coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


García Moreno, en tres versiones

A la historia no la hay que rechazar ni defenderla, hay que asumirla. Como país estamos (o deberíamos estar) llegando a una madurez socio-política-histórica, dejando el maniqueísmo a un lado y comprendiendo que el Ecuador es resultado del aporte de muchos, esencialmente de su pueblo, representado en sus grandes hombres, comprendiendo que García Moreno y Alfaro fueron grandes hombres y grandes ecuatorianos. La Patria no debe enemistarlos, debe honrarlos.

Diario El Comercio publicó el día de ayer -en su versión impresa y digital-, sábado 29 de diciembre de 2012, la nota “García Moreno, en tres versiones” que comparto en el enlace: http://www.elcomercio.com/cultura/personaje-Gabriel_Garcia_Moreno-historia_0_837516262.html ; es evidente lo parcializado de la misma, en todo caso es sumamente llamativo que la mayor parte de esta se refiera al libro que edité en conjunto con la Fundación Jesús de la Misericordia durante este año, por primera vez en Ecuador: “Vida de don Gabriel García Moreno” del argentino Manuel Gálvez, y aún así, ni siquiera se me nombra.

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Es lamentable que el articulista desconozca historia y se ponga a escribir sobre ella, un dato lo demuestra: Santiago Estrella Garcés, el periodista, dice de García Moreno: “Era un “tiranuelo” –así lo llamaba Juan Montalvo”, afirma; Montalvo no llamaba “tiranuelo” a García Moreno, el literato ambateño sentenció lo siguiente del “loco”; en su “Ensayo Joya Literaria” afirma: “Para lo que ha sucedido en el Ecuador después de la muerte de García Moreno, yo de buena gana le hubiera dejado la vida al GRAN TIRANO (así, “gran tirano”, no “tiranuelo”)… de buena gana”. En el “Desperezo del Regenerador” se encuentra: “¡García Moreno! ¡Qué hombre! Este sí: ¡qué Hombre! (Hombre con mayúscula y entre signos de admiración, lo que para quienes conocemos y hemos leído la pluma de Montalvo, sabemos que es un elogio extremo) ¡Nacido para grande hombre, sujeto de grande inteligencia, tirano sabio, jayán de valor y arrojo increíbles, invencionero, ardidoso, rico en arbitrios y expedientes, imaginación socorrida, voluntad fuerte, ímpetu vencedor”. Finalmente dirá: “tirano excelso, con toda la excelsitud de su grandeza. Talento, saber, honradez, valor, energía inquebrantable de carácter, suyos son. No tuvo precedente en América”.

Para finalizar, vale decir que el libro de Juan Ortiz García ni siquiera vale ser comentado como historia, puesto que es una novela fantasiosa, producto de un resentimiento familiar que hasta el día de hoy persiste en el autor y donde se reflejan las mentiras inventadas en torno a García Moreno décadas después de su muerte. Ortiz olvida lo que uno de los personajes de su novela dijo de García Moreno -lo que no evita que le haga decir lo que nunca dijo-: El Dr. Luis Felipe Borja. Aun siendo hijo de una de las principales víctimas, y enemigo él mismo de García Moreno, sin embargo afirmó: “Uds. saben de quién soy yo hijo y cuáles son mis ideas (liberal-radical). Pues, si para bien de la Patria, me fuera a mí dado resucitar a alguno de nuestros próceres para que la volviera a regenerar, no a otro resucitara que a García Moreno.”

¡Más historia y menos periodismo desinformador!

Francisco Núñez del Arco



Intervención de Alvaro R. Mejía Salazar en el acto de presentación de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez.

Intervención de Alvaro R. Mejía Salazar –abogado, historiador y docente de la Universidad Andina Simón Bolivar, Sede Ecuador y de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito– en el acto de presentación de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez. San Francisco de Quito, 30 de agosto de 2012.

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Francisco Núñez Proaño, Álvaro Mejía Salazar y Vicente Bolaños durante la presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez.

 

Señor Francisco Núñez Proaño, responsable de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno”, del historiador argentino Manuel Gálvez.

Señor Vicente Bolaños, representante de la Fundación “Jesús de la Misericordia”, institución que ha asumido la importante tarea de editar el libro que esta noche presentamos.

Señoras y señores.

La historia oficial es escrita por los vencedores y esto comporta que inevitablemente existan sesgos en ella. En ocasiones tales sesgos pueden llegar hasta a tolerarse, pero en otras, resultan totalmente  inadmisibles. Este último es el caso del Ecuador, en lo que a la figura del Dr. Gabriel García Moreno se refiere.

Tratado por la historia oficial de los vencedores liberales como un monstruo sanguinario y un fanático ciego, la memoria de este gran hombre ha debido y debe soportar la más grande injusticia en la difusión y conocimiento de la historia patria. Injusticia que principalmente obedece a que los textos escolares y colegiales, así como la formación normalista, se han inspirado en aquellas versiones de los historiadores oficiales de corte liberal extremo. ¿Qué quién redactó las páginas oficiales sobre García Moreno en las que se inspiraron dichos textos? Pues Roberto Andrade, uno de los que disparó varias veces al cuerpo de García Moreno –no al aire, como falsamente se ha escrito– mientras Cornejo Astorga y otros lo sostenían por la espalda y Lemos Rayo le asestaba machetazos. Roberto Andrade se dedicó, auspiciado por sus amigos liberales, a escribir libro tras libro injuriando la figura de García Moreno con el sólo objeto de salvar su imagen ante la posteridad. Esa historia sobre García Moreno señoras y señores, sólo fue escrita con el ánimo de justificar a toda costa la participación directa en un crimen.

En contraposición  a este tipo de versiones oficiales, están los hechos objetivos que caracterizan la auténtica figura de Gabriel García Moreno, mismos que al no poder ser controvertidos, han sido comúnmente relegados por los historiadores oficiales. Por ello, la tarea de dar a conocer la figura real y completa del mandatario ecuatoriano más importante del siglo XIX no sólo es saldar una deuda con él, sino principalmente con nuestra historia y así lo debemos comprender. De allí que sin exageración ni elogio, los esfuerzos de Francisco Núñez Proaño para que el libro “Vida de don Gabriel García Moreno” vea nuevamente la luz, ha sido y es una labor patriótica.

Respecto del libro en sí mismo, desde su primera edición en 1942, recibió la crítica de los adeptos liberales quienes lo calificaron como una mera oda al presidente García Moreno. Estas críticas eran de esperarse: Unos estuvieron movidos por el ánimo de justificar el crimen –hijos, nietos y demás descendientes de los asesinos, que hasta hoy en día pretenden limpiar o al menos esconder la sangre de las manos de sus antepasados–, otros movidos por la formación parcializada que recibieron y otros, con el ánimo de mantener a la figura de García Moreno como el chivo expiatorio de los excesos del liberalismo. Francisco y Señores Editores, las críticas vendrán… parafraseando al Quijote de Orson Wells: Los perros ladrarán también en esta ocasión, eso únicamente significará que van avanzando.

Más allá de las críticas, este libro también recibió décadas atrás bastos reconocimientos y apertura en importantes círculos académicos e intelectuales, lastimosamente no recibió el apoyo oficial para que sus páginas fueran conocidas por el gran público y ese, considero yo, constituye el gran reto de esta primera edición ecuatoriana. Nuestro pueblo debe conocer a García Moreno en su auténtica dimensión y Gálvez así lo presenta, expone por completo la vida de este gran hombre, el camino que tuvo que recorrer hasta llegar legítimamente a la primera magistratura del Estado, las circunstancias que rodearon la toma de sus decisiones políticas –aún las polémicas–, cómo modernizó la educación y la llevó a la población marginada, a la mujer, al indio, como realizó obras para la protección y el cuidado de los huérfanos, menesterosos y prostitutas, como se ocupó de mejorar y modernizar la salud, como trajo desarrollo económico a la nación y como a él se debe la existencia del actual Estado Ecuatoriano que estuvo a punto de desaparecer en la crisis de 1859.

Esta publicación se trata entonces, señoras y señores, de la búsqueda y difusión de la verdad histórica, una tarea muy compleja cuando es necesario destruir en el ideario común falsedades enraizadas gracias a obras tan discutibles como “El Santo del Patíbulo” de Benjamín Carrión o “Se que vienen a matarme” de Alicia Yánez, libros herederos de las obras de Roberto Andrade  y Roberto Agramonte, que en el caso de Carrión buscaba fines políticos y en el caso de Yánez, simplemente la exacerbación del morbo y el aprovechamiento de la falta de conocimientos históricos de nuestro pueblo, para lograr infamemente un best seller. El reto de difundir la verdad de nuestra historia, la verdad sobre García Moreno, está planteado y nos corresponde a quienes la conocemos o nos dedicamos a su búsqueda, seguir el ejemplo de Gálvez, Núñez Proaño y la casa editorial, y pasar así del discurso, a las acciones.

Señoras y señores.



Presentación del libro “Vida de don Gabriel Gracía Moreno” de Manuel Gálvez

Con una nutrida asistencia de hombres públicos, académicos, diplomáticos, emprendedores, interesados en la historia y en la revisión histórica, y público en general, además de habernos honrado la presencia de parientes de Gabriel García Moreno; el día jueves 30 de agosto en el Centro Cultural Metropolitano de la ciudad de Quito se presentó oficialmente el libro “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez, editado por primera vez en Ecuador. En el acto intervenimos Vicente Bolaños en representación de la Fundación Jesús de la Misericordia, la casa editorial; Álvaro Mejía Salazar, abogado, historiador y docente de la Universidad Andina Simón Bolívar; y yo mismo como propulsor de esta edición:

Vista del auditorio durante la presentación del libro.

Intervención de Francisco Núñez Proaño, responsable de la primera edición ecuatoriana de la obra “Vida de don Gabriel García Moreno”, del historiador argentino Manuel Gálvez.

“La historia oficial es escrita por los vencedores y esto comporta que inevitablemente existan sesgos en ella… Nuestro pueblo debe conocer a García Moreno en su auténtica dimensión y Gálvez así lo presenta, expone por completo la vida de este gran hombre, el camino que tuvo que recorrer hasta llegar legítimamente a la primera magistratura del Estado, las circunstancias que rodearon la toma de decisiones políticas -aún las polémicas-, cómo modernizó la educación y la llevó a la población marginada, a la mujer, al indio, como realizó obras para la protección y el cuidado de los huérfanos, menesterosos y prostitutas, como se ocupó de mejorar y modernizar la salud, como trajo desarrollo económico a la nación y como a él se debe la existencia del actual Estado Ecuatoriano que estuvo a punto de desaparecer en la crisis de 1859.”

“Esta publicación se trata entonces, señoras y señores, de la búsqueda y difusión de la verdad histórica, una tarea muy compleja cuando es necesario destruir en el ideario común falsedades enraizadas gracias a obras como El Santo del Patíbulo de Benjamín Carrión o Se que vienen a matarme de Alicia Yánez, libros herederos de las obras de Roberto Andrade, que en el caso de Carrión buscaba fines políticos y en el caso de Yánez, simplemente la exacerbación del morbo y la ignorancia de nuestro pueblo, para lograr infámemente un best seller. El reto de difundir la verdad de nuestra historia, la verdad sobre García Moreno, está planteando y nos corresponde a quienes la conocemos o nos dedicamos a su búsqueda, seguir el ejemplo de Gálvez, Núñez Proaño y la casa editorial, y pasar así del discurso, a las acciones.”

Extracto de la intervención del historiador Álvaro Mejía Salazar.

Diario El Comercio (http://elcomercio.com/) -el mayor diario quiteño-, anunció en su edición impresa del día miércoles 29 de agosto de 2012, dentro de su sección Cultura la presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador argentino Manuel Gálvez. En este enlace pueden ver la página exacta del diario de la fecha: http://edicionimpresa.elcomercio.com/es/ec08292012/

¡La presentación de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez ha sido todo un éxito! Muchas gracias a todos quienes nos acompañaron, con su presencia el lanzamiento se realizó de la mejor manera posible.

Francisco Núñez Proaño

Un enlace relacionado: Invitación al lanzamiento de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez.



Invitación al lanzamiento de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez

Fundación Jesús de la Misericordia

y

Francisco Núñez Proaño

Tienen el honor de invitar a ustedes a la presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” del historiador y eximio biógrafo argentino, Manuel Gálvez, editado por primera vez en Ecuador.

Lugar: Centro Cultural Metropolitano. Auditorio “Hugo Alemán” (Calles Espejo y García Moreno, centro histórico de Quito)

Día: Jueves 30 de Agosto de 2012

Hora: 18h30 (6h30 pm) 

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Lanzamiento de “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez

El aparecimiento de un libro es siempre un acontecimiento. Publicar en el Ecuador es una obra titánica. Vida de don Gabriel García Moreno del genial biógrafo argentino Manuel Gálvez ha tenido que esperar 70 años desde su primera edición en Argentina -1942-, para finalmente ser publicada en el Ecuador este año -2012-. Después de algún tiempo -5 años para ser exacto- de tratativas de mi parte con editoriales y titulares de los derechos de autor, finalmente gracias al apoyo de colaboradores y amigos argentinos y ecuatorianos, pude cerrar el trato editorial con la Fundación Jesús de la Misericordia para sacar adelante esta necesaria biografía. Pagamos así una deuda histórica que el Ecuador mantenía con Manuel Gálvez y consigo mismo como país. Asimismo, este año conmemoramos los 50 años de la muerte del ilustre autor, homenajeándole así de la mejor manera posible: haciendo conocer su obra.

Este libro es una minuciosa crónica de la vida de uno de los hombres más notables que nacieron en tierra americana, crónica que por lo complejo de su vida y la dramaticidad de los hechos que lo rodearon, adquiere la intensidad de una obra de ficción: así como hay novelas en las que el asunto tan profundamente humano las convierte en algo que no es concebible sino como una realidad histórica concreta, así estas páginas de historia atraen como una novela en la cual se logra mostrar acabadamente el alma de un hombre destinado a la grandeza y la singularidad de su obra política, única en el mundo de su tiempo.

García Moreno encuentra en la tarea política su vocación y su destino, su vida y su muerte: Este gobernante nato intenta retornar el ideal medieval del Estado Cristiano, pero sin perder de vista la realidad degradante de su época y de su cultura. Su escenario es el Ecuador de la segunda mitad del siglo XIX, que, aunque recién nacido era recorrido por las mismas tensiones que habían convertido a las viejas naciones de Europa en campo de guerras civiles: liberalismo y conservadurismo, civilismo y militarismo, masonería e Iglesia Católica.

La vida y la muerte de García Moreno nos deben hacer pensar en la posibilidad para la América Hispana de un destino de grandeza. Si bien su obra y su persona fueron intencionadamente ignoradas –como lo fueron todos los momentos universales de nuestra propia historia-, este   olvido no significa la desaparición de su martirio: las brazas, por más apagadas que parezcan ocultan simientes de fuego.

Gálvez incluye en esta obra textos de García Moreno, necesarios para la comprensión del pensamiento político del gran ecuatoriano.

Manuel Gálvez, el autor de esta biografía, nació el 18 de julio de 1882 en Paraná-Argentina. Se recibió de abogado en 1904 en la Universidad de Buenos Aires. Durante 25 años se desempeñó como inspector de Enseñanza Secundaria Normal y Especial. Falleció el 14 de noviembre de 1962 en Buenos Aires. En 1928 fue nombrado miembro correspondiente de la Real Academia Española; en 1930 fundó el PEN Club de Buenos Aires; y en 1931 la Academia Argentina de Letras, apenas nacida, lo recibió como miembro de número. Al año siguiente, por su libro El General Quiroga, obtuvo el Primer Premio Nacional de Literatura. Narrador, poeta, ensayista, historiador y biógrafo, es uno de los padres de la novelística argentina, y –sin disputa- el más eminente de los escritores que cultivaron el género biográfico. En este campo, dejó obras que siempre vivirán en la literatura y en la historia de Argentina e Hispanoamérica, como su magistral biografía de Sarmiento y la inigualable Vida de don Gabriel García Moreno.

Francisco Núñez Proaño

Un enlace relacionado: Presentación del libro “Vida de don Gabriel García Moreno” de Manuel Gálvez



6 balas, 14 machetazos, un héroe.

6 balas,  14 machetazos,

un héroe: “el Regenerador de la Patria”

Asesinato y muerte de García Moreno

Estamos a punto de presenciar una escena dantesca, solo concebible en un mundo medioeval.

 

 

 

“No ha ocurrido en América una tragedia más espantosa”

Manuel Gálvez

 “.…la Patria debe gratitud, honor y gloria a los ciudadanos que la enaltecen con el brillo de sus prendas y virtudes y la sirven con la abnegación que inspira el puro y acrisolado patriotismo.

…El Ecuador, por medio de sus legisladores, tributa a la memoria del Excmo. Sr. Dr. D. Gabriel García Moreno el homenaje de su eterna gratitud y profunda y veneración, y honra, y glorifica su nombre con el dictado de Ilustre Regenerador de la Patria y Mártir de la Civilización Católica.

La República del Ecuador agradecida al Excmo. Sr. Dr. D. Gabriel García Moreno, el primero de sus hijos, muerto por ella y por la Religión el 6 de agosto de 1875.”

(Extracto del Decreto Glorificador de Gabriel  García Moreno, “Dado en Quito, capital de la República, a treinta de agosto de mil ochocientos setenta y cinco”… “Palacio de Gobierno, Quito, septiembre 16 de 1875.- Ejecútese.- José Javier Eguiguren”)

Ha amanecido el 6 de agosto de 1875. Es el día de la Transfiguración del Señor, y primer viernes del mes. García Moreno comulga temprano y vuelve a su casa a trabajar, a dar los últimos toques a su mensaje, que piensa leer por la tarde a sus ministros.

Diez de la mañana. Andrade y Moncayo van a la Plaza de Santo Domingo, por donde ya andan muchos conjurados. Encuentran a Cornejo. A las once y media, Cornejo pregunta a un edecán, a quien ve en el portón, de la casa del presidente, a qué hora saldrá su excelencia; y el inquirido contesta que no será hasta la tarde. Moncayo dirígese a la Plaza Mayor, a comunicar la novedad a los conjurados que allí aguardan. Ambos grupos se dispersan, para volver algo después. Unos van a almorzar y otros refúgianse en las casas de sus amigos que viven cerca. El calor es tan fuerte que no permite permanecer en las plazas.

Andrade está en una casa vecina a la del presidente, a cuyo morador, un abogado liberal, piensa comunicar el proyecto de asesinato y revolución. Apenas ha entrado, ve, desde la ventana, que García Moreno pasa con su edecán Pallares y con dos asistentes. Alguien dice que le acompaña su mujer; pero es preferible creer a Andrade, que lo vio y lo siguió. Lleva el presidente en la mano un pliego de papel, el mensaje, y un pequeño bastón. Andrade corre a la plaza. Nadie. Por fin se topa con Borja y ambos deciden seguir al presidente. Le ven entrar en la casa de su suegro don Manuel del Alcázar. Los asistentes se quedan en la puerta. En la casa del suegro lo notan preocupado y triste, -lo que es raro en él, pues en familia muéstrase generalmente jovial y risueño. Llega, traído por un criado, su hijito, al que abraza.

Va Andrade en busca de Cornejo y lo encuentra. Después de un rato, ven pasar a Sánchez, que se retira del cuartel, y a Juana Terrazas. Juana les dice que Sánchez teme que todo sea cosa de muchachos. Andrade convence a Juana, que- alcanza al comandante. Sánchez accede volver al cuartel; pero quiere que alguien le acompañe, e indica a Polanco. En seguida, Andrade encuentra a Moncayo y, con él, a Polanco, que se encamina al cuartel. Y en diversos lugares, a Portilla, a Bermeo y a otros conjurados.

La una y media de la tarde. García Moreno sale con Pallares. Para llegar a la casa de gobierno tiene que andar sólo una cuadra. Andrade y otros enemigos lo siguen desde la acera opuesta. Dícese que García Moreno entra en la catedral, por la puerta que da a la cuadra, y reza un breve rato; pero Andrade lo niega. Ya va llegando, el presidente a la plaza. Nada sospecha. Es de imaginar la angustia de los muchachos, el latir de sus corazones, ante el acto, que van a ejecutar. García Moreno ya empieza a cruzar la calle. Un instante más, y subirá al palacio de gobierno por el costado. Unos cuantos escalones, una ancha galería con columnas…

De pronto, Andrade y sus amigos ven a Rayo. Le ha pedido fuego a un transeúnte y enciende su cigarrillo. Viste, dice Andrade “un paletó largo y plomizo”. Andrade le dice a Cornejo que hable con Rayo. Cornejo le contesta que aún no es el momento. Andrade cree que será necesario esperar tres horas, hasta que salga el presidente. Pasan junto a Rayo sin mirarle.

García Moreno ya ha cruzado la calle y va subiendo los escalones laterales del palacio de gobierno. Andrade, Moncayo y Cornejo síguenle. Algunos transeúntes van o vienen por la galería. García Moreno ha dado apenas unos ocho pasos en la galería, cuando Rayo, a quien los otros no han visto venir, le grita “(MUERE) ¡TIRANO!”; (a lo que García Moreno responde: ¡DIOS NO MUERE!). Saca un machete y al volverse García Moreno le pega, con ademán de cortarle la cabeza, un golpe en la nuca. El asesino vuelve a gritar: “¡Al fin llegó tu día, bandido!”. Cornejo corre y sujeta a la víctima, mientras le grita que va a perecer en nombre de la Patria, lanza una interjección y le dispara un tiro de revólver. Moncayo y Andrade ya tienen inmovilizado a Pallares, que da voces de auxilio. Cornejo suelta a García Moreno: Rayo va a darle otro machetazo. Pero el presidente, al sentirse libre, corre, con el rostro ensangrentado, hacia una de las entradas del palacio. Andrade abandona a Pallares, se le adelanta a García Moreno, lo espera en la puerta y con su revólver, cuya bala no sale, le pega un golpe en el pecho. García Moreno, malherido y aturdido, retrocede y grita pidiendo socorro.

Un mulato transeúnte ha sujetado a Rayo, mientras vocifera: “¡Matan al presidente!”. Llegan otros conjurados, y a la vez que Cornejo, disparan sus revólveres al aire y gritan: “¡Ayarza, Maldonado, Borja, las víctimas de Jambelí; otros exclaman: “¡Libertad!”. Ahora Andrade, hace fuego sobre García Moreno y le hiere en la frente. Rayo, liberado del mulato, al que ha herido, cae sobre García Moreno otra vez. Él intenta sacar su revólver, pero el machete de Rayo le da en la mano derecha y le corta el dedo pequeño, que queda colgando. Rayo, que parece querer decapitarlo, le pega feroces cuchilladas de as que él intenta atajarse con el brazo, el bastoncito y el mensaje. Trastabillando, ciego por la sangre que llena su rostro, alcanza, en busca de una columna en donde apoyarse, el filo de la galería. Rayo le empuja violentamente, y él cae de cabeza y rueda por los escalones y la angosta acera hasta el empedrado de la calle. Los criminales, que lo contemplan desde la columnata, exclaman: “¡Viva la Patria! ¡Hemos matado al tirano!”.

¡Espantoso espectáculo! Huele a pólvora. Gritos, confusión, desorden. Rayo, implacable en su odio inhumano, corre hacia García Moreno, ya casi agonizante, y que, rodeado de algunas personas compasivas, quiere levantarse apoyándose en los codos. Rayo les grita que se aparten. A un artesano que se retira le lanza una interjección obscena. Hinca una rodilla en el empedrado y descarga tajos en la cabeza del agonizante, mientras lo insulta: “¡Tirano de la libertad! ¡Jesuita con casaca! ¡Muere! ¡Muere!“. Una mujer le ruega entre lágrimas que deje a su víctima. Algunos testigos oyen al mártir susurrar dificultosamente (nuevamente): ¡Dios no muere!” Otro artesano, a Rayo: ¡No sea infame!. El asesino tírale un mandoble; y como en ese mismo instante García Moreno levantara una mano, se la corta. Alguien asegurará que Rayo se le pone encima al agonizante y lo pisotea y patalea. Por fin, la cabeza del mártir cae sobre las piedras. Y entonces, los asesinos, dándole por muerto, tiran los sombreros al aire y vitorean a la Libertad y a la República. Y miran hacia el cuartel, esperando que aparezcan las tropas sublevadas por Sánchez.

Todo esto ha sido instantáneo. Apenas fue herido García Moreno alguien corrió al cuartel, con el sombrero de la víctima, para dar fe de la luctuosa noticia. En seguida, un pelotón de soldados ha tomado las armas y se ha dirigido hacia la tragedia. En el momento en que los asesinos vitorean a la libertad llegan los soldados a la plaza. Pero no vienen a apoyar a los conjurados, como creen ellos, sino a atacarlos. Algunos de los asesinos corren hacia el centro de la plaza, entre ellos Rayo, que cojea por haber sido herido en un pie. Hay allí mucha gente. Los soldados buscan a quien prender o atacar. Y mientras Cornejo, Andrade y Moncayo logran huir, después de encontrar a Polanco que no había ido al cuartel ni tomado parte en el asesinato, un oficial y dos sargentos detienen a Rayo.

García Moreno está rodeado de varias personas. Lo levantan, a punto de entrar en agonía, y se disponen a llevarlo a la catedral. Sin duda él lo ha pedido. Entre los acompañantes hay un sacerdote que le da la absolución. ¡Triste cortejo! Cinco hombres lo conducen en brazos. En la calle ensangrentada, queda el mensaje. Hay que transportar al moribundo con cuidado porque tiene, como se sabrá por la autopsia, veinte heridas, catorce causadas por el machete de Rayo, ocho de las cuales en la cabeza. Van cruzando lentamente la calle, seguidos por mucha gente, que profiere expresiones de horror y de dolor. No tarda en llegar el cortejo a la catedral. Algunos ilusos creen reanimar al moribundo. Un médico intenta hacer algo por él. Pónenle sinapismos en los pies. Pero todo es inútil. El gran hombre va a morir. El chantre de la catedral préstale los últimos auxilios religiosos. Los circunstantes lloran. Pregúntale el sacerdote si perdona a sus enemigos, y él, con un movimiento de cabeza, asiente. El chantre lo absuelve y le administra la extremaunción. Y en la capilla de la Virgen de los Dolores, al pie de la gran cruz que él llevó sobre sus hombros por las calles de Quito, se extingue la vida del hombre extraordinario.

¡Ya no existe más el renovador y el salvador de su patria! Ha muerto como lo deseaba: sufriendo por Dios. Él ha escuchado sus ruegos y ha permitido su martirio. Los médicos que le hacen la autopsia enumeran con elocuente sobriedad los objetos religiosos que llevaba: dos escapularios, ensangrentados; un rosario de cuentas negras, del que pendía una medallita del Concilio Ecuménico de 1869; y un relicario de plata que deja ver, a través de un vidrio, una pequeña cruz blanca sobre un fondo de género rojo.

Al saberse el asesinato la ciudad se conmueve, como se conmueve todo el Ecuador y el mundo católico de América y Europa. No hay quien no condene el inútil crimen, salvo los criminales y sus cómplices y quienes le odiaban por motivos religiosos. Pero hay un hombre que se alegra. Es Juan Montalvo. Al llegar la noticia a Ipiales, el pueblito de Colombia en donde vive voluntariamente desterrado, exclama, poseído de diabólico orgullo: “Mi pluma lo mató”.

(Tomado del libro “VIDA DE DON GABRIEL GARCÍA MORENO” por Manuel Gálvez)

ENLACE RELACIONADO: Gabriel García Moreno y Eloy Alfaro: dos formas de morir.



Manuel Gálvez y Gabriel García Moreno.

“Mejor que escribir la historia es hacerla”.

-Gabriel García Moreno.

En los últimos años del siglo XIX, dos corrientes de opinión se formaron sobre García Moreno; la primera, cuyo vocero principal es Roberto Andrade y en al que están la masonería y el sectarismo anticatólico, le considera asesino, tirano, uxoricida, degenerado, mentiroso, farsante, ateo y traidor; la otra, en la que están los liberales auténticos, los católicos y muchos serenos espíritus que no son ni lo uno ni lo otro, exaltan su obra y genio”.

-Manuel Gálvez.

El aparecimiento de un libro es siempre un acontecimiento. Publicar en el Ecuador es una obra titánica.  Vida de don Gabriel García Moreno del genial biógrafo argentino Manuel Gálvez ha tenido que esperar 70 años desde su primera edición en Argentina -1942-, para finalmente ser publicada en el Ecuador este año -2012-. Después de algún tiempo -5 años para ser exacto- de tratativas de mi parte con editoriales y dueños de los derechos de autor, finalmente gracias al apoyo de colaboradores y amigos argentinos y ecuatorianos, he podido cerrar el trato editorial para sacar adelante esta necesaria biografía. Pagando así una deuda histórica que tenía el Ecuador con Manuel Gálvez y consigo mismo como país. El entusiasta y joven historiador argentino, Andrés Mac Lean, experto en el trabajo de Manuel Gálvez, me ha proporcionado un abreboca de lo que se viene en pocos meses más para el público ecuatoriano y del mundo; a continuación posteo un informativo y atrayente capítulo -de hecho solo su primera parte- de Recuerdos de vida literaria, la autobiografía de Gálvez, donde este explica los motivos de haber dedicado su pluma a la vida de uno de los más grandes americanos. Además de servir como prueba de los históricos lazos de amistad y hermandad entre Argentina y Ecuador, este relato ilustra la importancia internacional de García Moreno, la repercusión de la obra de Gálvez y como la figura capital de Gabriel García Moreno ha sido siempre centinela de los hombres de acción ecuatorianos y americanos, de los hombres que pensaron e hicieron la patria en su andar:

Portada de: Recuerdos de la vida litearia. IV En el mundo de los seres reales. De Manuel Gálvez.

V

 

DOS GRANDES AMERICANOS: GARCÍA MORENO Y APARICIO SARAVIA

 

Mientras concluía el Rosas pensaba en escribir las biografías, en dos gruesos volúmenes, de dictadores hispanoamericanos: el chileno Diego Portales, el boliviano Santa Cruz, el ecuatoriano García Moreno, el uruguayo Latorre, el venezolano Páez, el mejicano Iturbide, el paraguayo Francia, el dominicano Ulises Heureaux, que era negro o muy mulato, y tal vez el brasileño Peixoto. Me apasionaba este proyecto, mas no por simpatizar con las dictaduras, sino porque el dictador, lo mismo que el hereje y el rebelde, es siempre un individuo interesante: dominador de los hombres, sujeto de mucha garra, espíritu que vive un drama interior, y, a veces, también exterior. Además, el gobernante fuerte actúa, sobre todo en nuestra América, dentro de un ambiente original y característico.

Había empezado a documentarme cuando una circunstancia, en cierto modo casual, me hizo cambiar el proyecto por otro. Había invitado a almorzar en un restaurante al doctor José María Velasco Ibarra, ex presidente del Ecuador y que, echado abajo por una revolución, vivía aquí en el destierro. Escuchó mi proyecto y me dijo:

–             La biografía que usted debe escribir, dedicándole un volumen es la de García Moreno.

Me quedé sorprendido de que un liberal como Velasco Ibarra me diera ese consejo. Porque este ex presidente ecuatoriano es liberal de veras, tan sincero como ferviente en su liberalismo. Es el único liberal auténtico que conozco, pues en su amor a la libertad no hay sombra de fanatismo, ni de intransigencia, ni de incomprensión de las ideas diferentes o contrarias, como suele encontrarse entre los liberales.

Yo sabía poco de García Moreno. En el colegio del Salvador nos leyeron a los chicos, durante el almuerzo, un resumen de la vida del muy católico personaje, pero yo de nada me acordaba.

–             García Moreno – afirmó Velasco Ibarra – ha sido el más grande gobernante de América.

Me lo demostró recordando las estupendas carreteras, la creación de institutos de enseñanza. Hasta una escuela normal para indios había fundado. Me habló Velasco del abogado que enseñara química enla Universidadde Quito, de su descenso al volcán del Pichincha, de su ascensión a la cumbre del Sangay.

–             Pero ¿cómo consigo desde aquí los datos necesarios?

Prometió ayudarme enviándome algo de lo que él poseía y escribiendo a sus amigos del Ecuador.

***

Ente nosotros se tenía una idea grotesca de García Moreno. José María Ramos Mejía, historiador de talento y enterado de lo que decía – pero muy mal enterado en este caso –, considera a García Moreno casi como un analfabeto… Carlos Ibarguren, también historiador de talento y honrado, lo llama “sanguinario tirano”. Estos ejemplos prueban la opinión errónea que existía entre nosotros sobre el gobernante del Ecuador. Su desconocimiento significa que aquí no había libros verídicos acerca de su persona y de su obra.

Temía no poder llevar a cabo el proyecto, pero, felizmente, Velasco Ibarra cumplió. Por su intermedio conseguí algo de lo que necesitaba. No recuerdo si él me puso en contacto epistolar con el escritor ecuatoriano Isaac J. Barrera, por cuyo intermedio compré libros agotados desde años atrás, sin contar con los que él me obsequió.

Igualmente me ayudó el doctor Julio Tobar Donoso, ilustre miembro del Partido Conservador, católico ferviente y por entonces ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador. Tobar Donoso quitaba tiempo a sus tareas ministeriales para cartearse conmigo y enviarme libros. Entre sus envíos, debo señalar la copia de las cartas privadas de García Moreno a su segunda mujer, Marianita del Alcázar, pues nada conozco mejor para penetrar en la intimidad espiritual del gran hombre.

Tuve muchísima suerte, lo que me permitió escribir mi libro con rapidez. Nadie me negó su ayuda, y – hecho inaudito – una biblioteca oficial, la del a Municipalidad de Guayaquil, me envió, en préstamo, una obra de gran valor para mí y que estaba totalmente agotada desde muchos años atrás.

Aquí enla Argentina algo había que pudiera serme útil. Se me ocurrió que en La Plata, en la colección Farini, en poder de la Biblioteca de la Universidad, acaso encontrara periódicos del Ecuador. Así fue. Allí pude consultar – o mejor dicho, leer íntegramente – números sueltos, pues no había ninguna colección completa de diarios ecuatorianos. Leí, para empaparme del espíritu de la época y conocer a fondo el Ecuador, hasta los avisos.

Porque mi libro no podría tratar solamente de García Moreno. Yo necesitaba conocer su patria, el paisaje de Ecuador, la historia del Ecuador, las biografías de todos aquellos hombres que estuvieron al lado o en contra de García Moreno. Y necesitaba, también, conocer, en la parte que me interesaba, la historia de Colombia y del Perú, naciones vecinas al Ecuador, país con el cual habían estado en guerra.

En la Biblioteca Nacional encontré libros preciosos para mí, como las obras de Juan Montalvo – personaje que me fue indispensable estudiar a fondo –, La compañía de Jesús en América, del padre Rafael Pérez, una Historia del Ecuador, de Juan M. Murillo, la Galería Histórica de Henry de Lauzac, el Albúm biográfico ecuatoriano, de Camilo Destruge, la Historia del Ecuador, de González Suárez. Acaso lo más interesante que utilicé en la Biblioteca fueron libros extranjeros: Journal of a Residence, de Charles Stuart Cochrane, Four years among Spanish Americans, de F. Hassaurek, una trabajo de Richard Pattee, en portugués, sobre García Moreno e sua contribução cientifica no Ecuador.

También encontré cosas interesantes en la Biblioteca Mitre: el libro sobre Julio Arboleda y Gabriel García Moreno, de Gonzalo Arboleda; L’Equater, de Alexandre Holinski; El congreso americano, artículos de El Tiempo, de Bogotá; una biografía del general Ramón Castilla, presidente del Perú.

Comenzada el 20 de diciembre de 1940, la Vida de don Gabriel García Moreno quedó terminada el 27 de septiembre del siguiente año. Pero no apareció hasta mediados de 1942, publicada por la editorial católica Difusión. La tirada fue excepcional, de 14.500 ejemplares, y se vendió con relativa rapidez. Como puede suponerse, la mayor parte fue consumida por el Ecuador y otros países de Hispanoamérica. Esta edición llevaba en la cubierta un bello retrato de don Gabriel, que era un hermoso tipo de hombre. Tres años después, en 1945, la editorial española Escelicer publicó otra edición.

En ambas tiradas figura esta dedicatoria, que considero de algún interés reproducir:

Dedico este libro a dos ecuatorianos tan distinguidos como de diferente posición política y a quienes les une la admiración a García Moreno: al doctor José María Velasco Ibarra, ex presidente del Ecuador y fervoroso liberal, que me dio la idea de escribirlo, me alentó con entusiasmo para que lo llevara a cabo y me auxilió con sus opiniones interesantes y algunos libros que pudo proporcionarme en el destierro; y al doctor Julio Tobar Donoso, conservador y católico, actual ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, a quien debo no sólo el envío de muchas obras esenciales para mi trabajo y de buen número de cartas privadas del prócer, sino principalmente la valiosa y exacta información de su propios notables libros, realizados con alto e imparcial criterio histórico.

***

Conservo poquísimos artículos de diarios argentinos. Sospecho que en nuestro país, donde la imparcialidad y serenidad para juzgar casi no existen, se consideró a mi libro con criterio político. También ocurre que don Gabriel no es simpático, y por esto a ciertos lectores no les gusta mi trabajo… Pero puedo asegurar que ninguna de mis biografías ha despertado tanto entusiasmo. Amigos míos de talento la consideran la más apasionante y valiosa entre ellas. En general, se opina que es la mejor construida y escrita, acaso la de mayor vuelo.

No me trató muy bien La Nación, aunque me hizo algunos buenos elogios:

Su labor informativa ha sido paciente y copiosa; la integración del momento histórico y la del personaje, plenas de materia vital y de congruencia osmótica. La absorbente personalidad de García Moreno surge como un triunfo y una glorificación de aquel medio lento en las corrientes profundas y tumultuosas en la superficie.

Ramón Doll afirma que es un libro completo, en el que realizo la vindicación del personaje con paciente búsqueda de datos y documentos, y termina:

Hay en estas obras de Gálvez, cuando estudia a nuestros héroes, un fervor civil, una pasión de los tiempos y una comprensión de lo actual respecto a la Historia, que lo coloca en la línea de los grandes servidores dela Nueva causa contra los intereses bien conocidos de los que quisieran seguir oyendo declamaciones remanidas contra los tiranos y los esbirros.

En El Pampero, diario nacionalista y católico publicóse un hermoso artículo. Por ahí dice:

Pero García Moreno, en pleno siglo judaico como es el siglo XIX, sale al medio, lucha, protesta contra lo de Porta Pía (el único gobierno que se atrevió a defender al papa). Manuel Gálvez desarrolla la epopeya con mano maestra. El affaire de los jesuitas lo coloca a García Moreno al lado de los grandes iluminados porla Providencia. La tenacidad y la discreción (no es un fanático García Moreno, y cuando hay que hacer azotar a un fraile bigardón, lo hace con todas las de la ley) son reveladas en impresionante estilo por el autor.

En Atlántida, Sylvina Bullrich terminaba así su artículo: “Toda esta vida rica en acontecimientos, nos narra Gálvez con erudición, con talento, con colorido y con soltura de conversador”.

***

En el Ecuador se publicó mucho acerca de mi libro. Pero de los artículos extranjeros sólo recordaré el de Alone (Hernán Díaz Arrieta), crítico chileno de renombre en su patria. Observa dos cosas que yo dije: la diferencia entre García Moreno y el Ecuador, y la diferencia del personaje con los demás caudillos y gobernantes de América. Pero también dice que yo no era el biógrafo que le convenía… Aunque me llama “escritor eminente”, opina que el espíritu no sopló sobre mí. A juicio de Alone, mi obra no corresponde a la altura moral e intelectual del Presidente ecuatoriano. Agrega:

Carece de nobleza (sic) y aliento. La frase corta, premiosa, casi jadeante, corre como improvisada y cae en vulgaridad de expresión y juegos de palabras banales (“triviales” debió decir Alone, que, por lo visto, no conoce bien nuestro idioma), periodísticos. El relato se pierde a menudo en pequeños detalles minuciosos, o se enreda en peripecias de cuarto orden, entre personajes indefinidos. No hay visión grande, no hay valorización justa, no hay perspectiva ni panorama que den las proporciones o desproporciones del héroe y su medio, del actor y su teatro.

Alone, hay que repetirlo, no conoce bien el idioma. Si la frase es premiosa no puede correr, pues premioso es lo “tan ajustado o apretado que difícilmente se puede mover”, y también es lo “rígido, estricto” y lo “tardo, falto de soltura”.

Ya veremos cómo opinan otros ecuatorianos e hispanoamericanos.

Por ahora seguiré con los palos que me dieron, todos procedentes del campo liberal.

En El Mundo, de La Habana, me cayeron Raimundo Lazo y Roberto Agramonte. Dejo a un lado al profesor Agramonte, que respiró por la herida. Yo lo traté muy mal en el prólogo de mi libro, y era natural y humano que él me tratara de igual modo. Sólo diré que no puede hacérsele mucho caso a un señor que cree que Genève es Génova, y que considera poriómano, o sea enfermo de manía ambulatoria al padre de García Moreno porque viajó de su pueblo a Cadiz, de allí a El Callao y luego a Guayaquil, de donde no se movió jamás…

El señor Lazo me acusa de mezclar la religión con las cosas de la política y del gobierno y de defender, justificar, explicar y exaltar a García Moreno a pesar de las cosas que yo mismo digo del personaje. Poca comprensión y conocimiento de la Historia demuestra el señor Lazo. Su hubiese leído a Plutarco habría visto cómo los más grandes hombres de la antigüedad griega y romana cometieron toda clase de crímenes, sin perder, por ello, su grandeza. Entre los modernos, ahí está Napoleón. García Moreno incurrió en graves errores y en abusos de autoridad; era despótico y entremetido; pero todo eso no le impide ser el más grande hombre del Ecuador y, como opina el liberal Velasco Ibarra, el primer gobernante de la América Española. Hay algo gracioso en el artículo de Lazo. A propósito del intento de García Moreno – el más grave de sus errores, como lo digo en mi libro – de entregar su patria al protectorado de Francia, escribí:

García Moreno es un precursor de los que, ochenta años más tarde, por temor a un vago peligro de parte de Alemania, quieren entregar la América Española a los yanquis.

Estas palabras constituyen una acusación tremenda para García Moreno, y demuestran mi imparcialidad; y no hay en ellas nada favorable a Alemania. No obstante, el señor Lazo las comenta de este modo:

Y así quedan ratificadas las sospechas del lector avisado, las que lo asaltan desde las primeras páginas y se convierten justificadamente en el juicio definitivo de todo el libro: la materia histórica, García Moreno, es aquí solamente un símbolo, es el pretexto para exaltar las dictaduras y para difundir su política despótica y materialista disimulada bajo el impresionante camouflage de motivos religiosos y nacionalistas. La obra del novelista argentino es, en efecto, un pretexto más del quinta-columnismo ideológico internacional de las dictaduras de Hitler, de Mussolini y de Franco, en su lucha multiforme e implacable contra la civilización democrática y liberal y contra la cultura auténticamente cristiana, fundadas sobre el concepto imprescindible de la libertad y de la dignidad del hombre.

Esto de que yo, espiritualista de toda la vida, cristiano, católico ferviente, haya querido exaltar las dictaduras “materialistas”, es como para hacer reír a carcajadas a un hipopótamo. ¡Y yo que en El Pueblo le pegué por esos años a Hitler y a Mussolini! Y pensar que había escrito mi biografía de García Moreno por sugerencia de un liberal verdadero, de Velasco Ibarra, a quien algo le tocaría de ser ciertas las cosas que dijo el señor Lazo…

***

Veamos ahora algunas cartas. Velasco Ibarra juzga que mi biografía es la mejor que se ha escrito. Encuentra en ella “precisión, claridad, ninguna repetición inútil, ninguna difusión innceseria”. Hay en mi libro, según él, “páginas, escenas, descripciones, de un color vivísimo, de un relieve magnífico”. Dice también:

Admiro la cantidad de información y documentos que usted ha nutrido eficientemente en uno o dos años. Ha consumado usted todo un milagro de síntesis. Sin vivir en el Ecuador, haberse informado de tantas cosas grandes y pequeñas es un esfuerzo de intelección y sacrificios verdaderamente admirable.

Agrega que si alguna vez él volviese a tener influencia en el Ecuador,

Se comprarían muchos centenares de su obra para repartirlos por los pueblos de América y los colegios y escuelas ecuatorianos. Su libro demuestra lo que mi país encierra de posibilidades. Bastaría la escena del Congreso de 1867, tan al vivo descrita por usted, para ennoblecer a un pueblo por su valor.

Tobar Donoso califica a mi libro de “admirable y gigantesco trabajo”. Dice más adelante:

He quedado sorprendido de la gran copia de documentación que ha llegado a reunir; de la manera certera con que se abre camino en medio de los más enmarañados sucesos, como los de 1859 y 60, y de la habilidad y discreción con que descubre la verdad, a pesar de las sombras que ha acumulado el odio en derredor del primero de nuestros estadistas. El libro es tan a ameno, tan brillante y sugestivo el relato, tan hermoso el estilo, tan profunda la penetración en la entraña de los sucesos y de la psicología del personaje, que no es posible dejar la lectura una vez comenzada. He tenido intenso goce espiritual, goce viril y fuerte, de esos que sólo se alcanzan cuando un libro corresponde a una necesidad fundamental y profunda. La vida de García Moreno es una lección, y usted la ha dado con arte eximio y enérgico desenfado.

Gonzalo Zaldumbide es uno de los escritores de nuestra América de mayor autoridad literaria y de los más artistas y es hijo de un distinguido literato que actuó en tiempos de García Moreno. Embajador de su patria en Río de Janeiro, vino de paseo a Buenos Aires, compró mi libro, lo leyó con pasión y me escribió:

…He avanzado así, aunque a trompicones, en la lectura de su gran libro. No lo he terminado aún; pero los dos tercios leídos ya me hablan del final glorioso que usted va preparando con arte y ciencia de gran compositor. Se ha ganado usted, entre nosotros, el título del más ilustre de nuestros (el subrayado es de Zaldumbide) escritores, pues nuestro es quien de lo nuestro habla como el mejor de los ecuatorianos.

Esta carta es de 1943. Cuatro años después, otra vez de paso en Buenos Aires, volvió a escribirme. Díceme:

Cómo no expresarle, no sólo mi admiración, que por consabida pudiera sobreentenderse, sino mi gratitud por su magnífico, su penetrante, su irresistible García Moreno – insuperable, acaso – y también mi agradecimiento de hijo de Julio Zaldumbide a quien se refiere usted con miramiento en las pocas pero expresivas líneas que hacían al caso.

Habla ahora Alcides Arguedas, historiador y novelista eminente y tal vez el primer escritor contemporáneo de Bolivia:

Inmediatamente me fui al texto, luego de buscar el nombre de una persona que me interesaba, Montalvo, y tropecé con datos y detalles que ignoraba y una espléndida e inolvidable pintura del hombre. Luego busqué otro tipo, Urbina, y también me gustó. Ni qué decir que el tipo central llena todo el libro, y que aparece grande, atrayente y respetable a pesar de sus errores, sus faltas y aun de sus crímenes.

Un ilustre dominicano, Tulio M. Cestero, novelista y biógrafo de valer, me escribió desde un barco, el Aconcagua, que se dirigía de Valparaíso hacia el Norte:

Acabo de terminar su Vida de García Moreno, que ha tenido la complacencia de prestarme el doctor Héctor Ghiraldo, ministro en el Ecuador, compañero de viaje. He leído su libro de un tirón: es sincero, fuerte, hermoso y su último capítulo, realmente emotivo. Me dirijo a mi patria por unos meses, y como quiero releer y conservar su libro, mucho le agradeceré que también esta vez me cuente entre sus entusiastas lectores y me lo envíe.

Y, en fin, terminaré con las palabras que me escribió un historiador argentino, uno de los pocos honrados, sinceros y sabios de nuestros historiadores: Rómulo Carbia. Decíame:

…Su notoriamente magnífica Vida de don Gabriel García Moreno y le dice, con sinceridad absoluta, que se trata de un libro de mérito singular: por lo sensato del criterio que lo informa, por lo plácido y atrayente de la narración, por el caudal informativo que acusa y por la robusta prosa en que ha sido construido.

Como se ve, por estas transcripciones y otras que pudiera hacer, Alone, en medio del coro de alabanzas a mi libro, se queda realmente alone – solitario, en inglés –, ya que no cuentan Agramonte, mal tratado por mí, ni su amigo Lazo.

En fin, para dar una idea de lo que en el Ecuador significa mi libro, referiré lo que un embajador de ese país dijo a Miguel Ángel Martínez Gálvez: “¿Es usted pariente del escritor Manuel Gálvez?” preguntó el diplomático. “Somos primos hermanos”, le respondió Miguel Ángel. Oído esto, declaró el embajador: “Pues sepa usted que, en mi patria, Manuel Gálvez es una especie de prócer”.

***

Terminado el García Moreno, en septiembre de 1941, empecé el 1º de Noviembre la biografía del caudillo uruguayo Aparicio Saravia.(…)

Fuente: Gálvez, Manuel: Recuerdos de la vida litearia. IV En el mundo de los seres reales, Hachette, Bs. As., 1965, p.p. 59-67.



190° aniversario del natalicio de Gabriel García Moreno

“Es alma de fuego en cuerpo de hierro”

Gabriel García Moreno

Este sábado 24 de Diciembre se conmemora el 190º aniversario del nacimiento del presidente ecuatoriano Gabriel García Moreno. Para recordar y rendir un pequeño homenaje al “Regenerador de la Patria”, publico a continuación algunas opiniones y juicios históricos -en prosa y en verso- sobre él a manera ilustrativa:

Juan Montalvo vivirá en la historia por su enemistad contra García Moreno”. Y a pesar de todo esto, sentenció lo siguiente del “loco”; en su  “Ensayo Joya Literaria” afirma: “Para lo que ha sucedido en el Ecuador después de la muerte de García Moreno, yo de buena gana le hubiera dejado la vida al gran tirano… de buena gana”. En el “Desperezo del Regenerador” se encuentra: “¡García Moreno! ¡Qué hombre!. Este sí: ¡que Hombre! ¡Nacido para grande hombre, sujeto de grande inteligencia, tirano sabio, jayán de valor y arrojo increíbles, invencionero, ardidoso, rico en arbitrios y expedientes, imaginación socorrida, voluntad fuerte, ímpetu vencedor”. Finalmente dirá: “tirano excelso, con toda la excelsitud de su grandeza. Talento, saber, honradez, valor, energía inquebrantable de carácter, suyos son. No tuvo precedente en América”.

Y siguen:

“Pero en 1860 adviene el milagro, encarnado en un hombre que ha sido combatido despiadadamente, que ha sido calumniado por los apasionados de la historia y que nosotros, revolucionarios del siglo veinte, venimos a reivindicar como uno de los grandes constructores de nuestra nacionalidad. Ese hombre calumniado y combatido es García Moreno, gran constructor de la nacionalidad ecuatoriana. García Moreno no es entonces sino un símbolo de este pueblo. Detrás de él van las masas del Ecuador, porque era un símbolo que expresaba la voluntad de triunfar, de construir la ecuatorianidad, de principiar la unidad nacional. Detrás de él van los hombres de nuestro pueblo, porque García Moreno se unió al pueblo, entendió sus problemas, vivió sus horas trágicas, supo comprenderlo y su pueblo marchó hasta el final tras él”

Pedro Saad -1943-  Secretario del Partido Comunista del Ecuador

“Los escritores ecuatorianos han fallado totalmente ante la tarea de apreciar justicieramente la enorme figura de García Moreno y su portentosa hazaña: o han escrito alegatos para su eterna condena o para su canonización. Han visto en él solo lo negro o lo brillante, no han podido sosegar la mirada para ver el gran hombre completo y percibir los matices de su acción, que van desde los horrores de Jambelí y de las cartas a Trinité hasta la obra del civilizador, del creador de cultura, del formidable sistematizador que fue… Si los grandes escritores han fallado, no fallemos los ciudadanos, y si el monumento es la forma común de reconocer y exaltar los hombres de excepción, elevemos en Quito, escenario de sus errores y de sus aciertos, y de su espantosa muerte, el que reclama el gigante del siglo pasado, para algunos sombrío, para otros santo, y para todos grande”.

Alejandro Carrión, escritor y militante de izquierda ecuatoriano.

 

“En Gabriel García Moreno, este personaje excepcional, el más resueltamente excepcional de la historia ecuatoriana durante la república, hay que tratar de ver, antes que el hombre, la época a la que asistió figura central y dominante.”

“La ecuatorianidad propiamente tal comienza a perfilarse con García Moreno. La ecuatorianidad fijadora de linderos nacionales, de linderos espirituales, de linderos políticos. La ecuatorianidad del material humano.”

“Considero la vida de García Moreno como la más trascendental, realizada y dramática de toda nuestra historia”.

Benjamín Carrión, Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, hombre de izquierda, adversario de García Moreno.

“La dureza de García Moreno estaba en armonía con el sentimiento jurídico de los tiempos en que actuó. Su fanatismo religioso extremo hay que perdonarle, porque, en el fondo fue inofensivo dado el ambiente que le rodeó. En cambio, qué sabiduría, qué valor personal, qué honestidad económica, qué hondura previsiva al servicio de las generaciones futuras.”

“García Moreno es el más grande político y moralizador de la Patria… García Moreno es uno de los pocos, muy pocos grandes hombres que ha producido la República del Ecuador, si damos a la expresión grande hombre el verdadero sentido que deber tener… Rocafuerte y García Moreno son, en mi modesta opinión, los únicos grande estadistas ecuatorianos que comprendieron a fondo, con certera previsión y auténtico sentido de la responsabilidad, las fuerzas de la nacionalidad que les llevaron a sus altas responsabilidades.”

José María Velasco Ibarra, 5 veces presidente del Ecuador

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