coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Las líneas que dividen las casas

Las líneas que dividen las casas

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El mundo se acabó hace mucho. Vivimos en medio de ruinas.

La desoladora modernidad, la árida modernidad como tal, es el producto directo de las universidades, instituciones paradigmáticamente positivistas que han despojado al hombre su parte trascendente para obligarle a reptar por el suelo. No, la solución no es la educación de los padres, mucho menos su masificación, en el mejor de los casos la educación nos puede conducir al desarrollo capitalista privado o de Estado. La educación formal nos lleva a profundizar los errores que abren todavía más el agujero en el cual nos hundimos desde hace siglos.

Personas aisladas, personas y no individuos, van surgiendo en las generaciones presentes, excluidas y auto-marginadas de estas, van adquiriendo consciencia y separándose de la seudo realidad que les rodea. Afirmándose en ellas mismas, dan la espalda a lo caduco, dejando que muera lo viejo y viva lo eterno, comprendiendo que no tiene sentido, ni siquiera interés estar ni contribuir con la o las sociedades putrefactas donde se encuentran cada uno.

Algunos seguros de sí mismos se alejan de la educación oficial que a otros aliena e intoxica para sostener lo insostenible, un mundo en ruinas que no termina de caer, que no termina de podrirse, como si un demonio mantenedor, con quien sabe que oscuros fines, quisiera perpetuar el caos organizado en el que vivimos. Experimentan visiones, visiones de un presente no lejano donde el fuego y sólo el fuego dará paso a lo nuevo.

Aquellos miembros de nuestra generación que rompemos con las normas acatadas por los padres, dado que son contradictorias y ridículas, nosotros los jóvenes del espíritu despedazamos el ciclo del materialismo porque en nosotros ya existe un mundo nuevo… y esa, es nuestra única verdad.

Las líneas que dividen las casas aparecen, lo que fue no debe ser más. Las líneas que transitamos sostienes el solar de los antepasados, el solar de la raza. Todo pasa, todo cambia, todo se transforma. La casa de nuestras estirpes nos pertenecen aunque la que fue la casa de nuestros padres no lo es más para nos.

Rodeando los términos, rompiendo los ciclos, consumando la verdad por las casas solariegas del mundo que vendrá.

mishima

 

(Simpliciter Francisco)


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