coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


¡Liberado! QUITO FUE ESPAÑA: HISTORIA DEL REALISMO CRIOLLO

Lectores todos:

El año pasado, después de presentar mi último libro, Quito fue España, di mi palabra por este medio de retirarme de toda actividad pública, lamento decir que no he cumplido a cabalidad aquello. Mas, puesto que soy hombre de palabra, y aunque tarde, cumplo. Enmendaré esa falla desde ahora en adelante. ¡Todos los errores para mí y todas las virtudes para ustedes!

Hace poco fui a Europa a buscar la luz de un amanecer y he vuelto de España, de la España peninsular, vencido de amor, he vuelto honrado y agradecido, reencontrado conmigo mismo.

Escribo y he escrito mis libros, mis artículos, mis textos, mis opiniones, esta bitácora, no por placer, ni por dinero o ganancia alguna, sino por deber, por deber conmigo mismo. Sin embargo, este libro es más importante que eso, mucho más importante, es un homenaje a quien nunca ningún homenaje bastará, es un deber para honrar la vida y la memoria de un ser excepcional, de un ser reventado de luz, como lo digo en la dedicatoria del mismo:

A la hermosa vida y gratísima memoria del Señor Don Diego Patricio López Márquez, modelo de criollo quiteño y quitense de casta, honra de hijo y hermano, ejemplo de amigo y juramento de eternidad donde nos volveremos a encontrar, quien descorazonadamente nos dejó demasiado pronto, antes de tiempo. Impulso y exclusiva razón vital para concluir ésta y todas mis acciones de ahora en más, para continuar en este misterioso y paradójico viaje llamado existencia.

Se los dejo para siempre, para vos, para usted señor Diego, para ustedes, para los nuestros.

Pero el amor es más fuerte.

¡Léanlo! ¡Difúndanlo como si no hubiera mañana! ¡Conózcanse a ustedes mismos!

En el siguiente enlace pueden descargar de forma libre y gratuita Quito fue España: Historia del realismo criollo. Actualmente se está preparando la segunda edición impresa de la obra en España, revisada, corregida y ampliada de forma considerable, ante la demanda en físico del libro que al momento está prácticamente agotado:

https://coterraneus.files.wordpress.com/2017/09/quito_fue_hispania.pdf

Simplemente Francisco



LA LEGIÓN BRITÁNICA, ASOLADA POR LOS INDIOS GUAJIROS

LA LEGIÓN BRITÁNICA, ASOLADA POR LOS INDIOS GUAJIROS

Francisco_Burdett_O'Connor

Francis Burdett O’ Connor

Francis Burdett O’ Connor, veterano de las llamadas guerras de independencia de América del Sur, de la orden de libertadores de Venezuela, Cundinamarca y el Perú; Coronel de los ejércitos de Colombia, General de Brigada de los del Perú y General de División de los de Bolivia, quien fuera un destacado militar irlandés de la Legión Británica al servicio de Bolívar; en sus “Recuerdos” (Tarija-Bolivia, Imprenta de “La Estrella”, 1895, capítulo II, págs. 13-18 y 28) testimonia la tenaz resistencia de los indios guajiros realistas contra su cuerpo militar que tuvo que soportar ser desolado y derrotado por estos apenas arribados a territorios del norte de las actuales Venezuela y Colombia a inicios de 1820:


“Pocos días tuvimos de descanso en Río-Hacha; pero se aprovechó el tiempo en la instrucción de la tropa.

Aquí supimos que se destinaba la legión para el interior y debíamos incorporarnos con una División del ejército libertador, que mandaba el capitán general don Rafael Urdaneta.

Teníamos, pues, que transitar por el territorio de los indios Guajiros, que habitaban sobre la Costa Firme, desde Río-Hacha hacia Maracaibo; indios muy valientes y enteramente decididos por la causa del rey de España, y que tenían todos ellos buenas armas y municiones, que conseguían en cambio del oro que producía su rico territorio.

[…]

Á principio de Marzo (1820), emprendimos la marcha desde Río-Hacha, con el cuerpo de lanceros á pie, dispuestos estos en seis compañías, el batallón ligero de “Cundinamarca” y la compañía de tiradores, esta última al mando del teniente coronel O’Lalor. El batallón iba á las órdenes del mayor Ruud, y yo iba mandando lanceros, siendo siempre el coronel Aylmer el comandante general dela legión, el coronel Jackson jefe del Estado Mayor y todos conducidos por el coronel Mariano Montilla.

La fuerza era pequeña, pues solamente de mis lanceros, que al desembarcar en Margarita era n 800, al salir de Río-Hacha llegaban apenas á 261.

Los otros cuerpos sufrieron iguales pérdidas.

Llevábamos á la vanguardia una partida de ingenieros alemanes. Nuestro camino era entre espesos bosques, hallando de distancia en distancia pueblitos de indios, todos realistas.

El primer pueblo que encontramos fu é el de Moreno, y en seguida otro de mayor extensión, Fonseca, ocupado por jefes españoles. Aquí se nos hizo resistencia de todas las ventanas de las casas y por todas las calles de la entrada hasta la plaza nos hacían un fuego sostenido, pero que felizmente no nos causó mucha pérdida.

Se acuarteló la tropa. El enemigo fugó por la retaguardia de las casas y se dirigió á los bosques, adonde no se le persiguió ya.

Al pasar lista faltaba toda la partida de ingenieros.

Como éstos llevaban la vanguardia, entraban al pueblo por un camino distinto del que seguía la tropa, cayeron en una emboscada, y cuando se mandó desde la plaza un piquete á buscarlos, se halló que ninguno había escapado, encontrándose los cuerpos de todos ellos horriblemente descuartizados y mutilados.

La guerra era á muerte, y no se tomaba prisioneros ni de una ni de otra parte.

Al día siguiente continuamos la marcha, y llegamos á otro pueblo, llamad o San Juan, en donde encontramos una resistencia mayor que la que se nos hizo al entrar en Fonseca.

Al penetrar por la calle principal, nos hacían fuego de las ventanas; mi caballo cayó de bruces: lo levanté por la rienda, pero muy apenas pude hacerlo llegar hasta la plaza.

Los enemigos abandonaron las casas, y pasaron el río, internándose en los bosques vecinos.

[…]

La travesía por el territorio de los indios Guajiros era muy penosa.

Al pasar lista, después de llegar á una jornada, siempre faltaban soldados, rezagados por la sed; pues no se encontraba agua en el intermedio de una paseana á otra; se mandaban partidas á recogerlos, pero jamás se trajo á ninguno de estos pobres rezagados; los que iban á buscarlos los hallaban en los caminos asesinados y mutilados del modo más horrible.

[…]

Seguimos la marcha haciendo jornadas cortas en pueblecillos de indios bárbaros, siempre hostilizados, y por haciendas de españoles que cultivaban caña de azúcar, hasta llegar á la ciudad del Valle de Upar, la que encontramos sin un solo habitante, pues todos ellos se habían refugiado en los bosques inmediatos.

Allí se acuarteló la división y nos dedicamos tarde y mañana á la instrucción de la tropa en la plaza.

Á los pocos días después de nuestra llegada á dicha ciudad, el general Montilla tuvo noticia de que los enemigos estaban concentrándose en un lugar cercano, llamado Molinos. Con tal motivo se emprendió una marcha al día siguiente en esa dirección, pero no se encontró sino algunas emboscadas de indios, por lo que nos regresamos.

Llegamos á la ciudad y recibimos este parte: había sido sorprendida en el pueblo de Moreno, cerca de Río-Hacha, una partida de nuestra división que venía á incorporarse trayendo algunas altas del hospital. Los indios habían quemado las casitas en que se alojaron y dormían aquella noche, y aun cuando se hizo toda resistencia posible, la partida quedó destruida. El capitán de Lanceros Murray fué casi decapitado, y en ese miserable estado pudo regresar á Río-Hacha.”

Después menciona que al llegar a San Carlos de la Fundación, tomaron por prisionero “al Vicario General del general español Morillo, por nombre Brillabrilla, á quien después de tomarle declaración”, lo mandó a Cartagena. Y señala que “entre los papeles tomados al Vicario General señor Brillbilla se encontró un cuadernito en que se hallaban los nombres de todos los indios guajiros que él había bautizado, siendo el padrino el rey Carlos IV, cuaderno que hasta hoy conservo en mi poder.”

Cada vez más comprobamos que la resistencia de los indios contra la “independencia” y su fidelidad a la Monarquía Hispana era un fenómeno generalizado que atravesaba el continente de Norte a Sur y de Este a Oeste.



LOS INDÍGENAS REALISTAS – HISTORIA SECRETA DE AMÉRICA -22-

LOS INDÍGENAS REALISTAS

La gran masa del Ejército Realista del Virreinato del Perú durante toda la guerra (de independencia), la  constituyó sin duda el grupo americano integrado por los mestizos con mayoría de sangre indígena, que en el Perú eran, y son, conocidos con el nombre de “cholos”.

Estos eran reclutados en sus lugares de origen, ya fuera la costa o la sierra, las más de las veces por la fuerza y destinados a los Cuerpos de Línea o Milicias, previa instrucción del uso de las armas y las voces de mando. Era un constante problema para los mandos el idioma de esta tropa, puesto que en la inmensa mayoría sólo hablaban su lengua nativa –el quechua o el aymará- por lo cual, los Oficiales debían conocerla para poder dirigirlos.

Eran en general soldados sumisos y dóciles, que no cuestionaban sus deberes ni se sublevaban por a falta de paga, incansables andarines, sobrios, valientes y disciplinados. Prestaban mejores servicios si eran mandados por sus paisanos y con todo, defendían el honor de su hogar.

El General Pezuela los describe en su diario militar como de instrucción más que regular, pues hacían bien el ejercicio del fusil y las maniobras de Batallón. En el combate, luchaban hasta el fin, haciéndose matar en sus puestos.

Su principal inconveniente era su peculiar modo de vida y pautas de comportamiento, ajenos a las Ordenanzas españolas, como sus frecuentes deserciones, las más de las veces sólo por querer volver a sus casas para ocuparse de sus labores en tiempo de las cosechas.

Su actitud hacia el servicio del Rey con las armas, que, si bien no les agradaba, no rehuían, tan sólo cambió con la prédica y la propaganda revolucionaria, aunque ésta no siempre dio el resultado que los independentistas deseaban.[1]

Entre los Caciques Realistas más destacados encontramos al Brigadier de los Reales Ejércitos Mateo García Pumacahua, Cacique de Chincheros, quien en 1780 fue con sus tropas uno de lo que contribuyó a la derrota del Cacique de Tinta, José Gabriel Condorcanqui, más conocido como “Túpac Amaru”.

Pumacahua actuó en el lado realista desde 1811 en que entró con sus tropas cuzqueñas como refuerzo de Goyeneche, a poco de la batalla de Huaqui y se halla retratado en el ya mencionado cuadro, como uno de los miembros de que escoltaba al General.

En 1813, sus tropas fueron convertidas por Pezuela en el Regimiento de Milicias Disciplinadas de Infantería de “Nobles Patricios del Cuzco” de los cuales no hemos podido, hasta ahora, obtener el detalle de su uniforme, pero estimamos que debían llevar el señalado a las Milicias Disciplinadas, pero con algún agregado lujoso, debido al origen y dignidad de sus Oficiales, nobles cuzqueños de las trece Casas de sangre Inca (Panacas), entre cuyas prerrogativas estaba la de pasear una vez al año, generalmente en la Procesión del “Corpus Christi”, el Estandarte Real de la Ciudad de Cuzco, del que eran custodios.

En dichas oportunidades, los Caciques colocaban sobre sus trajes ceremoniales y uniformes, los emblemas de oro correspondientes a su dignidad consistentes en cadenas de oro en bandolera, un sol de oro colgando del pecho y hombreras, rodilleras y hebillas de oro representando rostros de Puma, emblema del Imperio Incaico. Su soberanía correspondía al Rey de España, y había reconocido ya en el siglo XVI a los a los nobles Incas como “Títulos de Castilla”.

Como parte de su propia peripecia personal, en 1814 Mateo Pumacahua se sublevó a favor de la independencia pretendiendo alzar a todo el Cuzco, siendo derrotado por sus propios compatriotas que permanecieron fieles hasta el final de la guerra.

Una de las consecuencias de aquellos hechos fue la suspensión de la ceremonia en 1815. Sin embargo, una prueba de esa fidelidad es que a mediados de 1824 solicitaron los Caciques de todas las casa nobles cuzqueñas al Virrey de la Serna en el Cuzco, presentando una serie de considerandos de profesión de fe realista, volver a pasear el Real Estandarte. No fue una solicitud interesada, ya que estaba cercano el fin de la guerra y su resultado era previsible, como para intentar captar simpatías del Virrey en esos momentos.[2]

Por otro lado, además de los Nobles indígenas y de los mestizos cuzqueños o altoperuanos, se hallaban los indígenas puros, casi sin integrar en la sociedad americana, y que sirvieron en el Ejército Real. Contrariamente a lo que comúnmente se cree, estos indígenas también fueron en su mayoría fieles a la Corona de España durante la guerra de independencia de América.

Varias son las unidades formadas con sus parcialidades, no sólo en el Alto Perú, sino también en el Perú y aún en Chile. La mayoría de ellas rindieron importantes servicios a la Corona hasta el último tiempo de la guerra.

De todos ellos, los que sin duda destacaron por su valor y ferocidad fueron los Araucanos del Sur de Chile.

En la expedición a Chile en 1813, estos indios araucanos y su Cacique Villacurá se manifestaron fieles y adictos al Rey, celebraron a su modo la llegada de las tropas, y juraron con las expresiones más vivas de júbilo y respeto no ceder a las pretensiones de Chile y:

“formar para la defensa del Rey, una muralla de guerreros en cuyos fuertes pechos se embotarían las armas de los revolucionario y aún quisieron partir muchos a Chillán para mezclar su sangre con la de los soldados del suspirado Fernando. La ilustre asamblea de Araucanos tuvo término después de haber recibido los caciques medallas de oro con el busto del soberano y otros de plata, con un bastón de cada uno.”[3]

El 24 de septiembre de 1817 se anotaba en el Libro Manual de la Tesorería del Ejército Real de Talcahuano que, “cuatro Caciques, nueve Mocetones y tres Lenguaraces, han venido a notificar su fidelidad al Soberano y a ver el modo de contribuir con las armas del Rey”.

El 7 de octubre hacen lo propio los dos Caciques de Tucapel, ofreciendo sus lanzas –guerreros- para pelear contra los independientes.[4]

Estos araucanos eran excelentes jinetes y diestros lanceros usando sus largas lanzas de caña de Coligüe, que podían alcanzar hasta tres metros de largo. No usaban uniformes sino ropas naturales, consistentes en ponchos tejidos en sus telares y colores blancos, negros, azules o rojos, con diseños que les eran particulares, llevaban “chiripás” y botas de potro con espuelas que podían ser de madera o de plata labrada según la dignidad del propietario.

De las provisiones del vestuario entregado a los jefes de esos fieles araucanos hemos podido reconstruir el uniforme que llevaban los Caciques, los Capitanejos y sus Tenientes. Los primeros llevaban casacas de paño azul de primera calidad, con las vueltas, vivos y divisas de casimir grana y el forro de bayeta blanca. Llevaban galón de plata adornándolas y dos varas de “coronelas” (los tres galones que denotaban el empleo o el grado de Coronel) también de plata. Las casacas llevaban un total de una y media docenas de botón de hilo de plata, lo que indica que tenían solapas, aunque iban abrochadas con broches. Los chalecos eran igualmente granas de casimir con botones chicos de plata en cantidad de una docena. El calzón podía ser grana o azul y se les entregaron botas altas a los caciques. Sus sombreros eran clásicos con cabos de plata y escarapelas de paño encarnado y cintas.

Cacique araucano realista, vistiendo la vieja casaca de Coronel que había recibido años atrás su padre

Una antigua práctica del “Sistema Borbónico de Defensa” consistía en integrar a las comunidades indígenas retiradas de las zonas más habitadas, en las tareas de la defensa y control de las fronteras. Ello se lograba nombrando jefes militaresa los que eran de las tribus y clanes, reforzando su autoridad por diversos métodos y así se podía contar con su movilización llegado el caso.

Para ello se les entregaban, además de otros presentes, uniformes militares con divisas de empleo, medallones con el retrato del Rey, golas e incluso banderas.

La contrapartida eran sus servicios militares cuando se necesitaba disponer de fuerzas mayores o ejercer un mejor control de una determinada región.

Así, cuando el Brigadier D. Antonio Pareja llevó a cabo la marcha al sur de Chile, recibió la vieja lealtad al Rey de las Españas de los indios araucanos.

Los Capitanejos llevaban un uniforme similar pero sin las “coronelas” de plata y solo galón en las vueltas y cuello, calzón azul, sombreros con escarapela y cintas pero sin galón y, probablemente, las botas de potro típicas de los araucanos.

En tanto, los Tenientes llevaban chaquetas de paño de la estrella de color azul con divisa encarnada y botones de plata.

En 1819 se hallan provisiones que señalan que los Capitanejos llevaban casacas encarnadas con divisa azul y guarnecidas de cordones blancos.

(Tomado de “Los Realistas” (1810-1826) Virreinatos del Perú y del Río de la Plata y Capitanía General de Chile, de Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, pp. 86, 87, 88)


[1]  Tómese como ejemplo la referida sublevación de 1814 (Pumacahua) reprimida por las propias fuerzas cuzqueñas del Ejército Real.

[2] AHC (Archivo Histórico del Cuzco). Gobierno Virreinal 1822/24 Leg. 2 (N° 156) “Expediente sobre que se continúe en esta capital el Paseo del Pendón Real…”.

[3]  “El pensador del Perú” -1813, en Colección de Historiadores y Documentos para la Independencia de Chile. Tomo IV, pág. 101-102.

[4] AGNP (Archivo General de la Nación Perú), Fondo C-15. “Libro Manual de la Tesorería del Ejército Real”, del 22 de agosto de 1817 al 18 de febrero de 1818.



Un ecuatoriano dijo: Jorge Núñez Sánchez

La revolución de el 9 de octubre de 1820 fue el inicio oficial de la última fase del proceso separatista  (mal llamada independencia) de Quito respecto del resto de las Españas. A propósito de la conmemoración de la Independencia de Guayaquil este 9 de octubre de 2012, recordemos este juicio histórico sobre la “Independencia” del reconocido historiador Jorge Núñez Sánchez -actual Subdirector de la Academia Nacional de Historia de la República del Ecuador-:

Jorge Núñez Sánchez

«Para nosotros, esa Independencia equivale, en buenos términos, a una reconquista europea. Sólo que los métodos de la nueva metrópoli se adecuan a cada lugar y circunstancia: en el Lejano Oriente, cañonea China para abrir sus puertos, al “libre comercio internacional”. En América Latina obtiene lo mismo financiando la Independencia y firmando Tratados de “Amistad, Comercio y Navegación” con los nuevos países. En la práctica, este “libre comercio” -que nuestra historiografía tradicional exalta y opone al “tiránico monopolio español” – serán tan nocivo que arruinará del todo nuestro otrora vigorosa industria, previamente afectada por el comercio inglés de contrabando.»

-Jorge Núñez Sánchez, en EL MITO DE LA INDEPENDENCIA, 1976.



Leyenda rosa austracista y anitiborbonismo en torno a las “independencias americanas”

ARTÍCULO APARECIDO ORIGINALMENTE EN: http://dignidaddigital.com/

EL NACIONALISMO Y SU CONCEPTO DE LA HISTORIA

Leyenda rosa austracista y anitiborbonismo en torno a las

“independencias americanas”

Enviar Compartir Aumentar  tamaño Reducir  tamaño

 El nacionalismo toma la Historia como la oferta más conveniente de un supermercado. A gusto del consumidor, pues. Curiosa, peligrosa y asoladora es la pobreza de argumentos que se reitera en los secesionismos ibéricos, y sobre todo con un tema estrella: Los Borbones…. Y es que nunca disculpamos el deplorable sistema del despotismo ilustrado, esto es, la exacerbación definitiva del absolutismo. En España, curiosamente, un periodo muy alabado por los republicanos… Y que en verdad no trajo más que desgracias. Tampoco disculparemos los desórdenes de las –acaso mal llamadas- Cortes de Cádiz, manipuladas por una minoría oligárquica golpista cuyo modelo nos atenaza hasta hoy.

Nacionalismo e Historia no casan. Tampoco parecen casar nacionalismos y objetividades. Como todo producto o subproducto romántico, el nacionalismo hace “novelesca” la realidad, lo que implica una continua deformación, idealización y “partidismo”, cuando no directo sectarismo. Una suerte de “Alicia en el país de las maravillas” que se acaba enredando más que la pierna de un romano.  El nacionalismo toma la Historia como la oferta más conveniente de un supermercado. A gusto del consumidor, pues. Curiosa, peligrosa y asoladora es la pobreza de argumentos que se reitera en los secesionismos ibéricos, y sobre todo con un tema estrella: Los Borbones…. Y es que nunca disculpamos el deplorable sistema del despotismo ilustrado, esto es, la exacerbación definitiva del absolutismo. En España, curiosamente, un periodo muy alabado por los republicanos… Y que en verdad no trajo más que desgracias. Tampoco disculparemos los desórdenes de las –acaso mal llamadas- Cortes de Cádiz, manipuladas por una minoría oligárquica golpista cuyo modelo nos atenaza hasta hoy.

Con todo, ¿la América Española se independizó por culpa de los Borbones? Parece ser el lema preferido para justificar la rebelión comandada por las oligarquías contra la Corona…. Y dentro de ello, los Borbones tenían como afición discriminar a los criollos. Tanto que el limeño Pablo de Olavide fue ministro de Carlos III y el payanés Joaquín de Mosquera y Figueroa llegó a firmar en nombre de Fernando VII….

También dicen que claro, que la culpa la tuvo la expulsión de los jesuitas que comandaron España y Portugal… Y por eso, sin hacer un análisis desapasionado sobre el verdadero papel de la Compañía en las misiones guaraníes (Un auténtico estado paralelo y nada de paraíso en la tierra, por favor, dejémonos ya de utopías….) y justifican el espíritu vengativo y letal que se extendió desde Inglaterra a los Estados Pontificios. El historiador ecuatoriano Francisco Núñez Proaño (https://coterraneus.wordpress.com) nos informó de documentos jugosos: Manuel de Roda y Arrieta, ministro de Gracia y Justicia, dice en 1766:”Creo que se habrá Vd. escandalizado al oír y ver el modo con que esa Corte (de Roma) se porta con el Príncipe de Gales (Carlos Estuardo) por respetos al Rey Jorge (III). Vea Vd. si conviene hoy la doctrina de los que aconsejan en Monte Cavallo (palacio del Papa) con la de Belarmino, Mariana, Suárez, etc. y con la que siguió Sixto V (1585-90) y sus antecesores, queriendo despojar de la corona a los soberanos de Inglaterra y de Francia con pretexto de la Religión y haciendo lícita la desobediencia de sus vasallos y los regicidios y todo lo demás que Vd. ha leído y sabe. Yo fui testigo del extraordinario cortejo con que ahí se trató al Duque de York (hermano de Jorge III) y en otro tiempo nos hubieran excomulgado a todos los que hablásemos con un príncipe hereje. Es gran cosa la doctrina acomodaticia y la ciencia media.” José Nicolás de Azara, procurador de la embajada de los reinos de España en Roma, que dejó dicho en 1770: “Por más que los franceses se hayan persuadido a que conseguirán el ajuste con Inglaterra, yo no me lo he podido persuadir, no por razón alguna, sino por aquello que llaman corazonada y por conocer un poco la insolencia de esos isleños. No quiero poner a la parte con esto las instigaciones de los jesuitas para soplar el fuego contra los Borbones, como que esa es la única venganza que queda a la gente más vengativa del mundo, porque decir esto parecería proposición de jansenista. Lo que no obstante es verdad irrefragable es el odio que un pedante llamaría vatiniano con que dichos jesuitas viven contra todo lo borbónico y que sólo tienen igual en esto a la venerable Corte de Roma, desde el papa (Clemente XIV) inclusive hasta los monaguillos de San Pedro. (…) Se les conoce la alegría por los semblantes, porque creen que en una campaña se nos han de tragar los ingleses. Desde que Roma es Roma no se ha visto aquí la multitud de isleños que hay este año. (…) He dicho a Vd. arriba que el papa es inglés de corazón. Digo, en conclusión, que toda esta brigada es tan inglesa y más que lo restante del lugar y que se dice a boca llena que el papa piensa como ellos.”

Bien, es posible que de estos documentos, algunas cosas nos parezcan exageradas y hasta irreverentes, ¿pero por qué nadie los saca a la luz como fuente lógica para análisis previo de los terribles procesos que se dieron a posteriori? ¿Por qué tenemos que escuchar sólo una voz, desde los jesuitas a los oligarcas criollos que mezclaban la escolástica con Rousseau?

Por otra parte, no todos los independentistas fueron doctrinarios liberales o masones (En todo caso, de eso también hubo en el otro bando), pero ciertamente, las independencias americanas fueron el absoluto campo de experimentación de estas “corrientes”. De hecho las logias masónicas celebran este acontecimiento como si fuera suyo. De derecha a izquierda también se justifica al único bando loado por propios y extraños. Por eso mismo, tampoco disculpamos a aquellos que ejercen demasiado el refrán del que no se consuela es porque no quiere, diciendo que la rebelión no fue contra España y que Simón Bolívar y José de San Martín fueron perseguidos por los liberales…. Creemos que ni el integrismo, que evolucionará lógicamente a la democracia “cristiana”/política de sacristía, llegó a semejantes exabruptos. Ese mismo integrismo que se decía “accidentalista” (En España las secuelas llegarán hasta la CEDA en la II República) en cuanto a la forma de gobierno y resaltaba a Gabriel García Moreno, obviando interesadamente que el gran ecuatoriano era monárquico. Sea como fuere, ya puestos, también habrá quien diga que Cánovas fue perseguido por los liberales, al igual que Robespierre terminó perseguido por los revolucionarios y Trotsky por los comunistas… Total, puestos a decir…. No obstante, le reconocemos el humor al pseudo-argumento. Hace falta humor, mucho humor, para justificar a Bolívar y San Martín desde una perspectiva “nacionalista de derecha” diciendo que, claro, que fueron perseguidos por los liberales y, ojo, sobre todo en sus últimos días. Que conste que todavía no sabemos qué pretenden con esto…. Nos olemos que alguno poco más o menos viene a decir que San Martín y Bolívar fueron “verdaderos tradicionalistas” o algo así…. Y es que en verdad, si uno se pone a estirar, San Martín y Bolívar serán…. De todo menos de verdad. Porque por más que al oligarca mantuano Hugo Chávez lo reivindique desde su pseudo-marxismo, lo cierto es que Karl Marx lo puso como mil trapos. Ya Marcos Pérez Jiménez lo había reivindicado desde el nacionalismo, y es una pesada losa que tiene Venezuela, pues, con esa religión paralela bolivariana que todo el mundo asume, la cortedad de miras se hace más que evidente. En la “oficialidad colombiana” también ha sido así, no obstante, siempre ha habido historiadores críticos para con el proceso independentista, desde el mismísimo presidente Alfonso López Michelsen hasta Luis Corsi Otálora en nuestros días. El problema es que ya se mire desde la perspectiva que se mire, parece que el tema de las “independencias” americanas es como Zapata: Si no gana, empata.

Con todo, lo cierto es que estos “próceres” apenas llegaron a “conservadores”. Tan cierto como que sabemos que Bolívar murió arrepentido, diciendo que América era ingobernable y que lo único que se podía hacer era emigrar. A su vez, prócer máximo de las “independencias”, el “Precursor” Francisco de Miranda, revolucionario en Francia y agente de Inglaterra, y que fue traicionado descaradamente por un Bolívar que a su vez quiso traicionar su causa ofreciéndose voluntario a Wellington para combatir a Napoleón en la Península (Después de ayudar con su actitud a una estrepitosa derrota militar), también murió profundamente arrepentido y desde la gaditana cárcel se ofreció voluntario para ayudar en la reunión de Venezuela con su Madre Patria.

En España contamos con una figura relativamente parecida: Francisco de Paula de Borbón, quien fue un furibundo masón mas murió bastante piadoso. Vidas relativamente parecidas, al menos en cuanto a camaleonismo y a radical militancia masónica se refiere. Pero mucho daño dejaron hecho. Y aun así, no he visto que nadie reivindique a D. Francisco de Paula. Al final es lo de siempre: La Historia como la oferta que más conviene de un supermercado…Y no en vano, recomendamos a esos ciertos nacionalistas que sepan que los “libertadores” siempre fueron muy alabados por los liberales españoles. Miguel de Unamuno por ejemplo tenía especial fijación por Bolívar, según él, constructor de una ¿Máxima Hispania?, aunque nunca explicó semejante “boutade”.

Nos siempre reconoceremos los errores cometidos por la política dirigida por la Casa de Borbón. No obstante, no dejamos de “denunciar” esa suerte de “leyenda rosa austracista” que parece darse en los nacionalismos secesionistas de todo el mundo hispánico, esto es, de la Península a las Indias. No sólo, ciertamente, pero concretamente en esta rama se da bastante. “Leyenda rosa austracista” directamente proporcional al “antiborbonismo”. En cambio, vemos que esta postura no es histórica propiamente dicha, sino que es moldeada en base al interés partidista. Y decimos esto, porque, por ejemplo, los secesionistas “vascos” jamás resaltan el gran apoyo que el Reino de Navarra y las Provincias Vascongadas dieron a Felipe V; sin ir más lejos, el mismo Blas de Lezo, de guipuzcoana cuna, que a los años infringiría –en Cartagena de Indias- a Inglaterra y sus colonias la derrota más humillante de su historia. Parece que tuvo que llegar el insigne colombiano Pablo Victoria con su excelente libro para que por fin supiéramos de este héroe de la Hispanidad. (*)

Claro que no vemos como buena política los Decretos de Nueva Planta; empero, nadie dice que Felipe de Anjou no sólo no es que no tocara los fueros vascongados y navarros, sino que los potenció. Asimismo, fue un Borbón, esto es, Carlos VII de España el que al cabo de más de siglo y medio devolvió a los pueblos de la Corona de Aragón la integridad de su “política propia”, así como fueron los Borbones los que acabaron con el monopolio andaluz-americano y abrieron bastantes puertos para América, entre ellos el de Barcelona y los Alfaques de Tortosa.

Esta “leyenda rosa austracista” olvida que muchas políticas practicadas por la Casa de Austria, políticas bien señaladas por José Antonio Ullate en el libro “Españoles que no pudieron serlo” (Ed. Libros Libres), por ejemplo. Los Decretos de Nueva Planta ya fueron anunciados por el conde-duque de Olivares.

“Leyenda rosa austracista” que olvida la irresponsabilidad de un usurpador archiduque que entró en la Península a principios de la dieciochesca centuria rodeado de una indeseable cohorte de jansenistas y protestantes de toda clase. Una fracción de ellos, holandeses para más señas, se dedicó a violar monjas en El Puerto de Santamaría, como bien recordó José María Pemán en “La Historia de España contada con sencillez”. Y aún nos queda (Y Dios sabrá hasta cuándo) la infamia de Gibraltar como recordatorio hiriente, perenne.

“Leyenda rosa austracista” que olvida que el josefismo austriaco fue igual de negativo y asfixiante –por no decir más- que el regalismo borbónico. También olvida que Austria se repartió como botín junto con Rusia y Prusia a la muy católica Polonia, a los no muchos años después que el bravo y determinante Juan Sobieski derrotara a los otomanos que ya se echaban sobre Viena.

“Leyenda rosa austracista” que ha llegado a calar hasta en el tradicionalismo, pues;  y que olvida que, por encima de ciertas “fijaciones”, a lo que asistimos es a la consumación de la crisis de la “política de la Cristiandad” y el correspondiente advenimiento de una “gran era revolucionaria” que hasta hoy padecemos. Y otro olvido que tiene es el papel de la Casa de Austria en la consumación de la muy corrupta España liberal, en especial desde los tiempos de un Alfonso al que llamaron el XII que se decía “católico como sus antepasados y liberal como sus tiempos” (Con un cinismo bastante parejo al que usó Bolívar), y a posteriori, con ese bravo caballero de la Legitimidad que fue D. Jaime de Borbón, Jaime III de España, a quien se le negó el ingreso en el ejército austrohúngaro, amén de que se le vetaron matrimonios por buena parte de Europa gracias a las gestiones habsbúrgicas contra el que llegó a ser brillante oficial de la Rusia zarista y uno de los más sacrificados patriotas españoles de los últimos tiempos.

Y es que, en eso del “antiborbonismo”, que curiosamente se ve tanto en la influencia de la literatura republicana como en buena parte de la dialéctica falangista, jamás vi a ningún nacionalista argentino quejarse de cómo los Borbones crearon el Virreinato del Río de la Plata, en verdad para perjuicio de la extensión territorial del Perú, que por cierto, teniendo quizá este “motivo antiborbónico”, sin embargo fue un bastión realista.   Los Austrias tuvieron que lidiar con “guerras civiles” entre conquistadores/encomenderos, los Borbones con “guerras sociales”, y todo en una España cada vez más cercada de enemigos y siempre falta de posibles precisamente por eso mismo, o al menos en parte… Son tantas cosas…. Y son procesos históricos complejos, pero siempre es cómodo buscar una culpa fácil….

Para remachar esta temática, me gustaría transcribir cierta correspondencia con el mentado Francisco Núñez Proaño. Yo le indiqué que el historiador Antonio Domínguez Ortiz, cuya enciclopedia me guió bastante en la carrera, ya se “atrevió a preferir” a los Borbones sobre los Austrias, claro que él lo hacía desde una óptica “liberal-ilustrada” como quien dice. No obstante, ejerciendo ese “atrevimiento”, ¿podemos colegir que en verdad los Borbones, ya liberados del “yugo europeo” que tanto nos desangró, miraron en verdad más por los intereses de las Españas que la mitificada casa de Habsburgo? El colega quiteño me indica que la política borbónica en lo comercial fue desastrosa para Quito, es claro que no todo fue perfecto. Sin embargo, y como ya lo explicó en algún artículo, el crecimiento demográfico de la Audiencia fue sostenido durante todo el siglo XVIII, lo que refleja que la situación no era nada, absolutamente nada grave, comparada con lo que se vino después de la “independencia”.

Además era evidente que se necesitaban reformas de índole administrativa, no se podía seguir con políticos de hacia tres siglos, con una población mayor y por tanto más compleja que los dos primeros siglos de imperio en América. El barón de Humboldt cuando estuvo de visita en Quito a comienzos del siglo XIX, reportó en sus escritos que la ciudad en general y más los aristócratas (sus haciendas no tenían nada que envidiar a las casas de la aristocracia europea) tenían un nivel de vida admirable, mejor que en muchos lugares del Viejo Continente.

Y es que la política de prohibir a las flotas comerciales que dejaran pasar por Portobelo en la actual Panamá, impidió que los textiles quiteños salieran al mercado que tenían antes, causando el cierre de muchos talleres. Así también se dificultó el ingreso de mercaderías de Europa, y así, política y comercialmente pasó a depender del sur, de Lima (Virreinato y Consulado), a pesar de que pertenecía a Nueva Granada. Por otro lado la política de cierto comercio libre que se abrió en América tampoco benefició a la industria quiteña, que se fue reduciendo de a poco.

Obviamente eso afectó a la economía local. No es coincidencia que en el acta de la junta de Quito del 10 de agosto de 1809 se nombre a Panamá como parte del territorio jurisdiccional que se atribuía esa misma junta. Tampoco se niega, y menos en el campo de los principios, que es verdad que haya habido algún monarca malo o políticas negativas, pero eso pasa, el rey muere y viene otro; el principio jerárquico no deja de ser principio. Claro, ahora la realidad contunde de otras formas, pues si a los Borbones se les critica por su actuación, sobre todo en el ámbito económico-administrativo en América, y aún más, se justifica así la independencia debido a esta razón, y aceptando la tesis oficial y nacionalista (leyenda rosa) que hubieran sido desastrosos y un “fracaso” para las Españas, motivo por lo que merecen el rechazo… ¿Por qué no rechazar entonces las repúblicas americanas y sus gobernantes, que han causado mucho, muchísimo más daño que cualquier rey Borbón a nuestro continente? ¿Por qué seguir dándole oportunidades a un sistema que ha demostrado dos siglos de inutilidad? ¿Por qué a los monarcas hispanos no se les dio otra oportunidad?

Vuelvo a pensar en el tema: Algunos achacan el excesivo peso de Francia conforme al Pacto de Familia. Bueno, no es moco de pavo. No obstante, cuando Carlos III pudo, luchó para recuperar el Rosellón y la Cerdaña que tontamente habíamos perdido con los Austrias, al igual que sufrimos la separación de Portugal con los mismos. Este rey, con todos sus defectos (Como ser el único en fundar una compañía negrera para España, algo ciertamente repugnante), siempre miró por nuestros intereses. Fue el rey que más luchó por recuperar Gibraltar, el que de hecho recuperó Menorca y puso contra las cuerdas a los británicos en el Nuevo Mundo varias veces. La España y la Francia borbónicas tenían en mente que el enemigo era Gran Bretaña, la misma que había dicho que a España había que vencerla en América y no en Europa. El problema para con Francia es como decía Juan Vázquez de Mella, si bien nos podíamos entender en algunos aspectos y no deja de ser un país con una tradición y unas influencias en verdad más similares de lo que podemos pensar a priori, es una nación epiléptica y condenada a grandes escarmientos, y realmente nos influenció para mal y nos usó… En fin, en ese difícil equilibrio de potencias jugó la España del XVIII, que no dejó de ser considerada eso, una potencia, venida a menos pero potencia, hasta que se confirmó la Revolución…. Casualidades de la vida….Y tanto como se achaca también la masonería a los Borbones, en cambio en el sur de Italia, donde son recordados con veneración, fue la masonería comandada por el genocida Garibaldi la que luchó a muerte contra ellos y esquilmó al próspero pueblo al que por entonces gobernaban con estabilidad.

No confundan mi postura: Para mí Felipe II es un ejemplo fúlgido de monarca y que conste que este debate es historiográfico y general, y en todo caso, de “historia política”, pues lo que tenemos hoy es harina de otro costal… No metan a Juan Carlos y compañía en este debate, por favor… Pero vean que al tratar este tema, muchas veces nos topamos ante ideología y/o nacionalismo; nada que ver con la Historia.

(*) “El día que España derrotó a Inglaterra”, Pablo Victoria Wilches. Ed. Áltera, 2005.

Antonio Moreno Ruíz

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.com



NOSOTROS NO LO CELEBRAMOS

PARA QUE TE INFORMES:

NADA QUE CELEBRAR EL 24 DE MAYO: “La situación de Flores en el sur, se hizo más problemática por la existencia de fuertes sentimientos pro-hispánicos entre algunas personas de la anterior Audiencia de Quito. LA LEALTAD A ESPAÑA NO DESAPARECIÓ CON LA DERROTA DE LAS FUERZAS VIRREINALES EN EL PICHINCHA. Tampoco tranquilizaban al Ecuador las opresivas exacciones de dinero y propiedades llevadas a cabo por el Libertador y sus segundos mientras se preparaban para invadir al Perú en 1822-23. EL GENERAL SUCRE ADIMITÍA QUE LA IRRITANTE CONDUCTA DE SUS SOLDADOS Y LA IMPOSICIÓN DE FUERTES IMPUESTOS HACÍAN SENTIRSE A LOS ECUATORIANOS  COMO EN “TERRITORIO CONQUISTADO”… Para las fuerzas bolivarianas, el sur era poco más que una región a la que había que explotar para apoyar las continuas campañas militares contra el ejército realista del Perú. En sus esfuerzos por completar la liberación del Perú, Bolívar y sus subordinados procuraban enganchar hasta el último recluta disponible y extraer hasta el último peso de esa apesadumbrada tierra. Tan duras medidas provocaron resentimientos contra los “libertadores” del norte, y PROVOCABAN DUDA EN LA MENTE DE LOS PATRIOTAS ECUATORIANOS SOBRE LAS BENDICIONES QUE HABÍA TRAÍDO LA INDEPENDENCIA… Otra fuente de fricción fue la  POLÍTICA DE BAJOS ARANCELES O “LIBRE COMERCIO” MANTENIDA PORLA GRAN COLOMBIA, la misma que permitía que los textiles BRITÁNICOS de bajo precio inundaran aquellos mercados que anteriormente habían sido abastecidos por los obrajes serranos.” –Mark Van Aken.

ESTO SIGNIFICÓ LA INDEPENDENCIA, VASALLAJE HACIA INGLATERRA: “Aceptando las exigencias británicas dentro de los rumbos trazados por Bolívar” el 18 de abril de 1825 se firmó entre los plenipotenciarios de Gran Bretaña y la Gran Colombia el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, “que no difiere sustancialmente” de los tratados celebrados ese mismo año por las Provincias Unidas del Río de la Plata y Chile, y más tarde por Perú y México con la gran potencia talasocrática. Para cuando el Ecuador se constituyó como un Estado “soberano” separado de la Gran Colombia en 1830, ya tenía normadas sus relaciones exteriores, comerciales y políticas, en condiciones de exclusividad con Inglaterra, aún antes de dotarse de su norma fundamental, de su primera Constitución.

El acta de independencia de Quito del 29 de mayo de 1822 comienza con estas palabras: “En la ciudad de San Francisco de Quito, capital de las provincias del antiguo reino de este nombre”… y continúa más adelante: “…roto todos los lazos que por cualesquiera motivos ideales ligaron estas provincias a la Península”. Se habla de REINO y de PROVINCIAS, NUNCA DE COLONIAS.

QUITO FUE CONQUISTADO Y NO LIBERADO EL 24 DE MAYO DE 1822: El capacitado historiador guayaquileño Jaime Rodríguez denominaría acertadamente al proceso de separación e independencia forzada por parte de las tropas bolivarianas como “la conquista del Reino de Quito”. Los 3000 mil efectivos que ganaron la Batalla del Pichincha eran mayormente soldados reclutados en Colombia, Venezuela e Inglaterra como correspondía al ejercito multinacional que había armado Bolívar, sin embargo no se encontraban quiteños en el mismo.
Julio Albi explica el siguiente dato fundamental acerca de la batalla de Pichincha:
“El Ejército realista, en la que sería su última batalla en el reino de Quito, estaba formado sobre todo por americanos. Los jinetes procedían todos del reclutamiento local (criollos y quiteños por tanto). En cuanto a los infantes, el batallón de Tiradores de Cádiz era ‘casi todo de europeos… y los otros Cuerpos españoles o realistas, compuestos de americanos’ ”
Ingleses versus quiteños: Papel destacado en esta batalla fue el protagonizado por el Batallón Albión, compuesto es su totalidad por británicos.

Wilfrido Loor habla: “Engreído con el espíritu de su siglo, González Suárez, no se dio cuenta de que el hijo de España se adaptó al medio geográfico y social de su tiempo para vivir de realidades, y el hijo de la República se independizó de ese medio para vivir con la teoría de cuatro soñadores que hicieron de América la tierra propicia de las revoluciones…”

Carlos Enrique Lasso Cueva dice: “LA INDEPENDENCIA…!Sangre derramada en vano, por el interés de Inglaterra de apoderarse de los recursos naturales de estas tierras, y de su comercio, que eran monopolizados por España. La “gesta” de Bolívar según Alfonso Rumazo costó 600.000 vidas. Gente inmolada en aras de las potencias mercantiles europeas de las que Bolívar era representante y agente. La tesis fue imponer la separación de España que impedía ese libre comercio. No fue una guerra popular reclamando conquistas sociales. Fue la clase dominante criolla, la oligarquía sudamericana, la interesada en “independizarse” para poder hacer y deshacer a su antojo, sin el impedimento de ciertas leyes españolas. Roto el vínculo con España, la gente del estado llano, las masas populares, quedaron en manos de esta clase dominante criolla que empezó a gobernar a la maldita sea, pero en su exclusivo beneficio. La gente sencilla jamás se involucró en la guerra de independencia, pues les daba lo mismo que ganara uno u otro bando, ya que sabían que “era una pelea entre blancos” y que no importa quien ganara, su suerte siempre iba a ser la de Caín cuando dios lo maldijo. las levas atroces de Bolívar en cada ciudad y pueblo eran sangrientas, espantosas, porque nadie quería servir a ninguna de las dos causas. A la fuerza los hombres jóvenes eran incoporados a la milicia. A servir a la causa burguesa y británica del libre comercio.”

VAE VICTIS

La historia la escriben los vencedores

___

NOSOTROS NO LO CELEBRAMOS

Se aproxima el 24 de mayo, y, como siempre, todo recuerdo y mención del hecho ocurrido hace ya 190 años se remite a unas pocas ceremonias y la versión oficial que trata del tema. Estoy hablando por  supuesto de la Batalla de Pichincha. La mal llamada “guerra de la independencia”(guerra civil hispanoamericana), impuso, gracias a la propaganda que los medios de desinformación controlada por los liberales, a la historia del Ecuador, la idea de que nuestras fiestas “patrias” deben celebrarse en los días en que las fuerzas de la subversión liberal-masónica al servicio de Gran Bretaña.  Así, fechas como el 9 de octubre, el 24 de mayo, el 3 de noviembre entre otras, son feriados nacionales. Y bien, me estoy preguntando: ¿Para qué cuestionar tan excelsas fechas que tan solo nos recuerdan la gloria y victoria de esas revoluciones? Muy simple, y a la vez complejo. No quiero tomar, queridos lectores, demasiado tiempo, sí, en cambio, informar de a poco el porqué, desde un punto de vista revisionista de la historia (que es lo que siempre se trata de hacer, ver las versiones de los dos lados y sacar conclusiones) de negar el título de fiestas, y mucho menos de “patrias”.

Planteado el objetivo de estas líneas, procedemos a “deshuesar” en poquísimas líneas el pavo.

El 24 de mayo, llamada “batalla de la Independencia”, se dio por diversas circunstancias que es preciso revisar de a poco. Ya abierto el canal de fuego de las fuerzas liberales comandadas por Bolívar, el general Antonio José de  Sucre se dispuso a “liberar” al Reino de Quito, en manos de las fuerzas leales al Imperio desde 1812. Así, el 23 de mayo llega por el sur, precisamente el Valle de los Chillos, escala las laderas del Pichincha para poder al día siguiente lanzar un ataque arrollador sobre la ciudad. Aymerich presenta batalla y Sucre vence. Quito es “liberada” por la camarilla de Bolívar y lo que se llamaba “Reino de Quito” es sometido a las fuerzas neo-coloniales del títere venezolano. Pero Quito, esa ciudad bastión de la lealtad a España, sumergida en sangre lo que algunos historiadores llamaron la “revolución de los Marqueses” de 1809, era un bastión del Imperio Español. El craso error que nadie ha querido entender, o mejor, más que error llamemos le “dato”, es que Quito había sido saqueada en 1810 por las tropas realistas de Lima. Por ello, el 24 de mayo, que lejos de ser una fecha que se deba conmemorar como “patria”, fué la respuesta de Quito a las tropas virreinales del Perú. Es que en sí la actitud de los quiteños para con la Patria grande había desembocado en esta actitud de  odio al virreinato de la Nueva Castilla porque el momento en que se dio la represión de 1810 contra los Marqueses y nobles criollos rebelados en la capital de la Audiencia, las tropas virreinales, los “zambos” de Lima(tropas negras al servicio del Virrey), no solo que habían aniquilado a los subversivos, si no que cometió el error terrible el mando español de que la ciudad fuera saqueada, sometida al pillaje de los afro-indios del Perú, que poco perdonaron aquel fatídico día de 1810. En este sentido, el  odio de Quito no era ni mucho menos contra la Patria Grande, si no contra la guarnición del Virrey del Perú que se había metido en la ciudad a sangre y fuego. Quito tuvo su venganza, a un precio terrible, pues su libertad, tan bien mantenida y estabilizada con el Imperio, se rompería, y tendrían que pasar 40 años antes de que otro hispánico y americano a la vez de pensamiento restaurara a Quito a su estabilidad, ya para ese momento llamada “Ecuador”. Más aún, terrible resulta analizar los hechos que llevaron a la revuelta del 9 de octubre. José Joaquín de Olmedo, León de Febres-Cordero, Escobedo, etc., demás canallas que, imbuidos por el iluminismo franco-inglés, se levantaron ese día contra el Imperio. Pero ese levantamiento fue más allá de lo que pudo ser una mera servidumbre asumida por la aristocracia de Guayaquil. No, fue más allá, pues los infames del 9 de octubre transportaron a su revuelta, acaecida sin sangre y con mucha complicidad de los peninsulares residentes en Guayaquil, impusieron a esta ciudad, el puerto de Quito, el espíritu mercantilista imperial-chauvinista de  Inglaterra.  De ahí que hasta el día de hoy, con sus justas y honrosas, muy honrosas excepciones, el puerto de Guayaquil siempre se caracterizó por su ideología-mejor llamémosla manera de vida- siempre dispuesta al comercio y a la admiración del sistema anglosajón. No nos extrañemos, queridos lectores, entonces de ver que en Guayaquil, desde que las suciedades de la mal llamada “independencia”, haya sido siempre la cuna y morada del liberalismo y de su hijo directo, el marxismo.

Entonces nos preguntamos: Si esas no son nuestras fiestas patrias, ¿Cuáles lo son?

Será fácil entonces analizar nuestra historia, y entender que el comienzo de Quito, Quito como entidad imperial, como estado orgánico, Quito, ahora llamada Ecuador, es sin dudar la  Audiencia. Que el Reino de Quito haya existido antes no es más que la reivindicación para que nuestra tierra sea llamada la Audiencia de Quito. Pero el Reino, siendo lo que fue, el Reino fundado por los Quitus, poseía el optimismo, pero desconocía el espíritu y la voluntad, que nuestros padres españoles trajeron. Por eso, la  Audiencia, que fue la unión del Reino de Quito con Castilla la Grande, constituyó el culminar de la empresa hispánica, y a la vez el fin del antiguo Reino, y con ello nació el Quito auténtico. Que no nos equivoquemos al volver a ver al escudo de Quito el porqué bajo el yelmo español, yace el blasón castellano(Castilla, tierra de Castillos) entre dos montes (la cordillera oriental y la occidental), pues Quito ERA CASTILLA EN LOS ANDES. Por ello, el día en que el Reino dio paso a la Audiencia, ese día Quito, es decir Ecuador, comenzó a existir. Y por ello, el 6 de diciembre, si no es por ser el día más importante, debería ser uno de los más importantes de la nación, pues cuando el gran capitán Sebastián de Benalcázar fundó la Villa de San Francisco de Quito, ese día fuimos patria por primera vez. Europa y  América se habían unido en uno solo, trascendieron las dos patrias continentales, y España y Quito fueron uno. Quito existe desde entonces, y no nos referimos, queridos lectores, a la ciudad, pues no somos de carácter regionalista, más sí Quito como país. Muchos harán oídos sordos a esto, y sobre todo los costeños, imbuidos del espíritu anglosajón mercantilista que sus antepasados (con honrosas excepciones) impusieron a las generaciones venideras, se opondrán. Por qué nos extrañamos ahora que Guayaquil, como dijo Rafael Correa en uno de sus comentarios más acertados, esté luchando por su independencia si “parece ser que anhelan su verdadera patria- Miami”? Es que es el problema existe hoy por hoy. Quito es el pensamiento tradicional e hispánico, Guayaquil es el pensamiento anglosajón mercantilista (por supuesto estoy hablando del Quito tradicional, y no del actual, que de ninguna manera puede llamarse “tradicional”).

Queridos lectores, con esto finalizamos. Que muchos de los que nos lean nos quieran quemar en la neo-inquisición democrática por no comulgar con las ideas bolivarianas-alfaristas-liberales-neoizquierdistas (así de largo y absurdo es este pensamiento) nos tiene muy sin cuidado. Porque, si no revisamos hasta nuestras propias fechas de fiesta, entonces queridos lectores, no avanzamos.

¡Felices Fiestas! (?) ¡A todos!

¡Y que vuelva ya Benalcázar!

Por Carlos D. Trueba



La América del Sur – 1837: Un diagnóstico sueco.

Carl August Gosselman

Carl August Gosselman, enviado del Reino de Suecia en misión comercial a la América del Sur, en su informe número 14  sobre la República del Ecuador, dirigido a su gobierno y fechado en Quito el 20 de octubre de 1837, nos proporciona en su primera parte, “situación política”, un acertado análisis de la realidad socio-política ecuatoriana y sudamericana de entonces. En Ecuador –y en la mayor parte del continente- las situaciones socio-político-económicas, sus causas y consecuencias, a pesar de estar a más de un siglo y medio de los hechos, en el fondo siguen prácticamente iguales a lo que fueron durante los años descritos. Y todo en nombre de la “libertad”.

 Publico un extracto del primer apartado de este informe a continuación:

“… si no se puede comparar a Bolívar precisamente con Alejandro en otras cosas, puede uno, por lo menos, hacerlo después de su muerte ya que el gran estado fundado por él fue dividido y recayó en sus más ilustres generales.”

“Aunque la república del Ecuador se ha separado, por consiguiente, de los otros estados y al mismo tiempo se ha librado de todos los inconvenientes inherentes a países tan vastos con el mismo gobierno, particularmente con comunicaciones extraordinariamente difíciles, estuvo lejos de verse libre de las luchas políticas intestinas que en mayor o menor medida grado han sacudido todas las antiguas colonias españolas después de su independencia y que, para decirlo con las mismas palabras de un autor español, esto parece ser un castigo del cielo por haberse separado de su amorosa patria…. lo que más es seguro es que estas continuas pequeñas revoluciones intestinas, como recidivas después de una enfermedad, han perjudicado y debilitado a estos cuerpos políticos muchísimo más que la misma lucha porfiada que han sostenido para sacudirse del dominio español… Esta completa ignorancia de una de las más difíciles entre todas las ciencias o sea el arte de gobernar y esta falta de costumbre de, en algunos casos, gobernarse a sí mismo, son las verdades y principales causas de los movimiento subversivos y disturbios internos que han tenido que sufrir las repúblicas hispano-americanas desde la revolución (separación de España). A estas hay que añadir dos causas más, seguramente menos profundas y por consiguiente más fáciles de remediar, pero que no han dejado, sin embargo, de obrar, en el entretanto, con casi la misma fuerza destructora de las primeras. Estas son: en primer lugar, lo que casi podríamos llamar locura política, de querer hacer las constituciones de las antiguas colonias españolas tomando por modelo tomando por modelo la de los Estados Unidos de Norteamérica; y después, la inevitable influencia que los militares, o mejor dicho sus jefes, han de tener en países que, para conquistar su independencia, han tenido que atravesar el purgatorio de muchos años de luchas sangrientas. Si se miran todas las estas cosas juntas será fácil comprender que la situación política de estos estados, difícilmente haya podido ser otra cosa que lo que ha sido, y que la mayoría de ellos sean todavía, más que corrientes  repúblicas constitucionales, una especie de efímeras oligarquía militares. ‘En tierra de ciegos, el tuerto es rey’ dice el refrán, y en donde no hay quien sepa gobernar ocupa el trono el que por lo menos sabe mandar. Esta situación en que el cetro se ha trocado por la espada, es sin duda la corriente en las revoluciones… Entre los criollos españoles, por lo menos los que de ellos han elegido la carrera militar, puede decirse que el deseo de gobernar es una especie de vicio hereditario; y parece verdaderamente como si la mayoría de ellos, por  lo menos hasta ahora, hubiese creído que, desde el momento que abjuraron al rey de España y juraron  las constituciones republicanas, estaban a la vez no solo capacitados, sino también en pleno derecho de ocupar, el mejor día, el sillón presidencial. Sin embargo, lo peor de todo es que muy pocos de ellos han tenido la paciencia de esperar a que les llegara su turno, sino que tan pronto como se han asegurado de su división, batallón, o en último caso hasta de solo una compañía, han emprendido en seguida la marcha sobre el palacio presidencial, para hacer saber a su dueño que ya ha estado demasiado tiempo en el poder y que tienen ganas de probar a qué sabe el ocupar su sitio.”

“Este es en pocas palabras el argumento de las muchas revolucioncitas (en la edición sueca en una nota el autor explica el término como sigue: ‘Pequeña revolución; una palabra adecuada y comprensible solamente en las repúblicas hispanoamericanas’) que en estos último años se han puesto en escena en estos estados: y que la historia moderna de las cinco repúblicas que he visitado, es decir Montevideo, Buenos Aires, Chile, Perú y Ecuador, no es nada más que variaciones sobre el mismo tema o sea un popurrí casi imposible de recordar nombres de libertadores, generales y coroneles, de lugares en donde se han librado pequeñas batallas y se han proclamado nuevas constituciones, y de fechas de continuas subidas al poder y caídas de presidentes, dictadores y protectores. Uno se cansa de oír contar estas cosas, y no es por consiguiente extraño que las pobres naciones so pueblos –por cuya felicidad, naturalmente, todo esto se realiza, pero que han sido los que más han sufrido por ello- también se hayan cansado, y hayan ido de un extremo a otro, y que en vez de dejarse robar y matar ‘constitucionalmente’, como republicanos libres, por las milicias ciudadanas de los distintos patriotas, hayan preferido depender por cierto tiempo de la voluntad un solo dictador, al que por el momento han otorgado plenos poderes para fusilar a cuantos quiera. Esta es ahora realidad la situación del Perú, en Chile y en Buenos Aires; y para un europeo que llega allí con la cabeza llena de las magníficas constituciones liberales de estos estados –pues resultan en verdad magníficas en la hermosa y soberbia lengua española-, es para decir poco, una sorpresa desagradable cuando se halla ahora en un país cuyo supremo magistrado puede mandarle a buscar en cualquier momento y sin mediar juicio o instrucción alguna de causa, hacerle fusilar inmediatamente como le plazca, de frente o por las espaldas (En una nota del autor se explica el término ‘fusilar por las espaldas’ como ‘una variante sudamericana del fusilamiento, que se considera más deshonrosa que la manera usual’). Naturalmente todo esto no es tan grave como parece; pero es, sin embargo, lamentable, que naciones enteras tengan que recurrir a tales medios, y probablemente por largo tiempo, tengan que expiar de este modo la inexperiencia y el imperdonable prurito de sus legisladores de querer imitar a sus colegas del norte, de los cuales son, en muchos aspectos, tan distintos como el ‘Sur del Norte’, o como un español de un inglés.”

(…)

“Quito, 20 de octubre de 1837”[1]

Saque usted sus propias conclusiones.


[1] Gosselman, Carl August, Informe N° 14  – La República del Ecuador, en Revista Ecuatoriana de Historia Económica – Año IV – N° 8, Quito, segundo semestre de 1990, pág. 174 y sigs.