coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


EL PROBLEMA NO ES EL DINERO, EL PROBLEMA ES EL CRECIMIENTO DESCONTROLADO DE IMBÉCILES
mayo 20, 2015, 11:45 am
Filed under: Debate, Exégesis, Metapolítica | Etiquetas: , ,

EL PROBLEMA NO ES EL DINERO, EL PROBLEMA ES EL CRECIMIENTO DESCONTROLADO DE IMBÉCILES: El rasgo más repugnante de nuestro momento histórico es la democratización de cada aspecto del devenir humano. Existe desde hace siglos –justo desde el irrumpimiento del capitalismo moderno- una controversia en torno a las propiedades intrínsecas del dinero, sin embargo es un debate estéril, debido a que éste no es más que una herramienta, como lo podría ser un destornillador, un martillo o un cuchillo. No cabe juicio moral entonces sobre si el dinero es bueno o malo –o positivo o negativo, mejor-, sería como debatir si un martillo es bueno o malo, puesto que puede servir para construir como también para matar a alguien a martillazos en la cabeza, por ejemplo, y se si quisiera ahondar también sería debatible en su último uso si fue “bueno” o “malo”. El gran problema de nuestro tiempo es la proliferación y la democratización de la imbecilidad, la masificación de los imbéciles y su aceptación como normalidad. Tal es así, que con las drogas vemos como su uso masivo va degradando en su conjunto a las sociedades humanas, mas en otro momento histórico, su uso adecuado por una capa específica de una sociedad significaba un equilibrio permanente del conjunto –la democratización de las drogas, no su uso, es otro de los problemas actuales. Con el dinero sucede lo mismo, no es un problema en sí, EL PROBLEMA ES QUE LA RIQUEZA SE ESTÁ DEMOCRATIZANDO CADA VEZ MÁS (las ideologías políticas que propugnan la redistribución de la riqueza antes que el perfeccionamiento del ser en todas las capas sociales, son parte principal de ésta problemática catastrófica). Una fortuna en un Habsburgo servía para fundar un Imperio, por ejemplo, hoy una fortuna en cualquier hijo de vecino que la adquirió o heredó por los medios que fuere sirve para que se abra una cuenta de Instagram y suba fotos de sus imbecilidades en una permanente búsqueda de afirmación externa o para que, en el mejor de los casos, viva bien junto a su prole y congéneres imbéciles, dejando demasiados de éstos regados por el mundo. La raíz del inconveniente es ontológica. Una mula con patines de hielo no pasará de ser una mula con patines de hielo, por el contrario, un campeón olímpico con patines de hielo será un campeón olímpico. Vivimos una especie de contra selección natural. Así, por poner una cifra cualquiera, 10 millones de dólares para un cualquiera serán 10 millones desperdiciados en una vida que nunca valió ser vivida, en una vida para el basurero de la existencia con todo el legado negativo y expansivo del detritus que deja; en cambio, 10 millones de dólares para un señor, significarían por lo menos la expansión de sus potencialidades y perfeccionamiento si no el incendio total del mundo tal como lo conocemos. Pero existen cosas que no se compran, la sangre y su espíritu inherente es la más importante de todas ellas.

instagram_imbeciles


1 comentario so far
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Querido amigo, es usted un Celine… discúlpeme si la comparación le parece odiosa. Como quiera que sea, sus palabras trascienden la diversión marcada por cualquier estética y son tristemente ciertas. ¡Cómo quisiera que usted estuviese equivocado y fuera un exagerado de pelo a pelo! Como quiera, tal vez me permita una insignificante contribución a manera de complemento cuasi estético también:
Podemos definir a la palabra decadencia como un período histórico en el que una sociedad declina y los valores que la constituyen se debilitan hasta provocar su desintegración. (Ojo, pienso en los valores como seres autónomos, no en una mera personificación literaria; son entes conceptuales y conceptualizantes de la realidad, legítimos y constituyentes de la historia de la comunidad. Una manifestación de poder autónomo que da vida y forma a lo que será más tarde la cultura y los principios básicos sobre los que se asentará la estructura social) La decadencia -ello- es una verdadera caída seguida de una implosión en la que el sistema caduco se consume a sí mismo –nótese cierta analogía casi perfecta en el mundo natural con los gusanos que consumen la carne putrefacta, o tal vez, con la forma como los anticuerpos atacan a los propios dueños a quienes deben proteger en las cada vez más famosas enfermedades autoinmunes-. Una muestra de que la fatalidad está afincada cada vez más cerca de todos nosotros es el ello: el día a día de la imbecilidad y la basura a la que atacan con hambre voraz los parásitos del sistema consumiendo sus propias vidas y las de su prole, que ahora sólo nace para consumir. Una suma de individualidades que no piensa, sólo consume y vive para consumir. No existen en realidad. Es un instintivo ser-en-sí que no trasciende. En contraposición al Dasein heideggeriano –si se me permite la alusión-. Pero esos detalles ya los ha explicado usted ampliamente y mejor que yo. Sin embargo, lo que me sorprende mucho es que por alguna razón el sistema no tiene conciencia de nada de esto, acaso sea una forma de entenderlo el hecho de aplicar aquí la máxima Bíblica del Antiguo Testamento “Los vivos saben que morirán; los muertos, nada saben. No tienen nada que esperar: son sólo un recuerdo olvidado” (Eclesiastés 9, 5). Así entendemos por qué se dan ciertos fenómenos del sistema que en la búsqueda de cumplir con el mismo y defenderlo, terminan acelerando inexorablemente su descomposición. Entre estos fantasmas del pasado y ‘recuerdos olvidados’ se pueden divisar las instituciones democráticas que están supuestamente para velar por él y protegerlo, como dignos anticuerpos del sistema (sistema = decadencia), sólo pueden ser anticuerpos del ello que se resisten a desaparecer, pero al fin y al cabo fomentan al ello, refuerzan al ello en su incesante declive. Deformando los valores y destruyendo lo que queda del torrente sanguíneo de la comunidad: La tradición. En ese marco de circunstancias aparecen el Socialismo del siglo XXI y las demás ridiculeces que dan una imagen diferente de modernidad. Diferente pero de modernidad al fin y al cabo. Tómese como ejemplo de esta decadencia la marcha de París en repudio a los ataques contra el semanario Charlie Hebdó: El palestino Mahmoud Abbas y el israelí Benjamin Netanyahu acompañaron a Hollande, así como los dirigentes de numerosos países europeos, incluyendo la alemana Angela Merkel, el británico David Cameron, el español Mariano Rajoy y el italiano Matteo Renzi, entre otros. Son increíbles las diferencias políticas y los amplios márgenes de izquierda y derecha entre los marchantes. Sin embargo todos fueron uno.
El sistema está condenado y qué gratificante es encontrar a personas, al menos una, que se resista a hundirse con él.

Saludos.

Comentario por Alberto




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