coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


30-S: un comentario.

Carl Schmitt

Como un hecho histórico, no puedo más que deplorar las muertes de hace exactamente un año; como un hecho político no puedo más que admirar la astucia del gobierno actual. Podría escribir un extenso artículo con citas eruditas, tratando de dar una explicación coherente y racional a las dinámicas política  y social que propiciaron el 30-S, y todo eso sería en vano, debido a que vivimos en un país plagado de obtusos, comenzando con la “oposición política” al gobierno que no entiende ni sabe como oponerse inteligentemente al proyecto político que está llevando a cabo ahora el Presidente Rafael Correa. A todos ellos, y a todos ustedes queridos lectores, les voy a resumir -y ahorrarles plata y tiempo de un curso de Ciencia Política- todo en una simple formula:

Concepto de lo político: ubicar al enemigo = Al enemigo no se lo discute, se lo combate = Poder.

Simple ciencia política schmittiana. Que no solo explica el 30-S, sino que explica el surgimiento del gobierno actual y su sorprendente sostenimiento en el tiempo para un Estado acostumbrado a convulsiones, puebladas y golpes de cafetín y puro polvo. Y además, esta simple fórmula da la clave para todo aquel o aquellos que quieran -o pretendan- oponerse y triunfar en el intento al gobierno nacional. Mientras la oposición siga hablando de concenso, de acuerdos, de nuevos pactos o contratos sociales, de tolerancia, respeto, libertad de expresión y palabrerías inútiles a los oídos de las masas elctorales y de los intereses de los grupos y sectores de poder, no podrán vencer democráticamente a Rafael Correa. Recuerden, vivimos en el Ecuador de los obtusos, no en la Suiza de los ciudadanos.

El próximo candidato a la Presidencia de la República desde la oposición que pretenda triunfar debería proponer los tres puntos siguientes si quiere asegurarse una victoria sólida sobre Alianza País:

1) Libre comercio con Raymundo y todo el mundo.

2) Ecuador, la totalidad del territorio: zona franca y libre de impuestos de toda índole.

3) Pena de muerte.

Se trata de accesibilidad al poder. No se trata de estar de acuerdo o no con estos puntos,  en mi caso particular no expresan mis opiniones políticas personales, pero aplicando la fórmula de más arriba, solo quien se lanze con este discurso podrá triunfar como oposición frente al gobierno nacional.

Si Rafael Correa se mantiene en el poder por un período presidencial más, en el Ecuador habrá procesos históricos socio-políticos irreversibles. De ser así, todos serán correistas en el futuro, desde la izquierda hasta la derecha reivindicaran a Correa, así como pasa con Perón en Argentina: “Todos somos peronistas”… “Todos somos correistas”.

Por Francisco Núñez Proaño

PS. Si alguien o algunos llegan a recoger estas flores de mis palabras y llegan a hacerlas fructificar, no está de más decirles que les agradecería una embajada, no acepto ministerios.



El pueblo y el Rey.

El pueblo y el Rey: algunas reflexiones cortas desde mi muro de facebook.

“¿Quiénes son los autores de esta revolución? ¿No son los blancos, los ricos, los títulos de Castilla y aun los Jefes militares al servicio del Rey?”-Bolívar. 1817.

Las “clases dirigentes” de latinoamérica se sienten exiliadas en su propia patria, añorando Wall Street, París, Londres, Dubai o hasta Beijing. Existe una “casta feudal” de pacotilla formada por la oligarquía plutocrática surgida en la independencia -algunos hasta con apellido inglés- que formó un engendro capitalista en nuestros países. La “elite” -sin tilde y pronuciado como en inglés- no ha hecho más que prevaricar, y el pueblo llano, siempre aliado del Rey en otras épocas ha sido quien ha tenido que pagarlo todo.

Antes existía algo llamado pueblo, pueblo llano -ahora solo nos queda la masa- descendientes de españoles humildes y de indios del estado llano. Hay muchos que tienden a confundir la reivindicación de la monarquía como una aspiración aristocratizante o esnobista, cuando en realidad es la aspiración de la resturación de una sociedad orgánica y más justa. Agualongo en Pasto, Huachaca en Perú, y el “Púñug” Camacho en Guaranda lo atestiguan, gente llana y simple, mestizos e indios que lucharon y murieron por su Dios, por su Patria y por su Rey en la Gran Guerra Civil Hispanoamericana también llamada Guerra de la Independencia.

Uno de los inspiradores de las “luces” de Bolívar: Montesquieu -ícono de la revolución francesa- opinaba así de los negros: “No puede concebirse la idea de que Dios, quien es un ser muy sabio, haya puesto un alma buena en un cuerpo todo negro. Es natural pensar que el color lo constituye la esencia natural de la humanidad…” Con razón Bolívar se odiaba a sí mismo: “Nuestra propia sangre es nuestra ponzoña” llegó a decir el Libertador.

Para su información: las últimas guerrilas realistas durante la independencia en rendirse fueron: 1839, capitulación de las guerrilas realistas indias del Perú. 1845, rendición y exterminio de las guerrillas negras, pardas y mulatas dirigidas por un indio en Venezuela. 1861, derrota de los últimos reductos realistas de Sudamérica en la región india de Araucanía al sur de Chile -nunca incorporada al Imperio Hispano curiosamente-.

En el Reino de Quito, y corroborando las palabras de Bolívar (“¿No son los blancos, los ricos, los títulos de Castilla y aun los Jefes militares al servicio del Rey?”) fue mínimo el porcentaje de la hidalguía, de la aristocracia y aún de la nobleza que abrazaron la Causa de la Monarquía y del Rey, el 90% de estos fueron los más firmes sostenedores de la independencia. Esas fueron las bases de la república, una élite sin dirigente y sin guía, y bien señaló Platón, la aristocracia sin guía, degenera en oligarquía:

‎”Hemos perdido todo nuesto tiempo y dañado nuestra obra; hemos acumulado desacierto sobre desacierto y HEMOS EMPEORADO LA CONDICIÓN DEL PUEBLO, que deplorará ETERNAMENTE nuestra inexperiencia” -Simón Bolívar. 1828.

Por Francisco Núñez Proaño.



Imperio e imperialismo en Jorge Luna Yepes y Julius Evola.

Imperio e imperialismo en Jorge Luna Yepes y Julius Evola.

«D. Carlos, por la divina providencia emperador semper augusto». Retrato de Christoph Amberger, 1532.

En el estudio de los sistemas políticos comparados, que decepcionantemente la mayoría de veces se reduce a las distintas formas de democracia, Imperio e imperialismo parecerían sinónimos, sin embargo, a la luz de la concepción tradicionalista de Julius Evola por un lado, y nacionalrevolucionaria o de tercera posición de Jorge Luna Yepes por el otro, son antítesis “lo más opuesto” que pueda concebirse.

En la historia de las ideas, en particular de las ideas políticas ecuatorianas, pocos pensadores han alcanzado un grado de claridad y penetración sobre las causas de la decadencia de la idea política y su expresión plasmada en la realidad: el Estado. Jorge Luna Yepes, prácticamente un desconocido en nuestros días, fue un líder político ecuatoriano, así como historiador, y figura máxima del movimiento de tercera posición Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana durante la segunda mitad del siglo XX.

En el caso particular de este artículo nos interesan sus ideas políticas desarrolladas y expuestas en sus escritos a lo largo de las décadas, específicamente la de Imperio y la de imperialismo; Luna entendía a ambos conceptos como enfrentados entre sí, y así nos lo señala claramente, definiendo al Imperio de la siguiente forma:

“Vosotros sabéis que una vez fuimos tan grandes que en nuestras lindes el sol no se ponía. Y siendo esto una verdad en el campo físico, lo era más profundamente en el campo del espíritu… (el) Imperio español de la decadencia, fue quedar confiadamente en el campo de la inactividad. Nosotros tenemos que reaccionar contra algo que se hizo vicio nuestro, pero que no fue de nuestros mayores. Esta inactividad después del éxito no es consustancial con el genio hispano… Si un día fuimos grandes, ¿Cómo no hemos de volver a serlo cuando sirvamos en plenitud a nuestros no igualados destinos?… tenemos que lanzarnos a la reconquista de lo que fue nuestro. ¿Qué fue nuestro? Nuestra fe, nuestra grandeza imperial. El Imperio. ¿Imperialismo? Imperialismo, no…”[1]

En cambio, imperialismo para él significa lo siguiente:

“¿Y cómo no vamos nosotros a volver por lo que antes fuimos? ¿Cómo vamos a rehacer este Imperio? Os decía que como imperialismo, no. Imperialismo es el sentido hegemónico de un pueblo sobre otro pueblo, que salta sobre las cuestiones de derecho, que salta por encima de la justicia. Esto no es de nosotros. Debemos ir a una reintegración de los pueblos hispánicos. ¿Qué se llame Imperio? Es discutible. El nombre es menos importante…. Afirmación imperial, no… imperialista”.[2]

A su vez, históricamente concebía un orden específico dentro de la estructura cultural de la colonia, describiendo una vida que “discurre sencillamente, sin ostentación… la vida hogareña y ciudadana de Quito en la unidad del Imperio”[3], y cuando se refiere a al quiteño Miguel Jijón y León (nacido en Cayambe), primer Conde de Casa Jijón,  acentúa sus “grandes trabajos a favor de la Patria y del Imperio”[4]. Queda entonces asentado por Jorge Luna Yepes que el Imperio es una unidad física y sobre todo espiritual, que debe ser recuperada, y además; el imperialismo no equivale a Imperio, sino que es su adversario de alguna manera al ser un sistema político hegemónico de un pueblo sobre otro, es decir, un sistema de opresión y explotación del centro hacia la periferia, contrario al sentido de unidad trascendente y en función del bien común explícita e implícita del Imperio.

De por sí son destacables los conceptos de las ideas políticas de Imperio e imperialismo que presenta Jorge Luna Yepes, con una visión desprejuiciada y nada común en el Ecuador, por aportar con estas a un mejor y más pleno entendimiento de nuestra realidad política-histórica en el continente americano; donde la palabra Imperio se volvió sinónimo de la explotación capitalista estadounidense, siendo usual escuchar a los sectores ideológicos de izquierda –sobre todo- referirse despectivamente a Estados Unidos como “el imperio”, e incluso haciendo alusiones similares –en el sentido de explotación capitalista- a otros países, en particular a España por su claro pasado imperial en América.

Por su parte el pensador tradicionalista italiano Julius Evola, también desarrolló no solo la contraposición de Imperio e imperialismo, sino que dota al Imperio de un sistema relacionado de aplicación para estos tiempos, basado en la experiencia y el desarrollo histórico de los imperios a lo largo de la historia universal[5]. “El fundamento de todo Estado verdadero es la trascendencia de su principio de la soberanía, de la autoridad y de la legitimidad”[6]. Evola pudo definir el Imperio de esta manera:

En épocas precedentes se pudo hablar de un carácter sagrado del principio de la soberanía y del poder, o sea del Estado[7]… idealmente, una única línea conduce de la idea tradicional de ley y de Estado a la de Imperio[8]… Un ordenamiento político, económico y social  creado en todo y por todo para la sola vida temporal es cosa propia exclusivamente del mundo moderno, es decir, del mundo de la anti tradición. El Estado tradicionalmente, tenía en vez un significado y una finalidad en un cierto modos trascendentes, no inferiores a los mismos que la Iglesia católica reivindicó para sí en Occidente: él era una aparición del ‘supramundo’ y una vía hacia el ‘supramundo’[9]… Después, los Imperios serán suplantados por los ‘imperialismos’ y no se sabrá más nada del Estado a no ser que como organización temporal particular, nacional y luego social y plebeya.”[10]

Marcos Ghio, el principal traductor de la obra de Julius Evola al castellano y uno de sus principales estudiosos, detalla ejemplificando históricamente estas diferencias entre Imperio e imperialismo:

Por una parte “el romano buscaba el Imperio, más que para poder vender sus productos y comerciar mejor, más que para enriquecerse, tal como acontece con los actuales ‘imperialismos’, para plasmar en la existencia de una idea de justicia y de sacralidad; y era dentro de tal contexto místico como Roma se erguía a sí misma como el centro espiritual del universo, en la cual los distintos pueblos de la tierra hallaban un orden superior a su mera inmediatez y a sus apetitos materiales, consiste en un equilibrio dador de sentido último a sus acciones. Así como el alma es el centro ordenador de un cuerpo evitando por su acción que sus partes se desintegren en una lucha incesante entre sí y en un flujo espontáneo hacia la nada, el Imperio es ese mismo orden superior en el seno de los pueblos y partes diferentes en que se compone una civilización, o aun la humanidad en su conjunto, de arribarse a la idea última de Imperio universal.”[11] Y por otra “la idea moderna de imperialismo, el que no representa otra cosa que una extensión de la economía, queriendo significarse con ello además el otro dogma moderno de que los hombres en última instancia solo se movilizan en la vida en función de satisfacer apetitos materiales y que por lo tanto la política y el imperio no serían sino la consecuencia o ‘superestructura’ de dicha disciplina”.[12]

A todo lo expuesto, me ha llamado poderosamente la atención; y considero este mi aporte particularísimo al estudio de las ideas políticas comparadas (en el Ecuador y el mundo); la coincidencia que se genera entre los postulados del pensador y político ecuatoriano Jorge Luna Yepes y los del pensador de la Tradición italiano Julius Evola, y no solo eso, además el hecho de que se generaron estas ideas casi simultáneamente en ambos. Siendo conceptos políticos inéditos hasta entonces tanto en América como en Europa: la dicotomía entre Imperio: unidad política con un fin común trascedente y espiritual (descontando de por sí el bien común); e imperialismo: función de explotación económica internacional[13] y  sus definiciones detalladas más arriba. Surgiéndome esta interrogante: ¿Cómo es posible que dos personas, al parecer del todo inconexas[14], llegaron a coincidir en sus tesis? La respuesta que puedo darle a esta es que existe algo llamado la verdad.

Por Francisco Núñez Proaño    

Addendum:

Jorge Luna Yepes desde su particular visión histórica -alguien incluso la calificó de historicista-, así como Julius Evola desde la suya -desde la Tradición-, mantuvo la idea del retorno a la unidad perdida fundamentada en el Imperio hasta el final de su vida, en el caso específico de la América hispana, en torno al Imperio Hispano:

“La guerra de la Independencia crearon odio contra España, porque la guerra fue brutal: de parte y parte. Las autoridades españolas aplicaban la ley vigente de pena de muerte para los sublevados con armas; y frente a eso,  Bolívar decretó la guerra a muerte: nada de prisioneros: todos fusilados. Cuanto odio y desolación, y de inmediato, la insurgencia dentro de las mismas filas patriotas, las conspiraciones contra Bolívar; la destrucción de sus sueños que le hicieron exclamar: ‘América es ingobernable… los que han servido a la Revolución ah arado en el mar… A cambio de libertad hemos perdido todos los demás bienes. Estos pueblos caerán indefectiblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a las de tiranuelos imperceptibles de todos los colores y razas, devorados por todos los crímenes’. Y vino la anarquía a nuestro país y vino la decadencia de España. Muchos grupos se olvidaron que España había hecho la unidad de América, con una lengua; una religión, una raza mestiza, una concepción especial de la vida. Pero, ahora, tenemos que pensar en la reacción racionalTenemos que formar un frente común de Hispanoamérica y España: y, más aún, de Iberoamérica y España y Portugal… Desde California y Nueva York, hasta Madrid y Filipinas, y la Guinea que habla español, podremos hacer fe de inteligencia… “[15]  Estas palabras fueron escritas en 1991.



[1] Luna Yepes, Jorge, Mensaje a las juventudes de España, Ediciones para el bolsillo de la camisa azul, Madrid, 1949. Las cursivas son mías.

[2] Ibídem. Las cursivas son mías.

[3] Luna Yepes, Jorge, Síntesis histórica y geográfica del Ecuador, 2da Edición, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1951, pp. 297.

[4] Ibídem, pp. 309.

[5]Ver: Evola, Julius, Los Hombres y las Ruinas, Ediciones Heracles, Buenos Aires, 1994

[6]Ibídem pp. 33  

[7] Ibídem. Las cursivas son mías.

[8] Evola, Julius, Rebelión contra el mundo moderno, Ediciones Heracles, Buenos Aires, 1994, pp. 59

[9] Ibídem, pp. 55 y 56. La cursivas son mías.

[10] Ibídem, pp. 62. La cursivas son mías.

[11] Ghio, Marcos, en la Introducción a la obra de Evola: Imperialismo pagano, Ediciones Heracles, Buenos Aires, 2001, pp. 8 y 9.  

[12] Ibídem

[13] Eduard Alcántara, estudioso de la metafísica y la metapolítica, señala: “A medio camino entre el imperio español y otros de corte eminentemente antitradicional (por lo mercantilista de los mismos), como el caso del imperio británico (que alcanzó su máxima expresión en el s. XIX) o del conocido como imperialismo ´yanqui´ (tan vigente en nuestros días), podríamos situar al de la Francia napoleónica. Y no sólo lo situamos a medio camino por una evidente razón cronológica, sino que también lo hacemos porque a pesar de haber perdido cualquier orientación de carácter espiritual (el laicismo consecuente con la Ilustración y la Revolución Francesa fue una de las banderas que enarboló), a pesar de ello, decíamos, más que motivaciones de naturaleza económica (como es el caso de los citados imperialismos británico y estadounidense), fueron metas políticas las que  ejercieron el papel de motor de su impulso conquistador. Metas políticas que no fueron otras que las de exportar, a los países  que fue ocupando, las ideas (eso sí, deletéreas y antitradicionales) triunfantes en la Revolución Francesa. Percíbanse los métodos agresivos y coercitivos de que se vale el imperialismo antitradicional (como caracterización que es de un nacionalismo expansivo) y compárense con la libre decisión (Sacro Imperio Romano Germánico) de participar en el proyecto común del Imperium que, a menudo, adoptaron reinos y principados. Compárense dichos métodos con la rápida decisión de integrarse en la Romanidad a la que optaron (tras su  derrota militar) aquellos pueblos que se enfrentaron a las legiones romanas.” En su artículo “El Imperium a la luz de la Tradición”:http://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/el-imperium-a-la-luz-de-la-tradicion/ consultado a 27 de septiembre de 2011.

[14] No poseo ningún tipo de registro que avalen el conocimiento de Luna Yepes sobre Evola o viceversa.

[15] Luna Yepes, Jorge, “LA ANTIHISTORIA EN EL ECUADOR” -discurso de incorporación a la Academia Nacional de Historia del Ecuador- aparecido en Boletín de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, Vol. 74, N° 157-158, Quito, ene-dic. 1991, pp.160 y siguientes.



EL INTELECTO

El siguiente trabajo de mi autoría que presento a continuación se encuentra publicado recientemente en el libro “La vida, el intelecto y el amor”  editado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana:

EL INTELECTO

Por Francisco M. N.P.

“En este punto, el porqué del ser no existe como un porqué sino como un ser. Mejor, ambas cosas no son más que una” (es decir que no existe justificación exterior y de tipo racional para la acción; la acción está inmediatamente ligada a un “significado suyo”). “Que cada una sea él mismo. Que nuestros pensamientos y nuestras acciones sean los nuestros. Que las acciones de cada uno le pertenezcan. Y esto, sean buenas o malas. Cuando el alma tiene el intelecto puro e impasible como guía, la plena disposición de sí mismo, entonces, dirige su impulso allí donde quiere. Solo entonces nuestro acto es verdaderamente nuestro, y de nadie más, procediendo del interior del alma como de una [fuente de] pureza y de un principio puro dominador y soberano y no el efecto de la ignorancia y del deseo, pues, entonces, sería la pasividad y no la acción la que actuaría en nosotros

– Plotino.

“… puesto que  el alma intelectiva es forma que trasciende la capacidad del cuerpo, tiene  su ser elevado por sobre el cuerpo”.

–          Santo Tomás de Aquino, Las Creaturas Espirituales, Artículo 9.

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Singular y polémica tarea, la de describir o peor definir el intelecto; mas en una época cuando cada cual le atribuye las características que se acomodan a su pensamiento y  de esta forma se lo confunde a este con mera erudición, intelectualismo, conocimiento enciclopédico y arrogante petulancia de “claustros” universitarios, que por lo demás son inservibles… al menos para el intelecto. Así, con intelecto no quiero significar el mero razonamiento teórico, abstracto y filosófico, sino que me refiero al intelecto general del hombre con sus principios innatos e indefectibles, y sus preceptos prácticos y morales que no necesitan ser adquiridos.

El intelecto es la base del conocimiento interior, de la verdad del origen divino de cada cual (de quien lo posee al menos)  y constituye la prueba interior de las enseñanzas espirituales de un origen superior, así como el expresarlo en la forma de ser y de vivir de cada uno es la prueba exterior del mismo. Su misma semántica nos lo indica: intelecto =  conocer hacia dentro de si.

Entonces, podemos decir que el intelecto es la facultad de pensar, por medio del conocimiento de uno mismo. Tal y como es entendido en la literatura filosófica católica, significa el más alto poder espiritual y cognoscitivo del alma. Es en este sentido, relacionado con la acción del sentido, pero trasciende a este último en rango. Entre sus funciones está la atención, concepción, juicio, razonamiento, reflexión y autoconsciencia. Todos estos modelos de alto rango que son requeridos más allá del mero hecho de saber con base en los sentidos. Con Santo Tomás y varios otros filósofos católicos podemos decir que  es la facultad espiritual que depende extrínsecamente, pero no intrínsecamente del organismo biológico, pues es una facultad y cualidad exclusivamente del alma (del espíritu) y por tanto de su unión y origen divino con Dios.

Es el intelecto el que posibilita que la mente se aprehenda a si misma como una unidad, o como un ser unitario.

Partiendo de la base del intelecto como retrospección interna, debo agregar que de allí se desprende el entendimiento externo y la razón. Comulgando  con el concepto de la filosofía aristotélico-tomista que nos indica que esta es la facultad del alma intelectiva o espiritual gracias a la cual el hombre tiene conocimiento del mundo exterior. Para esta tradición filosófica, el intelecto es la parte más excelente del alma humana, no corpórea e inmortal.

Aristóteles defendía  un punto de vista biologicista del alma (el alma como principio de vida) y en muchos textos tiende a considerar al alma como una función del cuerpo (“el alma es al cuerpo como el cortar al cuchillo o el ver al ojo”), por lo que desde este punto de vista hay claros problemas para la defensa del carácter sustantivo del alma y de su posible inmortalidad. Sin embargo, en los últimos capítulos de su obra “Acerca del alma” afirma Aristóteles que en el alma encontramos una parte que es radicalmente distinta al resto pues es incorpórea y por ello “separable” (es decir inmortal y eterna). Siguiendo a su maestro Platón, Aristóteles dirá de esta parte divina del alma que es aquello gracias a lo cual pensamos, podemos captar lo universal y alcanzar la ciencia (ciencia primordial del conocimiento eterno).

Los textos en los que presenta estas ideas son muy oscuros y ambiguos, lo que favoreció que de ellos se ofrecieran diversas interpretaciones, en particular relativas al modo de entender el vínculo del entendimiento o intelecto agente (el intelecto que, según Aristóteles más interviene en la posibilidad del conocimiento) con el alma de cada persona. Por ejemplo, para Santo Tomás (el más importante representante del aristotelismo cristiano), todas las almas humanas poseen dicho entendimiento como una de sus partes y por lo tanto son inmortales, o para el filósofo cordobés Averroes (máximo representante del aristotelismo musulmán) el entendimiento agente no es una parte de nuestra alma ―que es mortal― sino Dios mismo. Vemos como, caen tantos los aristotélicos católicos y musulmanes en un grave error de interpretación, pues al conceder la capacidad intelectiva a todas “las almas humanas”, dan un origen común a todos los seres no animales, sin embargo esto no es así, no pueder ser así; y la misma característica de poder inteligirse a uno mismo demuestra que tan solo unos pocos pueden recabar su origen divino y verdadero, mientras el resto basándose en conocimientos adquiridos externamente son meros “seres” que van “conociendo” lo que les muestra su materialidad en forma de sentidos, mas no conocen el interior y las formas profundas y no materiales de la realidad visible que son los fundamentos espirituales, los cuales tan solo pueden ser percibidos por el intelecto, facultad única que solo está presente en quienes provienen de la supramateria, es decir de lo espiritual. No caemos entonces en un comunismo espiritual, sino más bien partimos del principio básico de la diferenciación de los seres por su origen de lo alto los unos, de lo bajo los otros, de la medianía informe la mayoría.

Entonces, el conocimiento interno (intelecto) será una prueba hereditaria, excepto en algunos estados y divisiones, pero no por su condición de conocimiento establecido por algo en particular, sino por su objetividad supramaterial. Es como algunos casos de conocimiento objetivo, o sea el conocimiento que emana de las demostraciones objetivas y no de los aspectos intrínsecos, ya sea de la materia o de las elucubraciones mentales.

Ahora, una forma para mejor definir y demostrar algo es manifestar lo que no es, compararlo con sus supuestos conceptos; analicemos entonces las definiciones de intelectualismo, erudición y conocimiento empírico para diferenciarlos del intelecto.

INTELECTUALISMO E INTELECTO.

“Que el sabio no confunda con su propia sabiduría el espíritu de los ignorantes”. Máxima hindú.

El intelectualismo, surgió como consecuencia de la “revolución del conocimiento” acaecida a partir del liberal, humanista y progresista siglo XVIII; este no es más que la exaltación de la capacidad de comprensión de lo externo de si, es decir de lo adquirible por medio de los sentidos, así el intelectualismo se basa en el supuesto de que la realidad es racional  y, por lo tanto, susceptible de conocimiento racional exhaustivo. Cerrando de esta forma las miras de cualquier realidad superior o inferior a la materia.

Los intelectualistas así dan primacía a la razón frente a lo afectivo y frente a lo volitivo y por sobre todo a lo espiritual que no es una realidad verificable para ellos.

Vemos que a partir de estos los denominados “intelectuales” –intelectualistas de hecho-, dedican su vida al estudio y a la reflexión crítica de la realidad, de su realidad, que no pasa de un burdo materialismo cavernario.

Los intelectualistas entonces, son los dueños de las ciencias y las artes que ellos mismos han creado a base de la “realidad” olvidando o prescindiendo (¿deliberadamente?) de la realidad superior por la cual se adquiere el verdadero conocimiento. Queriendo dominar lo tangible, olvidaron lo verdadero.

Surgen entonces los parásitos de la mente moderna, pues el intelectualista “medita”, reflexiona, discurre, se inspira, goza, busca, investiga, analiza, discierne, desmenuza, razona, contrapone conceptos, filosofa, organiza las ideas, proyecta, imagina, especula, atribuye causas a los efectos y efectos a las causas, interconecta fenómenos… en fin, hace uso de las limitadas pero a su vez vastas capacidades de la mente humana, para tan solo mantener tranquilos su vientre y su cerebro. Aquí es cuando comienza la discriminación contra los  “no intelectualistas”, aquellos que no nos dedicamos a divagar fanfarronamente sobre un sinfín de asuntos, sino que simplemente somos, nos afirmamos en nosotros mismos;  se consideran los “intelectuales” –intelectualistas de cliché y de pedazo de cartón en la pared- con la capacidad de trascender, frente al “mediocre” que no lo hace. Sin embargo, la mediocridad mayor es la propia de los intelectualistas modernos, que por sus prejuicios y larvados contubernios ideológicos no despegan nunca de la grosera apariencia de las formas externas de los objetos, de los sujetos y de sus causas.

ERUDICIÓN E INTELECTO

La erudición es el conocimiento acumulado y adquirido a lo largo del tiempo por medio de los medios usuales de la educación moderna, es decir las aulas y los libros. Este hecho que puede ser también desarrollado como un enciclopedismo petulante, no solo que no es la base del intelecto sino que es la contraposición del mismo, pues al adquirir el conocimiento y acumularlo  con prodigiosa memoria solo por el mismo conocimiento externo, no se vuelve capaz de nutrir las fases más íntimas del ser. Así, se ha dicho con gran verdad, que hay eruditos poliglotas, y que por lo mismo dicen estupideces en muchos idiomas.

La concepción clásica del mundo distinguía dos regiones: la inferior de las cosas que “pasan” y la superior de las cosas que “son”. Las cosas que “fluyen” o que “pasan”, que son impotentes para alcanzar la realización y la posesión perfecta de su naturaleza. Las otras son; han trascendido esta vida mezclada con la agitación vana y con la muerte; y que, interiormente, es una furia y un deseo continuos. La erudición es propia de las cosas que fluyen, mientras el intelecto es propio de las cosas que son.

CONOCIMIENTO EMPÍRICO E INTELECTO.

“Las sensaciones (animales) son como visiones de un alma adormecida. En el alma, todo lo que procede del estado corporal está adormecido. Salir de la corporeidad; tal es el verdadero despertar. Cambiar de existencia pasando de un cuerpo a otro equivale a pasar de un sueño a otro, de un lecho a otro. Despertarse verdaderamente, es abandonar el mundo de los cuerpos” Plotino.

Si el intelecto no fuera una facultad espiritual esencialmente distinta de aquella de los sentidos. Este mismo no tendría el porque ser, pues la razón es la que permite esto. El simple hecho es que los sentidos invariablemente confunden la imagen de la imaginación, la que es individualizada, con el concepto, la idea del intelecto. Cuando empleamos términos universales en una proposición inteligible, los términos tienen un significado, (y no sucede así cuando la proposición es meramente empírica). El pensamiento por el cual ese significado es aprehendido en la mente, es la idea universal que tiene su origen en una realidad no material, sin lo cual su expresión no podría ser universal.

No se llega, al interior de las cosas por el estudio de su superficie. Y no se llega a conocer la verdad interna por medio de la realidad externa. Puede servirnos, es verdad como un referente y hasta como un símbolo, pero la verdad última es la interior.

CONCLUSIÓN. EDUCAR EL INTELECTO HACIA LA VERDAD, HACIA EL SER.

“Corresponde a los dioses venir a mí y no ir yo hacia ellos”.

Puedo decir entonces con el pensador y hombre de acción italiano, Barón Julius Évola, que:  “La realización metafísica, coronación de una existencia humana virilmente conducida y fortificada por la ascesis, es, podríamos decir, una “ruptura” en las series de estados condicionados: una (repentina) apertura en otra dirección: trascendencia “perpendicular”.

“A esto no se llega siguiendo el orden de las cosas que “devienen”, sino, por el contrario, a través de un camino de “introversión”, es decir de interior, de extrema concentración de todo poder y de toda luz, de los que procede la integración metafísica del “yo”, es decir, la efectiva inmortalidad de la personalidad”.

Por ello Plotino dice: “Y ahora, debes mirar en ti mismo, hacerte uno con lo que tienes para contemplar, sabiendo que lo que tu tienes para contemplar eres tu mismo. Y que es tuyo. Casi como aquel que estaría invadido por el dios Febo (otro nombre de Apolo, dios de la luz) o por una musa, vería brillar en sí mismo la claridad divina si hubiera tenido tiempo de contemplar en sí mismo esta divina luz”

“En el estado de suprema autoconciencia, continúa Évola, se disipa la apariencia misma de extrañeidad que las fuerzas divinas en su grandeza pueden revestir, para la mirada de los límites de la vida psíquica ordinaria. Estas fuerzas aparecen como poderes de esta misma alma glorificada”.

“(…)Nos sentiremos ampliamente recompensados por este trabajo si hemos conseguido despertar en nuestros lectores la idea de que no hemos tratado de filosofía abstracta o de un tipo particular de moral o menos aún de visiones de un mundo en la actualidad desaparecido o “superado”, sino más bien de algo vivo, cuyo valor no es de ayer o de mañana, sino de siempre y, se encuentra en todas partes en las que el hombre logre despertar esta dignidad superior sin que la existencia sea algo oscuro y desprovisto de valor”.

Santo Tomás de Aquino indica: “que el alma intelectiva es forma que trasciende la capacidad del cuerpo, tiene  su ser elevado por sobre el cuerpo”. Pues la vía suprema del intelecto es la trascendencia, la superación de lo meramente adquirido por las fuerzas exteriores y la fijación en lo interno, en la inteligencia del ser, en las formas del origen, por tanto en nosotros mismos: en nuestro verdadero yo.

Concluyo entonces que la única vía de descubrir si poseemos o no intelecto es aplicarnos pruebas de firmeza espiritual, de virilidad espiritual, así como sentenció el filósofo estoico del Imperio: “Solo venciéndote, vencerás”, yo sentencio que: SOLO CONOCIENDOTE, CONOCERÁS EL RESTO Y POR SOBRE TODO LA VERDAD.



Síntesis histórica de las relaciones hispanoquiteño-germánicas primero, y ecuatorianas-alemanas después hasta la II Guerra Mundial.

Síntesis histórica de las relaciones hispanoquiteño-germánicas primero, y ecuatorianas-alemanas después hasta la II Guerra Mundial.

Las relaciones hispanoquiteño-germánicas primero, y ecuatorianas-alemanas después,  siempre fueron encausadas en los más cordiales y hasta afectuosos términos, orientadas por signos políticos, civilizatorios y culturales de colaboración y creación alimentada mutuamente.  Después de todo,  la célula de la nacionalidad, la reivindicación del Reino del Quito mítico fue refrendada por un Sacro Emperador Romano Germánico (Emperador de Alemania), “la muy alta e muy poderosa imperial persona…” de Carlos V que debía ser “Señor del Mundo” en palabras de Sebastián de Benalcázar, fundador del Quito Hispánico. Este emperador, nuestro emperador, como señala Leopoldo Benítes Vinueza”…el  monarca más poderoso de la cristiandad… su voluntad se extiende hasta lugares remotos… “, Soberano desde Berlin, Münich y Viena hasta Lima, Quito y Buenos Aires: nos proporcionó las Armas (Escudo), el Estandarte y la denominación de “muy noble y muy leal” de nuestra capital, que son usados hasta el día de hoy,  así como el título de “ciudad”, financiando y procurando la edificación de la naciente urbe “Sant Francisco del Quito”, envía al místico y mago flamenco Fray Jodoco Ricke para que se encargue de muchas providencias personales como la construcción del Monasterio y la Iglesia de San Francisco, regala  en 1545 como don personal suyo a la ciudad la imagen de la Virgen del Rosario, que hasta hoy se conserva en la capilla de este nombre de la Iglesia de Santo Domingo; además por insistencia de este, Quito es erigida como sede obispal también en 1545 y hasta indica por cédula real del 9 de Noviembre de 1556 como ha de ser reedificada la Catedral . Nuestra capital no podía menos que retribuirle las gracias recibidas por el Emperador, y es así como el Cabildo de 1543 solicita y logra que se respalde al “Emperador y Rey nuestro don Carlos” “con bienes y personas” en su lucha contra el Rey de Francia y el Imperio Turco, proporcionado medios económicos, materiales y hasta hombres para la lucha. Más tarde, el quiteño Lope Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra, es nombrado embajador del Reino de España ante el Sacro Imperio Romano Germánico a principios del siglo XVII, posteriormente sería el  primer Virrey criollo de Nueva España.

A lo largo de todo el Imperio (la mal llamada Colonia) y de la República, las relaciones hispanoquiteñas – germánicas se desarrollaran a través de tres puntos fundamentales, la cultura, el arte y la educación.

A nivel cultural el flujo de pensamiento es constante,  los pensadores germanos son recibidos con entusiasmo por los eruditos locales, desde el misticismo medieval  hasta el realismo y la lírica tradicional o clásica dieciochesca, pasando por el filosofismo temprano romántico decimonónico. Son definitorios en esto Goethe y Hölderlin, quienes son reconocidos como padres por varios intelectuales locales.

El arte quiteño por su parte, fue influido desde un primer momento por los maestros y las técnicas germánicas, así en la escultura y la pintura el barroco centro-europeo no solo que llega a nuestras tierras y se convierte en la mayor influencia artística a los largo de más de dos siglos, sino que incluso es superado por los artistas quiteños, se lo reinterpreta así en nuestros lares, no como una negación del espíritu medioeval sino como una extensión del mismo en tierras americanas, el renacimiento pasa casi desapercibido, y este estilo de origen germano pasa a ser el sello indiscutible de la Escuela Quiteña; el arte religioso se ve deslumbrado por las aspiraciones escatológicas de las ordenes (católicas) prusianas exiliadas en el sur del país (Loja), como la Orden del Cisne, así las representaciones de la Virgen y de los Santos incluyen trasfondos esotéricos y mistéricos; en la música, las primeras obras quiteñas en el siglo XVI son dirigidas por los flamencos  Jodoco Ricke y Pedro Gosseal, las orquestas estallan en efervescencia e incluso Quito comienza con la producción de instrumento musicales, y para el siglo XVII construye los mejores órganos de América al punto que se considera que en todo el Perú el mayor acontecimiento cultural de ese siglo es este.  Ya en la República, se crea el Conservatorio Nacional durante el gobierno de García Moreno, recurriendo a músicos y maestros alemanes para su establecimiento y desarrollo, entre ellos se destacan Joseph Kolberg y por supuesto el corso de origen germano Antonio Neumane (autor de la letra del himno nacional del Ecuador).

En el aspecto educativo, es aún mayor el intercambio en este caso mutuo. Desde las zonas germánicas de Europa se reciben los avances de la medicina y la técnica, siendo aplicados al estudio y a la práctica fisiológica local, el mayor ejemplo de esto es Juan Bautista Aguirre quién es el primero en emplear en el país los conocimientos sobre la bacteriología y la microbiología, llegados a él a través de fisiólogos alemanes. Desde Quito (entiéndase como el Reino y la Provincia de Quito, y no solamente como la ciudad)  en cambio se expanden hacia Europa, en particular hacia Alemania, los conocimientos educativos a nivel de la botánica, la geología y la cartografía. Destacan aquí el sabio, investigador y naturalista guayaquileño Pedro Franco Dávila, que es nombrado Académico y Asesor de la Corte por Federico II el Grande de Prusia; y Pedro Vicente Maldonado, sabio, investigador y geógrafo riobambeño, que fuera el único referente de la Cartografía  y la Geografía Americana en Europa y el Mundo del siglo XVIII, a tal punto que Humboldt lo consideró su obra como la más cabal de todas en su época;  de igual forma los sabios e investigadores germanos recurrían al Quito, se destaca en este caso Alexander Von Humboldt quién visitó nuestras tierras y dónde tranzó fuertes lazos de amistad y admiración con los locales.

Ya en época de la República, todos varios gobernantes, recurrieron a los educadores germanos para establecer las instituciones pedagógicas del naciente Régimen; Flores trae a varios, entre ellos se destaca Sebastián Wisse, lo mismo hará Rocafuerte y posteriormente se profundizará esto en el gobierno de García Moreno, quién fundó y armó la Politécnica, y algunas facultades de la Universidad Central con profesores germanos llamados especialmente por él.  Finalmente en este punto, hay que mencionar que el camino educacional germano en el Ecuador se profundizó incluso en la época liberal, así Luis N. Dillon, quien evolucionara desde su postura liberal temprana a un nacionalismo económico al final de su vida, impresionado e influido por el II Imperio Alemán en sus años de estadía allí, proporciona y logra traer dos misiones pedagógicas oficiales alemanes al país a partir  de 1912 en adelante, que reformaran la educación nacional en las bases de la escuela “Histórica-Genética”, que propugnaba que la educación podía realizarse conforme a una ley de armonía con la naturaleza, considerando que la finalidad principal de la enseñanza no consistía en hacer que el niño adquiera conocimientos y aptitudes, sino en desarrollar las fuerzas de su inteligencia e incluyendo la educación física como medio de fortaleza y resistencia corporal, cerrando así el ciclo de una educación integral, que va desde lo más espiritual a lo puramente corporal, superando así la pedagogía basada en la especulativa idealista hegeliana.

La República del Ecuador y el II Imperio alemán, a partir de 1895 sostienen relaciones inusitadamente cordiales, se conserva en los archivos de la Cancillería ecuatoriana documentos de toda índole al respecto, incluyendo varias cartas del Káiser Guillermo II a Eloy Alfaro.

Las relaciones del Ecuador  con la Alemania Nacionalsocialista fueron más que amistosas, desde un primer momento. Varios tratados se firman para cimentar las relaciones. Tal es así que durante el gobierno de Federico Páez en un acto casi insólito en el mundo, la Cancillería ecuatoriana -la única en América-  presidiendo la Asamblea y Consejo de la Sociedad de Naciones se negó a promover sanciones contra Alemania  por el quebrantamiento del “Dictado” de Versalles y finalmente dejó descabezado el consejo al no asistir más a las sesiones en Ginebra. El Führer lo corrobora: “Serán mis sinceros esfuerzos de mantener y estrechar las relaciones entre nuestros países”. Adolf Hitler se refería así en una carta a José María Velasco Ibarra, de noviembre de 1934. Carlos Alberto Arroyo del Río, rompe relaciones en 1943 con el III Reich (Imperio) y declara la guerra a Alemania poco después debido a las presiones de los Aliados encabezados por los Estados Unidos, a pesar de una simpatía no declarada del presidente liberal por el Reich Alemán.

Por Francisco Núñez Proaño.



Quiteños al servicio del Imperio Español: Políticos y militares. Historia Secreta de América -16-.

Quiteños al servicio del Imperio Español: Políticos y militares.[1]

Lope Dí­ez de Armendáriz, quiteño (1575), Marqués de Cadreita o Cadereyta. Primer Virrey criollo de Nueva España. Fundador de la Armada de Barlovento que fue la primera institución naval creada en América, para proteger sus territorios ultramarinos americanos de los ataques de sus enemigos europeos, asimismo como de piratas y corsarios.

“Los criollos, los descendientes directos de españoles, de sangre pura, pero modificados por el medio y por sus enlaces con los mestizos que se asimilaban, eran los verdaderos hijos de la tierra colonizada y constituían el nervio social… La raza criolla en la América del Sur, elástica, asimilable y asimiladora, era un vástago robusto del tronco de la raza civilizadora índico-europea a que está reservado el gobierno del mundo. Nuevo eslabón agregado a la cadena etnológica con su originalidad, sus tendencias nativas y su resorte moral propio, es una raza superior y progresiva a la que ha tocado desempeñar una misión en el gobierno humano…”

Bartolomé Mitre

Mito usual y extendido en la ideas y en la historiografía americana oficial y oficiosa es aquel que dice que los criollos durante la  mal llamada colonia, el Imperio, fueron excluidos de toda forma de poder político y de mando, especialmente de los cargos más altos como Virreyes, Presidentes de Audiencia, Capitanes Generales y Gobernadores. Cuando en realidad se cuenta literalmente por miles a criollos que participaron como parte de los gobiernos locales (Oidores, corregidores, regidores etc.) y muchos que desempeñaron las funciones de gobierno de mayor graduación y prestigio. También los criollos conservaban el poder económico del continente. Al respecto el historiador quiteño Carlos Espinosa Fernández de Córdoba nos dice:

“Entre los mitos más difundidos en torno a la colonia, está el que establece que la clase pudiente era exclusivamente española, es decir “gachupín”. Si así fuera, los únicos culpables de los abusos de la sociedad colonial habrían sido los funcionarios reales de paso por América. En realidad los criollos (blancos nacidos en América) constituían el verdadero grupo dominante de la sociedad colonial porque poseían los medios de producción. Eran dueños de las haciendas y los obrajes, también eran los principales beneficiarios de los mecanismos de pillaje como la mita, las mercedes de tierras y la encomienda. Si bien los funcionarios reales españoles ocupaban las posiciones de autoridad formal, el poder efectivo estaba en manos de los criollos. Después de la independencia, los criollos continuaron dominando los recursos económicos y asumieron el poder político, manteniendo un implacable colonialismo interno caracterizado por la subordinación y explotación de los indios y negros.”[2]

Además del poder político y económico, una variedad de criollos se destacaron en ámbitos religiosos (que implicaba poder de facto en una sociedad estructurada religiosamente como la hispana), culturales y científicos, en América y Europa. A continuación a manera de mini biografías expondré tan solo algunos casos representativos, demostrativos y contrastables de quiteños que ejercieron altos cargos de gobierno y poder político en época del Imperio Español.

Virreyes:

Fray Luis Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra (de la Orden de San Bernardo), noble quiteño que desempeñó destacadas posiciones en la España del siglo XVII. Nacido en Quito a fines del siglo XVI, fue el primer Virrey criollo de Cataluña, primer criollo Obispo de Jaca –Huesca en España- (1617-1622), primer criollo Obispo de Urgel (1626-1627), primer y único criollo y único sudamericano en ser  Copríncipe de Andorra (29°) del 9 de Agosto de 1622 – al 3 de Enero de1627, fecha de su muerte en Barcelona. Su padre fue Lope Díez de Aux de Armendáriz, 2° Presidente de la Real Audiencia de Quito, y su hermano mayor Lope, fue el I Marqués de Cadreita o Cadereyta y el primer Virrey criollo de Nueva España y fundador de la primera fuerza naval de América: La Armada de Barlovento, de quien trato a continuación.[3]

Lope Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra[4], I Marqués de Cadreita (o Cadereyta), VI Señor de Cadreita, Caballero de Santiago, Gentilhombre de boca de Su Majestad, nació en la ciudad de Quito, actual Ecuador en 1575. Fue un noble y el primer criollo que llegó a ser Virrey de la Nueva España, cuyo cargo ejerció de desde el 16 de septiembre de 1635 hasta el 27 de agosto de 1640. Nacido en la Real Audiencia de Quito, Lope Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra provenía de una familia noble radicada en la ciudad de Quito actual capital de la República del Ecuador, donde su padre ejerció el cargo de Presidente de la Real Audiencia. Realizó sus estudios en carrera naval. Ocupó cargos significativos y obtuvo también grados importantes como el de Comandante de las Escoltas que acompañaron a las flotas mercantes de España que llevaban las mercancías y riquezas de las colonias a la metrópoli, “General en propiedad de la Armada de la Guardia de Indias y de los galeones de la plata de Indias (alcanzando en 1633 la famosa victoria sobre los holandeses, echándoles del puerto y fortaleza de San Martín), y al fin Consejero de Guerra”[5]. Casado con Antonia de Sandoval y Rojas, III condesa de la Torre y VI Condesa de Puebla (consorte y viuda sin sucesión de este enlace) y pariente del poderoso Duque de Lerma, era gentilhombre y mayordomo del rey Felipe IV de Habsburgo. Primer Marqués de Cadreita o Cadereyta, desde 1617, llegó a ser miembro del Consejo de Guerra, como ya se señaló, y embajador ante el Sacro Imperio Romano Germánico y Roma.

Virrey de la Nueva España: El 19 de abril de 1635 el Rey Felipe IV le asignó el cargo de Virrey de la Nueva España (16°). La entrada formal a la Ciudad de México fue el 16 de septiembre de 1635 tomando cargo ese mismo día.

Defensor de la Hispanidad: Para proteger a los habitantes y colonos del Nuevo Reino de León (el actual territorio del estado mexicano de Nuevo León) de los ataques y saqueos provocados por las tribus indígenas de Apaches y Comanches, Lope Díez de Aux edificó un presidio y una fortificación en Cadereyta. También ordenó una expedición a las Californias.

Armada de Barlovento: Se destacó de manera especial este noble quiteño, por haber sido el fundador de la Armada de Barlovento, que fuera una institución militar creada por el Imperio Español para proteger sus territorios ultramarinos americanos de los ataques de sus enemigos europeos, asimismo como de piratas y corsarios. Esta Armada fue la primera institución naval creada en América, por tanto Lope Díez Aux de Armendáriz y Saavedra es el precursor de todas las Fuerzas Navales del continente americano. De esta forma, este quiteño se erigió como el símbolo de la hispanidad tradicional en lucha y ataque contra el naciente capitalismo filibustero, de la “Pérfida Albión” o Inglaterra. Finalmente por extraños sucesos e influencias fue acusado de muchas irregularidades y defectos por sus enemigos, entre ellos el Obispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza. Murió el 28 de agosto de 1640.

De los hermanos Díez de Aux de Armendáriz escribió Jorge Luna Yepes refiriéndose a los quiteños en época hispana: “También fueron políticos, intelectuales o eclesiásticos ilustres Lope Díez de Armendáriz, marqués de Cadereita, hombre de ciencia política y militar, que llega a ser embajador y consejero del rey y virrey de Nueva España; al par que su hermano, Fr. Luis López de Armendáriz, ocupa cargo semejante en Cataluña y el de arzobispo de Tarragona.”[6]

Presidentes, Gobernadores y Capitanes Generales de Reales Audiencias:

Doctor José Antonio de la Rocha y Carranza[7], I Marqués de Villa Rocha[8], Vizconde de Villa Carranza y Caballero de la Orden de Calatrava; nació en Quito el 20 de junio de 1661. El Marqués de Villa Rocha estudió en la Universidad Santo Tomás de Aquino de Quito (la actual Universidad Central del Ecuador), recibiéndose de Doctor en Jurisprudencia en el año de 1678, Capitán y Alcalde de las Mestas por el Estado Noble de Madrid.  En 1699, siendo General de Artillería, fue nombrado Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia y Cancillería Real de Tierrafirme o Panamá, cargo que desempeñó en dos ocasiones. “Cuando pasaba de los sesenta años, esto es, en 1726, decide hacer un viaje por el mundo; arma una expedición con sus recursos y realiza la atrevida hazaña, recorriendo Oceanía, Asia (Filipinas), África y Europa”.[9] El afamado padre Benito Feijoo[10] en su obra Teatro crítico lo calificó de “insigne matemático e instruido en toda la buena literatura”. Fue quien organizó la defensa de las Costas Orientales de América contra la invasión de los piratas holandeses.     

Doctor Fernando Félix Sánchez de Orellana y Rada[11], III Marqués de Solanda, Caballero de la Orden de Calatrava, nació en Latacunga (en la actual provincia de Cotopaxi en Ecuador) en 1723 mientras su padre desempeñaba el cargo de Corregidor de los asientos de Latacunga y Ambato. Fue hijo de Pedro Javier Sánchez de Orellana y Góngora II Marqués de Solanda, natural de Loja del Ecuador, y doña Francisca Rada. Realizó sus estudios de Humanidades, en el Seminario de San Luis; y los de Filosofía y Jurisprudencia Civil y Canónica, en el Convictorio de San Fernando; recibiéndose de Doctor en Jurisprudencia Civil y Canónica. Fue Deán de la Catedral, Teniente de Corregidor y Justicia Mayor de Quito. Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Quito entre 1745 y 1753, uno de los más jóvenes en desempeñar dicho cargo al haberse posesionado del mismo con 22 años de edad.  “El primer quiteño que en tiempo de la colonia llegó a ocupar tan elevado cargo”[12] dentro del territorio de la Real Audiencia de Quito.[13]

Ignacio Flores de Vergara y Jiménez de Cárdenas[14]. Caballero supernumerario de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, “Una de las figuras más notables del Alto Perú”[15]. “Latacungueño, se gradúa en Filosofía en Quito; es profesor de lenguas y de Matemáticas en el Colegio de Nobles de Madrid; en el Ejército llega a coronel; es gobernador de Moxos y de Charcas, domina una sublevación indígena en Bolivia con gran valor y muere en Buenos Aires, en 1786, cuando se defendía de lamentables acusaciones”[16]. Nació en Latacunga (Provincia del Cotopaxi) el 30 de julio de 1733. Hijo segundogénito del Coronel de las Milicias urbanas de Quito, Antonio Flores de Vergara, natural de Ambato (Provincia del Tungurahua), creado Marqués de Miraflores en 1746, confirmado en 1751, y de María Jiménez de Cárdenas, latacungueña. Hermano de Mariano Flores de Vergara y Jiménez de Cárdenas[17], II Marqués de Miraflores y Caballero de la Orden de Carlos III con quien erróneamente suele confundírselo. Huérfano de madre de corta edad. Transcurrieron sus primeros años plácidamente en las haciendas de su padre donde aprendió el quichua; a los diez años viajó a Quito, fue matriculado en el Colegio Seminario de San Luis y se graduó de Maestro en Artes y Bachiller en Filosofía en 1748 en la Universidad de San Gregorio. Posteriormente emprendió viaje a España y estudió en el Colegio de Nobles de Madrid con singular aprovechamiento especializándose en matemáticas, materia que luego enseñó en dicho colegio. En 1755 recorrió las principales cortes de Europa y aprendió latín, inglés, francés e italiano. De regreso a España ingresó de Cadete al Regimiento de Caballería de Brabante; en 1772 fue Capitán de Voluntarios a Caballo bajo las órdenes del General Alejandro O’ Reilly y luchó contra los ingleses en el asalto a Gibraltar y en la invasión a la isla Menorca. Firmado el Tratado de paz en 1777 fue designado por sus conocimientos científicos y matemáticos, Gobernador de las Armas de la recién creada Provincia de Moxos, en los antiguos territorios de las Misiones Jesuitas del Paraguay, que estaban en abandono desde su expulsión. Entonces recibió instrucciones detalladas de cuidar dichas regiones para que no continuara la penetración portuguesa.

Pacificador: El 5 de junio del año siguiente prestó juramento ante la Audiencia de la Plata e inició su gobierno. En 1779 fue promovido al grado de Teniente Coronel de caballería y al estallar ese año la insurrección de Túpac Amaru, Cacique de Tungasuca, recibió desde Buenos Aires el título de “Pacificador militar” a tiempo que Túpac Amaru era ejecutado por orden del visitador Areche; en tales circunstancias, algunos de sus parientes indígenas se hicieron cargo de las fuerzas rebeldes y reiniciaron la lucha. Flores movilizó sus fuerzas en auxilio de las autoridades de La Plata, asediadas por miles de indios en son de guerra. El combate se dio en “La Punilla” donde se produjo una contundente victoria de los realistas que recuperaron la ciudad. Reiniciadas las operaciones Flores avanzó a La Paz con solo 600 hombres y consiguió derrotar a las fuerzas del Cacique Julián Apasa, Túpac Catari, que se retiraron a los montes. Flores ocupó el cerro denominado “El Alto” único acceso por donde se abastecía esa urbe y dejando una guarnición al mando del Comandante José de Reseguín, se dirigió a pacificar las otras provincias levantadas y recobró la villa de Oruro, también cercada. Entonces le llegó el ascenso a Coronel.

Presidente: En 1782 fue elevado a la dignidad de Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Charcas, con capital en La Plata o Chuquisaca, siendo homenajeado en la Universidad de San Francisco Xavier con una “Oración Panegírica” pronunciada por el Catedrático de Vísperas, Dr. Juan José de Segovia. Flores inició su gobierno restituyendo a los últimos sublevados a la obediencia, pues “en su arte de hacer la guerra entraba más la reflexión que el atrevimiento y el deseo de pacificar más que el de destruir.” A los indios hablaba en quechua y sin maltratarlos, respetando a los rebeldes que se acogían a su generoso indulto. En 1785 terminó su periodo, y fue llamado a Buenos Aires, donde falleció en agosto de 1786. Como administrador no descuidó los ramos administrativos y hacendario, así como el desarrollo del comercio y la agricultura. Quiso dotar a su Audiencia de caminos al mar para terminar con su aislamiento. [18]

Julio Tobar Donoso pudo decir de él en su obra Las Instituciones del Período Hispánico, especialmente en la Presidencia de Quito: “El Marquesado de Miraflores, en su época inicial o sea cuando el titular llevó el apellido Flores, tuvo el orgullo de contar entre sus miembros a don Ignacio Flores, Presidente de Charcas. Prestó este quiteño relevantes servicios a la Causa de España, en época difícil de levantamientos y borrascas; servicios que no fueron debidamente recompensados. A la par de su civismo brilló por la ciencia.”

Gobernadores:

Nicolás Felipe Guillermo de Ontañón y Lastra, Romo de Córdova-Pérez Castellanos[19], I Conde de las Lagunas, Caballero de Santiago, nació en Quito el 10 de febrero de 1690, fue General de Caballería del Batallón de la ciudad de San Francisco de Quito, y Gobernador de Popayán (actual Colombia).

Ramón Joaquín Maldonado[20] (hermano del sabio riobambeño Pedro Vicente Maldonado), I Marqués de Lises y Vizconde de Tilipulo, con Grandeza Honoraria por  Felipe V, nació en la villa de Riobamba, en la actual provincia ecuatoriana del Chimborazo, el 20 de febrero de 1700. Entre los cargos y posiciones militares menores que desempeñó constan: Capitán de Caballos de Corazas de sus ciudad natal, Guardia de Honor del Virrey del Perú Conde de la Cueva, Teniente General y Justicia Mayor de Latacunga, Corregidor de Latacunga, Regidor perpetuo y Corregidor de la ciudad de Quito, etc. Fue Gobernador de Esmeraldas (actual provincia de Esmeraldas en Ecuador), como su hermano Pedro Vicente y por poder de este siendo su titular; cooperando con sus hermanos en la catequización y construcción de iglesias en esa provincia, así como en la terminación del camino a Esmeraldas. También se desempeñó como industrial, siendo propietario del Molino de Pólvora de Latacunga, conocido mundialmente en aquel entonces y cuya calidad de pólvora tanto admiró a Humboldt.

Antonio de Alcedo y Bejarano[21] [22],  nació en Quito  el 14 de marzo de 1736. Cuarto hijo de Dionisio de Alcedo y Herrera, natural de Madrid, Caballero de Santiago, Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Quito y de Maria Lucía de Bejarano y Saavedra, natural de Sevilla. Se destacó como militar y escritor; su obra fundamental es el Diccionario geográfico-histórico de las Indias Occidentales o América, en cinco volúmenes que fue de inmediato traducido al inglés (London, James Carpenter, 1812-1815). Sin duda, la base del Diccionario, fuera de sus cuarenta años de viajes y observaciones por gran parte de América, fueron las noticias y papeles que le facilitó su padre; “conjunto formidable de Historia y Geografía, seguido de otro biográfico y bibliográfico, y finalmente de una complemento práctico con el Diccionario del Comercio, industria y agricultura.” Esta obra le llevó 20 años, lo que no le impidió cultivar las matemáticas, intervenir en el segundo sitio de Gibraltar y ocupar cargos políticos y militares. Estos méritos le valieron ser elegido miembro de la Real Academia de la Historia en 1787.  Éste estuvo sus 17 primeros años en las Indias Occidentales y sólo en 1752 viajó a España para ingresar en la Guardia Real con el grado de Alférez. Desde entonces siguió la carrera militar. En 1779 se halló siendo primer Teniente de Granaderos en el bloqueo y sitio de la plaza de Gibraltar, desde el principio hasta el fin, cuatro años después, que se firmó la paz, fue ascendido a Capitán y luego a Coronel. Alcanzó los grados de Brigadier en 1792,  Gobernador Militar de Alcira y luego en 1800 fue promovido a Mariscal de Campo y en 1802 a Gobernador de la Coruña en el Reino de Galicia (España), donde se encontraba al producirse la invasión napoleónica, resistiendo con valor el asedio y el sitio de las tropas francesas, es considerado héroe de la guerra de la Independencia española. “El 24 de Junio de 1812 presentó y leyó en la Academia su Memoria para la continuación de las ‘Décadas de Herrera’ conteniendo varios capítulos: 1) ‘Estudio preliminar’ en el que se trata del Intento de Muñoz , los trabajos de Alcedo: el Diccionario Geográfico y la Biblioteca Americana, 2) ‘Las Memorias’ que contiene Colecciones de Historia y Relaciones de Indias, Colección de Viajes, Autores que han escrito Historias Generales de Indias, autores del Virreinato de Nueva España, autores del Virreinato del Nuevo Reino de Granada, autores del Virreinato de Buenos Aires y del reino de Chile, Historia del Brasil, y autores que han escrito de la historia natural de las Américas.” Murió ese mismo año de 1812.

Dos Virreyes; tres Presidentes, Gobernadores y Capitanes Generales de Reales Audiencias y tres Gobernadores de Provincia quiteños del vasto y multisecular Imperio Español, solo a manera de muestra.

Por Francisco Núñez Proaño.


[1] Entiéndase que al referirme a “quiteños” abarco a todos los habitantes del actual territorio de la República del Ecuador, de la entonces Real Audiencia de Quito y del conocido Reino de Quito-del denominado Departamento del Sur de la Gran Colombia-. Si bien la Audiencia y finalmente Capitanía General de Quito –Sede virreinal de facto con Mourgeon- abarcaba regiones del actual norte del Perú y el actual sur de Colombia, he preferido en este artículo solo tratar de lo referente al actual territorio del Ecuador.

[2] Espinosa Fernández de Córdoba, Carlos,  Historia del Ecuador en contexto regional y global, Ed. Lexus, Barcelona – España, 2010, pp. 300 y 301.

[3] Guzmán, José Alejandro, Títulos nobiliarios en el Ecuador, Madrid – España, 1957, pp. 27 y 28.

[4] Ibídem

[5] Ibídem.

[6] Luna Yepes, Jorge, Síntesis histórica y geográfica del Ecuador, 2da edición, Madrid – España,  Ed. De Cultura Hispánica, 1951.

[7] Guzmán, José Alejandro, Ob. Cit., pp. 69 y sigs.

[8] El título de Marqués de Villa Rocha había sido concedido por Felipe II, según Real Cédula del año 1564, a su tercer abuelo paterno don Antonio Andrés Girandia de la Rocha, Caballero de Santiago, Alférez, Capitán, Maestre de Campo en los Ejércitos de Flandes e Italia, y en la Real Armada (más de cuarenta años), quien había combatido en la batalla de Lepanto; que no lo ostentó por no poder hacer constar tuviera cierta renta, precisa condición en el título.

[9] Luna Yepes, Jorge, Ob. Cit.

[10] Benito Jerónimo Feijoo, OSB, 1676-1764. Feijoo es quizá el más grande filósofo de lengua española del siglo XVIII. El Teatro crítico universal y las Cartas eruditas y curiosas lograron una difusión insospechada, en España y en América, y fue ya traducido entonces parcialmente al francés, italiano, inglés y alemán.

[11] Guzmán, Ob. Cit.

[12] Avilés Pino, Efrén, Enciclopedia del Ecuador,  Academia Nacional de Historia, Quito, Ecuador.

[13] Suele criticarse que este haya sido el único quiteño Presidente de Quito durante la colonia, desconociendo (o no) que era política y costumbre de la Monarquía que los funcionarios reales nunca debían ser naturales de los sitios que gobernaban, a fin de evitar el nepotismo y la corrupción relacionada a este hecho de filiación y relación con la tierra propia o la patria chica.

[14] Pérez Pimentel, Rodolfo, Diccionario Biográfico del Ecuador.

[15] Efrén Reyes, Óscar, Historia del Ecuador.

[16] Luna Yepes, Ob. Cit.

[17] Coronel de Caballería del regimiento de Dragones de la ciudad de Quito desde 1785.

[18] Cuando Rafael Correa, actual Presidente de la República del Ecuador, visitó Bolivia, se le entregó como regalo por parte del alcalde de Sucre, si mal no recuerdo, un retrato de IGNACIO FLORES DE VERGARA Y JIMENEZ,  quien fuera Presidente de la Real Audiencia de Charcas (Bolivia) desde 1782, como símbolo de amistad entre las dos naciones. Lo que no se, es que si el alcalde y el presidente conocían que este distinguido e ilustre quiteño (del Reino de Quito) al servicio del Imperio Español fue quien reprimió a sangre y fuego el levantamiento de Túpac Catari a quien finalmente derrotó y fue posteriormente ejecutado. Catari junto a Túpac Amaru son actualmente reivindicados por el socialismo del siglo XXI y los movimientos indigenistas como los mayores símbolos de resistencia indígena antihispana. ¿Ironía?

[19] Guzmán, pp. 78.

[20] Ibídem, pp. 34 y sigs.

[21] Luna Yepes, Ob. Cit.

[22] Pérez Pimentel, Ob. Cit.



“El revisionismo llega a su clímax: La Independencia fue un error” o del fanatismo sobre la independencia.

He leído hace poco el artículo:  El revisionismo llega a su clímax: La Independencia fue un error…  de Gonzalo Ortiz CrespoRevista GESTION, Quito, abril de 2007, No. 154. Este y por tanto su autor yerra por fanático y exaltado en una defensa acérrima de las tesis historiográficas oficiales en torno a la independencia del Ecuador (y de la  América hispana), lo demuestra el hincapié y la insistencia sobre que una verdad histórica es verdad histórica debido al consenso entre historiadores y porque ha sido repetida mil veces y no por ser verdad en sí;  de esta manera significaría que todas las tesis sostenidas a lo largo del tiempo son verdaderas per se por el mero hecho de sostenerse en el tiempo, Galileo así es un loco más. En el siguiente enlace pueden leer el artículo y obtener sus propias conclusiones:

El revisionismo llega a su clímax: La Independencia fue un error… 

http://the.pazymino.com/GOrtiz-GESTIONAbr2007.pdf

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