coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


El Revisionismo Histórico

El Revisionismo Histórico 

Lcdo. Fernando Pareja (Corresponsal de viaje)

 

Aparecido en “COMBATE”, diario-órgano de Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana – ARNE,

Quito, Jueves 2 de Abril de 1953.

Solamente cuando se logra conocer en detalle ciertos hechos históricos del mundo y en particular de nuestra América, justificaremos la acusación que han hecho algunos historiadores y políticos a determinadas sectas obscuras y a las logias internacionales para las que  poco ha preocupado la dignidad de los hombres ni la soberanía de los países.

Muy fácil les fue emprender una tarea unitaria de desprestigio y de calumnia en contra de gobernantes y de instituciones que no fueran de su agrado o que por lo menos no se prestaron para enjuagues vergonzosos. Tal como ayer y valiéndose de la “prensa amarilla”, de los grupos minoritarios que atrevidamente se autocalifican de “opinión pública” no tuvieron empacho en calumniar, en boicotear y en asesinar al espíritu popular que actuaba detrás de esos hombres y de esas entidades.

El drama estuvo muy bien preparado. La campaña tenía que hacerse unitariamente y en todas las latitudes. No era el hombre, no era la entidad. Les interesaba el pueblo. Acallar el grito espontáneo del pueblo que repercutía por medio de la honradez y de la eficacia. Y lo que se hizo, por ejemplo, con nuestro ilustre mandatario Gabriel García Moreno, cohesionador milagroso de la unidad nacional y restaurador de nuestro Tricolor Nacional, también se ha hecho con en otros países de América, tal el caso del ilustre mandatario argentino Juan Manuel de Rosas, que pese a la ingerencia capitalista protestante de Inglaterra, logró mantener unidas las provincias del Plata insurreccionadas por el oro extranjero para disgregarse y ser luego más fácil presa de la sed imperialista. Tal es el caso de Francisco Solano López en el Paraguay que prefirió llevar su país al sacrificio a entregarse maniatado a la garra explotadora.

Y sin embargo a esta clase de hombres, a estos forjadores de sus respectivas nacionalidades, por consigna secreta, por imposición de sectas se los ha calificado de “tiranos”, se los ha hecho odiar internacionalmente como a fantasmas y como a sanguinarios, todo claro está gracias a la “educación laica” implantada por el masonismo para desfigurar el alma de nuestros pueblos de esencia cristiana y para debilitar nuestra personalidad y entrar al “saqueo” de nuestras posibilidades económicas, una vez internamente nos hemos encontrados divididos.

Mientras tanto, a agentes de esta traición a la Patria, sobre el pretexto de haber dizque dado libertad para la ecuación, haber implantado el matrimonio civil y otras medidas disolventes del espíritu eminentemente cristiano que impera en nuestras familias, se les ha levantado monumentos y han sido las “fundaciones” internacionales que al unísono han calificado de ilustres mandatarios a quienes, claro está, sirviendo fines siniestros ya comenzaron el entreguismo a los imperialismos económico e ideológico.

Nada raro es que el capitalismo haya presentado el primer acto de drama de miseria, de pobreza espiritual, no solo de la pobreza y esterilidad de la tierra, como dice C. Vigil, sino de esterilidad de las almas; que ese liberalismo jacobino que hoy trata de levantar cabeza en Ecuador y en otros países en donde ha perdido posiciones la masonería se encuentre empeñado en abrir paso el “capitalismo de estado y de la clase de los capataces” como es el comunismo. Es que el capitalismo y el comunismo vienen de una misma madre, están orientados hacia un mismo fin funesto. Por eso su actuación unitaria en el fondo. Por eso el alzamiento robusto de las nacionalidades que no quieren la imposición ni de uno ni de otro.

Justificada está desde ya la revisión histórica en la que se encuentran empeñados algunos países  americanos, como el Paraguay, Chile, Argentina, Ecuador, etc. Sacar del olvido o de la desfiguración a valores nacionales que fueron pisoteados  por las logias, en complicidad con gobernantes y entidades nacionales, y acabar con tantos ídolos que internacionalmente se nos ha hecho venerar y que hasta hoy se evoca en nuestras escuelas como “dioses” o como “salvadores de la Patria”.

 

Mendoza, Marzo 28 de 1953. 

(Nota: No necesariamente comparto la totalidad de lo expresado en el artículo. F.M.N.P)



Renuncia a la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador.

HE RENUNCIADO EL DÍA DE HOY A LA SOCIEDAD DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL ECUADOR EN LOS SIGUIENTES TÉRMINOS:

Quito D.M., 27 de junio de 2012

Señor
Daniel López
Presidente de la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador
Presente

De mis consideraciones:

Hace tres años, motivados por un común amor a las ciencias históricas y la búsqueda de encontrar los aspectos inherentes a la trascendencia de aquellos hechos que cambiaron inexorablemente el devenir de nuestro país y nuestro mundo, emprendimos el proyecto de constituir una unión entre personas que aprovechando la energía y el tesón de la juventud sirviera como motor para acercar la historia a nuestros contemporáneos, que contagiados por los efímeros arquetipos de la modernidad han olvidado el dar una mirada hacia su pasado para construir y defender los altos ideales por los cuales se ha desarrollado el hombre. De esa manera se fue edificando la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador.

Es así que durante el segundo semestre de 2009 y el primero de 2010 se fueron efectuando varias reuniones con el afán de dar forma a este proyecto que no hubiese sido posible sin el apoyo moral y los buenos oficios de grandes caballeros como el doctor Manuel de Guzmán Polanco y el doctor Marco Lara, que tuvieron como resultado la constitución de la SEHE y el posterior acuerdo con la Academia Nacional de Historia, que se formalizó en la ceremonia de agosto del 2010, augurándose así un futuro promisorio para esta novel organización, que tendría la misión de ser un referente académico dentro de nuestro país.

Debo referir que animado por este espíritu y en aras de profundizar los compromisos de agosto, emprendí algunos proyectos de investigación histórica y de rescate de autores necesarios en el esclarecimiento de los hechos pasados, sumando estas iniciativas enmarcadas en la SEHE a mis anteriores actividades personales en el campo histórico-cultural. De esa manera, bajo el auspicio y recomendación de la Academia Nacional de Historia, realizamos algunas investigaciones en el Perú y la Argentina relacionadas al proceso secesionista del Ecuador respecto de España, conocido por la historiografía oficial como independencia, obteniendo resultados remarcables y que permiten comprender de mejor manera nuestra realidad nacional, cuyas derivaciones han sido de alto interés para las autoridades académicas de esta importante entidad. Asimismo, en varias reuniones de nuestra Sociedad, propuse la realización de algunos propósitos para ir apuntalando nuestra organización en el concierto cultural de la comunidad, como por ejemplo, el mantenimiento sostenido de una bitácora electrónica (blog) con los trabajos de los diferentes miembros, así también como la realización de foros y círculos de debate sobre distintos tópicos de interés histórico nacional.

A pesar de que la SEHE nació como un visionario afán, en los meses posteriores a aquella ceremonia celebrada en la ANH, se evidenciaron los primeros problemas en el funcionamiento de la misma. Es verdad que el entusiasmo inicial fue siendo reemplazado por la desidia de algunos de los miembros de este organismo que finalmente conllevaron a su separación o expulsión del seno de la asamblea. Sin embargo, y porque la nobleza obliga a señalar la verdad, gran parte de este desencantamiento se debió al liderazgo (o mejor dicho a la falta de este) que ha guiado a la SEHE desde su conformación. La actitud sectaria, guiada por prejuicios absurdos llevó a alejar a miembros que podían ejercer una notable labor de las dignidades del directorio, cosa que se evidenció al dejar la regencia de los destinos de la organización, cuando el presidente se ausentó durante varios meses del país, a una persona que jamás participó activamente en los actos constitutivos de la Sociedad y que finalmente se escindió de la misma por su manifiesta incompetencia y pusilanimidad, que llevaron a la pérdida del favor de los miembros de la Academia Nacional de Historia respecto del compromiso y seriedad de todos nosotros con respecto al cumplimiento del convenio efectuado, haciendo eco de aquel viejo adagio cristiano que dice que la mujer honesta no solamente debe parecerlo sino serlo a través de la acción y la demostración positiva de la consecuencia del obrar con aquello que se vindica. Todo esto, ha generado ánimos nefastos que infectaron al resto de los miembros de la SEHE. Sin embargo, este fue tan solo el principio de varias demostraciones de un liderazgo débil y negativo que en vez de presentarse activo o por lo menos no obstaculizador de las iniciativas de los demás miembros por emprender decisiones en beneficio de la organización, debido a que en innumerables ocasiones se han trabado actividades propuestas, evidenciando una nula visión de liderazgo y crecimiento, por no decir ocultando enconos personales o complejos respecto al éxito ajeno. Pero aquello que en sobremanera evidencia la corta visión de liderazgo existente en la Sociedad, es la necedad en la persona del presidente de aceptar nuevos miembros en el seno de este organismo de personas por el solo hecho de no ser propuestos por la directiva, llegando a la ridícula actuación de pretender alterar las actas de las sesiones para pretender que dichas sugerencias jamás existieron. No quiero emitir un juicio apresurado respecto de este hecho, pero al parecer, existe un terror en la persona que preside la SEHE, respecto de perder hegemonía dentro de la misma.

Dado que mis principios obligan a que mi obrar sea consecuente con todo aquello que comprende mi naturaleza, porque realmente estoy comprometido con el ideal de la construcción de una verdadera historia para nuestro país, para América Hispana y para el Mundo, y siendo que, a mi pesar la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador en este momento no es nada más que una entidad muerta por mano propia de quien la dirige, no veo otro camino que renunciar a la misma por medio de la presente, augurando que un nuevo liderazgo pueda recomponer aquel objetivo primo que fue fundamento de su existencia.

Quiero cerrar esta misiva, citando al escritor alemán Bertolt Brecht, quien afirmaba que “quien no conoce la verdad es tan solo un zoquete, pero quien la conoce y la llama mentira es un criminal”, haciéndose necesario decir también que el honor se obtiene por la espada y no a través de sínodos ocultos y caretas forjadas con la hipocresía.

Atentamente,

Francisco M. Núñez Proaño



MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA

MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA

Es un hecho constatable que el hombre tradicional en su “situación existencial” se regía con una premisa que alimentaba todo su accionar ya sea interno o externo; esto era la eliminación de su historia en cuanto tal y por ende del tiempo mismo que permite transcurrir esa historia. Esto le permitía un retorno en la misma existencia de la eternidad perdida, la cual era graficada generalmente en sus mitos de Edades de Oro o Paraísos perdidos, pero a su vez también esta acción, permitía la manifestación de lo sagrado. La eliminación de lo profano era de una necesidad impostergable para el hombre antiguo y solo entrando en un momento mas allá del tiempo y por ende eterno permitía la sacralidad de sus acciones. La imitación de arquetipos primordiales que hacia el hombre lo transformaban en aquel dios que hizo tal acción en un tiempo mítico. Cesando la individualidad profana una repetía constantemente los actos heroicos de un ser que fundaba un mundo. El Dios o Dioses de los hombres tradicionales  fundaban el mundo de estos. Pero estos hombres sabían también que por el hecho de ser mortales el tiempo llega a desgastar todo, (incluso los Dioses mismos) es por eso que se necesitan de ciertos rituales para reactualizar el tiempo mítico de los Dioses. Ese tiempo que esta más allá del tiempo. En ese tiempo se logra la eternidad y por ende la renovación del mundo. Cuando el hombre comete o tiene que ejecutar una cierta acción sabe que está reproduciendo la acción de un dios que también y por primera vez logra hacer un acto que se transforma en primordial. Entonces toda la existencia del antiguo está regida por la imitación de esos arquetipos y son estos los que permiten eliminar su historia y situarlo fuera del tiempo que devora todo a su alcance. El hombre tradicional tiene el poder de eliminar su historia y por ende sus errores, dándole así un sentido a su existencia. Esto es lo que le permite llegar a la verdadera realidad.

Cuando un objeto producido por el hombre remite a algo trascendente entonces ahí él tiene realidad ontológica. Solo en lo trascendente y por ende en lo sacro se tiene la realidad de frente, en cuanto tal; fuera de ello todo es deformación de la misma. Siempre había un arquetipo celeste para un fenómeno terrestre. Toda creación que realizaban era una creación cósmica. Se trae del caos de lo amorfo al cosmos de la forma, entre estos dos se produce el ritual, que permite la manifestación de una realidad sagrada. Todo acto era así una cosmogonía  que al ser realizado en un tiempo mítico por los Dioses puede dar al hombre un nuevo nacimiento de sí mismo, permitiendo además que todo se renueve en el mundo. Repetir e imitar un arquetipo y abolir el tiempo profano a través de un rito son los dos aspectos de la ontología de los hombres tradicionales. Nada era novedoso pero tampoco irreversible. Oponiéndose a la historia, a su memoria y los actos que no tenían un modelo arquetípico, buscaban renovándose constantemente, un eterno presente. Todo comenzaba por su principio a cada instante. Todo siempre volvía a comenzar, retornando eternamente, quedando el tiempo mismo anulado. Esta era la esencia de la estructura del tiempo cíclico entre ellos. Todo se regenera una y otra vez, necesitando a la vez de alguien que permita la regeneración, y ese era el hombre.

Este mundo se nos ha perdido. Hoy para nosotros hombres modernos lo sagrado es un mero flatus vocis. Es algo que no nos toca, que no nos puede tocar. Cada acto que hacemos es irreversible pero sobre todo absurdo, y frente al terror que esto produce tratamos de aturdirnos. Aquí sin embargo se ve también el terror inveterado del hombre por la historia, su historia. Con este aturdimiento se busca eliminarla, saltearla, no hacerle frente, sin embargo cuando lo hacemos, lo hacemos en la inconsciencia, a traves de un frenesí enloquecedor que busca agotar toda nuestra existencia, pero no sabemos de dónde viene este frenesí y para que existe como tal. Por eso que todo lo que hacemos parece que no tuviera realidad, y sin embargo y aun así, lo hacemos, sin un motivo o razón. Somos temerosos y buscamos crear sustitutos, pero lo sagrado es algo inherente a la conciencia del ser humano y aunque se lo aparte de vista siempre retorna, subliminado pero retorna. El problema es que ya ni así lo reconocemos, creyendo ver en esa subliminación un acto profano más de nuestra día a día.

El hombre hacedor de la historia es todavía una de las características de nuestra era tecnológica donde todo es almacenado, archivado y memorizado. Donde todo nuestros actos están regidos para tratar de encadenarnos. Donde nos vendemos como producto en serie, siendo la figura sin cara de un objeto destinado a consumirse y nada más. Esa es nuestra historia y ni siquiera tratamos de librarnos de ella, demostrando lo aturdidos que estamos. Y aturdiéndonos escapamos de aquello que es lo más pesado: la trascendencia. Sin duda es lo más pesado por ser lo más importante, porque está en juego nuestra esencia misma. Está en juego el hombre como tal. Los antiguos lo entendieron, para ellos solo hay hombres si hay Dioses. Nosotros no poseemos ninguno de los dos. La exacerbación de nuestra individualidad paradójicamente nos ha quitado el hombre. Solo somos productos que necesitan renovarse a cada instante para ser novedosos. Esta es la gran diferencia con el tradicional, él no busca lo histórico y novedoso sino la repetición de unos actos primordiales, solo en el encuentra su ser, su libertad y solo ahí él es verdaderamente creativo. Nosotros en cambio hombres modernos creemos tener la libertad de hacer la historia haciéndonos a nosotros mismos. Pero este sin embargo es el estupefaciente que usamos para ocultarnos la verdadera realidad, la cual es que vivimos suspendidos de una gran nada y nosotros y nuestra historia y todo con ello acabara en la muerte. Por eso la trascendencia es el dique para enfrentar al Dios de la muerte, porque afianzándonos en la historia, afianzamos el tiempo y por ende nuestra propia finitud. Por eso encontrar esa infinitud dentro de la finitud que es nuestra vida es lo que permite no ahogarnos en una nada sin sentido y absurda, ayudándonos así de librarnos de nuestra historia como seres mortales. Solo lo sagrado, que es la eternidad en el tiempo y que es la infinitud en la finitud es lo que permite tal liberación.

Pero, ¿cuándo se produjo por primera vez esta valorización de la historia en sí misma? Si el hombre antiguo le tenía terror a la historia… ¿Cuándo se produce el quiebre de querer dar paso a la repetición de arquetipos primordiales por los sucesos históricos que tienen desde ahora una realidad ontológica plena? Esto se da a través de los profetas judíos. Ellos mostraron a los israelíes que los acontecimientos negativos en la historia de su pueblo eran debido a un Iahvé encolerizado por sus pecados. Todos los desastres políticos y militares pasaron a tener con ellos un sentido, todo era debido a la ira de Dios que buscaba encarrilar a los judíos a la verdadera religión y deshacerse de los ídolos a lo que estos estaban rindiendo culto. Los acontecimientos históricos comenzaron a tener valor religioso. La historia era una teofanía, era la voluntad divina expresándose. Aquí se comienza con la valorización de la historia en cuanto tal y el tiempo con ello deja de darse en ciclos eternos para transformarse en algo lineal con un sentido único. Dios es una persona desde ahora, no un arquetipo que realiza actos primordiales. Él ahora interviene siempre en la historia y se revela en ella. Todos los acontecimientos del hombre en la historia tienen un valor religioso porque esta es ahora una epifanía de Dios, concepción esta que fue ampliada y universalizada por el cristianismo. Todo se efectúa en un tiempo concreto, ya no mítico como en las concepciones tradicionales. Los acontecimientos para los judíos tienen fecha y lugar. Es un momento limitado y determinado en tiempo y espacio y por ende no es reversible porque es una teofanía. El acto no volverá a repetirse eternamente porque ahora es la historia y el tiempo en cuanto tal donde Dios manifiesta el destino y los actos a realizar al pueblo judío. Y esto será hasta que se produzca el fin de la historia con la llegada del Mesías. El arquetipo mítico en este caso se pone en el futuro mostrando así que la necesidad de arquetipos primordiales por parte del hombre son siempre necesarios.

Los judíos no soportaron la historia y tratando de darle un sentido a sus calamidades, los transformaron en un designio religioso. Eran solo tolerados porque Iahvé lo quería así y porque con ellos el pueblo elegido se salvaría una vez que todos los acontecimientos se produjeran anunciando la llegada del Mesías y el fin de los tiempos. La historia se la valoriza para luego destruirla de una vez y para siempre. Aquí la historia no iba a repetirse infinitamente como en los tradicionales sino a agotarse, sin retornar. Paradójicamente los profetas judíos ensalzaron la historia momentáneamente y con esto quiere decir mientras Iahvé se manifieste, y poder llegar el día en que esta dejara de existir y aliviar sus sufrimientos y culpas. Todo se torna irreversible y el devenir histórico es producto de un dios personal, teniendo este devenir y los actos que ocurren en él un valor intrínseco. La historia universal tiene que ser liquidada y todo esto debido al sufrimiento de los judíos por sus acontecimientos nefastos. Se podría decir que aquí hay una cierta venganza de los profetas por su situación en el mundo que se hace insoportable y que por ende no debe repetirse más. Se soporta la historia únicamente porque se sabe que será destruida. Hay una actitud anti-histórica al igual que los pueblos tradicionales que si bien no es eliminada la historia en el momento presente sin embargo debido a la esperanza en la llegada del Mesías esta va a cesar en algún momento; esta será la nueva manera de soportar la historia. Es la esperanza en un final, abolido en un futuro. El mundo ya no se regenera periódicamente sino que será regenerado una vez y para siempre en un in illo tempore futuro. La historia se torna escatológica siendo el fin del mundo el fin de los pecadores y el triunfo de Israel.

Esta concepción de tomar la historia como una manifestación sagrada será retomada con el cristianismo, con el mismo esto se universaliza para todo el planeta. La redención con la vuelta del Mesías ahora no pertenece a un pueblo sino a toda la humanidad, donde todos serán salvados en un tiempo mítico, mientras crean en Jesús como Dios.

Dios interviene en la historia al igual que con los judíos, la revelación se hace en el tiempo profano, esta no se repetirá teniendo así la historia un sentido único, al igual que el tradicional el tiempo e historia se abolirán para entrar en el Paraíso pero la diferencia es que ahora será para siempre, habiendo así algo trascendental en la historia misma. Pero la gran diferencia entre los judíos y cristianos es la radicalización de la transfiguración del suceso histórico en hierofania. Dios ya no solo interviene en la historia… ¡sino que se transforma en un ser histórico!  Este padece una historia, condicionado como cualquier judío de su época, pero este suceso histórico que es la existencia diaria de Jesús es sin embargo una teofanía total. Con esto el acontecimiento histórico tiene una plenitud total de ser. El tiempo del suceso histórico queda aquí eternizado, ya no se repetirá nunca más porque si así lo hiciera quiere decir que el tiempo en el que vivió Jesús debe ser reversible y no tendría por ende una consistencia plena. Esto es imposible para el cristiano. Los actos de Dios (Jesús) no pueden carecer de consistencia porque este por ser absoluto no puede no-ser eterno en lo que hace. No puede hacer las cosas dos veces, esto sería un sin-sentido, Su Voluntad divina es homogénea y total, siendo todo aquello que realizo, irrepetible. Aparentemente la repetición de los arquetipos que realizaban los antiguos, a la vista del judeo-cristianismo sería un error sin sentido. La repetición implicaría, y sobre todo para los judíos el retorno de la historia con la consecuencia de sus sufrimientos. Nada debe repetirse porque Dios obra de manera total, y los sufrimientos perpetuados por Dios a los judíos son escarmientos por los pecados cometidos, que los llevara en el futuro  para siempre al paraíso perdido. El paraíso es la eliminación total de la historia de los sufrimientos de los israelíes. Inconscientemente los cristianos toman esa herencia haciendo de Dios un hombre y que toda la historia de este sea la historia de Dios, la historia sagrada. Este suceso es algo único y total. Mircea Eliade lo dijo claramente: “¿Cómo podría ser vano y vacío el tiempo que ha visto a Jesús nacer, sufrir, morir y resucitar? ¿Cómo sería reversible y repetible ad infinitum?[1]

Sin embargo a pesar del valor concedido a la historia el judeo-cristianismo, como bien hace notar Eliade, no terminan ellos haciendo un historicismo sino una teología de la historia. Porque el acontecimiento no se valora en sí, sino se valora porque Dios obra en él. Es la revelación de Dios en la historia la que se tiene en cuenta. Hay una trans-historicidad de la historia. La historia se trata de salvar porque tiene algo que es eterno y sagrado en ella: el mensaje y vida de Cristo, para el cristiano, y la manifestación de Iahvé como rectificación de los pecados, para los judíos.

Pero lo que se quiere en definitiva, todos ellos, es abolir la historia como en las sociedades arcaicas y esto se ve nítidamente en la esperanza de los cristianos en la segunda venida de Cristo que pone fin a todo la Historia y permite el retorno del Paraíso. Cada acto puede ser un acto de Dios en la historia y el judío o cristiano debe poner suma atención a los acontecimientos porque en estos se podría dar un acto o revelación del mismo Dios. La historia es valorizada como teofanía de Dios, pero es valorizada al fin y al cabo. El historicismo es sola una secularización de esta Teología, en él solo el suceso histórico per se cuenta y a este se lo empieza a valorar como si fuera un dios personal. Se comienza a escribir la Historia con mayúscula. Sin embargo la Historia ahora tiene un aliado que es el sujeto autoconsciente. Entre ellos dos sustituyen al Dios cristiano. Entre ellos traerán el paraíso perdido del judeo-cristianismo donde se manifiesta el sujeto que se quiere libre y que se conoce como tal. Aquí entramos en el núcleo de la modernidad, el del sujeto autoconsciente que se produce a sí mismo. El máximo exponente de esta concepción es Hegel. Con él los sucesos históricos son tomados por sí mismos, sin embargo en el quedan resabios de la concepción judeo-cristiana, porque en definitiva estos sucesos serian la manifestación de un Espíritu universal. Los acontecimientos no se pueden revertir dado que cada uno revelaba una de las etapas del Espíritu Absoluto. La Historia sigue teniendo sentido aunque ahora se la valore por sí misma, pero pierde ese significado transcendente, religioso y sagrado que tuvo antes de la modernidad. Esto se ve claramente en el Marxismo donde la historia seria la historia de la lucha de clases que luego de que esta tenga fin, vendrá la dictadura del proletariado que es la imposición del verdadero humanismo. Es el paraíso terrestre. Es la edad de Oro de los mitos tradicionales pero visto desde el espejo, porque toda transcendencia espiritual se ha retirado de esta concepción, solo queda el hombre libre y su humanidad. El mundo es “salvado” como en los cristianismos, sin embargo y a pesar de todo la historia sigue, mantiene un sentido, esta solo ocurre para que el proletariado se imponga a sus opresores, por eso para el marxismo el terror de la historia también queda abolida en el final de la misma.

En todas las concepciones de la historia ya sea de los hombres tradicionales, del judeo-cristianismo o de los modernos siempre hay una necesidad de buscar un tiempo mítico que esté por encima del tiempo histórico. La necesidad de encontrar un sentido siempre está presente. La huida ante lo que provee la desesperación nihilista hace a los hombres tratar de encontrar un sentido en la existencia, en un tiempo que este más allá del simple presente, en buscar la eternidad del tiempo, el cual pasa para no retornar. La concepción historicista y la concepción arquetípica hasta el día de hoy están en lucha. Sin embargo hay que aclarar que ese hombre historicista que se cree libre de hacer la Historia y que además en ella se hace a sí mismo, es una pura ilusión. Nuestra época lo refuta. ¿Acaso en esta época no es donde más encadenado se está, donde más se necesita de otros para ser? ¿Acaso no hay una minoría que controla el mundo y el oponerse solo trae el suicidio? Se la puede evadir, por supuesto, pero en ese caso ¿cómo seguimos haciendo la historia del Mundo? Esto sin contar que vivimos en la era donde la Técnica está en pleno desarrollo, donde sin maquinas no podríamos existir como hombre históricos. Donde nuestro destino depende de tal o cual artefacto para que no sobrevenga un cataclismo planetario. Estamos en la ilusión de la libertad. El creer en la Historia en si misma sin trascendencia como en los marxistas o nihilistas solo acarrea esta ilusión. Es con ella que se trata de no caer en el terror de la historia. La cuestión es ver qué pasa cuando caiga esta ilusión ¿Podría el hombre retomar su concepción arquetípica, lo que parece poco probable o tendrá que buscar otra forma para encontrar la manera de religarse a lo sagrado? Este hombre historicista ha perdido la inocencia necesaria para la repetición arquetípica pero también para le fe profesada por el judeo-cristianismo, que fue la nueva experiencia religiosa que este inauguro. El subjetivismo le ha inflado mucho el pecho ¿En dónde buscará ahora para superar el terror de la historia, cuando caiga la ilusión de la libertad? ¿En dónde pondrá la transcendencia y el contacto con lo sagrado? ¿En sí mismo, quizá? No podemos saberlo, cuando el peso por no liberarse de su historia lo aplaste podremos ver a donde se dirige su reacción.

MARCOS EL JOVEN


[1] Imágenes y símbolos. Pag 181. Ed. Planeta D Agostini



El Sol y el Fuego, fundadores de Quito

El Sol y el Fuego, fundadores de Quito

Veinte de junio de dos mil doce, solsticio de junio; de verano para el hemisferio norte y de invierno para el sur; en el caso excepcional del Ecuador y en particular de Quito, solsticio pleno de ambos hemisferios, símbolo de nacimiento y muerte… eterno retorno y vida que en verdad es vida perpetuada en los ciclos del ouroboros equinoccial.

El Sol nacerá en un volcán este día, el Cayambe –cuasi en la exacta mitad del mundo-, en perpendicular ascendente hacia el occidente se consumirá en otro volcán, el Pichincha, mejor dicho, los Pichinchas. Sol y fuego volcánico entrelazados en el camino del Dios Sol, en la ruta de Wiracocha y en la espiral eternamente ascendente de Sowulo y Tyr.

Del Cayambe sus rayos avanzarán, sin perder su rumbo por la recta vía, primero hacia Cangahua, cruzando por sobre Quitoloma, El Quinche, accediendo a Guápulo y de allí atravesando  fatalmente la avenida Gran Colombia, la antigua Huangacalle prehispánica, para derivar entonces hacia la calle Guayaquil hasta la Plaza del Teatro y triunfalmente ingresar a la Plaza Grande, núcleo de la urbe[1] cierta y eterna, nido de la Mega Plaza Ritual –hoy oculta por debajo de los edificios-… sin detenerse la potente luz franqueará las torres de la Catedral y de la Compañía que fungen cual fieles testigos de su paso no torcido y que admiran como se desplazan los generosos brazos solares hacia la que alguna vez fuera la quebrada de Jerusalén, por sobre otras torres no tan principales, pero no por eso menos trascendentales en este rito cósmico: Santa Clara y El Robo primero, y finalmente San Diego, en maravillosa y perfecta alineación hasta las mismas faldas del Pichincha[2].

El ritual habrá de repetirse en el equinoccio solo que por otra ruta dentro de la misma comarca, atravesando siempre la Plaza Grande, y confirmando así la geográficamente sagrada primacía que impulsó antes que cualquier otra cosa el momento del inmemorial establecimiento quiteño.

Mítica y cosmogónicamente[3] hablando, vive una particular realidad en el efecto ritual del paso solar por sobre la Quito clásica hispánica y su base inca y pre-inca desde épocas milenarias flanqueada por volcanes que emanan magmática fuerza desde el mismo corazón de la Tierra, confiriéndole una forma que la convierte en realidad ardiente ante los ojos divinos. Así los diestros fundadores del Quito milenario no fueron hombres, los hombres tan solo se asentaron donde las originales marcas del fuego y del Sol marcaron un lugar que habría de llamarse Quito, el centro del mundo[4], lo que es más aún, debió o quizá aún debe ser: Axis Mundi.

Por Francisco Núñez Proaño


[1] “Ciudad y urbe no eran palabras sinónimas entre los antiguos. La ciudad era la asociación religiosa y política de las familias y las tribus; la urbe era el lugar de reunión, el domicilio, y sobre todo santuario de esta asociación.” – Numa Denis Fustel de Coulanges

[2] Ver: “Quito Prehispánico” de Andrés Peñaherrera Mateus. Separata del libro “Quito Prehispánico”, Museo Archivo de Arquitectura del Ecuador y Colegio de Arquitectos del Ecuador, Provincial de Pichincha, Quito, 2008.

[3] “Dice Mircea Elíade que el mito es una realidad extremadamente compleja, que podría abordarse e interpretarse de diferentes maneras, a menudo complementarias. EL mito contaría, en general una historia sagrada que relata un acontecimiento sucedido durante un tiempo primordial, la edad de oro, el fabuloso tiempo en el que todo comenzó. En este sentido, el mito cosmogónico es “verdadero” puesto que la existencia del mundo está ahí para demostrar que el mito ha sucedió y sucede: el mito de la muerte existe puesto que la mortalidad humana así lo prueba.”

[4] Algunos lingüistas especulan que su nombre significa en tsafiqui, lengua de la etnia Tsáchila o Indios Colorados, “centro (Quitsa) del mundo (To)”. Quitsato, también ombligo del mundo.



Leyenda rosa austracista y anitiborbonismo en torno a las “independencias americanas”

ARTÍCULO APARECIDO ORIGINALMENTE EN: http://dignidaddigital.com/

EL NACIONALISMO Y SU CONCEPTO DE LA HISTORIA

Leyenda rosa austracista y anitiborbonismo en torno a las

“independencias americanas”

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 El nacionalismo toma la Historia como la oferta más conveniente de un supermercado. A gusto del consumidor, pues. Curiosa, peligrosa y asoladora es la pobreza de argumentos que se reitera en los secesionismos ibéricos, y sobre todo con un tema estrella: Los Borbones…. Y es que nunca disculpamos el deplorable sistema del despotismo ilustrado, esto es, la exacerbación definitiva del absolutismo. En España, curiosamente, un periodo muy alabado por los republicanos… Y que en verdad no trajo más que desgracias. Tampoco disculparemos los desórdenes de las –acaso mal llamadas- Cortes de Cádiz, manipuladas por una minoría oligárquica golpista cuyo modelo nos atenaza hasta hoy.

Nacionalismo e Historia no casan. Tampoco parecen casar nacionalismos y objetividades. Como todo producto o subproducto romántico, el nacionalismo hace “novelesca” la realidad, lo que implica una continua deformación, idealización y “partidismo”, cuando no directo sectarismo. Una suerte de “Alicia en el país de las maravillas” que se acaba enredando más que la pierna de un romano.  El nacionalismo toma la Historia como la oferta más conveniente de un supermercado. A gusto del consumidor, pues. Curiosa, peligrosa y asoladora es la pobreza de argumentos que se reitera en los secesionismos ibéricos, y sobre todo con un tema estrella: Los Borbones…. Y es que nunca disculpamos el deplorable sistema del despotismo ilustrado, esto es, la exacerbación definitiva del absolutismo. En España, curiosamente, un periodo muy alabado por los republicanos… Y que en verdad no trajo más que desgracias. Tampoco disculparemos los desórdenes de las –acaso mal llamadas- Cortes de Cádiz, manipuladas por una minoría oligárquica golpista cuyo modelo nos atenaza hasta hoy.

Con todo, ¿la América Española se independizó por culpa de los Borbones? Parece ser el lema preferido para justificar la rebelión comandada por las oligarquías contra la Corona…. Y dentro de ello, los Borbones tenían como afición discriminar a los criollos. Tanto que el limeño Pablo de Olavide fue ministro de Carlos III y el payanés Joaquín de Mosquera y Figueroa llegó a firmar en nombre de Fernando VII….

También dicen que claro, que la culpa la tuvo la expulsión de los jesuitas que comandaron España y Portugal… Y por eso, sin hacer un análisis desapasionado sobre el verdadero papel de la Compañía en las misiones guaraníes (Un auténtico estado paralelo y nada de paraíso en la tierra, por favor, dejémonos ya de utopías….) y justifican el espíritu vengativo y letal que se extendió desde Inglaterra a los Estados Pontificios. El historiador ecuatoriano Francisco Núñez Proaño (https://coterraneus.wordpress.com) nos informó de documentos jugosos: Manuel de Roda y Arrieta, ministro de Gracia y Justicia, dice en 1766:”Creo que se habrá Vd. escandalizado al oír y ver el modo con que esa Corte (de Roma) se porta con el Príncipe de Gales (Carlos Estuardo) por respetos al Rey Jorge (III). Vea Vd. si conviene hoy la doctrina de los que aconsejan en Monte Cavallo (palacio del Papa) con la de Belarmino, Mariana, Suárez, etc. y con la que siguió Sixto V (1585-90) y sus antecesores, queriendo despojar de la corona a los soberanos de Inglaterra y de Francia con pretexto de la Religión y haciendo lícita la desobediencia de sus vasallos y los regicidios y todo lo demás que Vd. ha leído y sabe. Yo fui testigo del extraordinario cortejo con que ahí se trató al Duque de York (hermano de Jorge III) y en otro tiempo nos hubieran excomulgado a todos los que hablásemos con un príncipe hereje. Es gran cosa la doctrina acomodaticia y la ciencia media.” José Nicolás de Azara, procurador de la embajada de los reinos de España en Roma, que dejó dicho en 1770: “Por más que los franceses se hayan persuadido a que conseguirán el ajuste con Inglaterra, yo no me lo he podido persuadir, no por razón alguna, sino por aquello que llaman corazonada y por conocer un poco la insolencia de esos isleños. No quiero poner a la parte con esto las instigaciones de los jesuitas para soplar el fuego contra los Borbones, como que esa es la única venganza que queda a la gente más vengativa del mundo, porque decir esto parecería proposición de jansenista. Lo que no obstante es verdad irrefragable es el odio que un pedante llamaría vatiniano con que dichos jesuitas viven contra todo lo borbónico y que sólo tienen igual en esto a la venerable Corte de Roma, desde el papa (Clemente XIV) inclusive hasta los monaguillos de San Pedro. (…) Se les conoce la alegría por los semblantes, porque creen que en una campaña se nos han de tragar los ingleses. Desde que Roma es Roma no se ha visto aquí la multitud de isleños que hay este año. (…) He dicho a Vd. arriba que el papa es inglés de corazón. Digo, en conclusión, que toda esta brigada es tan inglesa y más que lo restante del lugar y que se dice a boca llena que el papa piensa como ellos.”

Bien, es posible que de estos documentos, algunas cosas nos parezcan exageradas y hasta irreverentes, ¿pero por qué nadie los saca a la luz como fuente lógica para análisis previo de los terribles procesos que se dieron a posteriori? ¿Por qué tenemos que escuchar sólo una voz, desde los jesuitas a los oligarcas criollos que mezclaban la escolástica con Rousseau?

Por otra parte, no todos los independentistas fueron doctrinarios liberales o masones (En todo caso, de eso también hubo en el otro bando), pero ciertamente, las independencias americanas fueron el absoluto campo de experimentación de estas “corrientes”. De hecho las logias masónicas celebran este acontecimiento como si fuera suyo. De derecha a izquierda también se justifica al único bando loado por propios y extraños. Por eso mismo, tampoco disculpamos a aquellos que ejercen demasiado el refrán del que no se consuela es porque no quiere, diciendo que la rebelión no fue contra España y que Simón Bolívar y José de San Martín fueron perseguidos por los liberales…. Creemos que ni el integrismo, que evolucionará lógicamente a la democracia “cristiana”/política de sacristía, llegó a semejantes exabruptos. Ese mismo integrismo que se decía “accidentalista” (En España las secuelas llegarán hasta la CEDA en la II República) en cuanto a la forma de gobierno y resaltaba a Gabriel García Moreno, obviando interesadamente que el gran ecuatoriano era monárquico. Sea como fuere, ya puestos, también habrá quien diga que Cánovas fue perseguido por los liberales, al igual que Robespierre terminó perseguido por los revolucionarios y Trotsky por los comunistas… Total, puestos a decir…. No obstante, le reconocemos el humor al pseudo-argumento. Hace falta humor, mucho humor, para justificar a Bolívar y San Martín desde una perspectiva “nacionalista de derecha” diciendo que, claro, que fueron perseguidos por los liberales y, ojo, sobre todo en sus últimos días. Que conste que todavía no sabemos qué pretenden con esto…. Nos olemos que alguno poco más o menos viene a decir que San Martín y Bolívar fueron “verdaderos tradicionalistas” o algo así…. Y es que en verdad, si uno se pone a estirar, San Martín y Bolívar serán…. De todo menos de verdad. Porque por más que al oligarca mantuano Hugo Chávez lo reivindique desde su pseudo-marxismo, lo cierto es que Karl Marx lo puso como mil trapos. Ya Marcos Pérez Jiménez lo había reivindicado desde el nacionalismo, y es una pesada losa que tiene Venezuela, pues, con esa religión paralela bolivariana que todo el mundo asume, la cortedad de miras se hace más que evidente. En la “oficialidad colombiana” también ha sido así, no obstante, siempre ha habido historiadores críticos para con el proceso independentista, desde el mismísimo presidente Alfonso López Michelsen hasta Luis Corsi Otálora en nuestros días. El problema es que ya se mire desde la perspectiva que se mire, parece que el tema de las “independencias” americanas es como Zapata: Si no gana, empata.

Con todo, lo cierto es que estos “próceres” apenas llegaron a “conservadores”. Tan cierto como que sabemos que Bolívar murió arrepentido, diciendo que América era ingobernable y que lo único que se podía hacer era emigrar. A su vez, prócer máximo de las “independencias”, el “Precursor” Francisco de Miranda, revolucionario en Francia y agente de Inglaterra, y que fue traicionado descaradamente por un Bolívar que a su vez quiso traicionar su causa ofreciéndose voluntario a Wellington para combatir a Napoleón en la Península (Después de ayudar con su actitud a una estrepitosa derrota militar), también murió profundamente arrepentido y desde la gaditana cárcel se ofreció voluntario para ayudar en la reunión de Venezuela con su Madre Patria.

En España contamos con una figura relativamente parecida: Francisco de Paula de Borbón, quien fue un furibundo masón mas murió bastante piadoso. Vidas relativamente parecidas, al menos en cuanto a camaleonismo y a radical militancia masónica se refiere. Pero mucho daño dejaron hecho. Y aun así, no he visto que nadie reivindique a D. Francisco de Paula. Al final es lo de siempre: La Historia como la oferta que más conviene de un supermercado…Y no en vano, recomendamos a esos ciertos nacionalistas que sepan que los “libertadores” siempre fueron muy alabados por los liberales españoles. Miguel de Unamuno por ejemplo tenía especial fijación por Bolívar, según él, constructor de una ¿Máxima Hispania?, aunque nunca explicó semejante “boutade”.

Nos siempre reconoceremos los errores cometidos por la política dirigida por la Casa de Borbón. No obstante, no dejamos de “denunciar” esa suerte de “leyenda rosa austracista” que parece darse en los nacionalismos secesionistas de todo el mundo hispánico, esto es, de la Península a las Indias. No sólo, ciertamente, pero concretamente en esta rama se da bastante. “Leyenda rosa austracista” directamente proporcional al “antiborbonismo”. En cambio, vemos que esta postura no es histórica propiamente dicha, sino que es moldeada en base al interés partidista. Y decimos esto, porque, por ejemplo, los secesionistas “vascos” jamás resaltan el gran apoyo que el Reino de Navarra y las Provincias Vascongadas dieron a Felipe V; sin ir más lejos, el mismo Blas de Lezo, de guipuzcoana cuna, que a los años infringiría –en Cartagena de Indias- a Inglaterra y sus colonias la derrota más humillante de su historia. Parece que tuvo que llegar el insigne colombiano Pablo Victoria con su excelente libro para que por fin supiéramos de este héroe de la Hispanidad. (*)

Claro que no vemos como buena política los Decretos de Nueva Planta; empero, nadie dice que Felipe de Anjou no sólo no es que no tocara los fueros vascongados y navarros, sino que los potenció. Asimismo, fue un Borbón, esto es, Carlos VII de España el que al cabo de más de siglo y medio devolvió a los pueblos de la Corona de Aragón la integridad de su “política propia”, así como fueron los Borbones los que acabaron con el monopolio andaluz-americano y abrieron bastantes puertos para América, entre ellos el de Barcelona y los Alfaques de Tortosa.

Esta “leyenda rosa austracista” olvida que muchas políticas practicadas por la Casa de Austria, políticas bien señaladas por José Antonio Ullate en el libro “Españoles que no pudieron serlo” (Ed. Libros Libres), por ejemplo. Los Decretos de Nueva Planta ya fueron anunciados por el conde-duque de Olivares.

“Leyenda rosa austracista” que olvida la irresponsabilidad de un usurpador archiduque que entró en la Península a principios de la dieciochesca centuria rodeado de una indeseable cohorte de jansenistas y protestantes de toda clase. Una fracción de ellos, holandeses para más señas, se dedicó a violar monjas en El Puerto de Santamaría, como bien recordó José María Pemán en “La Historia de España contada con sencillez”. Y aún nos queda (Y Dios sabrá hasta cuándo) la infamia de Gibraltar como recordatorio hiriente, perenne.

“Leyenda rosa austracista” que olvida que el josefismo austriaco fue igual de negativo y asfixiante –por no decir más- que el regalismo borbónico. También olvida que Austria se repartió como botín junto con Rusia y Prusia a la muy católica Polonia, a los no muchos años después que el bravo y determinante Juan Sobieski derrotara a los otomanos que ya se echaban sobre Viena.

“Leyenda rosa austracista” que ha llegado a calar hasta en el tradicionalismo, pues;  y que olvida que, por encima de ciertas “fijaciones”, a lo que asistimos es a la consumación de la crisis de la “política de la Cristiandad” y el correspondiente advenimiento de una “gran era revolucionaria” que hasta hoy padecemos. Y otro olvido que tiene es el papel de la Casa de Austria en la consumación de la muy corrupta España liberal, en especial desde los tiempos de un Alfonso al que llamaron el XII que se decía “católico como sus antepasados y liberal como sus tiempos” (Con un cinismo bastante parejo al que usó Bolívar), y a posteriori, con ese bravo caballero de la Legitimidad que fue D. Jaime de Borbón, Jaime III de España, a quien se le negó el ingreso en el ejército austrohúngaro, amén de que se le vetaron matrimonios por buena parte de Europa gracias a las gestiones habsbúrgicas contra el que llegó a ser brillante oficial de la Rusia zarista y uno de los más sacrificados patriotas españoles de los últimos tiempos.

Y es que, en eso del “antiborbonismo”, que curiosamente se ve tanto en la influencia de la literatura republicana como en buena parte de la dialéctica falangista, jamás vi a ningún nacionalista argentino quejarse de cómo los Borbones crearon el Virreinato del Río de la Plata, en verdad para perjuicio de la extensión territorial del Perú, que por cierto, teniendo quizá este “motivo antiborbónico”, sin embargo fue un bastión realista.   Los Austrias tuvieron que lidiar con “guerras civiles” entre conquistadores/encomenderos, los Borbones con “guerras sociales”, y todo en una España cada vez más cercada de enemigos y siempre falta de posibles precisamente por eso mismo, o al menos en parte… Son tantas cosas…. Y son procesos históricos complejos, pero siempre es cómodo buscar una culpa fácil….

Para remachar esta temática, me gustaría transcribir cierta correspondencia con el mentado Francisco Núñez Proaño. Yo le indiqué que el historiador Antonio Domínguez Ortiz, cuya enciclopedia me guió bastante en la carrera, ya se “atrevió a preferir” a los Borbones sobre los Austrias, claro que él lo hacía desde una óptica “liberal-ilustrada” como quien dice. No obstante, ejerciendo ese “atrevimiento”, ¿podemos colegir que en verdad los Borbones, ya liberados del “yugo europeo” que tanto nos desangró, miraron en verdad más por los intereses de las Españas que la mitificada casa de Habsburgo? El colega quiteño me indica que la política borbónica en lo comercial fue desastrosa para Quito, es claro que no todo fue perfecto. Sin embargo, y como ya lo explicó en algún artículo, el crecimiento demográfico de la Audiencia fue sostenido durante todo el siglo XVIII, lo que refleja que la situación no era nada, absolutamente nada grave, comparada con lo que se vino después de la “independencia”.

Además era evidente que se necesitaban reformas de índole administrativa, no se podía seguir con políticos de hacia tres siglos, con una población mayor y por tanto más compleja que los dos primeros siglos de imperio en América. El barón de Humboldt cuando estuvo de visita en Quito a comienzos del siglo XIX, reportó en sus escritos que la ciudad en general y más los aristócratas (sus haciendas no tenían nada que envidiar a las casas de la aristocracia europea) tenían un nivel de vida admirable, mejor que en muchos lugares del Viejo Continente.

Y es que la política de prohibir a las flotas comerciales que dejaran pasar por Portobelo en la actual Panamá, impidió que los textiles quiteños salieran al mercado que tenían antes, causando el cierre de muchos talleres. Así también se dificultó el ingreso de mercaderías de Europa, y así, política y comercialmente pasó a depender del sur, de Lima (Virreinato y Consulado), a pesar de que pertenecía a Nueva Granada. Por otro lado la política de cierto comercio libre que se abrió en América tampoco benefició a la industria quiteña, que se fue reduciendo de a poco.

Obviamente eso afectó a la economía local. No es coincidencia que en el acta de la junta de Quito del 10 de agosto de 1809 se nombre a Panamá como parte del territorio jurisdiccional que se atribuía esa misma junta. Tampoco se niega, y menos en el campo de los principios, que es verdad que haya habido algún monarca malo o políticas negativas, pero eso pasa, el rey muere y viene otro; el principio jerárquico no deja de ser principio. Claro, ahora la realidad contunde de otras formas, pues si a los Borbones se les critica por su actuación, sobre todo en el ámbito económico-administrativo en América, y aún más, se justifica así la independencia debido a esta razón, y aceptando la tesis oficial y nacionalista (leyenda rosa) que hubieran sido desastrosos y un “fracaso” para las Españas, motivo por lo que merecen el rechazo… ¿Por qué no rechazar entonces las repúblicas americanas y sus gobernantes, que han causado mucho, muchísimo más daño que cualquier rey Borbón a nuestro continente? ¿Por qué seguir dándole oportunidades a un sistema que ha demostrado dos siglos de inutilidad? ¿Por qué a los monarcas hispanos no se les dio otra oportunidad?

Vuelvo a pensar en el tema: Algunos achacan el excesivo peso de Francia conforme al Pacto de Familia. Bueno, no es moco de pavo. No obstante, cuando Carlos III pudo, luchó para recuperar el Rosellón y la Cerdaña que tontamente habíamos perdido con los Austrias, al igual que sufrimos la separación de Portugal con los mismos. Este rey, con todos sus defectos (Como ser el único en fundar una compañía negrera para España, algo ciertamente repugnante), siempre miró por nuestros intereses. Fue el rey que más luchó por recuperar Gibraltar, el que de hecho recuperó Menorca y puso contra las cuerdas a los británicos en el Nuevo Mundo varias veces. La España y la Francia borbónicas tenían en mente que el enemigo era Gran Bretaña, la misma que había dicho que a España había que vencerla en América y no en Europa. El problema para con Francia es como decía Juan Vázquez de Mella, si bien nos podíamos entender en algunos aspectos y no deja de ser un país con una tradición y unas influencias en verdad más similares de lo que podemos pensar a priori, es una nación epiléptica y condenada a grandes escarmientos, y realmente nos influenció para mal y nos usó… En fin, en ese difícil equilibrio de potencias jugó la España del XVIII, que no dejó de ser considerada eso, una potencia, venida a menos pero potencia, hasta que se confirmó la Revolución…. Casualidades de la vida….Y tanto como se achaca también la masonería a los Borbones, en cambio en el sur de Italia, donde son recordados con veneración, fue la masonería comandada por el genocida Garibaldi la que luchó a muerte contra ellos y esquilmó al próspero pueblo al que por entonces gobernaban con estabilidad.

No confundan mi postura: Para mí Felipe II es un ejemplo fúlgido de monarca y que conste que este debate es historiográfico y general, y en todo caso, de “historia política”, pues lo que tenemos hoy es harina de otro costal… No metan a Juan Carlos y compañía en este debate, por favor… Pero vean que al tratar este tema, muchas veces nos topamos ante ideología y/o nacionalismo; nada que ver con la Historia.

(*) “El día que España derrotó a Inglaterra”, Pablo Victoria Wilches. Ed. Áltera, 2005.

Antonio Moreno Ruíz

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Actualización:

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Francisco M. Núñez Proaño