coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


DES-HUMANIZACIÓN ESPERANZADORA

El Sol se apagará y aún estaremos aquí

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DES-HUMANIZACIÓN ESPERANZADORA

La des-humanización la cual bombardea al hombre contemporáneo es un arma eficaz para descubrir la esencia del mismo. El hecho de reducirnos a bestias puede ser la pauta o una señal quizás para encontrar aquello que esta vedado hace tiempo. “Pero donde hay peligro, crece también lo que salva”. Esta frase de Holderlin puede ser esperanzadora. Pero hay que dejar de esperar la esperanza, porque esta puede hacerse mortífera y por lo general así es como se le presenta al hombre ordinario. Hay que activar aquello que está en espera haciendo desvelar lo que esta velado.

Detrás de la des-humanización que produce la técnica, convirtiendo al hombre mismo en cálculo, estadística y producto, reflejándolo a través de sus armas más poderosas como la televisión, radio, periódicos, etc., se produce el hombre fugaz. Este ávido de novedades necesita de estos aparatos que son sus juguetes más preciosos porque por ellos él se convierte en lo que es. Así el hombre fugaz en su inveterado accionar cotidiano transforma lo que le rodea además de transformarse el mismo a través de sus ídolos lúdicos. Pero el hecho de considerarlos juguetes no implica que carezcan de peligrosidad. Los juguetes del hombre de hoy son las armas más peligrosas del planeta. Estos producen el desierto, oculta lo que necesita ser visto, transforman y subliminan las fuerzas que deben manifestarse. Estos juguetes ocultan algo esencial del hombre. Ocultan su esencia. Sin embargo sería necio y superficial confundir el árbol con el bosque. Los “juguetes” son consecuencia de otro proceso que no se manifiesta a simple vista, que por ser esencial está oculto pero que sin embargo hace presencia rotunda y lo hace tan rotundamente que nos acostumbramos a ello y ya no le prestamos atención. No podemos echarle la culpa de que existan periódicos por las maquinas que los producen porque ellas mismas son producto de otro producir, que es más profundo y escondido pero, quizá por eso, mucho más eficaz. La dominación total del planeta a través del cálculo esconde sus raíces en el proceso que convierte al hombre en sujeto representador. El hecho de dividir la realidad en dos para luego llegar a la conclusión de que fue algo singular que la creo (y eso fuimos nosotros, sujetos modernos), veló al mundo. El mundo hoy es re-presentado, sin esto no podemos entenderlo y sin esto no podemos entendernos nosotros mismos. Hoy tenemos que “entender” para que las cosas nos lleguen, nos toquen, porque sin ello no habría sentido. Este entender es el que crea el sentido de la vida que el moderno necesita porque sin él no tendría finalidad y fundamento. El representar calcularizador del sujeto cubre de neblina el verdadero fenómeno mundo y esto permite la creación técnica que se manifiesta en la maquinación. Las maquinas toman vida propia y forman al hombre fugaz mostrando de esta manera un circulo vicioso en donde el hombre calculador crea a la máquina para que esta forme y de forma a un sujeto-representador donde su característica principal es la fugacidad, la cual es alimentada por el funcionamiento técnico de las maquinas o como se dijo anteriormente “juguetes”, por los cuales el hombre representador-calculante-fugaz no podría existir en su esencia (en su fugacidad). La esencia de los fugaz es huir de la verdadera esencia del hombre, es el dejarse llevar por lo inconsistente, vacio y trivial las cuales son las características de lo que es los tiempo pre-modernos era considerado como lo profano. Con lo profano se producía la ausencia de lo sagrado en la tierra, haciendo profano todo acto del hombre, donde el tiempo mismo era desfigurado, para no decir que quedaba inmanifestado; porque el tiempo solo es si tiene una eternidad que lo configure como una máscara suya. El hombre se sentía así fuera del mundo sin una referencia que le permitiera hacer frente a la muerte. Es por eso que lo sagrado formo y forma parte de la conciencia humana y a partir de él el hombre se encuentra a si-mismo, religando a su esencia algo que su conciencia simple trata de disfrazar.

Con esto llegamos a un punto cardinal: el razonar re-presentador y calculante, creador del hombre fugaz oculta la esencia, el sí-mismo del hombre, que es la conciencia sacra, produciendo así la profanidad en todo accionar humano. Profanidad que se manifiesta en la maquinas que toman vida propia. Lo profano se oculta en el hombre fugaz, tornándose irreconocible, imponiéndose como la única realidad. Porque el fugaz no conoce otra, no puede conocer otra, porque solo conoce aquello que se hace a través de su representar-calculante. El resultado de esto es la des-humanización del hombre. Aquí sin embargo se debe hacer una aclaración sobre el concepto de humanidad.

Lo humano  no es el humanismo antropológico que viene rigiendo toda la Edad Moderna, porque el humanismo es solo una consecuencia del hombre tomado como sujeto-representador. Solo si existe el sujeto puede haber un humanismo. Por esto es que ya sea la Edad Media como la Antigüedad no se los puede clasificar “humanísticamente” porque no conocen el termino sujeto de la manera entendida por los modernos.

El humanismo y sus derivaciones solo pueden comprender al Mundo y al hombre a su manera, o sea subjetivamente, tomándolo como objetos que hay manejar y organizar de cierta forma, teniendo siempre fundamentos a priori los cuales sin los mismo no podría haber una realidad propiamente dicha. Para este solo a través de un método puede haber existencia. La única manera de entender al universo seria cuando se es sujeto, reduciéndolo a este a un simple cálculo matemático. Toda la realidad que nos adviene se condensa en una fórmula matemática, transformando así todo en algo disponible y a la mano, para ser manejado como una mera cosa, como un objeto más. El humanismo que es el primero en clamar a cuatro vientos por la “dignidad humana”  paradójicamente opera en la forma más inhumana posible,  tomando al hombre como una cosa manipulable, organizable hasta el hartazgo, un elástico del cual tiramos y del que no sabemos cuándo puede reventar. No por nada nuestra época que es donde la técnica está en su esplendor es la más “humanista”, por más que muchos digan que este término y pensar ya están superados. Esta época humanística llega a la instancia de tratar de crear a través de la técnica mecánica y robótica al ser humano, a través de lo conocido como clon. Este es el ejemplo meridiano de cómo la existencia y el hombre son tomados como resultante de un método que necesita operar de forma matemática sobre todo el ente, método que no viene de la nada sino por una “metafísica” oculta que permite su existencia, método que no es hipotético. No por algo Newton dijo alguna vez, “las hipótesis no se inventan”.

El humanismo llega y hace manifiesto lo que en su inicio ocultaba, que es que el hombre y la naturaleza sea tomado como una cosa de lo que incluso aquello que parecía una propiedad de los mismos, el nacimiento, se pueda lograr a través de una maquina cibernética. El humanismo llega a su consumación y hace presente hoy su esencia: El hombre-cosa. Pero hay que recordar que este humanismo existe gracias al sujeto representador calculante. Por él se llega al humanismo con la creación de un hombre robot y a su vez también con la producción del hombre fugaz, que es la transformación del hombre por la anulación de su conciencia hierofantica enterrándose en su mundanidad profana.  El humanismo esconde lo mas des-humano. El sujeto olvida la esencia del hombre y por ende produce un proceso lento de aniquilación no solo del hombre sino de todo su mundo, que son tomados ambos como cosas los cuales se pueden dominar a placer. Mundo y hombre son representados, organizados y destruidos por el mismo sujeto. El olvido de la esencia del hombre, que produce el subjetivismo, lleva entonces a la aniquilación del planeta. Es por eso que este no se salvara por un buen accionar ecológico, sino por una transformación del pensar, que debe dejar de ser representador calculante y hacerse nuevamente poético-religioso.

Lo humano no es el humanismo, como tampoco lo son un sub o un supra humanismo, porque estos son subgéneros del mismo humanismo subjetivista. Lo humano es la conciencia sacra. A partir de los Dioses el hombre se reconoce. Encuentra en ellos su sí-mismo. Es por eso que el hombre es el homo-religiosus. Aquel que se re-liga a su esencia y permite que la existencia no esté librada a un indeterminismo vacío, sino que ella sea la manifestación de aquello que es oculto y está por encima de las contradicciones del Todo, siendo el hombre capaz de captarlo más de allá de la razón discursiva y hacer que su existencia gire en torno a ello. Lo profano es aquello que debe entenderse por lo sagrado, siendo lo que retira al hombre de su esencia, lo des-liga de su sí-mismo, encerrándolo en una representación de un mundo subjetivo, construyéndole al hombre una cárcel con sus propias manos. Lo sagrado es aquello que permite derrumbar esa cárcel que es la existencia profana donde el hombre “está condenado a la libertad”. Nuestra época contemporánea es la época del olvido de los Dioses, y por ende del ocultamiento de lo sagrado donde lo profano se convierte en la realidad, la única realidad. Lo profano como manifestación de un sujeto que calcula, organiza y codifica se esconde -aunque se muestre de la manera más descarada, haciéndose tan obvio que ya no lo vemos, sino que lo asumimos- en el existir del ser humano. Lo cotidiano del hombre es la casa de lo profano, haciendo del hombre alguien sin esencia, ciego a su destino y por ende des-humanizado. Sin embargo dijimos: “Pero donde hay peligro, crece también lo que salva”.

El peligro ya ha sido reconocido, es el sujeto-profano que hace olvidar la esencia humana. Pero ¿como el sujeto-profano puede llegarnos a “salvar”? El hombre está a salvo cuando está en su esencia. ¿Cómo aquello que permite que se olvide de la esencia del hombre puede generar lo que salva? ¿Estamos en una contradicción que no se puede superar? ¿El sujeto profano acaso tiene una doble cara que no llegamos a observar?

El sujeto profanador llega a su meta en la plena des-humanización del hombre, reduciéndolo a cosa, a una bestia de carga, terminando por aniquilar lo humano del hombre, pero… ¿que humanidad es aniquilada? ¿Es la conciencia sacra, la que es eliminada? ¿Puede lo profano eliminar lo sagrado? Lo profano solo olvida lo sagrado, este se oculta por sí mismo, porque aquel que debe estar dispuesto a manifestarlo no lo llama. Lo sagrado no puede eliminarse, porque se eliminaría  la esencia del hombre y por ende a este mismo. La esencia del hombre se esconde ya que es tímida y no tiene vanidad para mostrarse por cualquier motivo. La esencia del hombre y lo sagrado, que son idénticos, se ocultan de la representación calculante del sujeto y por ende se libran de la aniquilación que este genera con su proceder. El homo-religiosus no muere, está siempre presente pero lejos de la mirada del sujeto, por no decir que es inalcanzable para al mismo por encontrarse en un estadio insuperable para la re-presentación.  Entonces si aquello que lleva a la aniquilación lo profano, no es lo sagrado, ¿qué es entonces?  Esta humanidad aniquilada es el humanismo producto del sujeto moderno. El sujeto termina suicidándose al olvidarse de lo sagrado, no soporta su profanidad, escapándosele esta de las manos, como en el caso del maquinismo robótico, termina haciéndose insufrible para consigo mismo, necesitando así para acabar con el dolor que se provoca, su auto-destrucción. Dentro del sujeto se guarda su propia destrucción. El deseo de un fin es aquello que se esconde detrás de todos los artificios y juegos del hombre fugaz. Sus juguetes son lo más peligroso para sí mismo, incluso tan peligroso que puede eliminar el planeta en sí mismo (esta quizá sea la única manera de la no-aparición de lo sacro; que el hombre fugaz se elimine y elimine toda forma elemental de vida. Esta sería su venganza contra el homo-religiosus). Aniquilado por aquello que él cree dominar y con lo cual se divierte y distrae, lo cual es en definitiva solo una distracción para no afrontar la ausencia de lo sagrado. Esta época es una época de muerte porque es una época donde un proceso llega a su final, donde se consume con la autodestrucción del hombre moderno. No es casualidad que las teorías apocalípticas se propaguen tanto, estas son las proyecciones del deseo de muerte del hombre fugaz que ya no puede soportar su propia cotidianeidad.

Pero una vez aniquilado el sujeto moderno ¿qué sucede? El homo-religiosus debe haber su aparición, llamando a los Dioses a la tierra nuevamente. De las cenizas del hombre fugaz se producirá el retorno de lo divino. Pero esto se logra a través de la llamada. Pero, ¿quiénes están destinados a llamar a los Dioses? El Poeta, el Filósofo, y también el Guerrero. Estos tres, cada uno en su respectivo lugar puede producir la existencia de lo sagrado. En ellos se manifiesta la esencia del hombre, el homo religiosus, porque en su accionar y por su accionar producen el rito que devuelve y deposita al ser humano, aunque sea por un instante por encima de la muerte. Quizá ese solo instante  que produce tanto sacrificio, encierre todo aquello que necesitamos verdaderamente. Ese instante con los dioses puede que transfigure todo nuestro existir, siendo este mismo el depósito de la eternidad, y por ende el retorno de lo sagrado en el Mundo.

Vientos del Sur  


1 comentario so far
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Tienes mucha razón pero parte de la des-humanización es el pequeño “suicidio”, extinguir la imagen del yo, del ego, de la personalidad, el desconcentrado, nebuloso e infiltrado “yo” tiene que desaparecer para llegar a la trascendencia del alma dentro del propio cuerpo. Lo mas importante es un día verte al espejo y reírte, una risa sincera ante ti mismo, cuando llegué ese día que dejes de tomar en serio a la personalidad y al ego, ese día dejaras de ser humano.

Comentario por Sáe Núñez




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