coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


San Martín dixit

San Martín dixit

“Serás lo que debas ser, si no no serás nada…” -José Francisco de San Martín y Matorras, el “abuelo inmortal”, el otro “libertador” de la América.

“Los liberales del mundo somos hermanos en todas partes y queremos preparar en este hemisferio un asilo seguro para nuestros compañeros de creencias.” –José de San Martín, 1821.

 “…ya es tiempo de dejarnos de teorías que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades…”. –José de San Martín, 1 de agosto de 1834, en carta a Tomás Guido.

 

 “En defensa de la patria todo es lícito menos dejarla perecer.” –José de San Martín.

“Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América. Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía, abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.”  -José de San Martín, 1828.

 “Seamos libres, lo demás no importa nada”. –José de San Martín, 1819.

“En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.” –José de San Martín.

“¡Maldita sea la tal libertad, no será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llaman tirano y que me proteja contra los bienes que me brinda tal libertad!”.  -José de San Martín, 1834.

¡Dixit!

En 1829, José de San Martín invitará al mariscal La Mar al “tiranicidio” de Simón Bolívar.

RELACIONADO: Bolívar dixit (actualizado)



Intervención de Alvaro R. Mejía Salazar en el acto de presentación de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez.

Intervención de Alvaro R. Mejía Salazar –abogado, historiador y docente de la Universidad Andina Simón Bolivar, Sede Ecuador y de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito– en el acto de presentación de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez. San Francisco de Quito, 30 de agosto de 2012.

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Francisco Núñez Proaño, Álvaro Mejía Salazar y Vicente Bolaños durante la presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez.

 

Señor Francisco Núñez Proaño, responsable de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno”, del historiador argentino Manuel Gálvez.

Señor Vicente Bolaños, representante de la Fundación “Jesús de la Misericordia”, institución que ha asumido la importante tarea de editar el libro que esta noche presentamos.

Señoras y señores.

La historia oficial es escrita por los vencedores y esto comporta que inevitablemente existan sesgos en ella. En ocasiones tales sesgos pueden llegar hasta a tolerarse, pero en otras, resultan totalmente  inadmisibles. Este último es el caso del Ecuador, en lo que a la figura del Dr. Gabriel García Moreno se refiere.

Tratado por la historia oficial de los vencedores liberales como un monstruo sanguinario y un fanático ciego, la memoria de este gran hombre ha debido y debe soportar la más grande injusticia en la difusión y conocimiento de la historia patria. Injusticia que principalmente obedece a que los textos escolares y colegiales, así como la formación normalista, se han inspirado en aquellas versiones de los historiadores oficiales de corte liberal extremo. ¿Qué quién redactó las páginas oficiales sobre García Moreno en las que se inspiraron dichos textos? Pues Roberto Andrade, uno de los que disparó varias veces al cuerpo de García Moreno –no al aire, como falsamente se ha escrito– mientras Cornejo Astorga y otros lo sostenían por la espalda y Lemos Rayo le asestaba machetazos. Roberto Andrade se dedicó, auspiciado por sus amigos liberales, a escribir libro tras libro injuriando la figura de García Moreno con el sólo objeto de salvar su imagen ante la posteridad. Esa historia sobre García Moreno señoras y señores, sólo fue escrita con el ánimo de justificar a toda costa la participación directa en un crimen.

En contraposición  a este tipo de versiones oficiales, están los hechos objetivos que caracterizan la auténtica figura de Gabriel García Moreno, mismos que al no poder ser controvertidos, han sido comúnmente relegados por los historiadores oficiales. Por ello, la tarea de dar a conocer la figura real y completa del mandatario ecuatoriano más importante del siglo XIX no sólo es saldar una deuda con él, sino principalmente con nuestra historia y así lo debemos comprender. De allí que sin exageración ni elogio, los esfuerzos de Francisco Núñez Proaño para que el libro “Vida de don Gabriel García Moreno” vea nuevamente la luz, ha sido y es una labor patriótica.

Respecto del libro en sí mismo, desde su primera edición en 1942, recibió la crítica de los adeptos liberales quienes lo calificaron como una mera oda al presidente García Moreno. Estas críticas eran de esperarse: Unos estuvieron movidos por el ánimo de justificar el crimen –hijos, nietos y demás descendientes de los asesinos, que hasta hoy en día pretenden limpiar o al menos esconder la sangre de las manos de sus antepasados–, otros movidos por la formación parcializada que recibieron y otros, con el ánimo de mantener a la figura de García Moreno como el chivo expiatorio de los excesos del liberalismo. Francisco y Señores Editores, las críticas vendrán… parafraseando al Quijote de Orson Wells: Los perros ladrarán también en esta ocasión, eso únicamente significará que van avanzando.

Más allá de las críticas, este libro también recibió décadas atrás bastos reconocimientos y apertura en importantes círculos académicos e intelectuales, lastimosamente no recibió el apoyo oficial para que sus páginas fueran conocidas por el gran público y ese, considero yo, constituye el gran reto de esta primera edición ecuatoriana. Nuestro pueblo debe conocer a García Moreno en su auténtica dimensión y Gálvez así lo presenta, expone por completo la vida de este gran hombre, el camino que tuvo que recorrer hasta llegar legítimamente a la primera magistratura del Estado, las circunstancias que rodearon la toma de sus decisiones políticas –aún las polémicas–, cómo modernizó la educación y la llevó a la población marginada, a la mujer, al indio, como realizó obras para la protección y el cuidado de los huérfanos, menesterosos y prostitutas, como se ocupó de mejorar y modernizar la salud, como trajo desarrollo económico a la nación y como a él se debe la existencia del actual Estado Ecuatoriano que estuvo a punto de desaparecer en la crisis de 1859.

Esta publicación se trata entonces, señoras y señores, de la búsqueda y difusión de la verdad histórica, una tarea muy compleja cuando es necesario destruir en el ideario común falsedades enraizadas gracias a obras tan discutibles como “El Santo del Patíbulo” de Benjamín Carrión o “Se que vienen a matarme” de Alicia Yánez, libros herederos de las obras de Roberto Andrade  y Roberto Agramonte, que en el caso de Carrión buscaba fines políticos y en el caso de Yánez, simplemente la exacerbación del morbo y el aprovechamiento de la falta de conocimientos históricos de nuestro pueblo, para lograr infamemente un best seller. El reto de difundir la verdad de nuestra historia, la verdad sobre García Moreno, está planteado y nos corresponde a quienes la conocemos o nos dedicamos a su búsqueda, seguir el ejemplo de Gálvez, Núñez Proaño y la casa editorial, y pasar así del discurso, a las acciones.

Señoras y señores.



Presentación del libro “Vida de don Gabriel Gracía Moreno” de Manuel Gálvez

Con una nutrida asistencia de hombres públicos, académicos, diplomáticos, emprendedores, interesados en la historia y en la revisión histórica, y público en general, además de habernos honrado la presencia de parientes de Gabriel García Moreno; el día jueves 30 de agosto en el Centro Cultural Metropolitano de la ciudad de Quito se presentó oficialmente el libro “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez, editado por primera vez en Ecuador. En el acto intervenimos Vicente Bolaños en representación de la Fundación Jesús de la Misericordia, la casa editorial; Álvaro Mejía Salazar, abogado, historiador y docente de la Universidad Andina Simón Bolívar; y yo mismo como propulsor de esta edición:

Vista del auditorio durante la presentación del libro.

Intervención de Francisco Núñez Proaño, responsable de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno”, del historiador argentino Manuel Gálvez.

“La historia oficial es escrita por los vencedores y esto comporta que inevitablemente existan sesgos en ella… Nuestro pueblo debe conocer a García Moreno en su auténtica dimensión y Gálvez así lo presenta, expone por completo la vida de este gran hombre, el camino que tuvo que recorrer hasta llegar legítimamente a la primera magistratura del Estado, las circunstancias que rodearon la toma de decisiones políticas -aún las polémicas-, cómo modernizó la educación y la llevó a la población marginada, a la mujer, al indio, como realizó obras para la protección y el cuidado de los huérfanos, menesterosos y prostitutas, como se ocupó de mejorar y modernizar la salud, como trajo desarrollo económico a la nación y como a él se debe la existencia del actual Estado Ecuatoriano que estuvo a punto de desaparecer en la crisis de 1859.”

“Esta publicación se trata entonces, señoras y señores, de la búsqueda y difusión de la verdad histórica, una tarea muy compleja cuando es necesario destruir en el ideario común falsedades enraizadas gracias a obras como El Santo del Patíbulo de Benjamín Carrión o Se que vienen a matarme de Alicia Yánez, libros herederos de las obras de Roberto Andrade, que en el caso de Carrión buscaba fines políticos y en el caso de Yánez, simplemente la exacerbación del morbo y la ignorancia de nuestro pueblo, para lograr infámemente un best seller. El reto de difundir la verdad de nuestra historia, la verdad sobre García Moreno, está planteando y nos corresponde a quienes la conocemos o nos dedicamos a su búsqueda, seguir el ejemplo de Gálvez, Núñez Proaño y la casa editorial, y pasar así del discurso, a las acciones.”

Extracto de la intervención del historiador Álvaro Mejía Salazar.

Diario El Comercio (http://elcomercio.com/) -el mayor diario quiteño-, anunció en su edición impresa del día miércoles 29 de agosto de 2012, dentro de su sección Cultura la presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez. En este enlace pueden ver la página exacta del diario de la fecha: http://edicionimpresa.elcomercio.com/es/ec08292012/

¡La presentación de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez ha sido todo un éxito! Muchas gracias a todos quienes nos acompañaron, con su presencia el lanzamiento se realizó de la mejor manera posible.

Francisco Núñez Proaño

Un enlace relacionado: Invitación al lanzamiento de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez.



Invitación al lanzamiento de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez

Fundación Jesús de la Misericordia

y

Francisco Núñez Proaño

Tienen el honor de invitar a ustedes a la presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador y eximio biógrafo argentino, Manuel Gálvez, editado por primera vez en Ecuador.

Lugar: Centro Cultural Metropolitano. Auditorio “Hugo Alemán” (Calles Espejo y García Moreno, centro histórico de Quito)

Día: Jueves 30 de Agosto de 2012

Hora: 18h30 (6h30 pm) 

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Lanzamiento de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez

El aparecimiento de un libro es siempre un acontecimiento. Publicar en el Ecuador es una obra titánica. Vida de don Gabriel García Moreno del genial biógrafo argentino Manuel Gálvez ha tenido que esperar 70 años desde su primera edición en Argentina -1942-, para finalmente ser publicada en el Ecuador este año -2012-. Después de algún tiempo -5 años para ser exacto- de tratativas de mi parte con editoriales y titulares de los derechos de autor, finalmente gracias al apoyo de colaboradores y amigos argentinos y ecuatorianos, pude cerrar el trato editorial con la Fundación Jesús de la Misericordia para sacar adelante esta necesaria biografía. Pagamos así una deuda histórica que el Ecuador mantenía con Manuel Gálvez y consigo mismo como país. Asimismo, este año conmemoramos los 50 años de la muerte del ilustre autor, homenajeándole así de la mejor manera posible: haciendo conocer su obra.

Este libro es una minuciosa crónica de la vida de uno de los hombres más notables que nacieron en tierra americana, crónica que por lo complejo de su vida y la dramaticidad de los hechos que lo rodearon, adquiere la intensidad de una obra de ficción: así como hay novelas en las que el asunto tan profundamente humano las convierte en algo que no es concebible sino como una realidad histórica concreta, así estas páginas de historia atraen como una novela en la cual se logra mostrar acabadamente el alma de un hombre destinado a la grandeza y la singularidad de su obra política, única en el mundo de su tiempo.

García Moreno encuentra en la tarea política su vocación y su destino, su vida y su muerte: Este gobernante nato intenta retornar el ideal medieval del Estado Cristiano, pero sin perder de vista la realidad degradante de su época y de su cultura. Su escenario es el Ecuador de la segunda mitad del siglo XIX, que, aunque recién nacido era recorrido por las mismas tensiones que habían convertido a las viejas naciones de Europa en campo de guerras civiles: liberalismo y conservadurismo, civilismo y militarismo, masonería e Iglesia Católica.

La vida y la muerte de García Moreno nos deben hacer pensar en la posibilidad para la América Hispana de un destino de grandeza. Si bien su obra y su persona fueron intencionadamente ignoradas –como lo fueron todos los momentos universales de nuestra propia historia-, este   olvido no significa la desaparición de su martirio: las brazas, por más apagadas que parezcan ocultan simientes de fuego.

Gálvez incluye en esta obra textos de García Moreno, necesarios para la comprensión del pensamiento político del gran ecuatoriano.

Manuel Gálvez, el autor de esta biografía, nació el 18 de julio de 1882 en Paraná-Argentina. Se recibió de abogado en 1904 en la Universidad de Buenos Aires. Durante 25 años se desempeñó como inspector de Enseñanza Secundaria Normal y Especial. Falleció el 14 de noviembre de 1962 en Buenos Aires. En 1928 fue nombrado miembro correspondiente de la Real Academia Española; en 1930 fundó el PEN Club de Buenos Aires; y en 1931 la Academia Argentina de Letras, apenas nacida, lo recibió como miembro de número. Al año siguiente, por su libro El General Quiroga, obtuvo el Primer Premio Nacional de Literatura. Narrador, poeta, ensayista, historiador y biógrafo, es uno de los padres de la novelística argentina, y –sin disputa- el más eminente de los escritores que cultivaron el género biográfico. En este campo, dejó obras que siempre vivirán en la literatura y en la historia de Argentina e Hispanoamérica, como su magistral biografía de Sarmiento y la inigualable Vida de don Gabriel García Moreno.

Francisco Núñez Proaño

Un enlace relacionado: Presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez



Eva Perón y el Ecuador
julio 26, 2012, 12:08 pm
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Eva Perón falleció el 26 de julio de 1952, hoy conmemoramos 60 años de su desaparición física:

Eva Perón y el Ecuador

Vía “El Telégrafo”:
http://www.telegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=19399&Itemid=6
Jorge Núñez Sánchez
jorge.nunez@telegrafo.com.ec

La tarde del 5 de agosto de 1949, el Ecuador sufrió uno de los peores terremotos de su historia. El sismo tuvo un rango de 6,8 grados Richter y su epicentro estuvo en la población de Pelileo. La ciudad de Ambato y muchas poblaciones fueron destruidas. Y el número de muertos alcanzó los seis mil.

Ante la urgencia, la Fuerza Aérea Ecuatoriana  estableció un puente aéreo entre Ambato y Quito y otro entre Ambato y Guayaquil, para movilizar rápidamente la ayuda a los damnificados. También empezó a llegar la ayuda de países amigos, el primero de los cuales fue la Argentina, que el 8 de agosto anunció el envío de ayuda por vía aérea.

El 10 llegó a Guayaquil el primer avión argentino, fletado por la Fundación de Ayuda Social Eva Perón, trayendo vituallas, mantas, ropa, medicinas y artículos sanitarios. Al día siguiente salieron desde Buenos Aires otros aviones con ayuda. Eran tres Douglas C-54 de la Fuerza Aérea Argentina, que llegaron a Ambato haciendo escalas en Chile y Perú. El 3 de septiembre llegaron al Ecuador otros dos aviones argentinos con ayuda. En total, Argentina envió 25 toneladas de suministros, 7 médicos y varias enfermeras.

Hubo más. El presidente Galo Plaza solicitó al gobierno de Perón que le permitiera utilizar los aviones argentinos para fortalecer el puente aéreo entre Ambato y Guayaquil, lo que fue concedido y permitió movilizar la ayuda para la zona devastada. Allí habían desaparecido las carreteras y caminos, al punto que, en algunos sitios, los rescatistas y paramédicos debieron saltar en paracaídas.

Los aviones argentinos volvieron a su país a fines del mes siguiente. El 26 de septiembre, tras vivir una emocionante despedida, partió de Quito el avión Douglas C-54 LV-ABI, llevando 20 pasajeros del equipo médico argentino y 5 tripulantes. Su llegada a la base aérea de Morón, cerca de Buenos Aires, estaba programada para las 5 de la tarde y entre quienes lo esperaban estaba Eva Perón. Pero el avión sufrió un incendio y tuvo que aterrizar de emergencia en un sitio cercano, en lo que murieron los copilotos Norberto Fernández Lorenzo y Juan Gregorio Torrealday, así como Amanda Allen, jefa de enfermeras de la Fundación Eva Perón; y Luisa Komel.

Conmovida por la ayuda recibida, la sociedad ecuatoriana expresó su gratitud a Eva Perón. La CTE la proclamó “Ciudadana de América”, el 11 de septiembre de 1949. Y el Gobierno Nacional la condecoró con la Gran Cruz de la Orden Nacional Al Mérito, por pedido de la Cruz Roja Ecuatoriana y la Fundación Internacional Eloy Alfaro. La medalla le fue impuesta por el embajador Alberto Puig Arosemena, en solemne ceremonia realizada en la Casa Rosada, en Buenos Aires, el 19 de octubre de 1950.



El Ecuador y la guerra del Paraguay (I). Historia Secreta de América -18-.

El Ecuador y la guerra del Paraguay (I)

“¿Será la civilización el interés que lleva a los aliados al Paraguay? A este respecto sería lícito preguntar ¿Si la llevan o van a buscarla? Si es verdad que la civilización de este siglo tiene por emblema las líneas de navegación por vapor, los telégrafos, eléctricos las fundiciones de metales, los astilleros y arsenales, los ferrocarriles, etc. Los nuevos misioneros de la civilización salidos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan etc, etc. No solo no tienen en su hogar esas piezas de civilización para llevar al Paraguay sino que irían a conocerla de vista por la primera vez en su vida en el país salvaje de su cruzada civilizadora.”

Juan Bautista Alberdi

“La guerra que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, entre 1865 y 1870, respondió más a los intereses británicos y de acabar con un modelo autónomo de desarrollo como el paraguayo, que podía devenir en un “mal ejemplo” para el resto de América latina, que a los objetivos de unificación nacional y defensa del territorio proclamados por sus promotores.”

Felipe Pigna

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Los tópicos internacionales (mucho menos geopolíticos) son poco conocidos e ignorados por la mayoría de ecuatorianos -en extremo diría yo-, fundamentales en esta era de globalización, o de una de sus fases más últimas. Aspiro aportar con artículos cortos, accesibles y de fácil entendimiento como el presente y similares de esta índole al esclarecimiento del contexto regional y global en el cual nuestro país se ha venido desarrollando desde su mismo origen.

Uno de los episodios  más trágicos y dolorosos que la América del Sur ha tenido que atravesar, durante el siglo XIX, fue la Guerra del Paraguay ocurrida entre 1865 y 1870. Llamada de la “Triple Alianza”, fue un terrible enfrentamiento bélico donde la República Argentina, Su Majestad el Emperador del Brasil y la República Oriental del Uruguay, se unieron en “alianza ofensiva y defensiva” en la guerra “iniciada” por el gobierno paraguayo de Francisco Solano López, presidente de dicho país en defensa del gobierno uruguayo debido a un tratado de reciprocidad ante ataques e intervenciones extranjeras que mantenía con el Uruguay y por el cual se vio obligado a atravesar Argentina (República que no autorizó esta acción pero que sin embargo sí permitió que el Brasil utilice su territorio para atacar al Paraguay), para auxiliar a su aliado uruguayo que enfrentaba una invasión del Brasil que removió al gobierno, se anexó territorio e instauró un gobierno de “su agrado”; provocando así el casus belli necesario para el inicio de la guerra.

Al mismo tiempo ocurría la guerra hispano-sudamericana o primera guerra del Pacífico, que enfrentaba a  Chile, Perú, Bolivia y Ecuador con España. Por este hecho se formó la Cuádruple Alianza, entre Ecuador, Bolivia, Perú y Chile, con una posición americanista que rechazaba las propuestas y actos de la Armada Española. “El discurso de la Cuádruple Alianza defendía la unión americana, la independencia y la soberanía nacionales.” En este marco el Ecuador pasa a formar parte del ofrecimiento de mediación de la cuádruple alianza en la guerra entre el Paraguay y la Triple Alianza.

En 1866 la guerra de la Triple Alianza, integrada por Brasil, Uruguay y Argentina, contra el Paraguay estaba en pleno desarrollo.

Frente a la grave situación, los países integrantes de la Cuádruple Alianza del Pacífico, por intermedio de sus respectivos representantes a excepción del ecuatoriano se reunieron el 25 de abril de 1866 en los salones de la Cancillería chilena. El Ecuador estuvo ausente en esa primera reunión debido a que el Ministro Plenipotenciario y representante en el seno de la Cuádruple Alianza del Pacífico, el Dr. y Gral. Gabriel García Moreno (Presidente del Ecuador en dos períodos 1860-1865 y 1869-1875), se encontraba aún en viaje y llegaría a Santiago recién el 13 de junio. Una vez en la capital chilena, Gabriel García Moreno en su calidad de diplomático por entonces, adhirió al Ecuador al mentado pacto cuadripartito el 10 de agosto del mismo año[1].

Los países integrantes de la Cuádruple Alianza del Pacífico ofrecieron su mediación a los países beligerantes del Atlántico. Dado que consideraban que no podían permanecer indiferentes a una guerra que ensangrentaba vilmente un sector considerable del Continente y además “que este conflicto representaba… un grave obstáculo para concurrir al movimiento de unión que se estaba operando en este Continente.”[2]

Los objetivos secretos que encerraba la Alianza del Brasil, Uruguay y Argentina, en su guerra contra el Paraguay, no eran otros que una intervención armada para conquistar y dividirse el país del Plata, queriendo poner a su discreción el destino del mismo para así finalmente implantar un régimen títere en la espera de la ocasión propicia para la repartición completa y definitiva de los territorios ese país hasta dejarlo reducido a su mínima expresión geográfica y demográfica, tal como sucedió.

En la guerra el 90% de la población masculina y criolla paraguaya fue exterminada, dejando al país en una postración cuyas consecuencias aún son palpables en nuestros días. Según distintas fuentes entre el 50% y 85% de su población total murió en la conflagración, constituyéndose de esta forma en un genocidio sin parangón en la época moderna en América del Sur. Paraguay perdió gran parte de su territorio y fue obligado a pagar una agrandada indemnización de guerra.

En nota datada el 15 de agosto de 1866, los representantes de la Cuádruple Alianza del Pacífico en Buenos Aires, elevaron a conocimiento del Dr. Rufino de Elizalde, Ministro Secretario  de Estado de Relaciones Exteriores de Argentina, la oferta de mediación  formal a nombre de los países integrantes de la Cuádruple Alianza de en los siguientes términos:

“Los gobiernos de Bolivia, de Chile, del Ecuador y del Perú, sensibles a los inmensos sacrificios que está causando la dolorosa guerra en que la República Argentina, en alianza con el Brasil y el Uruguay, está por desgracia empeñada contra la República del Paraguay, y ciertos de que la continuación de la lucha no puede dejar de producir todavía daños incalculables y de todo género , de uno y otro lado, han considerado que cumplirían un deber de amistad sincera y fraternal, haciendo esfuerzos porque termine esta calamidad, por cualquier medio que haga cesar el derramamiento de sangre, tanto más preciosa, cuanto más abundante la que se ha vertido…”

“Los infrascritos, que al cumplir esta orden proceden en mérito de la representación propia de sus respectivos gobiernos, y en representación especial, el primero de Bolivia y ambos de Ecuador, tienen además el encargo de indicar a S.E., como una base aceptable y sobre la que podría ejercerse la mediación la de que las partes desavenidas remitan la solución de sus diferencias al examen y fallo de un tribunal internacional, el cual, si la idea fuese aceptada, podría ser compuesto de cuatro diplomáticos, nombrados ad hoc por las cuatro repúblicas mediadoras. De este modo la discusión tranquila de los derechos que estén realmente o pueden creerse ofendidos, y la consideración imparcial de las legítimas y verdaderas conveniencias e intereses de cada beligerante reemplazarían, con ventaja de todos, al medio terrible, que hace ya tanto tiempo aflige a esta porción de la América.”[3]

Por convocatoria del Canciller de la República de Chile, Álvaro Covarrubias, el 14 de septiembre de 1866 se reunieron nuevamente en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile los representantes de la Cuádruple Alianza: Mariano Donato Muñoz y Juan Ramón Muñoz Cabrera, plenipotenciarios de Bolivia; José Pardo, Ministro del Perú y Gabriel García Moreno, Ministro del Ecuador. En esta conferencia, por intermedio del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, presidente de estas reuniones,  se anunció la lamentable respuesta de los gobiernos beligerantes de la Triple Alianza de no estar dispuestos a aceptar la mediación ofrecida con la mejor voluntad.

Gabriel García Moreno, Ministro del Ecuador, secundando al Canciller chileno afirmaba que cualquier gestión futura sería inoficiosa ante la mala voluntad de la Argentina, Uruguay y Brasil, alejando toda esperanza de negociación, mucho menos que concluyeran en un buen suceso. Ecuador, Perú, Bolivia y Chile tampoco estaban dispuestos a aceptar un nuevo rechazo por parte de la Triple Alianza, corriendo el riesgo de contribuir al enfriamiento de las relaciones continentales hasta el punto de la enemistad, contrariando el objeto de las mediaciones propuestas.

El Paraguay de Francisco Solana López, a cuyo favor se había interpuesto la mediación, víctima del tratado de alianza ofensiva y defensiva del 1° de mayo de 1865, suscrito entre Brasil, Argentina y Uruguay, cuyo fin era el reparto territorial que se proponían fervorosamente los países del Atlántico; aceptó plenamente este generoso y fraterno medio pacífico que le proponían los hermanos del Continente, además de su eterna gratitud, como lo testimonian las comunicaciones que dirigió desde Paris el 14 de diciembre de 1866 el señor Cándido Barreiro, Encargado de Negocios del Paraguay ante los Gobiernos de Francia y Gran Bretaña al Secretario de Relaciones Exteriores del Perú, Toribio Pacheco, en los siguientes términos:

“Profundo reconocimiento por la actitud de los aliados del Pacífico a favor de su causa. Este acto honroso del Perú y de sus aliados, en protección de intereses propios y americanos de la mayor trascendencia, impulsa al Paraguay a hacer conocer toda su gratitud a los Gobiernos que han reconocido, de un modo tan elevado, el principio cuyo sostenimiento le tiene en guerra tan desigual contra los que han desconocido y lo combaten.”

“Ante esta manifestación de la América Occidental, el Excmo. Señor Presidente de la República del Paraguay ha dejado de considerarse solo y aislado en defensa difícil, que le cabe sostener, de un principio que protege a todas las Repúblicas; y la satisfacción de verse de acuerdo con la porción más culta y libre de la América del Sur, en los momentos más arduos de su vida política, es un acontecimiento que ha traído a su confianza un estímulo más fuerte que la mejor de sus víctimas militares, pues ya no le es dado desesperar de ver convertido en principio del Derecho Público Internacional de una gran parte de Sud América, el equilibrio que garantice la independencia y soberanía de sus Repúblicas.”[4]

Después de que las repúblicas del Pacífico habían ofrecido su mediación para terminar la horrenda guerra contra el Paraguay, siendo rechazadas en una clara posición antiamericana de la Triple Alianza quienes buscaban el exterminio de Francisco Solano López y del “mal ejemplo” que el Paraguay estaba dando al resto del continente con su plena soberanía basada en el desarrollo firme y sostenido de su nación en conjunto: Paraguay para le época era por mucho el país más avanzado de América del Sur, fue el primer país del continente con línea ferroviaria, con la primera línea telegráfica, la primera fundición de hierro, el primer astillero de barcos con casco de acero, el Estado fomentaba la educación pública y gratuita y el porcentaje de analfabetismo era el menor de la región, Paraguay era el único país de la América Hispana sin desempleo y sin deuda externa, etc., etc.; ante este infame hecho el Ministro del Ecuador ante la Cuádruple Alianza en 1866, Gabriel García Moreno, en uno de sus informes a Manuel Bustamante, Ministro de Relaciones Exteriores de la República del Ecuador pudo aseverar:

“Dios protejerá a los valientes paraguayos, que tan heróicamente defienden el suelo de su patria; y tal vez no está lejos el día en que los que se conjuraron para arruinar a aquel país, reciban un escarmiento digno de su ambición y perfidia.”[5]

Así sea.

Por Francisco Núñez Proaño        


[1] Fuente reservada para una futura publicación impresa.

[2] Fuente reservada para una futura publicación impresa.

[3] Fuente reservada para una futura publicación impresa.

[4] Fuente reservada para una futura publicación impresa.

[5] Fuente reservada para una futura publicación impresa.



Manuel Gálvez y Gabriel García Moreno.

“Mejor que escribir la historia es hacerla”.

-Gabriel García Moreno.

En los últimos años del siglo XIX, dos corrientes de opinión se formaron sobre García Moreno; la primera, cuyo vocero principal es Roberto Andrade y en al que están la masonería y el sectarismo anticatólico, le considera asesino, tirano, uxoricida, degenerado, mentiroso, farsante, ateo y traidor; la otra, en la que están los liberales auténticos, los católicos y muchos serenos espíritus que no son ni lo uno ni lo otro, exaltan su obra y genio”.

-Manuel Gálvez.

El aparecimiento de un libro es siempre un acontecimiento. Publicar en el Ecuador es una obra titánica.  Vida de don Gabriel García Moreno del genial biógrafo argentino Manuel Gálvez ha tenido que esperar 70 años desde su primera edición en Argentina -1942-, para finalmente ser publicada en el Ecuador este año -2012-. Después de algún tiempo -5 años para ser exacto- de tratativas de mi parte con editoriales y dueños de los derechos de autor, finalmente gracias al apoyo de colaboradores y amigos argentinos y ecuatorianos, he podido cerrar el trato editorial para sacar adelante esta necesaria biografía. Pagando así una deuda histórica que tenía el Ecuador con Manuel Gálvez y consigo mismo como país. El entusiasta y joven historiador argentino, Andrés Mac Lean, experto en el trabajo de Manuel Gálvez, me ha proporcionado un abreboca de lo que se viene en pocos meses más para el público ecuatoriano y del mundo; a continuación posteo un informativo y atrayente capítulo -de hecho solo su primera parte- de Recuerdos de vida literaria, la autobiografía de Gálvez, donde este explica los motivos de haber dedicado su pluma a la vida de uno de los más grandes americanos. Además de servir como prueba de los históricos lazos de amistad y hermandad entre Argentina y Ecuador, este relato ilustra la importancia internacional de García Moreno, la repercusión de la obra de Gálvez y como la figura capital de Gabriel García Moreno ha sido siempre centinela de los hombres de acción ecuatorianos y americanos, de los hombres que pensaron e hicieron la patria en su andar:

Portada de: Recuerdos de la vida litearia. IV En el mundo de los seres reales. De Manuel Gálvez.

V

 

DOS GRANDES AMERICANOS: GARCÍA MORENO Y APARICIO SARAVIA

 

Mientras concluía el Rosas pensaba en escribir las biografías, en dos gruesos volúmenes, de dictadores hispanoamericanos: el chileno Diego Portales, el boliviano Santa Cruz, el ecuatoriano García Moreno, el uruguayo Latorre, el venezolano Páez, el mejicano Iturbide, el paraguayo Francia, el dominicano Ulises Heureaux, que era negro o muy mulato, y tal vez el brasileño Peixoto. Me apasionaba este proyecto, mas no por simpatizar con las dictaduras, sino porque el dictador, lo mismo que el hereje y el rebelde, es siempre un individuo interesante: dominador de los hombres, sujeto de mucha garra, espíritu que vive un drama interior, y, a veces, también exterior. Además, el gobernante fuerte actúa, sobre todo en nuestra América, dentro de un ambiente original y característico.

Había empezado a documentarme cuando una circunstancia, en cierto modo casual, me hizo cambiar el proyecto por otro. Había invitado a almorzar en un restaurante al doctor José María Velasco Ibarra, ex presidente del Ecuador y que, echado abajo por una revolución, vivía aquí en el destierro. Escuchó mi proyecto y me dijo:

–             La biografía que usted debe escribir, dedicándole un volumen es la de García Moreno.

Me quedé sorprendido de que un liberal como Velasco Ibarra me diera ese consejo. Porque este ex presidente ecuatoriano es liberal de veras, tan sincero como ferviente en su liberalismo. Es el único liberal auténtico que conozco, pues en su amor a la libertad no hay sombra de fanatismo, ni de intransigencia, ni de incomprensión de las ideas diferentes o contrarias, como suele encontrarse entre los liberales.

Yo sabía poco de García Moreno. En el colegio del Salvador nos leyeron a los chicos, durante el almuerzo, un resumen de la vida del muy católico personaje, pero yo de nada me acordaba.

–             García Moreno – afirmó Velasco Ibarra – ha sido el más grande gobernante de América.

Me lo demostró recordando las estupendas carreteras, la creación de institutos de enseñanza. Hasta una escuela normal para indios había fundado. Me habló Velasco del abogado que enseñara química enla Universidadde Quito, de su descenso al volcán del Pichincha, de su ascensión a la cumbre del Sangay.

–             Pero ¿cómo consigo desde aquí los datos necesarios?

Prometió ayudarme enviándome algo de lo que él poseía y escribiendo a sus amigos del Ecuador.

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Ente nosotros se tenía una idea grotesca de García Moreno. José María Ramos Mejía, historiador de talento y enterado de lo que decía – pero muy mal enterado en este caso –, considera a García Moreno casi como un analfabeto… Carlos Ibarguren, también historiador de talento y honrado, lo llama “sanguinario tirano”. Estos ejemplos prueban la opinión errónea que existía entre nosotros sobre el gobernante del Ecuador. Su desconocimiento significa que aquí no había libros verídicos acerca de su persona y de su obra.

Temía no poder llevar a cabo el proyecto, pero, felizmente, Velasco Ibarra cumplió. Por su intermedio conseguí algo de lo que necesitaba. No recuerdo si él me puso en contacto epistolar con el escritor ecuatoriano Isaac J. Barrera, por cuyo intermedio compré libros agotados desde años atrás, sin contar con los que él me obsequió.

Igualmente me ayudó el doctor Julio Tobar Donoso, ilustre miembro del Partido Conservador, católico ferviente y por entonces ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador. Tobar Donoso quitaba tiempo a sus tareas ministeriales para cartearse conmigo y enviarme libros. Entre sus envíos, debo señalar la copia de las cartas privadas de García Moreno a su segunda mujer, Marianita del Alcázar, pues nada conozco mejor para penetrar en la intimidad espiritual del gran hombre.

Tuve muchísima suerte, lo que me permitió escribir mi libro con rapidez. Nadie me negó su ayuda, y – hecho inaudito – una biblioteca oficial, la del a Municipalidad de Guayaquil, me envió, en préstamo, una obra de gran valor para mí y que estaba totalmente agotada desde muchos años atrás.

Aquí enla Argentina algo había que pudiera serme útil. Se me ocurrió que en La Plata, en la colección Farini, en poder de la Biblioteca de la Universidad, acaso encontrara periódicos del Ecuador. Así fue. Allí pude consultar – o mejor dicho, leer íntegramente – números sueltos, pues no había ninguna colección completa de diarios ecuatorianos. Leí, para empaparme del espíritu de la época y conocer a fondo el Ecuador, hasta los avisos.

Porque mi libro no podría tratar solamente de García Moreno. Yo necesitaba conocer su patria, el paisaje de Ecuador, la historia del Ecuador, las biografías de todos aquellos hombres que estuvieron al lado o en contra de García Moreno. Y necesitaba, también, conocer, en la parte que me interesaba, la historia de Colombia y del Perú, naciones vecinas al Ecuador, país con el cual habían estado en guerra.

En la Biblioteca Nacional encontré libros preciosos para mí, como las obras de Juan Montalvo – personaje que me fue indispensable estudiar a fondo –, La compañía de Jesús en América, del padre Rafael Pérez, una Historia del Ecuador, de Juan M. Murillo, la Galería Histórica de Henry de Lauzac, el Albúm biográfico ecuatoriano, de Camilo Destruge, la Historia del Ecuador, de González Suárez. Acaso lo más interesante que utilicé en la Biblioteca fueron libros extranjeros: Journal of a Residence, de Charles Stuart Cochrane, Four years among Spanish Americans, de F. Hassaurek, una trabajo de Richard Pattee, en portugués, sobre García Moreno e sua contribução cientifica no Ecuador.

También encontré cosas interesantes en la Biblioteca Mitre: el libro sobre Julio Arboleda y Gabriel García Moreno, de Gonzalo Arboleda; L’Equater, de Alexandre Holinski; El congreso americano, artículos de El Tiempo, de Bogotá; una biografía del general Ramón Castilla, presidente del Perú.

Comenzada el 20 de diciembre de 1940, la Vida de don Gabriel García Moreno quedó terminada el 27 de septiembre del siguiente año. Pero no apareció hasta mediados de 1942, publicada por la editorial católica Difusión. La tirada fue excepcional, de 14.500 ejemplares, y se vendió con relativa rapidez. Como puede suponerse, la mayor parte fue consumida por el Ecuador y otros países de Hispanoamérica. Esta edición llevaba en la cubierta un bello retrato de don Gabriel, que era un hermoso tipo de hombre. Tres años después, en 1945, la editorial española Escelicer publicó otra edición.

En ambas tiradas figura esta dedicatoria, que considero de algún interés reproducir:

Dedico este libro a dos ecuatorianos tan distinguidos como de diferente posición política y a quienes les une la admiración a García Moreno: al doctor José María Velasco Ibarra, ex presidente del Ecuador y fervoroso liberal, que me dio la idea de escribirlo, me alentó con entusiasmo para que lo llevara a cabo y me auxilió con sus opiniones interesantes y algunos libros que pudo proporcionarme en el destierro; y al doctor Julio Tobar Donoso, conservador y católico, actual ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, a quien debo no sólo el envío de muchas obras esenciales para mi trabajo y de buen número de cartas privadas del prócer, sino principalmente la valiosa y exacta información de su propios notables libros, realizados con alto e imparcial criterio histórico.

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Conservo poquísimos artículos de diarios argentinos. Sospecho que en nuestro país, donde la imparcialidad y serenidad para juzgar casi no existen, se consideró a mi libro con criterio político. También ocurre que don Gabriel no es simpático, y por esto a ciertos lectores no les gusta mi trabajo… Pero puedo asegurar que ninguna de mis biografías ha despertado tanto entusiasmo. Amigos míos de talento la consideran la más apasionante y valiosa entre ellas. En general, se opina que es la mejor construida y escrita, acaso la de mayor vuelo.

No me trató muy bien La Nación, aunque me hizo algunos buenos elogios:

Su labor informativa ha sido paciente y copiosa; la integración del momento histórico y la del personaje, plenas de materia vital y de congruencia osmótica. La absorbente personalidad de García Moreno surge como un triunfo y una glorificación de aquel medio lento en las corrientes profundas y tumultuosas en la superficie.

Ramón Doll afirma que es un libro completo, en el que realizo la vindicación del personaje con paciente búsqueda de datos y documentos, y termina:

Hay en estas obras de Gálvez, cuando estudia a nuestros héroes, un fervor civil, una pasión de los tiempos y una comprensión de lo actual respecto a la Historia, que lo coloca en la línea de los grandes servidores dela Nueva causa contra los intereses bien conocidos de los que quisieran seguir oyendo declamaciones remanidas contra los tiranos y los esbirros.

En El Pampero, diario nacionalista y católico publicóse un hermoso artículo. Por ahí dice:

Pero García Moreno, en pleno siglo judaico como es el siglo XIX, sale al medio, lucha, protesta contra lo de Porta Pía (el único gobierno que se atrevió a defender al papa). Manuel Gálvez desarrolla la epopeya con mano maestra. El affaire de los jesuitas lo coloca a García Moreno al lado de los grandes iluminados porla Providencia. La tenacidad y la discreción (no es un fanático García Moreno, y cuando hay que hacer azotar a un fraile bigardón, lo hace con todas las de la ley) son reveladas en impresionante estilo por el autor.

En Atlántida, Sylvina Bullrich terminaba así su artículo: “Toda esta vida rica en acontecimientos, nos narra Gálvez con erudición, con talento, con colorido y con soltura de conversador”.

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En el Ecuador se publicó mucho acerca de mi libro. Pero de los artículos extranjeros sólo recordaré el de Alone (Hernán Díaz Arrieta), crítico chileno de renombre en su patria. Observa dos cosas que yo dije: la diferencia entre García Moreno y el Ecuador, y la diferencia del personaje con los demás caudillos y gobernantes de América. Pero también dice que yo no era el biógrafo que le convenía… Aunque me llama “escritor eminente”, opina que el espíritu no sopló sobre mí. A juicio de Alone, mi obra no corresponde a la altura moral e intelectual del Presidente ecuatoriano. Agrega:

Carece de nobleza (sic) y aliento. La frase corta, premiosa, casi jadeante, corre como improvisada y cae en vulgaridad de expresión y juegos de palabras banales (“triviales” debió decir Alone, que, por lo visto, no conoce bien nuestro idioma), periodísticos. El relato se pierde a menudo en pequeños detalles minuciosos, o se enreda en peripecias de cuarto orden, entre personajes indefinidos. No hay visión grande, no hay valorización justa, no hay perspectiva ni panorama que den las proporciones o desproporciones del héroe y su medio, del actor y su teatro.

Alone, hay que repetirlo, no conoce bien el idioma. Si la frase es premiosa no puede correr, pues premioso es lo “tan ajustado o apretado que difícilmente se puede mover”, y también es lo “rígido, estricto” y lo “tardo, falto de soltura”.

Ya veremos cómo opinan otros ecuatorianos e hispanoamericanos.

Por ahora seguiré con los palos que me dieron, todos procedentes del campo liberal.

En El Mundo, de La Habana, me cayeron Raimundo Lazo y Roberto Agramonte. Dejo a un lado al profesor Agramonte, que respiró por la herida. Yo lo traté muy mal en el prólogo de mi libro, y era natural y humano que él me tratara de igual modo. Sólo diré que no puede hacérsele mucho caso a un señor que cree que Genève es Génova, y que considera poriómano, o sea enfermo de manía ambulatoria al padre de García Moreno porque viajó de su pueblo a Cadiz, de allí a El Callao y luego a Guayaquil, de donde no se movió jamás…

El señor Lazo me acusa de mezclar la religión con las cosas de la política y del gobierno y de defender, justificar, explicar y exaltar a García Moreno a pesar de las cosas que yo mismo digo del personaje. Poca comprensión y conocimiento de la Historia demuestra el señor Lazo. Su hubiese leído a Plutarco habría visto cómo los más grandes hombres de la antigüedad griega y romana cometieron toda clase de crímenes, sin perder, por ello, su grandeza. Entre los modernos, ahí está Napoleón. García Moreno incurrió en graves errores y en abusos de autoridad; era despótico y entremetido; pero todo eso no le impide ser el más grande hombre del Ecuador y, como opina el liberal Velasco Ibarra, el primer gobernante de la América Española. Hay algo gracioso en el artículo de Lazo. A propósito del intento de García Moreno – el más grave de sus errores, como lo digo en mi libro – de entregar su patria al protectorado de Francia, escribí:

García Moreno es un precursor de los que, ochenta años más tarde, por temor a un vago peligro de parte de Alemania, quieren entregar la América Española a los yanquis.

Estas palabras constituyen una acusación tremenda para García Moreno, y demuestran mi imparcialidad; y no hay en ellas nada favorable a Alemania. No obstante, el señor Lazo las comenta de este modo:

Y así quedan ratificadas las sospechas del lector avisado, las que lo asaltan desde las primeras páginas y se convierten justificadamente en el juicio definitivo de todo el libro: la materia histórica, García Moreno, es aquí solamente un símbolo, es el pretexto para exaltar las dictaduras y para difundir su política despótica y materialista disimulada bajo el impresionante camouflage de motivos religiosos y nacionalistas. La obra del novelista argentino es, en efecto, un pretexto más del quinta-columnismo ideológico internacional de las dictaduras de Hitler, de Mussolini y de Franco, en su lucha multiforme e implacable contra la civilización democrática y liberal y contra la cultura auténticamente cristiana, fundadas sobre el concepto imprescindible de la libertad y de la dignidad del hombre.

Esto de que yo, espiritualista de toda la vida, cristiano, católico ferviente, haya querido exaltar las dictaduras “materialistas”, es como para hacer reír a carcajadas a un hipopótamo. ¡Y yo que en El Pueblo le pegué por esos años a Hitler y a Mussolini! Y pensar que había escrito mi biografía de García Moreno por sugerencia de un liberal verdadero, de Velasco Ibarra, a quien algo le tocaría de ser ciertas las cosas que dijo el señor Lazo…

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Veamos ahora algunas cartas. Velasco Ibarra juzga que mi biografía es la mejor que se ha escrito. Encuentra en ella “precisión, claridad, ninguna repetición inútil, ninguna difusión innceseria”. Hay en mi libro, según él, “páginas, escenas, descripciones, de un color vivísimo, de un relieve magnífico”. Dice también:

Admiro la cantidad de información y documentos que usted ha nutrido eficientemente en uno o dos años. Ha consumado usted todo un milagro de síntesis. Sin vivir en el Ecuador, haberse informado de tantas cosas grandes y pequeñas es un esfuerzo de intelección y sacrificios verdaderamente admirable.

Agrega que si alguna vez él volviese a tener influencia en el Ecuador,

Se comprarían muchos centenares de su obra para repartirlos por los pueblos de América y los colegios y escuelas ecuatorianos. Su libro demuestra lo que mi país encierra de posibilidades. Bastaría la escena del Congreso de 1867, tan al vivo descrita por usted, para ennoblecer a un pueblo por su valor.

Tobar Donoso califica a mi libro de “admirable y gigantesco trabajo”. Dice más adelante:

He quedado sorprendido de la gran copia de documentación que ha llegado a reunir; de la manera certera con que se abre camino en medio de los más enmarañados sucesos, como los de 1859 y 60, y de la habilidad y discreción con que descubre la verdad, a pesar de las sombras que ha acumulado el odio en derredor del primero de nuestros estadistas. El libro es tan a ameno, tan brillante y sugestivo el relato, tan hermoso el estilo, tan profunda la penetración en la entraña de los sucesos y de la psicología del personaje, que no es posible dejar la lectura una vez comenzada. He tenido intenso goce espiritual, goce viril y fuerte, de esos que sólo se alcanzan cuando un libro corresponde a una necesidad fundamental y profunda. La vida de García Moreno es una lección, y usted la ha dado con arte eximio y enérgico desenfado.

Gonzalo Zaldumbide es uno de los escritores de nuestra América de mayor autoridad literaria y de los más artistas y es hijo de un distinguido literato que actuó en tiempos de García Moreno. Embajador de su patria en Río de Janeiro, vino de paseo a Buenos Aires, compró mi libro, lo leyó con pasión y me escribió:

…He avanzado así, aunque a trompicones, en la lectura de su gran libro. No lo he terminado aún; pero los dos tercios leídos ya me hablan del final glorioso que usted va preparando con arte y ciencia de gran compositor. Se ha ganado usted, entre nosotros, el título del más ilustre de nuestros (el subrayado es de Zaldumbide) escritores, pues nuestro es quien de lo nuestro habla como el mejor de los ecuatorianos.

Esta carta es de 1943. Cuatro años después, otra vez de paso en Buenos Aires, volvió a escribirme. Díceme:

Cómo no expresarle, no sólo mi admiración, que por consabida pudiera sobreentenderse, sino mi gratitud por su magnífico, su penetrante, su irresistible García Moreno – insuperable, acaso – y también mi agradecimiento de hijo de Julio Zaldumbide a quien se refiere usted con miramiento en las pocas pero expresivas líneas que hacían al caso.

Habla ahora Alcides Arguedas, historiador y novelista eminente y tal vez el primer escritor contemporáneo de Bolivia:

Inmediatamente me fui al texto, luego de buscar el nombre de una persona que me interesaba, Montalvo, y tropecé con datos y detalles que ignoraba y una espléndida e inolvidable pintura del hombre. Luego busqué otro tipo, Urbina, y también me gustó. Ni qué decir que el tipo central llena todo el libro, y que aparece grande, atrayente y respetable a pesar de sus errores, sus faltas y aun de sus crímenes.

Un ilustre dominicano, Tulio M. Cestero, novelista y biógrafo de valer, me escribió desde un barco, el Aconcagua, que se dirigía de Valparaíso hacia el Norte:

Acabo de terminar su Vida de García Moreno, que ha tenido la complacencia de prestarme el doctor Héctor Ghiraldo, ministro en el Ecuador, compañero de viaje. He leído su libro de un tirón: es sincero, fuerte, hermoso y su último capítulo, realmente emotivo. Me dirijo a mi patria por unos meses, y como quiero releer y conservar su libro, mucho le agradeceré que también esta vez me cuente entre sus entusiastas lectores y me lo envíe.

Y, en fin, terminaré con las palabras que me escribió un historiador argentino, uno de los pocos honrados, sinceros y sabios de nuestros historiadores: Rómulo Carbia. Decíame:

…Su notoriamente magnífica Vida de don Gabriel García Moreno y le dice, con sinceridad absoluta, que se trata de un libro de mérito singular: por lo sensato del criterio que lo informa, por lo plácido y atrayente de la narración, por el caudal informativo que acusa y por la robusta prosa en que ha sido construido.

Como se ve, por estas transcripciones y otras que pudiera hacer, Alone, en medio del coro de alabanzas a mi libro, se queda realmente alone – solitario, en inglés –, ya que no cuentan Agramonte, mal tratado por mí, ni su amigo Lazo.

En fin, para dar una idea de lo que en el Ecuador significa mi libro, referiré lo que un embajador de ese país dijo a Miguel Ángel Martínez Gálvez: “¿Es usted pariente del escritor Manuel Gálvez?” preguntó el diplomático. “Somos primos hermanos”, le respondió Miguel Ángel. Oído esto, declaró el embajador: “Pues sepa usted que, en mi patria, Manuel Gálvez es una especie de prócer”.

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Terminado el García Moreno, en septiembre de 1941, empecé el 1º de Noviembre la biografía del caudillo uruguayo Aparicio Saravia.(…)

Fuente: Gálvez, Manuel: Recuerdos de la vida litearia. IV En el mundo de los seres reales, Hachette, Bs. As., 1965, p.p. 59-67.