coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Crónica de una negligencia anunciada

Crónica de una negligencia anunciada

vía: ecuadorhispano.blogspot.com

El día 6 de diciembre del presente año, el diario El Comercio publicó una infografía titulada “Con el caballo, la pólvora y la religión, España conquistó a la cultura Quitu, nuestros ancestros”. La misma demostró ser tendenciosa, poco académica en el sentido de contrastar datos y fuentes (no basta con mencionar a dos personas si ambas son de la misma ideología) y muy ligera, diríase que superficial en el mejor de los casos.
Varios estudiosos de la historia, algunos académicos y otros aficionados, pero todos comprometidos con su estudio serio, decidimos poner un escrito de rectificación, educado pero firme, con argumentos, al casi pasquín publicado por dicho diario. Nuestra carta de rectificación fue remitida el 8 de diciembre, y entonces empezó una serie de llamadas telefónicas y correos electrónicos para saber qué fue de su suerte. Lo último que supimos, en virtud de los correos de una señorita llamada Jenny Martínez, fue que cayó en manos de un señor llamado Dimitri Barreto, quien iba a revisarla y consultar con otros historiadores sobre el contenido de nuestro texto. Me pregunto por qué no fueron tan cautos con la infografía, que a todas luces fue objeto de un análisis mucho más simplista y descuidado, si acaso lo hubo. Finalmente, el día 17 de diciembre le escribí por última vez a Jenny Martínez, pidiéndole que me indique si aun había interés en nuestro pedido de rectificación, dado que, cada día que pasa, dicho pedido pierde más y más sentido, porque ya nadie recordará la infografía que nos motivó a redactarlo. Y bueno, seguimos esperando una respuesta, que al parecer jamás llegará.
Dado que no nos han dado un espacio, ni han tenido la voluntad de rectificar su tendenciosa y direccionada infografía, que ahonda de forma desvergonzada en algunos lugares comunes, que por comunes no dejan de ser errados a la luz del estudio histórico, señores de El Comercio, permítanme decirles lo siguiente:
Leo su diario todos los días, de algo sirve. Y aunque rechazo la política gubernamental de acoso a la prensa privada, debo rendirme, al menos en este caso, a lo evidente: cuando no se trata de defender sus intereses corporativos, de gremio, de grupo; cuando sus intereses no están directamente afectados, no tienen NINGÚN empacho en plegar servilmente al discurso oficial, porque eso es lo que han hecho al darle espacio a la misma gente, Juan Paz y Miño y Felipe Ogaz, voceros de la visión oficialista de “descolonización cultural”, de rechazo a todo aquello que no sea parte de su “nueva” visión de la historia, manoseada hasta encajar en los cánones de la “revolución” política (léase ideologización). Basta mencionar lo que han hecho con la figura de Eloy Alfaro. Apenas en ese caso, el más obvio, dieron la cara, para defender sus propios editoriales de hace 100 años. ¿Y las demás falsedades emitidas por este gobierno y sus voceros para desdibujar la historia a su antojo? Esas, caballeros, esas han callado o han plegado a ellas, porque simplemente, no se han sentido afectados. Y quienes nos dimos el tiempo para pedirles una rectificación, volvemos a hacerlo, aunque no les interese actuar. Ojalá tengan la decencia de hacerlo en algún momento.
Eduardo Daniel Crespo Cuesta

Para quienes interese, este es el enlace a la infografía:
http://www.elcomercio.com/quito/Infografia-religion-Espana-conquisto-Quitu_ECMFIL20121206_0002.pdf

Finalmente, el texto de nuestro pedido:

“Quito, 8 de diciembre de 2012
Señores
Diario El Comercio
Ciudad.-
De nuestras consideraciones:
Por medio de la presente, los abajo firmantes, estudiosos de la Historia tanto desde el campo académico como aficionado, algunos dedicados a la docencia universitaria y autores de publicaciones investigativas, deseamos mostrar, con cortesía pero firmeza, nuestro rechazo a la infografía por ustedes publicada el día 6 del presente mes, en la página 2 de su diario, alusiva a la fundación española de la ciudad de San Francisco de Quito. En la misma, titulada “El legado de la conquista es el mestizaje”, se lee en una segunda línea, a modo de subtítulo: “Con el caballo, la pólvora y la religión, España conquistó a la cultura Quitu, nuestros ancestros”.
Dicho encabezado, hay que decirlo, es inexacto:
1)      Las fuerzas españolas doblegaron a la oposición inca y sus aliados, de ningún modo al general de la población de estas tierras. Como señalan  Galo Ramón Valarezo y Tamara Estupiñán Viteri, entre otros, gran parte de la población indígena comarcana de Quito apoyó a Belalcázar en contra de la presencia inca, representada en Rumiñahui. La población quitu, en todo caso, fue sometida décadas atrás por los conquistadores incas.
2)      No solo los quitus son los antepasados de los quiteños.  De acuerdo a la información presentada por Cristóbal Landázuri, Pablo Núñez, Juan Fernando Regalado y Luis Alberto Revelo en su obra “Sociedad y política en Quito” (Quito: FONSAL, 2010), para el año 1779 el 67.71% de la población de las parroquias urbanas de la ciudad de Quito era blanca, ya sea peninsular o en su mayoría criolla. La población indígena para ese mismo año era del 26.56%, y la población negra del 5.73%. Descartar este tipo de información incide en un aumento del desconocimiento de nuestras raíces, del hecho de que en esta ciudad la conquista no significó únicamente la violencia que, al parecer y de acuerdo a la infografía, sería lo más representativo de la huella española. Los vecinos españoles, numerosísimos como se acaba de señalar, son también parte de la herencia quiteña que compartimos todos.
3)      El uso de la religión en el encabezado se encuentra injustificado, ya que en el texto que sigue jamás vuelve a ser mencionada, lo que representa un uso inadecuado de un término a fin de captar la atención del lector, al cual de ninguna manera se le explica qué papel jugó la religión (la evangelización) en el proceso de conquista.
Dicho lo anterior, los abajo firmantes mucho les agradeceremos la publicación de esta y la rectificación pertinente. Es menester recordar la importancia e impacto de textos como el indicado y publicado por ustedes, ya que los mismos pueden incidir, como en este lamentable caso, negativamente en el reconocimiento de nuestro pasado y nuestras raíces. Si como señala la infografía, “el legado de la conquista es el mestizaje”, el Quito pluricultural e inclusivo tantas veces evocado en estos tiempos, merece un estudio más serio, profundo y desapasionado de nuestras herencias diversas.
Atentamente,
Eduardo Daniel Crespo Cuesta, MA
Eduardo Enrique Crespo Guarderas, Arquitecto
David Francisco Egas Yerovi
Alvaro R. Mejía Salazar, Mg
Francisco Núñez Proaño, Historiador”


12 de octubre, Día de la Hispanidad

12 de octubre, Día de la Hispanidad

vía: http://ecuadorhispano.blogspot.com/

Nuevamente llega el 12 de Octubre, día que en las últimas décadas ha dejado de ser un motivo de orgullo, de real integración y conciencia de nuestra cultura común entre los pueblos hispanos. En HispanoamEérica, la ideologización, la reinterpretación interesada de la historia con fines políticos y una reafirmación identitaria las más de las veces pobremente argumentada, han separado aun más a los pueblos que conformamos este particular espacio civilizatorio dentro del marco de la civilización occidental. Somos quizá el área geográfica más rica, diversa y tristemente dividida de Occidente.
No deja de ser paradójico que quienes más llenan su discurso de palabras como “la Patria Grande”, sean quienes menos aprecien una realidad indiscutible: la identidad común que nace de 300 años de historia compartida, y 500 desde que empezó la andadura de nuestro Nuevo Mundo, nuevo porque sobre la base de las diversas civilizaciones indoamericanas se prodigó el fundente civilizatorio occidental, mediterráneo y español, sin el cual jamás habríamos llegado a ser lo que hoy somos: hispanoamericanos, más allá de que a algunos guste o disguste, que unos lancen loas y otros lo aborrezcan.
La historia nos enseña que un proceso así, donde dos civilizaciones se encuentran, jamás ha sido equitativo ni simétrico: hubo mucho que lamentar, sí; pero poco reparamos en aquello que nos debería enorgullecer: una lengua común; una cultura común con preciosas variantes regionales y de país a país; una historia con hitos gloriosos poco conocidos (la derrota de la mayor armada jamás reunida hasta ese momento, británica, durante el asedio de Cartagena de Indias, en 1741); y un largo etcétera. La verdadera integración no empieza por acuerdos comerciales, cumbres presidenciales o rechazo consensuado a las políticas de uno u otro país: empieza cuando se desechan los chauvinismos parroquianos, los nacionalismos armados desde el Estado y la urgencia política de justificar la codicia de las élites de nuestros países en el siglo XIX a través de la historia oficial. Empieza cuando dejamos de ver cada uno un árbol y vemos el bosque en el cual Hispanoamérica cobra sentido.
Leamos un fragmento de las palabras de quien por muchos es considerado el ecuatoriano más ilustre, el General Eloy Alfaro, pronunciadas durante su breve pero iluminado discurso del 10 de agosto de 1906, día de la inauguración del monumento a la independencia, que hoy adorna el centro de la Playa Mayor de Quito, la Plaza Grande:
[…] La festividad que aquí nos ha reunido, es, no solo un testimonio de gratitud y admiración a los Mártires del 10 de agosto, sino una verdadera renovación del día más glorioso de nuestra historia; de ese día en que, proclamada la libertad de un mundo se complemento [sic] la obra gigantesca de Colón abriéndole nuevos y vastísimos horizontes a la humanidad.
Terminada la magna lucha prevalecieron los sentimientos de fraternidad entre peninsulares y latinoamericanos: y el Ecuador fue la primera de las naciones emancipadas que, movida de filial afecto busco [sic] la reconciliación con la madre patria. Ni de esta, ni de nuestros padres la culpa del formidable duelo que dio por resultado la independencia: España siguió la senda del extraño derecho de gentes de aquella época; y la América, sin tiempo, llegado el momento de su emancipación, resolvió conquistarla con la espada. Cada cual luchó por sus ideales; y el triunfo y la gloria de los americanos, probaron al mundo que eran también dignos hijos de la heroica madre de los Cides y de los Velardes. España nos dio cuanto podía darnos, su civilización; y, apagada ya la tea de la discordia, hoy día, sus glorias son nuestras glorias, y las más brillantes páginas de nuestra historia, pertenecen a la historia española.

Eloy Alfaro

Años después, el ilustre quiteño Don Luciano Andrade Marín, en su obra La lagartija que abrió la calle Mejía, escribiría estas palabras acerca del antedicho discurso pronunciado por Alfaro:
El general Eloy Alfaro, empero que casi nunca pronunciaba discursos, en esta vez, de su corto discurso dijo estas preciosas palabras que nunca antes habían oído nuestroschauvinistas del patrioterismo.
Como parte del acto de inauguración del monumento a la independencia, del cual se ha rescatado el discurso de Alfaro, otro quiteño de cepa, Don Manuel María Sánchez, leyó su poema Ofrenda a España, en el cual dice:
La América, tu América sentía,
de tu arrojo heredera,
Aquellas rebeldías singulares
que hicieron inmortal
la audacia ibera.
Y ya núbil y fuerte
Y libre ya.
Podía en su suelo formar nuevos hogares,
Disponer; a capricho,
De su suerte.
Algo esencial hemos perdido en el camino, del pensamiento de estos ecuatorianos que nos precedieron, que más allá de la separación política, tenían claro el ideal de la identidad común. Lástima que su potencial siga siendo eso, el potencial de una región que aun no despierta del separatismo.
Espero que esto llame a la reflexión y a la memoria.
¡Feliz día de la Hispanidad!
Notas:
Las palabras de D. Eloy Alfaro, D. Luciano Andrade Marín y D. Manuel María Sánchez, las he tomado de:
–          Ortiz Crespo, Alfonso y otros (2006), Nuestro día Sol: una mirada al Monumento de la Independencia en sus cien años, Quito, FONSAL / Alcaldía Metropolitana de Quito.
Este texto y en particular, las palabras de Alfaro, me fueron revelados años atrás por mi esposa, María Gabriela Arteaga Vizcarra, durante la redacción de su tesis de Maestría. Mi gratitud a ella por este venturoso hallazgo.
Eduardo Daniel Crespo Cuesta
Quito, 11 de octubre de 2012


Mestizaje e igualitarismo en América

Mestizaje e igualitarismo en América

Parece ser que ya pasó la época en que los ensayistas que se ocupaban de la índole de nosotros, los americanos, sostenían la superioridad de la raza blanca europea, afirmando que éramos más o menos capaces en la medida en que nos acercábamos a tan preciado arquetipo de hombre. Ellos nos juzgaron según pautas dadas por el Iluminismo y la Ilustración, y tuvieron su plenitud durante dos siglos y medio -XVIII, XIX y primera mitad del XX-.

Si, hipotéticamente, hay algo de bueno en las consecuencias de la segunda guerra mundial, ello es la quiebra definitiva de la imagen eurocéntrica de hombre. A partir de allí el hombre europeo pierde su validez universal y se transforma en un tipo más de las distintas figuras de hombre que habitamos este mundo.

Hoy, y desde hace medio siglo, ha adquirido plena vigencia la teoría del mestizaje para explicar lo que somos nosotros, los americanos. Así tenemos mestizajes de toda laya. Aquellos que nos hablan de mestizaje cultural: en América convergen todas las culturas. Somos la raza cósmica. Racial: a la América ibérica se superpone la africana, luego la latina, ahora la coreana etc. Lingüística: en nuestra América no hablamos el portugués y español peninsulares sino ya una lengua diferente a aquellas. Ontológico: Sosteniendo, según la teoría hilemórfica, que el indio es la materia y el europeo la forma. Político: nuestras formas de gobierno son democracias autoritarias, mezcla de caudillos y de pueblo.

La consecuencia de esta teoría del mestizaje es la miserable, bastarda y claudicante “teoría de la no-conclusión de América”, según la cual América aún no es. Ejemplar típico de los sostenedores de esta vergonzante teoría es nuestro compatriota, el confundido Carlos Dufour quien, muy suelto de cuerpo cual mariposa gringa que es, afirma: ”La dialéctica de nuestra identidad estará en ser lo que no somos y en dejar de ser lo que fuimos”. Es la tesis típica de aquellos que carecen de enraizamiento a su tierra y a sus tradiciones.

Esta teoría del mestizaje, bajo sus distintas variantes, supone que los aportes son por partes iguales en todo. Aún cuando algunos pongan más el acento en lo indio -los indigenistas- y otros en lo latino -los latinoamericanistas-. La idea de igualdad está en la base de la teoría del mestizaje. Y éste es el aspecto más falaz de dicha teoría.

Vayamos por partes. Nosotros no negamos que en nuestra América se haya producido un mestizaje. Es más, creemos que el fruto más logrado de ese colosal abrazo que se dan, durante tres siglos, tanto en la lucha como en el lecho, peninsulares y aborígenes es la América criolla, la América morena. Lo que nosotros negamos es que seamos el producto de un “igualitarismo cultural” en donde la cosmovisión bajomedieval que traían españoles y portugueses haya aportado por partes iguales con la cosmovisión indiana en la constitución de lo que somos. No. De ninguna manera. El mestizaje que se dio en América, y hay que decirlo con todas las letras, no es un entrecruzamiento por partes iguales, pues en los aspectos superiores de la vida del espíritu – lengua, religión, filosofía, instituciones, etc.- el aporte ibérico fue incomparablemente mayor que el indiano. Y es por este aporte que nosotros, los americanos, somos herederos legítimos de las tres grandes figuras cosmovisionales que ha producido Occidente: la greco-romana, la heleno-cristiana y la hispano-portuguesa. Y en este sentido podemos decir, disculpen la inmodestia, que nosotros lo iberoamericanos somos el verdadero Occidente, y ello no tanto por nuestro méritos sino mas bien porque hemos sido menos zapados, menos corroídos por la modernidad. Y en esta defensa ante la avasallante marcha del mundo moderno, no poco ha tenido que ver el aporte indiano con su categoría de tiempo.

Nuestra conciencia hispanoamericana, y esta es una de nuestras principales tesis, surge de la simbiosis de dos cosmovisiones: la bajomedieval o arribeña y la indiana o precolombina.

Nuestra conciencia  se constituye hablando filosóficamente no como un compuesto sustancial sino como un mixto perfecto, puesto que nuestra identidad surge por fusión y no por mezcla de diversos elementos completos en sí mismos – lo bajomedieval y lo indoamericano como cosmovisiones- que forman un todo natural: la conciencia hispanoamericana que es análogamente diferente a los elementos de que está compuesta. Esto es a lo indo y a lo europeo bajomedieval.

Pero ¿qué rasgo propio de aquellos aborígenes de mil lenguas y centenares de etnias perdura en nosotros? Y ¿qué rasgos propios habitan en nuestra conciencia de aquellos españoles de mil razas que poblaron Iberia y forjaron América? Destacamos dos: la categoría de tiempo que nos viene de nuestra matriz telúrica y el sentido jerárquico de la vida y de valores objetivos que proviene de la cosmovisión católica ó bajo medieval “que es la que rescata al indio americano de la oscuridad de sus ídolos”, en la expresión de Jaime Eyzaguirre. Aclaremos que cuando hablamos de “lo católico”  no lo hacemos en tanto que categoría confesional sino en cuanto a que es el rasgo que caracteriza la Weltanschauung del hombre europeo arribado a las tierras americanas.

Así pues, esta conciencia europea, incluso hasta las últimas olas migratorias, no pasó por los diferentes estadios de lo que Christopher Dawson denominó Revolución Mundial. Es decir, Reforma, Revolución Francesa, Revolución Bolchevique y Revolución Tecnocrática. En una palabra nosotros forjamos nuestra identidad asumiendo la fuerza vital y los valores de la Europa anterior a la Revolución Mundial, aunque encarnados en forma diferente debido a la gran matriz americana – el genius loci: clima, suelo y paisaje- y éste es el motivo por el cual Hispanoamérica toma desde el comienzo, desde el siglo XVI, un camino diferente al resto de Occidente. Para nosotros lo tradicional y lo local no se oponen a lo occidental como en Africa o Asia, sino que es lo occidental auténtico moldeado por el aporte indiano. Lo criollo es nuestra manera de ser occidentales.

Si los rasgos históricos básicos de Occidente son: el indo-europeo como substrato lingüístico, la noción de ser aportada por la filosofía griega (que las tradiciones no occidentales jamás presintieron ni barruntaron), la concepción del ser humano como persona que aplica su voluntad libre en la propiedad como aporte romano, el Dios uno y trino personal y redentor como aporte más propio del cristianismo y la instrumentación de la razón como poder científico y tecnológico que le ha dado hasta el presente la primacía sobre Oriente. Y estos elementos fundantes son reemplazados por la alienación lingüística del baby talk; el reemplazo del pensamiento reflexivo por la gnosis moderna como atajo al saber; pérdida de los méritos de la persona en el anonimato igualitarista; disolución del mensaje cristiano de salvación en un mensaje puramente social y participación activa en el poder de coerción por parte de Oriente. Nosotros, los hispanoamericanos, estamos en contra de este Occidente porque no es otra cosa que nuestra guillotina. Y esto, hoy en día, lo comprende claramente el mundo musulmán que distingue en forma tajante entre el occidente judeo-anglo-sajón y el occidente Iberoamericano.

Si al comienzo de esta meditación intentamos responder a la pregunta de ¿quiénes somos?, corresponde ahora contestar a la pregunta de ¿qué es América?. Y ésta es la segunda de nuestras tesis.

Así, sostenemos que América debe ser entendida como “lo hóspito” donde el hombre, sea en su búsqueda de gloria y riquezas, sea huyendo del hambre, la guerra, la enfermedad, la persecución, busca realizar plenamente su naturaleza. En América, y esto vale para la totalidad de su territorio, todos somos inmigrantes desde los primeros aborígenes que entraron por el estrecho de Bering hasta las últimas oleadas de asiáticos que están llegando estos días. América se diferencia del resto del mundo por su capacidad de hospedar (hospitari) a todo hombre que como huésped (hospitis) viene de lo in-hóspito. América es pues “lo hóspito”. Ahora bien, esta aparente pasividad receptiva lleva ínsita una actividad modificadora, que mediante la acción del ya mencionado genius loci americano – clima, suelo y paisaje- transforma a lo recibido.

Para concluir entonces y volviendo al comienzo de nuestra exposición, digamos que la mayor dignidad de una cultura en nuestros días está en relación directa con la conciencia clásica. Ni España, Inglaterra, Francia o Alemania para constituir su identidad mezclaron lo clásico con lo bárbaro sino que dejaron que aquel informara a éste. De igual manera la identidad americana no se debe buscar en el mestizaje a partes iguales sino en la aproximación a las fuentes clásicas de cultura occidental pero, eso sí, vistas y vividas desde América.

Repitámoslo, nuestra exigencia es doble, por un lado tenemos la obligación de pensar y actuar a partir del enraizamiento a la tierra americana y sus tradiciones telúricas, pero en la medida en que nuestra expresión americana se aparte de lo heleno, romano, hispano, cristiano tanto menos tendrá validez universal nuestra cultura y tanto menos será nuestra dignidad y nobleza.

Por Alberto Buela

Fuente: Buela, Alberto, Ensayos de disenso, Ediciones Theoría, Buenos Aires, 2004, págs. 147-151