coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Ecuador: Caos y forma.

Ecuador: Caos y forma.

“La  realidad  se  manifiesta,  como fuerza, eficacia y duración. Por ese hecho, lo real por excelencia es lo sagrado;  pues  sólo  lo  sagrado  es  de  un  modo  absoluto,  obra eficazmente,  crea  y  hace  durar  las  cosas.”

“El pasado no es sino la prefiguración del futuro.”

Mircea Eliade

La realidad hoy en día se configura como un bloque unitario y global, un Universo; hace seis siglos existían realidades por separado: El universo para los europeos era el mundo conocido por ellos hasta entonces, así como en el extremo oriente la China existía en su propio universo, los Incas y Aztecas en América en el suyo propio también lo hacían, cada cual viviendo sus realidades y sus universos inconexos, se podría decir que el mundo estaba configurado por un pluriverso o un multiverso, que tan solo se iría configurando como un Universo global después de la primera globalización, o la primera de sus etapas ocurrida entre los siglos XVI y XVII, con la expansión europea por el mundo.

Arquetípicamente[1] hablando, cuando Castilla se expandió allende los mares sucedió esto: “Los conquistadores españoles y portugueses tomaban posesión, en nombre de  Jesucristo,  de  las  islas  y  de  los  continentes  que  descubrían  y conquistaban. La instalación de la Cruz equivalía a una justificación y a la consagración de la religión, a un nuevo nacimiento, repitiendo así  el  bautismo  (acto  de  creación).  A  su  vez,  los  navegantes  británicos tomaban  posesión  de  las  regiones  conquistadas  en  nombre  del  rey  de Inglaterra, nuevo Cosmocrátor.” dice Mircea Eliade y sigue; “todo  territorio que se ocupa con el fin de habilitarlo o de utilizarlo como ‘espacio vital’ es previamente transformado de ‘caos’ en ‘cosmos’; es decir, que, por efecto  del  ritual,  se  le  confiere  una  ‘forma’  que  lo  convierte  en  Real”.

Del drama y la paradoja que nos hablaba Leopoldo Benites Vinueza, ahora al Ecuador debemos comprenderlo como la lucha perdurable entre el caos y la forma, entre la desintegración y el orden o cosmos; y el campo de comprobación de este hecho es la historia: Centro geográfico del mundo no descubierto por siglos, se mantuvo en la oscuridad del caos y la informidad de lo desconocido e indomable. Los mitos de nuestra historia prehispánica han querido contrariar esta situación inventando reinos, pueblos y líderes milenarios que se pierden en la leyenda y el chauvinismo trasnochado. Vemos como de hecho el territorio del Ecuador actual no fue Centro del Mundo, sin embargo, al ser centro geográfico, ombligo del planeta, fue buscado histórica y míticamente por las culturas y civilizaciones que surgidas de un centro espiritual fueron forjando y dando forma a este espacio agreste e irreconciliable consigo mismo.

Dura realidad para muchos (para mí no), pero podemos constatar en la contrastación de la historia comparada que toda forma precisa y superior que se generó en el territorio del actual Ecuador fue producto de un influjo externo[2] (constatando la realidad de hoy en día, de hecho todos los ecuatorianos del siglo XXI somos el producto o la consecuencia de eso, de la externalidad -casi como en el concepto económico-), y lo mejor aquí es ejemplificar esto para entenderlo en su plenitud, repasemos tres situaciones históricas que confirman mi juicio:

Así como existieron tres Romas (Roma, Constantinopla y Moscú –esta última pretendida y disputada-), debido a la traslación del centro imperial como una realidad perdurable y recreadora a través de los siglos; de la misma manera esta idea se reprodujo (“La  realidad  se  manifiesta,  como fuerza, eficacia y duración. Por ese hecho, lo real por excelencia es lo sagrado;  pues  sólo  lo  sagrado  es  de  un  modo  absoluto,  obra eficazmente,  crea  y  hace  durar  las  cosas”) en Catigara -nombre que dieran los chinos a la América del sur antigua, ansiada por ellos tanto como por todos-. Existieron tres Cuscos –Cusco como Quito significa literalmente ombligo del mundo-: cierto historiador y arqueólogo ecuatoriano con cierta saña y burla, decía que a los Incas les falló el cálculo con el centro de la tierra, pues el mismo no era el Cusco sino Quito, desconociendo que “todo  lo  que  es  fundado  lo  es  en  el  Centro  del Mundo  (puesto  que,  como  sabemos,  la  Creación  misma  se  efectuó  a partir de un centro).” Sin embargo, percatados de la realidad que Quito, siendo el ecuador geográfico, era donde el sol estaba más cerca de la tierra cada día por siempre, emprendieron una conquista sagrada y religiosa del norte expandiendo el Tahuantinsuyo y trasladando el centro imperial primero a Tomebamba (cerca de la actual Cuenca) y finalmente queriendo ubicarse en Quito, proyecto que fue inconcluso. Los tres Cuscos se configuraron así como el orden, el centro y la forma[3] en expansión.

Menos de un siglo duró este suceso histórico, y en medio de la guerra civil fratricida entre Atahualpa y Huáscar, lo que llamamos Ecuador hoy en día volvió a precipitarse en el caos material, ontológico y metafísico… tan solo una nueva conquista externa, la española, haría que la forma y el fondo armónicamente se ordenara en torno al centro primigenio del Imperio. La espada del conquistador, también impulsada por un ideal religioso y providencial,  hizo realidad en el siglo XVI lo que la literatura dieciochesca quiso ver en un pasado remoto e inexistente: el Reino de Quito.

En estos dos casos, vemos como el centro primigenio no solo se expandió con la conquista y la imposición de la colonización, cada cual con sus propias costumbres, tradiciones, mitos y realidades, es decir cada cual con su cosmovisión, sino que al ser culturas y civilizaciones tradicionales fueron reproduciendo los centros en cada rincón que ocupaban, alumbrabandolos en el mapa cósmico y cercándolos de alguna manera. Quito iba a ser el Cusco definitivo y más cercano al Sol; Quito como Reino, Nación y Patria preexistente a la independencia fue conformado dentro del Imperio Español, a través del flujo externo de la conquista y la colonización…

En los dos casos anteriores, los centros se habían suplantado con otros centros, las formas se habían reemplazado con otras formas, y el caos primero había sido contenido por la fuerza del Orden, la Forma y el Cosmos… mas la historia y sus recovecos decadentes no perdonaron y vimos como por una nueva imposición externa, disgregadora, desintegradora y deletérea esta vez nos fue impuesta una independencia no deseada y catastrófica para todas las partes integrantes y subsidiarias del Centro, del Imperio. Bolívar, Sucre y Flores: nuestros próceres caribeños son la mejor prueba. Quito pudo haberse desarrollado como un centro propio si la dirección de la élite de la época se hubiera mantenido y no hubiera sido sospechosamente decapitada por ambos bandos de la gran guerra civil hispanoamericana, guerra de la independencia como le llaman otros.

Ya en la República misma hubo al menos un intento para que dejáramos de ser periferia de la indeseada modernidad, para formar un Centro identitario que se alimentara de la tradición espiritual de un pueblo producto de los influjos y de la semilla de las grandes culturas y civilizaciones solares del pasado en tierra quiteña: Gabriel García Moreno, intento frustrado no por falta de decisión, sino por un crimen execrable. Y García Moreno vale decirlo, era hijo de español, así como el denominado “mejor ecuatoriano”, Eloy Alfaro, también era hijo de español… y hasta los próceres quiteños eran hijos o nietos de españoles. Quito entonces se pudo o quién sabe, se puede aún realizar como lo que es, la tierra que hace fructificar la semilla.

Quitu fue la creación intelectual de los Incas, el Reino de Quito fue la creación intelectual de Castilla (Nueva Castilla también nos llamábamos junto al Perú), de España y de Europa, ahora Quito… el Quito abortado en 1809-1810-1811- 1812 y 1875, ese Quito deberá ser su propia creación intelectual siendo Centro del Mundo como su vocación de suelo le compele o bien seguirá manteniéndose a lo que volvimos hace ya casi dos siglos: al caos primitivo, la inexistencia dentro de un plano perdido del mapa cosmogónico a donde la oscuridad volvió[4] y se ha perpetuado hasta ahora. Está en nosotros definir como nación y como personas si superaremos el mito del eterno retorno (Ouroboros) y nos proyectaremos cual flecha hacia lo alto rompiendo el ciclo de la generación y conquistando a ese preciado espíritu, esa preciada trascendencia, ese preciado Axis Mundi.

La física cuántica nos enseña que las partículas subatómicas que forman el átomo están conformadas literalmente de nada, de ausencia de materia, y de esta nada al reunirse en torno a una espiral que se asemeja a varios Ouroboros (Una serpiente comiéndose su propia cola) juntos van suplantando a la nada con átomos y materia a partir de ellos. El Ecuador de la misma manera que una partícula subatómica, cual realidad manifestada en lo sagrado, se disgrega en el caos de la nada informe al no proveer las fuerzas integradoras y agrupadoras… nada en la nada… y tan solo cuando se agrupe con el resto de la nada formará una forma nuevamente, valga la redundancia. Debemos revivir la unidad superior que no divide. Hemos de serlo todo o nada. Ha de triunfar el caos o la forma.

Por Francisco Núñez Proaño.    

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[1] “El  hombre construye  según  un  arquetipo” – Mircea Eliade en “El Mito del eterno retorno”. Arquetipo: “formas o imágenes colectivas que se dan en toda la tierra como elementos constitutivos de los mitos y, al mismo tiempo, como productos autóctonos e individuales de origen inconciente.”“El arquetipo es una especie de predisposición para producir una y otra vez las mismas ideas míticas o ideas similares” señala Jung.

[2] Al punto que un símbolo vivo de la supuesta e irreal identidad de país, los indios otavalos, “ícono” de la nacionalidad ecuatoriana, son en realidad mitimaes traídos por la fuerza desde Bolivia por los Incas.

[3] Un tipo universal definido por Platón es la idea o forma. Aunque algunas versiones del realismo platónico consideran las formas platónicas como ideas en la mente de Dios, la mayoría consideran que las formas no son para nada entidades mentales, sino más bien prototipos o arquetipos (modelos originales) de los cuales los objetos particulares, las propiedades y las relaciones son copias.

[4] Notemos que el Ecuador finalmente pudo tener su mapa definitivo tan solo en 1998, después de 180 años de “independencia política”. La forma misma de la República fue difusa y caótica durante todo ese tiempo y tenemos varias guerras que nos lo recuerdan.



Rayo

Rayo

A la memoria de Mircea Eliade, “un perfecto pagano clásico que intenta cristianizarse”.

Con Horacio os invocamos:

Zeus y tú, poderoso Júpiter tonante,

Thor que reinas sobre el relámpago,

y bajo tu espuela del viento alzas la voz del trueno.

Traed el luminoso adorno del cielo precipitado,

oh, siempre dignos de veneración y perennemente venerados,

concedednos lo que suplicamos en el momento sagrado.

Vivificante rayo, que en tu resplandeciente rol nos brindas

la destrucción y la vida nueva, que naces diferente

siendo el mismo, no mirarás nada mayor

que la ciudad y su fortaleza destruidas por tu fuerza,

purificadas y reconstruidas surgen y vuelven a los tres días.

Santifica poderoso rayo, glorifica poderosa luz

y eleva el sonido hasta la última esfera.

A través de ti, somos los ecos re-fulgurantes

de la memoria sacra y de la juventud sin juventud.

Por Francisco Núñez Proaño




TIEMPO LINEAL VS ETERNO RETORNO

TIEMPO LINEAL VS ETERNO RETORNO

 

 

 

 

Los mitos cosmogónicos se diferencian entre sí por la idea del Tiempo, sea este lineal o circular. Esto marca la diferencia en el grupo de arquetipos del mito, pues si bien es cierto que estos mitos sobre el origen del universo coinciden que en el “principio” era el Caos y la Nada informe, y que por un soplo de luz se creó el Universo, esto no quiere decir que no exista un infinito de “creaciones” y de “universos” en un tiempo eterno y en un espacio infinito. Pues en el Caos y en la Nada no hay tiempo, el silencio primordial es la calma de la eternidad, cada milisegundo que pasa es una nueva creación, no hay ni pasado ni futuro, solo un Eterno Presente. Esta visión del Tiempo Eterno es totalmente opuesta a la visión del mito judeo-cristiano del Tiempo Lineal, en el que hay un comienzo y un final, pues esto rompe con la idea de la Eternidad. Para el mito judeo-cristiano, Dios (quien supuestamente es eterno) creó de la “Nada”, ex nihilo, al Universo…¿esto quiere decir que Dios está en la Nada, o Dios es la Nada?, en cualquiera de los dos casos Dios no existe porque nace de la Nada que es inefable, imposible de categorizar, innombrable, un misterio, quizá solo se la pueda llamar Diosa Nada, Infinita Oscuridad, Vacío Eterno, no-ser.

Para el pueblo judío, el Dios del Antiguo Testamento llamado Jehová es un Padre “terrible” que creó el universo de la Nada. En cambio, para el pueblo hindú, la Diosa Kali es la Madre Terrible, la materia que crea y destruye eternamente. Ambos arquetipos muestran lo “terrible” de la divinidad, sea madre o padre. Sin embargo, judíos e hindúes adoran a sus dioses sin importarles que sean “terribles”. Por ejemplo, la adoración a un solo Dios creador y moralista ha causado una terrible decadencia fisiológica y espiritual en la civilización occidental. La idea de la creación junto con la moral del premio y del castigo, la piedad y la compasión, el pecado original y la obediencia, son infecciones en extremo nocivas para la psiquis y el cuerpo humano. La idea de un Génesis y de un Apocalipsis, propia de la visión lineal del Tiempo, es la base de los mitos judeo-cristianos como la “evolución”, el “progreso”, “el desarrollo” etc.

Ahora bien, los judíos se basan en sus textos sagrados para afirmar que son “elegidos” por su único Dios para una misión, una finalidad, un utilitarismo propio del tiempo lineal. Se creen depositarios de la Cábala, sabiduría de magia ancestral que enseña que las palabras “Ain Soph Aur” es la Nada y Kether es el primer sephiroth o “soplo divino” seguido de otros nueve sephiroth que forman el Árbol de la Vida. Este primer soplo es la creación de su único Dios, los 10 números representan los arquetipos que mueven y mantienen al Universo, pues el Árbol de la Vida representa para la Cabala todo el Universo en una sola unidad. El Gran Elaborador de este Universo sería aquel que desafió las tinieblas de la Nada para crear toda la Existencia. Según la numeración de cada letra del idioma hebreo, uno de los nombres de este creador es Iod=1 He=2 Vau=3 He=4, IAVE que devendría después en Jehová. Se supone que este endemoniado Dios creó el Universo en un Génesis para después traicionar su creación y destruirlo en un Apocalipsis.

Pero para los hindúes adoradores de la Diosa Kali no existe un comienzo de todas las cosas, sino una perpetua destrucción-creación de la materia en la eternidad de la infinita oscuridad, y también tienen un sistema mágico basado en números pero no lo llaman Cábala. Kali es la “diosa negra” que da a luz a sus hijos para devorárselos, así eternamente. Kali es un arquetipo de la oscuridad, es sangrienta y terrible y representa la eterna exhalación e inhalación del universo.

La concepción lineal del tiempo basada en la creencia en un Jehová creador anula la percepción del Eterno Presente. Para George Bataille, filósofo nietzscheano nihilista del siglo XX, vivir el presente como una herramienta para construir un futuro es Esclavitud. El utilitarismo del tiempo es servidumbre, enajenación y perdición. Pues nada es útil, nada tiene sentido y nada vale la pena. Pensar que hay que subordinar el “momento presente” por una visión de futuro, por el utilitarismo del trabajo y la subsistencia, es ser esclavos del Tiempo. El mal llamado “progreso” nació de los paradigmas judeo-cristianos del Tiempo Lineal, así como su sistema económico capitalista que tiene como lema “el Tiempo es dinero”. A partir de esta idea se construyó una máquina de aniquilación llamada civilización, donde se anula el tiempo para el “ocio”, el “descanso”, la “creación artística”, los “placeres”, y usufructuar la energía humana para su propio hundimiento, energía usada por el trabajo explotador para beneficiar solo a unos cuantos oligarcas en el poder. Pensar que nuestro presente debe ser usado en el “trabajo” para funcionar en la sociedad utilitaria es querer morir, es negar la vida. No podemos desperdiciar los instantes eternos de la vida en servir a una máquina infernal de destrucción. Los dirigentes todavía tienen fe en esta sociedad, pues creen en un futuro y han asegurado su orden social con el mito del Tiempo Lineal y su “progreso”.

Para los judíos, su mesías vendrá como un “Rey del Mundo” en el final de los tiempos, en el Apocalipsis. Para los cristianos, Jesucristo también volverá como un “Rey del mundo” en el final de los tiempos. Este mito mesiánico judeo-cristiano se asienta en el Tiempo Lineal, es el síntoma más reconocido de la decadencia humana, pues así la humanidad perdió la visión de los Ciclos Eternos, perdió la armonía con los ciclos de la naturaleza y del cosmos, se extravió. Buscando una causa y una explicación primordial a todas las cosas, los judíos monoteístas lo encontraron en su nefasta religión. Para Nietzsche, buscar una causa última a todas las cosas es pura cobardía, es el miedo de enfrentarse cara a cara con el misterio. El abominable Dios judeo-cristiano es una “creencia que dobla todo lo recto y hace caer lo que está en pie”, pues la debilidad, la mediocridad, la bajeza se juntan en esta religión moralista asentada en el mito del Tiempo Lineal. Estas creencias pretenden enjaular el espíritu humano para que pierda la trascendente unión con el eterno presente, en una servidumbre y esclavitud abismal.

¿Pero de donde viene esta nefasta idea religiosa mítica del Tiempo Lineal? Hemos visto que esta idea nació con la instauración del Patriarcado monoteísta judío. La idea de un comienzo y de un final es asociada a la de un Dios creador-padre. La civilización occidental se basa en estas creencias religiosas provocando un nivel de enajenación espiritual absoluto. La civilización del tiempo lineal está destruyendo el planeta y la mayoría se parte el lomo “trabajando” para subsistir en una máquina social de enajenación, mientras una minoría en el poder se indigesta de festines y orgías…y a esto llaman “progreso” y “evolución”. Lo que llaman nueva tecnología no es más que un paso a la auto-destrucción, lo que llaman “progreso” es en verdad retroceso, involución y un suicidio. Desde la revolución industrial hasta la era de la moderna tecnología hemos diseñado un suicidio global, pues todos los días producimos desechos industriales, gases venenosos, latas oxidantes de chatarra, plásticos químicos hiper-nocivos, y otros desperdicios que arrojamos al océano. El “progreso” es producir toneladas de putrefacción para destruir al planeta en el que habitamos. La post-modernidad es tener un celular y un computador como órganos del cuerpo humano. En verdad, este mundo asentado en el mito del Tiempo Lineal es el peor de los infiernos posibles, pues desde el “Génesis” se ha estado planeando el “Apocalipsis”, para construir un mundo lleno de podredumbre mental y física.

El ser humano es el campo de batalla de la lucha mítica entre el Tiempo Lineal y el Eterno Retorno. El mundo se encuentra en el borde del precipicio, a punto de caer despavoridos en el temblor universal por esta diferencia de creencias. Por ejemplo, los dirigentes plutócratas de los países occidentales son fieles adeptos del mito del Tiempo Lineal, su idea de progreso es bendecido por su abominable Dios. Y al mismo tiempo se preparan para su “Apocalipsis”, como la secta plutócrata del Opus Dei quienes ya están construyendo en todo el mundo “bunkers” para salvarse del Armagedón final, y que decir del fanatismo enfermo de otras sectas religioso-políticas como los Testigos de Jehová, la Iglesia de la Cientología, la Iglesia Universal del Reino de Dios, los masones-Illuminatis, etc. Todos esperan ansiosos un Final, ya que tienen una “finalidad”, pues estas sectas no son más que engendros enfermos del mito del Tiempo Lineal.

Pero para el mito del Eterno Retorno, no hay Dios, no hay creación, no hay un falso arquitecto del universo, no hay ninguna ley ni ninguna moral impuesta, no hay Génesis ni Apocalipsis, no hay ninguna “finalidad” ni “propósito” en nada, no hay pecado original ni sentimiento de culpa, no hay sacrificio ni responsabilidad por el futuro, y sobre todo no hay miedo al Eterno Presente. En los ciclos universales hay un número infinito de creaciones y destrucciones, lo que vivimos ahora no es más que una “era” en la eternidad del tiempo. Quizá estemos viviendo la transición y el cambio de paradigmas que necesita la humanidad para no desaparecer, por ello es urgente saber que si seguimos pensando que todo tiene un propósito y una finalidad jamás nos liberaremos de las garras del Tiempo Lineal, pero si vemos todo como un eterno presente cuya finalidad está en sí mismo, abrazaremos a la Eternidad…