coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


¿La crisis de los 25?

¿La crisis de los 25?

“La voz de la sangre, sorda, potente, confusa, irrevocable, le reclama hacia el hermano en el sol y el suelo, hacia el hermano de quien, empero, le separan abismos intelectuales y le divorcian sus más altas predilecciones. A su vez, la voz de la inteligencia, clara, distinta, irrefutable, le retiene en el dominio ajeno, dándole libros por compañeros y museos por refugio; ilusionándose entre bellezas que le atraen y artistas que le repelen, entre enseñanzas que le exaltan y maestros que le descorazonan.”

Gonzalo Zaldumbide

A mis coterráneos contemporáneos:

Estoy por cumplir 26 años en menos de dos meses, y vivo en la era del eterno teenager, donde tengo que soportar a viejos y viejas desadaptados pasados o que rosan los 50´s que se juran quinceañeros y que no solo hacen el ridículo sino que provocan lástima. Es verdad: la juventud es una cualidad espiritual, pero de eso al capricho de no asumir su edad, rol y posición hay un abismo.

Desde que cumplí 25 he podido ir comprobando y a la vez compartiendo mis experiencias y mis cambios internos con mis contemporáneos y coterráneos, aquellos con los que estoy incondicionalmente ligado, precisamente aquellos que oscilamos entre los 25 y 26 años. Indiscutiblemente la época donde más decisiones, procesos y definiciones he y hemos sufrido muchos va de los 20 hasta los 25; parafraseando a Carl Schmitt puedo decir que a partir de este milagro de la decisión, estos 5 milagrosos y decisivos años han de definir con sus efectos el resto de nuestras vidas; necesariamente todo milagro conduce a una crisis (existencial acaso).

Curiosamente la primera prueba que pude distinguir de esta “crisis de los 25”, no solo en mí, sino y sobre todo en mis amig@s, es el hecho de que la mayoría no asume (o no asumimos) el hecho de haber atravesado nuestro primer cuarto de siglo, tan es así que amigas y amigos por igual incluso llegan a mentir sobre su edad…  algunos ya van en sus 24 un par de años – vanidad a un lado, y consta en el facebook, el registro oficial de mi generación, que no ponen el año de su nacimiento en su perfil-. Tengo mi propia anécdota en este sentido: Me encontraba en una fiesta y me puse a conversar con un grupo de veinteañeras, las cuales preguntaron por mi edad, a lo que respondí que tenía 20: las risas no se hicieron esperar.  ¿Por qué respondí que 20? –Señal de la crisis de los 25, rechazar el propio pasado en beneficio de los otros.

Biología ontológica.

Sin embargo, la característica más precisa de esta crisis es un hecho profundamente biológico más que psicológico o psíquico, que se convierte en ontológico conforme vamos o voy avanzando hacia los 26 y más allá. No es coincidencia entonces que quienes hablamos desde cuando nos conocemos de una casi eterna soltería –en pos de una Causa o una Idea superior- empecemos a cuestionarnos ahora sobre los beneficios del matrimonio (ya me han propuesto matrimonio dos veces este año, así es, la mujer propone ahora), o sobre la necesidad de tener hijos –hombres y mujeres por igual-, o sobre el futuro a cortísimo plazo y relacionado a esto el eterno flagelante del suicidio tampoco ha faltado en ser nombrado ¿Cambios hormonales? ¿Cambios espirituales? No lo sé, pero dejo claro que el aburguesamiento lo dejamos a un lado;  lo que sí sé es que a los 25 ya no podemos farrear ni chupar como a los 20, que a los 25 una noche fría nos hace pensar dos veces antes de salir, que a los 25 el sueño es más pesado y corto, que a los 25 acabamos de definir nuestro rostro y nuestra apariencia, que a los 25 y peor a los 26… estamos más cerca de los 30 que de los 20. Y es a los 25 cuando una desesperación profunda ataca al cuerpo y corroe alma y empezamos a sufrir los primeros males del cuerpo y empezamos a sentir esa pequeña decadencia humana que finalmente nos llevará a la muerte algún día (y ahórrate comentarios, tú ridículo sufridor que puedes asegurar “estoy mejor que nunca”).

Asumir el rol.

Esta etapa de profundo cuestionamiento no se restringe a las cuestiones más banales como la vida nocturna,  sino que se dirige a la fibra íntima del ser: hemos llegado a nuestro primer cuarto de siglo asfixiados y cabreados con y por el medio, aburridos de un sociedad que nos limita y nos exige patrones ajenos a nuestra voluntad y sobre todo sin ser o estar donde habíamos aspirado o al menos querido. Muchos optaron por el autoexilio, otros se encerraron en esa eterna adolescencia, y algunos se suicidaron ontológicamente mucho antes con el matrimonio fuera de tiempo o el dinero como meta y fin último de la existencia.

Recuerden todos ustedes mis contemporáneos, como a los 15 veíamos con admiración a los que tenían entonces 25 y pensábamos que iba a ser una etapa maravillosa y plena, y ahora vemos como la realidad nos contunde y vamos asumiendo formalmente la adultez que en nuestra generación llegó muy tarde, pues en la de mis abuelos a los 25 ya habían hecho el camino de lo que sería su vida, casados, con hijos, con propiedades y mucha más experiencia que nosotros y ni hablar de épocas anteriores donde existían príncipes que a los 16 años armaban ejércitos para luchar por sus sacrosantos derechos a reinar o de emperadores que a los 25 ya habían consumido su existencia. El mismo Julio César a sus 40 y tantos hubo de caer de rodillas, sumido en lloros y lamentos ante el busto de Alejandro Magno en Cádiz.

Altas exigencias dirán algunos, pues yo les digo dejen la mediocridad y asumamos lo que somos. Nuestro rol, donde sea y como sea se realizará solo cuando seamos capaces de asumir que la madurez ha llegado, que la crianza ha terminado y que sin embargo no es esta una ventaja, sino un reto, pues el tiempo no perdona y la vida pasa sin piedad. No se trata de ser viejos antes de hora, se trata de ser eso que algunos llaman adultus (precisamente haber concluido la crianza y pasar a ser forma y fondo); finalmente cada acto que realizamos repercute sobre todo en nosotros mismos. Es eso, o quedar atrapados en el limbo de la pendejada y la puerilidad. Todo esto no es más que un tránsito y debemos saber conducirnos en medio de él para finalmente llegar al fin del camino, donde habremos de confrontarnos con nosotros  mismos y decir: Heme aquí, soy Francisco: He vencido (o Dios no lo permita: he sido derrotado).

Vive como piensas, o acabarás pensando como vives.

Cuerpo, alma y espíritu son un todo intrínsecamente relacionados. La edad pesa,  la biología y el ser son uno solo. Cada hecho, cada acto, cada acción y actuación, cada actitud con la que nos llevamos, nos conducimos  y nos lideramos a nosotros mismos en la vida, en este tránsito, a partir de hoy y al futuro que nos espera no solo genera reacciones externas, sino y fundamentalmente conduce hacia la reintegración de nuestra personalidad, la mayor fidelidad, la que nos debemos a nosotros mismos. Ser capaces de mirarnos a la cara, de reconocernos y retomar lo que somos y donde estamos.

Soy enemigo de las categorías generales, debido a que la igualdad es una mentira absurda impuesta y creída solo por ciertos estratos de intelectualoides de cafetín y universidad herederos de 1789. Por eso he escrito este artículo tan solo para quienes va dirigido, es decir para quienes lo comprenden y comparten esta aparente crisis de los 25.

Por Francisco Núñez Proaño.

Nota: Recomiendo esta película precisa para esta edad, no cometamos el error de María Antonieta y de Luis XVI de Francia de asumir nuestros roles cuando sea demasiado tarde y la guillotina nos espere afuera de nuestros hogares:


7 comentarios so far
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Después de la crisis de los 25, viene la de los 26, luego 27, 28,29…. y así hasta que te mueres.

Cuando se habla de “crisis”, no se habla de una edad; ni siquiera de un estado de conciencia… se habla de DECADENCIA…

Comentario por centroprimigenio

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, sabía como niño, mas cuando ya soy hombre hecho, quité lo que era de niño.”

Comentario por coterraneus

Me quedo como anillo al dedo este articulo…para todos mis amigos que rondan o estan en plenos 25

Comentario por Ivan Dominguez Delgado

Excelente, reciba saludos cordiales desde Venezuela.

Comentario por Nuevo Ideal Nacional

[…] estas líneas tengo cumplidos 26 años con un mes y un día exactamente. Y como anotaba en un artículo anterior de este blog: “Cuerpo, alma y espíritu son un todo intrínsecamente relacionados. La edad pesa, […]

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Para nada!! Yo tengo 25 y siento que sólo es el principio de todo lo hermoso e increíble que me espera. Tal vez te da crisis si te pones a valorar tu vida y te das cuenta que no has hecho nada o no tienes planeado algo. No significa que tengo planeado hasta que me voy a comer el día lunes pero sí tengo claro hacia donde dirigir mi energía. A los 25 años se define la personalidad y no quiero definirme como alguien apático o deprimido!! Así que contemporáneos a sacudirse esas ideas y pa’delante!!

Comentario por Del Co




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