coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


LA ENEMISTAD HISTÓRICA DEL PAPADO CONTRA EL IMPERIO ESPAÑOL

LA ENEMISTAD HISTÓRICA DEL PAPADO CONTRA EL IMPERIO ESPAÑOL
O
EL MITO DE QUE CASTILLA FUE EL BRAZO ARMADO DE LA IGLESIA

(Memoria y apuntes sueltos para la comprensión de la rivalidad Güelfa-Gibelina en América)

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El Saco (Saqueo) de Roma por las tropas imperiales de Carlos V en 1527.

PRIMERA PARTE: Resumen cronológico de la cuestión.-

SIGLOS XV Y XVI:

Desde el inicio mismo de la expansión de Castilla por el Mundo la representación máxima de la Iglesia Católica, es decir el Papado, mantuvo una sostenida y continuada oposición a los monarcas que curiosamente fueron titulados por siempre como Católicos.

Siempre celosos de su poder y con el temor de un resurgimiento gibelino no podían, los Papas, menos que ver como un desafío y un peligro para su usurpada autoridad el fortalecimiento de una Monarquía con visos de poder temporal y autoridad espiritual.

Ludwig Pfandl señala cuales eran los objetivos específicos, en este sentido, de los monarcas castellano-aragoneses, Isabel y Fernando:

“La política religiosa de Isabel y Fernando perseguía tres fines diferentes. Primero, querían una Iglesia nacional española, es decir soberana autonomía eclesiástica; segundo, querían una Iglesia reformada, que es lo mismo que decir, depurada de toda anomalía en la vida religiosa; y por último, quería una Iglesia unificada, única, es decir, que querían eliminar de las fronteras españolas cualquier confesión que no fuera la católica… La tercera prerrogativa, la desestimación de decretos papales, era el más antiguo de los tres privilegios y su inexistencia hubiera supuesto de hecho un serio perjuicio para los otros dos. Se trataba de un poder del Papa Urbano VI otorgado temporalmente y por necesidad, en tiempos del cisma eclesiástico (a finales del s. XIV), que los Reyes Católicos reclamaron como estatuto legal y permanente en su reino. En virtud de esta regalía, todo decreto procedente de la curia era detenidamente estudiado con el fin de comprobar que NO lesionaba derechos de la Corona ni del País. O que por desconocimiento de la situación en España o por estar mal aconsejado, el Papa pudiera disponer algo que produjera malestar popular o menoscabo de los intereses nacionales. De existir alguna duda al respecto, el decreto NO podía entrar en rigor hasta haberse obtenido de la Curia el cambio deseado (Nótese el paralelismo con acciones similares llevadas adelante por Gabriel García Moreno). Así de esta forma, el Rey también venía a ser una especie de Papa particular de los españoles, y los lazos que le unían a él con su pueblo y a este con el clero eran muchos más estrechos que en cualquier otro país, incluso tratándose de cuestiones morales.”

La autoridad espiritual y el poder temporal unidos en el cetro hispánico eran motivos más que suficientes para que desde el Vaticano se sostuviera una oposición y muchas veces una franca enemistad durante el posterior desarrollo de la Monarquía Hispánica Universal o Imperio Español en los cinco continentes.

Ramón Mujica Pinilla al referirse al respecto dice:

“…el Patronato Real de las Indias covertía al Emperador cristiano en patrón y reformador de la Iglesia universal. A los Reyes Católicos les fueron concedidas las bulas papales, pero fue en realidad Carlos V quien inauguró el nuevo orden político… El Patronato Real concedido a los Reyes Católicos por los Papas Alejandro VI y Julio II convertía al emperador hispano en la nueva cabeza de la Iglesia, corroborando así el sentido profético y mesiánico de la casa de Austria española.”

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El Emperador Carlos V dominando al papa, a los reyes y al sultán otomano. ¡Salve el Emperador!

El Papa Paulo IV detestaba a los españoles, de los que decía ser “malditos de Dios, simiente de judíos, moros y herejes”. Y sobre Carlos I de Castilla – V del Sacro Imperio Romano Germánico y Felipe II, el napolitano afirmaba:”Quiero declararlos despojados de sus reinos y excomulgarlos, porque son herejes”.

Vimos entonces como un Papa se alineó con el Sultán otomano en contra de Carlos V, emperador católico, o todavía más, cómo otro Papa, permitió la caída de Constantinopla –auxiliada por castellanos y aragoneses- ante los turcos porque sus defensores, cristianos ortodoxos, no querían acatar la “soberanía” de Roma.

SIGLOS XVI-XVII:

Y cuando en plena defensa de la integridad de la Cristiandad se desató el furor protestante, durante esa sangría que fue la Guerra de los Treinta Años sellada en Westfalia, donde se parió la modernidad, que los monarcas hispanos quisieron evitar, volvimos a ver como otro Papa, en esa histórica sentina Vaticana (los desechos de Roma iban a parar allí antes de la construcción de los aposentos papales), volvió a aliarse al enemigo del Monarca Católico (Felipe III Y Felipe IV) y universal, volvió a aliarse con el enemigo, protestante primero: el Rey sueco, y nuevamente con el turco musulmán y con el Rey de Francia, enemigo jurado de España y de los Austrias.

SIGLO XVIII:

En el sigo XVIII vemos una  gran apertura de relaciones entre la potencia talasocática por excelencia, Inglaterra -otra histórica enemiga de la Monarquía Hispánica-, con el Vaticano, propendiendo a una alianza anti-hispánica que llevaría la destrucción del Imperio, alianza sustentada principalmente en acuerdos de acción comunes para debilitar a la Monarquía Universal Hispánica, para finalmente destruirla. Dos testimonios documentales de la época nos brindan un termómetro del asunto:

EL PAPA ES INGLÉS DE CORAZÓN – ENEMIGO DE ESPAÑA:

“Por más que los franceses se hayan persuadido a que conseguirán el ajuste con Inglaterra, yo no me lo he podido persuadir, no por razón alguna, sino por aquello que llaman corazonada y por conocer un poco la insolencia de esos isleños. No quiero poner a la parte con esto las instigaciones de los jesuitas para soplar el fuego contra los Borbones, como que esa es la única venganza que queda a la gente más vengativa del mundo, porque decir esto parecería proposición de jansenista. Lo que no obstante es verdad irrefragable es el odio que un pedante llamaría vaiiniano con que dichos jesuitas viven contra todo lo borbónico y que sólo tienen igual en esto a la venerable Corte de Roma, desde el papa (Clemente XIV) inclusive hasta los monaguillos de San Pedro…. Se les conoce la alegría por los semblantes, porque creen que en una campaña se nos han de tragar los ingleses. Desde que Roma es Roma no se ha visto aquí la multitud de isleños que hay este año…. He dicho a Vd. arriba que el papa es inglés de corazón. Digo, en conclusión, que toda esta brigada es tan inglesa y más que lo restante del lugar y que se dice a boca llena que el papa piensa como ellos” -José Nicolás de Azara, procurador de la embajada de los reinos de España en Roma, 1770.

EL CONTUBERNIO ENTRE ROMA Y LONDRES NO ES NUEVO:

“Creo que se habrá Vd. escandalizado al oír y ver el modo con que esa Corte (de Roma) se porta con el Príncipe de Gales (Carlos Estuardo) por respetos al Rey Jorge (III). Vea Vd. si conviene hoy la doctrina de los que aconsejan en Monte Cavallo (palacio del papa) con la de Belarmino, Mariana, Suárez, etc. y con la que siguió Sixto V (1585-90) y sus antecesores, queriendo despojar de la corona a los soberanos de Inglaterra y de Francia con pretexto de la Religión y haciendo lícita la desobediencia de sus vasallos los regicidios y todo lo demás que Vd. ha leído y sabe. Yo fui testigo del extraordinario cortejo con que ahí se trató al Duque de York (hermano de Jorge III) y en otro tiempo nos hubieran excomulgado a todos los que hablásemos con un príncipe hereje. Es gran cosa la DOCTRINA ACOMODATICIA (de Roma y el papa) y la ciencia media.” -Manuel de Roda y Arrieta, ministro de gracia y justicia de los reinos de España, 1766.

SIGLO XIX:

¡CÁIGANSE DE ESPALDAS! LOS GÜELFOS PROVOCARON LA SEPARACIÓN (INDEPENDENCIA) DE LA AMÉRICA HISPANA:

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Jorge IV como Grand Master de la Royal Guelphic Order

La Real Orden Güelfa (nombrada así por la Casa de los Güelfos enemigos del Imperio, históricos rivales de los gibelinos y sostenedores a ultranza del Papado), a veces también conocida como la Orden Güelfa de Hannover, es una orden de caballería instituida el 28 de abril 1815 por el Príncipe Regente del Reino Unido posteriormente Jorge IV, de quien el general Juan José Flores, primer presidente del Ecuador decretó: “S.M.B. el Rey Jorge IV… un monarca que ha sido el más firme apoyo de nuestros derechos en la gloriosa contienda de la libertad e independencia de Colombia y que supo estrechar con ella muy leales y francas relaciones de amistad, comercio y navegación”.

Francisco Núñez del Arco Proaño


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