coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


La gran paradoja de la izquierda y la tontería de la derecha
julio 7, 2016, 4:57 pm
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La gran paradoja de la izquierda, en particular de la más recalcitrante izquierda marxista y de su vertiente cultural actual, es que se considera como la verdad más racional, coherente y científica posible, cuando en realidad no es más que la secularización de conceptos teológicos semitas, nada racionales ni científicos ni coherentes. Así, en vez de tener un mundo “malo y pecador” como lo indica la teología mentada, la izquierda tiene una “sociedad opresora e injusta” -la “sociedad” del Antiguo Régimen que es considerada la causante de todos los “males”, y de la cual seguimos arrastrando sus “reacciones”-, la solución para ambos casos es la destrucción de esa realidad “mala” -para llegar a la Jerusalén celeste en el primer caso; y de la destrucción de esa sociedad “opresora”, con la eliminación de esa “maldad reaccionaria” para llegar a la utopía igualitaria en el segundo, y cuyo resultado es un permanente “progresismo” hasta alcanzar lo inalcanzable -contrariando la naturaleza del hombre-. Por eso para la izquierda el Estado -su dios en los hechos- es la máquina de transformación de esa “sociedad” en una utopía de seres humanos abstractos, “puros” en su humanidad, donde los “pecados” biológicos, o sea la naturaleza del hombre y su diferenciación a partir de esta: el sexo (mal llamado género), las razas (o etnias si prefieren suavizarlo en la correción político al uso actual), los estamentos, las “clases” (que siguen existiendo a pesar de las clases económicas y que no son las clases económicas), son finalmente eliminados para dar paso a al Cielo en la Tierra. Por otra parte, la derecha (con d minúscula) conservadora -incluída la liberaloide- no es más que una reacción -esta sí que reacción- ante la izquierda, lo que la convierte en una tonta útil del peor tipo para los fines inalcanzables de aquella, puesto que juega en los mismos téminos, condiciones y conceptografía de su supuesta antagónica. Así que a hablar de razón, ciencia, verdad y coherencia a otro lado, giles.

tefilin



EL SOCIALISMO MARXISTA ES SÚPER CAPITALISMO

EL SOCIALISMO MARXISTA ES SÚPER CAPITALISMO

¿Cómo es que el Nuevo Orden Mundial ha sido tan exitoso en la creación de un ejército de esclavos serviles –el gil promedio- que perversamente se piensan a sí mismos como “rebeldes”? ¿Y por qué esos esclavos atacan las mismas personas que los salvarían?

Las respuestas a estas preguntas no se dan hasta que uno se da cuenta de que el socialismo marxista-comunismo y el súpercapitalismo son los mismos.

El socialismo marxista demanda que todas las funciones económicas y sociales de la sociedad estén al servicio de y controladas por el Estado. Se dice que el “Estado” representa al pueblo.

El súpercapitalismo, por su parte, exige que todas las funciones sociales y económicas de la sociedad estén subordinadas y controladas por… la corporación.

Cuando nos damos cuenta de que el Estado no es más que una empresa haciéndose pasar por un gobierno seudo-democrático nos damos cuenta de que los “malvados capitalistas” son de hecho los socialistas que sus esclavos piensan que están protestando en contra… Así se genera una protesta borrega contra el sistema, agitando banderas y repitiendo eslóganes, sin más. La estructura del poder financiero oligárquico a nivel nacional e internacional queda intacta.

El socialismo-marxista es el veneno haciéndose pasar por la cura. El socialismo depende de un monopolio estatal sobre la gente para la financiación de la conta-élite rica que controla el Estado. La contra-élite rica finge que tiene los mejores intereses del pueblo en el corazón. A medida que las personas comienzan a darse cuenta de esto, los ricos socialistas tienen que ser cada vez más opresivos con el fin de mantener el poder.

Esto es lo que está sucediendo en nuestra sociedad hoy en día. Los gobiernos son controlados por las contra-élites al servicio de finanza-sionista del Nuevo Orden Mundial y mantienen una ilusión del enfrentamiento entre izquierda y derecha, entre socialismo-marxista y súper-capitalismo. De esa manera si la libertad y la prosperidad económica comienzan a evaporarse, pueden culpar a la “derecha” (su reflejo) por los desastres creados por sus políticas marxistas. Así la gente, confiando en sus falsas percepciones, nunca apoyarán o recurrirán a las mismas personas que los salvarían de la catástrofe de la política marxista-capitalista, reaccionando hacia la derecha y dando opciones políticas y por tanto poder a los mismos con diferente etiqueta. La “revolución” necesita una burguesía fuerte para triunfar, Marx explicaba que era necesario primero la industrialización y el fortalecimiento de la burguesía, aliada del socialismo-marxista, para que la “revolución social” del proletariado se diera, la fase previa del socialismo necesariamente es el capitalismo, para finalmente alcanzar la “equidad”, palabra irónica en este punto. No sorprende entonces que el manejo económico se entregue a la derecha y el cultural a la izquierda.

La forma de salir de este círculo vicioso y nefasto es mostrar a la gente que el socialismo marxista y el súpercapitalismo son una y la misma cosa. Los “rebeldes” “anti-sistemas” cuando apoyan al “pensamiento de izquierda”, están apoyando a la misma tiranía monopolística que piensan estar en contra. El socialismo no es el poder al pueblo, es el poder al Estado-liberal-burgués, y el Estado es una sociedad anónima, una corporación, una empresa de explotación y ganancias para quienes lo controlan, el cual permite que las personas sin libertad comercialicen su trabajo en el mercado internacional en beneficio sólo de los ricos de la contra-élite del poder global. Cara y cruz de la misma moneda.



Una ecuatoriana dijo: Nancy Ochoa Antich.

Una frase profética:

“…no podemos admitir que el nuevo intelectual de izquierda reproduzca sin querer la visión pedagógica del intelectual tradicional. Nos parece que, aunque sea con la mejor intención revolucionaria, la visión pedagógica implicada en la ‘conciencia de clase’ que el intelectual pretende transmitir a través de la así llamada ‘formación ideológica’, reproduce el esquema dominador. Si bien en el intelectual tradicional servía para justificar su propia dominación de clase, en el nuevo intelectual de izquierda sirve para justificar su dominación como vanguardia política. La consecuencia lógica es que si tal vanguardia llega al poder, se convierta en una nueva clase dominante, apertrechada de antemano de la ideología justificadora de esa dominación.  En pocas palabras, nos referimos a la ideología que justifica el fortalecimiento del Estado como única vía eficaz de transformar la sociedad. Si por ‘transformación’ se entiende la industrialización del país, como lo hizo la Unión Soviética, para conseguir una sociedad igualmente dicotómica y opresora, esa transformación no vale la pena.”[1] (El resaltado es mío)


[1] Ochoa Antich Nancy, en su estudio introductorio a “El arielismo en el Ecuador”, Quito, 1986.