coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


REQUIEM POR UN DESCALABRO

REQUIEM POR UN DESCALABRO

(1984)

Armando Pesantes García (*)

Las conclusiones pesimistas a las que llegó Oswald Spengler con respecto al destino de las civilizaciones se apoyaron en una esmerada observación de la historia, que permitió al autor de La Decadencia de Occidente formular su teoría cíclica, de acuerdo con la que éstas, por una suerte de asimilación a los entes biológicos, conocen un proceso vital con su correspondiente génesis, infancia, adolescencia, edad adulta, senectud y muerte.

El eminente y controvertido filósofo alemán llegó a señalar en efecto una larga lista de coincidencias o de datos comunes a todas las culturas calificables como civilizaciones, los que sometidos a un proceso de comparación, le permitieron no solamente ratificar sus asertos, sino además emitir el diagnóstico de que la auto-intitulada Civilización Occidental que hoy por hoy ha extendido su esfera de influencia con caracteres prácticamente universales, después de haber alcanzado su categoría cenital ha emprendido el inexorable camino hacia su ocaso, agotada por un movimiento acelerado e descomposición interna, traducido en una serie de lances que resultan en un cuadro sintomatológico tanto de las causas como de los efectos de los sucesos que hacen previsible la inminencia del colapso.

Como es obvio, las manifestaciones perceptibles de desfallecimiento de las civilizaciones no son necesariamente idénticas, y ni siquiera semejantes, pues difieren en apariencia y presentación, aunque se hermanen en la esencia que las suscita, por lo cual es preciso, a partir de este criterio, encontrar un común denominador que explique razonablemente el periplo sin tregua repetido, que realiza el hombre a través de las mismas experiencias, al borde de los mismos precipicios, con las mismas caídas, sin lograr por eso descifrar el enigma de la bienaventuranza, por esfuerzos que haya hecho para alcanzarla. Y en esa búsqueda de un punto de concurrencia de causalidades diferentes para el arribo a un efecto análogo, parece justo y nada dogmático aseverar que la extinción de todas las culturas se produce como consecuencia de la pérdida del don de la creatividad, por desgate de la voluntad de mantenerlo activo por parte de los individuos que un día levantaron o que en su caso las fomentaron o por lo menos las conservaron en buen funcionamiento.

Pertenece a la índole de los grandes misterios por resolverse, la respuesta satisfactoria a la incógnita que representan las causas reales del colapso de la civilización maya, de la que quedan relativamente pocos vestigios, pero tan persuasivos, que no puede dudarse de quienes fueron capaces de edificar ciudades como Palenque, Uxmal, Chichén-Itzá, Tikal –esta última descubierta en este siglo por un feliz azar- conocieron un grado adelantado que debe haber sido paralelo, así en materia escultórica como en las ramas complementarias que forman el conjunto de modalidades del dominio victorioso del hombre sobre el ambiente.

¿Cuál pudo haber sido el motivo determinante del abandono, para ser tragados por la selva, de eso templos imponentes, después de haberse realizado el esfuerzo indudablemente extraordinario de construirlos?  No más allá de especulaciones han sido aventuradas por la investigación científica como alternativa de afirmaciones que no podrían ser otra cosa que empíricas Y dentro de ellas las hipótesis más aceptables hablan de una posible aniquilación por algún tremendo brote epidémico de malaria; del eventual ataque demoledor de fuerzas enemigas; de una incontenible presión de la naturaleza tropical, y finalmente de un éxodo de procedencia religiosa.

De cualquier manera, en todos y cada uno de esos supuestos lo que ante todo se intuye es una manifiesta intervención de decaimiento del impulso previo, cuyo resultado fue el acto de creación examinado.

Una especie de silogismo puede servir de punto de apoyo para esclarecer la aserción planteada: la malaria se propaga en las regiones pantanosas, debilita los organismos y les priva  de la capacidad de ejercer actividades trascendentales; si los mayas erigieron Tikal, es que cuando lo hicieron, la región estaba libre del azote de la malaria, sea porque a la sazón no se habían formado pantanos alrededor, o porque habían conseguido desecarlos; si fue la malaria lo que los consumió, parece claro que fueron incapaces de seguir evitando la formación de pantanos o que cesaron de luchar contra ellos.

Si la segunda sospecha tiene algún asidero, hay que presumir que  los mayas “perdieron” el control material de su hábitat a manos de fuerzas adversarias que debieron haber aprovechado de algún momento de extenuación particular –como una guerra civil- de magnitud suficiente como para ser debidamente explotable con finalidades aniquiladoras.

Si es la tercera la verdadera, el argumento del fracaso final en la batalla contra la jungla, no indicaría otra cosa que la pérdida de facultades para proseguir una lucha que debe haber sido por mucho tiempo acompañada por el éxito, desde el momento en que fue posible en su lujuriante interior dar tan elocuentes demostraciones de domino ambiental.

Por último, inclusive el argumento de que una motivación de carácter religioso colindante con la concepción del tabú habría tenido fuerza suficiente para impulsar a un desalojamiento ritual de los centros poblados, equivalente a una diáspora desperdigada en el bosque tropical, con ser el menos convincente de ellos, supone en todo caso una crisis de fe en antiguas creencias o un reemplazo de recursos esotéricos de signo negativo.

El común denominador de las teorías lanzadas para explicar el colapso de la civilización maya, es pues el desgaste, que física o espiritual, representa una degeneración de la capacidad productiva general, pero por sobre todas las cosas, una manifestación de disminución notoria del impulso de la minoría dirigente para continuar imponiendo metas y especialmente para mantener intacto el aliento y el ímpetu creadores. 

El enigma aún indescifrado de la cultura de la que fue asiento la hoy tupida selva del Petén, y cuyas magnificas estelas de Copán y templos monumentales de Tikal fueron descubiertos forrados de lianas y perforados por árboles cuya talla gigantesca no alcanzó a sobrepasar, no es excepcional en cuanto a los caracteres de su eclipse definitivo, aunque si lo sea relativamente a sus causas verdaderas, que en cierta forma siguen implicando una derrota –y un desafío- a la ciencia arqueológica, por falta de datos más certeros para cimentar deducciones aceptables. En cambio, se sabe a ciencia cierta las circunstancias que se realizaron otros colapsos culturales en los que invariablemente la causa última está en el hombre mismo, por relajamiento de la creatividad o por falta de incitación suficiente para la realización de actos de materialización a impulsos d la necesidad de aliarse para emprender la lucha por la supervivencia.La Mesopotamia, el supuesto vergel del paraíso terrenal y asiento de la civilización caldeo-asirio-babilónica se convirtió en el rudo desierto actual cuando la red de canales que regaban su suelo fueron destruidos y abandonados, o cuando la gente dejó de repararlos por pérdida de la fe en su propia capacidad de resistencia ilimitada para reconstruir las obras de irrigación que los insistentes ataques enemigos deterioraban. El país quedó expuesto a los asaltos devastadores de los nómadas de Arabia y desde entonces la historia de Irak es la de las interminables discordias entre tribus pastorales árabes, kurdas o turcomanas.

Igual cosa aconteció con Ceilán, con la sola diferencia de que debido a la naturaleza del terreno, al antiguo sistema de riego cingalés se tornó en una sucesión charcas pestilentes de aguas estancadas sin más vida que las de miríadas de mosquitos propagadores de la malaria.

El de las mencionadas -y de muchas otras civilizaciones desparecidas- ha sido el destino de la pérdida humana de dominio sobre el contorno, a menos que hayan intervenido fuerzas superiores de la naturaleza en forma de cataclismos por sí mismos insuperables.

Síntoma también clásico de deterioro conducente a la aniquilación de las culturas constituye el quebranto de la confianza en instituciones y costumbres propias, cuyo síntoma más evidente es la adopción o la asimilación de fórmulas o de modelos ajenos. Egipto comenzó a dejar de ser Egipto – la magna civilización egipciaca- cuando inició el proceso de su helenización, que dio como resultado un hibridismo que no se ha detenido desde entonces en su paso por un ensayo de cristianismo, por su actual estado de islamismo y la corriente desestabilizadora, que no otra cosa es que el empeño occidentalizador que no ha tenido presente la sabiduría de la sentencia evangélica que recuerda que la consecuencia final de poner vino nuevo en odres viejos, es que la fuerza de la fermentación de ése lo hará derramarse, destruyendo a éstos.

Cuando los reyes egipcios comenzaron a hablar griego, la lengua copta –el idioma de los faraones- inició su decadencia, y con ella la escritura jeroglífica, con esa facilidad que tienen los hombres para olvidar lo bueno que han aprendido y aprender lo perjudicial que quiere enseñárseles. Igual que las hablas primitivas quiteñas que en corto lapso de medio siglo –una o dos generaciones- fueron sustituidas por el quechua cuzqueño, y éste a su vez por el español; el milenario “copto”, que es la corrupción occidental de la corrupción griega de la corrupción egipcia del vocablo “egipcio” (“guiptos”, “guipt”, “gopt”, “copt”, “copto”), al desvanecerse no dejó como huella de su existencia sino millones de extravagantes inscripciones inteligibles grabadas en los muros de los templos y de las tumbas sumergidas en mares de arena que sólo la inspiración de Champollion logró descifrar y que la consagración científica de legiones de abnegados arqueólogos han desenterrado. Del abandono de su religión, de su lengua y de sus instituciones, de salto en salto Egipto desvirtuó las características que lo identificaron como dueño de la civilización más sostenida de la historia, y como lo fue el helenismo que le impuso hasta una religión heterogénea y desnaturalizada, pasó a ser presa fácil de las promesas del cristianismo, al que se acogió con el ansia de los sedientos de redención, sólo para que en el desobligo de la frustración a corto plazo tener que trasladarse a engrosar las filas del Islam agresivo, mitad por atracción hcia una fe más al alcance de las almas simples, mitad por el interés de liberación de impuestos para cuantos adhirieran a la declaración fundamental de que no hay otro Dios que Alá, y Mahoma es el profeta de Alá. 

A esa hora Egipto cambió nuevamente de lengua y de religión; aprendió a hablar árabe y se hizo musulmán, con la excepción de una minoría –la copta- que sigue siendo cristiana y respetada en el ejercicio de su credo, pese a la interferencia d los tiempos borrascosos que ha debido afrontar como precio a la lealtad a las creencias de sus antepasados.

Prefectura romana a la muerte de Cleopatra, la última reina egipcia; califato poderoso en un veranillo fugaz; provincia otomana languidescente; protectorado británico y por fin Estado independiente, de acuerdo con la voluntad de sus más recientes líderes ha estado circulando Egipto como un sonámbulo privado de convicción, en torno al marxismo primero y luego en la órbita de una occidentalización superficial que le roza sin penetrarle más allá de epidérmicamente.

Porque el empeño occidentalizador a imitación del ejemplo turco tuvo un campo de acción social diferente: los turcos son en parte europeos y están rodeados de pueblos absorbidos por la cultura europea; la escritura árabe que le llegó con el Islam era en el fondo tan ajena para ellos como la latina, y no les fue tan difícil desembarazarse de la menos practica para adoptar la más apta para el eficiente ingreso al mundo occidental. No hubo pues mayores problemas para la obra de Kemal Ataturk, de europeizar europeos.

No así los egipcios contemporáneos, semi-árabes rodeados de árabes y con una enorme mayoría musulmana. Para ellos, el occidental no es sino el codicioso ocupante que abrió el canal de Suez para su exclusivo beneficio; el sustractor de las reliquias de su portentoso pasado; el “perro infiel”, enemigo tradicional de su religión, y el arrogante vendedor de baratijas, buenas probablemente para ellos mismos, pero sin las cuales los egipcios pueden seguir viviendo como lo han hecho durante milenios, ya en su Delta exuberante, ya en su adusto desierto de horizontes infinitos.

Sin embargo, en medio de la desolación espiritual y del desconcierto que han sido las características de ese mundo extraviado y presa de las mayores confusiones, una suerte de movimiento entre religioso y nacionalista se ha hecho sentir de algunos años a esta parte, bajo el nombre de Takfir Wa Hegra, o sea arrepentimiento por las faltas pasadas y renunciación a este mundo corrompido. Rama extremista de “los Hermanos Musulmanes” fue su fundador Shukri Mustafa, un Ingeniero Agrónomo de unos treinta años de edad que ejerció notable influencia sobre sus discípulos, y aspirante al martirio, fue ejecutado en prisión el 19 de marzo de 1978. Se hacía llamar Comendador de los Creyentes (Amir Gama’at Al Muminin) y preconizaba una pequeña sociedad que viviera en el Islam y que sirviera de núcleo ejemplar y polo de atracción al resto de la sociedad.

Los miembros de Takfir Wa Hegra se inspiran en la vida del Profeta y para alentarse en sus reveses recuerdan que el mismo Mahoma en la época de la Jahiliya (ignorancia o período ante-islámico) tuvo que huir deLa Meca a Medina antes de retornar como triunfador. Para preparase a su misión y al destino voluntariamente escogido con desprecio de la vida, se aíslan de sus medios familiares, se complacen en desafiar con profunda euforia a la actual corrupción social reinante, y hacen de la tortura y la muerte una aspiración.

Takfir Wa Hegra, como grupo de la Fraternidad Musulmana, tiene cuatro enemigos mortales: el imperialismo, el capitalismo, el marxismo y el sionismo y por sobre todas las cosas propugna el retorno a la sharia la ley fundamental islámica, base del integrismo musulmán que ha triunfado en Irán bajo la dirección del Ayatolah Jomeini.

Entre los principales logros políticos de la fanática secta se cuenta el asesinato en julio de 1977 del Ministro de Bienes Religiosos, y desde luego el Presidente de la República, el “rais” Anwar el-Sadat, el 5 de octubre de 1981.

La Fraternidad Musulmana, pues, en su rechazo a todo lo occidental, constituye un esfuerzo reivindicador que se opone a la penetración continuada, o sea a la aculturación en perjuicio de una tradición que nunca dejó de practicarse en la vida real del pueblo, siempre fiel a la imagen inmutable a través de los siglos de una existencia estática, en la que aparentemente reside la imagen que él tiene de la felicidad. 

El proceso mimético de las culturas, empero, no siempre se realiza en una sola vía: no necesariamente va del que aparente ser más fuerte al más débil. Y si se dice “del que aparenta” es porque no siempre las manifestaciones externas suministran una apreciación externa de la realidad. Tómese, si no, el ejemplo ya presentado de la occidentalización que está invadiendo sin cesar el campo internacional de la técnica y de casi todos los aspectos de la vida, imponiendo nuevas costumbres, desplazando a las antiguas, y especialmente creando nuevas dependencias a cargo de una industrialización que, nueva forma de colonialismo, pretende someter a toda la humanidad bajo su férula.

Pero, en sentido contrario, obsérvese el fenómeno de la revancha, visible hasta para los más ciegos y obcecados. Consiste en que las generaciones occidentales nuevas paralizaron y dieron fin a su creatividad artística, y no solamente eso, sino que renunciaron inclusive a ser depositarias y conservadoras del acervo cultural que heredaron en el mayor nivel jamás alcanzado por el hombre, con los músicos barrocos y los escultores y pintores del Renacimiento.

Y es lo peor que no solamente está presente e estancamiento –con todo lo negativo que hay en las inercias- sino un proceso degenerativo que ha descubierto la excelencia de la realización del periplo caverna-civilización-caverna, adoptando como modelos las manifestaciones selváticas disonantes de la música primitiva del África tropical, más su rudimentaria pintura, su grotesca escultura y los peinados y atuendos con todas sus extravagancias y carencia de recursos. La contradicción palmaria es el signo de este intercambio, pues mientras las tribus rústicas han adoptado el uso constante de radios transistorizados, del plástico en sus múltiples formas de presentación, y aun los alimentos enlatado, las juventudes occidentales se contorsionan caricaturescamente en los clubes nocturnos al son de ruidos infernales de tambores y de alaridos de engendros pintarrajeados, con taparrabos de poliéster.

Y simiescamente, Latinoamérica se ha dejado contagiar de la insania suicida que culturalmente ha invadido a una sociedad decadente, en trance de sucumbir, y hoy es presa del desconcierto, sin saber si adherir a occidente, a oriente, al norte o al sur, en vez de procurar ser en todos los sentidos en aprovechado receptor de las lecciones y experiencias ajenas, sembradas en suelo americano en beneficio americano.  El término inglés melting pot, que define al recipiente en el que se mezclan y funden elementos destinados a dar un producto mejor que sus componentes es el ideal para amalgamar la nueva aleación que bautice la futura edad humana. Porque de todas maneras la interdependencia mundial no permite y la existencia de culturas totalmente autónomas, no siendo de extrañar el caso dela India, en donde Mahatma Gandhi, el dirigente modernos más nacionalista y partidario del retorno a las raíces indígenas, ideó para su país una organización estatal copiada del parlamentarismo británico. Tampoco escapa a la observación el constante esfuerzo soviético por emular los niveles norteamericanos especialmente en la industria y en la producción.

Y por eso es justamente deseable quela América Latina, que no tiene taras propias que soportar, menos ajenas, emprenda un viaje hacia su destino arrastrando tras des si un bagaje de elementos seleccionados que se avengan con la idiosincrasia de sus gentes, y que de ninguna manera sitúen vallas artificiales en una senda ya suficientemente erizada de tropiezos.

La creatividad no es u presente del cielo, como el mítico maná; pero si es un premio o por lo menos una compensación a los embates de la adversidad, a condición de que éstos sean indesmayablemente resistidos. Ninguna gran civilización ha nacido en suelos demasiado generosos, que no demanden una permanente consagración al trabajo y una lucha perpetua para vencer la hostilidad de la naturaleza, aunque no solo naturales puedan ser los estrobos que se oponen al ideal de las superación humana.

Hay en efecto otros impedimentos para el arribo a la meta civilizada, y estos son los vicios sociales que la desidia hace permanentes, como el gobierno de las oligarquías o de las camarillas formadas en los cuarteles, penetradas de mesianismo, o lo que es pero, de una suerte de derecho para regir, sostenido en la fuerza del dinero o en la de las armas.

La creatividad, pues, es una respuesta a los retos que motiva la adversidad, por lo cual, América que conoce de modo general la bonanza climática y un tratamiento apacible por parte de las fuerzas de la naturaleza, tan duras en otras regiones geográficas, no debe dormirse sobre esos laureles, que es la mejor manera de languidecer hasta el desvanecimiento, sino adquirir conciencia de los males que amenazan su futuro, y combatirlos con entereza donde quiera que se presenten, aliados especialmente a los falsos apóstoles y más traficantes de las malas artes de la demagogia.

Es precio por último rechazar la falsa creatividad que a pretexto de autenticidad y de libre expresión del subjetivismo toma el atajo audaz de lo elemental, o sea de los ejecutable sin conocimientos y experiencia. Un distinguido escritor argentino, desde hace varios años candidato al Premio Nóbel de Literatura, no ha podido alcanzarlo por tener sobre si el estigma de escribir demasiado bien, o sea que, mutatis muntandi, para merecer el galardón que nunca recibieron Tolstoy y Joyce, hay que escribir mal, o apenas lo suficiente para cubrir los niveles de las empresas editoriales que se encargan de convencer al grueso público que descubren genios literarios que es obligatorio aceptar como tales para no pecar de ignorancia y no engrosar las filas oprobiosas de los denominados reaccionarios. Si esa clase de audacia fuera usada con los signos positivos y los esfuerzos que distinguen a los verdaderos valores, constituirían un más que poderoso impulso hacia la cima.

Bien sabido es que las noticias de prensa que se ha enseñado a la gente a preferir son las que refieren a calamidades de todo género, o qué contienen censuras, reproches o sátiras. Y también es notorio que si un escritor escoge para afilarse las uñas fiscalizadoras un tema latinoamericano, tiene ipso-facto la acogida del público internacional, ávido de creer embustes ajenos para fines de propia justificación. Pero si el literato es latinoamericano y se ensaña en el ataque de lo propio, su éxito está asegurado, porque está de moda denunciar, pero no sugerir remedios o soluciones. La postura más cómoda es la del crítico; pero no es la indicada para justificar el ingreso de nadie a los rangos de la elite creadora que arrastra consigo –en buena o en mala dirección- a la gran mayoría no creadora, a esa mayoría que obra milagros o produce catástrofes porque, nunca suficientemente comprometida, es guiada por minorías comprometidas.                                                

                               

(*) Armando Pesantes García: Ex Canciller de la República, embajador de carrera, jurista y escritor ecuatoriano, autor entre otros de “Las Relaciones Internacionales”, “Torre de Babel”, “ALa Sombrade Las Pirámides”.


1 comentario so far
Deja un comentario

Don Armando, que alegria saber de Ud. por esta via! Durante su estancia en Lima fui muy unida con Luisa, mi tocaya.
Mi email: lumisa@ aon.at. Un gran abrazo para toda la familia.
LuisaMiranda Sousa

Comentario por Luisa Miranda Maertens




Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: