coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Monopolios y Poder en la Historia del Ecuador

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Estimados amigos: Están cordialmente invitados a la presentación del libro “Monopolios y Poder en la Historia del Ecuador” -mañana, jueves 28 de mayo de 2015, ver los detalles en la invitación-, editado por la Superintendencia de Control del Poder de Mercado de la República del Ecuador, del cual soy coautor conjuntamente, entre otros, con Eduardo Almeida Reyes, Juan Cordero Íñiguez, Gonzalo Ortiz Crespo, Octavio Latorre y por supuesto con el gran Ahmed Deidán de la Torre. En el capítulo que nos corresponde, de profunda investigación documental primaria: Ecuador Land Company Limited: dependencia y cesión de soberanía, podrán conocer sobre algunas de las precisas consecuencias sociales, políticas y económicas de la Independencia en nuestro país. Pueden descargar el libro gratuitamente del siguiente enlace:

http://www.scpm.gob.ec/wp-content/uploads/2015/05/Monopolios-y-Poder-en-la-Historia-del-Ecuador-jueves-14-.pdf

Pedro Páez Pérez, superintendente de Control del Poder de Mercado, señala en el prólogo de la obra:

Ahmed Deidán de la Torre y Francisco Núñez del Arco Proaño, en su ensayo “Ecuador Land Company Limited: dependencia y cesión de soberanía”, menciona que el Reino de Quito, y posteriormente el Ecuador, no estuvo exento de los intereses y el control inglés. Poco antes de la disolución de Colombia, hacia 1829, esta tenía una deuda acumulada de 6’688.949,20 libras esterlinas. Los tres estados que le sucedieron a Colombia reconocieron esta deuda. El pago de la que sería conocida como «Deuda Inglesa» marcaría y limitaría el desarrollo económico independiente y hasta el político del Ecuador. En el afán de pagar la deuda contraída con capitales europeos, varios proyectos se plantearon, como fue el caso de arrendar terrenos o encargar a empresas extranjeras la extracción de recursos. La Ecuador Land Company Limited fue uno de estos proyectos, establecida con el fin de pagar parte de la deuda ecuatoriana por medio del arrendamiento de terrenos, esta compañía es un claro ejemplo de los intereses ingleses en la región y, particularmente, en el Ecuador. La empresa llegó a establecer un monopolio territorial y económico que impugnaba la soberanía y la posesión efectiva del Estado ecuatoriano sobre los terrenos arrendados o pueblos específicos como el de San Lorenzo.



San Lorenzo, factoría y puerto inglés. Historia secreta de América -21-.

San Lorenzo, factoría y puerto inglés

San Lorenzo en la actualidad

Cuando apenas el Ecuador inició su vida como Estado o república -denominación ulterior- independiente (1830), so pretexto del interés en las Islas Galápagos, dada su posición estratégica en al Océano Pacífico, muchas potencias extranjeras intervinieron en asuntos internos del país en modo descarado. La mayor de estas, por su cinismo y explotación de nuestra tierra fue Inglaterra.

El siglo XIX se configuró como el siglo del poderío inglés en el mundo. La cúspide de la expansión del imperialismo anglosajón por los cuatro rincones de la tierra encontró una de sus joyas en el antiguo Reino de Quito, si bien no a través de la ocupación directa por completo del joven Ecuador –sin mencionar la ocupación financiera por medio de la deuda inglesa, claro está-, definitivamente sí por la fractura estratégica que infringió a la industria pre-republicana y con la correlativa expansión de su mercado en toda la América del Sur, ejerciendo un férreo imperio económico-financiero sobre las nacientes repúblicas americanas. Así, el capitalismo internacionalista británico logró posar sus tentáculos en nuestro país por medio de sus conocidas Companies.

En 1837, como nos refiere Jorge Villacrés Moscoso[1], el gobierno inglés comisionó al Almirantazgo hacer estudios del puerto de San Lorenzo en la costa norte del Ecuador; con resultados completamente satisfactorios. Por medio de la firma del contrato (convenio) Icaza-Pritchett de 1857 el Ecuador cedió estas tierras a los ingleses con intenciones de pagar parte de la deuda contraída durante las luchas, instigadas por la misma Inglaterra, para conseguir la separación del Reino de Quito de la España peninsular[2]. “En cumplimiento del contrato Icaza-Pritchett se entregan tierras a la compañía inglesa Ecuador Land Company en Atacames y en el Pailón (San Lorenzo). La concesión alcanza a 200.000 cuadras, 100.000 en cada uno de los lugares indicados. La compañía adjudicataria no hace ninguna inversión, sino que se limita a subarrendar las tierras a otras empresas extranjeras como la Casa Grindale y Company, la Pailón Company y la Esmeraldas Handelgesellschaft, que explotan a los campesinos. Además la adjudiación territorial fue causa para el desalojo y despojo de muchos colonos asentados en esas tierras.”[3]

Desde 1867 a 1886, al antiguo puerto Pailón[4], entraban embarcaciones inglesas de hasta tres mástiles, que cargaban hasta 300 quintales de tagua. Entre los años 1887 a 1889, la Compañía Grindale tomó en arrendamiento las tierras de la Ecuador Land Company, con las que incrementó en forma considerable las exportaciones. A la Grindale le sucedió la Pailón Company, pero apenas instalada sucedió un incidente entre los pobladores de San Lorenzo y el gerente Mr. Thompson, quien obtuvo del Ministro Plenipotenciario de la Gran Bretaña gestionara en envío de un barco de guerra para que protegiera los intereses británicos. El gobierno inglés envió una nave de 6000 toneladas que entró en el canal del Pailón, guiándose por la Carta del Almirantazgo (Nótese la ventaja estratégica de la geopolítica inglesa en América, que lleva siglos de estudiar a nuestro territorio y a nuestra gente) a fin de dejar en claro quien ejercía soberanía en este puerto[5].

La permanencia inglesa en las costas ecuatorianas de Imbabura (San Lorenzo primitivamente pertenecía a esta provincia) primero y de Esmeraldas después[6], significó el antecedente y primer paso fáctico hacia la futura intervención y posterior ocupación del territorio ecuatoriano por los Estados Unidos en la década de 1940[7]. En definitiva, San Lorenzo fue de hecho y de derecho un puerto inglés desde 1867 en que fue entregado a la compañía inglesa Ecuador Land, beneficiaria de estas tierras por pago de la deuda inglesa –como ya se dijo-; convirtiendo en colonos en su propia tierra a los sanlorenceños, privándoles de los derechos constitucionales que poseían como ecuatorianos. Los ingleses se convirtieron en los árbitros de las vidas y los bienes de los habitantes del puerto, se llegó a tal punto de la monopolización y dominio económico, que incluso emitieron lo que en la práctica se constituyó en su propia moneda: el Pailón, con la que realizaban sus transacciones comerciales. No fue sino hasta 1939 que finalmente fueron devueltas estas tierras al Ecuador, cuando la posta del imperialismo anglosajón pasaba de Londres a Washington.

Por Francisco Núñez Proaño


[1] Historia Diplomática de la República del Ecuador, tomo III.

[2] Ver Contrato Icaza-Pritchett

[3] Albornoz, Osvaldo, El latifundio costeño, artículo aparecido en Ciencias Sociales, revista de la Escuela de Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad Central del Ecuador, N° 28, primer trimestre de 2008.

[4] “Es el único puerto natural del Ecuador y el más cercano al Canal de Panamá. Durante la Gran Colombia, San Lorenzo pertenecía a la provincia colombiana de Barbacoas; con la disgregación de ésta pasa a pertenecer a la provincia de Imbabura, cuya aspiración era la de tener una salida al mar mediante este puerto; y en 1863 pasa a la jurisdicción de Esmeraldas; porque Imbabura no poseía vías de comunicación que le permitan ingresar a San Lorenzo y hacerse cargo de su administración. Siendo parroquia de Esmeraldas, se entregan 100 mil hectáreas de sus predios a los banqueros ingleses como una compensación de la deuda inglesa. Los ingleses a través de la Compañía “Ecuador Land Limited of Londres”, quienes al administrar estas tierras convirtieron a los pobladores en colonos, privados de sus derechos y libertad que consagraban las leyes y Constitución de la República. Los ingleses ejercían un control absoluto, llegando al colmo que tenían su propia moneda para las transacciones comerciales. Luego los banqueros ingleses arrendaron sus dominios a la firma “Casa Tagua”. En 1937 el Estado Ecuatoriano terminó definitivamente con esta situación denigrante, al revertir las tierras a su poder.” Según señala el sitio de la Biblioteca Municipan de Guayaquil en: http://www.bibliotecadeguayaquil.com/index.php?option=com_content&view=article&id=276:san-lorenzo&catid=43:fechas-historicas&Itemid=137

[5] Historia Diplomática…

[6] De acuerdo a la ley de división territorial de 1861, Esmeraldas toma la categoría de provincia con un solo cantón y este con seis parroquias; esta misma ley incorpora a San Lorenzo a la provincia de Imbabura, satisfaciendo así la aspiración de esta de tener un puerto en la costa del Pacífico. La administración de San Lorenzo fue difícil para Imbabura por falta de vías de comunicación, por lo que el Congreso Nacional lo reintegró a Esmeraldas en 1863, confirmando este hecho con la Ley de División Territorial de 1869.

[7] Dice al respecto Villacrés Moscoso: “En definitiva, en el Ecuador más que en en otros países de la América Española, estaba expuesto a ser campo expedito de conquista e intervención de parte de alguna potencia europea como consecuencia mediata de su codicia.”



Quiteños al servicio del Imperio Español: Políticos y militares. Historia Secreta de América -16-.

Quiteños al servicio del Imperio Español: Políticos y militares.[1]

Lope Dí­ez de Armendáriz, quiteño (1575), Marqués de Cadreita o Cadereyta. Primer Virrey criollo de Nueva España. Fundador de la Armada de Barlovento que fue la primera institución naval creada en América, para proteger sus territorios ultramarinos americanos de los ataques de sus enemigos europeos, asimismo como de piratas y corsarios.

“Los criollos, los descendientes directos de españoles, de sangre pura, pero modificados por el medio y por sus enlaces con los mestizos que se asimilaban, eran los verdaderos hijos de la tierra colonizada y constituían el nervio social… La raza criolla en la América del Sur, elástica, asimilable y asimiladora, era un vástago robusto del tronco de la raza civilizadora índico-europea a que está reservado el gobierno del mundo. Nuevo eslabón agregado a la cadena etnológica con su originalidad, sus tendencias nativas y su resorte moral propio, es una raza superior y progresiva a la que ha tocado desempeñar una misión en el gobierno humano…”

Bartolomé Mitre

Mito usual y extendido en la ideas y en la historiografía americana oficial y oficiosa es aquel que dice que los criollos durante la  mal llamada colonia, el Imperio, fueron excluidos de toda forma de poder político y de mando, especialmente de los cargos más altos como Virreyes, Presidentes de Audiencia, Capitanes Generales y Gobernadores. Cuando en realidad se cuenta literalmente por miles a criollos que participaron como parte de los gobiernos locales (Oidores, corregidores, regidores etc.) y muchos que desempeñaron las funciones de gobierno de mayor graduación y prestigio. También los criollos conservaban el poder económico del continente. Al respecto el historiador quiteño Carlos Espinosa Fernández de Córdoba nos dice:

“Entre los mitos más difundidos en torno a la colonia, está el que establece que la clase pudiente era exclusivamente española, es decir “gachupín”. Si así fuera, los únicos culpables de los abusos de la sociedad colonial habrían sido los funcionarios reales de paso por América. En realidad los criollos (blancos nacidos en América) constituían el verdadero grupo dominante de la sociedad colonial porque poseían los medios de producción. Eran dueños de las haciendas y los obrajes, también eran los principales beneficiarios de los mecanismos de pillaje como la mita, las mercedes de tierras y la encomienda. Si bien los funcionarios reales españoles ocupaban las posiciones de autoridad formal, el poder efectivo estaba en manos de los criollos. Después de la independencia, los criollos continuaron dominando los recursos económicos y asumieron el poder político, manteniendo un implacable colonialismo interno caracterizado por la subordinación y explotación de los indios y negros.”[2]

Además del poder político y económico, una variedad de criollos se destacaron en ámbitos religiosos (que implicaba poder de facto en una sociedad estructurada religiosamente como la hispana), culturales y científicos, en América y Europa. A continuación a manera de mini biografías expondré tan solo algunos casos representativos, demostrativos y contrastables de quiteños que ejercieron altos cargos de gobierno y poder político en época del Imperio Español.

Virreyes:

Fray Luis Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra (de la Orden de San Bernardo), noble quiteño que desempeñó destacadas posiciones en la España del siglo XVII. Nacido en Quito a fines del siglo XVI, fue el primer Virrey criollo de Cataluña, primer criollo Obispo de Jaca –Huesca en España- (1617-1622), primer criollo Obispo de Urgel (1626-1627), primer y único criollo y único sudamericano en ser  Copríncipe de Andorra (29°) del 9 de Agosto de 1622 – al 3 de Enero de1627, fecha de su muerte en Barcelona. Su padre fue Lope Díez de Aux de Armendáriz, 2° Presidente de la Real Audiencia de Quito, y su hermano mayor Lope, fue el I Marqués de Cadreita o Cadereyta y el primer Virrey criollo de Nueva España y fundador de la primera fuerza naval de América: La Armada de Barlovento, de quien trato a continuación.[3]

Lope Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra[4], I Marqués de Cadreita (o Cadereyta), VI Señor de Cadreita, Caballero de Santiago, Gentilhombre de boca de Su Majestad, nació en la ciudad de Quito, actual Ecuador en 1575. Fue un noble y el primer criollo que llegó a ser Virrey de la Nueva España, cuyo cargo ejerció de desde el 16 de septiembre de 1635 hasta el 27 de agosto de 1640. Nacido en la Real Audiencia de Quito, Lope Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra provenía de una familia noble radicada en la ciudad de Quito actual capital de la República del Ecuador, donde su padre ejerció el cargo de Presidente de la Real Audiencia. Realizó sus estudios en carrera naval. Ocupó cargos significativos y obtuvo también grados importantes como el de Comandante de las Escoltas que acompañaron a las flotas mercantes de España que llevaban las mercancías y riquezas de las colonias a la metrópoli, “General en propiedad de la Armada de la Guardia de Indias y de los galeones de la plata de Indias (alcanzando en 1633 la famosa victoria sobre los holandeses, echándoles del puerto y fortaleza de San Martín), y al fin Consejero de Guerra”[5]. Casado con Antonia de Sandoval y Rojas, III condesa de la Torre y VI Condesa de Puebla (consorte y viuda sin sucesión de este enlace) y pariente del poderoso Duque de Lerma, era gentilhombre y mayordomo del rey Felipe IV de Habsburgo. Primer Marqués de Cadreita o Cadereyta, desde 1617, llegó a ser miembro del Consejo de Guerra, como ya se señaló, y embajador ante el Sacro Imperio Romano Germánico y Roma.

Virrey de la Nueva España: El 19 de abril de 1635 el Rey Felipe IV le asignó el cargo de Virrey de la Nueva España (16°). La entrada formal a la Ciudad de México fue el 16 de septiembre de 1635 tomando cargo ese mismo día.

Defensor de la Hispanidad: Para proteger a los habitantes y colonos del Nuevo Reino de León (el actual territorio del estado mexicano de Nuevo León) de los ataques y saqueos provocados por las tribus indígenas de Apaches y Comanches, Lope Díez de Aux edificó un presidio y una fortificación en Cadereyta. También ordenó una expedición a las Californias.

Armada de Barlovento: Se destacó de manera especial este noble quiteño, por haber sido el fundador de la Armada de Barlovento, que fuera una institución militar creada por el Imperio Español para proteger sus territorios ultramarinos americanos de los ataques de sus enemigos europeos, asimismo como de piratas y corsarios. Esta Armada fue la primera institución naval creada en América, por tanto Lope Díez Aux de Armendáriz y Saavedra es el precursor de todas las Fuerzas Navales del continente americano. De esta forma, este quiteño se erigió como el símbolo de la hispanidad tradicional en lucha y ataque contra el naciente capitalismo filibustero, de la “Pérfida Albión” o Inglaterra. Finalmente por extraños sucesos e influencias fue acusado de muchas irregularidades y defectos por sus enemigos, entre ellos el Obispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza. Murió el 28 de agosto de 1640.

De los hermanos Díez de Aux de Armendáriz escribió Jorge Luna Yepes refiriéndose a los quiteños en época hispana: “También fueron políticos, intelectuales o eclesiásticos ilustres Lope Díez de Armendáriz, marqués de Cadereita, hombre de ciencia política y militar, que llega a ser embajador y consejero del rey y virrey de Nueva España; al par que su hermano, Fr. Luis López de Armendáriz, ocupa cargo semejante en Cataluña y el de arzobispo de Tarragona.”[6]

Presidentes, Gobernadores y Capitanes Generales de Reales Audiencias:

Doctor José Antonio de la Rocha y Carranza[7], I Marqués de Villa Rocha[8], Vizconde de Villa Carranza y Caballero de la Orden de Calatrava; nació en Quito el 20 de junio de 1661. El Marqués de Villa Rocha estudió en la Universidad Santo Tomás de Aquino de Quito (la actual Universidad Central del Ecuador), recibiéndose de Doctor en Jurisprudencia en el año de 1678, Capitán y Alcalde de las Mestas por el Estado Noble de Madrid.  En 1699, siendo General de Artillería, fue nombrado Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia y Cancillería Real de Tierrafirme o Panamá, cargo que desempeñó en dos ocasiones. “Cuando pasaba de los sesenta años, esto es, en 1726, decide hacer un viaje por el mundo; arma una expedición con sus recursos y realiza la atrevida hazaña, recorriendo Oceanía, Asia (Filipinas), África y Europa”.[9] El afamado padre Benito Feijoo[10] en su obra Teatro crítico lo calificó de “insigne matemático e instruido en toda la buena literatura”. Fue quien organizó la defensa de las Costas Orientales de América contra la invasión de los piratas holandeses.     

Doctor Fernando Félix Sánchez de Orellana y Rada[11], III Marqués de Solanda, Caballero de la Orden de Calatrava, nació en Latacunga (en la actual provincia de Cotopaxi en Ecuador) en 1723 mientras su padre desempeñaba el cargo de Corregidor de los asientos de Latacunga y Ambato. Fue hijo de Pedro Javier Sánchez de Orellana y Góngora II Marqués de Solanda, natural de Loja del Ecuador, y doña Francisca Rada. Realizó sus estudios de Humanidades, en el Seminario de San Luis; y los de Filosofía y Jurisprudencia Civil y Canónica, en el Convictorio de San Fernando; recibiéndose de Doctor en Jurisprudencia Civil y Canónica. Fue Deán de la Catedral, Teniente de Corregidor y Justicia Mayor de Quito. Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Quito entre 1745 y 1753, uno de los más jóvenes en desempeñar dicho cargo al haberse posesionado del mismo con 22 años de edad.  “El primer quiteño que en tiempo de la colonia llegó a ocupar tan elevado cargo”[12] dentro del territorio de la Real Audiencia de Quito.[13]

Ignacio Flores de Vergara y Jiménez de Cárdenas[14]. Caballero supernumerario de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, “Una de las figuras más notables del Alto Perú”[15]. “Latacungueño, se gradúa en Filosofía en Quito; es profesor de lenguas y de Matemáticas en el Colegio de Nobles de Madrid; en el Ejército llega a coronel; es gobernador de Moxos y de Charcas, domina una sublevación indígena en Bolivia con gran valor y muere en Buenos Aires, en 1786, cuando se defendía de lamentables acusaciones”[16]. Nació en Latacunga (Provincia del Cotopaxi) el 30 de julio de 1733. Hijo segundogénito del Coronel de las Milicias urbanas de Quito, Antonio Flores de Vergara, natural de Ambato (Provincia del Tungurahua), creado Marqués de Miraflores en 1746, confirmado en 1751, y de María Jiménez de Cárdenas, latacungueña. Hermano de Mariano Flores de Vergara y Jiménez de Cárdenas[17], II Marqués de Miraflores y Caballero de la Orden de Carlos III con quien erróneamente suele confundírselo. Huérfano de madre de corta edad. Transcurrieron sus primeros años plácidamente en las haciendas de su padre donde aprendió el quichua; a los diez años viajó a Quito, fue matriculado en el Colegio Seminario de San Luis y se graduó de Maestro en Artes y Bachiller en Filosofía en 1748 en la Universidad de San Gregorio. Posteriormente emprendió viaje a España y estudió en el Colegio de Nobles de Madrid con singular aprovechamiento especializándose en matemáticas, materia que luego enseñó en dicho colegio. En 1755 recorrió las principales cortes de Europa y aprendió latín, inglés, francés e italiano. De regreso a España ingresó de Cadete al Regimiento de Caballería de Brabante; en 1772 fue Capitán de Voluntarios a Caballo bajo las órdenes del General Alejandro O’ Reilly y luchó contra los ingleses en el asalto a Gibraltar y en la invasión a la isla Menorca. Firmado el Tratado de paz en 1777 fue designado por sus conocimientos científicos y matemáticos, Gobernador de las Armas de la recién creada Provincia de Moxos, en los antiguos territorios de las Misiones Jesuitas del Paraguay, que estaban en abandono desde su expulsión. Entonces recibió instrucciones detalladas de cuidar dichas regiones para que no continuara la penetración portuguesa.

Pacificador: El 5 de junio del año siguiente prestó juramento ante la Audiencia de la Plata e inició su gobierno. En 1779 fue promovido al grado de Teniente Coronel de caballería y al estallar ese año la insurrección de Túpac Amaru, Cacique de Tungasuca, recibió desde Buenos Aires el título de “Pacificador militar” a tiempo que Túpac Amaru era ejecutado por orden del visitador Areche; en tales circunstancias, algunos de sus parientes indígenas se hicieron cargo de las fuerzas rebeldes y reiniciaron la lucha. Flores movilizó sus fuerzas en auxilio de las autoridades de La Plata, asediadas por miles de indios en son de guerra. El combate se dio en “La Punilla” donde se produjo una contundente victoria de los realistas que recuperaron la ciudad. Reiniciadas las operaciones Flores avanzó a La Paz con solo 600 hombres y consiguió derrotar a las fuerzas del Cacique Julián Apasa, Túpac Catari, que se retiraron a los montes. Flores ocupó el cerro denominado “El Alto” único acceso por donde se abastecía esa urbe y dejando una guarnición al mando del Comandante José de Reseguín, se dirigió a pacificar las otras provincias levantadas y recobró la villa de Oruro, también cercada. Entonces le llegó el ascenso a Coronel.

Presidente: En 1782 fue elevado a la dignidad de Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Charcas, con capital en La Plata o Chuquisaca, siendo homenajeado en la Universidad de San Francisco Xavier con una “Oración Panegírica” pronunciada por el Catedrático de Vísperas, Dr. Juan José de Segovia. Flores inició su gobierno restituyendo a los últimos sublevados a la obediencia, pues “en su arte de hacer la guerra entraba más la reflexión que el atrevimiento y el deseo de pacificar más que el de destruir.” A los indios hablaba en quechua y sin maltratarlos, respetando a los rebeldes que se acogían a su generoso indulto. En 1785 terminó su periodo, y fue llamado a Buenos Aires, donde falleció en agosto de 1786. Como administrador no descuidó los ramos administrativos y hacendario, así como el desarrollo del comercio y la agricultura. Quiso dotar a su Audiencia de caminos al mar para terminar con su aislamiento. [18]

Julio Tobar Donoso pudo decir de él en su obra Las Instituciones del Período Hispánico, especialmente en la Presidencia de Quito: “El Marquesado de Miraflores, en su época inicial o sea cuando el titular llevó el apellido Flores, tuvo el orgullo de contar entre sus miembros a don Ignacio Flores, Presidente de Charcas. Prestó este quiteño relevantes servicios a la Causa de España, en época difícil de levantamientos y borrascas; servicios que no fueron debidamente recompensados. A la par de su civismo brilló por la ciencia.”

Gobernadores:

Nicolás Felipe Guillermo de Ontañón y Lastra, Romo de Córdova-Pérez Castellanos[19], I Conde de las Lagunas, Caballero de Santiago, nació en Quito el 10 de febrero de 1690, fue General de Caballería del Batallón de la ciudad de San Francisco de Quito, y Gobernador de Popayán (actual Colombia).

Ramón Joaquín Maldonado[20] (hermano del sabio riobambeño Pedro Vicente Maldonado), I Marqués de Lises y Vizconde de Tilipulo, con Grandeza Honoraria por  Felipe V, nació en la villa de Riobamba, en la actual provincia ecuatoriana del Chimborazo, el 20 de febrero de 1700. Entre los cargos y posiciones militares menores que desempeñó constan: Capitán de Caballos de Corazas de sus ciudad natal, Guardia de Honor del Virrey del Perú Conde de la Cueva, Teniente General y Justicia Mayor de Latacunga, Corregidor de Latacunga, Regidor perpetuo y Corregidor de la ciudad de Quito, etc. Fue Gobernador de Esmeraldas (actual provincia de Esmeraldas en Ecuador), como su hermano Pedro Vicente y por poder de este siendo su titular; cooperando con sus hermanos en la catequización y construcción de iglesias en esa provincia, así como en la terminación del camino a Esmeraldas. También se desempeñó como industrial, siendo propietario del Molino de Pólvora de Latacunga, conocido mundialmente en aquel entonces y cuya calidad de pólvora tanto admiró a Humboldt.

Antonio de Alcedo y Bejarano[21] [22],  nació en Quito  el 14 de marzo de 1736. Cuarto hijo de Dionisio de Alcedo y Herrera, natural de Madrid, Caballero de Santiago, Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Quito y de Maria Lucía de Bejarano y Saavedra, natural de Sevilla. Se destacó como militar y escritor; su obra fundamental es el Diccionario geográfico-histórico de las Indias Occidentales o América, en cinco volúmenes que fue de inmediato traducido al inglés (London, James Carpenter, 1812-1815). Sin duda, la base del Diccionario, fuera de sus cuarenta años de viajes y observaciones por gran parte de América, fueron las noticias y papeles que le facilitó su padre; “conjunto formidable de Historia y Geografía, seguido de otro biográfico y bibliográfico, y finalmente de una complemento práctico con el Diccionario del Comercio, industria y agricultura.” Esta obra le llevó 20 años, lo que no le impidió cultivar las matemáticas, intervenir en el segundo sitio de Gibraltar y ocupar cargos políticos y militares. Estos méritos le valieron ser elegido miembro de la Real Academia de la Historia en 1787.  Éste estuvo sus 17 primeros años en las Indias Occidentales y sólo en 1752 viajó a España para ingresar en la Guardia Real con el grado de Alférez. Desde entonces siguió la carrera militar. En 1779 se halló siendo primer Teniente de Granaderos en el bloqueo y sitio de la plaza de Gibraltar, desde el principio hasta el fin, cuatro años después, que se firmó la paz, fue ascendido a Capitán y luego a Coronel. Alcanzó los grados de Brigadier en 1792,  Gobernador Militar de Alcira y luego en 1800 fue promovido a Mariscal de Campo y en 1802 a Gobernador de la Coruña en el Reino de Galicia (España), donde se encontraba al producirse la invasión napoleónica, resistiendo con valor el asedio y el sitio de las tropas francesas, es considerado héroe de la guerra de la Independencia española. “El 24 de Junio de 1812 presentó y leyó en la Academia su Memoria para la continuación de las ‘Décadas de Herrera’ conteniendo varios capítulos: 1) ‘Estudio preliminar’ en el que se trata del Intento de Muñoz , los trabajos de Alcedo: el Diccionario Geográfico y la Biblioteca Americana, 2) ‘Las Memorias’ que contiene Colecciones de Historia y Relaciones de Indias, Colección de Viajes, Autores que han escrito Historias Generales de Indias, autores del Virreinato de Nueva España, autores del Virreinato del Nuevo Reino de Granada, autores del Virreinato de Buenos Aires y del reino de Chile, Historia del Brasil, y autores que han escrito de la historia natural de las Américas.” Murió ese mismo año de 1812.

Dos Virreyes; tres Presidentes, Gobernadores y Capitanes Generales de Reales Audiencias y tres Gobernadores de Provincia quiteños del vasto y multisecular Imperio Español, solo a manera de muestra.

Por Francisco Núñez Proaño.


[1] Entiéndase que al referirme a “quiteños” abarco a todos los habitantes del actual territorio de la República del Ecuador, de la entonces Real Audiencia de Quito y del conocido Reino de Quito-del denominado Departamento del Sur de la Gran Colombia-. Si bien la Audiencia y finalmente Capitanía General de Quito –Sede virreinal de facto con Mourgeon- abarcaba regiones del actual norte del Perú y el actual sur de Colombia, he preferido en este artículo solo tratar de lo referente al actual territorio del Ecuador.

[2] Espinosa Fernández de Córdoba, Carlos,  Historia del Ecuador en contexto regional y global, Ed. Lexus, Barcelona – España, 2010, pp. 300 y 301.

[3] Guzmán, José Alejandro, Títulos nobiliarios en el Ecuador, Madrid – España, 1957, pp. 27 y 28.

[4] Ibídem

[5] Ibídem.

[6] Luna Yepes, Jorge, Síntesis histórica y geográfica del Ecuador, 2da edición, Madrid – España,  Ed. De Cultura Hispánica, 1951.

[7] Guzmán, José Alejandro, Ob. Cit., pp. 69 y sigs.

[8] El título de Marqués de Villa Rocha había sido concedido por Felipe II, según Real Cédula del año 1564, a su tercer abuelo paterno don Antonio Andrés Girandia de la Rocha, Caballero de Santiago, Alférez, Capitán, Maestre de Campo en los Ejércitos de Flandes e Italia, y en la Real Armada (más de cuarenta años), quien había combatido en la batalla de Lepanto; que no lo ostentó por no poder hacer constar tuviera cierta renta, precisa condición en el título.

[9] Luna Yepes, Jorge, Ob. Cit.

[10] Benito Jerónimo Feijoo, OSB, 1676-1764. Feijoo es quizá el más grande filósofo de lengua española del siglo XVIII. El Teatro crítico universal y las Cartas eruditas y curiosas lograron una difusión insospechada, en España y en América, y fue ya traducido entonces parcialmente al francés, italiano, inglés y alemán.

[11] Guzmán, Ob. Cit.

[12] Avilés Pino, Efrén, Enciclopedia del Ecuador,  Academia Nacional de Historia, Quito, Ecuador.

[13] Suele criticarse que este haya sido el único quiteño Presidente de Quito durante la colonia, desconociendo (o no) que era política y costumbre de la Monarquía que los funcionarios reales nunca debían ser naturales de los sitios que gobernaban, a fin de evitar el nepotismo y la corrupción relacionada a este hecho de filiación y relación con la tierra propia o la patria chica.

[14] Pérez Pimentel, Rodolfo, Diccionario Biográfico del Ecuador.

[15] Efrén Reyes, Óscar, Historia del Ecuador.

[16] Luna Yepes, Ob. Cit.

[17] Coronel de Caballería del regimiento de Dragones de la ciudad de Quito desde 1785.

[18] Cuando Rafael Correa, actual Presidente de la República del Ecuador, visitó Bolivia, se le entregó como regalo por parte del alcalde de Sucre, si mal no recuerdo, un retrato de IGNACIO FLORES DE VERGARA Y JIMENEZ,  quien fuera Presidente de la Real Audiencia de Charcas (Bolivia) desde 1782, como símbolo de amistad entre las dos naciones. Lo que no se, es que si el alcalde y el presidente conocían que este distinguido e ilustre quiteño (del Reino de Quito) al servicio del Imperio Español fue quien reprimió a sangre y fuego el levantamiento de Túpac Catari a quien finalmente derrotó y fue posteriormente ejecutado. Catari junto a Túpac Amaru son actualmente reivindicados por el socialismo del siglo XXI y los movimientos indigenistas como los mayores símbolos de resistencia indígena antihispana. ¿Ironía?

[19] Guzmán, pp. 78.

[20] Ibídem, pp. 34 y sigs.

[21] Luna Yepes, Ob. Cit.

[22] Pérez Pimentel, Ob. Cit.