coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Bienaventurados los hijos del Ecuador

Siempre me pregunté: ¿Por qué nací en el Ecuador?

Mientras crecía y me interesaba en la realidad nacional no pude evitar, evidentemente, la comparación con otros países del mundo, en particular con los de América y en especial con los de América del Sur.

Veía que había otros países con otra historia, con otras características, con otras realidades, con otro presente. Y al ver al Ecuador no comprendía por qué era como era: apenas un puñado de hombres, acaso, valían en sus casi dos siglos de existencia.

No importaba a donde mirara, sólo veía una oscura estela de caos y destrucción… Amor a la subversión y odio al orden… Odio encarnizado hasta para negar nuestro propio pasado, tergiversarlo y convertirlo en un arma contra nosotros mismos… Ni siquiera era capaz de reconocer una sana reacción para revisarlo todo, o peor, para corregirlo… Con honrosísimas excepciones.

¿Cómo podíamos ser nación sin tener los fundamentos para serlo?

¿Cómo podíamos ser algo?

¿Cómo podía yo ser parte de eso?

Y han tenido que transcurrir 29 años -casi 30- para que finalmente comprenda y agradezca el haber sido ecuatoriano.

Somos un trance. Nuestra paradoja es enorme y terrible.

El ciclo de la generación ha roto el molde en nosotros.

¡Qué hermoso es poder ser ajenos a la historia y al tiempo, qué hermoso es!

Estamos solos, hemos nacido solos en la nada. Mas, de la nada surgen las cosas.

Contigo y sin ti… Morena la ingratitud…

“Bienaventurados los hijos del Ecuador; como a ellos nada se les ha dado, nada les será exigido”.

(De un texto franciscano)

¡Huayrapamushkas carajo!

Está naciendo algo nuevo bajo el sol.

Curiquingua-Phalcoboenus-curunculatus-Ecuador



“ENDOWMENT FUND” PARA LA HISPANIDAD

El que quiera oír, que oiga… Lo importante es que esta idea sea recogida por alguien algún momento:

“ENDOWMENT FUND” PARA LA HISPANIDAD

Estimados amigos hispánicos e hispanistas: Un “endowment fund”, sepan disculpar el anglicismo, es un fondo establecido por una institución en el que se aporta con fines específicos para operaciones con propósitos específicos. Los retiros de éste son específicamente para esos propósitos. Este tipo de fondos financieros son usualmente utilizados por organizaciones sin fines de lucro, como universidades, institutos culturales, hospitales, etc., y se basan en donaciones y aportes de los socios de la institución.

A qué viene todo esto. Y bueno, es una propuesta de proyecto que seguro será de su interés. No tengo el gusto de conocerles en persona, pero todos nosotros compartimos el ideal de la Hispanidad y en nuestra medida hemos luchado por aquel.

No me quiero extender, así que seré simple, liso y llano: La vía política y casi cualquier otra está agotada para nosotros de casi cualquier forma en este punto de la decadencia global, es decir dentro del sistema del Estado-nación inscrito en el sistema-mundo de la globalización hacia el Nuevo Orden Mundial, desde México a Argentina, pasando por España, y por supuesto Ecuador, mi país, mi patria chica. Así, nuestra única solución es crear nuestro propio medio de supervivencia y perpetuación contra más de dos siglos de mentiras y putrefacción de nuestra gente. Es decir, crear nuestro propio Estado (a quien le interese profundizar puede leer este artículo mío:https://coterraneus.wordpress.com/…/del-fin-del-estado-naci…/ ). El primer paso para esto es adquirir tierras y crear primero una comunidad, y posteriormente extender los territorios y las comunidades, una vez que el núcleo fundacional sea capaz de auto-sustentarse y expandirse. Tal como Pelayo en Covadonga, tenemos una reconquista por delante.

Para esto, señores, necesitamos dinero. Seamos realistas. El fondo propuesto es el adecuado para un proyecto de este tipo. El mismo debe funcionar como una sociedad empresarial, donde los socios aporten anualmente una cuota y a su vez seamos capaces de recolectar donaciones de terceros de todos los montos, de ser posible grandes donaciones de potentados económicos que puedan estar interesados en la defensa de la Hispanidad, si existieran, de ser necesario en el discurso debemos vincular sus intereses económicos a nuestro objetivo. Miles, quizá decenas y cientos de miles de hispanistas hay en el mundo, debemos buscarlos a todos ellos mediante las vías virtuales que facilitan las cosas hoy por hoy, específicamente mediante una sola página web que aglutine el proyecto, dándole el nombre que deba tener, para así ofrecerles el servicio del proyecto. Como casi nadie, por muy convencido que esté, da nada a cambio de nada, debemos ofrecer servicios específicos a cambio de las donaciones y la sociedad: una revista virtual cuyo costo es prácticamente nulo, para quienes aporten un básico, y para los “socios mayoritarios” por utilizar jerga capitalista, debemos ofrecerle ser parte plena del proyecto, con ocupación de la tierra, del feudo venidero.

Es decir, necesitamos accionistas, y sé que suena extremadamente capitalista esto último, pero es necesario movernos así, no podemos ser ilusos, que esa ilusión nos ha costado siglos desperdiciados. No todos podrán ir a vivir una vida así, por cuestiones familiares, sociales, personales, etc., incluyendo quizá algunos de ustedes, pero cuando lo concretemos sabrán que por lo menos tienen un lugar donde refugiarse entre los suyos de la modernidad que se cae a pedazos. Aprendamos de nuestros enemigos: la solidaridad, la paciencia y la planificación con décadas, siglos inclusive, son su fortaleza.

Finalmente, para que no se crea que yo pueda tener intereses económicos en una idea así, estoy convencido de que un tercero que no sea yo en un tercer país, que no sea Ecuador, es quien deba ser nombrado administrador del fondo, quien debe tener un sueldo para poder llevar adelante la tarea administrativa del fondo, del cual por supuesto deberá rendir cuentas permanentemente. El fondo, el proyecto y su ejecución deberá estar dirigido por una Junta –de la cual por supuesto seríamos los fundadores- que sea la que tome las decisiones en todos los casos, jamás el administrador. A mí se me ocurre que Argentina, el país más hispánico de América con disponibilidad de espacio despoblado y un Estado débil (o quizá España), o Bolivia por su situación y circunstancias estratégicas, son un buen lugar para establecer el fondo e iniciar la ejecución del proyecto a partir de un monto base señalado al cual deberemos llegar, quizá 100 mil dólares es una buena base, para la compra de las tierras. También parte del fondo podría servir para publicaciones de divulgación y para la formación de un “think tank” capaz de influir en el entorno en beneficio nuestro, sin embargo, pienso que debemos tener un perfil bajo. Más allá de dar a conocer esto públicamente, como lo será.

En fin, es tan sólo una idea, pero de ideas se ha forjado la historia del Hombre.

Francisco sin tierra

“Cataluña fue una de las regiones de España más tradicionalista. He aquí el estandarte, cubierto de gloria, de los zuavos carlistas catalanes de la guerra de 1873. Defendiéndole murieron sucesivamente cinco oficiales de las fuerzas de la tradición.” Y ASÍ TERMINA TODO, HASTA LA MÁS TRADICIONALISTA DE LAS REGIONES DE LAS ESPAÑAS

“Cataluña fue una de las regiones de España más tradicionalista. He aquí el estandarte, cubierto de gloria, de los zuavos carlistas catalanes de la guerra de 1873. Defendiéndole murieron sucesivamente cinco oficiales de las fuerzas de la tradición.” Y ASÍ TERMINA TODO, HASTA LA MÁS TRADICIONALISTA DE LAS REGIONES DE LAS ESPAÑAS



QUITO, FLORENCIA DE AMÉRICA – ‪QUITO‬ A MEDIADOS DEL SIGLO XX VISTA POR UN EUROPEO

QUITO, FLORENCIA DE AMÉRICA – QUITO A MEDIADOS DEL SIGLO XX VISTA POR UN EUROPEO, UNA QUITO QUE NO EXISTE MÁS

Extracto de algunos párrafos del artículo “Quito, una de las más bellas ciudades de Sudamérica – Una Florencia con pieles rojas” escrito por Virgilio Lilli y aparecido en el CORRIERE DELLA SERA de Milán-Italia (el periódico de mayor difusión de ese país) del 19 de abril de 1955, pág. 3 y sigs.

Valga recordar que la denominación de “Quito, Florencia de América” es un título fascista de la ciudad, dado por la Misión Artística y Cultural Italiana enviada por Benito Mussolini a América del Sur y presidida por el pintor Giuglio Arístide Sartorio en 1928, quien “con genuino entusiasmo llegó a decir que Quito era la Florencia de América y que nada semejante había visto en los países hermanos”, como señala Fr. Agustín Moreno Proaño.

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La Plaza Grande de Quito en 1959, tomada por Frank Scherschel de la revista estadounidense LIFE.

A continuación el extracto:

“Quito es de las ciudades sudamericanas más impregnadas de Europa, y de una Europa vieja, bien sazonada en el clima romano-mediterráneo. Quien quisiera, pues, encontrar más viva en el continente americano meridional la civilización blanca, entre otras cosas en la genuina versión católica, no debería ir, como alguno pudiera pensar, a Buenos Aires o Montevideo, Santiago o Lima, Sao Paulo o Bogotá, etcétera: debería irse a Quito… Por estas razones, además de ser una de las ciudades más bellas de América del Sur, Quito es una de las más extraordinarias ciudades del mundo. Extraordinaria , nada menos que por exceso de equilibrio y de medida en relación con su geografía: demasiado poco exótica para ser un fenómeno normal…

UN OASIS EUROPEO

No sólo esto. El Ecuador entero, antes de llegar a él, según ciertos lugares comunes inevitables metidos en la cabeza desde la infancia, nos lo imaginábamos ardiente y desolado; al contrario: Ecuador es, en síntesis, uno de los países más lozanos y temperados de los dos segmentos de América. Lo imaginábamos un desierto chato, solamente salpicado aquí y allá, de chaparros bravíos y de selva virgen; al contrario: es montaña majestuosa, nieve eterna, riente colina, verde pradera, jungla lujuriante. Nos lo imaginábamos una capital tosca y selvática y, al contrario, Quito es la Florencia de las Américas.
Por lo demás, en sí misma, la palabra Ecuador nos indicaría un trópico sofocante por excelencia y en cambio el aire más cristalino de América se respira en los tres mil metros de Quito…
Sería preciso ir por la Italia más seria del Centro, para encontrar una ciudad sólida y culta como Quito: en Toscana, en Umbria y, bajo ciertos aspectos, en las Marcas y el Lazio. Una ciudad monumental y, al mismo tiempo, familiar; noble y, al mismo tiempo, rústica; refinada y, al mismo tiempo, sin formalismos, dicharachera, doméstica. Una ciudad de tejados que, a su modo, es una selva de torres y campanas, quiero decir llena de iglesias, conventos, abadías, parroquias: exactamente como las ciudades italianas en las que está más vivo el Quinientos papal. En este sentido, Quito es nada menos que el auténtico oasis europeo de todo el continente americano, el del Norte y el del Sur, del lado del Pacífico, con calles pululantes de hombres y mujeres que parecen, en parte, bajados de las montañas del Tíbet y, en parte, de los hielos nórdicos de Groenlandia.
(…)
Por lo demás, no son los indios los verdaderos y propios habitantes de Quito. Los habitantes de Quito son criollos, mestizos, blancos: digo los habitantes estables, residentes. Los indios vienen y a Quito desde el altiplano circundante, desde los suburbios y desde las aldeas. Pero llegan acá por la mañana y se regresan por la tarde. Viven pues, prácticamente, en Quito, dentro de las calles, en las que en realidad se mueven como topos dentro de los corredores de un antiguo, noble palacio deshabitado… Y ninguno sabe leer: no logran descifrar de la ciudad sino las bellas iglesias del Quinientos y del Seiscientos, los campanarios, el sonido de las campanas, las imágenes del Redentor o de la Virgen en las gloriosas pinturas del hermoso Quinientos ecuatoriano, tan rico y generoso como el europeo. De la ciudad, digo, liban y saborean la esencia religiosa, que es monumental y sabrosísima, exactamente como –sí, pongamos- como en Urbino o como en Arezzo.

PÁTINA DE ENSUEÑO

Todo esto aumenta la esplendidez de Quito, porque ella es tan estupendamente medida, armoniosa, accesible… Como de paisaje elaborado en un sueño, son por ejemplo, los cinco volcanes –los más altos del mundo- que le están en derredor, allá en el horizonte, deslumbrantes de nieve en el azul turquí de un cielo como manto de Virgen, remotísimos, un poco trémulos, como bancos de niebla. De un paisaje de ensueño son las iglesias, renacentistas o barrocas, con interiores literalmente talladas en un solo bloque de oro –naves, capillas, altares-, dentro de los que se siente el hombre como una hormiga que caminase en las entrañas de una joya, auténticos Eldorado de la iconografía católica en el sentido más estricto de la palabra; los deliciosos museos de un arte erróneamente llamado, en este caso, colonial, en los que el óleo del pintor y las hojas de oro del artesano alcanzan exquisito equilibrio de las tablas de los primitivos italianos o flamencos ¡en el Ecuador! De un país de ensueño…
Dentro de esta exquisita ciudad, la única de todo el continente americano que todavía está inmune de las deslumbrantes y muy a menudo estúpidas innovaciones que se hacen dizque para ponerse a tono con el siglo; dentro de esta Florencia americana aún no descubierta por el turismo mundial, que continúa ignorando su estupenda elegancia entre macizas murallas de conventos, palacios –a la europea- e iglesias; al tañer asiduo de las campanas parroquiales que marcan acompasadamente las horas y los oficios religiosos, palpita una vida sosegada, de provincia soñolienta, que parece como que quisiera recordar al forastero, en Quito, un ángulo de la más noble, muerta Europa.
Mas, a poco que se dé una ojeada a la historia del país, se aprende que Quito es la ciudad más revolucionaria, tal vez, del continente americano: furiosa explosiva. En veintidós años, por ejemplo, del 25 al 47, veintidós Presidentes de la República, siete Asambleas Constituyentes, seis Constituciones, quince revoluciones… ¡Ciudad de facciones y de conjuras, como un viejo Municipio italiano! En efecto, nombrábamos a Florencia: no era el acaso.”

En otro artículo, “La alegría de pasear a horcajadas sobre el Ecuador”, aparecido en el mismo periódico y del mismo autor, el 23 de abril de 1955, dice:

El Ecuador –país sin nombre- “es uno de los países más cultos, más cristalinos, más serios y serenos que pueda visitar un viajero…”.



El sentido trascendente de la propiedad

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Intentar neutralizar la parte trascendente y perenne del hombre es uno de los peores errores de la modernidad, propio del ciclo disolutivo en el cual nos encontramos, en la rebelión del Quinto Estado, el paria de las sociedades; y en ese sentido se analiza toda reforma y todo cambio y toda caída. A propósito de la propiedad y su herencia, por ejemplo, se ha omitido la visión trascendente que de ella se tenía en las cosmovisiones tradicionales del planeta, reduciéndolo todo a lo toscamente económico.

Los romanos no concebían –de hecho estaba prohibido por ley, vender o incluso dividir la tierra de sus antepasados, allí moraban sus Manes, sus Lares y sus Penates, los dioses de sus antepasados, ¿cómo podrían deshacerse de ellos en una transacción comercial?

Joseph de Maistre en sus Veladas de San Petersburgo afirmaba:

«No habitáis con gusto sino en la casa que acabáis de comprar. Desde las leyes hasta la moda, todo se halla sometido á la infatigable rueda de nuestros cambios. Sin embargo,contemplad las naciones que cubren el globo; precisamente el sistema contrario es el que las ha conducido á la ilustración. El tenaz inglés os lo prueba: aun se glorían sus soberanos de llevar los títulos que recibieron de los Pontífices; la espada que tenían en su propia mano, marcha todavía delante de ellos el día de su consagración; por manera que nada habrá que cambiar en el porvenir.

Se lee en sus almanaques el nombre del confesor de la corte: tan difícil es separarla de sus antiguas instituciones. En fin, ¿qué pueblo la supera en fortaleza, en unidad,- en gloria nacional?

¿Queréis ser tan grandes, como sois poderosos? Seguid estos ejemplos; contradecid sin cesar ese espíritu de novedades y de cambios, hasta en las cosas más pequeñas; dejad que cuelguen en las paredes las ahumadas tapicerías de vuestros abuelos; cargad vuestras mesas con sus pesadas alhajas de plata. Decís: «mi padre ha muerto en esta casa; es menester que la venda.» ¡Anatema sobre este sofisma de insensibilidad! Decid al contrario: «ha muerto; no puedo, pues, venderla.» Colocad sobre la puerta vuestras armas de bronce, y que la décima generación pise todavía el suelo que ha visto pasar las cenizas de los ascendientes.

Dejad á un lado las planchas, los clavos y esa innoble pasta. Dios os ha hecho, señores, del hierro y del granito; usad de sus donativos, y no edifiquéis sino para la eternidad. Se buscan monumentos entre vosotros, y no se diría sino que los despreciáis.

Diréis acaso que sois jóvenes; pero pensad que las pirámides de Egipto fueron modernas. No hacéis nada en favor del tiempo; ¿qué queréis que haga el tiempo por vosotros?»

¿Redistribuir la riqueza entonces? Proudhon afirmaba que la propiedad es un robo. Históricamente en nuestro país podemos afirmar que lo es, de hecho es una sucesión de robos. Fue Bolívar quien inició la tradición –la Junta de Temporalidades por sus características específicas puede y debe ser obviada-, repartiendo entre sus amigos las propiedades de los vencidos, es decir del grueso de la población quitense que era realista, desde las tierras comunales indígenas y de las ciudades, pueblos y villas, hasta las haciendas de sus enemigos políticos. Después otros como Alfaro continuaron con la tradición, si se la puede llamar así, robando a los que habían robado casi un siglo antes. Hoy se quiere continuar con esa idea de redistribuir la riqueza, ¿redistribuirla entre quiénes? Por supuesto, como ha sido desde hace un par de siglos, redistribuirla entre los amigos del poder político del momento para también ser poder económico, cerrando la argolla y alargando el momento.

¿Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón?

Así son los ciclos de la historia, así de fríos y sencillos.

Nadie leyó a Maistre.

Simpliciter Francisco

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¿Cómo sabes qué clase de rey tengo dentro de mí como compañero?
junio 5, 2015, 11:32 am
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4.2.7

¿Cómo sabes qué clase de rey tengo dentro de mí como compañero?

¿Dónde encontrar a Mawlānā? Una visita a Konya muestra que la verdadera casa del maestro del amor Divino no es una ciudad, ni un país, ni ningún otro sitio sobre la tierra, sino los corazones de aquellos que están sedientos del vino del amor.

Más allá de las ideas de actuar bien y actuar mal, se extiende un campo. Allí nos encontraremos.
Más allá de las ideas de actuar correcta o incorrectamente, existe un campo. Y es allí donde me reuniré contigo.
Mucho más allá de las ideas de lo que está mal y de lo que está bien, hay un lugar. Te conoceré allí.
No pruebes una mirada sobre mi dorado rostro, porque tengo piernas de hierro.

¿Por qué debo buscarlo?
Soy el mismo, soy como él.
Su esencia habla a través de mí.
¡Me he estado buscando!

-Yalal ad-Din Muhammad Rumi, maestro persa de la traidicón Sufí, siglo XIII



TODO COMENZÓ EN EL CAOS
junio 5, 2015, 10:42 am
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TODO COMENZÓ EN EL CAOS

o_los Mitos de chtulthu

Dama que danza a pie descalzo

hacedora de la Alquimia extrema

enséñanos a unir los opuestos

para mantener el equilibrio  en este mundo que cambia.

Más allá del bien y del mal existe un jardín,

allí nos encontraremos.

Por el castigo que te mereces



DONDE NACE EL EBRO

Paisajes de España

DONDE NACE EL EBRO*

Proaño_Reinosa_España

Este río famoso y legendario, arrullo del Pilar, númen que inspiró al pueblo muchas copias bizarras, testigo inmortal de la testarudez aragonesa y espejo en que se miran tierras pródigas y sonrientes, tiene nacimiento humilde y poético en unas peñas cuya pelada superficie besa reverente y sumiso con sus primeras espumas. Él, tan grande y orgulloso después, como quien sabe que el nombre de sus aguas suena en cantares y romances, tiene en su origen unos lentos murmullos de fuente escondida y recoge en su débil corriente la melancolía de unas tonadas primitivas y agrestes.

Antes que se despeñe camino de la planicie aragonesa, forma un breve  remanso como quien se detiene un poco en el camino para decir adiós a los peñascos que le sirvieron de cuna. En su momentánea quietud le sorprendió un artista y copió en el lienzo la transparencia de sus aguas cuando navegaba sobre ellas, no cisnes blancos y gentiles, sino patos panzudos y silvestres. Algún tiempo después, acabada su vida de dolor y tragedia, ya nublado su entendimiento por las sombras de la locura, aquel pobre poeta de los pinceles se iba del mundo dejando unido su nombre de pintor al río famoso.

Luego de emprender el Ebro su tumultuosa carrera, abriéndose camino en las angosturas de la montaña santanderina, pasa bajo el dosel que forman espesas arboledas seculares misteriosas y obscuras como las de un bosque druídico. Al deslizarse por la campiña campurriana, hieren sus aguas los penachos de alisos y zarzamoras y alguna que otra vez recogen su fuerza las piedras de un molino patriarcal, donde una moza toda salud entona mientras bate la espadela, una dulce canción de la Montaña:

                Arriba la flor, abajo el romero

               ¡ay, mi dulce amor!

                si te vas, yo me muero…

Y antes de salir de su tierra nativa para fertilizar extraños campos y recoger en su corriente las arrogancias y bizarrías de la jota, deja que en él retrate su torva catadura alguna casa señorial que evoca el tiempo antiguo y recuerda en sus desvencijados sillares alguna olvidada virtud o una tragedia que las abuelas recitan, en son de romance, junto al llar, en la humosa cocina de la aldea.

Los que hacen jornada en Reinosa para seguir camino hacia Campoó de Arriba, al modo de Marcelo, el héroe perediano, sorprenden al río montañés cuando su curso es sosegado y apacible. A poco impuesto que el espolique esté en las bellezas de la tierra, a poco “letrado” que sea quien señale aquellos caminos que conducen a la morada de los osos, no dejará de llamar la atención al viajero sobre las particularidades del paisaje, ni sobre el castillo Argüeso –“obra de moros”, como todas las edificaciones de fábrica vestusta –ni mucho menos sobre el nacimiento del Ebro, al pasar por Fontibre. Y por menguada que sea la afición del viajero a las hermosuras naturales, por dormida que lleve en su espíritu la sensación del paisaje, tampoco dejará de sentir las emociones que despierta la contemplación de una tierra que es con sus valles hondos y sus montes bravíos el trono de la Naturaleza. Bajo una bóveda de ramaje donde la luz se detiene en un beso que nunca acaba, junto a un regato de aguas cantarinas y frescas y frente a la majestad de las montañas que se levantan como un enorme anfiteatro, se cree en el alma del paisaje y se la adora y acaricia con el fervor que tuvo en su existencia el triste Amiel.

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No lejos de Reinosa, donde nace el Ebro, alza su mole venerable la torre de Proaño, resquebrajada y ruinosa, casi vencida por los siglos. Es una torre cuadrada, que perfila sus muros sobre una tierra que rasgan frecuentemente los aluviones, entre zarzas, helechos y hierbajos, robles de duro y fibroso tronco, álamos picudos como lanzas y portillos desvencijados. De ella puede decirse, como de tantas otras torres, ayer robustas y hoy caídas, que se muestran al mundo con esquiveces de pobre y orgullo de señor. Pero no tiene, como alguna hermanas suyas, leyenda de caballero despótico, ni conseja de doncella celada por un dragón. Mucho menos, es albergue  misterioso de brujas. Su historia es limpia y clara, sin que hayan osado turbarla las ruindades del tiempo ni las sombras en que suele envolver el vulgo a las cosas viejas. En la torre vivió un hidalgo que ennobleció el horcón y la azada, porque sus manos, que labraron la tierra, esgrimieron también la pluma y escribieron muchas páginas que son como un tesoro para poetas y eruditos.

Desde sus altos ventanales se abarca en toda su imponente majestad el paisaje. Valles hondos, praderías sonrientes, ondulantes maizales, rumorosas robledas, montañas que levantan sus jorobas hasta envolver sus picos en las nubes… Y luego otros valles, otras honduras y otras cumbres, más altas todavía, donde solo llegan, en su vuelo, la fantasía y las águilas. Allí, las fuentes del Ebro, el río famoso y bizarro, brotando de unas peñas peladas; defendiéndose un poco más allá para formar un remanso; deslizándose luego entre mimbreras y alisos, sobre  un lecho de bruñidos lastrales; pasando bajo la armadura de un puente, junto a cuyos pilotes de madera lavan unas pobres mujeres; perdiéndose al fin entre peñascos y taludes, como un corcel indómito, rizando al aire la espuma de sus crines. Siempre el paisaje lozano y opulento, de nieblas y de luz, de claridades de huerto y penumbras de enramada, eterno poema sin estrofas cuyo ritmo es, sin embargo, inmortal.

Torre de Proaño (9)[5]

Y a la sombra de estos montes, bajo la caricia de las robledas y el arrullo de las aguas del río famosos, el más español y legendario, Reinosa se despierta y juvenil bajo el sol estival o silenciosa y adormecida bajo la tragedia de sus nieves en el invierno.

José MONTERO

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*Aparecido en la revista “La Esfera”, Madrid, 12 de febrero de 1916, Ano III, N° 111, Prensa Gráfica Española

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