coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


INVIERTE EN LA VERDAD

Actualización al viernes 5 de junio de 2015: Desde Chile llegan las primeras respuestas americanas pidiendo ser incluidos en el proyecto.

Actualización al miércoles 27 de mayo de 2015: Inicia la colaboración ecuatoriana al proyecto.

Actualización al lunes 18 de mayo de 2015: Apenas pocas horas después de lanzada la propuesta, ya he recibido las primeras respuestas positivas y entusiastas desde Europa. Y tú quiteño, ecuatoriano, americano, ¿qué esperas para unirte?

INVIERTE EN LA VERDAD

Hola amigos, me presento y les presento mi propuesta, aunque ustedes ya me conocen y conocen mi trabajo:

Me llamo Francisco Núñez del Arco Proaño o simplemente Francisco, soy quiteño, aunque me considero universal y patriota… hago el camino y vivo la vida. Tengo 29 años y me encuentro en una búsqueda permanente de mí mismo, de la verdad en torno a mí. Estudié Relaciones Internacionales, pero soy escritor, investigador e historiador por vocación, aunque también me dedico a la poesía y a escribir sobre varios otros tópicos, así como a las inversiones. Mi ámbito de desarrollo profesional y personal ha sido la cultura. Entre otras cosas, fui presidente del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica, así como soy Miembro Principal del Comité de Historia Política de la Comisión de Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, además fui miembro del Consejo Ciudadano de Relaciones Exteriores de la República del Ecuador, máxima autoridad en relaciones exteriores del Estado según la ley. He publicado cientos de artículos, así como he participado en programas de difusión y reflexión cultural-histórica en televisión, radiodifusoras, medios impresos y digitales; editando dos libros a la fecha, y estoy preparando un tercero de iniciativa propia, asimismo está por aparecer otro libro de co-autoría mía para una entidad pública ecuatoriana. Mi obra más conocida, difundida y con amplia repercusión nacional e internacional es “El Ecuador y la Alemania Nazi”, el producto de un compromiso personal por dilucidar la verdad de los sucesos de la Segunda Guerra Mundial en relación a mi país y al contexto global de ese entonces. Actualmente estoy en la fase final de la preparación de mi próximo libro: “Quito fue España: Historia del realismo criollo”.

Tengo la gracia enorme de contar con ustedes amigos y seguidores que leen estas líneas. Y por ésta misma gracia he decidido dar a conocer ésta propuesta por medio de mi blog, la forma más rápida y fácil de difundir mis novedades, acciones y trabajos; la forma más rápida y sencilla de llegar a ustedes, los indicados para éste llamado.

Sé que cada uno de ustedes son personas comprometidas con lo que hacen, hecho que me alienta sobremanera. Como les consta, he actuado en el ámbito cultural, desde donde he obrado en pos de mi cosmovisión de forma sostenida desde hace varios años. Debido a mis investigaciones y a otras acciones emprendidas he sufrido algunos embates que me han enseñado y fortalecido. Enseñado a ser prudente y a fortalecernos trabajando en conjunto con lo que está disponible a la mano sin exponernos innecesariamente. Mi campo de trabajo y de lucha política-cultural ha sido el intelectual, sin embargo no es ni debe ser el único para quienes como nosotros tenemos un compromiso total. Así, lo económico no puede estar deslindando de esto y emprendedores como ustedes son justamente la gente que estamos buscando. Ahora mismo estamos desarrollando un proyecto de un Think tank en el Ecuador y en colaboración con amigos de todo el mundo, en ámbitos de las humanidades de forma particular, es decir, para actuar inteligentemente desde lo privado sobre lo público, entendiendo el contexto del ahora y del lugar así como del momento histórico y de las herramientas que el mismo sistema-mundo nos proporciona para alcanzar decisiones vinculadas a nuestras posiciones, ambiciones y objetivos.

Los ciclos de la historia ecuatoriana son definidos en el tiempo y claros en las acciones hacia el poder. Cada medio siglo procesal -poco más o poco menos de medio siglo cronológico- sucede un cambio de la élite socio-política-económica ecuatoriana a partir del irrumpimiento de un nuevo actor en el escenario de poder decisorio máximo -el soberano es el que decide. Actor que es instrumento del nuevo grupo de poder -aunque éste también haya instrumentalizado al grupo para su acceso personal al poder- y que finalmente es desechado. Pasó con Alfaro, pasó con Velasco Ibarra y actualmente está pasando con Correa. El actor que irrumpió en el modelo político vigente en su momento pasará, así como pasarán los principales actores secundarios del teatro político transitorio, pero lo que se viene es un reposicionamiento y toma del poder por quienes han preparado el escenario para el cambio o por quienes sean capaces de coparlo desde afuera, aprovechando la oportunidad histórica. Esto, amigos, recién está comenzando, quienes estén en capacidades de hacerse con el poder después de la desaparición del actor principal del cambio del paradigma de poder vigente en su instante en el Estado, serán quienes gobiernen el país en las próximas décadas, quizá hasta su desmantelamiento, colapso o disolución final en el gobierno mundial que se avecina.

Actualmente nos encontramos en la fase de ordenamiento e inventario de lo que tenemos y con quien podemos trabajar a fin de iniciar la implementación del proyecto. El tanque de pensamiento estará vinculado a otras instituciones a las cuales pertenecemos todos quienes estamos iniciando ésta labor. No me gusta ni se trata nada más de pedir simples auspicios ni mucho menos, mis emprendimientos los he realizado con mi propio trabajo y esfuerzo. Me gusta ser sincero y directo para evitar confusiones y pérdida de tiempo y cuando veo la oportunidad de serlo con las personas indicadas lo soy. Por lo mismo lo que les propongo es que trabajen con nosotros en esta gran obra que está por comenzar desde su misma fundación. Necesitamos inversores, promotores y colaboradores como tú.

Hay que tener claro el concepto INVERTIR Y APORTAR.

Al invertir esperan una retribución con un rédito.

Exactamente de esto se trata, de generar réditos.

Y también hay que tener claro el concepto de réditos.

No queremos solamente aportes, queremos réditos.

INVIRTIENDO EN LA VERDAD OBTENDRÁS MÁS RÉDITOS QUE DE NINGUNA OTRA FORMA.

Réditos no significa una mera ganancia económica, los réditos serán culturales y socio-políticos primero y económicos después. Como sabemos las ganancias y el consumo en nuestro país todavía se las toma solamente en lo más crasamente económico, o sea la gente sólo piensa en dinero, pero hay necesidades pos-económicas que se cubren después y que son réditos también. Y cuando hablamos de política no significa que se vaya a ejercer cargos directamente en el poder público o a hacer partidos o movimientos, sino que seremos capaces de decidir sobre quienes tienen que hacerlo. A esto se le llama metapolítica.

La propuesta está planteada. Depende de ustedes, depende de ti responder, depende de ti actuar. El momento es ahora. La verdad te espera.

Como primer paso de compromiso, tu colaboración es importante para terminar la edición de QUITO FUE ESPAÑA: HISTORIA DEL REALISMO CRIOLLO, el libro que desgarrará las sombras de lo que se ha llamado nuestra “independencia” que en realidad no fue otra cosa que nuestra involución hacia el atraso y el subdesarrollo, hacia la postración del “tercer mundo”.

Contábamos con un presupuesto inicial cubierto que se ha ampliado en cerca de 5.000 (cinco mil) dólares, debido a algunos costos adicionales de investigación.

Dona ahora tu aporte económico en la cuenta de ahorros N° 450773183 del Banco Internacional en el Ecuador.

Remíteme un correo electrónico a mi dirección francisconezp@hotmail.com cuando lo hayas hecho indicándome los detalles de la transacción. Tu nombre constará en el agradecimiento para quienes con su valentía harán nacer una vez más la verdad de nuestra historia.

Si te encuentras en el exterior y deseas colaborar económicamente, como ya lo han hecho varios amigos y colaboradores desde tres continentes, contáctate conmigo por correo electrónico para coordinar los detalles del caso.

El futuro es ahora.

Te queremos para el desafío que se avecina: francisconezp@hotmail.com

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LOS NÚÑEZ/NÚÑEZ DEL ARCO/ARCO DE QUITO EN SU PRIMER CUARTO DE MILENIO O LOS ANTEPASADOS, A LO LARGO Y MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA ECUATORIANA

LOS NÚÑEZ/NÚÑEZ DEL ARCO/ARCO DE QUITO EN SU PRIMER CUARTO DE MILENIO O LOS ANTEPASADOS, A LO LARGO Y MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA ECUATORIANA

La dicha de la vida es tenerse a uno mismo.

POR FRANCISCO NÚÑEZ DEL ARCO Y PROAÑO DE LOS RÍOS

ADVERTENCIA PRELIMINAR

El presente estudio no pretende abarcar la totalidad de los descendientes de Alonso Núñez del Arco y Aguiriano, genearca de los Núñez del Arco del actual Ecuador y de los Núñez de Riobamba y Quito específicamente. Es tan solo un aporte a la compresión de la historia social y familiar que deberá ser ampliado, corregido y revisado en un futuro. En el mundo virtual que vivimos hoy por hoy, no debemos dejar aplazar la publicación de información por medios virtuales de fácil acceso a la comunidad de investigadores y al público en general. Mi intención ha sido siempre difundir mis conocimientos y compartirlos con el resto de la mejor y más amplia manera, quizá me equivoque, pero las líneas que siguen deben ver la luz en este momento, 21 de septiembre de 2013, el día de mi cumpleaños número 28. Igualmente, mi deseo es que este estudio, ampliado, corregido y revisado sea publicado por impreso físico en poco tiempo más, por lo mismo, no brindo, no quiero brindar la totalidad de la información histórico-genealógica que poseo al momento y que sigo recabando. Dicho esto, les dejo con este aperitivo, puesto que bien dice el dicho: lo bueno -en este caso lo mejor- se hace esperar.

Don Virgilio Jerves Núñez del Arco, distinguido caballero cuencano, guardián de la tradición e historia familiar, así como esmerado genealogista, reciente y lamentablemente fallecido, realizó un extenso estudio inédito sobre los Núñez del Arco y sus ramificaciones específicas de Cuenca y Guayaquil. Por esta razón no solo que no me corresponde extenderme en aquellas, sino que aspiro, y lo vuelvo a señalar, poder publicar un trabajo futuro donde recoja todas las líneas genealógicas ecuatorianas de los Núñez del Arco, basándome y reconociendo todo el crédito a alguien que como Don Virgilio, dedicó una vida al estudio de nuestro pasado y presente.

Aquí trataré exclusivamente de nuestra rama específica quiteña, esperando con el tiempo poder ampliarla a la riobambeña igualmente -anterior a la quiteña-, consciente de que este aporte servirá para que otros investigadores histórico-genealógicos complementen  las ramas fructíferas de este árbol del conocimiento, de la vida y de la sangre.

Finalmente debo señalar que el Dr. Fernando Jurado Noboa en el tomo II de su monumental obra Los descendientes de Benalcázar en la formación social ecuatoriana, indica la descendencia de Joaquín Núñez del Arco y Ludeño en Quito por su enlace con Narcisa Terán, de esta sub-rama quiteña nació uno de los más reconocidos Núñez de Quito del siglo XX: Pedro Leopoldo Núñez, hombre público con amplia trayectoria cívica y política en el Ecuador (Vocal del Directorio la Academia de Abogados del Ecuador, Procurador General Síndico del Municipio de Quito, Procurador General de la Nación, Presidente del Banco Central y del Banco de Fomento, Director Supremo del Partido Liberal Radical, Diputado por Pichincha a la Asamblea Constituyente de 1928 a 1929; Senador de la República y Vicepresidente del Senado en1931. Fue también presidente del Círculo de la Prensa. Secretario en la Segunda Junta de Gobierno de Ayora. Desempeñó las carteras de Previsión Social, Trabajo y Agricultura, y fue Ministro de Hacienda por tres ocasiones.). Tampoco recojo ni expongo ahora esta sub-rama, debido a que por un lado ya ha sido publicada en el mentado libro y además espero aportar con nuevos datos sobre la misma posteriormente.

Pedro Leopoldo Núñez, Vocal de la Academia de Abogados, Procurador General Síndico del Municipio de Quito, Procurador General de la Nación, Presidente del Banco Central y del Banco de Fomento, Director Supremo del Partido Liberal Radical, Diputado por Pichincha a la Asamblea Constituyente de 1928 a 1929; Senador de la República y Vicepresidente del Senado en1931. Fue también presidente del Círculo de la Pr ensa. Secretario en la Segunda Junta de Gobierno de Ayora. Desempeñó las carteras de Previsión Social, Trabajo y Agricultura, y fue Ministro de Hacienda por tres ocasiones.

Pedro Leopoldo Núñez, Vocal de la Academia de Abogados, Procurador General Síndico del Municipio de Quito, Procurador General de la Nación, Presidente del Banco Central y del Banco de Fomento, Director Supremo del Partido Liberal Radical, Diputado por Pichincha a la Asamblea Constituyente de 1928 a 1929; Senador de la República y Vicepresidente del Senado en1931. Fue también presidente del Círculo de la Prensa. Secretario en la Segunda Junta de Gobierno de Ayora. Desempeñó las carteras de Previsión Social, Trabajo y Agricultura, y fue Ministro de Hacienda por tres ocasiones.

 

FIDELIDAD COMO HONOR Y NOBLEZA

El año 2014 será el 250 aniversario del nacimiento de Ramón Núñez del Arco y Martínez Gabela, primer quiteño del linaje y antepasado de los Núñez de Quito (VER: Los Núñez del Arco: Un caso de poder político criollo americano en la Monarquía Universal Hispana y el fundamentalismo chauvinista historiográfico ecuatoriano. Una breve reflexión). Se destacó Don Ramón, como fiel servidor de la corona, “criollo, realista fiel” como él mismo se calificaba, formando a su linaje como adalides de la fidelidad a la Monarquía Universal Española en territorio del Reino de Quito. No se manchó él ni manchó a los suyos con la marca indeleble de la traición, que pesa como espada de Damocles sobre muchas familias hispanoamericanas. Después de terminada la Gran Guerra Civil de Secesión Hispanoamericana, también conocida como Guerra de Independencia, Núñez del Arco con buena parte de su familia, como muchas otras realistas, tuvieron que soportar el peso de ser del bando de los vencidos, correlativamente venidos a menos, empero leales a sus principios irrenunciables de fidelidad a lo que consideraban merecía esta.

Cicerón, el primer burgués, cuasi irónicamente advertía que desconocer la historia -así, historia con h minúscula- es ser permanentemente niños. Un privilegio que no podemos permitirnos en tiempos modernos, más si consideramos que la historia se ha convertido en un instrumento de dominación en los últimos siglos. La historia familiar forma parte de la historia común de los pueblos, ya sea a través de la historia social, de la historia política, o de la meta-historia inclusive, sin excluirse estas entre sí.

Conocer la historia es conocernos a nosotros mismos como comunidad. Conocer la historia familiar es conocerse y encontrarse a uno mismo como persona y como destino, no como determinante sino como condición.

Los abuelos -en términos amplios-, ¿Quiénes fueron? ¿Qué hicieron? ¿Qué les debemos? ¿Qué nos deben?

Spengler en su Decadencia de Occidente nos brinda luz al respecto:

“Es una idea la que sirve de base a las dos clases primordiales y solo a ellas. Esta idea les proporciona el poderoso sentimiento de un rango concedido (¿por?) Dios y, por lo tanto, sustraído a toda crítica; rango que les impone el deber de respetarse a sí mismos, de tener conciencias de sí mismos y también de someterse a la más dura crianza y, en ocasiones, de afrontar la muerte. Este rango confiere a las clases primordiales la superioridad histórica, el encanto del alma que no presupone fuerza pero que la crea. Los hombres que pertenecen a dichas clases íntimamente, y no solo por el nombre, son verdaderamente algo distintito del resto; su vida en oposición a la vida aldeana y burguesa, va sustentada en una dignidad simbólica su vida no es vivida para ser vivida, sino para tener un sentido… la nobleza en sentido histórico universal es infinitamente más de lo que las cómodas épocas postrimeras quieren que sea. No es una suma de títulos, derechos y ceremonias sino una posesión íntima, difícil de adquirir y difícil de conservar y que, si se entiende bien parece digna que se le sacrifique una vida. Una vieja estirpe no significa solamente una serie de antepasados – todos tenemos abuelos – sino de antepasados que en largas series de generaciones vivieron en las cumbres de la historia y no solo tuvieron, sino que fueron sino -destino-, y en cuya sangre, merced a una experiencia secular, fue criada hasta la perfección, la forma del acontecer…”[1]

Más allá de cualquier definición histórico-jurídica, los antepasados, y uno mismo, son y somos nobleza en cuanto la definición spengleriana cabe.

La lacra que caracteriza, por otro lado, la renuncia a esta, es la traición. Traición evidenciada en sucesos trágicos y atroces como la entrega de la patria y de un continente entero a los enemigos de la estirpe y del espíritu.

La nobleza no es otra cosa que fidelidad, servicio, honor  y vocación de tener el alma para sí y para otros. Los nobles:

“Son los capaces de castigarse y castigar. Son los que en su conducta han puesto estilo. Son los que no piden libertad sino jerarquía. Son los que se ponen leyes y las cumplen. Son los capaces de obedecer, de refrenarse y de ver. Son los que odian la pringue rebañega. Son los que sienten el honor como la vida. Los que por poseerse pueden darse. Son los que saben cada instante las cosas por las cuales se debe morir. Los capaces de dar cosas que nadie obliga y abstenerse de cosas que nadie prohíbe.”[2]

Teresa de Lisieux resumió el concepto de la existencia trascendente en este mundo: la primavera se da para que la flor florezca. Cuando es legítima, la herencia es un bien y un don excepcional. Tengo la dicha y la honra, de que la herencia de mis antepasados sea mi sangre, mis genes y el conocimiento adquirido a lo largo de las generaciones más allá de la epigenética, por los cuatro costados. Por sobre lo que significó para mí haber recibido de mis bisabuelos, y tatarabuelos, de una de mis tías tatarabuelas, a través de mis abuelos, una genealogía elaborada concienzudamente, para ser leída por mis ojos y entendida exclusivamente por mi mente, aún desconociendo aquellos para quien específicamente transmitían la información intergeneracional, la seguridad de que lo hacían por el hombre que vendría los debe haber acompañado hasta la hora más oscura y postrimera de sus vidas. Hay verdades que nos sobrepasan, la elección del lugar y la familia donde uno nace es una de ellas.

¿SOMOS TODOS IGUALES?

LA DESIGUALDAD COMO PRESERVADORA DE LOS HOMBRES

Imaginémonos un mundo en donde todos fuéramos iguales: No sería más que un infierno gris. Uno de los mayores y más extendidos mitos de la modernidad es la igualdad. Se ha dicho inclusive que la genealogía iguala a los hombres, desconociendo que a pesar de un probable común origen, la voluntad, las capacidades y las decisiones de los hombres los distinguen entre sí, inclusive dentro de una misma familia. Para escándalo del moderno, del políticamente correcto, la desigualdad de hecho preserva y salvaguarda a los hombres. ¿Es igual un bebé a sus padres? ¡No! De hecho la superioridad biológica de los padres permite sostener la vida de sus tiernos hijos, el instinto que guía a estos últimos a buscar la protección, ayuda, resguardo y demás beneficios propios a costa de sus padres, lo demuestra indiscutiblemente.

Cuando hace un tiempo realicé un borrador del artículo que ahora publico virtualmente, lo designé “Los Núñez de Quito”, sin saber que el reconocido y muchas veces controversial genealogista ecuatoriano, Fernando Jurado Noboa, había utilizado esta denominación en 1980, dentro de un artículo de la revista Cultura Hispánica, órgano del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica, el cual me honro en presidir en la actualidad. La cita textual a continuación:

“Habíamos esa mañana estado en Cabeza del Buey, pueblo simpatiquísimo de la provincia extremeña de Badajoz, de allí al igual de que todos los rincones de España, habían salido legiones de inmigrantes a América, en nuestras búsquedas acostumbradas habíamos dado en ese lugar con el origen de los Baquerizo (de Guayaquil) y los Núñez de Quito.”[3]

Siendo así, y sobre todo debido a que en el transcurso de los años de investigación genealógica y de historia familiar no había dado solo con los Núñez de Quito, sino que había corroborado que los Núñez de Riobamba pertenecen al mismo linaje y además habiendo encontrado a otros Núñez de Quito, conociendo que nuestro apellido en toda la extensión de su origen y significado es Núñez del Arco y que ramas americanas usaron el apellido del Arco omitiendo Núñez, corregí el título de estas líneas por el que lleva.

Núñez es un apellido patronímico derivado del nombre propio de “Nuño”, por lo que, como se ha repetido en esta clase de apellidos, no existe relación genealógica alguna entre los diversos linajes de esta común denominación. Está muy difundido en España y en América. Varias familias probaron su nobleza en diferentes épocas en las diversas Órdenes Militares y Reales Chancillerías de Valladolid y Granada.

También estimo oportuno repetir que muchas de las numerosas casas de Núñez no tienen comunidad de origen, ni de tronco, ni de sangre, ni proceden de un mismo primitivo-solar. Por el contrario, son tan distintas y dispares sus procedencias, que no existe entre la mayoría de ellas ni el menor vínculo de parentesco. Porque no debe olvidarse que la coincidencia de apellidarse de igual modo, obedece a la antigua y generalizada costumbre de convertir en apellido patronímico el nombre propio de un antecesor.

En efecto, como señalé ya, en este grato camino de autoconocimiento di con otra familia Núñez de Quito igualmente.  Los Núñez de Arce, que apocopados y realistas como nosotros quedaron como Núñez lisa y llanamente también como nosotros, descendientes de un peninsular del Batallón Numancia del ejército realista, hoy también viven y son tan quiteños como nos, claro está, con algunas décadas de minoría de edad en relación a nuestro primer cuarto de milenio. Sin vinculo conocido con nuestra familia, así como no existe vínculo conocido con los Núñez de Ambato, Guaranda y Loja por varonía.

Los orígenes conocidos de nuestra familia Núñez se remontan al siglo XVII (1600) y probablemente a finales del XVI (1500), sin embargo, la investigación documental que estoy llevando a cabo, hará posible en un futuro próximo conocer inclusive más atrás en el tiempo las raíces más distantes de nuestros orígenes.

La familia Núñez del Arco, apellidada así,  es una rama del linaje  ARCO, oriundo de Navarra, unida a los NÚÑEZ de Extremadura por enlace, tuvo su asiento en la villa de Cabeza del Buey, del partido judicial de Castuera (Badajoz), Extremadura, España[4]. Y como Núñez del Arco la familia, el apellido y el linaje pasaron a América y a la Real Audiencia de Quito. Siendo el origen de los Núñez del Arco de Panamá, Ecuador y Perú[5].

Además de nuestra rama, valga volver a anotarlo, existen otras ramificaciones del linaje en el actual Ecuador, con su asentamiento primero en Riobamba, en Quito y de allí pasando posteriormente a Guayaquil y a Cuenca, donde algunos todavía conservan el apellido tal como es: Núñez del Arco.

En la enciclopedia genealógica de los hermanos García Carraffa figura información genealógica relacionada a los primeros Núñez del Arco, en base al expediente de pruebas de concesión del Título de Caballero de la Orden de Santiago a Alonso Núñez del Arco y Calvo Cuadrado, natural de Cabeza del Buey, antepasado común de los Núñez del Arco americanos, que reposa en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

HERÁLDICA

 La heráldica es una disciplina odiosa para muchos, lo que no resta su valor e importancia en el conocimiento genealógico e histórico inclusive. “Los blasones ahora y siempre se crean en el intelecto de los que desean dejar constancia a sus descendientes, de sus logros e ideales”. Los citados Adolfo Barredo de Valenzuela y Arrojo, y Ampelio Alonso de Cadenas y López, recogen en su obra Nobiliario de Extremadura como armas familiares las siguientes: En plata, un arco o ballesta, de sable (primitivas).

Bien señalan a estas como primitivas, puesto que en Tudela, ciudad del antiguo Reino de Navarra, específicamente en la portada de una casa ubicada en la plazuela llamada de San Antón, Parroquia Santa María, se conserva o conservaba hasta finales del siglo XVIII este escudo de armas “fijado en piedra en su natural color”: Tres cuarteles, campo rojo, en el primero tres flores de lis de Oro; el segundo un arco; el tercero contiene tres pinos y una orla con esta inscripción O MATER DEI DOMINE MEMENTO MEI.

Del Arco escudo

GENEALOGÍA

Nuestro antepasado conocido, por varonía, más remoto fue:

1. Juan Núñez del Arco (nacido a finales del siglo XVI o principios del XVII), natural de Cabeza de Buey, noble (hidalgo: perteneciente a la nobleza menor del reino), que casó con doña María González, de la misma naturaleza[6], y fueron padres de:

2. Juan Núñez del Arco y González, natural de Cabeza de Buey (Juan Núñez del Arco ganó ante la Real Chancillería de Granada, Real Provisión de Hidalguía en 1697), que contrajo matrimonio con doña María Cuadrado, de igual naturaleza (hija de Narciso Calvo Cuadrado y de doña María Izquierdo, ambos naturales de Cabeza de Buey), naciendo de esa unión:

3. Alonso Núñez del Arco y Calvo Cuadrado, natural de Cabeza de Buey, nacido por 1660, Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 6 de febrero de 1693. Ver: Expediente de pruebas de nobleza del citado Caballero de la Orden de Santiago, en el Archivo Histórico Nacional de Madrid – España, sección Órdenes Militares. Pasó a América, concretamente a Panamá, donde casó con María Aguiriano, vecina de Panamá. El Dr. Fernando Jurado Noboa en su libro “Los secretos del poder socioeconómico: el caso Dávalos.”, SAG, Quito, enero de 1992, en la pág. 142 al hablar sobre Alonso Núñez del Arco y Aguiriano n. en Panamá, esposo legitimo de doña María Josefa  Dávalos  y Morán de Buitrón indica que: Era el hijo mayor de Alonso Núñez del Arco n. en Cabeza del Buey, Caballero de la Orden de Santiago y de María Aguiriano v. de Panamá. El 38 – 39 vivieron en Santa Bárbara, en Quito. En la obra “Historia de Panamá” de E. J. Castillero R. y E. J. Arce, IV edición (corregida), 1949, pág. 52, se detallan los panameños notables de la época hispánica, entre los cuales se nombra al Dr. Andrés de Anchura y Núñez del Arco, Obispo de Trujillo del Perú (1766), quien sin lugar a dudas fue cercano familiar de don Alonso (posiblemente su nieto).

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4. Alonso Núñez del Arco y Aguiriano, nacido en Panamá en 1701 y que se asentó posteriormente en la Real Audiencia de Quito. General de los Reales Ejércitos, Corregidor de Riobamba de 1742 a 1744, Corregidor de Otavalo de 1750 a 1751. En 1732 casó en Riobamba con doña María Josefa Dávalos y Morán de Buitrón (a través de Morán de Buitrón somos parientes próximos de Gabriel García Moreno, por su madre, Mercedes Moreno y Morán de Buitrón), nacida por 1717 en Quito y muerta en su ciudad de nacimiento el 12 de noviembre de 1774 a los 62 años de edad, hija del segundo matrimonio (1705) del Maestre de Campo y Capitán de los Ejércitos del Rey -así como latifundista-, Nicolás Dávalos Villagómez (también Dávalos-Sotomayor Villagómez), nacido en Quito en 1682 (se crió entre Ambato y Pelileo) con doña Leonor Morán de Buitrón o Butrón, nacida en Guayaquil (hija del General Agustín Buitrón, Corregidor de Riobamba en 1712). En 1738-39 fueron vecinos de Santa Bárbara en Quito. Un José Núñez del Arco, probablemente hermano de Alonso Núñez del Arco y Aguriano, firma en Quito el 5 de marzo de 1743 una carta conjuntamente con Cristóbal López Moncayo, Tomás Javier de Yepes y Garcés, José Anselmo de Villavicencio, Juan Pérez de Villamar, Pedro Escorza, Tadeo de Orozco y Pedro de Nájera, dirigida al Consejo de Indias, informando sobre los méritos de D. Pedro Vicente Maldonado Sotomayor, gobernador de la provincia de Esmeraldas[7]. Por Dávalos la genealogía se encuentra investigada en su totalidad prácticamente[8]. Hijos:

  1. Mariano Joaquín Núñez del Arco y Dávalos, bautizado en Riobamba el 17 de agosto de 1733.
  2. Rosalía Josefa Beatriz, nacida el 4 de septiembre de 1736, bautizada en Santa Bárbara en Quito el 27 de junio de 1738 por su tío el canónigo Nicolás Dávalos Morán.
  3. Joaquín Juan, bautizado en Santa Bárbara en Quito, el 22 de junio de 1739. Casó en Quito en 1764 con doña María Rosa Martínez y Gabela, padres de Ramón que siguen en 5. Dejó él herencia en Lima antes de 1824.
  4. María Josefa, bautizada en Riobamba el 15 de septiembre de 1742. Casó en Quito a los 44 años, el 11 de junio de 1786 con el Dr. Joaquín Gutiérrez -criollo realista-, natural de Panamá (1737), abogado. Vecinos de Quito en 1799, en casa propia N° 145 en El Sagrario.  Padres de Ana María Gutiérrez del Arco (como vemos, en este caso se omitió el Núñez dando preferencia a Arco en el apellido). En 1811 doña Josefa Núñez del Arco y Dávalos, se declaró tía de Ramón Núñez del Arco, quien en este año remató el ramo de aguardientes y ella tenía casa en la calle de los Tratantes (actual Guayaquil) en Quito, con la cual garantizó a su sobrino Ramón.
  5. María Joaquina, bautizada en Riobamba el 16 de octubre de septiembre de 1744.
  6. Mariano Jacobo, bautizado en Riobamba el 26 de julio de 1747.
  7. José Mariano, bautizado en Riobamba el 28 de noviembre de 1748. Vecino de Quito en 1795.
  8. María Teresa, nacida por 1750, vecina de Quito. Testó aquí el 6 de mayo de 1815. En 1799 vivía en El Sagrario en casa de su hermana Josefa.
  9. Magdalena, nacida por 1752, casó con el guayaquileño Nicolás Avilés del Castillo, nacido en 1750 y vecinos de Quito posteriormente.

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5. Joaquín Juan Núñez del Arco y Dávalos, nacido en Riobamba por 1733, bautizado en Santa Bárbara en Quito, el 22 de junio de 1739. Casó en Quito en 1764 con doña María Rosa Martínez y (Aguilar) Gabela. Hijo:

6. Ramón, el viejo, Núñez del Arco y Martínez Gabela (firma y consta en ocasiones como Núñez del Arco y Gabela o solo Núñez)[9], nacido en Quito por 1764. Procurador Síndico de Quito en 1812, ferviente realista, como tal escribió su célebre Informe dirigido a las autoridades correspondientes sobre los partícipes del 10 de agosto de 1809 y posteriores relacionados, lo publicó Isaac J. Barrera en 1941 en el Boletín de la Academia Nacional de Historia, con el título de “Los hombres de agosto”. En 1818 era administrador de aguardientes, ese mismo año fue padrino del matrimonio de su parienta doña Juana María Paula Josefa Antonia Dávalos con el Capitán Juan José Torcuato Guerrero y Matheu, Conde de Selva Florida, realista este también -al parecer no tan convencido como sus parientes políticos- y segundo presidente de la Junta de Quito surgida el 10 de agosto de 1809. Casó para 1789 con doña Manuela Soria y Gordillo[10]. Se conserva por tradición oral familiar la historia de la persecución que sufrió Ramón el viejo y sus hijos, en especial Joaquín, por parte de Bolívar, quienes tuvieron que huir según el relato familiar, razón o una de las razones por las cuales desconocemos el lugar y la fecha exacta de fallecimiento de Ramón Núñez del Arco y Martínez Gabela. Hijos conocidos de Don Ramón Núñez del Arco fueron tres:

  1. Ramón, el mozo, Núñez del Arco Soria, nacido en Quito por 1790 y que sigue en VII.[11]
  2. Joaquín, nacido en 1800, en 1825 casó con doña Narcisa Terán, nacida en Otavalo[12].
  3. Ignacio Francisco de Paula, nacido en julio de 1803, bautizado en la Catedral de Quito el 31 de julio de ese año[13].

7. Ramón, el mozo, Núñez del Arco y Soria[14] o también Ramón Núñez Soria o Ramón Núñez, nacido en Quito a finales del siglo XVIII. Al parecer habría sido Administrador de Rentas de Su Majestad al final de la mal llamada Colonia. Desde esta generación en nuestra rama empieza a constar el apellido como Núñez solo, aunque su padre Ramón y sus tías abuelas, Josefa y Teresa Núñez del Arco Dávalos, también constan en algunas ocasiones tan solo Núñez sin el Del Arco. Costumbre usual de la época era el de consignar los apellidos de una familia y de una misma persona de varias formas, ej.: Morán de Buitrón o Morán de Butrón o Butrón o Buitrón en una misma persona, ver supra[15].

Aquí también, es decir en esta generación y debido al proceso separatista respecto de la España peninsular, etapa histórica erróneamente denominada “independencia”, comienza el desuso de los apellidos con el De o el Del por considerarlos aristocratizantes. Simón Bolívar, basado en su profundo resentimiento con España y con sus orígenes españoles a causa de varios traumas familiares, mediante decreto en 1824 abolió los títulos nobiliarios –incluyendo las Órdenes Militares-, los cacicazgos y el uso del De o el Del en los apellidos (Antonio José de Sucre, sin embargo, siguió utilizando el De) en el territorio de la entonces Colombia (llamada algunas veces Gran Colombia), que incluía el departamento del sur y la intendencia del Ecuador. Además debe notarse que los Núñez del Arco fueron fieles realistas y después de la “independencia”, como muchas otras familias realistas criollas –venidas a menos la mayoría, lamentablemente-, pasaron al bando de los vencidos y por razones políticas no era conveniente seguir usando el apellido pleno de sus antepasados, en particular considerando la participación de Ramón Núñez del Arco en contra de los llamados “próceres” del 10 de agosto de 1809.

Ramón Núñez en unión con Manuela Acevedo, fueron padres de:

  1. Francisco Núñez Acevedo
  2. Valentín Núñez Acevedo que sigue en 8.
  3. Manuela Núñez Acevedo

1.1. Francisco Núñez Acevedo, nacido en la primera mitad del siglo XIX, casó con Pastora Ureta (en las anotaciones manuales mi tía tatarabuela indica que era “muy bonita y una Matrona Digna”[16]). Sus hijos fueron:

  1. Daniel Núñez Ureta: “Soltero, médico, murió joven en Calceta, mártir de la religión católica, era de misa y comunión diaria, católico práctico. En 1895 entró Alfaro a Quito. Las tropas de este le persiguieron por Católico: de impresión, le dio fiebre y murió. En agonía fueron a tomarle preso, ya no pudieron.”[17]
  1. Celinda Núñez Ureta: “Soltera, muy digna, honorable en todo sentido. ¡Verdadera cristiana! La primera señorita pensionista, en el Buen Pastor, murió anciana.”[18]
  1. Ricardo Núñez Ureta: “Contrajo matrimonio, con Zulia Bucheli, colombiana de familia de patriarca (o patricia), expatriados de Colombia en el ¡Liberalismo! Intelectual, educada en el colegio Ángel de Guarda, Convento del Buen Pastor.” Ricardo Núñez Ureta casó con Zulia Bucheli, fueron sus hijos 4:

3.1.  María Núñez Bucheli: “Se educó en el colegio Ángel de la Guarda del Convento del Buen Pastor. Su conducta y aprovechamiento fueron sobresalientes, en todos los años; soltera digna. Vive en Pasto.” Muerta a la fecha sin duda alguna.

3.2.  Jorge Núñez Bucheli: “Educado, prohijado por sus tíos en 2° grado, lo recibieron de 10 años. Él llamaba, papá y mamá a sus tíos (que) son Roberto Núñez Galarraga, su tía Zoila Núñez de Núñez. Es de comunión diaria, el honor de la familia. Vive en Pasto.” Muerto a la fecha.

3.3.  N. Núñez Bucheli.

3.4. Carlos Núñez Bucheli.

4. Augusto Núñez Ureta: “Murió joven; envenenado en el café. No se descubrió el autor”. Nuevamente Fernando Jurado Noboa, nos brinba información sobre los hermanos Núñez Ureta, específicamente sobre Augusto y Francisco en su obra Ensayos sobre el chulla quiteño 1700-2009, en el capítulo LA BANCA TIGRE: MOMENTO CÚSPIDE DE LA SAL QUITEÑA (1884-1937), también existe información en este libro sobre Pedro Leopoldo Núñez.

5. Francisco Núñez Ureta: “Contrajo matrimonio con Carlota Rosero. Agricultor.” Poseemos información de cuatro de sus hijos: María, Francisco, Gabriel y Alberto Núñez Rosero. Con sucesión: Pérez Núñez, Núñez Pallares.

8. Valentín Núñez Acevedo de Quito: “Católico práctico; fue conocido en Quito por su honorabilidad, muy estimado de la buena sociedad. ¡Caritativo con los pobres y gente de pueblo! (…) Valentín Núñez Acevedo contrajo matrimonio con Mercedes Galarraga, digna matrona verdaderamente cristiana.”  Era propietario de la compañía de coches “La Fraternal – Coches para el sur” (que funcionaba donde después se instaló la Escuela de Bellas Artes en el extremo norte de la Alameda) con Agencias en Quito, a cargo de Carlos Mateus (¿Carlos Mateus Pacheco de Saavedra?), en Latacunga a cargo de Pompeyo Baquero y en Ambato a cargo de Teófilo Quirola. En el libro “La Vida de Cada Día. El Ecuador en avisos 1822-1939”, página 37,  editado por el Banco Central del Ecuador bajo la dirección de Irving Iván Zapater con la investigación de Alfonso Cevallos Romero y la participación de Patricio Estévez Trejo en la parte gráfica se reproduce un anuncio de “El Nacional” de Quito N° 432, del 15 de junio de 1870, donde Valentín Núñez promociona su empresa. Fueron sus hijos 8:

  1. Matilde Núñez Galarraga: “Religiosa de la Providencia, la primera postulante, Sor Loyola”.

  2. Francisco Roberto Núñez Galarraga: “Mi amado, muy querido papá, como fui para él. Contrajo matrimonio con su prima hermana Zoila Núñez.” Que sigue en 9.

  3. Augusto Núñez Galarraga.

  4. Ricardo Núñez Galarraga: “Murió joven, estudiante de medicina, cayó del caballo a un precipicio, se rompió la pierna y murió.”

  5. Mercedes Núñez Galarraga: “Contrajo matrimonio con el Dr. Guillermo Ordoñez.” Solo menciona una hija: Carmelina Ordóñez Núñez: “Soltera, vive –muerta a la fecha- en su casa en la (calle) Loja (que era la casa de sus padres). Soltera muy honorable. Católica práctica, bonita, virtuosa, le acompañan unas parientas muy buenas, Srta. María Bucheli y su madre.”

  6. Luis Valentín Núñez Galarraga: Contrajo matrimonio con Ysabel Sánchez Ordóñez. Fueron sus hijos 5:

1. Eduardo Núñez Sánchez: Contrajo matrimonio con Ana Mora. Con sucesión. Hijos: Núñez Mora; Núñez Cossío, con sucesión.

2. Luis Núñez Sánchez: Contrajo matrimonio con Blanca Lasso, hijas:  Isabel (con sucesión) y  Magdalena Núñez Lasso, casada esta última con Bolívar Chiriboga Donoso, hijos: Chiriboga Núñez, con sucesión.

3. Emelina Núñez Sánchez. Casó con Gustavo Buendía. Con sucesión.

4. Alberto Núñez Sánchez: Con sucesión.

5. Eufemia Núñez Sánchez: Contrajo matrimonio eclesiástico en Guayaquil con el Dr. Alberto Palacios, lojano.

6. Laura Judith Núñez Sánchez, casó con Rafael Enrique León Saltos. Con sucesión.

7.  Luz Núñez Galárraga. Casó con Ascensio Gándara Aguirre, hijos: Gándara Núñez; nietos: Gándara Egas, entre estos Luis Gándara Egas, padre de Marcos Gándara Enríquez, notable historiador y dictador de la República del Ecuador como parte del triunvirato militar que gobernó el país entre 1963 y 1966.

8.  Pacífico Núñez Galárraga.  Casó con Petrona Torres Guarderas (hija a su vez de Pacífico Torres de Betancourt y Petrona Guarderas y Nájera, a su vez hija de Pedro Guarderas y Vicuña), hijos: Núñez Torres, entre estos, Rosa Elena Núñez Torres (1864), quien casó (1890) con Vicente Carbo Aguirre, hijos suyos fueron:

1.  Rosa Matilde Carbo Núñez, n. Quito, el 17 de marzo de 1892, f. Quito el 30 de julio de 1958, c.c. en Quito con Alejandro Ponce y Borja, n. Quito, el 27 de noviembre de 1889, hijo legítimo de Roberto Ponce y Ortiz de Zavallos y de Ignacia Borja y Yerovi. Con sucesión.

2.  Laura Manuela Carbo Núñez, n. Quito, el 5 de abril de 1893, f. el 29 de julio de 1969,
casó en Quito el 16 de julio de 1917 con Dr. Isidro Ayora Cueva, presidente de la República del Ecuador entre 1926 y 1931, siendo primera dama de la Nación. En su honor, así como en el de su esposo, se denominó popularmente como “laurita” a la nueva moneda de 50 centavos acuñada por el novel Banco Central del Ecuador, al sucre se lo denominó “ayora”. Con sucesión.

3.  Elena del Perpetuo Socorro Carbo Núñez, n. Riobamba, el 30 de junio de 1905; casó
en Quito el 8 de enero de 1930 con Simón Márquez de la Plata Amador, n. Guayaquil. Con sucesión.

4.  Enrique Carbo Núñez, n. Daule, el 25 de agosto de 1902, f. Quito en 1940; c.m. con
Mercedes Enríquez y Escobar, hija del Dr. Vicente Enríquez y Andrade y Josefina Escobar.

5.  Pedro Carbo Núñez; c.m. el 31 de marzo de 1948 con Eva Jurado Glaesel, hija legítima
de Eduardo Jurado González y Manuela Glaesel Gambarrotti. Con sucesión.

6.  Joaquín Carbo Núñez; c.m. con Ana María Veas Morán. Con sucesión.

9. Francisco Roberto Núñez Galarraga, quiteño, casó con Zoila Rosa Núñez, su prima hermana. Fueron sus hijos 7:

1. Gabriel Núñez y Núñez: Murió infante.

2. Luis Núñez y Núñez: Murió infante.

3. Griselda Núñez y Núñez: “Religiosa del Buen Pastor, todavía existe, tiene 83 años (1967), en el convento está 62 años, entonces es la mayor de la familia, sigue contenta y constante en su vocación. Dios sea bendito.” Su nombre religioso fue Sor María del Carmen (nacida por 1884), es de quien transcribo estos datos que fueron apuntados a mano. Fue una de las personas que presenció el descubrimiento del corazón embalsamado y posteriormente del cuerpo de su pariente Gabriel García Moreno en la Iglesia de Santa Catalina en 1975 –seguramente para su regocijo-. El político e historiador Francisco Salazar Alvarado la menciona en su libro “Encuentro con la historia. García Moreno: líder católico de Latinoamérica.” (Quito, 2005) En la página 22 dice: “En toda esta  faena (el descubrimiento de los restos de García Moreno) nos acompañaban: La Superiora, las religiosas Consuelo Larrea, Teresa Velasco, María del Carmen Núñez y Sofía Bonifaz.” Murió a avanzada edad.

4. Segundo Roberto Núñez Núñez. Casó con Isabel Salvador Aguirre. Que sigue en 10.

5. Marieta Núñez Núñez. Soltera.

6. Clemencia Núñez Núñez: Muerta infante.

7. Guadalupe Núñez Núñez: Muerta infante.

10. Roberto Segundo Núñez y Núñez, nacido en Quito en 1888 – Plaza Grande, en la casa de su familia en la calle Venezuela, junto a la casa de los Mateus y frente a la municipalidad quiteña.  Casó con Isabel Salvador Aguirre (n. 1887 en Quito – La Merced.), también quiteña, hija de Antonio Javier Salvador Demarquet y Carmen Aguirre Klinger. Fueron sus hijos 4[19]:

Roberto Núñez y Núñez

Roberto Núñez y Núñez

  1. Luis Núñez Salvador. Con sucesión.
  2. Eduardo Núñez Salvador. Casó con Carmen Lucila Ambrosi de la ciudad de Cuenca. Sin sucesión. Peleó en la guerra del 41 contra el Perú en el Batallón de Cazadores.
  3. Guillermo Augusto Núñez Salvador. Nacido en Quito el 30 de septiembre de 1915 en San Roque. Casó con Lucila Proaño Salguero de Ambato. Que sigue en 11.

    Guillermo Núñez Salvador en la Escuela de Aviación de Latacunga, 1938.

    Guillermo Núñez Salvador en la Escuela de Aviación de Latacunga, 1938.

  4. Carmen Núñez Salvador. Casó con Raul Borja Gaete de Riobamba (Hijo de Ricardo Borja León y Rosa Gaete). Son sus hijos 7:
  1. Nancy Borja Núñez. Casó con el Dr. Jaime Naranjo, odontólogo y comentarista deportivo. Hijos: Jaime y Elizabeth Naranjo Borja. Con sucesión.

  2. Magda Borja Núñez. Casó con Russ Babbitt, estadounidense, ambos catedráticos universitarios ya jubilados y residente en Texas. Hijos: David y Richard Babbit Borja, con sucesión.

  3. Cecil Borja Núñez. Casó con N. Sandoval. Con sucesión.

  4. Luz Elisa Borja Núñez, casó con Marco Antonio de Mora de la ciudad de Guaranda. Con sucesión.

  5. Raúl Borja Núñez, casó en dos ocasiones, la 1ra con N. Suárez, con sucesión; y la 2da con María Arboleda, con sucesión.

  6. Carmen Borja Núñez. casó con el estadounidense Timothy D’estacio. Viven en Estados Unidos, con sucesión.

  7. Hugo Borja Núñez. Con sucesión.

11. Guillermo Augusto Núñez Salvador (Quito – 30 de septiembre de 1915, San Roque) casó con Lucila Proaño Salguero de Ambato (10 de agosto de 1918, Ambato – Yagüira)[20]. Mi bisabuela Lucila Proaño Salguero era hija del Ingeniero Alejandro Proaño Guevara (hijo de Bolívar Proaño O. y de Adela Guevara)  de Ambato y de Zoila Inés Salguero Mogrovejo (hija de José Salguero y Alegría Mogrovejo), también de Ambato. Son sus hijos 3:

Guillermo Augusto Núñez del Arco Fenández Salvador

Guillermo Augusto Núñez del Arco Fenández Salvador

  1. Mauro Fernando Núñez Proaño, Quito, 18 de enero de 1939. (Ingeniero Comercial, Piloto y Teniente de la Fuerza Aérea Ecuatoriana). Casó con Iralda Benítez Armas (Licenciada y Magíster de Ciencias de la Educación). Que sigue en 12.
  2. Edda Genith Núñez Proaño, Quito, 1940. (Nota: le pusieron esos nombres en honor a la hija de Benito Mussolini, Edda Ciano, pues mi bisabuelo trabajaba con la embajada de Italia en ese entonces en la construcción de la carretera de Ambato a Baños y Baños al Puyo). Casó con Amílcar Salvador,  divorciados posteriormente. Sin sucesión.
  3. Leslie de las Mercedes Núñez Proaño (Economista). Casó con Fernando Guijarro Cabezas de Guano (Economista, ex Director General del IESS, y ex Gerente de Crédito del Produbanco). Sus hijos son 2: Leonel Guijarro Núñez y Pablo Guijarro Núñez.

12. Mauro Fernando Núñez Proaño (Ingeniero Civil, Ingeniero Comercial, Piloto y Teniente de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, nació el 18 de enero de 1939 en Quito, en la antigua maternidad en la calle Montúfar)  casó con Iralda Benítez Armas de Mira- Carchi (licenciada en enfermería y magister en ciencias de la educación, fue Directora de la Escuela Nacional de Enfermería de la Universidad Central del Ecuador, un museo de la Facultad lleva su nombre, nació el 15 junio de 1937 en Mira). Los padres de mi abuela fueron Pedro Rafael  Benítez Muñoz; a su vez los padres de este fueron Manuel Benítez Andrade (hijo de Domingo Benítez y María Andrade) y  Carmen Muñoz García (hija de José Muñoz y Ramona García); y Esther María Armas Torres, hija de Vidal Armas (hijo de Esteban Armas y Mercedes Briones) y Angelita Torres Narváez (hija de José Torres y María Narváez). Su hijos son 3:

  1. Franz Fernando Núñez Benítez (Quito, 22 de mayo de 1965, fue bautizado por el entonces Rvdo. Simón Espinosa Cordero – ex jesuita y afamado historiador hoy por hoy-, el 23 de diciembre de 1965, en El Belén.) Casó con Sandra Irene Vega Bianculli de Quito (hija de Miguel Vega y Emma Bianculli), divorciados, 2 hijos: Sebastián Fernando Núñez Vega y  Camila Alejandra Núñez Vega. Y de una actual relación con Araceli Robles de Manabí,  una hija: Macarena Núñez Robles.
  2. Francisco Santiago Núñez Benítez (Ingeniero Informático)  (Quito – 26 de agosto de 1966). Casó con Augusta M. Proaño Unda de Quito. Sigue en 13.
  3. Carlos Andrés Núñez Benítez (Ingeniero Automotriz) (Quito – 24 de octubre de 1977). Casó con Katherine Delgado Mora de El Carmen – Manabí. Sus hijas son tres: Luciana, Bianca y Nícola.

13. Francisco Santiago Núñez Benítez (Quito – 26 de agosto de 1966) casó con Augusta J. M. Proaño Unda (Quito – 25 de diciembre de 1966) hija de Oswaldo Bolívar Proaño López, quiteño (hijo del licenciado Luis Proaño Calderón – descendiente del Capitán de los Ejércitos del Rey, Don Francisco Proaño de los Ríos- y de Eloísa López Ruano de San Gabriel), y de Rosa M. Unda Herrera, quiteña. Sus hijos somos tres:

  1. Mauro Francisco Núñez del Arco Proaño (Quito, 21 de septiembre de 1985). Historiador, analista internacional, genealogista, activista, escritor, entre otros. Séptima generación de ecuatorianos, novena generación de quiteños, décima generación de quiteños audienciales, y undécima generación de americanos por varonía.
  2. Iralda María José Núñez Proaño (Quito, 09 de mayo de 1989). Publicista. Casó con Allen Gabriel Vallejo Carrión.
  3. Santiago David Núñez del Arco Proaño (Quito – 17 de diciembre de 1994). Músico y actor.
Santiago Núñez del Arco en al portada de Hoy Domingo, a propósito del estreno de su primer película:

Santiago Núñez del Arco en al portada de Hoy Domingo, a propósito del estreno de su primer película: “No robarás a menos que sea necesario”.

Santiago Núñez del Arco Proaño, Stephany Meza Proaño y Francisco Núñez del Arco Proaño, autor del presente estudio.

Santiago Núñez del Arco Proaño, Stephany Meza Proaño y Francisco Núñez del Arco Proaño, autor del presente estudio.


[1] Oswald Spengler, Decadencia de Occidente, tomo IV, pp.110-118

[2] Leonardo Castellani, El Nuevo Gobierno de Sancho.

[3] En Jurado Noboa, Fernando, Una visita al pueblo andaluz de Belalcázar, Cultura Hispánica N°9, Ediciones del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica, Quito, Octubre de 1980, p. 34

[4] Barredo de Valenzuela y Arrojo, Adolfo y Alonso de Cadenas y López, Ampelio; Nobiliario de Extremadura, tomo V, Ediciones de la Revista Hidalguía, Madrid, 2000, p. 59

[5] El investigador chileno Patricio Medina Morales, nos indica la posibilidad de que exista descendencia de los Núñez del Arco de Quito en Chile: Ignacio Francisco de Paula habría llegado a Chile, contrayendo matrimonio con Doña Carmen González entre los años 1818 y 1826. El documento donde se menciona sus nombres, es en el matrimonio de una de sus hijas, Doña Justa Núñez del Arco y  González -tatarabuela de Patricio-, quien contrae matrimonio de 16 años de edad, en el año 1843 en Santiago de Chile con Don Severino Solar Navarrete Cabrera  y viuda de este contrae matrimonio nuevamente en 1856 con Carlos Solar Navarrete Moya hermanastro del anterior -asimismo tatarabuelo del investigador chileno-. También tiene conocimiento de  dos hermanas de Doña Justa: Mercedes y Micaela. En el acta de su segundo matrimonio Doña Justa cambia y reduce su apellido a Larcos.

[6] Información que consta en el expediente de pruebas de concesión del Título de Caballero de la Orden de Santiago a Alonso Núñez del Arco y Calvo Cuadrado hasta la tercera generación de este trabajo.

[7] Ortiz de la Tabla Ducasse, Javier;  Cartas de Cabildos Hispanoamericanos – Audiencia de Quito (Siglos XVI-XIX), Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Sevilla, 1991, p. 297

[8] De la cuarta a la sexta generación información en: Jurado Noboa, Fernando,  Los secretos del poder socioeconómico: el caso Dávalos, SAG, Quito, 1992, pp.142 y sigs.

[9] Distintos expedientes del Archivo Nacional del Ecuador, ejm.: Fondo Real Audiencia de Quito y República del Ecuador, Civiles: Sección general: Serie: Civiles: Caja N° 47, Años 1810-1815, Expediente 14. Quito, 25 de septiembre de 1812.

[10] Archivo Fernando Jurado Noboa – FJN.

[11] Archivo FJN.

[12] Ibídem

[13] Ibídem y en Moreno Egas, Jorge, Vecinos de la Catedral de Quito bautizados entre 1801 y 1831, Quito, 1984.

[14] Archivo FJN y Archivo Sor Carmen (Griselda) Núñez y Núñez.

[15] Sobre la anotación de que algunas ramas debieron obviar el apellido completo, en Cuenca ha sucedido algo parecido v.g. Don Virgilio Jerves, nieto del quiteño Alberto Núñez del Arco Fabara, sin embargo por errores del Registro Civil fue inscrito como Virgilio II Jerves Núñez. Asumo que a los amanuenses de ese entonces no les fue difícil seccionar el apellido de su madre como lo han hecho con otros.

[16] Archivo Sor Carmen (Griselda) Núñez y Núñez.

[17] Ibídem.

[18] Ibídem. Todas los entrecomillados siguientes hasta la novena generación corresponden a las anotaciones de Sor Carmen (Griselda) Núñez y Núñez.

[19] Archivo Fernando Núñez Proaño.

[20] Archivo familia Núñez Proaño.



Los Núñez del Arco: Un caso de poder político criollo americano en la Monarquía Universal Hispana y el fundamentalismo chauvinista historiográfico ecuatoriano. Una breve reflexión.

Los Núñez del Arco: Un caso de poder político criollo americano en la Monarquía Universal Hispana y el fundamentalismo chauvinista historiográfico ecuatoriano. Una breve reflexión.

La vida es como un arco; el alma es como una flecha; el espíritu absoluto como la diana a traspasar.

Sabrá el lector disculpar lo largo del título de esta sucinta nota -que más parece propio del siglo XVI que del XXI y que tan solo adolece de dedicatoria que en su momento tendrá- y la cantidad de adjetivaciones usadas en el mismo, todas las cuales son necesarias, sin embargo, a fin de delimitar el objeto de estas líneas.

Como ya señalé en otra oportunidad, es mito usual y extendido en la ideas y en la historiografía americana  -particularmente en la ecuatoriana- oficial y oficiosa, aquel que dice que los criollos durante la  mal llamada colonia, la Monarquía Universal Hispana o el Imperio, fueron excluidos de toda forma de poder político y de mando. Dentro de este prejuicio de base ideológica liberal chauvinista, se enmarca la interpretación simple y superficial que la historiografía ecuatoriana, intencionadamente o no, ha dado a la participación de los Núñez del Arco en varios episodios de la historia política de la Real Audiencia de Quito. A manera de demostrativa siguen dos casos concretos.

Alonso Núñez del Arco y Aguiriano, genearca de los Núñez del Arco del actual Ecuador y de los Núñez de Riobamba y Quito específicamente[1], hijo de peninsular y criolla panameña, nacido en Panamá en 1701 -criollo por tanto-, y quien se asentó posteriormente en la Real Audiencia de Quito. General de los Reales Ejércitos, Corregidor de Riobamba de 1742 a 1744, Corregidor de Otavalo de 1750 a 1751. En 1732 casó en Riobamba con doña María Josefa Dávalos y Morán de Buitrón, nacida por 1717 en Quito y muerta en su ciudad de nacimiento el 12 de noviembre de 1774 a los 62 años de edad, hija del segundo matrimonio (1705) del Maestre de Campo y Capitán de los Ejércitos del Rey -así como latifundista-, Nicolás Dávalos Villagómez (también Dávalos-Sotomayor Villagómez) nacido en Quito en 1682, con doña Leonor Morán de Buitrón o Butrón, nacida en Guayaquil (hija del General Agustín Buitrón, Corregidor de Riobamba en 1712). En 1738-39 fueron vecinos de Santa Bárbara en Quito[2].

Si bien la información que precede la proporciona el reconocido historiador y genealogista quiteño Fernando Jurado Noboa en su obra citada, el mismo autor, olvidando sus propias líneas y cayendo en el prejuicio historiográfico impuesto por generaciones de historiadores chauvinistas fanáticos, en testimonio oral me expresó que Alonso Núñez del Arco “como todo corregidor en la colonia, era peninsular”[3].

Figura mucho más polémica y conocida en la historia nacional es la de Ramón Núñez del Arco, sin embargo jamás abordado e investigado en la forma adecuada y objetiva por su acendrado realismo, nieto de Alonso, trascendió a la historia, mejor dicho, a la historiografía ecuatoriana, como el “malvado” “español” que elaboró el Informe sobre la subversión de Quito de 1809 para que sus partícipes fueran castigados por las autoridades competentes. En efecto, en 1813 concluía su célebre “Informe del Procurador General, Síndico personero de la ciudad de Quito, Ramón Núñez del Arco”[4].

En el libro “Mujeres de la revolución de Quito”, Sonia Salazar Garcés y Alexandra Sevilla Naranjo, anotan que:

El español Ramón Núñez del Arco, elaboró un Informe detallado en el que dio cuenta de la situación y ‘filiación’ de todos los personajes que estaban de algu­na manera ligados al gobierno de la Audiencia. Aparecen en él los funcionarios públicos, de correos, religiosos, soldados, de acuerdo a la dependencia o profesión que ejercían y califica individualmente a cada uno de los personajes nombrados en relación a su actuación durante la Revolución de Quito. En el documento Núñez del Arco describe, como en un diccionario, cada una de las calificaciones que atribuye a los personajes.[5]

Cuando señalan como español a Ramón Núñez del Arco, se incurre en un error grave de interpretación, nuevamente debido al prejuicio que la historiografía chauvinista ecuatoriana ejerce sobre los historiadores e investigadores nacionales. Ramón bien fue español, como todos los súbditos de la Corona Española en ambos lados del Atlántico y aún más allá, no obstante, la referencia a su calidad de español desde la perspectiva[6] histórica ecuatoriana, se refiere a que era peninsular, nacido en Europa. Y este es el lamentable hilo conductor de la “lógica histórica” con todos los realistas, es decir: realista = español-peninsular.

Ramón Núñez del Arco señala sobre sí mismo en el numeral 106 de su propio informe lo siguiente: “Procurador general, d. Ramón Núñez del Arco, criollo, realista fiel.”[7] No extraña esta declaración de criollaje, debido a que él había nacido en Quito en 1764[8], hijo del riobambeño Joaquín Juan Núñez del Arco y Dávalos, y nieto del panameño Alonso, era tercera generación de Núñez del Arco en América; además de haber sido Procurador Síndico de la ciudad de Quito, también fue Administrador de Aguardientes y como es evidente, realista ferviente. De hecho, toda su familia agnada y cognada (Joaquín Gutiérrez y Juan José Torcuato Guerrero y Matheu, entre estos) mantuvo una decidida postura realista.

Vale hacer la comparación genealógica en este caso con Juan Pío Montúfar Larrea, la cabeza visible y prominente de la Junta Suprema del 10 de agosto de 1809. Juan Pío también había nacido en Quito en 1758 y era hijo de un español peninsular, el primer marqués de Selva Alegre, funcionario español y presidente de la Real Audiencia de Quito, a todo lo cual, siendo primera generación en América, a nadie se le ha ocurrido calificar como “español” a Montúfar Larrea[9]. La diferencia fundamental entre ambos radica en el realismo del primero y en la insurgencia del segundo, hecho que ha merecido que los historiadores ecuatorianos desconozcan (y muchos condenen al olvido), a propósito o no, la calidad y condición de criollo y quiteño que poseía Núñez del Arco.

Agravado por partida doble el prejuicio en el caso de Ramón, al haber sido realista y además funcionario público con poder político, como su abuelo Alonso, en la visión sesgada de la interpretación histórica ecuatoriana, jamás pudieron haber sido criollos ninguno de los dos.

Después de terminada la Gran Guerra Civil de Secesión Hispanoamericana, también conocida como Guerra de Independencia, Núñez del Arco con buena parte de su familia, como muchas otras realistas, tuvieron que soportar el peso de ser del bando de los vencidos, correlativamente venidos a menos, empero leales a sus principios irrenunciables de fidelidad a lo que consideraban merecía esta.

Como siempre, que cada uno de ustedes saque su propia conclusión.

Francisco Núñez del Arco


[1] Archivo Particular del Autor (A.P.A.)

[2] Jurado Noboa, Fernando, Los secretos del poder socioeconómico: el caso Dávalos, SAG, Quito, 1992, pág. 142

[3] Entrevista a F.J.N., 2012-11-15

[4] Lo publicó Isaac J. Barrera en 1940 en el Boletín de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, con el título “Los hombres de agosto”. También apareció como separata del Boletín el mismo año.

[5] Salazar Garcés, Sonia; Sevilla Naranjo, Alexandra, Mujeres de la Revolución de Quito, FONSAL, Quito, 2009, Pág.75, nota 41

[6] La RAE define a esta palabra como: Apariencia o representación engañosa y falaz de las cosas.

[7] Los hombres de agosto, separata del Boletín de la ANHE, Litografía e Imprenta Romero, Quito, 1940, pág. 14.

[8] A.P.A.

[9] Ramón Núñez del Arco se refiere así sobre Montúfar en su informe: “188.- Don Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, autor de las insurrecciones, que meditó desde el año 1794. Presidente en la primera (junta) con título de Alteza Serenísima. En la segunda Vicepresidente, como se hizo igualmente elegir para el poder Ejecutivo en la Independencia. En suma, hombre caviloso, intrigante y causa de la ruina de Quito, y trastorno de toda la América. Toda su familia insurgente y pésima. Salió él solo para Loja por su elección bajo palabra de honor, sin siquiera haberse presenciado al jefe.”



El capitán D. Francisco Proaño de los Ríos

El capitán D. Francisco Proaño de los Ríos

“…pecan de olvido las naciones al no tener siempre presentes los nombres y las hazañas de sus mejores hijos, con lo que el alma de los pueblos queda empobrecida”

Remigio Crespo Toral

La historiografía chauvinista ecuatoriana considera a la llamada “revolución de las Alcabalas” de 1592, como un lejano antecedente de la separación política de España (Independencia) – ! –  siendo “una de las primeras manifestaciones políticas del pueblo quiteño en contra de las autoridades españolas”.

El cronista imperial Pedro Ordóñez de Ceballos (o Cevallos o Zevallos) señala en su “Historia y Viaje del Mundo del Clérigo Agradecido don Pedro Ordóñez de Cevallos. Natural de la insigne ciudad de Jaén a las cinco partes de la Europa África América y Magalanica con el itinerario de todo él. Contiene tres libros. Con licencia. En Madrid: por Juan García Infanzón, año de 1691,[1] lo siguiente sobre este levantamiento: “Juntáronse quince hombres principales en un convite, y allí cada uno prometió su día. Acabada la huelga de la espléndida comida, ordenaron un juego, y para que uno mandase y los demás obedeciesen, salió por rey el depositario (Moreno) Bellido, que según su nombre, le debió de parecer que era verdad; nombrolos en cargos: al uno, príncipe de la libertad, al otro duque de Popayán, a otro de las Charcas, y de esta manera a todos los demás; el secretario de su real persona era un guerrero Sayago, hombre muy valiente y que había sido muy rico, y con sus inquietudes estaba pobre; como no le dieron título de grande, como a los demás, juntó a los otros convites, que llamaban cortés; a la cuarta vez, a alguno de ellos les pareció mal, o por ganar gracias fueron y declararon en la Real Audiencia lo que pasaba. El Presidente de ella envió a pedir al Virrey gente y mosquetes y arcabuces, por lo que podía suceder. Envió por general al que lo era del Callao, que era un astuto varón, que su nombre era Pedro de Arana, y por capitán y sargento mayor al valiente y gran soldado Francisco Zapata Vicente; y por capitán de a caballo a Don Francisco Proaño.”

“Historia y Viaje del Mundo del Clérigo Agradecido don Pedro Ordóñez de Cevallos. Natural de la insigne ciudad de Jaén a las cinco partes de la Europa África América y Magalanica con el itinerario de todo él. Contiene tres libros. Con licencia. En Madrid: por Juan García Infanzón, año de 1691″

Alfredo Costales dice por su parte sobre la insurrección y la llegada de Proaño de los Ríos: “Con la hueste de los pardos de Lima, formando parte de la plana mayor de jefes y oficiales de Arana llegó a Quito el Capitán Francisco Proaño de los Ríos para constituirse luego, en el tronco y origen de los Proaño, en el Ecuador.”[2]

Así consta que el español D.[3] Francisco Proaño de los Ríos, nacido en Málaga (Andalucía) en 1540, llegó a Quito como parte de la comitiva realista dirigida por el general Pedro de Arana, que impuso el orden en la joven San Francisco del Quito a sangre y fuego. Los documentos oficiales corroboran su llegada y en el Libro de Cabildos de Quito se registra su nombramiento como Regidor el 27 de septiembre de 1593[4].

Su título de Regidor dice:

“Don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, señor de las villas de Argete y su Partido, Visorrey, Gobernador, Capitán General de estos reinos e provincias del Pirú, Tierra firme y Chile, por Su Majestad, etc. Por cuanto por una mi provisión ordené y mandé a Pedro de Arana mi Lugarteniente de Capitán General que en la ciudad de Quito proveyese el número de Regidores de la dicha ciudad, que pareció convenía nombrar, y Alguacil Mayor y Depositario General que en la dicha ciudad de Quito con voz y voto en el Cabildo demás de los Regidores que había perpetuos; y porque agora el Capitán Don Francisco Proaño de los Ríos me ha pedido y suplicado que, atento que él ha servido a Su Majestad, como es notorio, en la pacificación de la dicha ciudad de Quito y a que se había casado en ella, le hiciese la merced en remuneración de los dichos servicios, y por mí  visto y teniendo consideración a lo que dicho es y a que en vos el dicho Capitán don Francisco Proaño de los Ríos concurren las partes y calidades que para usar un oficio de Regidor de la dicha ciudad se requieren, acordé de dar y dí la presente, por la cual en nombre de Su Majestad y en virtud de los poderes y comisiones que de su persona Real tengo, hago merced a vos el dicho don Francisco Proaño de los Ríos, de os nombrar y proveer, como os nombro y proveo por uno de los Regidores de la dicha ciudad, demás que por la Provisión y orden que dí al dicho mi Lugarteniente de Capitán General ha podido y puede nombrar en ella, para que como tal podáis usar y uséis el dicho oficio de Regidor, en el entre tanto que por Su Majestad o por mí en su Real nombre otra cosa que se provee y manda, en todas las cosas y casos a él anexas y concernientes, según y de la manera que lo han usado y usan, y puede y debe usar los demás regidores que han sido y son de la dicha ciudad; y mando al Cabildo, Justicia e Regimiento de ella, que luego que os presentáredes con esta mi Provisión en el dicho Cabildo, habiendo tomado y recibido de vos el juramento y solenidad que en tal caso se acostumbra, os hayan, reciban y tengan por tal Regidor de la dicha ciudad y usen con vos el dicho oficio, según y de la manera que se usa con los demás regidores de la dicha ciudad, y os guarden y hagan guardar todas las honras, gracias, mercedes, franquezas y libertades, preeminencias, prerrogativas e inmunidades que con él habéis (de) haber y gozar, y os deben ser guardadas, sin que en ello os falte cosa alguna; que por la presente, en nombre de Su Majestad os recibo y he por recibido al uso y exercicio del dicho oficio, y os doy poder y facultad para usar y exercer dicho oficio, caso que por ellos o alguno dellos a él no seáis recebido, y los unos ni los otros no dejéis ni dejen de lo así hacer y cumplir por alguna (manera), so pena de cada mil pesos de oro para la Cámara de Su Majestad. Fecho en los Reyes, a dos días del mes de setiembre de mil y quinientos e noventa y tres años. El Marqués.- Por mandado del Virrey, Alvaro Ruiz de Navamuel.”

Firma y rúbrica del capitán don Francisco Proaño de los Ríos tal como consta en el Libro de Cabildos de San Francisco del Quito (1595)

El historiador y cronista vitalicio de la ciudad de Quito, J. Roberto Páez nos aclara que “el 16 de agosto de 1593 el Marqués de Cañete (Virrey del Perú) dispone que Arana nombre ocho Regidores, Alguacil Mayor, Alférez Mayor y Depositario General, ‘por cuanto, dice, ha constatado que la culpa grande que los Alcaldes y Regidores de la ciudad tuvieron en la rebelión y alteración pasada’. El Cabildo se integra así con los siguientes Regidores: El 18 de setiembre de 1593 se nombra a Juan de Londoño y a Fernando de Ortega Ugarte; el 24 del mismo mes a Rodrigo de Ribadeneira y Diego López de Zúñiga; el 27 del mismo mes de setiembre, a don Francisco Proaño de los Ríos; el 22 de octubre de 1593 a Diego Porcel; el 10 de diciembre, a Pedro Ponce Castillejo; el 4 de febrero de 1594, a don Pedro de Guzmán Ponce de León.”[5]

Cuando el Cabildo de San Francisco del Quito tomó medidas para la conservación del camino de Panzaleo, “proveyeron que el Capitán Don Francisco Proaño” se encargará de aquello[6]. Siendo Regidor, el 5 de Marzo de 1594[7] firmó junto al resto de cabildantes quiteños un “Testimonio de sumisión del Cabildo de Quito a la Corona de Castilla” para reafirmar su fidelidad tras los movimientos subversivos de Quito, llamados “la revolución de las Alcabalas”.  El 29 de abril de 1594 fue elegido “Fiel Executor”[8]. El 10 de junio de ese mismo año se reafirmó[9] con nombramiento oficial como Alcalde de la Santa Hermandad[10].

Ricardo Descalzi del Castillo[11] así como José María Vargas[12] anotan que el 6 de junio de ese mismo año de 1594, el Cabildo delegó al Teniente General Mendoza Manrique, al capitán Regidor Francisco Proaño de los Ríos y a Luis Cabrera, para que salieran a recibir a tres o cuatro leguas de la ciudad al nuevo obispo (IV de Quito) Ilmo. Señor Fray Luis López de Solís; en el acta de esa sesión del Cabildo se dejó constancia de que “por la larga sede vacante es tan deseada su venida” (tras ocho años sin obispo), resolvió por lo mismo que “el día que en ella entrase le den de comer en el nombre del dicho Cabildo una comida, para lo cual se les manda dar ayuda de costa, de los propios de esta ciudad sesenta pesos de plata corriente marcada”. También fungió como Guarda Mayor de los ejidos de la Ciudad desde el 11 de agosto de 1595[13], cargo en el que, sin embargo, no prosperó quizá como señala Luciano Andrade Marín en sus “Historietas de Quito” debido a que “no tenía bríos necesarios para desempeñar su encargo”[14] (¿Tal vez por contrariar a sus propios intereses?), diremos que para ese cargo específicamente, dado que como militar su bríos quedaron más que demostrados.

Finalmente se destaca en su  deber y oficio de Regidor, como uno de los miembros apoderados de la delegación del Cabildo  de Quito ante el nuevo  Virrey del Perú junto a Diego de Valencia León “para que hagan dicha embaxada” en 1596, con el objetivo de celebrar su llegada y “para que en nombre de ella fuesen a la ciudad de los Reyes y besasen las manos al Señor Don Luis de Velasco Virrey destos reinos y le diesen el bienvenido y le pidiesen en nombre desta ciudad algunas cosas tocantes al bien común della.”[15]

Entre 1597 y 1598 fue Corregidor de Otavalo[16], provincia (o partido) que por entonces abarcaba el actual territorio de las provincias del Carchi (incluyendo territorio del sur de la actual Colombia), Imbabura y parte del norte de Pichincha, hasta Guayllabamba inclusive. Como Corregidor participó en las expediciones que por mandato real y debido a las “peticiones presentadas en la mi audiencia y chancillería que reside en la ciudad del San Francisco del Quito” se habían organizado para encontrar un nuevo camino al mar por el norte de la Audiencia, “el 16 de junio de 1597, el doctor Juan del Barrio de Sepúlveda dispuso desde la Audiencia de Quito a don Francisco Proaño de los Ríos, corregidor de Otavalo, que preste todo el apoyo necesario para que el padre Gaspar de Torres pueda iniciar nuevas expediciones hacia la región de Lita. Una de las primeras acciones fue la de nombrar al cacique Alonso Gualapiango como gobernador de la región y con su autoridad disponga que todos los pueblos de la ribera del río Mira presten auxilios a los viajeros.”[17]  La carta que pide “Al corregidor de Otabalo que ayude a Fray Gaspar de Torres y Don Alonso Gualapianguao para que vayan a los indios que están delante de Lita (hacia la San Lorenzo actual), a los que les a hordenado, y no consientre que vayan españoles a ello ni otras personas, socolor de descubrir minas ni camino”, comienza así: “Don Phelipe por la gracias de Dios, Rey de Castilla, de Leon, de Aragon, etc.; a Vos, el capitán don Francisco Proaño de los Ríos, corregidor del partido de Otabalo , salud y gracia.”[18]

El Marqués de Cañete, tenía en alta consideración al capitán D. Francisco Proaño de los Ríos, prueba de ello es la confianza depositada en él para realizar tareas consideradas de especial cuidado y diligencia. Lo demostró primero cuando lo envió desde Lima a “pacificar” Quito y después con el nombramiento de este como Regidor, posteriormente reiterando su confianza en él cuando a fin “de honrar y favorecer en todo al Cabildo, tan honrado y aficionado al servicio de Su Majestad” nombró a Proaño de los Ríos como Alcalde de la Santa Hermandad[19]. Igualmente agradece en carta enviada al Cabildo el 23 de Noviembre de 1594 y firmada en Los Reyes, “la visita y el ofrecimiento que le enviasteis a hacer con el capitán don Francisco Proaño” a su cuñado, don Beltrán, quien venció a los piratas ingleses en costas del actual Ecuador y quien “habrá estimado en lo que yo lo hago” la ayuda de Francisco Proaño de los Ríos.  Señalando en esa misma carta que “daré continuamente gracias a Nuestro Señor, y es muy justo que hagan lo mismo estos reinos, por lo que les importaba que estos corsarios se castigasen y escarmentasen”.[20]

Como anotó Alfredo Costales basado en documentos históricos que reposan en el Archivo Nacional de Historia de Quito, Francisco Proaño de los Ríos antes de venir a América y tomar vecindad en Quito prestó sus servicios en la Península por el espacio de treinta años consecutivos como soldado, alférez y capitán. Lo que quiere decir que se encontraba en su plena madurez cuando vino a Quito. En Portugal, ha tomado la isla tercera; pasando luego a los Reinos de Sicilia con el  Tercio de Diego Pimentel y junto al Marqués de Santa Cruz defendería el Real Tesoro que llevaba Álvaro Flores. Fue también a las jornadas de Inglaterra y permanecía en Lisboa cuando se desató iracunda sobre ella, la armada inglesa[21]. “Pasó a las Indias y establecido en Lima en la época del Virrey Cañete, le transfirieron a Quito, ‘por capitán de una compañía de mosqueteros a la pacificación de aquella provincia’[22]. Cuando tuvo aviso del Virrey don Luis de Velasco que los ingleses habían tomado la ciudad de Portovelo, fue a Panamá para llevar el estandarte Real y posteriormente reunió gente en Quito, para acudir al Reino de Chile, amenazado por los piratas”[23]. Contribuyendo estos hechos al caudal de sus méritos y de su obra patriótica y anti-pirática una vez más.

En Quito se casó por entonces, en medio de esos tiempos de beligerancia, “con la nieta legítima y mas del factor Pedro Martin Montanero uno de los primeros descubridores y conquistadores de este reino”[24].  Javier Ortiz de la Tabla Ducasse nos indica que “la hija mayor de Pedro Martín Montanero, Isabel Jaramillo (o Isabel Montanero, como aparece en otros documentos) casó con el sargento mayor Francisco Suárez de Figueroa (cuyo hermano Gaspar casó con una hija de Francisco Ruiz). Hija de ambos fue doña Agustina de Figueroa (o Suárez de Figueroa), casada con el capitán Francisco Proaño de los Ríos, corregidor de Otavalo. Tanto los Suárez de Figueroa, como los Proaño y los Jaramillo tendrán nutrida descendencia hasta el siglo XVIII, destacando en la sociedad quiteña como hacendados y cabildantes.”[25]

Gracias a sus servicios, el Virrey le distinguió con “una plaza de lanza” para que lo goce en Quito, con una renta de 8600 pesos, el 11 de enero de 1611. Se le dio además, el destino de gentilhombre con otros notables capitanes, por haber formador parte de la compañía de lanzas y arcabuces que vinieron a pacificar Quito, con el Gral. Pedro de Arana[26]. Proaño de los Ríos, como indica Costales, pedía que “la cobranza de la renta y situaciones de la dicha compañía (se lo haga), en algunos repartimientos de Quito y su distrito”[27]. La renta se hace efectiva según lo dicen en 1613 don Diego de Salvatierra. Teniente de Corregidor de Ambato, de los indios tributarios de Ambato de don Cristóbal Toyapanta, en Patate, de don Juan de Ati, Gobernador de Píllaro y de don Diego de Almagro, Gobernador de Pelileo.

“El gentilhombre de lanza que tan distinguidos servicios ha prestado al Rey recibe, ya queda dicho, renta y situaciones de los indios tributarios de la Real Corona del Corregimiento de Ambato debido a ello y al matrimonio con la nieta de Martín Montanero”[28] se avecinda definitivamente en Quito.

Cabe citar la apreciación que tiene Alfredo Costales  sobre los sucesos de la “revolución de las Alcabalas” y la participación del Cap. D. Francisco Proaño de los Ríos en ella, o mejor dicho, en su supresión: “Durante la célebre campaña contra los insurrectos quiteños, en 1593, se distingue por su tenacidad y valor pues, cuantas veces fue necesario recorrió los corregimientos de Latacunga, Riobamba, Chimbo, Cuenca y Loja ‘con mucho trabajo y gasto de su hacienda’, permitió que el carnicero Arana, reuniera un efectivo de mil hombres para entrar en Quito. Proaño, en ningún caso se exime de las crueldades imputadas a Arana contra la población que tan bravamente le ha disputado la victoria…” (El resaltado es mío).

Todos los gentileshombres, entre ellos Proaño de los Ríos, poco tiempo después figuraban en los cargos más representativos de la Real Audiencia. El gentilhombre de lanza, Cap. D. Francisco Proaño de los Ríos, vecino de la ciudad de Quito, como no tuviera sucesión en su legítima mujer, deja descendencia en Isabel (doña Isabel Atagualpa Inga[29]) y María, entre 1598 y 1614, dos indias solteras de los llactayos que vivían en la ciudad[30].  Totaliza el número de sus hijos naturales conocidos, siete: Ursula (1598), Juan de la Cruz (1613), Francisco 1° (1615), Francisco 2° (1621), Alonso (1620), Lorenzo (1613) y Beatriz[31]. Fernando Jurado Noboa en su obra “La Ronda: nido de cantores y poetas” señala que “hacia 1675 Isabel Proaño de los Ríos, nacida por 1625 e hija de del clérigo andaluz (?) Francisco Proaño de los Ríos, compró para su hija natural María de los Ríos Guevara y Paz, un solar en la Ronda…”[32]; dada la coincidencia en las fechas, los nombres y evidentemente en el apellido, creemos que esta también fue hija de nuestro Francisco Proaño de los Ríos quien en 1637 tomó el estado sacerdotal[33], seguramente después de la muerte de su mujer. Para esa misma fecha, el viejo y avezado capitán, se dedicaba al comercio de lanas y ovejas[34].

Destacada posición social y económica poseyó Francisco Proaño de los Ríos. El Cabildo fue el núcleo de la actividad política y social de la América virreinal hasta la misma separación de la Península, los grupos de poder se organizaban en torno a este con el fin de formar sus círculos de influencia y afirmar su condición de élite. El Cabildo quiteño desde su fundación tuvo un peso decisivo en la vida política y económica del distrito y de la Audiencia, manteniendo su fuerza a lo largo de los siglos bajo el firme gobierno de las autoridades imperiales. En el caso particular de Quito después de la revolución de las Alcabalas, los cargos, entre ellos el de Corregidor de Quito, como en el de otras villas, “sería dado por los virreyes limeños a caballeros de su séquito, deudos o paniaguados, beneméritos peruanos y chilenos (a esto últimos se les reservó el cargo de corregidor de Chimbo). Igual sucedió con los corregimientos de Latacunga, Riobamba, Chimbo, Otavalo, Ibarra, Cuenca, Loja-Zaruma y de Guayaquil.”[35] Variados fueron los cargos que desempeñó el capitán Proaño de los Ríos dentro del Cabildo quiteño, asimismo siendo nombrado corregidor de Otavalo, como ya hemos detallado supra. Indica Ortiz de la Tabla que “estas autoridades locales y regionales formarán un nuevo grupo de la sociedad quiteña, enlazando algunos de sus miembros con antiguas familias del distrito o formando tronco de linaje de ricos hacendados y obrajeros.” Respecto a ese enlazamiento señala Ortiz de la Tabla que “también a fines del XVI y primeras décadas del XVII encontramos estos lazos en varios corregidores de villas de segundo rango: … En Otavalo, Francisco Proaño, casado con una hija de Francisco Suárez de Figueroa, hermana de encomendero.”[36]

Francisco Proaño de los Ríos, además de su origen, probanzas y méritos propios, supo consolidar su posición social y económica en la Quito de finales del siglo XVI y principios del XVII con las medidas propias de todo peninsular que adquiría prestigio y procuraba introducirse en el estrato dirigente de la comunidad criolla, por tanto el más privilegiado, primero y sobre todo a través de los lazos por matrimonio con la élite que surgió a partir de los conquistadores, los encomenderos y sus descendientes. Su matrimonio con Agustina Suárez de Figueroa permitió que el patrimonio de Pedro Martín Montanero, de los primeros conquistadores y encomenderos de Quito, recayera en los Proaño del siglo XVII y XVIII[37].

El Cap. Don Francisco Proaño de los Ríos, fundador de la nacionalidad quiteña (uno de los muchos), tuvo una vida de servicio dedicada a su Dios, a la Corona Hispana y a su Rey, y a lo que consideró mejor para el bien de su patria chica y de su patria grande.

No sorprende entonces que sus descendientes introducidos al criollaje de la Real Audiencia se hayan integrado plenamente en la sociedad colonial y los descendientes de sus descendientes en la vida republicana.

En el año 2013, sus descendientes vivos podremos celebrar el 420° aniversario de la llegada de su tronco, genearca y fundador, origen de su ser, a la franciscana ciudad de Quito, capital del conocido reino del mismo nombre y de la actual república del Ecuador.

Por Francisco Núñez Proaño

El general Víctor Proaño Carrión, uno de los ilustres descendientes del capitán Francisco Proaño de los Ríos.


[1] “Historia y Viaje del Mundo del Clérigo Agradecido don Pedro Ordóñez de Cevallos.
Natural de la insigne ciudad de Jaén a las cinco partes de la Europa África América y Magalanica con el itinerario de todo él. Contiene tres libros. Con licencia. En Madrid: por Juan García Infanzón, año de 1691.” Libro II, capítulo Capítulo XXXVI. En “Cronistas Coloniales”. Recopilación de José Roberto Páez. Biblioteca Ecuatoriana Mínima, Quito, 1960. También en “Autobiografías y memorias. Leccionadas e ilustradas por M. Serrano y Sanz”, Casa Editorial Bailly, Madrid,  pp. 412 y 413

[2] Costales Samaniego, Alfredo y Piedad de, El General Víctor Proaño: el explorador del territorio shuar, Coedición Abya-Yala – SAG, Quito 1994, pág. 9

[3] Tratado como Don o don, con mayúsucula o minúscula indistitamente, en todos los documentos públicos, oficiales y privados consultados y que reposan en Quito, Lima, España y que incluye la crónica de Pedro Ordónez de Ceballos.

[4] Libro de Cabildos de la ciudad de Quito, 1593-1597, 27 de septiembre de 1593, estudio y transcripción de Jorge Garcés, Talleres Tipográficos Municipales, Quito 1941,  pág. 61

[5] Ibídem, introducción.

[6] Ibídem, pág. 225 y sigs.

[7] Ibídem, págs. 157-158. Los firmantes de este documento constan así: Pedro de Arana; Don Francisco de Mendoza Manrique; Francisco de Cáceres; Pedro Fernández de Espinosa; Don Juan de Londoño; El Licenciado Arias Pacheco; Fernando de Ortega Ugarte; Rodrigo Díaz de Ribadeneira; Diego López de Zúñiga; Don Francisco Proaño de los Ríos; Pedro Ponce Castillejo; Luis de Cabrera; Pasó ante mí, Pedro de Espinosa.

[8] Ibídem, págs. 176-177

[9] Decimos que se reafirmó en esa fecha, debido a que anterior a este nombramiento y solemne juramento, consta en datas anteriores del Libro de Cabildos de Quito con el mismo oficio.

[10] Ibídem, pág. 201

[11] Descalzi del Castillo, La Real Audiencia de Quito – Claustro en los Andes, Ed. Seix y Barral, 1978, pág. 339

[12] Vargas, José María, Historia del Ecuador – siglo XVI, Centro de Publicaciones de la Pontifica Universidad Católica del Ecuador, Quito 1977, pág. 309

[13] Libro de Cabildos, agosto 11 – 1595, págs. 273-274

[14] Andrade Marín, Luciano, Historietas de Quito, Ed. Grupo Cinco Editores, Quito 2000, pág.173

[15] Libro de cabildos, mayo 17 -1596, págs. 366-367

[16] Zumárraga, Pedro Manuel, Monografía del Cantón Antonio Ante, La Prensa Católica,Quito 1949, pág. 78

[17] En busca del mar: http://www.lahora.com.ec/index.php/noticias/show/441836/-1/En_busca_del_mar.html#.UAiECbRfG4E

[18] En: Burgos Guevara, Hugo, Primeras doctrinas en la Real Audiencia de Quito, 1570-1640,Ed. Abya-Yala, Quito 1995pág. 313 y también en: Monroy, Joel, El Convento de la Merced de Quito de 1534-1617,Ed. Labor, Quito 1938, pág. 317   

[19] Libro de cartas escritas por los Reyes Nuestros Señores, Sumos Pontífices, Virreyes y otros ministros de esta Real Audiencia al Cabildo de Quito, 1589-1714, edición y compilación a cargo de Gustavo Chiriboga C., Talleres Tipográficos Municipales, Quito 1970,  págs. 20-21

[20] Ibídem, págs. 23-24

[21] “Provisión de su Exma. para que sobre los tributos del capitán don Francisco Proaño de los Ríos de los tributos de Píllaro, de Patate y sus anexos de la Corona Real”. 1585 -1628. Archivo Nacional de Historia del Ecuador – Quito Sec. Trib. Caja N° 1: fol. 1. Citado en Costales Samaniego, Alfredo y Piedad de.  

[22] Ibídem, fol. 1v

[23] Ibídem

[24] Ibídem, fol. 2

[25] Ortiz de la Tabla Ducasse, Javier, Los encomenderos de Quito: 1534-1660. Origen y evolución de de una élite colonial,Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla 1993, pág. 265

[26] Costales Samaniego, Alfredo y Piedad de, pág. 9

[27] Ibídem.

[28] Ibídem, pág. 10. Pilar Ponce Leiva en su libro “Certezas ante la inservidumbre: Élite y Cabildo de Quito en el siglo XVII” apunta en el Apéndice III “Esposas de Cabildante quiteños, 1593-1701” el matrimonio entre el español Francisco Proaño de los Ríos y la criolla Agustina Suárez Figueroa.

[29] Así la llama su sobrino Francisco Proaño de los Ríos en 1670, nieto del 1°. ANH/PQ. Sec. Prot. 1670 Tomo 144, Notaría I, fol. 1. Citado en Costales.

[30] Costales, pág. 10.

[31] Ibídem

[32] Jurado Noboa, Fernando, La Ronda: nido de cantores y poetas, Quito 1996,  pág.49

[33] Costales, pág. 10

[34] Ibídem

[35] Ortiz de la Tabla, pág. 140

[36] Ibídem, pág. 141

[37] Ibídem, pág. 196



Un heroico quiteño en los Tercios españoles

Un heroico quiteño en los Tercios españoles

Patricio Muñoz Valdivieso, historiador y genealogista lojano, nos detalla en su interesante artículo “PARENTESCOS DE (DON) ALONSO PÉREZ DE LOS RÍOS, VIZCONDE CONSORTE DE SAN DONÁS”, la siguiente información sobre un destacado lojano quiteño audiencial que se desempeñó como militar en la Europa del siglo XVI, específicamente en las campañas de Flandes, llegando al grado de General y Maestre de Campo en las filas de los Tercios, además de haber logrado una distinguida posición social (Ver el artículo completo en este enlace: http://www.genealogia.or.cr/pdf/revistas/ACCG-revista019.pdf):

General y Maestre de Campo (D.) ALONSO DE LOS RÍOS (o PÉREZ DE LOS RÍOS o PÉREZ DE LOS RÍOS Y RIBERO o PÉREZ DE LOS RÍOS VIVERO o PÉREZ RÍOS CABALLERO o PÉREZ DE LOS RÍOS Y VIVERO o PÉREZ DE LOS RÍOS DE VIVERO Y RIBERA), Vizconde consorte de San Donás, el cual junto con su esposa son los primeros del título establecidos en el nuevo continente, n. por 1623 en la quiteña Loja. Según Mendiburu nació en Lima, sin embargo, en la capital virreinal solo se crió desde muy joven como él mismo declaró después. Conforme otro testimonio equivocado nació en la andaluza y granadina Lojac, ciudad que quizás, como buen lojano americano, visitó mientras duró su estadía en la península ibérica, y donde tal vez obtuvo una genealogía falsa por los apellidos Vivero, Rivera, Mercadillo y Mendoza, recuérdese que el fundador de la Loja americana el Cap. Alonso de Mercadillo era originario de la granadina Loja.

Fue un caso atípico en la obtención de títulos nobiliarios por parte de individuos nacidos en Indias y concretamente en la jurisdicción de la Audiencia de Quito el de (D.) Alonso Pérez de los Ríos. Marca generalizada, conforme se constata de una revisión somera de la obra de José Alejandro Guzmán Rodríguez, Títulos Nobiliarios en el Ecuador, publicada en Madrid en 1957, fue que quienes alcanzaron esos reconocimientos tenían como cuna a familias cuyos progenitores o parientes inmediatos o ellos mismos habían desempeñado elevados cargos burocráticos en el nuevo continente, tales fueron los primeros Marqueses de Cadreita -o Cadereita o Cadereyta- (1617) y Valdelirios (1703), cuyas familias temporalmente residieron en Quito; o bien provenían de familias criollas domiciliadas en la Audiencia que se habían encumbrado económicamente, como fueron los primeros Marqueses de Solanda (1700), Villa Rocha (1703), Miraflores (1744), Lises (1745), Villa Orellana (1748) y S. José (1815); y los primeros Condes de Selva Florida (fines del siglo XVII), Las Lagunas (1714), Real Agrado (1769) y Casa Jijón (1784). Recuérdese que en la Audiencia de Quito residieron por herencia el siciliano título de Marqués de Maenza y el castellano Marqués de Selva Alegre, que se vincularon familiarmente en esa jurisdicción.

El caso de (D.) Alonso es la excepción a la regla anterior, joven emprendió viaje al viejo continente en busca de fortuna pues el sueño americano no había funcionado tan exitosamente para su familia, la cual de la información que se desprende anteriormente, no alcanzó, sino muy relativamente en algunos de sus integrantes, el cenit económico y social tan deseado. Allá le fue bastante bien en la carrera de las armas y tuvo un excelente ojo para desposarse, consecuencia de ello fue que se le otorgó en Bruselas en 1654-03-14 el título de Flandes de Vizconde hereditario y Preboste de San Donás que era de propiedad de su primera esposa o de la familia de aquella. Este hecho, entonces, abrió nuevos y florecientes caminos para él y para sus hermanos enteros y del tercer desposorio materno, coincide que las ventajosas prebendas y casamientos o uniones de hecho de ellos se dan luego de la obtención del título; sus provincianos paisanos, miembros de importantes familias, y uno que otro de sus vecinos geográficos perdieron la cabeza por emparentar de cualquier manera con el novel Vizconde, probablemente emparentado además por su primera esposa con la alta nobleza europea, y cuyos hijos de segundo matrimonio muchos años más tarde adquirirán por herencia de su familia materna el peruano Marquesado de Villa Hermosa de San José.

Curiosamente, D. Alonso, único lojano, y segundo quiteño audiencial de nacimiento luego de Cadreita, en obtener una dignidad nobiliaria no responde a los dos presupuestos indicados, y el título que recibirá no será de Castilla como es el caso de todos los anteriormente señalados, sino el de uno de los tantos dominios personales del entonces monarca español reinante de la dinastía de los Austrias, aunque claro es necesario acotar que la concesión se la hizo por matrimonio con la beneficiaria del título y no por sí mismo; en todo caso, habría que revisar cuantos Vizcondes de esta denominación hubieron antes en Flandes, pues (D.) Alonso y su esposa son los primeros del título que vivieron en el Perú.

Llamado siempre erradamente Conde en el testamento de su madre (lojana) y por su cuñado Fco. de Ureña al testar. Acaso se lo llamaba Conde, lo que sucederá también con sus sucesores en el título, o bien por confusión, o bien por propia voluntad, o bien para evitar la notoriedad que podría haber significado en el ambiente de entonces de ser considerado menos que Marqués o Conde, títulos que se encontraban al mismo nivel según la legislación castellana conforme lo expresa Julio de Atienza en Títulos Nobiliarios Hispanoamericanos, 1947, p. 18.

En 1646 de unos 23 años ya D. Alonso se encuentra en Madrid, declara que se crió desde joven en Lima y figura como testigo de la inf. genealógica presentada por el limeño D. Fco. de Vargas y Carvajal, integrante de la familia de los futuros Duques de San Carlos, para ser investido caballero de Alcántara.

En 1662-01-25 en Madrid hace una Relación de méritos y servicios el Mte. de Campo D. Alonso, Vizconde de San Donás. En ella se incorpora el testimonio dado en Bruselas en junio de 1658 por García Osorio, Contador del Consejo de Flandes, el que dice que Ríos se estableció en Flandes como parte de una compañía de infantería española en 1648-04-06 y que le fijaron la renta de 8 escudos de ventaja particulares el día 21 como Alférez Reformado que fue de los reinos del Perú, sirviendo en esa calidad hasta 1650-01-28, fecha en que el Archiduque Leopoldo lo puso al frente de una compañía de infantería donde sirvió hasta 1655-05-01 en que se le concedió el mando de una compañía española hasta que en 1658-05-08 D. Juan (José) de Austria le nombró Mte. de Campo del Tercio de Caballería bajo órdenes del Mte. de Campo D. Pedro de Carvajal y Coria hasta que el día 13 se le concedió licencia.

También se encuentran las certificaciones dadas en 1655-04-23 y 1656-05-20 por D. Fernando de Solís, General de Artillería en Flandes, y los Sargentos Generales de Batalla el Marqués de Monroy, el Marqués de Yennes, el Mte. de Campo de Infantería D. Antonio de Bassacourt y el Cap. y Sgto. Mayor D. Jerónimo de Benavente, en las que declaran que lo han visto servir por 8 años, especialmente en 1648 en el asalto de la villa y ciudad de Cotray –llamada también en ese documento Cotras- en Francia con gran valor, habiéndolo visto el Archiduque Leopoldo en una salida que hicieron los enemigos peleando y rechazándolos hasta una entrada encubierta, acto en que se tomaron prisioneros. Luego luchó en la batalla de Lens librada en la provincia de Henao entonces y hoy en Artois donde fue apresado en 1649, después en la entrada que se hizo a Francia en el sitio y toma de la villa de San Venant o San Venante o Saint Venant en Artois, entrada encubierta que se ganó en la noche a órdenes de Solís como parte de su Tercio, habiendo sido Ríos el primero que cruzó el foso que lo pasó a nado tomando el reducto de los enemigos sobre la puerta de ella y bajando el puente para que pase su gente y ocupe la villa.

Que luego fue nombrado por entrar a la villa de Cambray –entonces española y actualmente francesa- en 1650 por el Archiduque como Maestre de una compañía de infantería con la que fue al socorro de la villa y puerto de Ostende en Flandes, distinguiéndose al año siguiente de 1651 en el sitio y toma de la villa de Fornay –llamado también Fornos- en Francia, así mismo ganó con su compañía la entrada encubierta en el sitio y toma de la villa de Berges San Vinoc -o Bergh Saint Vinox o Berghes Saint Vinox en Flandes entonces y hoy francesa-, ocasión en que muy probablemente conoció a su futura primera esposa. En 1652 se distinguió en el sitio y toma de la villa y puerto de Gravelingas o Gravelines en Flandes entonces y hoy francesa y dio buena cuenta del convoy que llevaba muchos pertrechos de guerra el mismo que dirigió desde la villa de Berges -o Bergh Saint Vinox- hasta la de Borburque o Bourbourg en Francia para el sitio de la última, donde escaramuzó con los enemigos que salieron para impedirle el paso. Se destacó también en el sitio y toma de la villa de Dunquerque en Flandes entonces y hoy francesa, en la entrada a Francia que se hizo en 1653 en que se sitió y desmanteló la villa de Bemont –que debe ser la actual Russy-Bémont- en Picardía, también en el sitio y toma de la villa y fortaleza de Rocroy. En 1654 en el sitio de Arras donde fue apresado, habiendo obrado bien en las salidas que hicieron los enemigos franceses desde esa plaza defendiendo con los soldados de su compañía el reducto y cabeza de sus trincheras.

Siendo Capitán de Caballos al mando de su compañía, según dijeron el Príncipe de Ligni –llamado en ese documento también Lignei o Lisni-, Gral. de Caballería de Flandes, el Conde de Marchin -o Marcin o Marsin-, Gral. de las tropas del Príncipe de Condé, y Fco. Sánchez Pardo, Sgto. Gral. de Batalla y Tte. Gral. de Caballería de Flandes, en certificaciones dadas el 16, 17 y 25 de mayo de 1658, se distinguió en 1655 y en 1657 en el convoy que metió en Gravelingas o Gravelines, pues habiéndole enviado el Conde de Marchin que vaya a la vanguardia a mandar un Teniente que estaba con 15 caballos y mantuviese los centinelas alanzados en orden de que si los enemigos franceses e ingleses que ocupaban el fuerte real de Mardique –o Mardick, actual Fort-Mardyck- en Flandes entonces y hoy francesa, intentasen algo o saliesen de allí los cargase hasta sus fortificaciones, lo que en efecto sucedió con apoyo solo de su compañía, puesto que el Teniente y los soldados mencionados lo desampararon, consiguiendo Ríos con su propio Teniente y dos soldados que se retiraran los contrarios, arriesgándose de tal manera que hubiera sido muy difícil ser socorrido por los demás, siendo esta la razón reconocida por Marchin por la que gracias al ingenio de Ríos se pudo introducir el convoy en esa población. Todo esto pesó para que sus servicios fueran aprobados en cartas dirigidas al Rey por el Archiduque Leopoldo, D. Juan (José) de Austria, el Conde de Fuen Saldaña, el Príncipe de Ligni y el Conde de Marchin el 12 de abril y 04 de octubre de 1656, el 04 de junio de 1658 y el 22 de noviembre de 1661, fecha esta última en que el Conde de Fuen Saldaña, Embajador Extraordinario en París, le envió a Madrid en cumplimiento de una misión real.

En 1663-04-10 en Madrid es nombrado Corregidor de Collaguas en Arequipa, Perú. En 1664-09-05 recibe licencia el Corregidor de la provincia de los Collaguas para pasar al Perú junto con su esposa, tres hijos y una criada negra. Previamente levantó una información genealógica, declaró que era hijo de Gabriel de los Ríos y Rivera y de Carolina –le cambió el nombre a la madre- Mercadillo y Mendoza, y nieto paterno de Fco. de los Ríos Vivero y Margarita de Rivera –como ya dijimos esa filiación se la pone en entredicho-. Viajaba con sus tres hijos que se llamaban Alonso, Fernando e Isabel.

También en el desempeño de ese cargo será conocido como Gobernador de la Provincia de Cailomas -o Cailloma-, rica zona minera peruana. En 1669 el Fiscal de la Audiencia de Lima acusa al Vizconde de haber “envenenado a su hija Isabel Pérez de los Ríos y a dos indios”. En 1674 el Vizconde se encuentra otra vez en Madrid, declara que había estado avecindado en Lima y figura como tgo. de la inf. genealógica presentada por el limeño D. Juan José de la Presa y de la Cueva para ser investido caballero de Calatrava.

En enero de 1680 en Loja su cuñado Ureña declara que D. Alonso donó a su hermana Da. Gabriela un pedazo de casa servida con un mitayo del p. de Colambo que había comprado a Juan Pizarro, marido de Marta de la Banda. Su casa o la de alguno de sus descendientes se encontraba en la calle de Gremios en Lima. Así mismo él o alguno o algunos de los sucesivos Vizcondes fue/fueron propietario/s de unas casas situadas en la esquina de Corcovado (cuadra cuarta del jirón Cuzco) y Negreyros (cuadra quinta del jirón Azángaro), casas que antes en 1620, según José Gálvez, fueron adquiridas por Da. Isabel Pérez Penacho, esposa primero de D. Antonio de Paz y luego del Gral. D. Antonio de Morga y Estrada, Alcalde Ord. de Lima. Esta residencia se habría convertido en varias generaciones de los San Donás en su casa solariega.

Ricardo Palma en una de sus Tradiciones Peruanas escritas en 1868 bajo la denominación de “Un litigio original”, producto de una enconada enemistad habida entre el segundo marqués de Santiago D. Dionisio Pérez Manrique y Villagrán y el primer conde de Sierrabella D. Cristóbal Mesía y Valenzuela en los tiempos del virrey Melchor Portocarrero Lazo de la Vega, conde de la Monclova, cuenta que D. Alonso Pérez de los Ríos y Rivero, vizconde de San Donás, fue uno de los testigos a la salida de una de las misas de la iglesia de S. Agustín de Lima del 08 de septiembre de 1698 de una interminable gresca entre los cocheros de ambos personajes, azuzados por sus amos, en la que se negaban a darse paso mutuamente para que sus carruajes pudieran seguir su camino, y el proponente de la idea de acudir ante el Virrey para arreglar el conflicto, pues “el vizcondesito de San Donás, que era mozo de salidas y expedientes oportunos” intervino expresando: “-Pero, señores, esto es una majadería, a la que conviene poner término. Quédense los coches como están, y vamos donde el virrey para que él decida el caso”.

Sin embargo, en este punto es necesario aclarar que para entonces el Vizconde D. Alonso ya había fallecido según el testamento de su hijo y homónimo el segundo D. Alonso otorgado en junio de 1694, del que también se presume debió morir poco tiempo después, así que Palma seguramente se refiere en lo concerniente a los hechos de este episodio a su nieto y homónimo el tercer D. Alonso pues habla de vizcondecito y mozo y para 1698 el tercer D. Alonso tendría unos 18 años. Así mismo, se conoce que D. Dionisio Pérez Manrique fue primer marqués de Santiago y que D. Cristóbal Mesía y Valenzuela fue segundo conde de Sierrabella, acaso es que Palma se intenta referir al segundo marqués de Santiago D. Carlos Pérez Manrique y Camberos, pues parece que ya para entonces habría muerto el primero, y acaso creyó que D. Cristóbal Mesía y Valenzuela era el primer conde de Sierrabella cuando era el segundo realmente (?).

Su nieta Da. María Pérez de los Ríos y Corral, Vizcondesa de San Donás, en 1758 declara que fue General, Mte. de Campo de la Caballería de Coraceros, “militar del Emperador Don Leopoldo Guillermo de Austria en Flandes” por su Alteza Real D. Juan (José) de Austria, Embajador Extraordinario del Rey D. Felipe IV de España ante el Rey Luis XIV de Francia, General de Mar y Tierra en el Virreinato del Perú, Conde consorte de San Donás”, aunque claro que Da. María confundió a dos Leopoldo de Austria, pues con el que combatió el Vizconde fue un homónimo del Sacro Emperador Romano Germánico Leopoldo I, personaje este último que apenas tenía entre 10 y 16 años aún no reinante en 1650 y 1656 cuando se desarrollaron las acciones de armas en que participó el Vizconde a órdenes del archiduque indicado; además exageró su nieta al decir que fue Embajador Extraordinario, estuvo si a órdenes de uno pero no más.

En este último error, considerarlo Embajador en Francia, caen también Mendiburu y Felipe A. Barreda, probablemente ellos se basaron en la detallada relación de servicios de Pérez de los Ríos hecha en “Lima Fundada” de D. Pedro Peralta y Barnuevo, obra escrita en 1732.

En la obra de Mendiburu consta también que fue Tte. Gral. de los Reales Ejércitos. En los papeles de nobleza de los Tamayo de Mendoza se dice que Pérez de los Ríos fue nombrado Corregidor de Huamanga y Collaguas en 1663, sin embargo, se equivocaron, pues lo fue de Collaguas y Cailloma como ya se ha señalado. En 1716 y en 1725 su hijo D. Bernardo Juan declara que D. Alonso fue General y que fue Conde de San Donás, lo que también afirma su hijo D. Fco.

En C1° en Flandes por 1654 c. Da. Isabel Cleis de Guistele y Aremberg –o Cleis de Hulle y Gistele o de Gistele o Cleis de Guisteli y Aremberg o Cleis Guistelli y Aremberg o Cleis y Guistelle-, n. del Condado de Flandes, Vizcondesa titular del estado de San Donás, llamada también Condesa de ese estado, Señora de Grusanave, de San Bino –o Verges de Sanbino en los Estados de Flandes entonces o Berghes Saint Vinos, hoy población francesa- y de Crepus de San Lorenzo, Baronesa de Durpión –o Urpin o Vupin- y de Alpines conforme su nieta Da. María Pérez de los Ríos y Corral y también debió ser Señora de San Donás –o San Donat- y de la Verdaya –o Berdaya- pues sus descendientes asoman con esos títulos también.

Es probable que Da. Isabel haya sido pariente del ya indicado Felipe Fco. de Ligne –o Ligni-, nacido en 1625, quien también fue último Conde, primer Duque, y Príncipe Soberano de Aremberg dentro del Sacro Imperio Romano Germánico, Duque de Aschot y de Croy, Grande de España de Primera Clase, Príncipe de Porceau, Marqués de Montcornet, Conde de Beaumont, de Seneghem y de Lalaing, Barón de Zewemberges, de Commera, de Rotzelaer, de Bierbecke y de Heverlé, etc., el cual luchó en Flandes, fue Gobernador de Valenciennes y Caballero del Toisón de Oro, fallecido en 1674 o 1675, esposo que fue de Da. Magdalena de Borja y Doria, descendiente del Papa Alejandro VI, de los italianos Doria y Colonna y pariente de San Carlos Borromeo, los que tuvieron sucesión que se extinguió, pasando entonces la titularidad de la Casa de Aremberg y sus dominios y títulos a su hermano Carlos Eugenio de quien provienen actualmente las ramas de Francia, Bélgica y Alemania. El título ducal de Aremberg fue poseído alguna vez por Da. Ma. del Rosario de Silva, que también fue Condesa de Fuenclara y Grande de España de Primera Clase, fue esposa del II Duque de San Carlos D. José Miguel de Carvajal y Vargas Manrique de Lara, n. en 1742 en Lima, que no tuvieron sucesión.

En el Nobiliario de los Países Bajos y Condado de Borgoña, cuyo título original es Nobiliaire des Pays-Bas et du Comté de Bourgogne, escrito por Monsieur de Vegiano, se toma en cuenta a las familias De Cleis, De Guistelle y Arenberg. Aunque Arenberg o Aremberg o Ahremberg se encuentra en Alemania en la región de Renania, sin embargo, la familia de los condes (1117-1645) y posteriores duques (1645-1810), que fueron príncipes soberanos en el Imperio entre 1576 y 1810, año en que fueron mediatizados, estuvo muy vinculada a los Países Bajos, concretamente a lo que actualmente es Bélgica, zona donde los Cleis y Guistelle gozaron de feudos.

Se conoce que los Pérez de los Ríos y Cleis de Guistelle por lo menos tuvieron tres hijos nacidos en Europa con los que pasaron al Perú, la posteridad de uno de ellos se verá en la Segunda Rama, en la que continuó la sucesión del título vizcondal de San Donás.

C2° en Lima en 1687-11-12 c. Da. Fca. de Tamayo Mendoza y Navarra –o Tamayo de Mendoza-, n. por 1660 en Cajamarquilla –en el corregimiento de indios de Cajamarquilla conocido también como Pataz el que a su vez estaba entonces dentro de la jurisdicción del corregimiento de Chachapoyas-, Perú, ocasión en que aparece exhibiéndose como Conde. Su segunda esposa al enviudar de D. Alonso contrajo segundas nupcias con D. Fco. de Araujo Pimentel. Ella otorgó ppt. en 1714-10-08 en Lima ante Uceda a su hijo D. Bernardo Juan de los Ríos y Tamayo, no declara ser Vizcondesa pues no le correspondía. Fue hija del Mte. de Campo D. Joseph Tamayo de Mendoza, autotitulado II Marqués de Villahermosa de San José y de Da. Sebastiana de Torres y Navarra. Con sucesión que se puede ver en la Tercera Rama, en la que se radicó por herencia de su familia materna la sucesión del título marquesal de Villahermosa de San José. 

Al parecer la celebración de este segundo enlace matrimonial del Vizconde con la señora Tamayo se debería a la oferta realizada por la Corona a la familia Tamayo de conceder tres hábitos de caballero a los que casen con las hermanas del autotitulado I Marqués de Villahermosa de San José, proceso de obtención de tan codiciada investidura caballeresca que, al menos en el caso del Vizconde, probablemente no se llegó a feliz término acaso por la temprana muerte del pretendiente o porque se modificó finalmente la oferta, excluyéndose la concesión del ingreso a órdenes de caballería, como bien se deja entrever del artículo escrito por el genealogista Gustavo Baca Corzo. Esa dignidad caballeresca ninguno de sus descendientes pretendió alcanzar posteriormente.

(…)



TÍTULOS NOBILIARIOS EN EL ECUADOR

Opción preferencial por los nobles: “La verdad se encuentra en el marco de una concepción jerárquica normal; nunca la ‘intelectualidad’, sólo la ‘espiritualidad’, comprendida como principio creador de precisas diferencias ontológicas y existenciales, hace de base para el tipo aristócratico y su derecho.” (Julius Evola)

Pongo a disposición de los investigadores genealógicos, históricos y público en general la siguiente obra clásica, referente y pionera en el campo descuidado de la Nobleza en el actual territorio del Ecuador.  A la sangre se la honra con las virtudes, con las acciones.

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JOSÉ ALEJANDRO GUZMÁN

C. de la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica

 TÍTULOS NOBILIARIOS EN EL ECUADOR

MADRID

1957

Prólogo del Conde de Canilleros                                                           

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Imp. Juan Bravo, 3- Madrid

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Dedicatoria:

 

A mis padres, Dr. Don Segundo D. Guzmán Cárdenas y doña Ángela Rodríguez Avilés

 

 

                                               

Prólogo

     Lo primero que deseo consignar es que no fue idea mía el escribir la palabra que encabeza estas líneas. Un prólogo implica altura y responsabilidades. Carezco de lo primero y declino lo segundo. Con ellos resulta indudable que debí clasificar lo por mí escrito como unas Palabras preliminares o como unos Comentarios preliminares, conceptos más a tono con mi modesta intervención en este libro. Pero José Alejandro Guzmán, que sobreestima mi persona con la agrandadora medida de su bondadosa amistad, quiere que le escriba un prólogo, y yo deseo complacerle. Si no en el fondo, por lo menos estoy obligado a que en apariencias esto sea lo deseado por él. Escribo Prólogo, y que perdonen mi osadía.

     Algo me consuela y justifica en esto de ceñirme a un comentario, en vez de dogmatizar prologando. Es lo corriente que el libro malo vaya bien prologado, porque lo necesita para revalorizar la calidad ínfima de la obra. Aquí sucede lo contrario, toda vez que el valor intrínseco del trabajo de José Alejandro Guzmán le estorbarían pretenciosas alegaciones antepuestas a sus páginas. Si con título de Prólogo escribo lo que no son más que palabras o comentarios preliminares, creo que acierto en complacer a los lectores, sin incumplir los deseos del autor.

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     Uno de los más legítimos motivos que España tiene para enorgullecerse de su glorioso período imperial, es el sello cristiano y fraterno de su conquista y coloniaje. Casi podríamos suprimir estos dos términos, porque lo conquistador estuvo circunscrito al indispensable sometimiento de vastos territorios que se incorporaban a la comunidad cristiana, y la colonia no fue sino la prolongación de la Patria en raza y lengua. España reconoció los rangos de la sociedad aborigen americana y le hizo sin regateos ofrenda suprema de su sangre, fundida desde los primeros momentos en el hermoso y humano crisol de lo criollo.

     Así pudo hacerse el milagro de que arraigaran en los ámbitos del Mundo Hispánico los linajes, con la misa heredada hidalguía, con las mismas armas heráldicas que lucieron solariegos palacios y casonas de Extremadura o Castilla, de Vasconia o Andalucía. Fue todo un vasto mundo idéntico, en el que la fe, las tradiciones y las virtudes raciales afirmaron la realidad inmutable de una continuidad histórica, fraguada al calor de los trasplantados cristianos hogares españoles, bajo el signo de unos apellidos que no hicieron sino prolongar en América las ramas del noble tronco de seculares raíces hispanas. Fueron las familias, esas maravillosas células generadoras de las más hermosas realidades, las que crearon el eterno imperio espiritual español. Por eso es y será siempre la genealogía la urdimbre del hermoso tapiz sobre el que se bordaron epopeyas y sobre el que los siglos seguirán poniendo trazos entrañables de vida y de historia.

     El mundo actual, de regreso de demagógicas desviaciones, ha vuelto sus ojos a loa genealógico –sangre y raza-, para encontrar en ello la razón suprema de existir de una sociedad que, sin ridículos hermetismos ni orgullos ridículos, aspira a conservar el recuerdo de los antepasados que supieron servir lealmente al bien común, dejando una espiritual herencia de virtudes familiares. Como en la designación externa de tales méritos los títulos nobiliarios formaban la vanguardia de la distinción, dentro de la pléyade hispana de la hidalguía, no pudieron faltar en los nuevos territorios de nuestro imperio, en los que los méritos excepcionales requerían estas hereditarias mercedes perpetuadoras.

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     Las mercedes concedidas en Ultramar, que tomaron la poética denominación de Títulos de Indias, nacieron con el marquesado del Valle de Oaxaca, concedido en 1529 al insigne extremeño Hernán Cortés, conquistador de México, continuándolas el título de marqués –primero sin denominación y luego de la Conquista- otorgado a otro extremeño magnífico, el conquistador del Perú, Francisco Pizarro, así como el ducado de Veragua y marquesado de Jamaica, con los que se premiaron en su descendencia a los méritos del inmortal descubridor Cristóbal Colón, todos en 1537.

     Tras estos títulos nobiliarios, de grandiosa sonoridad histórica, fueron naciendo, a lo largo de años y siglos, otros muchos, repartidos por todo el Continente Americano y sus avanzadas insulares, para patentizar perpetuamente los servicios de hombres beneméritos.

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     La hoy República del Ecuador fue el viejo reino de Quito, que el poderoso inca Huayna Cápac quiso incorporar a su vasto imperio, que se llamaba Tahuantinsuyo –las cuatro partes del mundo– y los españoles denominaron Perú. Quiso incorporarlo, y lo incorporó de hecho; pero en su conquista de lo quiteño resultó al fin conquistado lo incaico, porque de los amores de Huayna Cápac con una hija del rey de Quito nació Atahualpa, príncipe guerrero, inteligente y valeroso, que, a la muerte de su padre, tras dura lucha, logró ser acatado y reinar en todo el Tahuantinsuyo.

     Con la llegada de los españoles vino el hundimiento del imperio incaico. Sus provincias, desarticuladas de la estatal máquina centralizadora, quedaban dispuestas para convertirse en audiencias o virreinatos del dominio español, que tuvo en Quito a su primer representante en el extremeño Sebastián de Benalcázar, primer conquistador de aquellos hermosos territorios, en relación con el cual no quiero silenciar el incomprensible y repetido error de llamarle Benalcázar, que nada Significa, en vez de Belalcázar, nombre de un pueblo del sur de Extremadura, del que tomó apellido el heroico paladín.

     El reino de Quito fue luego de la Audiencia de igual denominación, en cuyas tierras asentaron los cristianos e hidalgos hogares españoles, los nobles linajes que, con idéntico lustre que en el solar hispano, ostentaron, a la sombra del Chimborazo o del Cotopaxi, sus escudos heráldicos, sobre alguno de los cuales iban a lucir coronas de títulos nobiliarios.

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     José Alejandro Guzmán -¡qué apellido de más española resonancia histórica!– es un joven lleno de inquietudes espirituales y de noble afán investigador. La juventud no se ha desbordado en él hacia fuera, en estéril torrente sin misión ni cauce. Un hondo sentimiento vocacional encauzó sus bríos hacia lo histórico, en la especialidad concreta de la genealogía. Estudioso y erudito, los pocos años no impiden que pueda ofrecernos frutos maduros y sazonados, obtenidos en pacientes investigaciones, con científico rigor histórico. Por eso pudo figurar con destaque en el Congreso Internacional de Genealogía  y Heráldica, celebrado en Madrid en 1955, y por eso su producción cuenta ya con las siguientes obras: Corregidores de Guayaquil, Los presidentes de la Real Audiencia de Quito, Código de Bellas Artes, Autoridades de la provincia de Quito y Los Coello de Portugal. Los méritos de esta última le valieron al autor su ingreso en la Academia Mejicana de Genealogía.

     Guzmán es ecuatoriano. Vino al mundo a orillas de la azul inmensidad del océano que hoy llamamos Pacífico y que por mucho tiempo, a partir de aquel día septembrino de 1513 en que lo descubriera el extremeño Vasco Núñez de Balboa, se denominó Mar del Sur. Meció su cuna la alegre ciudad de Guayaquil, fundada por el también extremeño Francisco de Orellana, antes de marchar a la expedición que le depararía la gloria de descubrir el río más caudaloso del mundo, el Amazonas. Su patria ecuatoriana atrajo sus actividades investigadoras, que se centraron así en una especialización más concreta aún, dentro del campo genealógico.

     Guzmán nos ofrece hoy en este libro, Títulos Nobiliarios en El Ecuador, la creación y sucesiones de tales mercedes, como una primera parte, que completará un segundo volumen con las genealogías de las familias tituladas.

     La presente obra es la segunda de este tema con carácter monográfico que se publica en relación con países de Hispanoamérica, pues hasta ahora solamente Cuba tenía otra semejante, la publicada sobre títulos cubanos por Rafael Nieto Cortadillas.

     José Alejandro Guzmán no ha escatimado esfuerzo ni detalle en un deseo de exhaustividad. Las partes del presente volumen abarcan todas las posibles facetas de contacto de las mercedes nobiliarias con lo ecuatoriano, ya que no se ciñe tan sólo a los títulos concedidos en El Ecuador, sino que comprende cuantos, de una manera o de otra, tuvieron relación con este país. Su método es ordenado y científico; su exposición, clara y acertada. Títulos nobiliarios en El Ecuador es una obra que viene con méritos propios a enriquecer la bibliografía nobiliaria y genealógica. En ella se salpican, junto al dato y a la cronología, valores de resonancia histórica, que van desde el parentesco de los Marqueses de Solanda con el citado descubridor Orellana, hasta los próceres de la Independencia.

***

     No quiero concluir estas líneas sin buscar una justificación a que figuren aquí. Podría ser suficiente la leal y ya aludida amistad del autor; pero yo sé que hubo otra razón poderosa para que me encargase de que le escribiera un prólogo. Esta razón la puede compendiar una palabra: Extremadura.

     Extremadura es una región que impresiona al viajero que recorre España. Sus ciudades -Cáceres, Trujillo, Mérida, Medellín…- son relicarios de arte, mundos detenidos en siglos pasados, que envuelven en una poderosa evocación histórica. Además, para un hispanoamericano, Extremadura es su propia historia heroica del período imperial, porque no  hay un solo de los grandes caudillos de las conquistas americanas que no naciera en tierras extremeñas. Ya van hechas en estas páginas menciones que lo atestiguan así al citar a grandes paladines, extremeños todos, junto a los que aún habría que poner otros, tales como Pedro de Valdivia, conquistador de Chile; Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala, o Hernando de Soto, el héroe de Florida, por hacer mención de algunos de los que faltan.

     Yo soy extremeño, y José Alejandro Guzmán estuvo conmigo en Extremadura. Junto a su ya repetida cariñosa amistad, fue la fuerza evocadora de aquella región la que le hizo fijarse en mí, sin méritos míos, para que le prologara este libro. Yo le complazco, torpe y gustosísimamente, porque la calidad de su obra me enorgullece de estampar mi nombre en ella y porque mi espíritu de extremeño me mantiene en perpetuo amor a todo lo americano.

    Quiero pensar que los lectores darán a mis palabras el valor modesto, pero indispensable, del telón que cierra la escena y se descorre, al fin, para dar paso, concretamente aquí, al erudito trabajo Títulos nobiliarios en el Ecuador, con el que José Alejandro Guzmán dejará complacidos los deseos de estudiosos e investigadores.

MIGUEL MUÑOZ DE SAN PEDRO

Conde de Canilleros y de San Miguel.

C. de la Real Academia de la Historia.

A D V E R T E N C I A

 

La presente obra está dedicada a los Títulos nobiliarios en El Ecuador, algunos de los cuales fueron figuras fulgurantes en los campos de las Ciencias y de las Artes, como el I Marqués de Villa Rocha, insigne matemático y literato, y otros ocuparon las primeras dignidades de los gobiernos en América, como los primeros Marqueses de Caderita y el ya citado de Villa Rocha, que fueron, respectivamente, Virrey de la Nueva España y Presidente (dos veces) de Tierra Firme (Panamá); el III Marqués de Solanda, primero y único ecuatoriano que fué Presidente de la Real Audiencia de Quito; el II Marqués de Selva Alegre y el V Conde de Selva Florida, Presidente de la Junta Soberana de Quito.

Al estudiar a los Títulos ecuatorianos queremos contribuir con nuestro grano de arena al mejor sostenimiento del Gran Edificio Histórico del Ecuador, que lo constituyen las acciones y méritos de sus grandes hombres, a los que, para honrarlos debidamente, no sólo es necesario conocer sus nombres y a veces recordarlos, sino que, para que sus acciones y méritos sirvan de ejemplo, es preciso conocer la trayectoria del curso de sus vidas, destacando lo más saliente de ellas, como

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son sus actos y merecimientos, que los han elevado al Altar de la Patria, para que desde allí guíen los pasos de las generaciones futuras, como los suyos fueron guiados por el estímulo del ejemplo de sus mayores, que se conocen gracias a la Ciencia Genealógica, que es la auxiliar, y muy importante, de la Histórica.

La Historia de mi querida patria, El Ecuador, está íntimamente ligada con la vida de algunos títulos de Castilla, que tuvieron capital y definitiva intervención en la Historia de mi país. Esos títulos ecuatorianos, Próceres de nuestra Independencia, fueron:

El VI Marqués de Solanda (consorte), Gran Mariscal de Ayacucho, vencedor en Pichincha, descendiente de los Marqueses de Preux; el V de Villa Rocha (cuyo primer titular, de la familia de los ya citados de Solanda, doctor José Antonio de la Rocha y Carranza, procedía del Conquistador don Martín González de Carranza, Caballero Hijodalgo, Conquistador de Mainas, y del Capitán don Andrés de Contero, Conquistador de Quijos y Gobernador de Guayaquil y Portoviejo, nacido en Segovia (España), ambos ascendientes del autor); el IV de Villa Orellana (que, como los de Solanda y Villa Rocha, fué del linaje de los Orellana, de la villa de Perales, oriundo de Trujillo, linaje al que perteneció también el Capitán Francisco de Orellana, fundador de la mi hoy ciudad de Guayaquil, descubridor del gran río ecuatoriano, el Amazonas, y en cuyo segundo viaje, en su calidad de Gobernador, fué su compañero el Capitán Diego García de Paredes, fundador

TÍTULOS NOBILIARIOS EN EL ECUADOR                19

de Trujillo de Venezuela, hijo del Sansón de Extremadura, el Capitán don Diego García de Paredes, ascendiente, a su vez, de mi buen amigo el erudito historiador español Conde de San Miguel y de Canilleros, de la Real Academia de la Historia, y del linaje de nuestra Santa Mariana de Jesús Paredes, conocida por la Azucena de Quito); el II y IV de Miraflores (de la antigua familia extremeña de los Flores de Lizaur, que en El Ecuador produjo la gran figura guerrera de la Independencia, el General don Ignacio Flores, nacido en Latacunga e hijo del I Marqués de Miraflores); el III de Selva Alegre, brillante prócer de la Independencia española; el de Maenza, Marqués de Casasola y Conde Puñonrostro, que primero sirvió a la causa de la Independencia de su patria, El Ecuador, para luego, en España, hacer brillante la guerra de la Independencia, interviniendo en la defensa de Madrid  y en otras muchas importantes acciones de guerra; el II de San José y los Condes de Selva Florida y Casa Gijón.

También merecen ser recordados: el I Marqués de Villa Orellana, que, siendo Alcalde de Quito, hizo la Alameda, hermoso ornamento de la capital ecuatoriana; el II Marqués de Selva Alegre, a cuya costa se imprimió en Bogotá el brillante discurso del precursor de la Independencia, el sabio ecuatoriano doctor Eugenio Espejo, dirigido al pueblo de Quito, haciendo ver la importancia de crearse, como luego se hizo, la Escuela de la Concordia, crisol de nuestra independencia; el Marqués de Maenza (consorte),

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que prestó toda su cooperación a los trabajos de los geodésicos franceses para medir el meridiano del Ecuador, y el I Conde del Real Agrado, que apoyó económicamente a su pariente, el sabio Pedro Vicente Maldonado, en la construcción del importante camino de Quito a Esmeraldas.

Los Títulos que en la presente obra estudiamos son aquellos que los Reyes de España concedieron a ecuatorianos ilustres por los servicios prestados y por sus méritos personales, y los que, habiendo sido otorgados a españoles residentes en la Península, y en algunos países de América y Europa, correspondieron a ecuatorianos por sucesión y por alianza; como aquellos títulos, algunos de cuyos dignatarios casaron con hijos de ecuatorianos.

Entre los Títulos vecinos del Ecuador que también vemos en esta obra merecen atención, por sus trabajos o cargos que desempeñaron en el país los siguientes: Conde de Peñaflorida, I de Ruiz de Castilla y el Barón de Carondelet, Presidente de la Real audiencia de Quito, los Condes de Sierra Bella (padres del segundo dignatario, nacido en Quito, que fué Corregidor de Riobamba) y I de Cumbres Altas, que fueron Oidores de Quito; los primeros Marqueses de Casa Boza y de Casa Pizarro, que fueron Gobernadores de Guayaquil; el de Casa Boza, primer Corregidor de la citada ciudad, que tuvo dignidad y título de Gobernador, y el segundo, que, por las buenas obras que realizó en la ciudad de su gobierno, dejó grata memoria entre sus habitantes, y el Barón de Ortega, Gobernador de

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Ambato; el V Marqués de Santa Lucía de Conchán, Corregidor de Quito; el I Marqués de San Lázaro, sabio francés que fué al Ecuador integrando la Comisión de los geodésicos franceses, y el Barón de Humbolt, que realizó en tierras ecuatorianas importantes trabajos científicos.

Aún cuando esta obra se refiere concretamente a los títulos nobiliarios concedidos por los Reyes de España, no hemos querido omitir, en breves citar, a algunos de los títulos extranjeros que ostentan u ostentaron ecuatorianos por sucesión, alianza o fueron vecinos del país, y cuya no completa relación está incluida en los respectivos capítulos de la presente obra. Y también, aunque no entra en la clasificación de títulos nobiliarios, pero sí en las dignidades de Casas Reales, hemos creído conveniente incluir en el Apéndice de este volumen a un miembro de las Casas Reales de las dos Sicilias y de Baviera, que casó con ecuatoriano y residió en el país.

Y, para terminar esta Advertencia, nos resta decir que Títulos nobiliarios en El Ecuador, cuya primera parte, en que se hace relación de los Títulos, comprende el presente volumen, tendrá un segundo, de próxima aparición, con la segunda parte de la obra, dedicada a las genealogías de las familias tituladas que estudiamos en este tomo.

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PRIMERA PARTE

          TÍTULOS ECUATORIANOS

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HOJA EN BLANCO

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CAPÍTULO I

            TÍTULOS POR CREACIÓN

 

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HOJA EN BLANCO

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M A R Q U E S E S

 

                                                           CADREITA

 

DIEZ DE AUX DE ARMENDÁRIZ

 

I.- DON LOPE DIEZ DE AUX DE ARMENDÁRIZ Y SAAVEDRA,

     VI Señor de Cadreita, Caballero de Santiago (admitido el 16 – I – 1606), Gentilhombre de boca de S. M., nacido en la ciudad de Quito hacia 1575, educado en la de Santa Fe de Bogotá y llegado a España de seis años de edad, fué creado I Marqués de Cadreita por Felipe III el 29 de diciembre de 1617 (1), según consta en el legajo 5.240 – Rel. Núm. 3 bis, fol. 7 (2).

El I Marqués de Cadreita fué Virrey de la Nueva España, Embajador de la Corte Española ante la de Alemania y Roma, Mayordomo del Rey, General en propiedad de la Armada de la Guardia de Indias y de los galeones de la plata de la Carrera de Indias (alcanzando en 1633 la famosa victoria sobre los holandeses, echándoles del puerto y fortaleza de la isla de San Martín), y al fin de Consejero de Guerra.

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(1) ATIENZA. CARRAFA, erróneamente, dice fué 29 de abril de 1617.

(2) Archivo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

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Era hermano entero de Fray Luis de Armendáriz, también nacido en la ciudad de Quito, de la Orden de San Bernardo, que llegó a ser Obispo de Jaca (Huesca, España), Arzobispo de Tarragona, Virrey de Cataluña y político de la Marquesa de Falces; ambos hijos de don Lope Díez de Aux de Armendáriz, II Presidente de la Real Audiencia de Quito.

Casó con doña Antonia de Sandoval y Rojas, viuda sin sucesión de don Alonso Cárdenas, VI Conde de la Puebla, fallecido el 14 de junio de 1615 (3); que testó en 1644 y 1699, siendo hermana de doña Francisca Enríquez, IV Condesa Consorte de Chinchón, en la que tuvo a su única hija, heredera en el título, que se llamó:

II.- JUANA FRANCISCA DIEZ DE AUX Y RIVERA,

      II Marquesa de Cadreita en 11-1-1645, y Señora del Mayorazgo de igual denominación, y Condesa de la Torre (Ver este titulo), fallecida el 15 de septiembre de 1696, siendo Camarera Mayor de la Reina María Ana de Baviera. Había casado, en 1645, con don Francisco de la Cueva y Enríquez de Mendoza, VIII Duque de Alburquerque, Marqués de Cuellar, Conde de Ledesma, Vizconde de la Huelma (Ver este título), etc., etc., Virrey de la

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(3) OCARIZ Y VILAR Y PASCUAL

TÍTULOS NOBILIARIOS EN EL ECUADOR                29

Nueva España y fundador de Nuevo México. Testó el 12-III-1676 y 25-IX-1689.

Le sucedió su hija:

III.- ANA ROSALÍA DE LA CUEVA Y DIEZ DE AUX,

        III Marquesa de Cadreita y Señora de su Mayorazgo, que otorgó poder (17-IX-1696) para tomar posesión del Marquesado; hermana de otra doña Ana, Marquesa de Alcañices, y de don Baltasar, Marqués de Malagón. Casó con su tío carnal don Melchor de la Cueva y Enríquez de Mendoza, IX Duque de Alburquerque (Ver este título), General de la Armada del Mar Océano, Gentil – hombre de la Cámara del Rey y de su Consejo de Estado.

Le sucedió su hijo:

IV.- FRANCISCO DE LA CUEVA Y DE LA CUEVA,

     X Duque de Alburquerque, Conde de Ledesma, etc. (Ver estos títulos), casado con doña Juana de la Cerda y Aragón, hija del VIII Duque de Medina Sidonia y de la VIII Duquesa de Segorbe y de Cardona.

Padres de.

V.- ANA CATALINA DE LA CUEVA Y DE LA CERDA,

      Marquesa de Cadreita y Condesa de la Torre, casada, en 1690, con don Carlos Spínola, Marqués de los Balbases.

Padres de:

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VI.- MARÍA DOMINGA DE SPÍNOLA Y DE LA CUEVA,

       Marquesa de los Balbases, Marquesa de Cadreita y  Condesa de la Torre, fallecida en 1758 y casada, en 1754, con don Manuel Pérez Osorio, XII Marqués de Alcañices, fallecido en 1793, hijo del Marqués de Montaos y nieto de don Manuel Pérez Osorio Vega y Vivero, X Marqués de Alcañices.

Le sucedió su primogénito:

VII.- MANUEL PÉREZ OSORIO Y SPÍNOLA DE LA CUEVA,

         XIII Marqués de Alcañices, Marqués de Caderita, Duque de Alburquerque (Ver este título), etc., nacido en Madrid, casado primero con doña María de las Mercedes Zayas y Benavides, IV Duquesa de Algete, Condesa de las Torres, Marquesa de Cullera, hija única del III Duque de Algete.

Padres de:

VIII.- NICOLÁS OSORIO Y ZAYAS,

       Duque de Alburquerque, de Algete, etc., Marqués de Caderita, en 1847; XVI de Alcañices, de los Balbases, de Cullera, Grande de España, Mayordomo de S. M., Gentilhombre de Cámara, Gran Cruz de Carlos III, Maestrante de la Real de Sevilla, Senador, etc., etc., nacido en

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Madrid el 13 de febrero de 1799 y casado con doña Inés Francisca de Silva. Marqueses de Caderita, etc., etc.; en DUQUES DE ALBURQUERQUE (Ver este título)

    

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CASA FIEL PÉREZ CALISTO

 

I.- PEDRO PÉREZ CALISTO,

I  Marqués de Casa Fiel Pérez Calisto a mediados del siglo XIX (1) (2), nacido en la ciudad de Quito y hermano de don José María Pérez Calisto, Comendador de la Orden de Isabel la Católica; era hijo de don Pedro Pérez Muñoz y de doña Teresa Calisto y Borja, nacida en Quito (3).

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(1) Según los historiadores ecuatorianos: DOCTOR LUIS FELIPE BORJA, CRISTÓBAL DE GANGOTENA Y JIJÓN Y PEDRO ROBLES Y CHAMBERS.

(2) El título fué concedido para sí y sus descendientes, otorgándosele, además, un nuevo escudo de armas compuesto de dos leones afrontados, sosteniendo en alto una corona real, haciendo alusión a sus ascendientes, que murieron por defender la causa del Rey en América. (Según Real Despacho del 6 de marzo de 1817, el Rey de España exigió de la Presidencia de quito el informe con la “correspondiente justificación acerca de las gracias pretendidas por los individuos procedentes de la familia de Calistos en premio de la heroica fidelidad” de los de esta familia, como veremos al estudiar la genealogía de los Calistos. (Informe al Rey del General Melchor Aymerich, fechado en Quito el 22 de junio de 1820).

(3) Fué el I y único Marqués de esta denominación, aún cuando el título fue rehabilitado en España, con una variante en el nombre, (cambia la s por x y suprime casa) por:

TÍTULOS NOBILIARIOS EN EL ECUADOR             33

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I.- DOÑA MARÍA DEL CARMEN DE LA ROCHA Y PÉREZ ARANDA Y MOLINA, I Marquesa de Fiel Pérez Calixto, el 13 de marzo de 1894 y Real Despacho del 9 de abril del mismo año (ATIENZA), nacida en Jerez el 29 de enero de 1859, fallecida el 2 de septiembre de 1926 y casada el 21 de julio de 1882 con don Lorenzo Lacave Panet, nacido el 12 de marzo de 1846 y fallecido el 16 de agosto de 1905 (RIPALDA: Títulos de Castilla, pág. 353).

Le sucedió su nieto: (RIPALDA).

II.- PEDRO LACAVE Y PATERO DE LA ROCHA Y ETCHCOZAR, II Marqués de Fiel Pérez Calixto, desde 1927 (ATIENZA), sobrino de doña Eugenia Lacave de la Rocha Panet y Pérez, nacida en Cádiz el 28 de enero de 1884 y casad el 28 de agosto de 1904 con don Mariano Villalonga Ibarra, I Conde de Villalonga, con sucesión (RIPALDA: Obra citada). El actual  y II Marqués de Fiel Pérez Calixto reside en Jerez de la Frontera (GUERRERO BURGOS: Grandezas de España).

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Leónidas Plaza de cuerpo entero.

Reproduzco a continuación un entretenidísimo (por no decir delicioso) relato de Miguel Ángel González Páez sobre Leónidas Plaza Gutiérrez, jerarca liberal -tan responsable como Eloy Alfaro del totalitarismo liberal impuesto en el Ecuador pos 1895, por cierto el viejo luchador se refirió así de “Placita”: “Plaza es un soldado desleal y no tiene ideas políticas”-, presidente del Ecuador en dos períodos entre 1901-1905 el primero, y 1912-1916 el segundo; genearca y padre de “aristócratas” ecuatorianos del siglo XX -como siempre, saque usted sus propias conclusiones-:

Leónidas Plaza de cuerpo entero[1]

Leónidas Plaza Gutiérrez

Leónidas Plaza Gutiérrez

En sus primeras exhibiciones en público, el General Plaza proporcionó a la prensa política, temas curiosos para crítica burlona. Un día se le ocurrió  revistar la Guarnición de Quito, y se presentó al acto vestido de levita negra; cubierta la cabeza con el socorrido sombrero hongo[2], y calzado de zapato amarillo[3].

Invitado por doña Rosa Elena Villacís de Barba, concurrió una tarde al generoso obsequio de un Té bailable, uniformado a manera de un Duque de Sajonia: llevaba kepi de húsares, dormán de paño blanco franjeado de oro y rojo; pantalón azul; y así, tan aplanchado mi General, quiso bailar, con todas sus fuerzas, las alborotadas chilenas que, con el ponche cocktail y la agitación de la cueca suelta, encienden la sangre. Cuando el músico genial y diestro ejecutor don Aparicio Córdova, rompió a toda orquesta la obertura de la Caballería ligera de Suppé, el Presidente General se acercó al maestro y le dijo: “Cambie ese tono con una chilena”. Obedecido el pedido, cesó la obertura de Suppé, y al concierto clásico siguió la alborotada chilena bajo la batuta de Córdova, a cuyo derroche de notas populares, rompiendo los estrechos límites de la etiqueta, nuestro apuesto Presidente, como haciendo honor, paseó por el salón a la mejor morena de la selecta concurrencia, que vestía de percal de oro y blanca seda. Suelta de su brazo; ya vis a vis los danzantes; ella bajo un centenar de miradas saeteras de mozos tentadores, y también de émulas beldades; ojinegra, piropo de Cupido, borneando blanco pañuelo por encima de su cabeza de bucle cabello, rodeó encantadora al verde lechuguino zapateándole de alegría; luego instándole a danzar, con porfía le acomete acercándosele dadivosa de su gracia seductora; ya se retira serpenteándole por la espalda y pecho, como que huye de él ligera, incitándole a seguirla y sacudiéndole el pañuelo. De pronto, virada a un lado, le aborda coquetona; cambia amura, y displicente, y resuelta, y vencedora, enfrenta al General su rostro de rítmica belleza, donde juegan gracias de dulzura, y en augusta actitud, en las barbas mismas del cuitado militar, con sonrisa picaresca, hace venia de cabeza, y entre bulla de aplauso y los ruidos de la orquesta, a su asiento se retira. Era el cado, que don Leónidas, como no había tenido noticia de lo que era etiqueta, tampoco había sabido que bailar era dar movimientos, haciendo airosas mudanzas de cuerpo a compases de la música.

Prohibido por orden de Autoridad de Policía, estaba el entrar a la Alameda en vehículos de cualquier clase que fuesen; otro día, el señor Presidente de la República, se dirigió a ese lugar de paseo público, en lujoso coche, y aun cuando fue notificado con la prohibición existente, por un Inspector de Orden, riéndose de ello, mando al cochero penetrar en el parque, en cuyas calles, siempre sonreído, paseó con unos sobrinitos suyos llegados de Guayaquil. Esas ligerezas del General exhibidas en diversas actitudes, delatando su condición social, dieron de continuo ocasión a las murmuraciones del pueblo.


[1] González Páez, Miguel Ángel, Memorias históricas, Quito, 1934, págs. 445, 446, 447

[2] El nombre de ese tipo de sombrero es bombín: propio del burgués británico y muy común en Sudamérica entre las indias bolivianas y argentinas, gracias a un comerciante inglés.

[3] ¿Protobarcelonista?