coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


¿Qué viva Quito?

La vocación irrenunciable de Quito

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Platón sentencia en su República:

Hay un modelo fijado en los cielos para quien quiera verlo y que, tras haberlo visto, quiera conformarse a él. Pero que exista en algún lugar o haya de existir jamás, es algo carente de importancia: porque éste es el único Estado en la política del cual él pueda considerarse parte.

El 6 de diciembre de 1534 si bien no fue la fundación oficial española de la ciudad -San Francisco de Quito se funda el 28 de agosto del mismo año en Santiago de Quito, cerca de la actual Riobamba. Como señaló alguien, San Francisco de Quito fue fundada a control remoto, sin embargo, el 6 de diciembre sí fue el día del asentamiento definitivo de San Francisco de Quito, la Quito española, en su actual ubicación. En esta fecha, hace 478 años el mítico Reino de Quito en este espacio geográfico, fue refrendado por el Capitán Sebastián de Benalcázar (Sebastián de Belalcázar, su nombre de nacimiento era Sebastián Moyano); de las cenizas del Quitu milenario creado por el Sol surgiría el Quito Hispánico fundado por los “nuevos césares” de la era contemporánea. Con orgullo debemos presentarnos frente a los postreros legados suyos.  Es verdad que los hábitos de estos arriesgados en viril heroísmo extintos están, perdidos en el mito y en la historia, Quitumbe, Atahualpa, Rumiñahui, Benalcázar, Carlos I y V ya no son más materia, sin embargo… están llamados estos a celebrar una resurrección única.

Pero, ¿qué es Quito?, ¿una ciudad? ¿Un asentamiento y conglomerado de gente? ¿Una simple urbe más?…. No, si pensamos así nos equivocamos  y de forma grave… Quito no es otra cosa que el surgimiento de un mismo principio espiritual, de un mismo principio metafísico que en  el Mundo Tradicional –como bien señala Eduard Alacátara-  siempre se caracterizó por tener las miras puestas hacia lo Alto. El hecho Espiritual impregnaba su discurrir. En lo Alto oteaba orden: el Orden del Cosmos, los siete Cielos enunciados y descritos por cierta metafísica… Y si en lo Alto oteaba un Orden que se había impuesto a la nada o al caos previos, quiso -dicho Mundo de la Tradición- instaurarlo aquí abajo como si se tratase de un reflejo del imperante allá arriba. Pretendió hacer de la Tierra un espejo de lo que veía en el Cielo, pues siempre concibió que el microcosmos debía de asemejarse al macrocosmos o, lo que es lo mismo, lo de abajo a lo de arriba. Y para que ese Orden cósmico imperase en la Tierra debería de existir –aquí abajo- una fuerza centrípeta que evitase la disgregación de los diferentes elementos que debían acabar tomando parte de él –de ese nuevo orden– y que debían acabar haciéndolo realidad. Y esa fuerza centrípeta aglutinadora no podía revestir otra naturaleza que la espiritual. La Idea (en el sentido trascendente) sería el eje alrededor del cual giraría todo un entramado armónico. Una Idea que a lo largo de la historia de la humanidad ha ido revistiéndose de diferentes maneras. Una Idea que -rastreando la historia- toma, por ejemplo, cuerpo en lo que simbolizaba la antigua Roma. Esta Idea no es otra que la del Imperio, dando el origen a los diferentes Imperiums (entendiendo Imperium como la “unidad de gentes alrededor de un ideal sacro”), y no fue otro más el origen y la vocación TRUNCADA de Quito.

QUITO, LA DOS VECES TRUNCADA SEDE IMPERIAL

Siendo estrictos en cuanto al aspecto histórico de nuestra urbe[1], debemos anotar que Quito jamás llegó a ser capital imperial de derecho en las dos oportunidades que tuvo para ello.

Es un hecho innegable que por cuestiones político-religiosas (como en la mayoría de civilizaciones, excepto la moderna, política y religión no estaban desligadas) los Incas estaban decididos a trasladar la sede de su Imperio hacia Quito, y fue tan así que Quito debía ser la tercera Cuzco, siendo que la segunda Cuzco fue Tomebamba cerca de la actual Cuenca del Ecuador. Y cuando todo estuvo preparado para que Quito fuese oficialmente el Eje del Mundo andino, su Axis Mundi, sucedió esa hermosa tragedia llamada la Conquista de América por parte de Castilla, León, Aragón… etc. Y lo que pudo haber sido entonces quedo en medio de una pausa cósmica[2].

La segunda oportunidad que se le presentó a la ya San Francisco de Quito de ser Sede Imperial, fue con el proyecto monárquico del Gral. Juan José Flores, en la década de 1840. Donde el  “Restaurador de la Monarquía en Ecuador, Perú, y Bolivia” con trono en Quito jamás pudo coronarse… Y no pudo coronarse porque la gran finanza londinense no le convenía que sucediera tal y así boicotearon el proyecto. Entonces fue un príncipe europeo Rey no coronado de Quito y Emperador de un nuevo Imperio y de una nueva dinastía quiteña hasta ahora inconclusa.[3]

En este punto vale recordar que “pecaron” de monárquicos e imperiales los mismos libertadores de América del Sur: Bolívar al final de sus días, y San Martín desde el vamos.

Quito, el Quito, San Francisco del Quito… entonces solo puede ser entendido como un ente imperial. Imperial fue cuando Atahualpa “el primero de los reyes del Mundo” que a nadie debía acatamiento, quién adoraba a un “dios vivo, el Sol, (que) vive y hace vivir a los hombres” –cómo el mismo lo señalara- lo asentó como su capital de facto; Imperial fue cuando Benalcázar la refundó “en nombre y al servicio de su Imperial Majestad” Carlos I de Castilla y V del Sacro Imperio Romano Germánico, como se señala en el acta de su fundación… Y amagos de espíritu imperial, si bien ya infectada la idea con valores deletéreos, incluso lo podemos detectar en fechas memorables para la historia oficial, como cuando la junta del 10 de agosto de 1809 proclamaba al mundo y a nuestra América “La sacrosanta Ley de Jesucristo y el IMPERIO[4] de Fernando VII, perseguido y desterrado de la Península, han sentado su augusta mansión en Quito”; Imperial fue cuando García Moreno hizo de la capital republicana la sede de un Imperio espiritual, que aún sin tener ese nombre lo fue… y recordemos, como ya se ha anotado, que incluso el primer presidente del Ecuador Republicano, Juan José Flores, “padre de la patria” y uno más de los “libertadores” no quiso sino otra cosa que instaurar un Imperio que se enseñoreara sobre esta parte del continente.

Sin duda en la mayoría de estos casos la unidad de las gentes estuvo basada en un ideal sacro, el ideal de la jerarquía, que lleva hacia lo eterno, que supera a la mera materia, la organización que vence al tiempo.

SER O NO SER

A pesar de lo dicho, hoy todo esto es incomprendido o peor: es odiado, porque no se entiende que la gloria eterna es en función de la Idea, de la Trascendencia… de lo Alto… es cuando entonces todos los hechos de nuestra gloriosa historia son tergiversados… el Inca y su sistema, ¿una salvaje persona?, la Conquista… ¿un genocidio, acaso?…, el 10 de Agosto ¿una revuelta subversiva?, el proyecto floresano ¿traición a la Patria?, el período garciano ¿una brutal tiranía?… NO… porque además de contrariar la verdad de los hechos históricos, de ser así no seriamos más que los hijos del latrocinio, de la lujuria, del palo, del garrote y del infeliz rigor guiado por los intereses venales de un puñado de míseros seres. Inlcuso en función histórica, no podemos  exigir mentalidad contemporánea en europeos y menos en aborígenes del siglo XVI o en americanos del siglo XIX -como ya lo dijo Luis Pallares Zaldumbide-,  todos con su valentía sin límites, su audacia, su fe, son genuinos valores humanos y más que humanos en muchos casos, dignos antecesores de un pueblo, de una nacionalidad… pero ¿de cuál nacionalidad?… la ecuatoriana muchos pensarán… mas, nuestra verdadera nacionalidad no es otra que la imperial quiteña… De hecho nuestra vocación nos lleva a superar la noción de nación y a ser supranacionales, a ser universales en un punto. Y este es un precedente de infinita trascendencia sí anhelamos llegar en exploración de la Nación hasta los mismos orígenes de nuestra Patria; y que confirman también, en nuestro caso particular, la posibilidad de un ecuatoriano, o mejor de un quiteño altivo, seguro de sus propias virtudes y lleno de fe en su propio ser.

Se podrá objetar que Quito como ente imperial, pudo haber sido algo inexistente, un reflejo celestial trunco como lo dice Platón, pero esto simplemente no es así, la verdad histórica nos lleva a los orígenes solares-heroicos-imperiales de Quito, sin embargo, aún más allá de la verdad histórica, está la verdad trascendente…. Quiteños fueron y son quienes han hecho Patria en torno suyo… han hecho Patria con su Sangre, con su Espíritu, y con su Voluntad, quiteños, fueron desde Atahualpa quien impuso esta como su sede de facto, quiteño fue Benalcázar que dio su voluntad y su victoria por Quito; quiteños fueron los argonautas de la selva como Orellana que nos dio un mundo a orillas del río-mar Amazonas, llave de un continente; quiteño fue Carlos I y V quien amó y procuró la edificación de su  lejana ciudad; quiteño fue García Moreno quién hizo de Quito extensión de su ser… y todos ellos habrían hasta el final de su vida guardar en su mente y en su corazón la misión que la Divinidad les encomendó en otro diciembre de hace ya algunos siglos… Erigir, refundar y posar lo que es más que materia, lo que es la fuente e inspiración de aquellos que son más que hombres, el Orden que debe establecer una verdadera jerarquía, diferenciar nuevas dignidades y, en la cumbre, entronizar la superior función del mando, del IMPERIUM, de quien es verdaderamentre libre, señor de sí mismo.

¡Quito, Quito, Quito! Este nombre retumba con fervor en los corazones de los verdaderos quiteños, sin importar de dónde hayan nacido… después de todo, ¿qué es el Ecuador sino la degeneración del Quito[5]? Quito, el Quito, que no es otra que la Patria en sí, pues la Patria es poseía, la poesía es creación y la creación es Don Divino… Así “la cara de Dios” en la tierra, la “Luz de América”  imperial protegió y cuidó de sus proles, hasta cuando se apartaron de su principio generador. Hoy cuando la mediocridad campea, cuando la estupidez se enseñorea, cuando la vileza y la bajeza se glorían de sus fechorías, cuando los hombres renunciaron a su misión divina separándose de los cielos con la excusa de dominar la tierra, dando primacía a los bienes materiales… finalmente llevándose a sí mismos a la caída total…  pagando un precio alto por eso. Hoy ya nadie más recuerda o no quiere recordar, que frente a la bajeza, y la putridez de la modernidad subversiva y subvertidora… en algún lugar están los muertos que nos observan, y  aborrecen lo que se ha hecho de su creación y simiente… nos dicen desde allí a todos quienes queremos tomar la lucha para regenerar la gloria de nuestro Quito, de nuestra nación quiteña… ¡no olvidéis que hubo una época que los dioses fueron quiteños!

Mi bisabuelo, Luis Proaño Calderón, pudo afirmar el mismo año de mi nacimiento:

El 6 de diciembre de 1534 es fecha inmarcesible que no debe olvidarse y que estará presente en la mente ciudadana, cual azucena que no puede marchitarse… Nuestra Capital celebra su clásica fecha, SEIS DE DICIEMBRE (mayúsculas en el original), con orgullo santo, haciendo honor a sus blasones y a sus glorias del pasado y del presente… Estará esta fecha en los fastos memorables de la Historia de la América Meridional, ungida cual óleo sagrado por el oráculo romano con caracteres de eternidad. La ciudad de San Francisco de Quito, que recibió su bautismo en manos de su Fundador el Adelantado don Sebastián de Benalcázar y que recibió de lo alto la insignia de su cristiandad, se viste de gala en su efemérides para decirle al mundo, desde este balcón de América Hispana e India, y a todos los ecuatorianos de su fe en el destino histórico… bajo el impulso creador de sus esforzados hijos de esta tierra alma de nuestra nacionalidad. Esta ciudad a la vez mestiza y española, dueña orgullosa de su abolengo aristocrático, cada SEIS DE DICIEMBRE irradia de luz, de alegría y de gozo. Necesitamos la obra práctica… su superación cultural, a manera de heredera de la civilización de Occidente.[6]

La superación cultural, nuestra superación cultural, no puede ser otra que corresponder a nuestra vocación. Concluyo concordando con Jorge Luna Yepes que “El Ecuador – como heredero de Quito- ha encarnado el sentido trascendente de la vida frente al pragmatismo utilitario…” ha llegado la hora entonces de  “abandonar la vileza y cobardía de los hombres de ALMA CADUCA y espinazo corvado”, debemos re erigir la “Patria  que será lo que nuestra voluntad elija… está en nuestras manos levantarla.”

Respondamos al espíritu de nuestros héroes, al llamado de los muertos, seamos leales a nuestra tradición de gloria, idealismo y dignidad. Formemos nuestra NUEVA conciencia, levantemos la frente, lancémonos a vencer, lancémonos “…a  la reconquista de lo que fue nuestro. ¿Qué fue nuestro? Nuestra fe, nuestra grandeza imperial. EL IMPERIO.”

Ante todo esto vale preguntarnos:

¿Qué viva Quito?

¡Qué viva lo eterno, qué muera lo viejo!

Alejemos de nosotros a la Quito falsa. Quito será Imperio o no será.

Por Francisco sin tierra, séptima generación de ecuatorianos, novena generación de quiteños, décima generación de quiteños audienciales y undécima generación de americanos por varonía

RELACIONADO: Ecuador: Caos y forma


[1] “Ciudad y urbe no eran palabras sinónimas entre los antiguos. La ciudad era la asociación religiosa y política de las familias y las tribus; la urbe era el lugar de reunión, el domicilio, y sobre todo santuario de esta asociación.” – Numa Denis Fustel de Coulanges

[2] Poderosa analogía histórica es la que podemos realizar en este sentido con la traslación de la sede imperial romana, primero de la Roma fundacional, a la segunda Roma, o sea Constantinopla y de esta a la que debía haber sido o pretendió ser su sucesora: Moscú, la tercera y truncada Roma.

[3] “No había nada de vergonzoso en ser monárquico en la América Latina de los primeros años del siglo XIX. Tres siglos de gobierno colonial habían moderado la sociedad y las instituciones gubernamentales bajo principios autoritarios y aristocráticos, notablemente diferentes de los de la sociedad anglosajona de Norteamérica.” – Mark Van Aken

[4] Imperar y Gobernar en castellano son sinónimos.

[5] Según la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (SENPLADES) son “cinco (los) momentos importantes para la construcción de un Estado nacional” y cinco los presidentes que lideraron estos: 1) Gabriel García Moreno 2) Eloy Alfaro 3) Isidro Ayora 4) Guillermo Rodríguez Lara y 5) Rafael Correa. FUENTE: PLAN NACIONAL PARA EL BUEN VIVIR, Quito, 2012, pág. 104. Llama la atención la ausencia de un solo quiteño entre los 5, lo que vendría a desmontar la idea (siempre siguiendo a la SENPLADES) de que “la construcción de un Estado nacional” ecuatoriano fue una obra de quiteños y de Quito, en  el sentido más estricto del gentilicio.

[6] En Quito – Ciudad de ensueños. Revista Magazine Internacional N° 71, Quito, diciembre de 1985.


1 comentario so far
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que grande! el artículo y el autor del artículo.

Comentario por El Cristiano Viejo




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