coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


NO ESTAMOS A LA ALTURA – LA CÁRCEL DEL HOMBRE OCCIDENTAL ES DE LAS MÁS TEMIBLES, PORQUE ES DE AQUELLAS QUE NO TIENEN MUROS
octubre 30, 2015, 2:46 pm
Filed under: Sigue tu corazón | Etiquetas:

NO ESTAMOS A LA ALTURA – LA CÁRCEL DEL HOMBRE OCCIDENTAL ES DE LAS MÁS TEMIBLES, PORQUE ES DE AQUELLAS QUE NO TIENEN MUROS

¿Es posible cerrar el presente ciclo de forma voluntaria? ¿Es posible cerrarlo aun interiormente? A todas luces no es difícil responder que no. No existe un puñado de hombres, literalmente hablando, no hay cinco hombres sobre todo el planeta, que estén a la altura de aquello.

Después de diez años he vuelto a releer la Conclusión de REBELIÓN CONTRA EL MUNDO MODERNO del gran Barón romano, y puedo decir que apenas ahora, que recién en éste momento, la he entendido realmente en toda su dimensión y extensión, encontrando allí muchas respuestas que yo mismo me había estado planteando desde hace un tiempo. Estaba recordando, en todo caso.

Si bien ni Evola ni yo admitimos el determinismo en el proceso de la caída y en su vía contraria, puesto que la voluntad es capaz de reorientar desde ningún punto de apoyo una faz ascendente, lo constatable a esta altura es que tal voluntad no está presente más, que está ausente del hombre moderno promedio y peor todavía, muchas veces, entre quienes afiman sostener o incluso defender la Tradición, o peor más todavía, en quienes dicen ser o creerse hombres de la Tradición.

Dice el Barón:

“Si no hay ambiente, no hay resonancia: si faltan las condiciones internas y externas para que todas las actividades humanas puedan readquirir un sentido, para que todos puedan pedir TODO a la vida y que, al llevarla a la altura de un rito y de una ofrenda, puedan orientarla alrededor de un único eje no sólo humano, cada esfuerzo es vano, no hay semilla que pueda dar fruto, la acción de una élite permanece paralizada.”

Y continúa:

“No se trata de creencias, de filosofías, de actitudes, todo esto, no cuenta, todo esto no sería nada; a tal respecto, fácil sería en el fondo la empresa. Tal como se dijo al principio en el hombre moderno hay un materialismo que, a través de una herencia de siglos, se ha ya convertido casi en una estructura, en un dato constitutivo de sus ser. Éste, sin que la conciencia externa se dé cuenta, ahoga toda posibilidad, desvía toda intención, paraliza cualquier impulso, daña todo esfuerzo, aun si justamente orientado, hacia una estéril e inorgánica “construcción”. Por otra parte, el modo y el conjunto de las condiciones de la vida cotidiana de la cual, en la civilización de hoy, nadie de nuestros contemporáneos puede casi sustraerse; el tipo predominante de instrucción, todo lo que, conciente o inconcientemente, se padece como sugestión y condicionamiento de parte del ambiente y de la psique colectiva; los ídolos, los prejuicios, las formas de juzgar y de sentir, del falso conocimiento y de la fasla acción radicadas en los ánimos, todo esto fortalece la cadena. Sería necesaria una catarsis total, un desnudamiento que nada ahorre, tal de llevar afuera de las concreciones del hombre último, de su “yo”, de sus orgullos y de sus obras, de sus esperanzas y de sus angustias.”

Y a continuación, Evola se pregunta con justeza en esta, su Conclusión, en relación a la necesaria obra trascendente interna, a la catarsis:

“Pero si una tal obra de liberación interior hoy difícilmente es de esperarse para individuos particulares, ¿cómo podría ser concebida para las masas? Si está más allá de las posibilidades de quienes continúan a entretenerse con los fetiches de la Ciencia y del Arte, de la Historia, de la Fe y de la Filosofía, ¿cómo podría encontrarse en las masas atrapadas en el demonismo de lo colectivo, arrebatas por la omnipotencia del fantasma económico y del fantasma tecnológico, por los paroxismos del activismo, de las pasiones políticas y por cuanto converge hacia un ideal arimánico de potencia o de ilusoria prosperidad?”

En cuanto al término espureamente paralizante del judeocristianismo, expresado en las diferentes formas religiosas europeas cristianas, en particular en el catolicismo, se cuestiona cómo formas particulares de aproximación a la trascendencia han sido dejadas a un lado por aspectos moralistas y sociales:

“El espíritu lunar-sacerdotal, su pecualiar dualismo, las varias visiones de origen hebraico que entraron a formar parte esencial del espíritu cristiano… ello ha hecho de modo tal que las fuerzas más reales, justamente por hallar obstruido el camino hacia lo alto, se descargaran en el dominio material y sólo en éste fuesen a realizar los valores más típicos para el alma occidental.”

Afirma entonces, sin hesitación:

“Demasiado fuerte es en el moderno a esta altura la tendencia a concebir en los términos tan sólo materiales y puramente humanos la virilidad, la personalidad, la acción, y la autonomía, porque cada doctrina que se remita al sentido y al derecho originario que había podido inspirarse en referencias trascendentes, tradicionales, no sea inmediantamente reconducida a aquellos mismos términos de manera tal de transmutar, en vez que lo profano en lo sagrado, lo sagrado en lo profano.”

Y dice, todavía, que el camino está cerrado de manera doble, al no haber sostén, el cual demolido desde dentro, no ofrece apoyo alguno desde fuera: la civilización pagana europea tomada por el cristianismo. “Así puede también pensarse en la inevitabilidad de que los destinos se cumplan.”

Nos recuerda que como los hombres, las civilizaciones atraviesan ciclos y finalmente mueren, “cuanto más éstas están sumergidas en lo contigente, más fatal es esta ley.” Aunque, por supuesto, está lo que radicado por encima del tiempo prevalece a la muerte para dar nueva vida.

Entonces se percibe, se conoce la existencia de algunos pocos, muy pocos:

“Al lado de las grandes corrientes del mundo, exsiten todavía individualidades ancladas en “tierra inmóviles”. Son prácticamente, unos desconocidos que se mantienen afuera de todos los trivios de la notoriedad y de la cultura moderna. Ellos mantienen las líneas de las alturas, no pertenecen a este mundo -a pesar de estar esparcidos sobre la Tierra y muchas veces desconociéndose recíprocamente, están unidos invisiblemente y forman una cadena indestructible del espíritu tradicional. Éste núcleo no actúa: tiene sólo una función que correspondió al simbolismo del “fuego perenne”. En virtud de ellos, la Tradición está presente a pesar de todo, la llama arde invisiblemente, algo vincula siempre al mundo con el supramundo. Son “aquellos que velan”, los egrégoroi.”

Y entonces, también, uno se compadece de los modernos mientras va adquiriendo conciencia de sí mismo:

“Se deje pues a los hombres de nuestro tiempo hablar, al respecto, con mayor suficiencia y desfachatez de anacronismos y de antihistoria. Nosotros sabemos bien que éstos son los últimos justificativos de su derrota.Se los deje en sus “verdades” y en una única cosa se piense: en mantenerse de pie en un mundo en ruinas… muchas reacciones equivalen a aquellos calambres que sirven sólo para prolongar la agonía, y retrasando el final, retrasan también el nuevo comienzo. Se trataría de asumir, con una especial orientación interior, los procesos más destructivos de la era moderna para usarlos a los fines de una liberación. Como en una acción de retorcer el veneno en contra de sí mismo o en un “cabalgar el tigre”.”

Así, la irrealidad invade todo:

“Estudiando el proceso de caída del hombre occidental se ha percibido en el irrealismo su aspecto más signitifactivo. El individuo en un determinado momento histórico se encuentra con que no sabe más nada de la espiritualidad como realidad. Incluso el sentido de sí, él no vive sino en los términos de un pensar, de un reflexionar: de un psicologismo. El pensamiento y la reflexión le crean entonces un mundo de espejismo, de fantasmas y de ídolos que se sustituye a la realidad espiritual: el mito humanista de la cultura, la caverna de las sombras. En forma unida con el mundo abstracto del pensamiento, surge el romántico del “alma”. Aparecen las diferentes culturas de la sentimentalidad y de la fe, del pathos individualista y del pathos humanitario, del sensualismo y del heroísmo pletórico de la humildad y de la revuelta.”

Para dar paso a una superior libertad:

“Ahora bien, en el ámbito del camino del cual se ha hablado aquí, se trata de establecer hasta cuál punto, gracias a una firmeza interior y a una orientación hacia la trascendencia, lo no humano, del mundo realista y activista moderno, en vez de ser camino hacia lo subhumano -como es el caso para la gran parte de las formas últimas- pueda propiciar experiencias de una vida superior, de una superior libertad… También esta vía peligrosa puede ser intentada. Es una prueba. Y a fin de que la misma sea completa , se diga nomás, los puentes sean cortados, no hay apoyos, no hay “retornos”, no queda sino ir adelante.”

Pero la realidad es más fuerte:

“Es propia de una vocación heroica el enfrentar la ola más vertiginosa sabiendo que dos destinos se encuentran a igual distancia: el de aquellos que concluirán con la disolución del mundo moderno y el de aquellos que se reencontrarán en el nudo central y real de la nueva corriente.”

“Ante la visión de la Edad del Hierro, Hesíodo exclamaba: “¡Ojalá nunca hubiese nacido en ella!”. Pero Hesíodo en el fondo no era sino un espíritu pelásgico, ignorante de una más alta vocación. Para otras naturalezas vale una verdad diferente mencionada poco antes, conocida en el Oriente, o sea que si la edad última, el Kali-yuga, es una edad de terribles destrucciones, quienes aparecen en ella y a pesar de todo se mantienen de pie, pueden conseguir frutos no fácilmente accesibles a los hombres de otras edades.”

Lo importante para mí, lo real, lo realmente fuerte, es estar centradamente equilibrado en mi interior, y por agregación con los que hay o incluso son como yo, como ya lo dijo un amigo poco antes de terminar su vida: estar aquí y amarnos.

runa-tyr


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