coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


El yo y la nada.

El yo y la nada.

(Del Golfo Pérsico al Río de la Plata)

Persépolis en el Río de la Plata.

Anuncio:

Todo viaje es una pequeña muerte, una pequeña iniciación. La muerte es el único acontecimiento de la experiencia humana que determina todos los hechos de la vida y que borra todos los condicionamientos existenciales, ante la muerte solo queda el yo y la nada, el abismo y el temor insalvable  de la muerte, el fin en este mundo material y terreno; se nos presenta la nada y ante esta no hay más que dudar de todo o simplemente confiar en que todo vendrá después de la muerte. Una pequeña muerte nos alecciona sobre la futura gran muerte, solo que esta no determina, aunque paradójicamente condiciona lo incondicionado: Conociendo al resto, en forma, extensión y personas, uno acaba conociéndose a sí mismo a fondo, acaba aceptándose y acaba trascendiendose de la ficción real y perecedera, se ve entonces enfrentado a uno, tan solo a uno mismo… el mejor, más capaz y mayor juez de nosotros mismos.

Desconociendo, comencé guiado, llamado y obligado por los dioses una peregrinación que me llevó al otro lado del mundo,  tuve que llegar hasta la Kaaba de Zoroastro en Naqsh-e-Rostam en el Imperio perdido que bañan las aguas del Golfo Pérsico. En una carrera casi demencial de 10 años, recorrí medio mundo y ante las pequeñas muertes de los viajes volvía a renacer, solo que aferrado al deseo de la muerte misma, alejadado de alguna manera del abandono hacia la vida eterna, de la vida después de la muerte, de esa vida en la cual solo y nada más se puede confiar. Fuimos entonces solo ellos y yo: Luché contra los dioses, y estos me obligaron a rendirles tributo en Persia, allí al final de la disputa yo les obligué a que me bendigan… cuando así sucedió mi entendimiento quedó esclarecido y puder ver con los ojos del corazón que todo lo que había buscado por años y años en el exterior de mí y de mi país de origen en realidad no se encontraba en otro lado sino allí mismo.

El día de hoy estoy por comenzar un nuevo viaje recorriendo el interior de mi país ad maiorem, la Patria Grande del sur – “la Patria, que es una, desde el Cabo de Hornos hasta las orillas del Mississipi”. Manifiesto de la Junta de Guayaquil del 15 de mayo de 1821-, una nueva pequeña muerte, una nueva pequeña iniciacón, que ni siquiera se cuando o de que manera terminará; pero que se en esta vez, aun de llevarme a la gran muerte, hará que lo que la razón no acabó de aprehender, el alma y supremamente el espíritu se apoderen y ejerzan su señorío alejados del condicionamiento de la quimera.

Como muerte un viaje es una tristeza desde lo profundamente humano. Quedarse es tan triste como irse -ya sea de este al otro mundo o de este a otro rincón del planeta-, el que tiene una o cierta certeza solo sabe esquivarse hasta cuando irremediablemente el viaje sea concluido e inevitablemente el triunfo sea obtenido.

Si he de conocerte nos veremos pronto, confía.

Por Francisco Núñez Proaño

Debes leer: ¡CUERVOS!


Dejar un comentario so far
Deja un comentario



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: