coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


El Sol y el Fuego, fundadores de Quito

El Sol y el Fuego, fundadores de Quito

Veinte de junio de dos mil doce, solsticio de junio; de verano para el hemisferio norte y de invierno para el sur; en el caso excepcional del Ecuador y en particular de Quito, solsticio pleno de ambos hemisferios, símbolo de nacimiento y muerte… eterno retorno y vida que en verdad es vida perpetuada en los ciclos del ouroboros equinoccial.

El Sol nacerá en un volcán este día, el Cayambe –cuasi en la exacta mitad del mundo-, en perpendicular ascendente hacia el occidente se consumirá en otro volcán, el Pichincha, mejor dicho, los Pichinchas. Sol y fuego volcánico entrelazados en el camino del Dios Sol, en la ruta de Wiracocha y en la espiral eternamente ascendente de Sowulo y Tyr.

Del Cayambe sus rayos avanzarán, sin perder su rumbo por la recta vía, primero hacia Cangahua, cruzando por sobre Quitoloma, El Quinche, accediendo a Guápulo y de allí atravesando  fatalmente la avenida Gran Colombia, la antigua Huangacalle prehispánica, para derivar entonces hacia la calle Guayaquil hasta la Plaza del Teatro y triunfalmente ingresar a la Plaza Grande, núcleo de la urbe[1] cierta y eterna, nido de la Mega Plaza Ritual –hoy oculta por debajo de los edificios-… sin detenerse la potente luz franqueará las torres de la Catedral y de la Compañía que fungen cual fieles testigos de su paso no torcido y que admiran como se desplazan los generosos brazos solares hacia la que alguna vez fuera la quebrada de Jerusalén, por sobre otras torres no tan principales, pero no por eso menos trascendentales en este rito cósmico: Santa Clara y El Robo primero, y finalmente San Diego, en maravillosa y perfecta alineación hasta las mismas faldas del Pichincha[2].

El ritual habrá de repetirse en el equinoccio solo que por otra ruta dentro de la misma comarca, atravesando siempre la Plaza Grande, y confirmando así la geográficamente sagrada primacía que impulsó antes que cualquier otra cosa el momento del inmemorial establecimiento quiteño.

Mítica y cosmogónicamente[3] hablando, vive una particular realidad en el efecto ritual del paso solar por sobre la Quito clásica hispánica y su base inca y pre-inca desde épocas milenarias flanqueada por volcanes que emanan magmática fuerza desde el mismo corazón de la Tierra, confiriéndole una forma que la convierte en realidad ardiente ante los ojos divinos. Así los diestros fundadores del Quito milenario no fueron hombres, los hombres tan solo se asentaron donde las originales marcas del fuego y del Sol marcaron un lugar que habría de llamarse Quito, el centro del mundo[4], lo que es más aún, debió o quizá aún debe ser: Axis Mundi.

Por Francisco Núñez Proaño


[1] “Ciudad y urbe no eran palabras sinónimas entre los antiguos. La ciudad era la asociación religiosa y política de las familias y las tribus; la urbe era el lugar de reunión, el domicilio, y sobre todo santuario de esta asociación.” – Numa Denis Fustel de Coulanges

[2] Ver: “Quito Prehispánico” de Andrés Peñaherrera Mateus. Separata del libro “Quito Prehispánico”, Museo Archivo de Arquitectura del Ecuador y Colegio de Arquitectos del Ecuador, Provincial de Pichincha, Quito, 2008.

[3] “Dice Mircea Elíade que el mito es una realidad extremadamente compleja, que podría abordarse e interpretarse de diferentes maneras, a menudo complementarias. EL mito contaría, en general una historia sagrada que relata un acontecimiento sucedido durante un tiempo primordial, la edad de oro, el fabuloso tiempo en el que todo comenzó. En este sentido, el mito cosmogónico es “verdadero” puesto que la existencia del mundo está ahí para demostrar que el mito ha sucedió y sucede: el mito de la muerte existe puesto que la mortalidad humana así lo prueba.”

[4] Algunos lingüistas especulan que su nombre significa en tsafiqui, lengua de la etnia Tsáchila o Indios Colorados, “centro (Quitsa) del mundo (To)”. Quitsato, también ombligo del mundo.


4 comentarios so far
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buenaso.

Comentario por Sáe Núñez

Concentración de energías expuestas en Quito, Sol y fuego, del amanecer que irradia nuestros monumentales torres y que da, siempre al inicio y al ocaso, en nuestra Plaza Grande querida…. Qué misterios guarda bajo nuestra tierra-Quito clásica hispánica?…

Comentario por Némesis

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