coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Si Puedes…
enero 14, 2015, 10:20 pm
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Montaña (2)

SI PUEDES…

Si puedes ver destruida la obra de tu vida,

Y sin decir una sola palabra ponerte a reconstruir;

O perder de un golpe la ventaja de cien victorias,

Sin un gesto y sin un suspiro;

Si puedes ser amante sin estar loco de amor,

Si puedes ser fuerte sin dejar de ser tierno,

Y, sintiéndote odiado, sin odiar a tu vez,

Luchar, no obstante, y defenderte;

Si puedes soportar escuchar tus palabras,

Tergiversadas por malvados para excitar a estúpidos,

Y oír mentir sobre ti a sus locas bocas,

Sin mentir tú mismo en los más mínimo;

Si puedes ser digno, y a la vez popular,

Si puedes ser del pueblo y aconsejar a reyes,

Y si puedes amar a todos tus amigos como un hermano,

Sin que ninguno de ellos lo sea todo para ti;

Si sabes meditar, observar y conocer,

Sin convertirte nunca en escéptico o destructor,

Soñar, pero sin permitir a tu sueño ser tu dueño,

Pensar, sin ser sólo un pensador;

Si puedes ser duro sin jamás enfurecerte,

Si puedes ser bravo y nunca imprudente,

Si sabes ser bueno, si sabes ser juicioso,

Sin ser moral ni pedante;

Si puedes encontrar el Triunfo  tras la Derrota,

Y recibir a esos dos mentirosos con el mismo gesto,

Si puedes conservar el coraje y la cabeza,

Cuando la pierden los demás…

Entonces los Reyes, los Dioses, la Suerte y la Victoria,

Serán para siempre tus sumisos esclavos,

Y, lo que vale más que los Reyes y la Gloria,

Tú serás un hombre, hijo mío…

Del poema “If”, de Rudyard Kipling.



INCITACIÓN AL BUEN ÁNIMO
octubre 3, 2011, 1:30 am
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Incitación al buen ánimo

 

Cobardes pensamientos,

Dudas medrosas;

Vacilar femenino,

Quejas de angustia,

No te hacen menos daño,

Ay, ni te liberan.

Estar firme contra

Todas las fuerzas

Y no doblegarse jamás,

Hacerse fuerte:

Los brazos de los dioses

A ti se dirigen.

Johann Wolfgang von Goethe



La Guerra de las Coplas en la Independencia de Quito

La Guerra de las Coplas en la Independencia de Quito

 

“Ete maximus Orbis

Auctorem frugum tempestatumque potentem accipiat”

“En el Agosto un Ynvierno,

ya brumaba el Orizonte:

ya todo el zafir Quiteño”

Quito, aislada en las alturas de los Andes en un rincón noroccidental de la América del Sur a principios del siglo XIX, en pleno desarrollo del proceso independentista o separatista, el Tibet de América como la llamó Bartolomé Mitre, la ciudad de los conventos como la denominó Bolívar, ensimismada: “Quito y el mundo” pudo decir algún amigo porteño; por eso tal vez tuvo vocación de ciudad literaria donde la copla política de algún modo como parte de la sal quiteña, fueron demostrando el modo natural de ser de los quiteños. Y durante la independencia de Quito la guerra de las coplas no se hizo esperar:

El decepcionado prócer Juan de Larrea y Villavicencio (Ministro de Hacienda de la Junta Suprema de Quito de 1809) pudo escribir  este poema:

 

Ya no quiero insurrección,

pues he visto lo que pasa:

Yo juzgué que era melón

lo que ha sido calabaza.

 

Juzgué que con reflexión

amor  a la patria había;

pero solo hay picardía;

ya no quiero insurrección.

 

Cada uno para su casa

todas las líneas tiraba:

No me engaño: me engañaba

pues he visto lo que pasa.

 

El rey de plata había sido,

la patria todo de cobre;

su gobierno loco y pobre,

y de ladrones tejido.[1]   

                                                                                                                                                                                                                                                                                   Por su parte, los “godos”, los realistas criollos decían sobre la Junta de Quito del 10 de Agosto de 1809:

¿Qué es la “Junta”?

Un nombre vano

que ha inventado la pasión

por ocultar la traición

y perseguir al cristiano

¿Qué es el “pueblo soberano”?

Es un sueño, una quimera

es una porción ratera

de gente sin Dios, ni Rey.

¡Viva, pues, viva la ley!

¡Y toda canalla muera!

 

Y cuando llegaron las tropas colombianas “libertadoras”, comparando con los uniformes de los realistas, enseguidita no faltó quien dijera:

Los diablos en el infierno

se están finando de risa,

de ver a los colombianos

con casaca y sin camisa.

 

El pueblo indignado con el reclutamiento forzoso para la guerra de “independencia”, repetía:

Si me matan en la guerra,

la ventaja ha de quedarme

de que nadie tendrá el gusto

de volver a reclutarme.

 

Y ásperas diatribas a los arribistas de siempre, que se acomodan y pasan de apoyar al vencedor, luego de haber sido vencidos:

Paisano, ¿no es un primor

que quien fino sirvió al Rey,

hoy nos quiera dar la ley.

Metido a gobernador?

 

Para cuando terminó la guerra, y finalmente fuimos “liberados”, alguien pudo resumirlo todo, presente y futuro en una sola copla:

 Cincuenta revoluciones

en 50 años tenemos.

Como no han sido bien hechas,

hasta acertar las haremos.[2]

                                                                                                                                                                                                                                                                                       Y así nos fue.

Por Francisco Núñez Proaño


[1] En Büschges, Christian, Familia, Honor y Poder, la Nobleza en la ciudad de Quito en la época colonial tardía, FONSAL, Biblioteca Básica de Quito, Quito, 2007

[2] Todas las coplas son anónimas y fueron extraídas de “El quiteño libre” suplemento especial del diario El Comercio, Quito,  25 de mayo de 2002.



Rayo

Rayo

A la memoria de Mircea Eliade, “un perfecto pagano clásico que intenta cristianizarse”.

Con Horacio os invocamos:

Zeus y tú, poderoso Júpiter tonante,

Thor que reinas sobre el relámpago,

y bajo tu espuela del viento alzas la voz del trueno.

Traed el luminoso adorno del cielo precipitado,

oh, siempre dignos de veneración y perennemente venerados,

concedednos lo que suplicamos en el momento sagrado.

Vivificante rayo, que en tu resplandeciente rol nos brindas

la destrucción y la vida nueva, que naces diferente

siendo el mismo, no mirarás nada mayor

que la ciudad y su fortaleza destruidas por tu fuerza,

purificadas y reconstruidas surgen y vuelven a los tres días.

Santifica poderoso rayo, glorifica poderosa luz

y eleva el sonido hasta la última esfera.

A través de ti, somos los ecos re-fulgurantes

de la memoria sacra y de la juventud sin juventud.

Por Francisco Núñez Proaño