coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


12 de octubre, Día de la Hispanidad

12 de octubre, Día de la Hispanidad

vía: http://ecuadorhispano.blogspot.com/

Nuevamente llega el 12 de Octubre, día que en las últimas décadas ha dejado de ser un motivo de orgullo, de real integración y conciencia de nuestra cultura común entre los pueblos hispanos. En HispanoamEérica, la ideologización, la reinterpretación interesada de la historia con fines políticos y una reafirmación identitaria las más de las veces pobremente argumentada, han separado aun más a los pueblos que conformamos este particular espacio civilizatorio dentro del marco de la civilización occidental. Somos quizá el área geográfica más rica, diversa y tristemente dividida de Occidente.
No deja de ser paradójico que quienes más llenan su discurso de palabras como “la Patria Grande”, sean quienes menos aprecien una realidad indiscutible: la identidad común que nace de 300 años de historia compartida, y 500 desde que empezó la andadura de nuestro Nuevo Mundo, nuevo porque sobre la base de las diversas civilizaciones indoamericanas se prodigó el fundente civilizatorio occidental, mediterráneo y español, sin el cual jamás habríamos llegado a ser lo que hoy somos: hispanoamericanos, más allá de que a algunos guste o disguste, que unos lancen loas y otros lo aborrezcan.
La historia nos enseña que un proceso así, donde dos civilizaciones se encuentran, jamás ha sido equitativo ni simétrico: hubo mucho que lamentar, sí; pero poco reparamos en aquello que nos debería enorgullecer: una lengua común; una cultura común con preciosas variantes regionales y de país a país; una historia con hitos gloriosos poco conocidos (la derrota de la mayor armada jamás reunida hasta ese momento, británica, durante el asedio de Cartagena de Indias, en 1741); y un largo etcétera. La verdadera integración no empieza por acuerdos comerciales, cumbres presidenciales o rechazo consensuado a las políticas de uno u otro país: empieza cuando se desechan los chauvinismos parroquianos, los nacionalismos armados desde el Estado y la urgencia política de justificar la codicia de las élites de nuestros países en el siglo XIX a través de la historia oficial. Empieza cuando dejamos de ver cada uno un árbol y vemos el bosque en el cual Hispanoamérica cobra sentido.
Leamos un fragmento de las palabras de quien por muchos es considerado el ecuatoriano más ilustre, el General Eloy Alfaro, pronunciadas durante su breve pero iluminado discurso del 10 de agosto de 1906, día de la inauguración del monumento a la independencia, que hoy adorna el centro de la Playa Mayor de Quito, la Plaza Grande:
[…] La festividad que aquí nos ha reunido, es, no solo un testimonio de gratitud y admiración a los Mártires del 10 de agosto, sino una verdadera renovación del día más glorioso de nuestra historia; de ese día en que, proclamada la libertad de un mundo se complemento [sic] la obra gigantesca de Colón abriéndole nuevos y vastísimos horizontes a la humanidad.
Terminada la magna lucha prevalecieron los sentimientos de fraternidad entre peninsulares y latinoamericanos: y el Ecuador fue la primera de las naciones emancipadas que, movida de filial afecto busco [sic] la reconciliación con la madre patria. Ni de esta, ni de nuestros padres la culpa del formidable duelo que dio por resultado la independencia: España siguió la senda del extraño derecho de gentes de aquella época; y la América, sin tiempo, llegado el momento de su emancipación, resolvió conquistarla con la espada. Cada cual luchó por sus ideales; y el triunfo y la gloria de los americanos, probaron al mundo que eran también dignos hijos de la heroica madre de los Cides y de los Velardes. España nos dio cuanto podía darnos, su civilización; y, apagada ya la tea de la discordia, hoy día, sus glorias son nuestras glorias, y las más brillantes páginas de nuestra historia, pertenecen a la historia española.

Eloy Alfaro

Años después, el ilustre quiteño Don Luciano Andrade Marín, en su obra La lagartija que abrió la calle Mejía, escribiría estas palabras acerca del antedicho discurso pronunciado por Alfaro:
El general Eloy Alfaro, empero que casi nunca pronunciaba discursos, en esta vez, de su corto discurso dijo estas preciosas palabras que nunca antes habían oído nuestroschauvinistas del patrioterismo.
Como parte del acto de inauguración del monumento a la independencia, del cual se ha rescatado el discurso de Alfaro, otro quiteño de cepa, Don Manuel María Sánchez, leyó su poema Ofrenda a España, en el cual dice:
La América, tu América sentía,
de tu arrojo heredera,
Aquellas rebeldías singulares
que hicieron inmortal
la audacia ibera.
Y ya núbil y fuerte
Y libre ya.
Podía en su suelo formar nuevos hogares,
Disponer; a capricho,
De su suerte.
Algo esencial hemos perdido en el camino, del pensamiento de estos ecuatorianos que nos precedieron, que más allá de la separación política, tenían claro el ideal de la identidad común. Lástima que su potencial siga siendo eso, el potencial de una región que aun no despierta del separatismo.
Espero que esto llame a la reflexión y a la memoria.
¡Feliz día de la Hispanidad!
Notas:
Las palabras de D. Eloy Alfaro, D. Luciano Andrade Marín y D. Manuel María Sánchez, las he tomado de:
–          Ortiz Crespo, Alfonso y otros (2006), Nuestro día Sol: una mirada al Monumento de la Independencia en sus cien años, Quito, FONSAL / Alcaldía Metropolitana de Quito.
Este texto y en particular, las palabras de Alfaro, me fueron revelados años atrás por mi esposa, María Gabriela Arteaga Vizcarra, durante la redacción de su tesis de Maestría. Mi gratitud a ella por este venturoso hallazgo.
Eduardo Daniel Crespo Cuesta
Quito, 11 de octubre de 2012


España en América: cuatro ecuatorianos hablan.

España en América: cuatro ecuatorianos hablan. 

A propósito del 12 de Octubre, día de la hispanidad:

“El ideal hispánico está en pie. Lejos de ser agua pasada, no se superará mientras quede en el mundo un solo hombre que se sienta imperfecto”

–  Ramiro de Maeztu

“Primogénita ilustre, el cetro de oro

empuñe de los Césares Iberia:

ocho siglos batalle con le moro,

extermine sus huestes en Granada;

recobre la usurpada

heredad, y en un rapto de hidalguía

desate la diadema de su frente,

para comprar con ella

joya de más valor – ¡Un continente!”

“De pie sobre la orilla

del gaditano mar, lance a la América

la romana semilla,

que en el suelo fecundo

de esta virgen comarca, que latente

el juvenil calor guarda del mundo,

germinará lozana y vigorosa,

doblando presto la española gente…”

“¡Perdón, oh madre amada!

¡Perdón si un día tus audaces hijos

libertad te pedimos con la espada!

Tú nos diste la sangre de Pelayo,

tú, la férvida sed de independencia:

español el arrojo,

castellana la indómita violencia

fueron, con que esgrimió tajante acero

el que probó en la lid ser tu heredero.”

– Luis Cordero Crespo,  poeta y político cuencano,

Presidente de la República de 1892 a 1895.

José Mejía Lequerica

José Mejía Lequerica, el quiteño ilustre de las Cortes de Cádiz,  luchó contra los franceses en la guerra de independencia española, un liberal convencido, vivió el dos de mayo de 1808, pudo escribir a su esposa Manuela Espejo (hermana de Eugenio Espejo) a finales de ese año las siguientes líneas: “En grandes riesgos hemos estado todos los habitantes de Madrid, y yo mismo corrí mucho peligro el día dos de mayo… día tristemente memorable por el valor y lealtad de los españoles y por la sangrienta barbaridad de los franceses, nuestros tiranos. Parece que el cielo quiere libertarnos de sus cadenas… Yo estoy alistado voluntariamente, como también el conde de Puñonrostro (el latacungueño Manuel Matheu, Grande de España) y, si perecemos en algún combate, tendrás tú el envidiable honor de que a tu esposo haya cabido una muerte gloriosa; y si salgo con vida y honra, como lo espero de Dios, tendrás en tu compañía un hombre que habrá demostrado no estar por demás en el mundo. En fin es menester seguir los impulsos de la razón y el patriotismo. ¡Ay Manuela mía! ¡Qué diferentes son los chapetones (españoles) y los franceses, de lo que allá (en Quito) nos figuramos! ¡Qué falsos, qué pérfidos, qué orgullosos, qué crueles, qué demonios éstos!… Al contrario, los españoles, qué sinceros, qué leales, qué humanos, qué benéficos, qué religiosos y qué valientes!”[1].  

Busto de Juan Montalvo por Enrico Pacciani © de la imagen por Francisco Núñez Proaño

Juan Montalvo, el liberal radical y rebelde Juan Montalvo, expresó estas palabras: “¡España! ¡España!  Lo que hay de puro en nuestra sangre,  de noble en nuestro corazón, de claro en nuestro entendimiento, de ti lo tenemos, a ti lo debemos. El pensar a lo grande, el sentir a lo animoso, el obrar a lo justo, en nosotros, son de España; y si hay en la sangre de nuestras venas algunas gotas purpurinas, son de España. Yo que adoro a Jesucristo, yo que hablo la lengua de Castilla; yo que abrigo las afecciones de mis padres y sigo sus costumbres, ¿Cómo habría de aborrecerla?”[2].

 

Belisario Quevedo

Belisario Quevedo,  historiador, escritor y educador latacungueño afirmó: “Los españoles habían salido hacía siglos de la barbarie y entrado en la civilización; seguían la religión de Cristo, que ennoblece al hombre al amparo de la caridad y confraternidad, profesaban la monarquía, condenaban los sacrificios humanos y hasta la esclavitud, siquiera teóricamente; consideraban a sus reyes que, aun cuando consagrados por Dios, eran hombres de la misma naturaleza que los demás, y a los individuos como dueños y señores  de una esfera de acción voluntaria y libre de toda imposición del Estado. Nuestros antepasados los europeos reconocían el derecho de propiedad individual, practicaban el comercio con otros países en buques de vela, cultivaban las ciencias por el acicate de la necesidad o de la curiosidad desinteresada, dilucidaban los grandes problemas filosóficos… se usaban el papel y la imprenta; y se discutía; había escuelas y universidades, se conocían la lira, el arpa, el órgano, el vidrio, los relojes y la moneda; los calendarios de terminaban de hacer sobre un cómputo de la carrera de la tierra; tenían la brújula, la pólvora; el hierro era desde hacia tiempo poderoso auxiliar para el comercio, la industria y las artes… construían la bóveda, el arco y la teja. Habían producido desde los más antiguos tiempos obras supremas de belleza en pintura, escultura y arquitectura; también literatura… La raza india, rojiza, lampiña, de pelo lacio; la otra blanca, esbelta, barbada. La una, y ésta era tal vez la más grande diferencia, en un grado de cultura definitivamente estancada que había dado de sí cuanto podía dar, que había encadenado al germen de todo progreso, las facultades individuales, y quitado el espíritu de renovación; la otra raza, en cambio, en pleno desarrollo, en ejercicio constante de una potencia espiritual, cada vez mayor, llena de gérmenes vivos y esperanzas de ampliación y crecimiento”[3]

 

Francisco Suárez Veintimilla © de la imagen por Francisco Núñez Proaño.

Francisco Suárez Veintimilla, el héroe militar español ecuatoriano pudo decir: “En nombre del Ecuador, mi patria, más amada cuanto más distante, y de toda la América española, gloria y honor de nuestra Madre; honor y gloria también a nuestro joven Rey, honrosa y grande representación de nuestra raza, y por eso también Rey nuestro. ¡Con cuánta mayor verdad y sentimiento no podré decirlo yo ahora que tengo el honor y el orgullo de encontrarme siquiera temporalmente, entre su Ejército, de tan gloriosas tradiciones!… Creed en la gran sinceridad que encierra esta salutación nuestra, y creed también y esperad en la gran verdad y esperanza que revelan estos versos de Darío con que termino:… Mientras el Mundo aliente; mientras la esfera gire; mientras la onda cordial alimente un ensueño; mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña. Una América oculta que hallar, ¡vivirá España!… Los pueblos de América en vos (Madre Patria) sus ojos tienen fijos, y ‘hay mil cachorros sueltos del León español’ (como dijo el gran poeta americano) que bien y sienten y se enardecen con las mismas glorias que vosotros, con vuestra historia, que es también la nuestra, y con ella íntimamente unida llegará ¿por qué no creerlo con toda fe y esperanza?, a ilustrarse otra vez en una nueva época de mayor y más glorioso apogeo de la raza hispánica en ambos continentes… Hay quien habla necia e ignorantemente, ¡vergüenza para ellos!, de la inferioridad de nuestra raza, respecto a otras, que en este siglo de industrialismo han llegado a una mayor prosperidad económica o material. Precisamente eso afirma aún más nuestra superioridad espiritual. ¿No es ejemplo que admiramos todos, y en todo tiempo, el de aquellos hombres extraordinarios que abstraídos de las miserables materialidades de la vida, parecen vivir en un ambiente más puro y más alto, consagrados exclusivamente a las elevadas y nobles aspiraciones del espíritu y que sólo buscan en las cosas su más íntima comprensión de bondad y belleza? Comparemos este caso con el de aquellos que, en nombre del tan decantado progreso del día talan nuestros bosques y los despojan y despueblan de todo lo que hay de más hermoso y amable en la Naturaleza, que no aman, ni la comprenden, ni les interesa sino martirizarla, convirtiendo la Tierra en inmenso erial, de donde han huido el Amor y la Poesía, pareciendo quedar ya sólo, enseñoreados del Mundo, el Hastío y la Desesperación.” “La raza subsiste aún fuerte y potente, la fe es grande e inconmovible, y la sangre de los conquistadores alienta aún con vivo impulso en nosotros. Creámoslo con esa fe y entusiasmo con que aquellos españoles del siglo heroico se adelantaban, con la mirada serena y el paso triunfal, a la conquista de un Mundo, confiando solo en el poder de sus espadas, que tenían el temple de su alma, y que eran en sus manos vivo relámpago que les abría el paso de la fortuna y de la gloria, confortados en la desgracia de aquella dura y tormentosa existencia por la cruz que acompañaba todos sus pasos y que formaba la fuerte empuñadura de sus espadas.” “Una noble ambición de poder y gloria les impulsaba, y si hubo algunos que, por desgracia, extremaron su ambición y se manifestaron codiciosos y crueles, aun estos mismos eran grandes en medio de sus extravíos” “No somos civilizados, es verdad; no sabemos vivir como requiere lo que se llama el “progreso moderno”, porque no sabemos torturar a la Naturaleza para satisfacción de todos nuestros caprichos y egoísmos; porque no sabemos las reglas del interés compuesto y del tanto por ciento; porque no pretendemos convertir en oro todo lo que tocamos, no nos pase lo que a aquel rey de la leyenda; porque caminamos siempre con la cabeza alta, los ojos fijos en las estrellas y en lo que hay más allá…; porque es nuestro corazón demasiado sensible a todos los nobles sentimientos, porque nuestra Alma demasiado desprendida de la Tierra, demasiado elevada y espiritual”[4].


[1] Citado en Síntesis histórica y geográfica del Ecuador de Jorge Luna Yepes.

[2] Citado en Defensa de la hispanidad de Ramiro de Maeztu.

[3] Quevedo, Belisario, Compendio de historia patria.

[4] En “Conferencia pronunciada en el Colegio de San José de Valladolid, por el alumno de la Academia de Caballería, D. Francisco Suárez Veintimilla, súbdito de la República del Ecuador, con motivo de la fiesta de la Raza”; Madrid, Sucesores de Rivadeneyra (S.A.), 1921. Francisco Suárez Veintimilla fue un destacado militar ecuatoriano y héroe nacional español (1 de junio de 1895- 19 de junio de 1922). Nació en Otavalo (Provincia de Imbabura) Ecuador, el 1 de junio de 1895 y fueron sus padres legítimos Rafael Suárez España, hacendado y Matilde Veintimilla. Fue bautizado el 6 de Junio en la Capilla de las Hermanas de la Caridad, siendo padrino su abuelo materno Mariano Veintimilla. Participó en la Guerra del Rif. Desde Ceuta, se trasladó con sus compañeros al sector de Beni-Aros muy cerca de la línea de combate y el 19 de Junio  de 1922, las fuerzas marroquíes lanzaron una feroz avanzada, rechazada una y otra vez. Francisco estaba al mando de un pequeño reparto donde se generalizó la lucha cuerpo a cuerpo. Su Ordenanza cayó a su lado y con la carabina de aquel dio muerte a dos enemigos, pero a su vez fue mortalmente herido y expiró en el campo de batalla con tan solo 27 años de edad recién cumplidos, su juventud se consumó como lo había querido: heroicamente en el campo de batalla. Fue hermano del ex presidente de la República del Ecuador, Mariano Suárez Veintimilla y se conserva un monumento en La Alameda de Quito en su memoria.



Decreto legislativo de la República del Ecuador sobre el 12 de octubre de 1892.

A propósito del 12 de Octubre, día de la hispanidad:

EL CONGRESO DE LA REPUBLICA DEL ECUADOR

 

CONSIDERANDO:

1º Que el descubrimiento de América se uno de los hechos más grandes de nuestra historia, por haber traído al Nuevo Mundo, con el don inestimable de la Fe Católica, los insignes beneficios de la verdadera civilización; y

2º Que la gratitud debida al Supremo Dispensador de todo bien, y el reconocimiento para con los personajes que en aquel magno suceso intervinieron exigen que el Ecuador, como Nación hoy libre e independiente, celebre el cuarto Centenario de dicho descubrimiento,

DECRETA:

Art. 1º El 12 de Octubre de 1892, se celebrará en todas las iglesias Catedrales del Ecuador, una misa solemne de acción de  gracias al Omnipotente por el descubrimiento de América; y aquel día se reconocerá como fiesta cívica de la República.

Art. 2º  Para perpetuo recuerdo de aquel gran descubrimiento, y gloria del héroe que lo llevó a cabo, así como de los personajes y circunstancias principales que en aquel intervinieron; desde la promulgación de esta ley se denominará ARCHIPIELAGO DE COLON al de Galápagos; y las islas principales que lo componen cambiarán respectivamente sus nombres en esta forma: 1º la de Chatan, en San Cristóbal; 2º la de Charles, en Santa María; 3º la de Albermare en Isabela; 4º la de Narborough, en Fernandina; 5º la de James, en San Salvador; 6º la de Infatigable, en Santa Cruz; 7º la de Barrington, en Santa Fe; 8º la de Abington, en Pinta; 9º la de Bindloe, en Marchena; 10º la de Duncan, en Pinzón; 11º  la de Hood, en Española; 12º  la de Tower, en Genovesa; y 13º la de Jubis, en Rábida.

El Ministro de Instrucción Pública mandará grabar en Europa un mapa del mencionado Archipiélago, cambiando, si a bien tuviere, los nombres de las demás islas e islotes con los más notables de la Historia Patria.

Art. 3º  El Poder Ejecutivo impetrará de la Santa Sede el pronto establecimiento. de los cuatro Vicariatos Apostólicos de la provincia Oriental, conforme a la ley de 11 de Agosto de 1887; de modo que el 12 de Octubre de 1892 se coloque la primera piedra de un templo en las Reducciones tanto de Méndez como de Zamora, en conmemoración del insigne suceso a que este decreto se refiere.

Art. 4º  Se autoriza al Poder Ejecutivo para promover y reglamentar un Concurso Internacional literario que forme parte de la festividad mencionada.

Art 5º  Se le faculta igualmente para que haga concurrir al Ecuador a las exposiciones industriales y demás fiestas que se celebren en España, los Estados Unidos y otros países con el objeto indicado.

Art. 6º El Poder Ejecutivo gastará la suma necesaria para festejar de modo conveniente el Cuarto Centenario del antedicho Descubrimiento.

Art. 7º Los gastos que este decreto ocasione, se imputarán a los extraordinarios en el presupuesto del próxima bienio.-Dado en Quito, Capital de la República, a ocho de Agosto de 1890.,–El Presidente de la Cámara del Senado, P. I. Lizarzaburu. -El Presidente de la Cámara de Diputados, Carlos Mateus.- El Secretario de la Cámara del Senado, A. Aguirre. -El Secretario de la Cámara de Diputados, Joaquín Larrea L.

Palacio de Gobierno, en Quito, a 21 de Agosto de 1890 – Objétese. – A Flores.- El Ministro de Instrucción Pública, Elías Lazo.- Junio 22 de 1892 – Insístase – El Presidente de la Cámara del Senado, Vicente Lucio Salazar.- El Presidente de la Cámara de los Diputados, Santiago Carrasco.- El Secretario de la Cámara del Senado, Leónidas Pallares Arteta: El Secretario de la cámara de Diputados, Joaquín Larrea L.

Palacio de Gobierno en Quito, a 22 de Junio de 1892 – Ejecútese- A. Flores- El Ministro de Instrucción Pública: Elías Lazo. [1]


[1] Gaceta oficial de la fecha.