coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


Las reacciones anti-liberales.

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“No entiendo cómo se puede ser izquierdista en el mundo moderno, donde todo el mundo es más o menos de izquierda.”

Nicolás Gómez Dávila

“En el ámbito del pensamiento, entiendo por reacción una doctrina que, aunque propugna lo contrario que su antagonista, continúa actuando dentro de la misma conceptografía que ésta y, en el fondo, acepta la definición de los términos establecida por la doctrina que critica.”

Alfredo Cruz Prados

El liberalismo como hecho político sigue definiendo la vida de buena parte de los Estados nacionales americanos –a pesar del socialismo del siglo XXI, que sigue actuando dentro del marco del Estado liberal de derecho-. Se suele uniformar a las reacciones políticas frente a éste como provenientes desde la denominada izquierda y sin embargo no es así, evidentemente el liberalismo como hecho histórico es un movimiento de izquierda antes de asumir el poder y un sistema subversivo una vez en éste.

Ante la insurrección de la burguesía comercial-capitalista en la historia en general y del Ecuador en particular, cupieron (¿aún caben) dos reacciones:

1)    La primera, aristocrática y desde lo alto, es decir desde la “Derecha” (entendiendo la Derecha, con “D” mayúscula, como una forma de vida y de cosmovisión inspirada en principios superiores propios del espíritu y no la “derecha” política, preocupada de la siempre omnipresente economía de mercado, los “valores del individuo y la libertad” y demás irrealidades liberales), en nuestro país esta reacción guerrera y heroica –a pesar de lo cual no deja de ser reacción-  frente  a la “revolución liberal” (guiada y financiada por la burguesía mercantil de Guayaquil) se dio por medio de la “Guerrilla Azul” (grupo religioso-paramilitar serrano), de los “conservadores, terroristas y garcianos”, con Pedro Ignacio Lizarzaburu y Melchor Costales a la cabeza; además del Gobierno de Aparicio Ribadeneira en el exilio. Quienes entregaron su lucha y su vida por lo que ellos consideraban una Causa superior, la de la “Patria y la Religión” o “Dios y la Patria”, sin esperar ninguna recompensa terrenal o material a cambio.

2)    La segunda, desde los bajo, desde lo ínfero, es decir desde el plebeyanismo y la izquierda (también entendida como forma de vida subversiva contra el “Orden Tradicional” cuyo objetivo es la trascendencia de las personas y de la vida – hoy por supuesto este Orden es inexistente-), es decir de los socialistas (con y sin comillas), comunistas y similares, que “luchan” en este caso y en nuestros días, desde sus laptops y escritorios.

Así las dos fuerzas reaccionan frente la medianía bárbara de la burguesía, mas en el caso de la izquierda, de los que algunos han llamado “sucesores socialistas” de los anteriores “conservadores, terroristas y garcianos”, de “los socialistas del siglo XXI” específicamente, no se da más por una Causa superior, metafísica, no material, es decir la del espíritu reflejado en la “Patria y la Religión” -en el caso específico del Ecuador de finales del S. XIX-, ahora se da en cambio por supuesto por la defensa de una causa inferior, la del “pueblo” -siempre abstracto-, y de la “patria”  con “p” minúscula, entendiendo la misma como un mero conglomerado de gente con el único fin de satisfacer sus necesidades básicas y sus sacrosantos “derechos humanos” que nadie se los ganó, pero que todos reclaman; es decir por lo más bajo de la materia; por el estómago -la soberanía alimentaria-, la piel -la soberanía sexual o del cuerpo, y claro incluyendo el “derecho al orgasmo”- y los instintos – la libertad de todo y para todos, pero ¿libertad de qué y  para qué? Vale preguntarse.

Concluyendo, cuando los “conservadores, terroristas y garcianos” se oponían al liberalismo y a la entrega del país a los “yanquis” por medio de Alfaro, lo hacían porque tenían plena conciencia que esto significaría el final de un Orden y una sociedad tradicional inspirada por principios superiores en verdad, intacta a pesar de todo por siglos, y que finalmente ocurrió con el advenimiento del “mejor ecuatoriano”. Hoy en cambio cuando los “socialistas” se “oponen” a los “yanquis” es porque tienen plena conciencia no de que ellos NO son sus adversarios, sino que son sus adelantados en las formas de vida más bajas hasta ahora conocidas , y lo que les desagrada es que ellos no puedan vivir así –¡Una competencia enferma!-, que su economía no sea como la de los EEUU, monstruosa y voraz, que su sociedad no sea como la de los gringos, “plena de derechos y libertades”, y por lo mismo bien reclaman como a su padre y maestro al “gran Alfaro” fiel amigo y servidor de los yanquis y de sus billetes, claro está.  Así, si analizamos a nuestros “socialistas del siglo XXI” y sus vidas, verificamos como no les importó, y no encontraron contradicción lógica, al haber estudiado y obtenido sus “masterados”, “phds” y demás cartones de pared en tierras del “imperio”, o haber trabajado y servido en sus organismos transnacionales como las Naciones Unidas, el Banco Mundial, o hasta el FMI; pues al parecer o no eran aún “socialistas” o bien y de hecho reconocían como etapa previa a su “socialismo moderno” el liberalismo burgués, capitalista y democrático del país sin nombre del norte.

El proceso revolucionario en su forma plena tan solo es comprendido por tradicionalistas y marxistas, ambas reacciones frente al liberalismo. La acción definitoria que suprima al último aún no ha surgido en estos pagos.

Por Francisco Núñez Proaño



El pueblo y el Rey.

El pueblo y el Rey: algunas reflexiones cortas desde mi muro de facebook.

“¿Quiénes son los autores de esta revolución? ¿No son los blancos, los ricos, los títulos de Castilla y aun los Jefes militares al servicio del Rey?”-Bolívar. 1817.

Las “clases dirigentes” de latinoamérica se sienten exiliadas en su propia patria, añorando Wall Street, París, Londres, Dubai o hasta Beijing. Existe una “casta feudal” de pacotilla formada por la oligarquía plutocrática surgida en la independencia -algunos hasta con apellido inglés- que formó un engendro capitalista en nuestros países. La “elite” -sin tilde y pronuciado como en inglés- no ha hecho más que prevaricar, y el pueblo llano, siempre aliado del Rey en otras épocas ha sido quien ha tenido que pagarlo todo.

Antes existía algo llamado pueblo, pueblo llano -ahora solo nos queda la masa- descendientes de españoles humildes y de indios del estado llano. Hay muchos que tienden a confundir la reivindicación de la monarquía como una aspiración aristocratizante o esnobista, cuando en realidad es la aspiración de la resturación de una sociedad orgánica y más justa. Agualongo en Pasto, Huachaca en Perú, y el “Púñug” Camacho en Guaranda lo atestiguan, gente llana y simple, mestizos e indios que lucharon y murieron por su Dios, por su Patria y por su Rey en la Gran Guerra Civil Hispanoamericana también llamada Guerra de la Independencia.

Uno de los inspiradores de las “luces” de Bolívar: Montesquieu -ícono de la revolución francesa- opinaba así de los negros: “No puede concebirse la idea de que Dios, quien es un ser muy sabio, haya puesto un alma buena en un cuerpo todo negro. Es natural pensar que el color lo constituye la esencia natural de la humanidad…” Con razón Bolívar se odiaba a sí mismo: “Nuestra propia sangre es nuestra ponzoña” llegó a decir el Libertador.

Para su información: las últimas guerrilas realistas durante la independencia en rendirse fueron: 1839, capitulación de las guerrilas realistas indias del Perú. 1845, rendición y exterminio de las guerrillas negras, pardas y mulatas dirigidas por un indio en Venezuela. 1861, derrota de los últimos reductos realistas de Sudamérica en la región india de Araucanía al sur de Chile -nunca incorporada al Imperio Hispano curiosamente-.

En el Reino de Quito, y corroborando las palabras de Bolívar (“¿No son los blancos, los ricos, los títulos de Castilla y aun los Jefes militares al servicio del Rey?”) fue mínimo el porcentaje de la hidalguía, de la aristocracia y aún de la nobleza que abrazaron la Causa de la Monarquía y del Rey, el 90% de estos fueron los más firmes sostenedores de la independencia. Esas fueron las bases de la república, una élite sin dirigente y sin guía, y bien señaló Platón, la aristocracia sin guía, degenera en oligarquía:

‎”Hemos perdido todo nuesto tiempo y dañado nuestra obra; hemos acumulado desacierto sobre desacierto y HEMOS EMPEORADO LA CONDICIÓN DEL PUEBLO, que deplorará ETERNAMENTE nuestra inexperiencia” -Simón Bolívar. 1828.

Por Francisco Núñez Proaño.