coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Concurso de blogs II Edición de promoción del español y de la cultura en español

Queridos amigos lectores todos:

¡Voten por mi blog en el siguiente enlace! Tu voto es importante.

COTERRANEUS – EL BLOG DE FRANCISCO NÚÑEZ PROAÑO

Categoría: Mejor blog de difusión de la cultura en español:

http://www.concursoblog.es/blog/coterraneus___el_blog_de_francisco_nunez_proano/5182cea8c728a

¡Vota como si no hubiera mañana!



Los Núñez del Arco: Un caso de poder político criollo americano en la Monarquía Universal Hispana y el fundamentalismo chauvinista historiográfico ecuatoriano. Una breve reflexión.

Los Núñez del Arco: Un caso de poder político criollo americano en la Monarquía Universal Hispana y el fundamentalismo chauvinista historiográfico ecuatoriano. Una breve reflexión.

La vida es como un arco; el alma es como una flecha; el espíritu absoluto como la diana a traspasar.

Sabrá el lector disculpar lo largo del título de esta sucinta nota -que más parece propio del siglo XVI que del XXI y que tan solo adolece de dedicatoria que en su momento tendrá- y la cantidad de adjetivaciones usadas en el mismo, todas las cuales son necesarias, sin embargo, a fin de delimitar el objeto de estas líneas.

Como ya señalé en otra oportunidad, es mito usual y extendido en la ideas y en la historiografía americana  -particularmente en la ecuatoriana- oficial y oficiosa, aquel que dice que los criollos durante la  mal llamada colonia, la Monarquía Universal Hispana o el Imperio, fueron excluidos de toda forma de poder político y de mando. Dentro de este prejuicio de base ideológica liberal chauvinista, se enmarca la interpretación simple y superficial que la historiografía ecuatoriana, intencionadamente o no, ha dado a la participación de los Núñez del Arco en varios episodios de la historia política de la Real Audiencia de Quito. A manera de demostrativa siguen dos casos concretos.

Alonso Núñez del Arco y Aguiriano, genearca de los Núñez del Arco del actual Ecuador y de los Núñez de Riobamba y Quito específicamente[1], hijo de peninsular y criolla panameña, nacido en Panamá en 1701 -criollo por tanto-, y quien se asentó posteriormente en la Real Audiencia de Quito. General de los Reales Ejércitos, Corregidor de Riobamba de 1742 a 1744, Corregidor de Otavalo de 1750 a 1751. En 1732 casó en Riobamba con doña María Josefa Dávalos y Morán de Buitrón, nacida por 1717 en Quito y muerta en su ciudad de nacimiento el 12 de noviembre de 1774 a los 62 años de edad, hija del segundo matrimonio (1705) del Maestre de Campo y Capitán de los Ejércitos del Rey -así como latifundista-, Nicolás Dávalos Villagómez (también Dávalos-Sotomayor Villagómez) nacido en Quito en 1682, con doña Leonor Morán de Buitrón o Butrón, nacida en Guayaquil (hija del General Agustín Buitrón, Corregidor de Riobamba en 1712). En 1738-39 fueron vecinos de Santa Bárbara en Quito[2].

Si bien la información que precede la proporciona el reconocido historiador y genealogista quiteño Fernando Jurado Noboa en su obra citada, el mismo autor, olvidando sus propias líneas y cayendo en el prejuicio historiográfico impuesto por generaciones de historiadores chauvinistas fanáticos, en testimonio oral me expresó que Alonso Núñez del Arco “como todo corregidor en la colonia, era peninsular”[3].

Figura mucho más polémica y conocida en la historia nacional es la de Ramón Núñez del Arco, sin embargo jamás abordado e investigado en la forma adecuada y objetiva por su acendrado realismo, nieto de Alonso, trascendió a la historia, mejor dicho, a la historiografía ecuatoriana, como el “malvado” “español” que elaboró el Informe sobre la subversión de Quito de 1809 para que sus partícipes fueran castigados por las autoridades competentes. En efecto, en 1813 concluía su célebre “Informe del Procurador General, Síndico personero de la ciudad de Quito, Ramón Núñez del Arco”[4].

En el libro “Mujeres de la revolución de Quito”, Sonia Salazar Garcés y Alexandra Sevilla Naranjo, anotan que:

El español Ramón Núñez del Arco, elaboró un Informe detallado en el que dio cuenta de la situación y ‘filiación’ de todos los personajes que estaban de algu­na manera ligados al gobierno de la Audiencia. Aparecen en él los funcionarios públicos, de correos, religiosos, soldados, de acuerdo a la dependencia o profesión que ejercían y califica individualmente a cada uno de los personajes nombrados en relación a su actuación durante la Revolución de Quito. En el documento Núñez del Arco describe, como en un diccionario, cada una de las calificaciones que atribuye a los personajes.[5]

Cuando señalan como español a Ramón Núñez del Arco, se incurre en un error grave de interpretación, nuevamente debido al prejuicio que la historiografía chauvinista ecuatoriana ejerce sobre los historiadores e investigadores nacionales. Ramón bien fue español, como todos los súbditos de la Corona Española en ambos lados del Atlántico y aún más allá, no obstante, la referencia a su calidad de español desde la perspectiva[6] histórica ecuatoriana, se refiere a que era peninsular, nacido en Europa. Y este es el lamentable hilo conductor de la “lógica histórica” con todos los realistas, es decir: realista = español-peninsular.

Ramón Núñez del Arco señala sobre sí mismo en el numeral 106 de su propio informe lo siguiente: “Procurador general, d. Ramón Núñez del Arco, criollo, realista fiel.”[7] No extraña esta declaración de criollaje, debido a que él había nacido en Quito en 1764[8], hijo del riobambeño Joaquín Juan Núñez del Arco y Dávalos, y nieto del panameño Alonso, era tercera generación de Núñez del Arco en América; además de haber sido Procurador Síndico de la ciudad de Quito, también fue Administrador de Aguardientes y como es evidente, realista ferviente. De hecho, toda su familia agnada y cognada (Joaquín Gutiérrez y Juan José Torcuato Guerrero y Matheu, entre estos) mantuvo una decidida postura realista.

Vale hacer la comparación genealógica en este caso con Juan Pío Montúfar Larrea, la cabeza visible y prominente de la Junta Suprema del 10 de agosto de 1809. Juan Pío también había nacido en Quito en 1758 y era hijo de un español peninsular, el primer marqués de Selva Alegre, funcionario español y presidente de la Real Audiencia de Quito, a todo lo cual, siendo primera generación en América, a nadie se le ha ocurrido calificar como “español” a Montúfar Larrea[9]. La diferencia fundamental entre ambos radica en el realismo del primero y en la insurgencia del segundo, hecho que ha merecido que los historiadores ecuatorianos desconozcan (y muchos condenen al olvido), a propósito o no, la calidad y condición de criollo y quiteño que poseía Núñez del Arco.

Agravado por partida doble el prejuicio en el caso de Ramón, al haber sido realista y además funcionario público con poder político, como su abuelo Alonso, en la visión sesgada de la interpretación histórica ecuatoriana, jamás pudieron haber sido criollos ninguno de los dos.

Después de terminada la Gran Guerra Civil de Secesión Hispanoamericana, también conocida como Guerra de Independencia, Núñez del Arco con buena parte de su familia, como muchas otras realistas, tuvieron que soportar el peso de ser del bando de los vencidos, correlativamente venidos a menos, empero leales a sus principios irrenunciables de fidelidad a lo que consideraban merecía esta.

Como siempre, que cada uno de ustedes saque su propia conclusión.

Francisco Núñez del Arco


[1] Archivo Particular del Autor (A.P.A.)

[2] Jurado Noboa, Fernando, Los secretos del poder socioeconómico: el caso Dávalos, SAG, Quito, 1992, pág. 142

[3] Entrevista a F.J.N., 2012-11-15

[4] Lo publicó Isaac J. Barrera en 1940 en el Boletín de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, con el título “Los hombres de agosto”. También apareció como separata del Boletín el mismo año.

[5] Salazar Garcés, Sonia; Sevilla Naranjo, Alexandra, Mujeres de la Revolución de Quito, FONSAL, Quito, 2009, Pág.75, nota 41

[6] La RAE define a esta palabra como: Apariencia o representación engañosa y falaz de las cosas.

[7] Los hombres de agosto, separata del Boletín de la ANHE, Litografía e Imprenta Romero, Quito, 1940, pág. 14.

[8] A.P.A.

[9] Ramón Núñez del Arco se refiere así sobre Montúfar en su informe: “188.- Don Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, autor de las insurrecciones, que meditó desde el año 1794. Presidente en la primera (junta) con título de Alteza Serenísima. En la segunda Vicepresidente, como se hizo igualmente elegir para el poder Ejecutivo en la Independencia. En suma, hombre caviloso, intrigante y causa de la ruina de Quito, y trastorno de toda la América. Toda su familia insurgente y pésima. Salió él solo para Loja por su elección bajo palabra de honor, sin siquiera haberse presenciado al jefe.”



LA ESQUIZOFRÉNICA HISTORIA DEL ECUADOR (1)

LA ESQUIZOFRÉNICA HISTORIA DEL ECUADOR (1)

a.- INCAS:

1) Yahuarcocha, circa 1520: genocidas y brutales invasores extranjeros que sometieron al épico y rebelde pueblo caranqui, verdadero núcleo de la nacionalidad moderna ecuatoriana.

2) Quito, 1534: heroicos resistentes a la invasión colonial española, entregando su vida por el núcleo de la nacionalidad moderna al cual anteriormente habían arrasado.

 

b.- LIBERTADORES VENEZOLANOS:

1) Pichincha, 1822: padres de la patria, colosos y redentores nacionales a los cuales les debemos homenaje y tributo eterno, sin quienes seguiríamos en el oscurantismo y la explotación colonial. “Nuestra patria es América”.

2) Ecuador, 1830: militaristas extranjeros, tiránicos usurpadores de la soberanía nacional, causantes de la postración de la república. “Último día de despotismo y primero de lo mismo.”

 

c.- LIBERALISMO:

1) 1895: La única y verdadera revolución que ha sufrido este país, enarbolando la suma de los bienes para el pueblo ecuatoriano. Al liberalismo le debemos todo, todo.

2) Décadas de 1980 y 1990: “Neo” Liberalismo, la peor basura que nos pudo haber pasado desde la colonia.

 

Saquen sus propias conclusiones.



La Asamblea General del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica me ha electo como su presidente para el periodo 2013-2015. Me honro así en presidir una de las instituciones culturales y académicas vigentes más antiguas y con mayor trayectoria del Ecuador. A mis 27 años me convierto en el presidente más joven que ha tenido la misma. Aspiro estar a la altura de los ilustres personajes como Carlos Manuel Larrea, José Gabriel Navarro, Julio Tobar Donoso, Gonzalo Zaldumbide, José Rumazo, Jorge Luna Yepes; entre los más destacados que me precedieron en la posición que ahora me compete como presidente del IECH. Con la ayuda de todos los nuevos miembros del Directorio estoy seguro del éxito durante mi gestión. Y todos ustedes, queridos amigos, siéntanse bienvenidos en nuestra Casa de Benalcázar para el engrandecimiento de la cultura hispano-ecuatoriana. Arriba reblogueada consta la nómina completa del Directorio 2013-2015 publicada en el blog del IECH.



Quito, Carlos V y nuestra memoria histórica.

Lectores todos:

Comparto con ustedes la ponencia que leí en el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica este jueves, 7 de febrero de 2013, en el marco de la conmemoración de la concesión del título Muy Noble y Muy Leal a la ciudad de San Francisco de Quito el 14 de febrero de 1556.

Como siempre, saquen cada uno de ustedes sus propias conclusiones:

Quito, Carlos V y nuestra memoria histórica

Image

Jueves, 07 de febrero de 2013: Vista del auditorio durante la conferencia que se realizó con motivo del 457° aniversario del otorgamiento del título “Muy Noble y Muy Leal” a la ciudad de San Francisco de Quito por el emperador Carlos V el 14 de febrero de 1556, en el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica .

De acuerdo a sus atribuciones de Jefe Supremo y en “observancia de sus deberes internacionales”, Eloy Alfaro Delgado en su célebre carta del 19 de diciembre de 1895, donde requiere a Su Majestad la Reina María Cristina, Regente de España, la independencia de Cuba  siguiendo, en sus palabras,  el “prudente consejo que en tiempo oportuno, dio el Gabinete Británico”; afirmó que: “El pueblo del Ecuador… un tiempo formó parte de la Monarquía Española… a la cual le ligan los vínculos de la amistad, de la sangre, del idioma y de las tradiciones…”. Se despide en esas mismas líneas con el “sincero deseo de que se acreciente la gloria del Trono que, con tanta prudencia como sabiduría, ocupa V.M., en nombre y representación de su augusto hijo D. Alfonso XIII, a quien Dios Guarde.”[1]

No se equivocaba el Viejo Luchador cuando afirmaba que el pueblo del Ecuador, es decir, los quiteños audienciales o quitenses de entonces formaron parte íntegra de la Monarquía Española, así, por lo lazos de todos tipo y no en una mera dependencia colonial. Visión clara y definitoria la tuvo Alfaro, que se adelantó un siglo a los historiadores ecuatorianos como Jaime Rodríguez O., que han dejado de utilizar la palabra “colonia” e “imperio” -en el peor de sus sentidos- para hablar en la corrección histórica de lo que fue, de la realidad objetiva de la Monarquía Universal Hispánica.

En el contexto de la Monarquía Universal Hispánica, el emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico y I de España, el 14 de febrero de 1556, otorga a la ciudad el título de “Muy Noble y Muy Leal  Ciudad de San Francisco de Quito”, en razón de los servicios prestados a la Corona frente a la rebelión de Gonzalo Pizarro y debido a su función como centro de expansión territorial de la Monarquía Hispánica en América.  “Eran reconocidos y notorios los grandes y leales servicios que la dicha ciudad nos había siempre hecho”, reza la Real Cédula de concesión del título.

Juan J. Paz y Miño Cepeda, Cronista de la Ciudad, acota que:

La “Villa” de San Francisco recién adquirió el título de “Ciudad” por la Cédula Real de Carlos V, del 14 de marzo de 1541, fecha en la cual el Rey también concedió a la nueva Ciudad un “Escudo de Armas” -escudo que sigue vigente-, cuya descripción consta en la misma Acta, así como la copia del dibujo a color, todo lo cual también forma parte del patrimonio documental del Archivo Metropolitano de Historia. Cabe añadir que el mismo Monarca, por Cédula del 14 de febrero de 1556, otorgó a la Ciudad de San Francisco de Quito el título de “Muy Noble y Muy Leal”.[2]

De esta forma, para Quito esta efeméride después de la fundación de la villa y de la concesión del título de ciudad, viene a constituirse como la tercera fecha  más representativa en su cronología documentada.

El Municipio celebra todos los años esta fecha, realizando eventos sociales, culturales, académicos y artísticos. La historia sobre este particular hecho recuerda la gallardía de la capital del Ecuador y el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica, acorde a sus objetivos de difusión cultural y cívica realiza esta noche la conferencia debida al respecto.

Les ruego me permitan incluir en esta exposición un par de experiencias personales.

Cuando hace un par de años me encontraba en un vuelo de regreso desde Europa al Ecuador, junto al gran amigo y distinguido miembro de esta Institución, D. Carlos Trueba, tuvimos como compañero de asiento a un joven austriaco de nuestra generación, quien por cierto manejaba un excelente castellano.

Evidentemente en las aproximadas 12 horas de vuelo que tuvimos, la conversación entre los tres fue fluyendo de manera natural, y entre banalidades idas y vividas, como no podía ser de otra manera, saqué a relucir la historia, y le pregunté si tenía idea que alguna vez habíamos compartido un monarca. Cuando dije esto su cara se tornó absorta… no podía creerlo y no daba credibilidad a mis palabras. Le di unos minutos para que adivinara, pero finalmente se rindió. Le informé que Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico -por tanto soberano de Austria- también había sido Rey de España y de las Indias, como Carlos I -por tanto soberano de Quito-, después de todo su misma dinastía en España y América llevó el nombre de su país: los Austrias. Como no pudo ubicar el nombre en español, haciendo un poco de esfuerzo pronuncié su nombre en alemán: Karl der Fünfte, el Kaiser Karl der Fünfte; enseguida él entendió de quien hablaba finalmente, hecho que no le quitó la sorpresa de su rostro. Era la primera vez que él se concientizaba sobre la extensión de uno de los Imperios más extensos que haya conocido la historia. Berlín y Quito, Toledo y México, Viena y Panamá, todas bajos un mismo cetro. Anécdota para el austriaco, realidad espacial, histórica y geopolítica para los quiteños, realidad geopolítica que durante tres siglos, como parte integrante de la Monarquía Universal Española, del llamado Imperio Español, nos posicionó como el mayor y más grande Poder del planeta.

Se me solicitó que hablara esta noche sobre la figura del emperador en sí, en evidente relación con Carlos V y con su antecesor en nuestras tierras, Atahualpa. Sin embargo, en el momento actual esto sería vano, no solo debido al desconocimiento de nuestro pasado por la gran mayoría de ecuatorianos sino y sobre todo, debido a que ya le cupo a Jorge Salvador Lara, quien formó parte de nuestro Instituto -y que fuera entre otras dignidades, Cronista de la Ciudad y Presidente Vitalicio de la Academia Nacional de Historia-, al inaugurar la “Semana de Carlos V” con la que  honró Quito al Emperador en 1958, con ocasión del IV Centenario de su Fallecimiento el 21 de septiembre de 1558, le cupo -como ya dije- entonces escribir “Quito y el emperador Carlos V”; seria, documentada y profunda conferencia que sin duda debe ser  la base para un futuro y ampliado estudio, y así lo haremos, mas la hora precisa de otro tipo de reflexiones. Valga decir que tuve el agrado de digitalizar, hace unos años ya, y subir a la red de redes, el internet, esa obra de Jorge Salvador Lara para conocimiento de las nuevas generaciones que tienen como espacio de investigación casi exclusivo este medio virtual. Mal acostumbrados a googlearlo todo, no podía dejar que ese texto se desconociera en internet, más ahora cuando casi nadie visita las bibliotecas.

En el norte de la ciudad, en el noroeste para ser preciso, se ubica la Avenida Emperador Carlos V, a la altura de la Base Aérea, se extiende desde la Avenida de la Prensa hasta la Avenida Mariscal Antonio José de Sucre, más conocida como Occidental. Dato necesario de conocer, que sin embargo, por la ubicación y fecha de denominación de la avenida, refleja mucho de nuestro problema como país, de nuestro problema identitario. Resalto esto, nuestro problema como país es la identidad o mejor dicho, la falta de esta.

En el año 1980, durante su visita a Quito, los reyes de España Juan Carlos y Sofía  – quienes visitaron esta Casa- expresaron su interés en presentar una ofrenda floral al monumento de Atahualpa, el Emperador del Tahuantinsuyo, si cabe el término, y sí, cabe. Paradójicamente, la ciudad que se precia -con acierto o no- como la cuna de Atahualpa no contaba con NINGÚN monumento en memoria al Inca, por lo que el alcalde Álvaro Pérez Intriago y autoridades del Municipio, tuvieron que readecuar a uno de los bustos de la plaza Indoamérica, para que representara a Atahualpa.

En la fachada principal del Palacio Real de Madrid, la que da a la Iglesia de la Almudena y a la derecha de la puerta principal, se yergue la imagen del Emperador Atahualpa, al que le tocó vivir y morir como último Inca. La estatua data de mediados del siglo XVIII (1700’s), y fue mandada a erigir junto a la estatua de Moctezuma -que flanquea la izquierda de la entrada- por Felipe V y la concluyó Fernando VI, reyes de España y antepasados de Juan Carlos.

Recién en 1996 Quito levantó un monumento a Atahualpa en el redondel de la ciudadela del mismo nombre, en el sur de la ciudad. Y aquí es donde los dos emperadores vuelven a reunir su destino casi cinco siglos después: ambos fueron relegados en el espacio público y en el tiempo de la ciudad de Quito, ciudad que les adeuda mucho a ambos, cosa que por otro lado no impidió que hubiera una calle Reina Victoria u otra Mariscal Foch en uno de los barrios más céntricos y conocidos de la capital, antes que una Avenida Atahualpa y que de una Avenida Carlos V.

Winston Churchill -con todos los aciertos o desaciertos que poseyera- tuvo monumento en Quito una década y un lustro antes que Atahualpa. Y claro está, Carlos V aún no tiene monumento en Quito, cuando debería haberlo tenido, junto a Atahualpa, desde hace siglos. Bien se lo merece, ya lo dije alguna vez:  Quiteños fueron y son quienes han hecho Patria en torno suyo… han hecho Patria con su Sangre, con su Espíritu, y con su Voluntad, quiteños, fueron desde Atahualpa quien impuso esta como su sede de facto, quiteño fue Benalcázar que dio su voluntad y su victoria por Quito; quiteños fueron los argonautas de la selva como Orellana que nos dio un mundo a orillas del río-mar Amazonas, llave de un continente; quiteño fue Carlos I y V quien amó y procuró la edificación de su  lejana ciudad. Puesto que como ya lo señalara Jorge Salvador Lara en su referida obra, Carlos V fue: “Heredero de Carlomagno, soberano católico y ecuménico, bien hace el universo en recordarle. Y Quito, a la que él amó particularmente, a la que dio nombre de ciudad, pendón y escudo de armas, obispado y título de lealtad y nobleza, monasterios y dones…”… le debe la erección de un monumento. Nos queda como tarea pendiente, entre las muchas que quedan para ser asumidas como gratos retos para la nueva generación del IECH.

Unos me han acusado de ser “lírico” en mis exposiciones, otros por su parte también me han acusado de ser demasiado “científico” en mi trabajo, por lo mismo quiero concluir esta intervención con algunos datos relacionados a la conquista de América para así sostener lo lírico con lo científico:

Luis Corsi Otálora señala:

Era de suponer que la ocupación de una potencia extranjera en áreas tan vastas como las de Hispanoamérica se tradujese en sus rasgos esenciales, cuales son los de significativos volúmenes transitorios de población alógena dedicados a la exacción de sus riquezas, con el apoyo armado de fuertes contingentes integrados por personas sin vínculo con la región, afín de poder ejercer una represión sin escrúpulos. Ninguno de estos factores jamás llegó aquí a ser configurado.

Y continúa:

En efecto, si bien es cierto que en un comienzo se dio un fuerte flujo de oro y plata hacia la Península Ibérica, éste -en sus cuatro quintas partes- estaba constituido por el pago de semillas, ganado, herramientas y mercancías indispensables a la puesta en valor del desarrollo económico en sus diferentes zonas; en un detallado cuadro que va de 1515 a 1600 Alberto Pardo muestra como la balanza comercial durante este período desde España fue de 67.637 toneladas de exportación contra 43.728 toneladas de importaciones. El impacto de las nuevas tecnologías transmitidas a través de ellas fue verdaderamente espectacular, pues si un hombre con sus solas fuerzas necesita 40 días para preparar una hectárea, este tiempo se reduce a un día cuando lo hace con un arado y dos caballos; hasta el temprano 1570, de la Metrópoli se habían despachado 20.000 rejas para arados. El tiempo de corte de un árbol con hacha de acero descendía de dos meses a dos días, por lo cual los indígenas se batían a muerte por su adquisición; y una herradura de acero valía más que su peso en oro.[3]

Valga este dato para los que aún siguen traumados por el oro.

Casi once años después de haber escrito a la Reina María Cristina de España, Eloy Alfaro volvió a afirmar la vocación hispánica de nuestro país cuando pronunció durante su breve pero iluminado discurso del 10 de agosto de 1906, día de la inauguración del monumento a la independencia, que hoy adorna el centro de la Playa Mayor de Quito, la Plaza Grande -como ya lo ha anotado Daniel Crespo Cuesta-, esta contundente frase: “España nos dio cuanto podía darnos, su civilización; y, apagada ya la tea de la discordia, hoy día, sus glorias son nuestras glorias, y las más brillantes páginas de nuestra historia, pertenecen a la historia española.”[4]

¡Señoras y señores!

Muchas gracias.

Francisco Núñez del Arco y Proaño de los Ríos  

San Francisco de Quito, 7 de febrero de 2013

Información adicional: Quito celebra desde el 2008 el 14 de febrero la concesión del título Muy Noble y Muy Leal y su coincidencia con el Día del Amor y la Amistad con el festival “Quito ciudad del amor y los geranios”, iniciativa que nació de Marco Chiriboga Villaquirán.


[1] En “El Scyri – Diario liberal de la mañana” N° 5, Quito, martes 11 de febrero de 1896.

[3] Luis Corsi Otálora en Visión contra-corriente de la independencia americana, revista Disenso, Buenos Aires – Argentina,  Nº 12, 1997, págs. 33-44.

[4] Citado en Ortiz Crespo, Alfonso y otros, Nuestro día Sol: una mirada al Monumento de la Independencia en sus cien años, Quito, FONSAL / Alcaldía Metropolitana de Quito, 2006.



Navidad, fe y devoción en el mundo : Mundo : La Hora Noticias de Ecuador, sus provincias y el mundo

A propósito de Navidad:

“Para Francisco Núñez Proaño, historiador e investigador, esta celebración fue pagana en sus inicios. “La primera evidencia la encontramos en Egipto, posiblemente en el año 200 d.C. La adopción del 25 de diciembre y su universalización fueron paulatinas. Recién para el siglo VII se generaliza en la sociedad cristiana”, agrega.”

Pueden leer el artículo completo en La Hora:

Navidad, fe y devoción en el mundo : Mundo : La Hora Noticias de Ecuador, sus provincias y el mundo.



Historia del Ecuador para tontos

Historia del Ecuador para tontos (en pocos párrafos)

La leyenda cuenta que…

– ¡Perdón!

La historia dice que durante milenios las comunidades aborígenes del territorio del actual Ecuador prehispánico vivieron en perfecta y sacrosanta armonía con su entorno y entre ellos, es decir no existía nada malo, eran seres prácticamente perfectos ajenos a los errores y vicios modernos, eran buenos salvajes o mejor, eran ángeles. También cuenta que todos eran buenos, buenos, buenos, o sea que tenían tres golpes de bondad.

El Ecuador por milenios ya fue Ecuador, aunque recién se formó en 1830 nos dicen los especialistas de este pasado mistérico…  Y bueno, aunque se mataban, comían y sacrificaban entre ellos, eso en realidad no importaba dado que eran buenos. ¡Claro! No existía la democracia, ni las libertades que reclaman sus supuestos sucesores del siglo XXI, de hecho se vivían auténticos totalitarismos absolutistas en los grados civilizatorios más avanzados en la organización y en el tiempo como en los Incas por ejemplo. Y aunque estos llegaron al final de la época indígena, y literalmente invadieron Quito, forzando a migrar a miles de indios y aniquilando otros miles, fueron en muchos casos los más buenos entre los buenos… tan buenos eran que por ejemplo masacraban a los vencidos en ocasiones como Yahuarcocha (de donde le quedó el nombre al Lago de Sangre imbabureño). Y de estos buenos entre los buenos surgió Atahualpa por ejemplo, que en su bondad infinita prendió una guerra civil a su imperio y acabo matando a su hermano a fin de demostrar quién eran más bueno. Pero bueno, en realidad eso no importa porque todos eran buenos, buenos, buenos.

Después de esta época de bondad absoluta, pasó lo que peor podía haber pasado, llegaron desde Europa los españoles, lo más malos de los malos, o sea los malos, malos, malos, con un triple golpe de maldad.  Eran algo así como los nazis de entonces, todos sádicos, todos enfermos, todos ladrones y miserables asesinos sin excepción alguna, ¡alguna! Es decir, todos demonios. Además venían de lo peor de España, y aunque acá en América las diferencias sociales en la época  anterior en realidad no importaban ni deberían importar hoy en día, claro, menos para los Monarcas Absolutos indígenas y para su sociedad estratificada. Eso al parecer les afectó mucho a los buenos, buenos, buenos, que no solo eran buenos sino mejores que los malos, malos, malos. Estos españoles malos fueron apoyados en su conquista del continente por una buena cantidad de buenos, que no querían tanto al resto de buenos, seguramente por alguna bondad que les habían hecho en el pasado. Y eran tan malos estos malos, que trajeron a nuestro continente la escritura, los libros, la navegación a gran escala, la medicina y el arte occidental, las ciudades, las universidades, las ideas como la de individuo y persona así como los conceptos de libertad y libre albedrío y hasta la democracia, ¡Jesús! – a este también lo trajeron los malos- ¡Qué malos que eran estos españoles! Y eran tan malos que exterminaron a todos los indios -o sea a los buenos- que pudieron a su paso, tan así que al día de hoy cuando uno sale a una calle de Quito, Guayaquil, Cuenca o cualquier otra ciudad del país, no se ve uno solo… sólo se ven blancos, de ojos claros, pelo rubio y alta estatura, anglosajones casi , uno diría… Notemos acá la diferencia de lo que pasó con los ingleses -buenos entre los malos- y sus descendientes en Estados Unidos, donde por el contrario no exterminaron ni redujeron a nadie, allí uno puede ver millones de indios en sus calles, de hecho un 50% de la población gringa es india, aunque un 25% son cholos, o sea indios no aceptados como tales y que viven en ciudades, y cuando uno visita… uhmmm, digamos Boston, no deja de ver los indios a millares surgir. Y fueron tan malos los españoles que a los buenos quienes no mataron, se acabaron mezclando con ellos y ellas, al punto que descendientes de los monarcas aztecas e incas viven en Europa hace siglos.

Y tres siglos de oscuridad colonial tuvimos que soportar, eran tan pero tan oscura la colonia, que construyeron horrores como el centro histórico de Quito, por el cual algún despistado nos declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad, y tan oscura fue que en el medio de esta surgió una de esas luces raras llamada Ilustración, que aunque en la oscuridad colonial no se podía ni leer, extrañamente muchos leían cosas que después utilizaron contra los malvados españoles que se llevaron todos nuestros utensilios de cocina, o sea el oro y creerán que hasta ahora no lo devuelven. En estos tres siglos que van del XVI al inicio del XIX en realidad no hay nada relevante que contar, y sí, es verdad que los malos invirtieron en América más de lo que se llevaron a Europa, pero eso en realidad no importa, pues todo fue salvajismo y oscuridad colonial… así que nos vamos a los buenos, o digamos al rescate de lo bueno…

Allá cuando comenzaba el siglo XIX, algunos hijos y nietos de los malos, como Bolívar, Montúfar y otra cantidad ingente de patriotas, de pronto y por arte de magia se convirtieron en buenos… ¡Claro! Descendían de quienes habían conquistado y expoliado el continente, pero eso en realidad no importaba dado que ahora eran buenos a pesar de que querían mantener las instituciones de los malos como la esclavitud y la Monarquía, así se diferenciaron de los malos que pasaron de estar en toda América a tan solo en la península Ibérica. Y utilizaron ideas que habían traído los malos, como la libertad y la república para promover sus propósitos, plenamente buenos y autóctonos como vemos… Tan buenos fueron nuestros próceres y patriotas que no solo se deshicieron del pesado y humillante yugo español , sino que nos fundaron flamantes repúblicas oligárquicas y bananeras, administradas por los descendientes de los malos que ya para entonces eran buenos ¡Alabado sea Dios!… ¡ah! Y también había uno que otro malo que apoyó a los buenos para que esparcieran su bondad en la Independencia. Y por el otro lado también hubo los históricamente buenos, o sea los indios -y hasta negros-, que por el contrario, cegados por los malos y por sus Instituciones como la República de Indios y las tierras comunales se unieron con los malos españoles para no dejar que los buenos les hicieran libres y  les regresaran a la edad de piedra…  Los buenos andaban tan despistados en ese entonces, que 600 indios cuzqueños de los más buenos lucharon contra Sucre en Pichincha… al final estos por meterse con los malos también acabaron perdiendo y el bueno de Bolívar les quitó sus tierras, derechos y demás privilegios que les habían dado los malos.

Aquí vale hacer un paréntesis aclaratorio. En realidad no solo los españoles eran y son malos, no, de hecho lo son todos los blancos, especialmente los europeos, exceptuando a los próceres de la Independencia, a Inglaterra -desde siempre-, a Francia después de 1789, a los Estados Unidos cuando conviene y a Rusia entre 1917 y 1989, mejor dicho la Unión Soviética. Y claro como estos eran buenos, buenos, así, con solo dos golpes de bondad, no les quedó de otra que ayudar a los buenos de este lado en su lucha contra los malos. Por ejemplo: Inglaterra fue tan buena que nos ayudó a liberarnos de los malos. ¡Claro! Nos auxilió desinteresadamente por pura bondad y eso de la deuda externa que nos impusieron con intereses usurarios y todo y que nos condenó a una esclavitud financiera de la cual aún no podemos liberarnos del todo fue una mera coincidencia que beneficio a los buenos de los ingleses y nos jodió a los buenos de los ecuatorianos… como vemos todos buenos. La bondad de los ingleses se ha demostrado en su pulcritud a lo largo y ancho de mundo, como cuando le declararon la guerra a China porque les quitó el tráfico de opio. También Francia fue muy buena en 1789, tan buena que guillotinaron a miles de malos de su propia gente, y sus “inmortales principios”: libertad, igualdad y fraternidad se los importó a Ecuador para que los buenos también pudieran decapitar y desorejar a los malos con este lema en nuestras tierras. Los Estados Unidos a veces son buenos, como cuando han peleando contra los malos alemanes en dos ocasiones, en otras son malos como cuando bombardean Hiroshima -en la misma guerra contra los alemanes- o invaden Irak. La Unión Soviética también fue un modelo de bondad, digno de imitar como todos los anteriores, frente a la maldad intrínseca de digamos Alemania -casi tan malos como España-, que aunque los soviéticos exterminaron a más de 60 millones de humanos y reprimieron y encerraron en gulags a otros tantos, nunca dejaron de ser buenos.

Volvamos al Ecuador del siglo XIX: Gracias al cielo, la bondad había vuelto a triunfar en la Independencia y de hecho esa bondad nos ha llegado hasta nuestros días, no es tan buena como la bondad de los indios prehispánicos, pero no hay mal, o mejor dicho bien que por mal no venga.  En el medio de tanta bondad independentista y mientras los indios buenos eran sometidos la explotación de los nuevos buenos criollos con su invento republicano, a la vez que se mataban entre ellos por el poder -atributo máximo de la bondad-, surgió una figura tiránica y malvada en esencia y en escena. Después de los españoles es el más malo, y ese se llamó Gabriel García Moreno. Tan tirano y tan malo fue García Moreno que fue el primero que quiso liberar las mentes y los cuerpos de los buenos indios -que habían sido sometidos a la más vil servidumbre por el bueno de Bolívar-, y de las buenas mujeres, y de los buenos niños y de los buenos estudiantes, etc.… tan malo fue que evitó que el país se dividiera entre los nuevos malos, o sea el Perú y Colombia… y tan malo fue que dejó a un país en orden, paz, estabilidad y prosperidad económica y social y con un sitial entre las naciones del mundo -buenas y malas-… así de malo era y por eso le mataron.

¡Chuta! Hablando del Perú…  Es verdad que los próceres buenos lucharon por una Patria Grande y Unida, desuniendo lo que ya estaba unido, y es verdad que todos somos pueblos hermanos, por tanto todos somos buenos, pero claro, entre los buenos siempre debe haber algún malo y para los buenos ecuatorianos algunos del bando de los malos fueron por mucho tiempo  los indios del Sur, los peruanos. ¡Sí! Esos peruanos que eran buenos cuando los Incas pero que con el tiempo y a pesar de ser hermanos y tan indios como nosotros -fundamentalmente buenos- ya se habían hecho malos por obra y gracia de no sabemos bien quien, porque usualmente muchos actores del teatro llamado historia actúan tras bastidores.

Como todos sabemos, nosotros, por supuesto, tenemos nuestros propios holocaustos -igual o más malvado que el de los judíos- ; comenzando el realizado por España, siguiendo con la  guerra de Independencia y los malvados realistas -algún historiador ecuatoriano incluso llegó a comparar a los negros del Real de Lima con los nazis de la SS-; incrementándose con el proto-fascista Gabriel García Moreno. Estos holocaustos se han alimentado con el accionar de los malos. Frente al atraso, el oscurantismo, la tiranía y la barbarie primero española, después realista, más tarde conservadora-terrorista y garciana, y más recientemente la de los nazis de ARNE, solo nos han podido salvar los buenos.

Después de la maldad, tiranía y neo-barbarie garciana, vino el más bueno después de Bolívar y los indios, o sea Eloy Alfaro allá a finales del XIX y comienzos del XX; y don Eloy -este también hijo de un malvado español- con su liberalismo -bueno por venir de Francia pos 1789-  fue tan bueno que se alió a los buenos de adentro: o sea a la oligarquía, y con los buenos de afuera: o sea a los Estados Unidos e Inglaterra para introducir el buen capitalismo al Ecuador, ese capitalismo que ahora es malo pero que entonces era bueno, es decir, así nos hizo una gran bondad.  Y fue tan bueno don Eloy que les prometió a los indios buenos el oro y el moro… pero por supuesto, como era buen político sabía que los buenos políticos ofrecen hasta que la meten y una vez metida, olvidan lo prometido. Y fue tan bueno que utilizó el buen terror liberal contra los resabios de maldad colonial y garciana que aun quedaban, desangrando al país con los métodos más buenos a digna imitación de la buena Francia revolucionaria. Finalmente el bueno de Alfaro se acabó peleando con otra facción de los buenos para dividirse el poder -todo entre los buenos- y por eso le arrastraron… pobre del buen do Eloy…

Ya en el XX las cosas quedaron más claras… a partir del liberalismo, el súmmum de la bondad, se impidió que cualquier malo volviera a mandar en el país, a través de los métodos más buenos de la época, como el fraude electoral, los fusilamientos, los golpes de Estados y las guerras civiles. Esto duró prácticamente la totalidad del siglo XX, claro, con algún que otro cambio de poder entre los buenos que se dividían el país, así a veces hubo buenos liberales, otras buenos militares al servicio de la magnífica CIA, algún conservador-liberal  o sea no tan malo, y hasta cierto izquierdoso -bueno en extremo-  y en el medio de todo esto fuimos sucumbiendo a la estructura del buen capitalismo que  nos había traído el buen don Eloy. Y de pronto -y esas son las cosas que uno no acaba de entender puesto que no es graduado en Europa ni en Estados Unidos ni en la FLACSO como lo son los buenos indigenistas y progresistas- el capitalismo que era bueno se hizo malo y el neo-liberalismo se hizo aún peor, a diferencia de su papacito el viejo y buen liberalismo… como para entonces (década de 1990) el capitalismo y el neoliberalismo ya eran malos por llevarse con malas amistades, nos jodieron a los buenos ecuatorianos de nuevo en el desastre bancario de 1999…

Desde allí han venido más buenos, que siguen reivindicando los principios de los buenos, o sea sus principios que ya han sido utilizados con mucha bondad en este país… desde un cholo coronel que amaba a los buenos gringos hasta… hasta nada más, pues el resto es demasiado cercano en el tiempo como para ser historia. Ya en unos años veremos si lo que está pasando ahora es bueno, bueno o malo, malo. ¿Quién sabe que hasta pueda ser que alcance el grado de bueno, bueno, bueno de los indios o el malo, malo, malo de los españoles?

Gracias a la razón, se impuso frente a las eras de retroceso de los malos españoles y relacionados su superación con la santa democracia de los buenos -idea inventada y traída por los malos europeos-; con la ciencia -también invento de los malos- y su apéndice el progreso -otra de esas cosas que vinieron de la malvada Europa- primero con la independencia, después con el liberalismo alfarista y sus hijos radicales y neoliberales, y hoy por hoy…  bueno, hoy por hoy que estamos en el 2012 este cuento, colorín colorado, se termina como terminan todos los cuentos…

–  ¡Ay! ¡Chuta! ¡Disculparán nomás queridos lectores de nuevo como al principio, es que uno que no es especialista a veces se confunde entre los cuentos y la historia y por eso mismo escribe como escribe!

Esta historia se termina como todas las historias donde los protagonistas y vencedores son los buenos…

¿Y vivieron felices para siempre?

Por Francisco Núñez del Arco