coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


QUITO FUE ESPAÑA: HISTORIA DEL REALISMO CRIOLLO

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Y si la Verdad existe no me cansaré de buscarla y no, no me cansaré de que me busque. Ya estuvo bien de «apología del nazismo», ahora se viene «apología del colonialismo» (Ontiveros ya se me adelantó a  la Apología de la Barbarie), incorreción política y corrección histórica revisada, corregida y aumentada. Si me odian y persiguen, que lo hagan de una buena vez y con todas sus fuerzas, aun cuando yo los ame a todos y a cada uno de ustedes. Y aunque ni todo lo escrito ni por escribir jamás se podría equiparar en ninguna forma a una sola de nuestras vidas sagradas, ésta no va por mí, ésta va por usted, señor Diego López Márquez, va por lo que somos, va por mi palabra dada a usted de concluir esta obra, va por su hermosa vida y gratísima memoria, impulso y exclusiva razón vital para concluir ésta y todas mis acciones de ahora en más. Si con el anterior se estremecieron dos Estados, que con QUITO FUE ESPAÑA: HISTORIA DEL REALISMO CRIOLLO se estremezca todo el continente hasta sus cimientos. Sólo me detendrá la muerte.

Se los dejo para siempre, para vos, para usted señor Diego, para ustedes, para los nuestros.

Pero el amor es más fuerte.

¡Santiago y cierra, España!

La presentación del libro se anunciará públicamente en las próximas semanas en esta bitácora.

Simplemente Francisco

San Francisco de Quito y 15 de marzo de 2016.

QUITO FUE ESPAÑA:

HISTORIA DEL REALISMO CRIOLLO

¿La Independencia liberó a los pueblos de sus opresores? ¿Cómo explicarse que la llamada Guerra de Independencia haya durado más de 15 años en la América del Sur? ¿Cómo explicarse que nuestra región, llamada en nuestros días América latina, sea la más involucionada del mundo tan sólo después de África? ¿Cuáles son las causas de todo esto?

Es en el período que ha sido denominado como Independencia, cuando se conforman los actuales Estados-nación de la América hispana o mejor dicho, de la España americana, por la acción de un puñado de hombres sedientos de más poder y riqueza de los que ya gozaban y bajo los intereses británicos de división y dominación de nuestro continente, es entonces cuando podemos encontrar estas respuestas. Allí podremos encontrar la raíz de las dolencias que nos aquejan hasta el día de hoy. La acumulación desequilibrada de la riqueza y de la tenencia de la tierra, el estancamiento en una fase agraria de nuestros países y sociedades, la nunca realizada revolución industrial y la ausencia de desarrollo cultural, político, económico y hasta científico-técnico encuentran su explicación en el período de la independencia y lo que ocurrió en las décadas inmediatamente siguientes producto exclusivo de esta etapa.

Que la Independencia o las independencias hayan liberado a los pueblos de sus opresores es una falacia absoluta que no se sostiene en investigaciones históricas sino en la mitología e ideología oficiales que sirvieron y sirven para justificar la existencia de las repúblicas americanas, medios de explotación del colonialismo financiero internacional.

¿Quiénes eran y son los opresores y cuáles los oprimidos?

Una evidencia de lo sucedido es que la Guerra de la Independencia en América del Sur, duró más de 15 años, casi el triple de tiempo que la Segunda Guerra Mundial, y eso considerando la convicción y tenacidad de los alemanes. ¿Cómo y por qué se extendió tanto un conflicto donde se ha supuesto que la mayoría de la población nativa: criollos, mestizos, indios, negros, mulatos y demás castas, se encontraba a rajatabla a favor de la separación, de la independencia?  

Las últimas guerrillas realistas durante la independencia en rendirse fueron: 1839, capitulación de las guerrillas realistas indias del Perú. 1845, rendición y exterminio de las guerrillas negras, pardas y mulatas dirigidas por un indio en Venezuela. 1861, derrota de los últimos reductos realistas de Sudamérica en la región india de Araucanía al sur de Chile -nunca incorporada al Estado Hispánico, curiosamente-. Es más que notable que los últimos reductos realistas en América del Sur hayan sido sostenidos y defendidos por personas de los grupos humanos que supuestamente habían sufrido el saqueo de cientos de años.

Nuestra historia oficial, difundida mediante la educación formal confunde y divide a propósito a los ecuatorianos, facilitando de esta forma su control y sometimiento mental. La futilidad de la historiografía oficial contiene contradicciones insalvables que afectan a las psiquis de quienes la conocen, contradicciones que sólo pueden considerarse salidas de mentalidades esquizofrénicas o mal intencionadas, o producto de ambas. ¿Cómo entender que los Incas pasan de ser genocidas y brutales invasores extranjeros que sometieron al épico y rebelde pueblo caranqui quitu-cara, verdadero núcleo de la nacionalidad moderna ecuatoriana -concepto europeo éste, por cierto- en episodios como Yahuarcocha cerca de 1520 y que esos mismos incas en 1534 sean heroicos resistentes a la invasión colonial española, entregando su vida por el núcleo de la nacionalidad moderna al cual anteriormente habían arrasado? ¿O cómo explicar que los libertadores son en 1822 padres de la patria, colosos y redentores nacionales a los cuales les debemos homenaje y tributo eterno, sin quienes seguiríamos en el oscurantismo y la explotación colonial y que los mismos libertadores para 1830 sean militaristas extranjeros, tiránicos usurpadores de la soberanía nacional, causantes de la postración de la república? ¿Cómo asumir los hechos de  que la «generosidad del apoyo británico a la Independencia» se transforme casi de inmediato en medio de dominación a través de la  Deuda Inglesa en la época republicana o cómo se puede considerar a la independencia como un hecho puramente local latinoamericano con la determinante actuación de las potencias internacionales sobre el continente en ese período?  No, estas contradicciones no son producto del azar o de la casualidad, son el resultado del interesado criterio de quienes escribieron la historia para beneficio propio y perjuicio de todos los demás.

Psicopatología sería más propiamente lo que aconteció  y acontece con aquellos individuos que sufren de auto-odio, de hecho el criollo, el mestizo, el indio hispanoamericano reniega de todas sus raíces, quisiera ser inglés o estadounidense o francés o italiano o lo que sea, menos ser ellos mismos, menos ser hispano-indios.

Siempre será más fácil asumir la posición alienante de víctima,  echándoles la culpa a monarcas muertos hace siglos de nuestros problemas y males, antes que asumir nuestra responsabilidad en nuestro momento actual como beneficiarios de nuestra propia herencia bio-psico-histórica, finalmente el destino de nuestros países es el que nosotros lo labremos con nuestras propias manos de ahora en adelante. Vivimos permanentemente engañando y engañándonos, sin querer asumir nuestra responsabilidad.

El criollo hispanoamericano trata de hacerse pasar por indio cuando no lo es como un medio cómodo de cortar la dependencia, tanto en lo que se refiere a Europa como a Estados Unidos. El indigenismo es una forma de facilismo ideológico.

La fijación con la figura del padre, desde la mitificada y mitificadora independencia que se constituyó en una revuelta en contra de la imagen paterna simbolizada y representada por la Monarquía, dejando vacío después ese espacio en el inconsciente colectivo, dejando un país huérfano; hasta nuestro momento actual donde los destinos del país están en manos de un hombre profundamente marcado por la relación de conflicto con su padre, también huérfano.

No deja de ser llamativo que si bien la sociedad ecuatoriana es profundamente matriarcal –con las debidas excepciones-; nótese por ejemplo las diferencias entre la celebración del Día de la Madre con el Día del Padre; por otro lado produce hombres dependientes de esa relación con el matriarcado –mamitis aguda, de quienes remplazan a su madre por su esposa, por ejemplo- y de profundo rechazo al padre, lo que da la pauta para su comportamiento social y público. Imponiéndose así, implícitamente, moral de mujer al hombre. Hasta para insultar se lo hace con una de las denominaciones vulgares del aparato reproductor masculino: ¡Esto o aquello «vale verga»! Nadie dice ¡Esto o aquello vale vagina! Yo por mi parte no insulto al pene, al pene hispánico dador de nuestra propia existencia,  quizás la mayor responsabilidad de esto es justamente la de los padres que no han hecho valer su presencia como corresponde. 

La Monarquía Universal Hispánica no era un sistema perfecto, evidentemente no lo era, como no lo es toda creación humana. Donde está el hombre está el error, sin embargo, la misma reconoció su falibilidad y se fundó sobre bases de realismo socio-político que le permitieron mantenerse coherentemente en el espacio y el tiempo, a diferencia de las repúblicas que le sucedieron endeblemente mantenidas en sucesión infinita de ilusorias constituciones de papel higiénico, guerras civiles, revoluciones de cuarto de hora, golpes de Estado y fraudes electorales. La Monarquía Hispánica, se consolidó en su época como la estructura política más importante que haya existido hasta ahora en los últimos cinco siglos a nivel mundial, sostén de multiplicidad  de etnias y matriz de diferentes pueblos, fue demolida desde adentro en un plan excelentemente orquestado por la plutocracia apátrida residente en ambos lados del océano Atlántico y los eternos enemigos extranjeros que ha tenido España. La mal llamada independencia no consistió meramente en la separación de Quito de la Península y del resto de América, sino que cortó de cuajo el enorme y complejo sistema social, político y económico de la Monarquía Hispánica, que a pesar de sus numerosos defectos y múlitples errores funcionaba convenientemente para su integrantes. Una unidad, un sistema y una estructura política de alcance mundial que como la Monarquía Hispánica había demostrado durante siglos, ser real, siendo capaz de integrar nacionalidades antagónicas, tensiones sociales e intereses económicos dispares; a menudo conflictivos. Donde los estamentos superiores de América formaban parte integral de la élite imperial de la Monarquía, donde las necesidades de los más humildes eran reconocidas, protegidas y aún facilitando su promoción e integración. Enlaces familiares, logros políticos y económicos, pero sobre todo una unidad de destino, fines comunes y compartidos, así como relaciones de todo tipo, desde lo cultural a lo científico, sustentaban el tejido de la Monarquía Hispánica, en la cual cada reino y provincia integrante ya fuera en Europa, África, América o Asia, aportaba su singularidad particular incrementando un rico acervo común de forma orgánica, complementándose los unos con los otros, logrando así consolidarse como el primer poder verdaderamente global de la Tierra en toda su historia. Basada en su unidad, la Monarquía Hispánica, de la cual Quito formaba parte integral y por la cual lucharon y murieron denodada y heroicamente sus hijos criollos regando con su noble sangre la tierra que hoy pisamos, y Quito en correspondencia con su identidad imperial, obtuvo y mantuvo su participación efectiva y suprema en la política y la economía mundial, siendo, como parte de la Monarquía, no solo respetada sino temida y aún reverenciada en todo el orbe. Se trata de un intrincado tejido que servía de ancla a la Monarquía, que iban creciendo conforme lo hacía su población y su economía, proveyendo un espacio integrador común, político y económico capaz de dar respuesta efectiva a cualquier disquisición partidista surgida en su interior, contendiendo a las presiones externas y permitiendo de esta forma que el complejo equilibrio de poderes funcionara razonablemente bien de forma sostenida durante tanto tiempo y espacio.

Canonizados si no sacralizados, los llamados libertadores, autores de este ignominia desastrosa denominada independencia, no son objeto de crítica o de estudio, sino de idolatría y culto por parte de la oligarquía académica –aunque, evidentemente, no toda la academia forme parte de esa-, sustentadora de la oligarquía socio-política-económica, que no permite sacrilegio alguno de sus figuras y acciones; esa misma oligarquía académica dueña o usufructuaria de escuelas, colegios, universidades e instituciones educativas y culturales públicas y privadas, la cual impone su visión unilateral, totalitaria y dogmática de los hechos históricos a diestra y siniestra, la cual borró a la Monarquía Universal Hispánica de sus registros después de la independencia, que sólo enseña de la Conquista y la Independencia pero se engulle tres siglos de historia conjunta entre América y Europa, que construye cárceles mentales donde se obliga a reverenciar a ídolos de barro para su propio mantenimiento y conveniencia, y que además pretende ejercer una inquisición del silencio y una policía del pensamiento para vigilar y aún castigar las herejías y traiciones que pudieran afectar a la estructura de engaño, expoliación, fraude y estafa establecida y mantenida desde hace dos siglos en nuestro país y en nuestro continente, por sobre quienes se atreven y nos atrevemos a pensar, a investigar y a buscar la verdad por nosotros mismos.

¿Cómo, entonces, se ha escrito sobre la independencia de Quito? Pues, a base de corrección política, liberalismo político, marxismo clásico y cultural, fetichismo constitucional kelseniano, relativismo conceptual y semántico, anacronismos ideológicos y chauvinistas típicos -ni hablar de los jurídico-políticos, V.g., la visión lineal de su interpretación-, como llamar colonias a los territorios de los Reinos de las Indias, o llamar ecuatorianos a personas que nacieron y murieron antes de que el Ecuador siquiera existiera, o llamar naciones a las culturas prehispánicas que nunca fueron tales. Repitiendo las fórmulas clásicas de los historiadores patrioteros, citando refritos como de costumbre (casi queriendo citar al Terruño). Publicando los mismos documentos de siempre. Desconociendo de historia social, de relaciones internacionales, de geopolítica, de historia de las ideas, así como de genealogía y nobiliaria. Y, por supuesto, repitiendo con el lirismo acostumbrado hasta el cansancio que Quito era más independentista que la independencia y más libertario que la libertad… Queriendo incinerar en la neo-inquisición democrática lo que no comulga con la pretendida lógica de las ideas bolivarianas-alfaristas-liberales-neoizquierdistas (así de largo, contradictorio y absurdo es este pensamiento, consecuente nada más con el proceso de decadencia moderno). Lo ha dicho Pablo Andrés Brborich refiriéndose a la severidad de la verdad: «Qué mayor seriedad que la verdad.»

Latinoamérica, que no la América Hispánica, es invulnerable al desaliento. No importa cuántas veces fracase nuestro sistema político republicano basado en irrealidades desde hace dos siglos, lo seguimos intentando. Aunque no se concrete y no se vea posibilidades de concretarse ineludiblemente, siempre deberá realizarse a futuro, aun cuando nos hayamos dado con la misma piedra en los dientes diez mil veces. Una bella ucronía, casi tan bella como la del socialismo científico soviético que nunca llega a concretarse, pero que como género literario es envidiable. Nosotros los latinoamericanos conocemos el mejor sistema de gobierno que jamás se haya querido experimentar, aunque siempre quede en experimento. El hecho de que hasta ahora no se haya llevado acabo, es la más patente prueba de que se lo llevará más adelante y así hasta la eternidad. Hoy no hay república, mañana sí. ¡Volvamos mañana, pues!

La epopeya realista criolla americana con sus tintes terribles, con sus ribetes desoladores, con sus luces enceguecedoras y sus sombras pasmosas; con los cientos de miles de muertos, de masacrados, de fusilados, de azotados y humillados públicamente, de condenados al ostracismo sin regreso, muriendo lejos de sus lares, separados para siempre de sus familias y los suyos, despojados de sus bienes, perseguidos hasta la infamia; muestran que esta tierra, que esta América, parió hombres y mujeres bien paridos a la altura de los principios universales imperecederos por los que dieron y antepusieron todo, hasta su último aliento, hasta su propia vida.

Ahora que sentimos que no podemos seguir más debido a que toda nuestra esperanza se ha ido. Ahora que nuestras vidas se han llenado de confusión, cuando la felicidad es sólo una ilusión, mientras el mundo a nuestro alrededor está desmoronado. Ahora que todo está patas arriba, ahora cuando los doctores destruyen la salud, los abogados destruyen la justicia, las universidades destruyen el conocimiento, los gobiernos destruyen la libertad, los medios destruye la información y las religiones destruyen la espiritualidad.  Ahora cuando ya no tenemos en qué asirnos, cuando todavía nos encontramos en pie en medio de las ruinas, esos muertos, nuestros muertos, esos coterráneos nuestros, nos extienden la mano desde la eternidad para reconfortarnos, para mandarnos, para decirnos que su hermosa tragedia nos brinda la esperanza de volver a encontrarnos, de volver a ser nosotros mismos.

Para como dijera ese gigante mexicano, Octavio Paz, ante otra España desangrada más de un siglo después:

«Su recuerdo no me abandona. Quien ha visto la Esperanza, no la olvida. La busca bajo todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día va a encontrarla de nuevo, no sabe dónde, acaso entre los suyos. En cada hombre late la posibilidad de ser o más exactamente, de volver a ser otro hombre.»

El autor.



“ENDOWMENT FUND” PARA LA HISPANIDAD

El que quiera oír, que oiga… Lo importante es que esta idea sea recogida por alguien algún momento:

“ENDOWMENT FUND” PARA LA HISPANIDAD

Estimados amigos hispánicos e hispanistas: Un “endowment fund”, sepan disculpar el anglicismo, es un fondo establecido por una institución en el que se aporta con fines específicos para operaciones con propósitos específicos. Los retiros de éste son específicamente para esos propósitos. Este tipo de fondos financieros son usualmente utilizados por organizaciones sin fines de lucro, como universidades, institutos culturales, hospitales, etc., y se basan en donaciones y aportes de los socios de la institución.

A qué viene todo esto. Y bueno, es una propuesta de proyecto que seguro será de su interés. No tengo el gusto de conocerles en persona, pero todos nosotros compartimos el ideal de la Hispanidad y en nuestra medida hemos luchado por aquel.

No me quiero extender, así que seré simple, liso y llano: La vía política y casi cualquier otra está agotada para nosotros de casi cualquier forma en este punto de la decadencia global, es decir dentro del sistema del Estado-nación inscrito en el sistema-mundo de la globalización hacia el Nuevo Orden Mundial, desde México a Argentina, pasando por España, y por supuesto Ecuador, mi país, mi patria chica. Así, nuestra única solución es crear nuestro propio medio de supervivencia y perpetuación contra más de dos siglos de mentiras y putrefacción de nuestra gente. Es decir, crear nuestro propio Estado (a quien le interese profundizar puede leer este artículo mío:https://coterraneus.wordpress.com/…/del-fin-del-estado-naci…/ ). El primer paso para esto es adquirir tierras y crear primero una comunidad, y posteriormente extender los territorios y las comunidades, una vez que el núcleo fundacional sea capaz de auto-sustentarse y expandirse. Tal como Pelayo en Covadonga, tenemos una reconquista por delante.

Para esto, señores, necesitamos dinero. Seamos realistas. El fondo propuesto es el adecuado para un proyecto de este tipo. El mismo debe funcionar como una sociedad empresarial, donde los socios aporten anualmente una cuota y a su vez seamos capaces de recolectar donaciones de terceros de todos los montos, de ser posible grandes donaciones de potentados económicos que puedan estar interesados en la defensa de la Hispanidad, si existieran, de ser necesario en el discurso debemos vincular sus intereses económicos a nuestro objetivo. Miles, quizá decenas y cientos de miles de hispanistas hay en el mundo, debemos buscarlos a todos ellos mediante las vías virtuales que facilitan las cosas hoy por hoy, específicamente mediante una sola página web que aglutine el proyecto, dándole el nombre que deba tener, para así ofrecerles el servicio del proyecto. Como casi nadie, por muy convencido que esté, da nada a cambio de nada, debemos ofrecer servicios específicos a cambio de las donaciones y la sociedad: una revista virtual cuyo costo es prácticamente nulo, para quienes aporten un básico, y para los “socios mayoritarios” por utilizar jerga capitalista, debemos ofrecerle ser parte plena del proyecto, con ocupación de la tierra, del feudo venidero.

Es decir, necesitamos accionistas, y sé que suena extremadamente capitalista esto último, pero es necesario movernos así, no podemos ser ilusos, que esa ilusión nos ha costado siglos desperdiciados. No todos podrán ir a vivir una vida así, por cuestiones familiares, sociales, personales, etc., incluyendo quizá algunos de ustedes, pero cuando lo concretemos sabrán que por lo menos tienen un lugar donde refugiarse entre los suyos de la modernidad que se cae a pedazos. Aprendamos de nuestros enemigos: la solidaridad, la paciencia y la planificación con décadas, siglos inclusive, son su fortaleza.

Finalmente, para que no se crea que yo pueda tener intereses económicos en una idea así, estoy convencido de que un tercero que no sea yo en un tercer país, que no sea Ecuador, es quien deba ser nombrado administrador del fondo, quien debe tener un sueldo para poder llevar adelante la tarea administrativa del fondo, del cual por supuesto deberá rendir cuentas permanentemente. El fondo, el proyecto y su ejecución deberá estar dirigido por una Junta –de la cual por supuesto seríamos los fundadores- que sea la que tome las decisiones en todos los casos, jamás el administrador. A mí se me ocurre que Argentina, el país más hispánico de América con disponibilidad de espacio despoblado y un Estado débil (o quizá España), o Bolivia por su situación y circunstancias estratégicas, son un buen lugar para establecer el fondo e iniciar la ejecución del proyecto a partir de un monto base señalado al cual deberemos llegar, quizá 100 mil dólares es una buena base, para la compra de las tierras. También parte del fondo podría servir para publicaciones de divulgación y para la formación de un “think tank” capaz de influir en el entorno en beneficio nuestro, sin embargo, pienso que debemos tener un perfil bajo. Más allá de dar a conocer esto públicamente, como lo será.

En fin, es tan sólo una idea, pero de ideas se ha forjado la historia del Hombre.

Francisco sin tierra

“Cataluña fue una de las regiones de España más tradicionalista. He aquí el estandarte, cubierto de gloria, de los zuavos carlistas catalanes de la guerra de 1873. Defendiéndole murieron sucesivamente cinco oficiales de las fuerzas de la tradición.” Y ASÍ TERMINA TODO, HASTA LA MÁS TRADICIONALISTA DE LAS REGIONES DE LAS ESPAÑAS

“Cataluña fue una de las regiones de España más tradicionalista. He aquí el estandarte, cubierto de gloria, de los zuavos carlistas catalanes de la guerra de 1873. Defendiéndole murieron sucesivamente cinco oficiales de las fuerzas de la tradición.” Y ASÍ TERMINA TODO, HASTA LA MÁS TRADICIONALISTA DE LAS REGIONES DE LAS ESPAÑAS



LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA: REVISANDO SUS FUENTES – I PARTE

Ha muerto Eduardo Galeano en días pasados, el mayor teórico del indigenismo progresista de la América Latina, que no Hispana, del siglo XX.

Junto a un grupo de ecuatorianos estudiosos de la historia, preparamos hace pocos meses un trabajo sobre las fuentes de la principal y más reconocido obra del uruguayo: “LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA”. A continuación comparto la primera parte del mismo, para su conocimiento y difusión:

Las-Venas-Abiertas-de-America-Latina

LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA: REVISANDO SUS FUENTES – I PARTE (AUTOR: GRUPO MULTIDISCIPLINARIO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS ECUATORIANOS)

Según el muy difundido libro “Las Venas Abiertas de América Latina” del uruguayo Eduardo Germán María Hughes Galeano, España en su historia multi-continental fue una nación saqueadora, inmoral y sus habitantes y gobiernos peninsulares lo fueron de la misma manera.

Cabe destacar, sin embargo, algo interesante acerca de los autores citados en sus fuentes. Desde su 1era hasta su 50ma cita bibliográfica.

Gonzalo Fernández de Oviedo (1478 – 1557), cronista español, con una obra extensa de varios tomos enciclopédicos, de la cual el autor tomó una sola frase.

La Leyenda e Historia de Potosí Colonial del siglo XVI y XVII
(6 fuentes):

1) Gonzalo Fernández de Oviedo (1478 – 1557), una sola frase.

2) Luis Capoche (1547 – ?) Español. (Publicación de 1585).

3) Nicolás de Martínez Arzanz y Vela (?-?) (¿Bolivia?) (Publicación de 1705)

4) Pedro Vicente Cañete y Domínguez (1749 – 1816). Paraguayo. (Publicación de fines del siglo XVIII).

5) Jaime Molins, argentino. (Publicación de 1882)

6) Vicente G. Quesada, (1830 – 1913) argentino. (Publicación de 1890).

Para continuar con la historia de Potosí de los siglos XVIII y XIX, usa 4 fuentes:

1) D. Joseph Ribera Bernárdez, Descripción breve de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas (Obra de 1732)

2) Luis Marmolejo (1834 – 1885), sacerdote e historiador mexicano. (Obra de 1883)

3) José María Luis Mora Lamadrid (1794 – 1850) (Obra de 1836)

4) Luis Chávez Orozco (1901- 1996) (Obra de 1937)

Para la historia colonial de Potosí, de los siglos XVIII y XIX, el autor menciona información respecto a distintos momentos que transcurrieron a lo largo de los dos siglos, para lograr una obra difuminada (algo parecido al estilo de los pintores impresionistas franceses).

Y para hablar pasajes extensos y panorámicos sobre la historia del período colonial de Potosí , menciona a dos autores modernos y contemporáneos:

1) Gustavo Adolfo Otero Vértiz (1896 – 1958). (Obra de 1958). Varios párrafos de su obra.

2) Fernando Carmona de la Peña (1924 – 2001). (Obra de 1968). Varios párrafos de su obra.

Autores modernos y contemporáneos, según su origen, el cual nos habla sobre su pensamiento:

Franceses

Henri Lorin (1866 – 1932), geógrafo, sociólogo y diputado francés.

Roland Émile Mousnier (1907– 1993), historiador francés que realizó estudios comparativos entre civilizaciones.

Jacqueline Beaujeu-Garnier (1917 – 1995) fue una geógrafa francesa. Una de las principales geógrafas feministas del siglo XX.

Italia

Antonello Gerbi (1904 – 1976), historiador italiano y economista.

Antonello Gerbi, de origen hebreo, auspiciado por la fundación Rockefeller para sus estudios en Londres, Berlín y Viena, trabajó en la Banca Comercial Italiana. En 1938 lo transfirieron al Banco Italiano de Lima, donde escribió La Disputa del Nuevo Mundo, libro de historia sobre el Perú.

España

José María Ots Capdequí (1893–1975) historiador español del Derecho, especialmente del Derecho colonial en América, también denominado Derecho Indiano.

Catalanistas

Luis Nicolau D’Olwer (1888 – 1961), político español de ideología catalanista y republicana.

Jaume Vicens Vives (1910 – 1960) historiador español del catalanismo del siglo XX.

Uruguayos

Daniel Vidart, (1920), antropólogo uruguayo y escritor.

Guillermo Vázquez Franco (1924), profesor de historia uruguayo e investigador.

Bolivianos

Gustavo Adolfo Otero Vértiz (1896 – 1958), escritor boliviano de sátira, drama y novela, pasando por la sociología, ciencia política, geografía e historia.

Enrique Finot (1891 – 1952), escritor boliviano, historiador, político y diplomático.

Mexicanos

Miguel León-Portilla (1926), filósofo mexicano e historiador, experto en materia del pensamiento y la literatura náhuatl.

Luis Chávez Orozco (1901- 1996), fue un profesor mexicano, sindicalista, funcionario público e historiador.

José María Luis Mora Lamadrid (1794 – 1850), fue un sacerdote mexicano , político, ideólogo e historiadordel siglo XIX.

Fernando Carmona de la Peña (1924 – 2001), mexicano Licenciado en la Escuela Nacional de Economía (ENE), UNAM.

Estadounidenses

Earl J. Hamilton (1899-1989), historiador estadounidense.

Paul A. Baran (1910 – 1964), economista ruso – norteamericano, conocido por sus puntos de vista marxistas.

Lewis U. Hanke (1905 – 1993), historiador estadounidense, hispanista e hispanoamericanista.

Británicos

Hacquetta Hawkes (1910 – 1996), arquéologa británica y escritora

John Lynch (1927), profesor británico emérito de Historia Latinoamericana en la Universidad de Londres.

Sir John Huxtable Elliott (1930), historiador británico eminente.

Paul Thompson (1935), historiador oral británico. Profesor de Investigación en la Universidad de Essex.

Josiah Condier (1789–1855), editor británico del periódico abolicionista El Patriota y de la enciclopedia geográfica El Viajante Moderno.

Henry F. Dobyns, etnohistoriador, británico.

Brasil

Darcy Ribeiro (1922 –1997), antropólogo brasileño. Ministro de Educación en Brasil.

Promotor de reformas universitarias en Brasil, Chile, Perú, Venezuela, México y Uruguay, al abandonar el país al golpe de estado de Brasil en 1964.

Darcy Ribeiro basa su obra citada, Las Américas y la Civilización, en la de:

Arnold Joseph Toynbee (1889 – 1975), historiador británico.

Argentinos

Jaime Molins, argentino. (Publicación de 1882)

Vicente G. Quesada, (1830 – 1913) argentino. (Publicación de 1890).

Jorge Abelardo Ramos Gurtman (1921-1994), político argentino, historiador y escritor , creador de la corriente política e ideológica llamada la “Izquierda Nacional” (con influencia intelectual en Argentina, Uruguay, Bolivia y Chile).

Sergio José Bagú Bejarano (1911 – 2002). Periodista argentino, abogado, historiador y sociólogo. Ocupa un lugar destacado entre los pensadores de América Latina en el siglo XX y dentro del marxismo latinoamericano.

Marxistas alemanes

Ernest Ezra Mandel (1923– 1995), revolucionario alemán y teórico del Marxismo.

André Gunder Frank (1929 – 2005) fue un economista y sociólogo alemán y uno de los creadores de la teoría de la dependencia en los 60, considerándose él mismo como un neomarxista y economista radical.

Comentario

Como podemos evidenciar, los autores contemporáneos y modernos citados en esta obra provienen de distintas nacionalidades. De los más de 30 autores modernos y contemporáneos citados, no es de sorprenderse que solo haya tres autores españoles. Un jurista de las Indias y dos ideólogos independentistas catalanistas.

Tampoco es de sorprenderse que el libro recoja, desde su 1ra hasta su 50ma cita, apenas una sola frase de un cronista español de la conquista de América: Gonzalo Fernández de Oviedo (1478 – 1557), que tiene una obra cuasi enciclopédica; Pero, aun así, el autor de este libro ha decidido escoger solo una frase.

La fuentes primarias se obvian u omiten directamente.

No se encuentra en la bibliografía ningún catedrático hispanista, defensor de la Monarquía Universal Hispánica (por mencionar a este punto de vista histórico y académico, que existe).

De los autores europeos citados en la bibliografía de la obra: desde la 1ra hasta la 50ma cita, de 30 de ellos, seis son británicos, tres son estadounidenses, tres son franceses, tres son españoles (siendo dos de ellos independentistas catalanistas), dos son alemanes (marxistas) y uno es judeo-italiano.

De los autores latinoamericanos (desde la 1ra hasta la 50ma cita), cuatro son argentinos, cuatro son mexicanos, dos son bolivianos, dos son uruguayos y uno es brasileño.

Encontramos autores con marcadas tendencias políticas, como las del marxismo teórico. Particularmente, dos autores alemanes de esa línea, un economista estadounidense y dos políticos argentinos de dicha línea socio-política.

En las fuentes bibliográficas de los británicos y de Darcy Ribeiro, de Brasil, encontramos la tendencia del enciclopedismo británico (valga la redundancia), pues, probablemente, los británicos son los que han modelado los lineamientos generales de la Historia Universal, sobre todo para lo que se enseña de Historia en Latinoamérica.

También encontramos autores decisivamente influyentes en el pensamiento académico universitario de Hispanoamérica (que, como ya mencionamos, sus raíces bien podrían venir de la doxología que los británicos han ejercido sobre la historia; pues no olvidemos que la ubicación del meridiano de Greenwhich fue una decisión aplicada a todo el mundo, pero decidida, valga la redundancia, solo por los británicos).

Un ejemplo de un autor académicamente influyente, a revisar:

– Darcy Ribeiro, de Brasil.

Fue Ministro de Educación de su país e hizo reformas universitarias en Chile, Perú, Venezuela, México y Uruguay.

¿En qué consistieron esas reformas universitarias en tantos países latinoamericanos?

Sorprende (o tal vez no) que, de los autores latinoamericanos citados, la mayoría sean argentinos y mexicanos de marcada alineación política de izquierda.



CAUSAS DE LA INDEPENDENCIA

CAUSAS DE LA INDEPENDENCIA

Por Jorge Luna Yepes

A propósito de conmemorarse el 24 de Mayo la Batalla del Pichincha:

Como en todo hecho trascendental, debemos distinguir las causas remotas, profundas, y las que son inmediatas, más o menos circunstanciales. Hay dos causas remotas, evidentes: la decadencia de España y la formación de una personalidad hispanoamericana diversa de la hispanopeninsular.

Entre las causas inmediatas debemos considerar principalmente: 1ª El influjo de la independencia de los Estados Unidos; 2ª El de la Revolución francesa; 3ª De las ideas revolucionarias liberales que presidieron estos dos movimientos; 4ª El afán inglés de acabar definitivamente con el Imperio español; 5ª La labor de la masonería; 6ª La situación crítica que sobreviene a España por la invasión napoleónica; 7ª Resentimientos personales, y 8ª Limitaciones económicas.

A) Causas remotas
La decadencia de España obedece a un proceso de biología política de explicación sencilla. Esta nación hace un esfuerzo extraordinario durante dos siglos (fines del XV a principios del XVII), en los que combate en todos los puntos de la tierra: en África y en Flandes, en América y en Oceanía en Asia, y en los océanos; y combate contra moros y contra herejes protestantes; contra turcos y contra ingleses, contra franceses y flamencos; y al mismo tiempo envía a millares de sus hijos a que creen nuevos mundos en las tierras salvajes que devoran a los que se aventuran por ellas. Este esfuerzo continuado, creador y gigantesco, le desgasta; y sus rivales, que unidos resultan más poderosos, valiéndose de toda clase de medios, al fin le vencen. España exhausta vive de su gloria, pero deja de empuñar el cetro de Occidente, el que pasa a Francia e Inglaterra. Con su vitalidad disminuida, no tiene: fuerza suficiente ni para presidir de manera eficaz la vida del Imperio, que comienza a resquebrajarse, ni para mantener una política independiente que obedezca a su espíritu, a su misión histórica y a sus intereses, y cae en la órbita de sus antiguos rivales, cuyos fines sirve.

No sólo hay despoblación catastrófica, sino también decadencia espiritual. Si en tiempo de los Reyes Católicos contaba España con unos diez millones de habitantes, al cabo de un siglo, después de la muerte de Felipe II, no tenía más de cinco; lejos de duplicarse, se había reducido a la mitad. Concomitantemente se había ido perdiendo, a manera de evaporación, la afirmación eficaz de los propios valores y el propio destino. España ya, no era ni se sentía eje de Occidente; había pasado a ser accesoria, segundona, pronta a imitar a sus antiguas rivales, disminuida de personalidad.

Entonces las novedades francesas e inglesas se procuran copiar al pie de la letra, sea en la superficialidad de los vestidos, sea en la brillantez de las ideas enciclopedistas, sea en la misteriosa introducción de las logias masónicas. Se había empequeñecido en todo sentido; y ni siquiera, en el afán de imitación, había logrado subir al coche de la técnica en que se habían embarcado sus competidoras.

Ya se comprende que así no podía dar vitalidad a las grandes extremidades del Imperio. La falta de fe en sí de la cabeza misma, contagia a los demás. Muchas veces sin explicarse, subconscientemente, criollos y mestizos, aun honrándose de pertenecer a España, sentirían enfriamiento, alejamiento, desconfianza. La vida iba muriendo en las articulaciones imperiales. Y un proceso semejante presenciamos ahora en los países europeos que desangraron física y espiritualmente al español.

Por esa mecánica que existe en los acontecimientos sociales, correlativamente con la, decadencia española iba fortaleciéndose el organismo de las colonias. Se había formado un nuevo tipo racial, un nuevo tipo humano, que más que mestizaje sanguíneo lo tenía psíquico. Era el fenómeno que estudiamos al hablar concretamente del mestizaje; era la influencia de un medio diverso en el hombre europeo.

A cada persona humana corresponde una personalidad, un modo se ser; a los hispanoamericanos correspondía una personalidad que no era, la de los hispanopeninsulares; consecuentemente, las entidades regionales de Hispanoamérica que habrían de dar origen a los actuales Estados, tenían personalidad colectiva diversa de la española. América, con su vida igual, pacifica, religiosa, inundada de indios sojuzgados, suaviza las aristas hasta en el modo de hablar. No se oirán en gargantas americanas las duras y jotas, ni se diferenciarán las zetas lo español perderá dureza en América, pero perderá también definición el español. Se presentará más expeditivo, más francote y directo, más mandón; el hispanoamericano, más sutil; más amanerado, más cortés, más lleno de rodeos menos enérgico y menos alegre. El que tiene más acusado sentido de acción suele mirar despectivamente al que lo tiene en grado inferior; de ahí que los nórdicos miren del hombro para abajo a los mediterráneos; los occidentales a los de Oriente; algo semejante sucedía con españoles e hispanoamericanos. Era natural que esto sucediera. Allí en plena decadencia, el español conservaba, sus aristas intransigentes y duras, que las sabía hincar al rato menos pensado; si no, díganlo los franceses, que tuvieron que habérselas con un 2 de mayo, con Zaragoza y con Bailén, y dígalo la, España de 1936, que le hizo, exclamar a Claudel: “Dijeron que dormías y habías quedado estéril y en un momento has despertado y poblado los cielos con un millón de mártires”. El español, expeditivo, duro y proveniente de un medio, más culto, más civilizado y con el control de los primeros cargos y dignidades, tenía que ver desdeñosamente al hispanoamericano, menos enérgico nacido en un medio menos adelantado.

Cuando el hispanoamericano culto midió sus armas con el hispanoeuropeo culto o con otros europeos y se dio cuenta de su valer, trocó la natural admiración por lo español, en resentimiento; se sintió preterido injustamente; juzgó, luego, que era un atropello y una explotación que se prefiriera para el gobierno a gentes venidas de la Península, cuando en la propia tierra había personas capaces y de méritos. Y muchos patriotas fueron simplemente hombres de mérito que recibieron estos agravios u otros provenientes de las instituciones de la época, que les hicieron reaccionar tanto contra las instituciones como contra la autoridad española y aun contra España. Ese fue el caso de Miranda y el de Espejo, que reciben agravios personales, y el del marqués de Miraflores, que los recibió en su padre y lo mismo sucedió con muchos religiosos y habría pasado con Mejía si su pronta ida a España no le hubiera colocado en situación brillantísima que contrastaba con sus humillaciones en Quito y no hubiera llegado a apreciar a los españoles al compararles con los franceses invasores.

Al sentirse agraviados, ya se comprende cómo se haría violenta la convivencia de criollos y chapetones y cómo habrán caído, mutuamente pesadas, las personalidades respectivas. Entonces, se comenzó en América a repudiar a lo español y se oiría en las calles de Quito, en 1765, el grito de “Mueran los chapetones, ¡abajo el mal gobierno! (¡Viva el Rey!)”. Este principio de reacción antiespañola no, lo pudieron suprimir ni hombres como Carondelet, todo él gallarda generosidad, ni menos los que empezaron a emplear medidas radicales, muy españolas y muy explicables por la época y las circunstancias, por cierto, pero que acabaron por encender inconteniblemente la hoguera.
Lo único que habría, cabido entonces era una, oportuna y amistosa, aunque dolorosa y forzada, retirada española ; pero ya se comprende que era casi imposible. No cabe ejemplificar con lo actuado por Inglaterra con la India, pues ni nosotros somos hindúes, ni España Inglaterra, ni mediados del siglo XX es lo mismo que principios del XIX; y recuérdese cómo fue de dura y larga la lucha entre la metrópoli y las colonias inglesas, que se independizaron a cañonazos.
He aquí cómo la afirmación de la personalidad hispanoamericana, al dar a nuestros dirigentes consciencia de su propio valer, condujo a la separación de España. Estudiadas las causas remotas de la independencia, pasemos a las otras.

B) Causas inmediatas
Entre ellas, como dejamos indicado arriba, tuvieron influencia decisiva las ideas democrático-liberales, y las revoluciones por ellas engendradas, especialmente la de independencia de los Estados Unidos y la francesa.

Las ideas revolucionarias tienen su origen remoto y doctrinario en la revolución religiosa, protestante del siglo XVI, y en el inmediato desarrollo económico de la burguesía. Tienen filósofos alemanes e ingleses que las ayudan con sus lucubraciones y cuentan en el siglo XVIII con propagandistas entusiastas tales como Voltaire, el satírico mordaz, destructor de todo lo que hasta entonces había sido respetado; Juan Jacobo Rousseau, el teorizador del origen del Estado en el pacto social de los hombres primitivos; el barón de Montesquie, admirador de las instituciones inglesas, autor de “El espíritu de las leyes”, y los enciclopedistas tales como Diderot, D’Alembert, etc., que frecuentaban las tertulias de damas aristocráticas pagadas de su intelectualismo y que hicieron su Enciclopedia.

Aquellas ideas, propugnadas por estos intelectuales, algunos de ellos escritores sugestivos, se presentaron tumultuosamente en Francia a partir de 1789 y llenaron de entusiasmo a varias mentalidades jóvenes de América, noveleras de las últimas teorías, ansiosas, de sobresalir y con espíritu apto para aceptarlas, dada la oposición, no, exenta de envidia, con los peninsulares, favorecidos con preeminencias, y dada la aureola romántica que rodeaba a ciertos personajes que habían intervenido con el pensamiento o la acción en las revueltas de Francia, romanticismo que hace presa fácil en la gente joven.

Este conjunto de ideas se propagó en América, no obstante la vigilancia de las autoridades españolas en el mercado de libros; ostentaba como principios fundamentales el derecho de rebelión del pueblo contra la autoridad, el origen meramente popular de la misma, la independencia de los poderes del Estado, y el sufragio universal como medio de designar autoridades; y estaba informado por las tesis o dogmas rousseaunianos, tales como él de que los hombres son buenos por naturaleza, pero corrompidos por la sociedad, y el de que el origen de ésta estuvo en el contrato primitivo de los asociados, esto es, en el “pacto social”, hecho imaginario que sólo tuvo realización al tiempo en que vivía Rousseau en un país, esto es, en los Estados Unidos, y que fue tomado por los secuaces de Rousseau como mera interpretación del hecho social.

He aquí los principios que causaron novedad y entusiasmo en las postrimerías del siglo XVIII, que provocaron la Revolución francesa y que, al ser bebidos por varios intelectuales de América Hispana, sirvieron de fermento que, unido, a otros factores estudiados ya o por estudiarse a continuación, produjeron la revolución de independencia.

Pero si los principios liberales actuaron directamente sobre el espíritu de algunos americanos influyentes, también ejercieron influjo en la Independencia por medio de los hechos por ellos engendrados, tales como el ya anotado de la Revolución francesa y aun antes de ella, por medio de la independencia de los Estados Unidos. En cuanto a ésta, nos basta observar lo siguiente: 1º Que varios revolucionarios, especialmente Miranda, esgrimieron el argumento de que si España había ayudado a la independencia yanqui, Inglaterra, para, desquitarse, debía de ayudar a la de Hispanoamérica; 2º En Estados Unidos se preparó al menos una expedición revolucionaria contra el gobierno español; 3º El ejemplo de Estados Unidos, que comenzaba con entusiasmo su vida independiente, sirvió de continuo modelo de los independentistas hispanoamericanos, que se enamoraron hasta de cosas propias de los Estados Unidos, como el sistema federal, lo que, al tratar de imitar infantilmente, desde México hasta Venezuela y desde Nueva Granada hasta Buenos Aires, ocasionó guerras sangrientas entre los mismos independentistas y motivó más de uno de sus fracasos frente a la reacción realista.

Pero junto al liberalismo y a los hechos por él engendrados o por él apoyados, hubo otros elementos doctrinarios o sectarios que intervinieron en la disolución del Imperio español; nos referimos principalmente a la masonería.

El liberalismo y la masonería no sólo actuaban directamente por medio del influjo sobre los independentistas o patriotas, sino que se infiltraban en la misma Península y tomaban posiciones, maniatando a España en su defensa contra la revolución emancipadora, y así vemos a secuaces de ellos, como el general Riego, sublevarse en Cabezas de San Juan cuando se disponía a embarcarse hacia América para debelar la revolución. Inglaterra y Francia contaron con el liberalismo y la masonería como aliados poderosos para someter a los políticos españoles a sus fines nacionales, aunque ello fuera en mengua de los intereses de España. La misma expulsión de los jesuitas de América, golpe fatal para la obra de España en nuestros países, fue algo en que tuvo bastante que ver la masonería (Nota editorial: y habría que ver hasta que punto esta expulsión no fue una maniobra generada desde adentro de la misma Compañía para batir a las Españas y a su Imperio). Al estudiar este acontecimiento en el número 228 de la tesis anterior, ya lo hemos indicado, influyó en el relajamiento de los vínculos de España con las colonias; y en la tesis siguiente veremos cómo algún jesuita, al desvincularse del Imperio español, hizo de uno de los precursores en la Independencia.

En la historia y en el espíritu de la masonería pueden anotarse estos caracteres: 1º Alianza con el judaísmo y con el imperio británico; 2º Anticlericalismo y anti-catolicismo fanáticos en los países latinos; 3º Oposición a las formas tradicionales de vida de estos pueblos; 4º Secretismo y espíritu de grupo o círculo.

De la relación de estos caracteres de la masonería puede deducirse mucho saber el por qué de su intervención activa en la Revolución francesa, de su apoyo a Napoleón en los primeros tiempos, para luego volver las espaldas y coadyuvar con Inglaterra para su caída; asimismo puede deducirse el por qué de la intervención masónica en la disolución del Imperio español, Imperio católico, el primero, a partir del siglo XV, en haber tratado radicalmente el problema judío (con la expulsión de estos de todos sus territorios), aferrado a las bases constitutivas de su grandeza, como todo gran pueblo, y representante de la antítesis de Inglaterra.

La masonería, pues, como hemos visto, comenzó su labor de zapa al introducir en sus filas a varios políticos y militares españoles, desde el siglo XVIII después actuó directamente sobre los revolucionarios de América, a quienes relacionó, captó y encubrió. Así vemos, por ejemplo, que Miranda, Bolívar y San Martín ingresaron en las logias aun cuando más tarde, algunos de ellos como Bolívar, renegara de ellas y las disolviera en el Perú y Colombia, acusándolas de constituir un peligro para el orden, el progreso y la paz del Estado (1).

He aquí cómo el liberalismo y la masonería fueron factores inmediatas de la Independencia en cuanto actuaron directamente sobre los patriotas; y fueron factores mediatos o remotos (resaltado en el original) en cuanto al apoderarse de algunos dirigentes e infiltrarse en algunos organismos del Imperio español, precipitaron el espíritu disolvente que se inició al comenzar la decadencia hispana (resaltado en el original).

Nos falta, pues, hablar del otro socio de la empresa antiespañola: de Inglaterra.

Este país, como hemos dicho antes, por motivos de hegemonía imperialista y de, índole doctrinaria o sectaria, procuró en todo momento, dar al traste con el poderío de España, valiéndose de todo medio. Apoyó en un principio con cautela a los precursores de la Independencia y después, abiertamente, a los revolucionarios; todavía, conserva el Ecuador una deuda de varios millones de sucres por esa ayuda inglesa (el texto es de 1951; la “deuda inglesa” se terminó de pagar al fin en el gobierno del Gral. Guillermo Rodríguez Lara 1972-1976, después de siglo y medio de haberla adquirido). Pero juntamente con el apoyo con gente, armas y pertrechos a los revolucionarios hispanoamericanos, trató de hacer sus conquistas directamente; y así, en 1806 toman los ingleses Buenos Aires y dan los primeros pasos para, hacer cosa semejante con Chile, pero fracasan en sus proyectos por la brillante reacción de los argentinos, que los expulsan tras lucha sangrienta. Este mismo rechazo hace sentir a los criollos su fuerza y les alienta para conseguir la autonomía. Sin embargo, Inglaterra seguirá ayudando la, revolución independentista, vengando de esta manera, además, el apoyo que España dio a los Estados Unidos para su independencia.

De los resentimientos o de reacciones contra reales o supuestos agravios, hemos hablado ya al tratar en el número 297 de la acentuación de una personalidad hispanoamericana; y tocarnos ahí este problema porque se presentó como tal, ya avanzada la Colonia, como consecuencia de una diferenciación llena de amor propio entre el criollismo y el hispanismo peninsular; es decir, como resultado de una afirmación más o menos consciente de la idiosincrasia y afanes de los hispanoamericanos frente a los hispanoeuropeos. Sin embargo, por la época, en que se presentan, esto es, ya cerca de la época de la. Independencia, les hemos clasificado entre las causas inmediatas, o próximas.

Las diferencias económicas y la oposición de intereses entre España y América, tenían que presentarse tarde o temprano, en cuanto las colonias aumentasen en población -por lo mismo, en necesidades- y los colonos desarrollasen la natural tendencia de enriquecimiento y de poder, máxime si había las ofertas tentadoras de los enemigos de la Metrópoli.

Mientras a España le interesaba, para el mejor control del Imperio y aun para su mejor defensa frente a rivales y enemigos, orientar la economía hacia la unidad armónica, a los productores de diversas regiones, que veían lo suyo y no la totalidad del Imperio les interesaba la prosperidad local, lo que veían y palpaban. Si se les ponían limitaciones que restringían lo que querían producir o vender, tenían que sentirse incómodos. Esto llegó a constituir un problema sobre todo en el Virreinato de Buenos Aires; no sucedió lo mismo en la Audiencia de Quito, pese a, la gravísima crisis que vino por las calamidades geológicas y sanitarias.

Queda una última causa de la Independencia, más inmediata, la más próxima a todas, la que, unida, a las anteriormente expuestas, dio ocasión y pretexto para el alzamiento general de, las colonias hispanoamericanas: la invasión de España por Napoleón.

Este caudillo entró en la Península en son de amigo, ya que eran aliadas Francia y la Madre Patria, contra Inglaterra se proponían las dos castigar a Portugal, aliado de Inglaterra; pero cuando las tropas francesas estuvieron en gran número en España, se quedaron como dominadoras provocando la reacción heroica de los españoles. Estos luchaban como podían y principalmente mediante el sistema de guerrillas, contra los hasta entonces invencibles ejércitos napoleónicos; lograron ganar alguna victoria en batalla campal, como la de Bailén; se hicieron fuertes en algunas ciudades como Gerona y Zaragoza, que defendieron con valentía no conocida en Europa en esos días, y constituyeron juntas provinciales o regionales de defensa contra el “intruso” y “tirano Bonaparte”.
Estas Juntas al fin se reunieron en una, que adoptó el título de Suprema, la, que, acosada por los franceses, se refugió en Sevilla y luego pasó más al Sur, alojándose en la isla, de León, frente a Cádiz; nombró un Consejo de Regencia que gobernaría en ausencia de los reyes, presos en Francia, el que convocó a Cortes, las que se reunieron en Cádiz integradas también por diputados americanos, entre ellos los ecuatorianos Mejía, Olmedo, Matheu y Rocafuerte, descollando admirablemente el primero, como ya veremos y dejando de concurrir el último. En estas Cortes se dejan sentir fuertes influencias liberales y masónicas, que procuran romper el orden tradicional de España, en buena parte con el apoyo de los diputados americanos.

Esta situación caótica de España que dejamos descrita, dio lugar a que en América se formaran también Juntas Patrióticas de defensa semejantes a las españolas, pero que en general constituyeron una mera simulación organizada por americanos independentistas (autonomistas en verdad) quienes, so pretexto de oponerse a las autoridades afrancesadas y a los emisarios que mandó Napoleón, trabajaban por la Independencia, engañando o tratando de engañar doblemente, sea a las autoridades españolas, sea al pueblo, que, generalmente, no sentía el afán de independizarse.

C) Causas internas, externas y -mixtas.
De todas estas causas de la Independencia, que hemos diferenciado en remotas y próximas, podemos hacer una segunda clasificación tripartita: 1º La decadencia del Imperio español, la formación de una personalidad hispanoamericana, la oposición entre criollos y peninsulares, y las dificultades económicas, son factores internos; 2º La influencia inglesa, francesa y yanqui, son causas externas; 3º Los factores doctrinarios o sectarios participan de las dos primeras categorías; son causas externas, porque fueron promovidas desde afuera; y son causas internas, porque se infiltraron en el organismo del Imperio.
______________

Notas:

[1] Extraído de la obra de Jorge Luna Yepes: “Síntesis histórica y geográfica del Ecuador”, 2ª Edición, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1951, pp. 332-343.
[2] Dr. Jorge Luna Yepes (Quito – 1909) Político y escritor revisionista, autor entre otras obras: “Síntesis Histórica y Geográfica del Ecuador” -2 ed. Quito y Madrid-, “El pensamiento de ARNE”, etc., Fundador de Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana, en 1943.



Los Realistas Criollos en la Independencia: Superando los mitos. Jornada de reflexión, memoria histórica y conversatorio este 20 de mayo.

Los Realistas Criollos en la Independencia: Superando los mitos. Jornada de reflexión, memoria histórica y conversatorio este 20 de mayo.

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¡Sangre nueva para el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica!

El día martes 22 de enero de 2013, fuimos incorporados como miembros del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica – IECH, un grupo de jóvenes investigadores, comprometidos con el rescate del acervo hispánico como parte esencial de la identidad ecuatoriana. Ellos somos:

– Andrée Aguilar, jurisconsulto, escritor, analista internacional.
– Rafael Bahamonde, investigador, escritor, difusor cultural.
– Daniel Crespo, catedrático universitario, historiador, escritor, internacionalista, investigador.
– Eduardo Crespo, arquitecto, investigador, experto en rescate patrimonial.
– David Egas, jurisconsulto, investigador histórico, dirigente universitario. 
– Jaime Izurieta-Varea, urbanista, arquitecto, diseñador; experto en regeneración y planificación de áreas patrimoniales.
– Álvaro Mejía, docente universitario, jurista, historiador, escritor, experto en investigación documental. 
– Francisco Núñez del Arco, historiador, escritor, investigador, poeta, promotor cultural.
– Carlos Trueba, lingüista, investigador histórico, músico, difusor cultural.

Con este acto, el IECH, fundado el 27 de septiembre de 1947, al calor del resurgimiento del ideal de la Hispanidad, que recorría todo el orbe hispano y que se empezó a plasmar en España con la creación del Instituto de Cultura Hispánica (1945) y la Declaración de El Escorial (1946), renueva sus filas en una de sus horas más difíciles. Duros momentos vive el Ideal Hispano en nuestros días, no solo en el Ecuador, sino en todo el mundo. Ideales contrapuestos, intereses geopolíticos y económicos, relaciones asimétricas en un mundo globalizado, configuran un escenario que requiere de un esfuerzo singular, y excepcional, para el rescate de este ideal identitario, desde la península Ibérica hasta las Filipinas, siendo Hispanoamérica la llamada a ser el nuevo centro de gravedad de este espacio cultural, uno de los bastiones de la civilización Occidental, hoy confundida exclusivamente con lo anglosajón y moderno. 

El Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica acoge a una nueva generación de miembros dispuestos a enfrentar distintos y mayores retos.

 

En la fotografía constan de izquierda a derecha, en la Casa de Benalcázar, sede del IECH: Fernando Rohn Bautista, miembro de la directiva; Sr. Lic. Dávila, Carlos Trueba Andrade, Rafael Bahamonde Cobo, Álvaro Mejía Salazar, Andrée Aguilar Romero, socios del IECH; Hernán Tamayo, Presidente; María Eugenia de Mora, Secretaria General; Francisco Núñez del Arco Proaño, David Egas Yerovi, Daniel Crespo Cuesta y Eduardo Crespo Guarderas, socios del IECH.
 
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Crónica de una negligencia anunciada

Crónica de una negligencia anunciada

vía: ecuadorhispano.blogspot.com

El día 6 de diciembre del presente año, el diario El Comercio publicó una infografía titulada “Con el caballo, la pólvora y la religión, España conquistó a la cultura Quitu, nuestros ancestros”. La misma demostró ser tendenciosa, poco académica en el sentido de contrastar datos y fuentes (no basta con mencionar a dos personas si ambas son de la misma ideología) y muy ligera, diríase que superficial en el mejor de los casos.
Varios estudiosos de la historia, algunos académicos y otros aficionados, pero todos comprometidos con su estudio serio, decidimos poner un escrito de rectificación, educado pero firme, con argumentos, al casi pasquín publicado por dicho diario. Nuestra carta de rectificación fue remitida el 8 de diciembre, y entonces empezó una serie de llamadas telefónicas y correos electrónicos para saber qué fue de su suerte. Lo último que supimos, en virtud de los correos de una señorita llamada Jenny Martínez, fue que cayó en manos de un señor llamado Dimitri Barreto, quien iba a revisarla y consultar con otros historiadores sobre el contenido de nuestro texto. Me pregunto por qué no fueron tan cautos con la infografía, que a todas luces fue objeto de un análisis mucho más simplista y descuidado, si acaso lo hubo. Finalmente, el día 17 de diciembre le escribí por última vez a Jenny Martínez, pidiéndole que me indique si aun había interés en nuestro pedido de rectificación, dado que, cada día que pasa, dicho pedido pierde más y más sentido, porque ya nadie recordará la infografía que nos motivó a redactarlo. Y bueno, seguimos esperando una respuesta, que al parecer jamás llegará.
Dado que no nos han dado un espacio, ni han tenido la voluntad de rectificar su tendenciosa y direccionada infografía, que ahonda de forma desvergonzada en algunos lugares comunes, que por comunes no dejan de ser errados a la luz del estudio histórico, señores de El Comercio, permítanme decirles lo siguiente:
Leo su diario todos los días, de algo sirve. Y aunque rechazo la política gubernamental de acoso a la prensa privada, debo rendirme, al menos en este caso, a lo evidente: cuando no se trata de defender sus intereses corporativos, de gremio, de grupo; cuando sus intereses no están directamente afectados, no tienen NINGÚN empacho en plegar servilmente al discurso oficial, porque eso es lo que han hecho al darle espacio a la misma gente, Juan Paz y Miño y Felipe Ogaz, voceros de la visión oficialista de “descolonización cultural”, de rechazo a todo aquello que no sea parte de su “nueva” visión de la historia, manoseada hasta encajar en los cánones de la “revolución” política (léase ideologización). Basta mencionar lo que han hecho con la figura de Eloy Alfaro. Apenas en ese caso, el más obvio, dieron la cara, para defender sus propios editoriales de hace 100 años. ¿Y las demás falsedades emitidas por este gobierno y sus voceros para desdibujar la historia a su antojo? Esas, caballeros, esas han callado o han plegado a ellas, porque simplemente, no se han sentido afectados. Y quienes nos dimos el tiempo para pedirles una rectificación, volvemos a hacerlo, aunque no les interese actuar. Ojalá tengan la decencia de hacerlo en algún momento.
Eduardo Daniel Crespo Cuesta

Para quienes interese, este es el enlace a la infografía:
http://www.elcomercio.com/quito/Infografia-religion-Espana-conquisto-Quitu_ECMFIL20121206_0002.pdf

Finalmente, el texto de nuestro pedido:

“Quito, 8 de diciembre de 2012
Señores
Diario El Comercio
Ciudad.-
De nuestras consideraciones:
Por medio de la presente, los abajo firmantes, estudiosos de la Historia tanto desde el campo académico como aficionado, algunos dedicados a la docencia universitaria y autores de publicaciones investigativas, deseamos mostrar, con cortesía pero firmeza, nuestro rechazo a la infografía por ustedes publicada el día 6 del presente mes, en la página 2 de su diario, alusiva a la fundación española de la ciudad de San Francisco de Quito. En la misma, titulada “El legado de la conquista es el mestizaje”, se lee en una segunda línea, a modo de subtítulo: “Con el caballo, la pólvora y la religión, España conquistó a la cultura Quitu, nuestros ancestros”.
Dicho encabezado, hay que decirlo, es inexacto:
1)      Las fuerzas españolas doblegaron a la oposición inca y sus aliados, de ningún modo al general de la población de estas tierras. Como señalan  Galo Ramón Valarezo y Tamara Estupiñán Viteri, entre otros, gran parte de la población indígena comarcana de Quito apoyó a Belalcázar en contra de la presencia inca, representada en Rumiñahui. La población quitu, en todo caso, fue sometida décadas atrás por los conquistadores incas.
2)      No solo los quitus son los antepasados de los quiteños.  De acuerdo a la información presentada por Cristóbal Landázuri, Pablo Núñez, Juan Fernando Regalado y Luis Alberto Revelo en su obra “Sociedad y política en Quito” (Quito: FONSAL, 2010), para el año 1779 el 67.71% de la población de las parroquias urbanas de la ciudad de Quito era blanca, ya sea peninsular o en su mayoría criolla. La población indígena para ese mismo año era del 26.56%, y la población negra del 5.73%. Descartar este tipo de información incide en un aumento del desconocimiento de nuestras raíces, del hecho de que en esta ciudad la conquista no significó únicamente la violencia que, al parecer y de acuerdo a la infografía, sería lo más representativo de la huella española. Los vecinos españoles, numerosísimos como se acaba de señalar, son también parte de la herencia quiteña que compartimos todos.
3)      El uso de la religión en el encabezado se encuentra injustificado, ya que en el texto que sigue jamás vuelve a ser mencionada, lo que representa un uso inadecuado de un término a fin de captar la atención del lector, al cual de ninguna manera se le explica qué papel jugó la religión (la evangelización) en el proceso de conquista.
Dicho lo anterior, los abajo firmantes mucho les agradeceremos la publicación de esta y la rectificación pertinente. Es menester recordar la importancia e impacto de textos como el indicado y publicado por ustedes, ya que los mismos pueden incidir, como en este lamentable caso, negativamente en el reconocimiento de nuestro pasado y nuestras raíces. Si como señala la infografía, “el legado de la conquista es el mestizaje”, el Quito pluricultural e inclusivo tantas veces evocado en estos tiempos, merece un estudio más serio, profundo y desapasionado de nuestras herencias diversas.
Atentamente,
Eduardo Daniel Crespo Cuesta, MA
Eduardo Enrique Crespo Guarderas, Arquitecto
David Francisco Egas Yerovi
Alvaro R. Mejía Salazar, Mg
Francisco Núñez Proaño, Historiador”