coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Navidad, fe y devoción en el mundo : Mundo : La Hora Noticias de Ecuador, sus provincias y el mundo

A propósito de Navidad:

“Para Francisco Núñez Proaño, historiador e investigador, esta celebración fue pagana en sus inicios. “La primera evidencia la encontramos en Egipto, posiblemente en el año 200 d.C. La adopción del 25 de diciembre y su universalización fueron paulatinas. Recién para el siglo VII se generaliza en la sociedad cristiana”, agrega.”

Pueden leer el artículo completo en La Hora:

Navidad, fe y devoción en el mundo : Mundo : La Hora Noticias de Ecuador, sus provincias y el mundo.



Historia del Ecuador para tontos

Historia del Ecuador para tontos (en pocos párrafos)

La leyenda cuenta que…

– ¡Perdón!

La historia dice que durante milenios las comunidades aborígenes del territorio del actual Ecuador prehispánico vivieron en perfecta y sacrosanta armonía con su entorno y entre ellos, es decir no existía nada malo, eran seres prácticamente perfectos ajenos a los errores y vicios modernos, eran buenos salvajes o mejor, eran ángeles. También cuenta que todos eran buenos, buenos, buenos, o sea que tenían tres golpes de bondad.

El Ecuador por milenios ya fue Ecuador, aunque recién se formó en 1830 nos dicen los especialistas de este pasado mistérico…  Y bueno, aunque se mataban, comían y sacrificaban entre ellos, eso en realidad no importaba dado que eran buenos. ¡Claro! No existía la democracia, ni las libertades que reclaman sus supuestos sucesores del siglo XXI, de hecho se vivían auténticos totalitarismos absolutistas en los grados civilizatorios más avanzados en la organización y en el tiempo como en los Incas por ejemplo. Y aunque estos llegaron al final de la época indígena, y literalmente invadieron Quito, forzando a migrar a miles de indios y aniquilando otros miles, fueron en muchos casos los más buenos entre los buenos… tan buenos eran que por ejemplo masacraban a los vencidos en ocasiones como Yahuarcocha (de donde le quedó el nombre al Lago de Sangre imbabureño). Y de estos buenos entre los buenos surgió Atahualpa por ejemplo, que en su bondad infinita prendió una guerra civil a su imperio y acabo matando a su hermano a fin de demostrar quién eran más bueno. Pero bueno, en realidad eso no importa porque todos eran buenos, buenos, buenos.

Después de esta época de bondad absoluta, pasó lo que peor podía haber pasado, llegaron desde Europa los españoles, lo más malos de los malos, o sea los malos, malos, malos, con un triple golpe de maldad.  Eran algo así como los nazis de entonces, todos sádicos, todos enfermos, todos ladrones y miserables asesinos sin excepción alguna, ¡alguna! Es decir, todos demonios. Además venían de lo peor de España, y aunque acá en América las diferencias sociales en la época  anterior en realidad no importaban ni deberían importar hoy en día, claro, menos para los Monarcas Absolutos indígenas y para su sociedad estratificada. Eso al parecer les afectó mucho a los buenos, buenos, buenos, que no solo eran buenos sino mejores que los malos, malos, malos. Estos españoles malos fueron apoyados en su conquista del continente por una buena cantidad de buenos, que no querían tanto al resto de buenos, seguramente por alguna bondad que les habían hecho en el pasado. Y eran tan malos estos malos, que trajeron a nuestro continente la escritura, los libros, la navegación a gran escala, la medicina y el arte occidental, las ciudades, las universidades, las ideas como la de individuo y persona así como los conceptos de libertad y libre albedrío y hasta la democracia, ¡Jesús! – a este también lo trajeron los malos- ¡Qué malos que eran estos españoles! Y eran tan malos que exterminaron a todos los indios -o sea a los buenos- que pudieron a su paso, tan así que al día de hoy cuando uno sale a una calle de Quito, Guayaquil, Cuenca o cualquier otra ciudad del país, no se ve uno solo… sólo se ven blancos, de ojos claros, pelo rubio y alta estatura, anglosajones casi , uno diría… Notemos acá la diferencia de lo que pasó con los ingleses -buenos entre los malos- y sus descendientes en Estados Unidos, donde por el contrario no exterminaron ni redujeron a nadie, allí uno puede ver millones de indios en sus calles, de hecho un 50% de la población gringa es india, aunque un 25% son cholos, o sea indios no aceptados como tales y que viven en ciudades, y cuando uno visita… uhmmm, digamos Boston, no deja de ver los indios a millares surgir. Y fueron tan malos los españoles que a los buenos quienes no mataron, se acabaron mezclando con ellos y ellas, al punto que descendientes de los monarcas aztecas e incas viven en Europa hace siglos.

Y tres siglos de oscuridad colonial tuvimos que soportar, eran tan pero tan oscura la colonia, que construyeron horrores como el centro histórico de Quito, por el cual algún despistado nos declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad, y tan oscura fue que en el medio de esta surgió una de esas luces raras llamada Ilustración, que aunque en la oscuridad colonial no se podía ni leer, extrañamente muchos leían cosas que después utilizaron contra los malvados españoles que se llevaron todos nuestros utensilios de cocina, o sea el oro y creerán que hasta ahora no lo devuelven. En estos tres siglos que van del XVI al inicio del XIX en realidad no hay nada relevante que contar, y sí, es verdad que los malos invirtieron en América más de lo que se llevaron a Europa, pero eso en realidad no importa, pues todo fue salvajismo y oscuridad colonial… así que nos vamos a los buenos, o digamos al rescate de lo bueno…

Allá cuando comenzaba el siglo XIX, algunos hijos y nietos de los malos, como Bolívar, Montúfar y otra cantidad ingente de patriotas, de pronto y por arte de magia se convirtieron en buenos… ¡Claro! Descendían de quienes habían conquistado y expoliado el continente, pero eso en realidad no importaba dado que ahora eran buenos a pesar de que querían mantener las instituciones de los malos como la esclavitud y la Monarquía, así se diferenciaron de los malos que pasaron de estar en toda América a tan solo en la península Ibérica. Y utilizaron ideas que habían traído los malos, como la libertad y la república para promover sus propósitos, plenamente buenos y autóctonos como vemos… Tan buenos fueron nuestros próceres y patriotas que no solo se deshicieron del pesado y humillante yugo español , sino que nos fundaron flamantes repúblicas oligárquicas y bananeras, administradas por los descendientes de los malos que ya para entonces eran buenos ¡Alabado sea Dios!… ¡ah! Y también había uno que otro malo que apoyó a los buenos para que esparcieran su bondad en la Independencia. Y por el otro lado también hubo los históricamente buenos, o sea los indios -y hasta negros-, que por el contrario, cegados por los malos y por sus Instituciones como la República de Indios y las tierras comunales se unieron con los malos españoles para no dejar que los buenos les hicieran libres y  les regresaran a la edad de piedra…  Los buenos andaban tan despistados en ese entonces, que 600 indios cuzqueños de los más buenos lucharon contra Sucre en Pichincha… al final estos por meterse con los malos también acabaron perdiendo y el bueno de Bolívar les quitó sus tierras, derechos y demás privilegios que les habían dado los malos.

Aquí vale hacer un paréntesis aclaratorio. En realidad no solo los españoles eran y son malos, no, de hecho lo son todos los blancos, especialmente los europeos, exceptuando a los próceres de la Independencia, a Inglaterra -desde siempre-, a Francia después de 1789, a los Estados Unidos cuando conviene y a Rusia entre 1917 y 1989, mejor dicho la Unión Soviética. Y claro como estos eran buenos, buenos, así, con solo dos golpes de bondad, no les quedó de otra que ayudar a los buenos de este lado en su lucha contra los malos. Por ejemplo: Inglaterra fue tan buena que nos ayudó a liberarnos de los malos. ¡Claro! Nos auxilió desinteresadamente por pura bondad y eso de la deuda externa que nos impusieron con intereses usurarios y todo y que nos condenó a una esclavitud financiera de la cual aún no podemos liberarnos del todo fue una mera coincidencia que beneficio a los buenos de los ingleses y nos jodió a los buenos de los ecuatorianos… como vemos todos buenos. La bondad de los ingleses se ha demostrado en su pulcritud a lo largo y ancho de mundo, como cuando le declararon la guerra a China porque les quitó el tráfico de opio. También Francia fue muy buena en 1789, tan buena que guillotinaron a miles de malos de su propia gente, y sus “inmortales principios”: libertad, igualdad y fraternidad se los importó a Ecuador para que los buenos también pudieran decapitar y desorejar a los malos con este lema en nuestras tierras. Los Estados Unidos a veces son buenos, como cuando han peleando contra los malos alemanes en dos ocasiones, en otras son malos como cuando bombardean Hiroshima -en la misma guerra contra los alemanes- o invaden Irak. La Unión Soviética también fue un modelo de bondad, digno de imitar como todos los anteriores, frente a la maldad intrínseca de digamos Alemania -casi tan malos como España-, que aunque los soviéticos exterminaron a más de 60 millones de humanos y reprimieron y encerraron en gulags a otros tantos, nunca dejaron de ser buenos.

Volvamos al Ecuador del siglo XIX: Gracias al cielo, la bondad había vuelto a triunfar en la Independencia y de hecho esa bondad nos ha llegado hasta nuestros días, no es tan buena como la bondad de los indios prehispánicos, pero no hay mal, o mejor dicho bien que por mal no venga.  En el medio de tanta bondad independentista y mientras los indios buenos eran sometidos la explotación de los nuevos buenos criollos con su invento republicano, a la vez que se mataban entre ellos por el poder -atributo máximo de la bondad-, surgió una figura tiránica y malvada en esencia y en escena. Después de los españoles es el más malo, y ese se llamó Gabriel García Moreno. Tan tirano y tan malo fue García Moreno que fue el primero que quiso liberar las mentes y los cuerpos de los buenos indios -que habían sido sometidos a la más vil servidumbre por el bueno de Bolívar-, y de las buenas mujeres, y de los buenos niños y de los buenos estudiantes, etc.… tan malo fue que evitó que el país se dividiera entre los nuevos malos, o sea el Perú y Colombia… y tan malo fue que dejó a un país en orden, paz, estabilidad y prosperidad económica y social y con un sitial entre las naciones del mundo -buenas y malas-… así de malo era y por eso le mataron.

¡Chuta! Hablando del Perú…  Es verdad que los próceres buenos lucharon por una Patria Grande y Unida, desuniendo lo que ya estaba unido, y es verdad que todos somos pueblos hermanos, por tanto todos somos buenos, pero claro, entre los buenos siempre debe haber algún malo y para los buenos ecuatorianos algunos del bando de los malos fueron por mucho tiempo  los indios del Sur, los peruanos. ¡Sí! Esos peruanos que eran buenos cuando los Incas pero que con el tiempo y a pesar de ser hermanos y tan indios como nosotros -fundamentalmente buenos- ya se habían hecho malos por obra y gracia de no sabemos bien quien, porque usualmente muchos actores del teatro llamado historia actúan tras bastidores.

Como todos sabemos, nosotros, por supuesto, tenemos nuestros propios holocaustos -igual o más malvado que el de los judíos- ; comenzando el realizado por España, siguiendo con la  guerra de Independencia y los malvados realistas -algún historiador ecuatoriano incluso llegó a comparar a los negros del Real de Lima con los nazis de la SS-; incrementándose con el proto-fascista Gabriel García Moreno. Estos holocaustos se han alimentado con el accionar de los malos. Frente al atraso, el oscurantismo, la tiranía y la barbarie primero española, después realista, más tarde conservadora-terrorista y garciana, y más recientemente la de los nazis de ARNE, solo nos han podido salvar los buenos.

Después de la maldad, tiranía y neo-barbarie garciana, vino el más bueno después de Bolívar y los indios, o sea Eloy Alfaro allá a finales del XIX y comienzos del XX; y don Eloy -este también hijo de un malvado español- con su liberalismo -bueno por venir de Francia pos 1789-  fue tan bueno que se alió a los buenos de adentro: o sea a la oligarquía, y con los buenos de afuera: o sea a los Estados Unidos e Inglaterra para introducir el buen capitalismo al Ecuador, ese capitalismo que ahora es malo pero que entonces era bueno, es decir, así nos hizo una gran bondad.  Y fue tan bueno don Eloy que les prometió a los indios buenos el oro y el moro… pero por supuesto, como era buen político sabía que los buenos políticos ofrecen hasta que la meten y una vez metida, olvidan lo prometido. Y fue tan bueno que utilizó el buen terror liberal contra los resabios de maldad colonial y garciana que aun quedaban, desangrando al país con los métodos más buenos a digna imitación de la buena Francia revolucionaria. Finalmente el bueno de Alfaro se acabó peleando con otra facción de los buenos para dividirse el poder -todo entre los buenos- y por eso le arrastraron… pobre del buen do Eloy…

Ya en el XX las cosas quedaron más claras… a partir del liberalismo, el súmmum de la bondad, se impidió que cualquier malo volviera a mandar en el país, a través de los métodos más buenos de la época, como el fraude electoral, los fusilamientos, los golpes de Estados y las guerras civiles. Esto duró prácticamente la totalidad del siglo XX, claro, con algún que otro cambio de poder entre los buenos que se dividían el país, así a veces hubo buenos liberales, otras buenos militares al servicio de la magnífica CIA, algún conservador-liberal  o sea no tan malo, y hasta cierto izquierdoso -bueno en extremo-  y en el medio de todo esto fuimos sucumbiendo a la estructura del buen capitalismo que  nos había traído el buen don Eloy. Y de pronto -y esas son las cosas que uno no acaba de entender puesto que no es graduado en Europa ni en Estados Unidos ni en la FLACSO como lo son los buenos indigenistas y progresistas- el capitalismo que era bueno se hizo malo y el neo-liberalismo se hizo aún peor, a diferencia de su papacito el viejo y buen liberalismo… como para entonces (década de 1990) el capitalismo y el neoliberalismo ya eran malos por llevarse con malas amistades, nos jodieron a los buenos ecuatorianos de nuevo en el desastre bancario de 1999…

Desde allí han venido más buenos, que siguen reivindicando los principios de los buenos, o sea sus principios que ya han sido utilizados con mucha bondad en este país… desde un cholo coronel que amaba a los buenos gringos hasta… hasta nada más, pues el resto es demasiado cercano en el tiempo como para ser historia. Ya en unos años veremos si lo que está pasando ahora es bueno, bueno o malo, malo. ¿Quién sabe que hasta pueda ser que alcance el grado de bueno, bueno, bueno de los indios o el malo, malo, malo de los españoles?

Gracias a la razón, se impuso frente a las eras de retroceso de los malos españoles y relacionados su superación con la santa democracia de los buenos -idea inventada y traída por los malos europeos-; con la ciencia -también invento de los malos- y su apéndice el progreso -otra de esas cosas que vinieron de la malvada Europa- primero con la independencia, después con el liberalismo alfarista y sus hijos radicales y neoliberales, y hoy por hoy…  bueno, hoy por hoy que estamos en el 2012 este cuento, colorín colorado, se termina como terminan todos los cuentos…

–  ¡Ay! ¡Chuta! ¡Disculparán nomás queridos lectores de nuevo como al principio, es que uno que no es especialista a veces se confunde entre los cuentos y la historia y por eso mismo escribe como escribe!

Esta historia se termina como todas las historias donde los protagonistas y vencedores son los buenos…

¿Y vivieron felices para siempre?

Por Francisco Núñez del Arco      



Intervención de Alvaro R. Mejía Salazar en el acto de presentación de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez.

Intervención de Alvaro R. Mejía Salazar –abogado, historiador y docente de la Universidad Andina Simón Bolivar, Sede Ecuador y de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito– en el acto de presentación de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez. San Francisco de Quito, 30 de agosto de 2012.

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Francisco Núñez Proaño, Álvaro Mejía Salazar y Vicente Bolaños durante la presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez.

 

Señor Francisco Núñez Proaño, responsable de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno”, del historiador argentino Manuel Gálvez.

Señor Vicente Bolaños, representante de la Fundación “Jesús de la Misericordia”, institución que ha asumido la importante tarea de editar el libro que esta noche presentamos.

Señoras y señores.

La historia oficial es escrita por los vencedores y esto comporta que inevitablemente existan sesgos en ella. En ocasiones tales sesgos pueden llegar hasta a tolerarse, pero en otras, resultan totalmente  inadmisibles. Este último es el caso del Ecuador, en lo que a la figura del Dr. Gabriel García Moreno se refiere.

Tratado por la historia oficial de los vencedores liberales como un monstruo sanguinario y un fanático ciego, la memoria de este gran hombre ha debido y debe soportar la más grande injusticia en la difusión y conocimiento de la historia patria. Injusticia que principalmente obedece a que los textos escolares y colegiales, así como la formación normalista, se han inspirado en aquellas versiones de los historiadores oficiales de corte liberal extremo. ¿Qué quién redactó las páginas oficiales sobre García Moreno en las que se inspiraron dichos textos? Pues Roberto Andrade, uno de los que disparó varias veces al cuerpo de García Moreno –no al aire, como falsamente se ha escrito– mientras Cornejo Astorga y otros lo sostenían por la espalda y Lemos Rayo le asestaba machetazos. Roberto Andrade se dedicó, auspiciado por sus amigos liberales, a escribir libro tras libro injuriando la figura de García Moreno con el sólo objeto de salvar su imagen ante la posteridad. Esa historia sobre García Moreno señoras y señores, sólo fue escrita con el ánimo de justificar a toda costa la participación directa en un crimen.

En contraposición  a este tipo de versiones oficiales, están los hechos objetivos que caracterizan la auténtica figura de Gabriel García Moreno, mismos que al no poder ser controvertidos, han sido comúnmente relegados por los historiadores oficiales. Por ello, la tarea de dar a conocer la figura real y completa del mandatario ecuatoriano más importante del siglo XIX no sólo es saldar una deuda con él, sino principalmente con nuestra historia y así lo debemos comprender. De allí que sin exageración ni elogio, los esfuerzos de Francisco Núñez Proaño para que el libro “Vida de don Gabriel García Moreno” vea nuevamente la luz, ha sido y es una labor patriótica.

Respecto del libro en sí mismo, desde su primera edición en 1942, recibió la crítica de los adeptos liberales quienes lo calificaron como una mera oda al presidente García Moreno. Estas críticas eran de esperarse: Unos estuvieron movidos por el ánimo de justificar el crimen –hijos, nietos y demás descendientes de los asesinos, que hasta hoy en día pretenden limpiar o al menos esconder la sangre de las manos de sus antepasados–, otros movidos por la formación parcializada que recibieron y otros, con el ánimo de mantener a la figura de García Moreno como el chivo expiatorio de los excesos del liberalismo. Francisco y Señores Editores, las críticas vendrán… parafraseando al Quijote de Orson Wells: Los perros ladrarán también en esta ocasión, eso únicamente significará que van avanzando.

Más allá de las críticas, este libro también recibió décadas atrás bastos reconocimientos y apertura en importantes círculos académicos e intelectuales, lastimosamente no recibió el apoyo oficial para que sus páginas fueran conocidas por el gran público y ese, considero yo, constituye el gran reto de esta primera edición ecuatoriana. Nuestro pueblo debe conocer a García Moreno en su auténtica dimensión y Gálvez así lo presenta, expone por completo la vida de este gran hombre, el camino que tuvo que recorrer hasta llegar legítimamente a la primera magistratura del Estado, las circunstancias que rodearon la toma de sus decisiones políticas –aún las polémicas–, cómo modernizó la educación y la llevó a la población marginada, a la mujer, al indio, como realizó obras para la protección y el cuidado de los huérfanos, menesterosos y prostitutas, como se ocupó de mejorar y modernizar la salud, como trajo desarrollo económico a la nación y como a él se debe la existencia del actual Estado Ecuatoriano que estuvo a punto de desaparecer en la crisis de 1859.

Esta publicación se trata entonces, señoras y señores, de la búsqueda y difusión de la verdad histórica, una tarea muy compleja cuando es necesario destruir en el ideario común falsedades enraizadas gracias a obras tan discutibles como “El Santo del Patíbulo” de Benjamín Carrión o “Se que vienen a matarme” de Alicia Yánez, libros herederos de las obras de Roberto Andrade  y Roberto Agramonte, que en el caso de Carrión buscaba fines políticos y en el caso de Yánez, simplemente la exacerbación del morbo y el aprovechamiento de la falta de conocimientos históricos de nuestro pueblo, para lograr infamemente un best seller. El reto de difundir la verdad de nuestra historia, la verdad sobre García Moreno, está planteado y nos corresponde a quienes la conocemos o nos dedicamos a su búsqueda, seguir el ejemplo de Gálvez, Núñez Proaño y la casa editorial, y pasar así del discurso, a las acciones.

Señoras y señores.



Presentación del libro “Vida de don Gabriel Gracía Moreno” de Manuel Gálvez

Con una nutrida asistencia de hombres públicos, académicos, diplomáticos, emprendedores, interesados en la historia y en la revisión histórica, y público en general, además de habernos honrado la presencia de parientes de Gabriel García Moreno; el día jueves 30 de agosto en el Centro Cultural Metropolitano de la ciudad de Quito se presentó oficialmente el libro “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez, editado por primera vez en Ecuador. En el acto intervenimos Vicente Bolaños en representación de la Fundación Jesús de la Misericordia, la casa editorial; Álvaro Mejía Salazar, abogado, historiador y docente de la Universidad Andina Simón Bolívar; y yo mismo como propulsor de esta edición:

Vista del auditorio durante la presentación del libro.

Intervención de Francisco Núñez Proaño, responsable de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno”, del historiador argentino Manuel Gálvez.

“La historia oficial es escrita por los vencedores y esto comporta que inevitablemente existan sesgos en ella… Nuestro pueblo debe conocer a García Moreno en su auténtica dimensión y Gálvez así lo presenta, expone por completo la vida de este gran hombre, el camino que tuvo que recorrer hasta llegar legítimamente a la primera magistratura del Estado, las circunstancias que rodearon la toma de decisiones políticas -aún las polémicas-, cómo modernizó la educación y la llevó a la población marginada, a la mujer, al indio, como realizó obras para la protección y el cuidado de los huérfanos, menesterosos y prostitutas, como se ocupó de mejorar y modernizar la salud, como trajo desarrollo económico a la nación y como a él se debe la existencia del actual Estado Ecuatoriano que estuvo a punto de desaparecer en la crisis de 1859.”

“Esta publicación se trata entonces, señoras y señores, de la búsqueda y difusión de la verdad histórica, una tarea muy compleja cuando es necesario destruir en el ideario común falsedades enraizadas gracias a obras como El Santo del Patíbulo de Benjamín Carrión o Se que vienen a matarme de Alicia Yánez, libros herederos de las obras de Roberto Andrade, que en el caso de Carrión buscaba fines políticos y en el caso de Yánez, simplemente la exacerbación del morbo y la ignorancia de nuestro pueblo, para lograr infámemente un best seller. El reto de difundir la verdad de nuestra historia, la verdad sobre García Moreno, está planteando y nos corresponde a quienes la conocemos o nos dedicamos a su búsqueda, seguir el ejemplo de Gálvez, Núñez Proaño y la casa editorial, y pasar así del discurso, a las acciones.”

Extracto de la intervención del historiador Álvaro Mejía Salazar.

Diario El Comercio (http://elcomercio.com/) -el mayor diario quiteño-, anunció en su edición impresa del día miércoles 29 de agosto de 2012, dentro de su sección Cultura la presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez. En este enlace pueden ver la página exacta del diario de la fecha: http://edicionimpresa.elcomercio.com/es/ec08292012/

¡La presentación de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez ha sido todo un éxito! Muchas gracias a todos quienes nos acompañaron, con su presencia el lanzamiento se realizó de la mejor manera posible.

Francisco Núñez Proaño

Un enlace relacionado: Invitación al lanzamiento de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez.



Invitación al lanzamiento de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez

Fundación Jesús de la Misericordia

y

Francisco Núñez Proaño

Tienen el honor de invitar a ustedes a la presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador y eximio biógrafo argentino, Manuel Gálvez, editado por primera vez en Ecuador.

Lugar: Centro Cultural Metropolitano. Auditorio “Hugo Alemán” (Calles Espejo y García Moreno, centro histórico de Quito)

Día: Jueves 30 de Agosto de 2012

Hora: 18h30 (6h30 pm) 

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Lanzamiento de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez

El aparecimiento de un libro es siempre un acontecimiento. Publicar en el Ecuador es una obra titánica. Vida de don Gabriel García Moreno del genial biógrafo argentino Manuel Gálvez ha tenido que esperar 70 años desde su primera edición en Argentina -1942-, para finalmente ser publicada en el Ecuador este año -2012-. Después de algún tiempo -5 años para ser exacto- de tratativas de mi parte con editoriales y titulares de los derechos de autor, finalmente gracias al apoyo de colaboradores y amigos argentinos y ecuatorianos, pude cerrar el trato editorial con la Fundación Jesús de la Misericordia para sacar adelante esta necesaria biografía. Pagamos así una deuda histórica que el Ecuador mantenía con Manuel Gálvez y consigo mismo como país. Asimismo, este año conmemoramos los 50 años de la muerte del ilustre autor, homenajeándole así de la mejor manera posible: haciendo conocer su obra.

Este libro es una minuciosa crónica de la vida de uno de los hombres más notables que nacieron en tierra americana, crónica que por lo complejo de su vida y la dramaticidad de los hechos que lo rodearon, adquiere la intensidad de una obra de ficción: así como hay novelas en las que el asunto tan profundamente humano las convierte en algo que no es concebible sino como una realidad histórica concreta, así estas páginas de historia atraen como una novela en la cual se logra mostrar acabadamente el alma de un hombre destinado a la grandeza y la singularidad de su obra política, única en el mundo de su tiempo.

García Moreno encuentra en la tarea política su vocación y su destino, su vida y su muerte: Este gobernante nato intenta retornar el ideal medieval del Estado Cristiano, pero sin perder de vista la realidad degradante de su época y de su cultura. Su escenario es el Ecuador de la segunda mitad del siglo XIX, que, aunque recién nacido era recorrido por las mismas tensiones que habían convertido a las viejas naciones de Europa en campo de guerras civiles: liberalismo y conservadurismo, civilismo y militarismo, masonería e Iglesia Católica.

La vida y la muerte de García Moreno nos deben hacer pensar en la posibilidad para la América Hispana de un destino de grandeza. Si bien su obra y su persona fueron intencionadamente ignoradas –como lo fueron todos los momentos universales de nuestra propia historia-, este   olvido no significa la desaparición de su martirio: las brazas, por más apagadas que parezcan ocultan simientes de fuego.

Gálvez incluye en esta obra textos de García Moreno, necesarios para la comprensión del pensamiento político del gran ecuatoriano.

Manuel Gálvez, el autor de esta biografía, nació el 18 de julio de 1882 en Paraná-Argentina. Se recibió de abogado en 1904 en la Universidad de Buenos Aires. Durante 25 años se desempeñó como inspector de Enseñanza Secundaria Normal y Especial. Falleció el 14 de noviembre de 1962 en Buenos Aires. En 1928 fue nombrado miembro correspondiente de la Real Academia Española; en 1930 fundó el PEN Club de Buenos Aires; y en 1931 la Academia Argentina de Letras, apenas nacida, lo recibió como miembro de número. Al año siguiente, por su libro El General Quiroga, obtuvo el Primer Premio Nacional de Literatura. Narrador, poeta, ensayista, historiador y biógrafo, es uno de los padres de la novelística argentina, y –sin disputa- el más eminente de los escritores que cultivaron el género biográfico. En este campo, dejó obras que siempre vivirán en la literatura y en la historia de Argentina e Hispanoamérica, como su magistral biografía de Sarmiento y la inigualable Vida de don Gabriel García Moreno.

Francisco Núñez Proaño

Un enlace relacionado: Presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez



Montalvo, ese desconocido.

Lectores todos: a continuación comparto con ustedes el discurso que leí en la Academia Nacional de Historia del Ecuador a propósito del lanzamiento del libro “Montalvo, una pasión. Una aproximación psicológica al perfil del cosmopolita” de la Dra. Ruth Cobo Caicedo, en abril de este año.

 

Montalvo, ese desconocido.

 

Hoy la historia como disciplina científica estudia y da relevancia a los hechos humanos del pasado como procesos sociales y colectivos, las personalidades han sido puestas a un lado. En este sentido el libro que presentamos esta tarde: “Montalvo, una pasión. Una aproximación psicológica al perfil del cosmopolita” de la doctora Ruth Cobo, es una digresión. Gabriel Cevallos García pudo decir que “… a riesgo de causar escándalo, es preciso decir que una esplendorosa parte de la marcha histórica es obra de los hombres-fuerza.”

Si bien este libro como lo señala su título, es una aproximación psicológica, no por eso es menos historia, específicamente historia social, social porque a través de los hombres individuados, preferiría decir de las personas como tales en este caso, la marcha histórica en lo común va adquiriendo su sentido. Los detalles de la infancia de Montalvo que la autora pincela cautivantemente nos muestran un Ecuador de la primera mitad del siglo XIX desde su parte más profunda, desde el interior de una familia, y así vamos comprendiendo no solo los hechos rimbombantes de un pasado signado por las figuras que ostentaban el poder, sino un pasado común y extraño para muchos enmarcado en la vida diaria. Por lo mismo entusiasma el siguiente fragmento donde se cita al propio Montalvo:

“Cuando apuntaba el alba nos bebíamos sus blancos rayos con los ojos, cogiéndolos en las rendijas de las puertas, y mi madre volvía a decir hijos recemos: demos gracias a Dios. Nos inclinábamos por el suelo y saludando a la aurora, como los pueblos hiperbóreos saludan a la luz cuando vuelven después de una noche de seis meses, dábamos gracias a Dios por haber amanecido un día más.”

El llamado cosmopolita, nos manifiesta con esas sus palabras una forma de vivir en el Ambato del 1840 y pico que refleja una continuidad histórica con un pasado hispánico-católico-medieval que busca sus mismas raíces en los cultos paganos de la Roma clásica más que en el mismo cristianismo de los orígenes, intacto a pesar de la independencia política de España; y aún más me atrevo a decir que demuestra una forma de vivir, una cosmovisión de los paisanos que fueron dándole la vida a una naciente república.

Al repasar las líneas de esta novedosa y particular obra vamos conociendo a un  Montalvo desconocido. Quienes hemos leído de y sobre Montalvo desde pequeños, nos hemos formado una idea determinada del cosmopolita, como un liberal a ultranza en el sentido ideológico de la palabra, es decir como un jacobino. De esta manera, hemos pasado por alto o ignorado por completo las facetas que contradicen este prejuicio.

Montalvo es un desconocido, a pesar de lo altisonante de su nombre en nuestros días y de su instrumentalización politiquera actual de bando y bando, Montalvo es ignorado por la gran masa, por el pueblo en general; un ejemplo de ello es en relación a su liberalismo. El jacobinismo, practicado en lo político por Alfaro y compañía en el Ecuador a partir de 1895, como matriz histórica y cultural se caracteriza en América por su fuerte rechazo al pasado hispano del continente debido a que  ha considerado a este como una fuente de “oscurantismo y atraso”. Ramiro de Maeztu en su clásica obra “Defensa de la Hispanidad”, referente mundial de todos los hispanistas del orbe universo, cita a un solo ecuatoriano, claro que me refiero a Montalvo y a estas sus palabras: “¡España! ¡España!  Lo que hay de puro en nuestra sangre,  de noble en nuestro corazón, de claro en nuestro entendimiento, de ti lo tenemos, a ti lo debemos. El pensar a lo grande, el sentir a lo animoso, el obrar a lo justo, en nosotros, son de España; y si hay en la sangre de nuestras venas algunas gotas purpurinas, son de España. Yo que adoro a Jesucristo, yo que hablo la lengua de Castilla; yo que abrigo las afecciones de mis padres y sigo sus costumbres, ¿Cómo habría de aborrecerla?”. Juan Montalvo, el liberal radical y rebelde Juan Montalvo, expresó estas palabras, ese hombre que se inclinaba para saludar a la aurora y que como dice seguía las costumbres de sus padres, no pudo entonces y no puede ahora ser utilizado en función de los mezquinos intereses de grupos y de ideologías. Ruth Cobo nos da las pautas para entender al personaje más allá de las ideologías.

Tanto los historiadores conservadores como liberales, para citar ejemplos concretos: Wilfrido Loor en los primeros y Roberto Agramonte en los segundos; han mostrado a un Montalvo enemigo de las formas de vida y costumbres de un pasado innegablemente católico, por tanto hispánico y universal. Es pionera así la obra de la Dra. Cobo en torno a esto, debido a que con la documentación y las fuentes bibliográficas adecuadas y por sobre eso y gracias a su preciso análisis psicológico, va develando a un hombre verdaderamente universal.  ¡Mi pluma lo mató! Sentenció soberbiamente Montalvo, refiriéndose a Gabriel García Moreno.  Ambos, Montalvo y García Moreno practicaban lo que Richelieu llamó la vertu male, la virtud macha, y en esa vida de virtud cruzaron sus caminos. Se destaca en este libro los inesperados capítulos, al menos para algunos, dedicados a la memoria del Presidente Gabriel García Moreno. Aunque es conocida la relación entre el hombre católico y el hombre cosmopolita, una relación tormentosa por decir lo menos, la misma ha sido puesta en la escena histórica como la oposición de dos visiones y formas de ser. En realidad Montalvo y García Moreno se parecían más de lo que tal vez a ellos mismo les hubiera gustado, con una fortaleza y dominio de sí mismos admirable, cada cual por su vía, alcanzaron su plenitud, y en esos capítulos que Ruth escribe vamos conociendo como más que enemigos, ambos fueron antagonistas a lo griego. A los que repiten “mi pluma lo mató, habría que recordarles siempre que esa misma pluma escribió de García Moreno: “Nacido para grande. ¡Hombre!” –nombre de uno de los capítulos del libro sea dicho de paso-, Hombre con mayúscula y entre signos de admiración, lo que para quienes conocemos y hemos leído la pluma de Montalvo, sabemos que es un elogio extremo.

No podemos entender ni pensar el presente y planificar el futuro -en lo personal, politico y social- sin entender el pasado, hacerlo es un despropósito extremo. Por tanto, entendiendo quienes fuimos y como vivíamos, podremos saber hacia dónde vamos y cómo lo haremos. Ruth cita a Edmund Burke en los prolegómenos de su libro en este sentido: “La sociedad es una sociedad no solamente entre quienes están vivos, sino entre quienes ya murieron y aquellos que nacerán.” Montalvo una pasión, va más allá del mismo personaje estudiado y nos brinda la oportunidad de entender a la sociedad ecuatoriana en su parte del pasado más vivo. El célebre ambateño motivo del libro que hoy presentamos dijo que el vulgo se venga con su indiferencia. Esta obra no está dedicada al vulgo, a quien la lea entonces no podrá serle indiferente.

Francisco Núñez Proaño

Miércoles, 25 de abril de 2012.



Renuncia a la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador.

HE RENUNCIADO EL DÍA DE HOY A LA SOCIEDAD DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL ECUADOR EN LOS SIGUIENTES TÉRMINOS:

Quito D.M., 27 de junio de 2012

Señor
Daniel López
Presidente de la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador
Presente

De mis consideraciones:

Hace tres años, motivados por un común amor a las ciencias históricas y la búsqueda de encontrar los aspectos inherentes a la trascendencia de aquellos hechos que cambiaron inexorablemente el devenir de nuestro país y nuestro mundo, emprendimos el proyecto de constituir una unión entre personas que aprovechando la energía y el tesón de la juventud sirviera como motor para acercar la historia a nuestros contemporáneos, que contagiados por los efímeros arquetipos de la modernidad han olvidado el dar una mirada hacia su pasado para construir y defender los altos ideales por los cuales se ha desarrollado el hombre. De esa manera se fue edificando la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador.

Es así que durante el segundo semestre de 2009 y el primero de 2010 se fueron efectuando varias reuniones con el afán de dar forma a este proyecto que no hubiese sido posible sin el apoyo moral y los buenos oficios de grandes caballeros como el doctor Manuel de Guzmán Polanco y el doctor Marco Lara, que tuvieron como resultado la constitución de la SEHE y el posterior acuerdo con la Academia Nacional de Historia, que se formalizó en la ceremonia de agosto del 2010, augurándose así un futuro promisorio para esta novel organización, que tendría la misión de ser un referente académico dentro de nuestro país.

Debo referir que animado por este espíritu y en aras de profundizar los compromisos de agosto, emprendí algunos proyectos de investigación histórica y de rescate de autores necesarios en el esclarecimiento de los hechos pasados, sumando estas iniciativas enmarcadas en la SEHE a mis anteriores actividades personales en el campo histórico-cultural. De esa manera, bajo el auspicio y recomendación de la Academia Nacional de Historia, realizamos algunas investigaciones en el Perú y la Argentina relacionadas al proceso secesionista del Ecuador respecto de España, conocido por la historiografía oficial como independencia, obteniendo resultados remarcables y que permiten comprender de mejor manera nuestra realidad nacional, cuyas derivaciones han sido de alto interés para las autoridades académicas de esta importante entidad. Asimismo, en varias reuniones de nuestra Sociedad, propuse la realización de algunos propósitos para ir apuntalando nuestra organización en el concierto cultural de la comunidad, como por ejemplo, el mantenimiento sostenido de una bitácora electrónica (blog) con los trabajos de los diferentes miembros, así también como la realización de foros y círculos de debate sobre distintos tópicos de interés histórico nacional.

A pesar de que la SEHE nació como un visionario afán, en los meses posteriores a aquella ceremonia celebrada en la ANH, se evidenciaron los primeros problemas en el funcionamiento de la misma. Es verdad que el entusiasmo inicial fue siendo reemplazado por la desidia de algunos de los miembros de este organismo que finalmente conllevaron a su separación o expulsión del seno de la asamblea. Sin embargo, y porque la nobleza obliga a señalar la verdad, gran parte de este desencantamiento se debió al liderazgo (o mejor dicho a la falta de este) que ha guiado a la SEHE desde su conformación. La actitud sectaria, guiada por prejuicios absurdos llevó a alejar a miembros que podían ejercer una notable labor de las dignidades del directorio, cosa que se evidenció al dejar la regencia de los destinos de la organización, cuando el presidente se ausentó durante varios meses del país, a una persona que jamás participó activamente en los actos constitutivos de la Sociedad y que finalmente se escindió de la misma por su manifiesta incompetencia y pusilanimidad, que llevaron a la pérdida del favor de los miembros de la Academia Nacional de Historia respecto del compromiso y seriedad de todos nosotros con respecto al cumplimiento del convenio efectuado, haciendo eco de aquel viejo adagio cristiano que dice que la mujer honesta no solamente debe parecerlo sino serlo a través de la acción y la demostración positiva de la consecuencia del obrar con aquello que se vindica. Todo esto, ha generado ánimos nefastos que infectaron al resto de los miembros de la SEHE. Sin embargo, este fue tan solo el principio de varias demostraciones de un liderazgo débil y negativo que en vez de presentarse activo o por lo menos no obstaculizador de las iniciativas de los demás miembros por emprender decisiones en beneficio de la organización, debido a que en innumerables ocasiones se han trabado actividades propuestas, evidenciando una nula visión de liderazgo y crecimiento, por no decir ocultando enconos personales o complejos respecto al éxito ajeno. Pero aquello que en sobremanera evidencia la corta visión de liderazgo existente en la Sociedad, es la necedad en la persona del presidente de aceptar nuevos miembros en el seno de este organismo de personas por el solo hecho de no ser propuestos por la directiva, llegando a la ridícula actuación de pretender alterar las actas de las sesiones para pretender que dichas sugerencias jamás existieron. No quiero emitir un juicio apresurado respecto de este hecho, pero al parecer, existe un terror en la persona que preside la SEHE, respecto de perder hegemonía dentro de la misma.

Dado que mis principios obligan a que mi obrar sea consecuente con todo aquello que comprende mi naturaleza, porque realmente estoy comprometido con el ideal de la construcción de una verdadera historia para nuestro país, para América Hispana y para el Mundo, y siendo que, a mi pesar la Sociedad de Estudios Históricos del Ecuador en este momento no es nada más que una entidad muerta por mano propia de quien la dirige, no veo otro camino que renunciar a la misma por medio de la presente, augurando que un nuevo liderazgo pueda recomponer aquel objetivo primo que fue fundamento de su existencia.

Quiero cerrar esta misiva, citando al escritor alemán Bertolt Brecht, quien afirmaba que “quien no conoce la verdad es tan solo un zoquete, pero quien la conoce y la llama mentira es un criminal”, haciéndose necesario decir también que el honor se obtiene por la espada y no a través de sínodos ocultos y caretas forjadas con la hipocresía.

Atentamente,

Francisco M. Núñez Proaño