coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Juan Manuel de Rosas y Gabriel García Moreno

Me encuentro en Buenos Aires. Hoy 20 de noviembre se celebra el Día de la Soberanía Nacional en Argentina, que conmemora la Batalla de Vuelta de Obligado -20 de noviembre de 1845-, donde la Confederación Argentina liderada por Juan Manuel de Rosas se enfrentó y derrotó técnicamente a la escuadra anglo-francesa que mantenía bloqueado el río Paraná, reafirmando de esta forma no solo la Soberanía argentina, sino la Soberanía continental en su conjunto. Aprovecho la fecha para publicar a continuación la siguiente conferencia -prácticamente inédita en internet- de un reconocido historiador ecuatoriano donde realiza un estudio histórico comparativo entre dos grandes americanos: Juan Manuel de Rosas y Gabriel García Moreno.

Juan Manuel de Rosas

Y

Gabriel García Moreno

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ANALOGÍAS Y DIFERENCIAS(1)

Por Luis Robalino Dávila(2)

Gabriel García Moreno y Juan Manuel de Rosas

La lectura hecha últimamente de algunos libros de Historia Argentina entre los cuales Levente, Gálvez y Pereyra, me ha determinado a hacer algunas consideraciones sobre estos dos personajes que tanto ocuparon y siguen ocupando la atención de historiadores y escritores argentinos y ecuatorianos.

Si bien Rosas nació en 1793 y García Moreno en 1821, puede considerárseles contemporáneos por la acción que ejercieron en sus respectivos países, de 1819 a 1852 el primero, y de 1846 –cuando periodista político- a 1875, el segundo.

Rostro de singular belleza el de Rosas. Para calificarla –dice Manuel Gálvez- uno piensa en estos adjetivos: soberbia, egregia brillante. Cierta palidez, mirada fuerte, caladora. Cuello vigoroso. Manos de gran señor, finas de largos dedos, siempre pulcras. Habla en tono levantado.

¿No es el retrato de García Moreno?

Las analogías de carácter son mayores: ambos dos son amigos del orden, enemigos de todo cuanto lo altere. Rapidez en la concepción; firmes en las órdenes; implacables en la represión.

Cuando la lucha con Francia, a Rosas se le llama “El Gran Americano”. A García Moreno, aplicándole una antigua frase sobre un Mariscal de Francia, el publicista francés Luis Veuillot, califica a García Moreno de “Hombre que honra al hombre”.

Y nuestro compatriota fue, ante todo, una vigorosa planta humana; una alta inteligencia y una voluntad poderosa y rara en estas latitudes; un hombre del Renacimiento por el instinto vital, el fuego interior y las pasiones violentas; de la talla de los grandes dominadores, fuerte enérgico, ambicioso.

La voluntad de Rosas es un torrente que es imposible resistir. “Voluntad monstruosa” la llamó el historiador francés Jacques Duprey.

Tales voluntades tienen que conducir fatalmente al despotismo: fusilamientos en masa, prisiones, destierros, torturas, del uno; Maldonado, Juan Borja, Jambelí, Viola, del otro.

Pero hubo una gran diferencia entre los dos hombres: poco instruido Rosas, mente cultivadísima la de García Moreno. El primero no se interesó por la instrucción pública; el segundo fundó la Escuela Politécnica, el Conservatorio Nacional de Música, la Escuela de Bellas Artes: trajo de Europa religiosas y Hermanos Cristianos para las escuelas, encargó a los Jesuitas la enseñanza secundaria.

En la primera presidencia de Don Juan Manuel comienza un extraordinario progreso que durará hasta su caída. Dicta la ley de aduana proteccionista. El establecimiento metalúrgico de Juan Beriso, fundado meses antes de la ley, llega a construir no solo numerosas embarcaciones pequeñas, sino cuatro buques de alta mar. A la caída de Rosas habrá dos fábricas; 743 talleres. Y para la ciudad de cincuenta mil habitantes de entonces, hay en Buenos Aires la fabulosa cifra de 2,008 casas comerciales. Se introduce la primera máquina de vapor; se crea la primera fábrica de fundición y mecánica; se inaugura la primera línea de cabotaje del Atlántico Sur…

García Moreno fue el gran constructor; la Carretera del Sur, su amada carretera; el comienzo del ferrocarril para unir el Puerto de Guayaquil con la Capital de la República; aliento, facilidades para empresas industriales…

Los padres de Rosas son de familia argentina y descienden de familias nobles, los Ortiz de Rosas – verdadero apellido de la familia paterna -, ennoblecidas durante el reinado del infante Don Pelayo.

Los de García Moreno, así su padre, hidalgo español de encumbrada alcurnia, como la madre guayaquileña de alto linaje.

Para acostumbrarle al valor, y dado que el niño Gabriel sentía miedo ante los cadáveres, el padre le encerró cierta noche en una habitación oscura donde se hallaba un muerto. Siendo casi una criatura, Juan Manuel fue encarcelado en un cuarto; pero el muchacho se vengó del castigo levantando las baldosas del piso. La madre de Rosas es mujer de carácter y energía. Todos convienen en que l madre de García Moreno lo fue igualmente.

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EL DR. SANTIAGO VIOLA

Fue periodista con Mitre y con otros personajes. Fundaron “El Iniciador” contra Rosas. Este dispone que una red de espionaje sutilmente montada, que le hace depositario de los secretos más íntimos de la población.

Se halla obligado Viola a dejar su patria, y se dirige a Guayaquil donde ejerce con éxito su profesión de abogado. Escribe cierta vez a un enemigo de García sobre asuntos judiciales que le han sido encargados. Mas, las sospechas del Gobernante ecuatoriano son vehementes sobre participación de Viola en la política. Le hace llamar y le pregunta:

–          ¿Conoce Vd.  Esta letra?

–          Fácilmente, es la mía.

–          ¿Y qué pena merece un extranjero que se mezcla en asuntos políticos del país que le da hospitalidad?

–          Según el criterio de Vd., señor Presidente, la pena de muerte.

–          Vd. Ha dictado su propia sentencia.

Y lo hace fusilar en la Sabana de Guayaquil, a pesar de la intervención de varias personas a favor de Viola, inclusive su respetable madre.

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Cuando la lucha con Francia, la fama de Rosas se extiende por todo el Continente Americano. “La Gaceta del Ecuador”, periódico oficial del Gral. Flores en sus dos períodos administrativos, como en el de Rocafuerte, publica noticias del Río de la Plata. Además García Moreno, solía leer periódicos europeos llenos de informaciones sobre Rosas. ¿Las leyó García Moreno? ¿Conoció así al “Gran Americano”? ¿Qué impresión le causó? ¿Tuvieron alguna influencia sobre su espíritu los procedimientos del Gobernador de Buenos Aires?… Muy difícil saberlo.

La Cancillería Argentina, en la época de Rosas, solía escribir a la ecuatoriana, como a las demás de Hispanoamérica, sobre los asuntos que suponía interesaban al Continente. Esas notas reposan en el Archivo de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores. Entre otras hay las siguientes:

El 27 de Enero de 1834, en Canciller Tomás Guido pide al Gobierno ecuatoriano mantener la independencia americana y rechazar las pretensiones españolas de restablecer la Monarquía.

En una Circular de la Cancillería Argentina del “Mes de América” (Marzo), Año 28 de la Libertad y 8º de la Confederación Argentina, encabezada por la divisa “¡Viva la Federación!”, el nuevo Canciller Felipe Arana, comunica al Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador que la República Argentina está en guerra con el Gobierno del General Santa Cruz y sus Sostenedores. Manda un impreso sobre el hecho, que por desgracia no existe en el Archivo.

El propio ministro Arana envía a Quito un cuaderno impreso, que tampoco existe, y que comprende –según dice Arana- las notas oficiales y cartas particulares relativas al estado actual del asunto que ha motivado el bloqueo de los puertos argentinos por el Excmo. Sr. Contralmirante, Comandante en Jefe de la Escuadra de S.M. el Rey de los franceses, en estadía en el Brasil y en los mares del Sur.

Un  acontecimiento tan destituido de motivo justificado como de autorización, ha debido llamar la atención de todos los gobiernos y pueblos, y muy especialmente de los gobiernos y pueblos americanos.

Y pide elevar a conocimiento del Presidente del Ecuador (lo era Rocafuerte) la nota y sus antecedentes.

El 18 de Mayo de 1838 remite el propio Arana un cuaderno impreso (no existe tampoco) con la continuación de la correspondencia particular del Excmo. Señor Gobernador y Capitán General de esta Provincia con S.E. el Señor Contralmirante de la Escuadra Francesa en estación en el Brasil y en los mares del Sur.

El 21 de mayo de 1838, el Ministro Felipe Arana avisa recibo de la nota del Ministro de R.R.E.E. del Ecuador de 13 de Septiembre de 1837 en la que “agradece la bondadosa hospitalidad que recibió en Buenos Aires el Señor Larrea (sin duda Don José Modesto Larrea, Marqués de San José), Encargado de Negocios del Ecuador ante S.M. el Rey de los franceses, en tránsito para su destino”.

En nota de Buenos Aires del 5 de Marzo de 1842, el Ministro Felipe Arana envía una copia autorizada, en texto francés y español, de la Convención de Paz con Francia, celebrada el 29 de Octubre de 1840 con el Ministro Plenipotenciario de Francia de S.M. el Rey de los franceses, Par de Francia, Barón de Mackau, Gran Oficial de la Orden Real de la Legión de Honor, ratificada el 15 de Octubre último por aquel Soberano: “Al Gobierno Argentino –dice Arana- le asiste la lisonjera esperanza que el Excmo. Señor Presidente de la República del Ecuador hallará en este documento importante una prueba clásica, no menos de la política elevada, honor e ilustración de S.M. el Rey de los franceses, que de la justicia, moderación y dignidad del Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina y de su espíritu cordialmente amistoso y fraternal de los Estados Americanos”.

La convención de Paz fue firmada por Felipe Arana y el Barón de Mackau. La ratificación por Juan Manuel de Rosas y Manuel Insiarte, Ministro de Hacienda, el 31 de Octubre de 1840.

Reconoce la Convención las indemnizaciones debidas a los franceses que hubiesen experimentado pérdidas o sufrido perjuicios en la Argentina. Queda por determinarse la suma de tales indemnizaciones que se arreglará en el término de seis meses.

Será levantado el bloqueo de los puertos argentinos y evacuada por las fuerzas francesas la Isla de Martín García, en los ocho días siguientes a la ratificación de la Convención por el Gobierno de Buenos Aires.

El material de armamento de las Isla Martín García será repuesto tal como estaba el 10 de Octubre de 1838.

Los dos Buques de guerra argentinos capturados durante el bloqueo, u otros do de la misa fuerza y valor, serán puestos en el mismo término con su material de armamento completo, a la disposición del Gobierno Argentino.

El Gobierno Argentino ofrece conceder permiso de volver al territorio patrio a los argentinos proscritos, si abandonan la actitud hostil en que se hallan contra el Gobierno de Buenos Aires, en el término de un mes después de la ratificación de la Convención.

Queda entendido que el Gobierno de Buenos Aires seguirá considerando en estado de perfecta independencia a la República Oriental del Uruguay.

Mientras se arregle la conclusión de un Tratado de Comercio entre Francia y la Confederación Argentina, los ciudadanos franceses en territorio argentino y los ciudadanos argentinos en el de Francia, serán considerados y tratados en ambos territorios, en sus personas y propiedades, como lo son o lo podrán ser los súbditos o ciudadanos de las demás naciones, aún las más favorecidas.

Las ratificaciones serán canjeadas en París en el término de ocho meses o antes si fuere posible, por intermedio de un Ministro Plenipotenciario de Argentina que será acreditado a este efecto.

Hecha a bordo del Bergantín parlamentario francés, la Boulonaise, el días 29 de Octubre de 1940. –Felipe Arana. Barón de Mackau.

Como se ve, el triunfo de Juan Manuel de Rosas fue rotundo.

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                              UN BELLA PROCLAMA DE VICENTE ROCAFUERTE

Cuando ocurrió la guerra entre Chile, Buenos Aires y la Confederación Perú-Boliviana, dirigida por Santa Cruz, y comunicada al gobierno ecuatoriano; el 25 de Octubre de 7837, Rocafuerte, Presidente entonces del Ecuador, dirigió una bella proclama a sus conciudadanos, anunciándoles dicha guerra, “penetrado del más profundo dolor”. Recordó la mediación ofrecida por su Gobierno ene l conflicto, por desgracia sin éxito y añadió:

“Os queda todavía una obligación sagrada, y es la de conservar, en esta solemne ocasión, la perfecta neutralidad que ha decretado la representación nacional. Haced brillar vuestro civismo en vuestra justicia y humanidad con los beligerantes; mostraos siempre dispuestos a servirlos y dad las pruebas de vuestro desinterés y de vuestra sincera amistad, trabajando para que termine esta contienda lo más pronto posible y del modo más honroso y más satisfactorio para todos”. (“Gaceta del Ecuador”.- Quito, sábado 4 de Noviembre de 1837).

Las noticias extranjeras publicadas en este periódico oficial de la época de Rocafuerte, eran numerosas e importantes. Llegaban periódicos extranjeros y se tomaban también noticias de cartas particulares. Alguna vez, artículos moralizadores y contra el alcohol. Insertaba biografías, disertaciones científicas, son el afán de ilustrar a los lectores en diversas materias.

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EL PRIMER GOBIERNO DE ROSAS

Fue nombrado por cinco años Gobernador de Buenos Aires el 8 de Diciembre de 1829. La Sala (la Cámara) acordada al nuevo mandatario la suma del poder público. Fue el aniquilamiento del sistema republicano hasta entonces imperante, pese al plebiscito personal pedido por Rosas. Era tal el cúmulo de poderes depositados en su persona, que Rosas consideró necesaria la ratificación de la ley por los habitantes de Buenos Aires. El plebiscito favoreció casi únicamente a Rosas.

Cuando presentó García Moreno  a la Convención de 1869 la famosa Carta Política elaborada por él y análoga a la célebre de Portales para Chile; como asustado de sus rígidas disposiciones, hizo también que un plebiscito lo aprobará.

Inmediatamente de hacerse cargo del poder Rosas, comenzaron las destituciones en masa: civiles, militares y eclesiásticos, fueron separados de sus cargos, como suelen hacer siempre los Dictadores para gobernar acorde  su voluntad… El motivo alegado por Rosas era simplemente el de la “poca fidelidad a la causa de la Federación”.

Eliminados los desafectos de Gobierno, Rosas trató de uniformarlo todo .

El teatro fue empleado como instrumento de propaganda. El 29 de Septiembre de 1835, se estrena “El Buen Gobernador de las Leyes”. Rosas concurrió a la función.

Cosme Argerich, profesor de la Universidad, quedaba separado para siempre, “por haber traicionado la causa de la Federación”. Al Obispo se le solicito la separación de su curato de un sacerdote. La lista más nutrida fue al día siguiente de haber asumido Rosas el mando. Dio de baja a 11 Coroneles, 18 Mayores, 20 Capitanes ya  otros de menor graduación en número de 75. Y así a todos los ramos de la administración llegó la mano implacable de Rosas.

Y con el afán de uniformarlo todo, llegó a ordenar que las notas oficiales deberían ser encabezadas con las palabras: “¡Viva la Federación!”, además de la fecha y los años de la Federación, de la Libertad y de la Independencia. Y todo ello se ponía igualmente en las notas oficiales dela Cancillería a la Cancillerías extranjeras.

La divisa, del cintillo punzó se impuso como obligatoria a los preceptores, empleados y niños de las escuelas públicas y privadas. Se trataba de orientar a toda una generación destinada a sostener la Federación y la Dictadura.

La Iglesia, desde el Obispo hasta el Cura de la Parroquia más humilde, tributaban elogios al Gobernador. Como si no bastaran las muestras de adhesión verbal con que los sacerdotes terminaban sus sermones, todos los templos exhibían los retratos de Rosas.

Rivera Indarte, que más tarde dijera: “Es acción santa matar a Rosas”, le dedica entonces el “Himno de los Restauradores”, repleto de lugres comunes y de insultos contra los unitarios.

Las artes plásticas tampoco estuvieron ausentes de este concurso. Varios malos retratos del Dictador contenían leyendas como ésta: “Héroe digno y justo –a quien la libertad, el pueblo augusto- sus destinos, su suerte ha confiado”. A la izquierda del retrato, la palabra “Federación”: a la derecha, “Federación o Muerte”.

Desde que pisó las gradas del palacio, García Moreno trazó las línea y se encaminó a la meta.

En 1861, en su corto discurso (todo en él era breve como la acción e instantáneo como el genio –dice Crespo Toral-, presentó los capítulos de su programa que no los variaría jamás:

“Restablecer el imperio de la moral, sin l que el orden no es más que tregua o cansancio y fuer de la cual la libertad es engaño y quimera; moralizar al país en que la lucha sangrienta del bien y del mal… h durado por espacio de medio siglo, y moralizarlo por la represión enérgica del crimen y por la educación religiosa de las nuevas generaciones; respetar y proteger la Santa Religión de nuestros mayores y pedir a su influencia la reforma que las leyes y los gobiernos no pueden conseguir por si solos; fomentar el desarrollo de los intereses de nuestra empobrecida sociedad, removiéndolos obstáculos que l falta de conocimientos y de vías de comunicación aponen a la industria, comercio y agricultura; sustituir las conquistas pacíficas del trabajo y de la riqueza a las peligrosas y absurdas teorías, que en  la juventud extravían el patriotismo; arreglar la hacienda pública sobre la triple base de la probidad, la economía y el creidito nacional; cuidar de que el ejército sea el escudo y la gloria de la República… En una palabra lanzar al Ecuador, con mano vigorosa, en la senda del progreso”,

Y lo cumplió como lo dijo, en sus dos gobiernos.

Rosas igualmente tuvo un programa análogo, excepto en lo que se refiere a l educación de la juventud que la descuidó.

Otro de los anhelos del gran Magistrado ecuatoriano, fue su pasión por la justicia, “pasión de almas superiores, pasión casi divina”. Ante la impunidad, iba contra los jueces. Caía sobre los logreros (usureros) para hacerles restituir granjerías; “limpió de agiotistas (especuladores) las gradas de palacio y lanzó el rayo sobre la usura”.

Fue un hombre veraz; nunca mintió; nunca aduló a nadie; jamás una palabra indigna en busca de popularidad, menos al Ejército a cuyos miembros calificara antes de “sanguijuelas galoneadas del Erario”.

En esto igualmente, si bien con menos fuerza, fue análogo el proceder de Juan Manuel de Rosas.

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LOS GRAVES DESACUERDOS CON FRANCIA

Según ley del 1º de Abril de 1821, los extranjeros son más de dos años de residencia fija en las Provincias del Río de la Plata y los que fueren propietarios, tenderos, artesanos y profesores en ejercicio, estaban obligados a servir en la Guardia Nacional.

El Marqués de Vins de Paysac, Cónsul de Francia, reclamó contra esta ley, alegando que sus disposiciones eran contrarias a los principios vigentes en su patria.

Anchorena, Ministro de Rosas, contestó en nota del 8 de Noviembre de 1830, que el extranjero residente no puede equipararse al transeúnte, pues mientras este conserva todos sus derechos propios, como extraño al país en que se encuentra de modo accidental, el residente es miembro de la comunidad cuyo seno había elegido libremente para establecer su domicilio, con ánimo de no abandonarlo, y que al adquirir de este modo ciertas ventajas permanentes y fundamentales, que el Estado bien pudiera negar si quisiese, como la de poseer bienes raíces, la de ejercer un arte o profesión, la de explotar una industria; en cambio se le pedía prestar sus servicios como Guardia Nacional, únicamente para la defensa del orden.

El Cónsul General era hombre prudente. A su muerte, quedó encargado de los asuntos consulares el Señor Aimé Rogers, mozo de pocos años, empleado subalterno, sin experiencia ni autoridad, ni aptitudes. Se abrogó carácter diplomático y todo lo embrolló, haciendo pedidos inconsultos, no solo sobre franceses, sino sobre suizos.

El historiador Carlos Pereyra, en su libro “Rosas y Thiers”, cita un artículo de la Revue des Deux Mondes, aparecido en aquel tiempo, denigrant6e para las Provincias Argentinas. Pereyra se ensaña contra el gobierno francés y llega a calificar a Thiers de gnomo que en el sentido francés significa personaje sobrenatural, pequeño y deforme.

El bloqueo francés, las tropelías francesas, irritaron a los argentinos. La actitud firme y valerosa del Gobernador salvó de mayores desastres. Azotado el país por la sequía de 1836, sufrió mucho con el bloqueo “pacífico” –por poco se dice “amistoso”, apunta Pereyra-. Las entradas de aduana bajaron enormemente. Era el sitio por hambre. ¿Cómo no cayo Rosas? Se mantuvo firme. El mérito no es todo suyo, el pueblo argentino supo solidarizarse con su Gobierno.

Don Juan Manuel disminuyó los gatos públicos, aumentó las contribuciones y promovió colectas. La riqueza se movilizó espontáneamente y el Gobierno pudo recibir los fondos de un empréstito. Los suscriptores no solicitaron garantías ni admitieron intereses.

Lo propio hizo García Moreno en circunstancias igualmente difíciles.

Y terminó la intervención francesa con la Convención de Paz que ya conocemos.

¡Triunfo inmenso de Rosas! Amigos y enemigos lo reconocen. Entusiasmo febril en Buenos Aires. Homenajes de todo género al Gobernador. La Legislatura le nombra Gran Mariscal creando el cargo con el título de “Excelencia”; un sueldo de seis mil pesos anuales, una escolta de treinta hombres, dos ayudantes y un oficial.

Nadie más contento con el triunfo de Rosas que el Libertador San Martí. Aunque cada vez más enfermo y viejo, le escribe desde Francia: “Como argentino, me llena de un verdadero orgullo el verla popularidad, la paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida Patria”. Le felicita por tantos bienes realizados en medio de circunstancias tan difíciles. Le desea salud completa y que, “al terminar su vida pública, sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino”.

No pudo saber San Martín que a Rosas se le recompensó con un odio “denso y bajo” –anota un historiador-. Murió en Boulogne-Sur-Mer el 17 de Agosto de 1850. Pero le legó su sable. La clausula respectiva del testamento, dice: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur, le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como un prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República, contra las injustas pretensiones de los extranjero s que tratan de humillarnos”.

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MIENTRAS LA PATRIA VUELVE A LA ANARQUÍA

POBREZA, ANCIANIDAD Y MUERTE

La caída de Rosas se verifica así: El Brasil, tradicional enemigo de la Argentina porque teme su sombra –según aseveración del historiador Gálvez- conquista al General Urquiza y a otros militares argentinos, y todos los enemigos de Rosas se preparan a la lucha.

Urquiza avanza con muchos miles de hombres. Apenas de combate. Rosas no es ya el hombre de siempre. Urquiza, con alguna caballería y dos o tres batallones argentinos, instala su Cuartel General en Palermo.

Rosas se ve vencido y abandona el combate. Está herido de bala en el pulgar de la mano derecha. A Caballo, acompañado de su asistente, deja el Hueco de los Sauces; se apea, y bajo un árbol y sobre su rodilla escribe con lápiz su renuncia en un papel que le pasa el asistente. Saca una copia. Monta de nuevo, disimulase con el poncho y el gorrete del asistente, y se dirige no a su casa,  sino a la del Encargado de Negocios de Inglaterra, Robert Gore, que ha sido trasladado de Montevideo. Manda el asistente  su casa  para que informe a Manuelita y lleve a la caballeriza su montura. Según cuenta la hija, pide un baño tibio, y mientras calientan el agua, se recuesta y se duerme. Así le encuentra Gore que le informa sobre la efervescencia de la ciudad; han abierto las puertas de la cárcel y la vida del Vencido corre peligro. Rosas le contesta que “confía en la bandera inglesa. Aquí no vendrán –añade. No es el pueblo el que me ha vencido. Son los brasileros”. Y manifiesta a Gore su deseo de embarcarse esa misma noche.

A media noche del 3 de Febrero de 1852, el General Rosa, vestido de negro y dando el brazo al Encargado de Negocios Gore, acompañado de su hija y del Secretario de la Legación Inglesa, dirígese hacia el bajo donde le espera el bote que le conducirá a la fragata Centaur de S.M. Británica.

Y así, sin mostrar a nadie su dolor –el dolor de haber sido traicionado, vencido y abandonado- se aleja de la Patria en el Conflict, buque de guerra inglés. No tienen recursos ni él ni su hija Manuelita. Ella confía en la Providencia Divina, y se declara resignada. El Todopoderoso le h concedido la vida a su adorado padre, su Tatita, como ella le dice. Ella le hará llevadero su destierro.

El viaje es lento, y un día ocurre que la descomposición de la máquina, hay que navegar a vela y los vientos son contrarios. El viaje se alarga. El 23 de Abril llegaban a Davenport y horas después a Plymouth. Enteradas las autoridades militares de que en el buque viene Don Juan Manuel de Rosas, una salva de cañón lo saluda.

El cañonazo tiene eco en el Parlamento inglés. Es interpelado el Ministro de Negocios Extranjeros. Responde éste que no se decretaron honores ni hubo propósito político alguno, y que Rosas, mientras gobernó, trató con distinción y generosidad a los ingleses, y celebró convenios de importancia con la Gran Bretaña.

El Primer Ministro, Duque de Northumberland, declara que todos los Almirantes británicos tienen orden de salvar la vida a los personajes que se encuentren en el caso de Rosas. Este agradece a la Reina Victoria y pide permiso par vivir en Inglaterra. Se le contesta que no necesita permiso y que “puede establecerse donde quiera, y vivir en perfecta seguridad bajo la protección de las leyes inglesas”.

Quedan los desterrado un día en Plymouth y luego va a Southampton.

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EN BUENOS AIRES

El 20 de Febrero entra Urquiza en la ciudad por la calle Florida, en un caballo de Rosas, y de poncho blanco, sombrero de copa alta y cintillo punzó. Cerca de una esquina se abre la ventana de una casa, asoma la cabeza una mujer y sacando fuera el brazo, le grita al triunfador: “¡Asesino! ¡Asesino!”. Es la madre del Coronel Paz, degollado en Vences.

A pesar de haber fusilado a todo el regimiento de Aquino, Urquiza trata con magnanimidad a los hombres de Rosas y hasta se rodea de ellos. Pero no asume el poder. Queda en Palermo como Jefe del Ejército y nombra Gobernador provisional a Don Vicente López que ensalzara a Rosas en verso y durante cuya Administración fue alto funcionario judicial.

Urquiza decretó la devolución de los bienes de Rosas. Un pariente de este hizo vender la estancia “San Mrtín2 del antiguo Gobernador, y después de pagar algunas deudas pudo mandarle cosa de cien mil pesos. Pero la nueva revolución de Septiembre impidió la venta de los demás bienes, y el Gobierno que se estableció después del trastorno, compuesto por los peores enemigos, los confiscó otra vez.

En Buenos Aires y no hay orden ni paz. El General vencedor fusila a un regimiento  entero. Y se destierra, se encarcela, se persigue, se prohíbe ejercer la profesión a los enemigos. En el campo, los gauchos maltratados por haber sido fieles a Rosas. La situación de desorden es cada día peor. Se detiene a ilustres ciudadanos, se apalea, se destituye, se registran las casas a cualquier hora…

Año de crueles alternativas para Rosas el de 1852. La confiscación significaba la miseria o el recurrir a la caridad de los amigos que le quedaban.

Se le va a enjuiciar en Buenos Aires. Se le declara “reo de lea patria” y hasta se llega a decir que el Dictador traicionó “en muchos casos a la independencia de su patria cuya libertad y cuyas glorias sacrificó a sus ambiciones personales”.

Mientras la causa sigue su curso, redacta Rosas una protesta, la hace traducir al francés y al inglés y la publica. Niega a la Provincia el derecho de juzgarle, pues su Gobierno fue nacional, Su juicio compete a Dios y a la Historia. Afirma que no pueden convertirse en jueces los enemigos ni los amigos del General Rosas, ni los que se dicen sus victimas.

Ha ido a Londres por unos días, donde es invitado a una reunión social por el Cónsul de la Confederación Argentina. Entre las personas presentes se halla el Dr. Juan Bautista Alberdi, “el culpable de la intervención francesa”, según un historiador argentino; el redactor de “El Nacional”, el enemigo implacable que desde Montevideo y Valparaíso combatió durante tantos años a Don Juan Manuel.

Se dan la mano sin sequedad ni acritud, retiranse a un lugar apartado del salón, y allí conversan largamente.

Alberdi relatará más tarde esta entrevista histórica a la que accedió “como protesta contra el proceso de Rosas, verificado sin discernimiento ni derecho alguno”.

Rosas –refiere Alberdi- le ruega decir al General Urquiza que le está “intensamente agradecido por su conducta recta y justa hacia él; que si algo poseía hoy para vivir, a él se lo debía”.

Esta entrevista inicia una mistad entre los dos hombres.

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Por esos años arrienda Rosas Burgess Street Farm, cerca de Southampton. La chacra tiene 60 hectáreas, allí trabaja para ayudarse en sus gastos. Se le ve a caballo, aunque padece de gota.

Vive solo. Manuelita le ha dejado “con inaudita crueldad, cuando más necesitaba de sus consuelos”. Se casó con Terrero, antiguo Secretario de su padre.

Las malas noticias de la Patria ensombrecen su espíritu y le entristecen. Es dueño de la Argentina Bartolomé Mitre, uno de los más enconados enemigos de Rosas.

Han transcurrido 10 años desde su caída. No ha habido en la Argentina ni orden ni paz. El resumen es pavoroso: dos guerras civiles, varias revoluciones, atentados contra la vida de Urquiza, dictaduras sangrientas, fusilamientos en masa, invasiones de indios a las provincias de Córdoba y Buenos Aires, inseguridad absoluta en los campos, asesinato de dos Gobernadores, destierros y prisiones de centenares de personas distinguidas, sometimiento al Brasil, fomento de una revolución en el Uruguay, y comienzo de la entrega del país a la voracidad del capitalismo (hecho que se repetiría en el Ecuador en la época de Alfaro). “Estos 10 años –afirma Manuel Gálvez- superan en horrores y en barbarie al Gobierno de Rosas”.

La causa criminal que comenzó hace cinco años, terminó en 1862.

El Fiscal acusa a Rosas de los fusilamientos de San Nicolás y del Salto; de los sucesos de los años 40 y 42; del fusilamiento de los prisioneros del Quebracho y otros lugares, de los cuatro sacerdotes unitarios y de muchos otros atentados.

El Juez le condena a pena de muerte, con calidad de aleve, y a la restitución de los bienes “robados” a los particulares y al Fisco. Y considerándolo como “uno de aquellos criminales famosos  quienes las naciones cultas no prestan asilo”, pie que se solicite al Gobierno inglés su entrega.

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EL FINAL

Las dificultades económicas acosan a Rosas. A una de sus hermanas le escribe en 1864: “Sigo pobre, muy verdaderamente pobre, trabajando en el campo cuando puedo sin omitir esfuerzo alguno para tener algo que comer, unos pobres ranchos en que vivir y en qué tener a mi lado mis numerosos e importantísimos papeles que son mi único consuelo en la adversidad de mis penosas circunstancias”.

A una amiga le dice: “No fumo, no tomo rapé, vino ni licor alguno, no asisto a comidas, ni hago visitas ni las recibo, no paseo, no asisto a teatros ni diversiones de clase alguna. Mi ropa es la de un hombre común. Mi comida es un pedazo de carne asada y mi mate. Nada más”.

La pobreza es tan grande, que h debido humillarse ante Urquiza quien le señala mil libras esterlinas por año. Pero las libras no llegan.

Aparecen en Buenos Aires dos libros que disgustan a rosas: las “Memorias Póstumas” del General Paz y la “Historia de Rosas” de un chileno Manuel Bilbao. Y repite estas palabras que son como su leitmotiv: “No pueden escribir la historia de Rosas ni ser jueces los amigos ni los enemigos, las victimas que se dicen, ni los que pueden ser tachados de complicidad”. Cree que su historia verdadera será la que se haga en lo futuro. “El juicio corresponde a Dios y a la Historia verdadera, porque solamente Dios y la Historia verdadera pueden juzgar a los pueblos que facultaron a Rosas con la suma del poder, por la ley”.

El año 1868 comienza una época de muertes, una de sus hermanas, uno de sus queridos cuñados, y al otro año su hijo. En 1870 es asesinado Urquiza. Además del dolor que tales muertes le producen, significa también mayor pobreza, pues eran contribuyentes a sus necesidades.

Manuelita, que ha cumplido 54 años en 1870, va a ver a su padre un o dos veces por año, pues ella también pasa pobrezas y su marido está enfermo.

Sin duda para atar el tiempo, ha vuelto a su pasión epistolar. Escribe larguísimas cartas. Y sus observaciones sobre los pueblos de Europa y la política de los gobiernos de entonces son, a veces, muy notables y revelan su penetrante inteligencia y aún su portentosa intuición: “En Prusia –escribe a Terrero- todo conciudadano se pone en línea de silencio, y se hace soldado, como si fuera una costumbre de educación doméstica o de la enseñanza primaria”. Afirma que “Prusia, es el enemigo más formidable del sistema constitucional”. Acusa a Guillermo de Prusia y a Bismarck de haber faltado “a sus palabras solemnes ate el mundo al empezar la guerra franco-prusiana”. En otra carta de 1871: “La organización militar de Prusia es una amenaza constante a la independencia y a la libertad constitucional de las demás naciones”. El 2 de Febrero de 1871 anuncia nada menos que la Liga de las Naciones. Habla de “la imperiosa necesidad de la erección de un Congreso, Tribunal de las Naciones, con la suma del poder y del bien armado, el cual se ocuparía de un Código Internacional en el que se consignaría con explícita claridad, el equilibrio entre ellas y las garantías seguras para las libertades, soberanía y derecho de los débiles”.

García Moreno igualmente, en sus cartas desde Europa, se ocupó con clarividencia de los asuntos del Viejo Continente.

En 1868, Don Juan Manuel agrega un codicilo a su testamento. Nombra albaceas a Manuela y a Máximo, pues ha muerto Lord Palmerston, designado antes. El cadáver del antiguo Gobernador de Buenos Aires, según su voluntad, quedará en Southampton hasta que en su “Patria se reconozca y acuerde por el Gobierno la justicia debida a mis servicios”. Entonces será enviado y colocado “en una sepultura moderada, sin lujo ni aparato alguno”. Y cuando sea llevado al cementerio de Southampton, dos días después de su muerte, “será acompañado solamente de un coche con tres o cuatro personas”.

Dispone pequeños objetos para el médico, para las viejas criadas y declara lo que aún debe.

En una de las clausulas del testamento, habla del Diccionario y Gramática de Lengua Pampa que tiene escritos. Los deja a su hija. Y parece que Ernesto Renán, no se sabe si en vida de Rosas o después, lo examinó y hubo de prologarlo.

En Marzo, Don Juan Manuel ha cumplido 80 años.

En 1873 el desterrado recibe la visita del Dr. Ernesto Quesada, adversario suyo. Sin embargo, después de la entrevista, aconsejó a su hijo que le acompañaba, escribir lo que Rosas ha dicho. El adolescente guarda esos apuntes más de 30 años; los publica sin retocarlos después que su padre, con sus libros notables, ha puesto uno de los más sólidos jalones en la obra de la rehabilitación de Rosas.

Quesada reproduce las palabras que le oyera:

“Al asumir el poder, encontré al país en la anarquía, sin organización nacional, sin tesoro ni finanzas. En un día no podían modificarse los hábitos anárquicos. Era preciso primero gobernar con mano fuerte para garantizas la seguridad, establecer el régimen de orden. Para eso él dedicó su vida al servicio del país. Los que suponen que gozaba con los sensualismos del mando, son malvados”. “Si ha cometido errores, él es responsable”.

García Moreno, en el último mensaje, pidió perdón a sus compatriotas de sus errores y faltas.

Según un teólogo, hay cuatro grados en el amor de Dios: 1º_Egoista, el anhelo del cielo; 2º_Moralista, duro consigo mismo y con los otros; 3º_ servidor de Dios, 4º_ amigo de Dios.

García Moreno estuvo en el 2º grado: moralista, duro consigo mismo y con los otros. Rosas fue también moralista, duro con los otros pero no consigo mismo.

Al final de su vid el primero llegó al ascetismo, Rosas no.

Parécenos que los 25 años de sufrimientos de Rosas: soledad, pobreza, injurias – “Mi sueldo”, decía de ellas el Mandatario ecuatoriano- fueron una expiación mayor que la rápida muerte de este en el alevoso asesinato del 6 de Agosto de 1875.

El reproche de no haber dado una Constitución, parécele a Rosas fútil. Era preciso antes “preparar al pueblo para ello, creando hábitos de orden y de gobierno”. Si no acabó de constituir el país, fue porque los unitarios no le dejaron respirar. Con todo, a su descenso del poder, “el país se encontraba quizá parcialmente preparado para un ensayo constitucional, A pesar de eso, hubo de pasar 10 años en la lucha entre porteños y provincianos. Sin su sacrificio, aún duraría la anarquía como todavía se puede observar en otras naciones de América”. Su ideal de gobierno le parece al autócrata paternal, inteligente, desinteresado, infatigable, enérgico y resuelto a hacer la felicidad de su pueblo sin favoritos ni favoritas. El buscó ese ideal la época de transición en que le tocó gobernar. Otorgar una constitución era asunto secundario. “Lo principal era preparar al país para ello; y esto lo creo haber hecho”.

A García Moreno se le oyeron más de una vez palabras análogas.

Después de esa visita que fue como un oasis, penetra Rosas en el desierto. Ahora comienza aquel Sahara de soledad, aquel silencio casi absoluto que son los últimos años del Desterrado. ¡Cuán tremenda expiación la suya! 20 años gobernó y 25 padece, resignado, solitario, pobre, y durante épocas, enfermo, quien fuera el poderoso Señor de la Pampa, el Restaurador de las Leyes, el Dictador de la Confederación Argentina, el Defensor de la soberanía e independencia de su patria.

Pero poco le queda por sufrir. El 22 de Marzo, en que Manuelita, anciana también, pues cuenta con 61 años, se encuentra sola, pues su marido se ha marchado a Buenos Aires para gestionar la devolución de sus bienes, es llamada desde Swathling por el Dr. Wibblin. Acude pronto a su padre y lo encuentra gravemente enfermo. Sin preocuparse del frío invernal, el 8, Don Juan Manuel salió por la tarde a caballo para dirigir el encierro de unos animales. Volvió a la casa de la chacra con tos. AL otro día arrojó sangre y le sobrevino fatiga. A la noche tenñia fiebre. El médico diagnosticó una congestión pulmonar, gravísima en un hombre de 84 años. Cuando ese día 12 llega Manuela, su padre está moribundo. Ella escribe a su marido: “¡Pobre Tatita! Estuvo tan feliz cuando me vio llegar”.

No obstante su gravedad, el enfermo dispone el turno de los que han de cuidarle. El martes reacciona un poco. Charla con Manuela y con el Médico; ordena a su hija que vaya a descansar y que le cuiden las criadas Mary Ann y Alice.

Es el 14 de Marzo de 1877. A las 6 de la mañana Alice avisa a Manuela que su padre está muy mal. Salta ella de la cama, se instala en la cabecera de su padre y le besa muchas veces como hacía siempre. Siente su mano helada. “¿cómo te va Tatita?”, él la mira con la mayor ternura y le contesta: “No se, niña”. Y la niña de 61 años sale para ordenar que llamen al Médico y al Confesor. Cuando vuelve, ya su padre no vive.

Su entierro es muy sencillo y pobre, un solo coche y unas pocas personas. Pero sobre el féretro va algo que da al sepelio la grandeza de un héroe: la bandera argentina y la espada de San Martín.

Ante su tumba no se ha pronunciado ningún discurso. Mas, pocos meses más tarde, Juan Bautista Alberdi escribe unas bellas palabras que son como una oración ante sus restos:

“Mientras se levantan altares a San Martín, su espada está en Southampton, sirviendo de trofeo monumental a la tumba de Rosas, puesta en ella por la manos mismas del Héroe de Chacabuco y Maipo” y agrega:

“Su conducta en Europa no ha sido inferior a la de San Martín”

….Pero allá en su patria lejana donde gobiernan hombres pequeños, casi nadie opina como Alberdi. Los parientes de Rosas mandan celebrar una misa por su alma, sin poma alguna, sin invitaciones. Y el “liberal” Gobierno de la Provincia prohíbe la misa…

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NOTAS:

(1) Conferencia editada en 1971 junto a varios otros trabajos más del historiador ecuatoriano Luis Robalino Dávila, no se especifica la fecha ni el lugar de su pronunciamiento. Transcrita y digitalizada por Francisco Nùñez Proaño.

(2)Luis Robalino Dávila: Historiador, diplomático y académico quiteño (1882-1973). Desempeñó numerosos e importantes cargos públicos y diplomáticos. Fue Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia, Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de Historia y de la Real Academia de Historia de España. Entre sus obras más notables, todas ellas de carácter histórico, se destacan: «Borrero y Veintimilla», «Nacimiento y Primeros Años de la República», «La Reacción Antifloreana», «Diez Años de Civilismo», «Eloy Alfaro y su Primera Epoca», «El Ocaso del Viejo Luchador», «Rocafuerte», «Testimonio de los Tiempos», «El 9 de Julio de 1925», «El Año Trágico de 1941», etc.

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