coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


LOS TOROS Y LA TRADICIÓN – DE ISABEL LA CATÓLICA A GABRIEL GARCÍA MORENO. EL APORTE EVOLIANO

LOS TOROS Y LA TRADICIÓN – DE ISABEL LA CATÓLICA A GABRIEL GARCÍA MORENO. EL APORTE EVOLIANO:

Yo me considero un hombre de la Tradición –así Tradición con T mayúscula- de hecho me considero un Tradicionalista radical y revolucionario. La Tradición es la juventud de lo eterno y está sobre y más allá de cualquier ideología política caduca, de cualquier etiqueta de derechas o izquierdas- así derechas  e izquierdas con d e i minúsculas-. Como ya he dicho el mayor y peor enemigo de la Tradición es el conservadurismo. La Tradición no es el apego inmóvil, estéril e insensato a una costumbre, no; tan así que esta se configura como la única vía real para una ascensión efectiva y perenne en nuestro país y en el mundo, haciendo tabula rasa para comenzar de cero, devolviendo el significado a la palabra re-volución.

En ese sentido todos los grandes tradicionalistas revolucionarios han sido factores de dinámica y definición histórica increíble.

El día de ayer se ha anunciado que este año no habrá feria de toros en Quito por sus tan manoseadas fiestas de fundación, y yo apoyo ese hecho. Mi base para eso además de personal, es histórica y de convicción re-volucionaria (volver a los orígenes). Quien me conoce sabe que mis referentes son los hombres y las mujeres de acción –la mejor oración es la acción- que han llevado adelante la única vía del Hombre, que es hacia lo alto.

A diferencia de muchos noveleros he mantenido una coherencia anti-taurina prácticamente toda mi vida. Desde niño, cuando alguna vez fui llevado a la plaza, aprecié  como un espectáculo insensato a las corridas los toros, en el trayecto de mi pubertad y adolescencia tomé un rechazo aún más notorio hacia esta manifestación decadente sobre todo desde un aspecto social, debido a que entonces atravesaba por una profunda misantropía (que no la he superado del todo y que nunca lo haré) antihumana, y como tal me repugnaba ver que los toros ofrecían el escenario perfecto para un espectáculo aberrante de complejos y taras individuales y colectivas, además del horrible efecto y nulo resultado de la muerte del animal a vista del resto de animales “racionales”. Por lo mismo no me sorprende hoy que está de moda ser anti-taurino, muchas tarados (individuos, que no personas, llenos de taras) se hayan cambiado de bando y hayan olvidado cuando iban a la plaza con el jean, la camisa y el sombrero de rigor… además de la bota de vino y del vulgar españolismo de temporada… y así sin más celebren la desaparición de lo que alguna vez inflaba su ego pleno de inseguridades y de auto-negación. No señores, yo nunca fui a la plaza de toros durante mi vida consciente y voluntaria.

Es verdad que en un principio la tauromaquia evocó un sentido mítico y simbólico primordial, si se quiere se la pudo considerar hasta como una re-presentación casi ritual solar mitráica. Re-presentación por cierto, concebida para ser observada por pocos y para realizarse por más pocos aún. Hablo en su origen, de allí en más desembocó en un despistado circo donde a costa del dolor animal se levantaban y alimentaban las pasiones más bajas de la chusma contumaz. Que en América y en el siglo XX se le haya querido dar un carácter hispanicista o hasta aristocratizante no es más que el resultado de los complejos de la “conformación social” americana esquizoide  pos “independencia” -conformación que por ser social, o sea el mero aglutinamiento de la suma de individuos no puede ser más que destructiva, contraria a la estructuración comunitaria y orgánica-.

El más vivo ejemplo de cómo la Tradición y la tradición no han estado en concordancia en este asunto, es el hecho histórico que uno los grandes pilares de la Tradición hispánica como lo fue Isabel la Católica haya sido una ferviente “anti-taurina” en su época, al punto de prohibir la feria en todo su reino, por considerarla cruel y embrutecedora, medida que posteriormente tuvo que ser derogada debido a la gran presión popular en contra de esta –Isabel debe ser recordaba y evocada en cuerpo entero, por ej. en su lucha contra los millonarios y anárquicos señores de Castilla- . Asimismo, resalta el hecho de que el Papa  Pío V, santo de la Iglesia Católica, también haya prohibido mediante bula la participación de fieles de su religión en ese espectáculo. Ya en nuestros pagos, debemos recordar que el quiteño Mons. Gaspar de Villaroel en el siglo XVII promovió y de hecho prohibió para los feligreses de su diócesis la participación ya sea como partícipes o como espectadores en las corridas. Finalmente en el siglo XIX, Gabriel García Moreno, considerado erróneamente por los sectores conservadores como un conservador (una vez uno de los más enfermizos conservadores ecuatorianos que he conocido me dijo que “si alguien fue realmente revolucionario en el Ecuador, ese fue García Moreno”), en realidad un tradicionalista revolucionario –como bien lo calificó Jorge Luna Yepes-, también llegó a prohibir las corridas de toros y las peleas de gallos, por considerarlas indignas, hecho que finalmente no pudo perdurar debido a la presión telúrica de la masa democrática que por entonces empezaba a formarse en nuestro país.

Julius Evola consideraba que a fin de permanecer en la Tradición, se debía hacer una selección de tradiciones, no todas por serla se constituyen como positivas y como realidades fundamentales de la Tradición –de hecho muchas de estas son espurias infiltraciones demónicas- . Siendo hispanista no puedo caer en el error craso de creer burdamente que las corridas de toros de alguna manera  son un estandarte de la hispanidad en este mundo en ruinas, decir eso, es como decir que si en el caso de que fuera germanista reivindicara el Oktoberfest (fiesta folklórica alemana donde la cerveza tiene una importancia crucial) como un ejemplo de esa supuesta germanidad, en medio de tragos y canciones burguesas, celebrando el Oktoberfest en la Alemania del XXI, donde los principios fundadores del germanismo como la jerarquía y la distinción disciplinada no existen más. Asistir hoy por hoy al Oktoberfest como prueba o defensa de la germanidad es tan ridículo como apoyar las corridas de toros en Quito por una supuesta hispanidad.

Me alegro en lo profundo que no haya corridas de toros este año y espero que se abolan de una vez por todas. Una fiesta vaciada de contenido y significado no tiene por qué ser. En lo futuro preferiría evocar y si me es posible participar, antes que nada, en el “deporte” preferido hispano: la guerra.

¡No señores! El folk-lore no es Tradición. La Tradición es la juventud de lo eterno y como el fuego a donde llega alumbra y quema.

Francisco Núñez del Arco Proaño / 2012-11-16           


1 comentario so far
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Creo que Gracía Moreno es un hombre que debe ser comprendido mejor, estaba adelante de su tiempo , lo veo como un Donoso Cortes con poderes políticos, su oposicion a los toros es congruente. En México un presidente liberal como Juárez prohibió los toros y el Presidente Carranza lo hizo tambien de 1915 a 1920.La afinción barbará es defendida por intelectuales católicos como una aproximación a la muerte que debe ser comprendida hasta por los niños. Como si la muerte en México no fuera cosa de todos los días y en cualqueir parte.

Comentario por Juan Pablo Herrera Castro




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