en el corazón del continente”. Es decir el necesario impulso que a través de un instrumento jurídico internacional verifique de forma efectiva el cumplimiento de la Integración Americana. Ese instrumento internacional debía ser creado en el seno de lo que se conoce como el Congreso Anfictiónico de Panamá, que entre sus principales objetivos y reglas que lo regirían se encuentran las siguientes:

1. “El nuevo mundo se constituiría en naciones independientes, ligadas todas por una ley común que fijare sus relaciones externas y les ofreciese el poder conservador en un Congreso general y permanente”.
2. “La existencia de estos nuevos Estados obtendría nuevas garantías”.
3. “España y (Europa en general) y la Santa Alianza, harían la paz y prestarían reconocimiento a estas nacientes”.
4. “El orden interno se conservará intacto entre los diferentes Estados, y dentro de cada uno de ellos”.
5. “Ninguno sería débil respecto a otro, ninguno sería más fuerte”.
6. “Un equilibrio perfecto se establecería en este verdadero nuevo orden de cosas”.
7. “La fuerza de todos concurriría al auxilio del que sufriese por parte del enemigo externo o de las facciones anárquicas”.
8. “La diferencia de origen perdería su influencia”.
9. “La América no temería más a ese tremendo monstruo que ha devorado la isla de Santo Domingo; ni tampoco temería la potencia numérica de sus primitivos habitadores”.
10. “En la marcha de los siglos ha de encontrarse quizá una sola nación cubriendo el Universo, la federal”.

Producto de las deliberaciones fueron los documentos siguientes, que hablan por sí solos del intenso trabajo y mística con que los delegados trataron los temas del Congreso:

1. Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua entre las Repúblicas de Colombia, Centro América, Perú y Estados Unidos Mexicanos.
2. Convención de contingentes entre las Repúblicas de Colombia, Centro América, Perú y Estados Unidos Mexicanos.
3. Concierto a que se refiere el Art. II de la Convención de Contingentes, celebrada entre las Repúblicas de Colombia, Centro América, Perú y los Estados Unidos Mexicanos.

Para que lo acordado en el Congreso pudiera tener validez y efectividad, debía de acuerdo con el Art. 31 del Tratado de Unión, ser sancionado por cada uno de los gobiernos. Los documentos de ratificación se canjearían en Tacubaya, México; donde debía reinstalarse el Congreso dentro de 8 meses.

Aquello no sucedió, pues únicamente el gobierno de Colombia ratificó el Tratado, y en la villa de Tacubaya se desecharon los proyectos e instrumentos suscritos en Panamá, que se los consideró inoperantes por la ausencia de ratificación por parte de los demás países miembros de las reuniones de Panamá. Cabe destacar la influencia que ejerció y ejercía desde entonces el gobierno de los Estados Unidos, para dar al traste con todo proyecto de Unión que pretendía configurarse en el sueño de Hispanoamérica.

Sin embargo de la reunión, del Congreso Anfictiónico de Panamá podemos extraer las siguientes conclusiones:

1. La Convocatoria al Congreso de Panamá marca uno de los hitos más trascendentales en la evolución del Derecho Internacional, y jalona el primer paso hacia la constitución de una efectiva Sociedad de Naciones, en efecto, el Congreso de Panamá fue el primero de Naciones que se reunía no para herir países o principios liberales, sino para constituir en forma definitiva pueblos libres; para proclamar un nuevo Derecho Público, el Derecho Americano, entre cuyas bases principales, radicalmente opuestas a las de Europa, había señalado el Libertador el Arbitraje Internacional, cuyo creador práctico había sido él.

2. Con este llamado a una reunión Continental, el Libertador se adelanta en un siglo a la Constitución de la Sociedad de las Naciones y a otras organizaciones creadas a nivel mundial o continental.

3. El Congreso de Panamá fue convocado por el Libertador con el objeto de discutir con las naciones en él representadas, las bases efectivas de una Confederación de naciones hispano-americanas y los principios de Derecho Público entre los Estados confederados.

De lo expuesto, nos permitimos señalar lo siguiente como lo más importante dentro del pensamiento de Bolívar: Como hemos anotado en forma especial, la aspiración máxima del Libertador es unificar a la América Hispana, en sus diferentes aspectos vitales, en lo político, en lo administrativo y en lo económico-social.

La confederación de los Estados Latinoamericanos es una idea realizable que de convertirse en práctica política, enrumbaría el destino de la comunidad nacional latinoamericana. Es una necesidad imprescindible e impostergable, el encontrar las alternativas que nos posibiliten vislumbrar nuevos senderos en la teoría política y jurídica, y la respuesta por supuesto se halla diáfana en la integración y unidad latinoamericana, una nueva posición de nuestros esquemas de pensamiento, que comenzó con Bolívar y es definida y proclamada por las grandes figuras del pueblo hispanoamericano .

Por ello Bolívar buscó a todo trance la creación de la Patria Hispanoamericana, predicó por tanto el evangelio de la unidad, basada en la mutua conveniencia, en el respeto absoluto a las autonomías de los Estados, y en la asociación voluntaria para beneficio de todos. Su objetivo era la liberación de nuestros pueblos, con una finalidad permanente y mediata, como era la Integración, necesidad histórica que vislumbró con su clarividencia y facultad de visionario del tiempo, con sus cualidades de estadista y político, avizorando el futuro que esperaba nuestros pueblos, si se llegaba o no a las excelsitudes de una Patria Continental….”

Comentario por Juan Francisco Morales Suárez

Excelente artículo, Francisco: directo y certero como un dardo! Creo que ya ha visitado mi web http://www.hispanoamericaunida.com, pero si no es así lo invito a hacerlo. A ver si podemos finalmente tener nuestra discusión sobre Hispanoamérica.
Un saludo de un hispano que vive en Londres

Comentario por José R. Bravo




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