coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


PAN o el placer de desvirgar un libro.

PAN o el placer de desvirgar un libro.

Knut Hamsun

“El sol, rodando fatigado y turbio hacia Poniente, bajaría sediento hasta el mar para reaparecer enseguida satisfecho, lavado. La atmósfera vibraría llena de susurros, de laxitud, de sensual pereza.”

– Knut Hamsun en Pan.

Durante mi adolescencia intensa y perdida, escudriñando en la biblioteca de uno de mis abuelos (en donde he encontrado verdaderos tesoros)  hace muchos años me topé con un libro pequeño de edición rústica, editado hace unos 80 años en España[1] y que me cautivó apenas lo vi, estaba olvidado en una esquina distante de un estante polvoriento (cerca de la colección de obras de Sven Hassel, que lamentablemente ahora están perdidas en manos de no sé quién), lo tomé con mis manos y leí su título: PAN de Knut Hamsun (“la obra cumbre” decía la tapa), me llamó poderosamente la atención el detalle de que las páginas no estuvieran separadas entre sí, entonces no sabía que eso tenía un nombre y que era intencional, pero lo que si comprendí con ese detalle era que a ese libro nunca lo habían leído, era virgen y era para mí … ese libro era un intonso[2] (esta palabra me la enseñó un viejo librero de sebo)…  tenía 17 años y me lo llevé a mi casa, en donde quedó olvidado un año mientras realizaba uno de mis recordados  y excitantes viajes (al menos para mí lo eran).

Había vuelto y me había vuelto a ir, esta vez ya no eran las colinas y los lagos de los Berkshires quienes me esperaban, sino el altiplano peruano –boliviano, y esa vez no me olvidé de Knut ni de su libro,  tenía 18 años, casi por cumplir los 19 (en primera persona) cuando descubrí a Hamsun y a su potente obra literaria viajando en un bus hacia La Paz (rodeado de coyas y un par de turistas holandeses) en medio de un frío desmedido junto al lago Titicaca.

Casi haciendo malabares con una navaja de mano fui separando, desflorando una a una las páginas de esa hermosa, vital y fuerte novela. Y comencé con la lectura que se extendería desde los alucinantes paisajes de la frontera peruano-boliviana con un Titicaca y unos nevados eternos reflejados en sus zafíreas y apacibles aguas que más hacían sentirme en la Luna que en el corazón del continente sudamericano…  avancé hasta concluirlo en el cálido chaco boliviano.

Bastaba leer una de sus página para ubicarme en Nordland, el realismo nietzscheano que evocaban las palabras de Hamsun es único, casi irrepetible diría, sus descripciones del entorno, desde los bosques hasta de  las piedras, pasando por la muerte y las escopetas, cada cosa era una realidad palpable en mi imaginación, han pasado 7 años desde que leí Pan y aún recuerdo muchos de sus detalles como si los hubiera leído apenas ayer (aunque muchos otros los he olvidado ya). Sin embargo, eso no fue lo que me unió irremediablemente a Hamsun; fue Glahn, fue el mismo Hamsun que era su personaje en el libro y en mi viaje íntimo, y que estoy seguro hubiera preferido que más que hablar o escribir del teniente Thomas Glanh, simplemente habláramos del Thomas a secas de la novela. Fue Thomas a quién me parecía tanto, fue su fiel perro Esopo y  su lance con Eva y Eduarda (Edvarda) quienes me atraparon. Casi tan misterioso como yo, el joven Thomas se mostraba, apenas soltaba datos de su vida pasada en las líneas que estrujaban mis ojos, huyente se fue al norte, huyente yo me iba al sur… mejor que especular sobre sí mismo, él se dedicaba a vivir y a gozar de la caza, la pesca, las excursiones con su perro  y la perenne contemplación de la Naturaleza que lo atrapaba a él como a mí me atrapaba su personaje.

La profunda unión con la Naturaleza: Pan y su panteísmo, vivía en los bosques y en las selvas, vagando con las bestias y persiguiendo a las ninfas, ahuyentado a aquellos humanos que se atrevían irrumpir en sus posesiones, el dios de los pastores y los rebaños, dios de la fertilidad, dios de la sexualidad masculina desenfrenada: Thomas y su Naturaleza, el dios y su personaje, Hamsun y yo. Un dios hecho mortal, alejado de los lujos divinos en medio de su historia terrenal.  Pan para mí es la apología del vitalismo, del vitalismo sano que lleva a los hombres a reencontrarse consigo mismo, del vitalismo que lleva a la trascendencia. Thomas Glahn, miembro de la corte de Dionisio, falto de lo que hoy llaman “inteligencia emocional”, “torpe” en el trato social humano como dirían los viejos, prefiere vivir alejado de lo que se llama civilización, se siente mucho más cómodo así, solo el afán de perseguir a las ninfas lo devuelve a los otros.  En un norte perdido de la Noruega del siglo XIX o en un sur descubierto de la América del Sur del Siglo XXI.

Thomas, oscuro personaje para algunos, para mí fue una fuente de luz estimulante, una corroboración de un camino, de una vía para aquellos que están más allá de la humanidad… él ve como causas pérdidas los encuentros con los humanos, con los otros. Glahn sabe que el amor conduce al desengaño y que sólo un gran amor es capaz de hacer olvidar ese desengaño, para precipitarlo más tarde en uno mayor, en uno suprahumano. Eva lo aguarda y Edvarda lo exaspera. Es la Naturaleza da la cual no le gusta formar parte, es la Naturaleza a la cual no pertenece.

Glahn orgulloso de ti, fuiste la dicha y la tragedia de tu autor, fuiste escuela para mí, tu gozo de la naturaleza siempre será mío, así como tu ira transformada en alegría. Perpetuamente serás recordado, nunca te olvidaré, aunque hace mucho ya te he superado.

Esto no es crítica literaria, esto es la desvirgación de un libro.

Por Francisco Núñez Proaño

Tapa de la novela Pan de Knut Hamsun.


[1] PAN de Knut Hamsun, editado por Biblioteca Nueva, Madrid, circa 1930. Traducción de Alfonso Hernández-Catá, quien se lleva un mérito especial por la excelente  traducción. Esta novela fue una de las principales que merecieron el otorgamiento del premio Nobel de literatura a Hamsun.

[2] Un libro intonso es aquel cuyos cuadernillos son producto del plegado de un pliego de mayor tamaño y sus bordes no son refinados, es decir, no pasan por el proceso de corte que dota a las hojas de uniformidad. Tradicionalmente el libro intonso resulta especial porque las páginas que no han sido separadas bajo procesos de corte mecánico deben ser divididas manualmente mediante el uso de una cuchilla o un abrecartas. Detalle por el cual estos libros son considerados un exquisito objeto de gran valor estético, pues emula las ediciones antiguas en las que predominaba el acabado rústico.

 


4 comentarios so far
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Nietzsche dice que cuando miras en el abismo, el mismo abismo mira dentro de ti… quizá ahora podamos decir que cuando se desvirga un libro intonso… el libro también te desvirga a ti…

Comentario por centroprimigenio

¡De hecho!

Comentario por coterraneus

Tengo que leer ese libro!

Comentario por Sáe Núñez (@SaeFocker)

Hello.This post was extremely fascinating, especially because I was investigating for thoughts on this topic last Friday.

Comentario por Claudio Deville




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