coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


COSME LÓPEZ Y OTROS – LOS PRIMEROS QUITEÑOS EN EUROPA

COSME LÓPEZ Y OTROS – LOS PRIMEROS QUITEÑOS EN EUROPA

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Parte de la visión sesgada y unilateral del proceso histórico que significó la Conquista y el Poblamiento de las Indias Occidentales o América por parte de la Corona de Castilla, es creer que no existió intercambio humano de un continente a otro, sino solamente “ocupación” del uno (Europa) por sobre el otro (lo que sería América). En términos actuales, la movilidad humana desde América hacia Europa desde el primer momento del proceso histórico mencionado fue muy amplia y hasta ahora muy poco estudiada y comprendida. Se ven criollos y mestizos de todos los rincones conquistados ir y venir por el Atlántico y de un lado a otro de América (numerosos son, por ejemplo, los conquistadores mestizos de América del Sur, demostrativamente véase el caso de Buenos Aires, donde casi la totalidad de sus fundadores y primeros pobladores eran mestizos biológicos aunque europeos culturalmente hablando, idos desde el Paraguay – Valga recordar que las primeras generaciones de mestizos americanos, lo vemos en México como en el Paraguay, siempre fueron considerados castellanos o hispanos como sus padres), dejando en muchos casos descendencia en ambos lados del Océano. Me remitiré en este caso, como es evidente, a mi Reino o Provincia ultramarina de la Monarquía Hispánica: Quito.

La villa de San Francisco de Quito fue asentada el 6 de diciembre de 1534 en el actual emplazamiento de la ciudad, siendo la capital de su provincia hispana homónima por casi tres siglos. Apenas poco más 20 años después, en 1555, es decir en la primera generación de criollos y mestizos quiteños y quitenses (quiteño, gentilicio de los nacidos en San Francisco de Quito; quitense, gentilicio de los naturales de la provincia, después Real Audiencia de Quito), se tiene la constancia documental del primer quiteño en tierras europeas, de la Castilla peninsular: Cosme López, “vecino y natural de Quito, hijo de Diego López y de Leonor de Andía, soltero” y por supuesto, mozo todavía, quien además se disponía a volver a Quito para entonces. Además se distingue a los siguientes en la documentación disponible en el Archivo General de Indias: En 1557 están en la Península los hermanos Ruy Gómez de la Cámara y Martín Rojas, “naturales de Quito, vecinos de Antequera”, mestizo el primero, hijos del conquistador Alonso de Gómez Adalid y de Leonor Palla (india noble) el primero; y criollo el segundo, hijo de Inés de Rojas. También evidenciamos así que si bien el mestizaje se produjo desde el primer momento, el criollaje también, en la primera generación posterior a la conquista nacieron criollos –hijos de padre y madre europeos en América-, desmintiendo así varios puntos de la Leyenda Negra, como la supuesta ausencia total de mujeres en la Conquista, ni hablemos de las familias completas que se trasladaron en la décadas posteriores desde los Reinos Peninsulares a los Ultramarinos.

El 29 de diciembre de 1557 Juan de Rioja, “de color mestizo” pasa a la “Provincia de Quito, por ser natural de ella”, desconociendo desde cuando había estado en la Península. Para 1559 consta la presencia de Francisco Bernardo de Quirós en Sevilla –quien ya estaba en la Península por lo menos desde antes de 1556-, “natural de San Francisco de Quito”, que para la fecha era servido por un criado peninsular, Alonso Pérez.

Así comprobamos la presencia de al menos cinco quiteños y quitenses en los reinos peninsulares en la inmediata y primera generación posterior a la conquista. En casos como el de la Isla Española, los casos se cuentan por centenas, debido a  lógicas cuestiones cronológicas para el momento.

Se encuentran, así mismo, otros (por lo menos 3) “vecinos de San Francisco de Quito” en éste primer cuarto de siglo posterior a la fundación de la ciudad en Europa, sin embargo al no señalar si son o no naturales de la misma, no se puede consignar su presencia aquí.

Francisco Núñez del Arco Proaño



EL SIMBOLISMO HERCÚLEO EN LA ICONOGRAFÍA DE BENALCÁZAR

EL SIMBOLISMO HERCÚLEO EN LA ICONOGRAFÍA DE BENALCÁZAR


Sebastián de Benalcázar es el asentador y digámoslo sin miedo alguno, el real y efectivo fundador de San Francisco de Quito el 6 de diciembre de 1534 en su actual ubicación, más allá del hecho jurídico llevado a cabo en medio del estado de necesidad frente al también conquistador Pedro de Alvarado, por el cripto-judío Diego de Almagro el 28 de agosto de ese mismo año en las cercanías de la laguna de Colta en la sierra central del actual Ecuador.

Cual alquimista o aprendiz de esta ciencia mágica, sin saberlo, Benalcázar formó la amalgama de la fusión con su hecho fundacional, que no la mezcla, de dos civilizaciones solares, jerárquicas, viriles y espirituales en un crisol que a pesar de los siglos aún no crea la piedra filosofal que liberará a la tierra de la mitad.

Si bien no existe un retrato de época del conquistador Sebastián de Belalcázar o Benalcázar -Hijo de la Fortaleza-, nacido Moyano, del pueblo llano andaluz, fruto de la Castilla perenne, quien supo en la guerra y conquista ennoblecerse por sus actos de heroísmo y arrojo, han sido varias sus representaciones ideales que a partir del siglo XVI se han realizado.

Sin duda alguna, existe un modelo inicial -el cual desconocemos- de donde se basan el resto de representaciones pictóricas del conquistador, dado sobre todo por un elemento recurrente en todas estas: su yelmo.

Yelmo de particularísima forma e importancia, apenas ahora tomado en cuenta por mí, a pesar de haberlo visto por años.

Esta imagen aparecida en el ”Diccionario Histórico o Biografía Universal Compendiada” de 1830, indubitablemente el modelo más reciente para las representaciones ecuatorianas de Benalcázar, muestra al hombre de la guerra con su casco de clara forma leónica. No puede sernos indiferente este detalle, sobre todo si analizamos los retratos de otros conquistadores donde no aparecen símbolos parecidos algunos, es decir, Benalcázar es el único de su tipo que posee esta representación ¿histórica?

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¿De dónde surge, pues, este simbólico león enyelmado?

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Míticamente no hay como perdernos. Uno de los más característicos héroes solares, como Heracles o Hércules, conquistó la divinidad a base de sus famosos trabajos, uno de aquellos, el primero de todos, fue el triunfo sobre el león de Nemea, al cual después de haberle dado muerte lo despojó de su piel para utilizarla como un poderoso trofeo sobre sí mismo. La gruesísima piel del león de Nemea fue utilizada además por Heracles en todas las aventuras que sucedieron a ésta hasta la victoria final, sirviéndole como la mejor y más eficaz de las armaduras, e hizo servir la cabeza del león de yelmo, como vemos en las siguientes imágenes.

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Posteriormente en las representaciones del siglo XX que se hicieron de Don Sebastián, la cabeza del león se redujo considerablemente, pero se mantuvo, como consta en el retrato de Víctor Mideros que resguarda el Municipio de Quito.

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Hércules, el héroe solar, pasa por esos doce trabajos para superarse y perfeccionarse. Esta visión del mito de Hércules es una interpretación desde el punto de vista de la gran obra interna a realizar por cada uno de nosotros. Benalcázar es pues, en sus representaciones artísticas tanto como en su vida, el símbolo de heroísmo, superación, perfeccionamiento, ennoblecimiento, engrandecimiento, lucha, conquista y victoria que todo quiteño que se precie de tal, debe perseguir hasta sus últimas consecuencias.

Honremos así la fundación hispánica de San Francisco de Quito

Concluyendo: ¡Menos chullas y más hombres de acción!

Francisco sin tierra



¿Qué viva Quito?

La vocación irrenunciable de Quito

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Platón sentencia en su República:

Hay un modelo fijado en los cielos para quien quiera verlo y que, tras haberlo visto, quiera conformarse a él. Pero que exista en algún lugar o haya de existir jamás, es algo carente de importancia: porque éste es el único Estado en la política del cual él pueda considerarse parte.

El 6 de diciembre de 1534 si bien no fue la fundación oficial española de la ciudad -San Francisco de Quito se funda el 28 de agosto del mismo año en Santiago de Quito, cerca de la actual Riobamba. Como señaló alguien, San Francisco de Quito fue fundada a control remoto, sin embargo, el 6 de diciembre sí fue el día del asentamiento definitivo de San Francisco de Quito, la Quito española, en su actual ubicación. En esta fecha, hace 478 años el mítico Reino de Quito en este espacio geográfico, fue refrendado por el Capitán Sebastián de Benalcázar (Sebastián de Belalcázar, su nombre de nacimiento era Sebastián Moyano); de las cenizas del Quitu milenario creado por el Sol surgiría el Quito Hispánico fundado por los “nuevos césares” de la era contemporánea. Con orgullo debemos presentarnos frente a los postreros legados suyos.  Es verdad que los hábitos de estos arriesgados en viril heroísmo extintos están, perdidos en el mito y en la historia, Quitumbe, Atahualpa, Rumiñahui, Benalcázar, Carlos I y V ya no son más materia, sin embargo… están llamados estos a celebrar una resurrección única.

Pero, ¿qué es Quito?, ¿una ciudad? ¿Un asentamiento y conglomerado de gente? ¿Una simple urbe más?…. No, si pensamos así nos equivocamos  y de forma grave… Quito no es otra cosa que el surgimiento de un mismo principio espiritual, de un mismo principio metafísico que en  el Mundo Tradicional –como bien señala Eduard Alacátara-  siempre se caracterizó por tener las miras puestas hacia lo Alto. El hecho Espiritual impregnaba su discurrir. En lo Alto oteaba orden: el Orden del Cosmos, los siete Cielos enunciados y descritos por cierta metafísica… Y si en lo Alto oteaba un Orden que se había impuesto a la nada o al caos previos, quiso -dicho Mundo de la Tradición- instaurarlo aquí abajo como si se tratase de un reflejo del imperante allá arriba. Pretendió hacer de la Tierra un espejo de lo que veía en el Cielo, pues siempre concibió que el microcosmos debía de asemejarse al macrocosmos o, lo que es lo mismo, lo de abajo a lo de arriba. Y para que ese Orden cósmico imperase en la Tierra debería de existir –aquí abajo- una fuerza centrípeta que evitase la disgregación de los diferentes elementos que debían acabar tomando parte de él –de ese nuevo orden– y que debían acabar haciéndolo realidad. Y esa fuerza centrípeta aglutinadora no podía revestir otra naturaleza que la espiritual. La Idea (en el sentido trascendente) sería el eje alrededor del cual giraría todo un entramado armónico. Una Idea que a lo largo de la historia de la humanidad ha ido revistiéndose de diferentes maneras. Una Idea que -rastreando la historia- toma, por ejemplo, cuerpo en lo que simbolizaba la antigua Roma. Esta Idea no es otra que la del Imperio, dando el origen a los diferentes Imperiums (entendiendo Imperium como la “unidad de gentes alrededor de un ideal sacro”), y no fue otro más el origen y la vocación TRUNCADA de Quito.

QUITO, LA DOS VECES TRUNCADA SEDE IMPERIAL

Siendo estrictos en cuanto al aspecto histórico de nuestra urbe[1], debemos anotar que Quito jamás llegó a ser capital imperial de derecho en las dos oportunidades que tuvo para ello.

Es un hecho innegable que por cuestiones político-religiosas (como en la mayoría de civilizaciones, excepto la moderna, política y religión no estaban desligadas) los Incas estaban decididos a trasladar la sede de su Imperio hacia Quito, y fue tan así que Quito debía ser la tercera Cuzco, siendo que la segunda Cuzco fue Tomebamba cerca de la actual Cuenca del Ecuador. Y cuando todo estuvo preparado para que Quito fuese oficialmente el Eje del Mundo andino, su Axis Mundi, sucedió esa hermosa tragedia llamada la Conquista de América por parte de Castilla, León, Aragón… etc. Y lo que pudo haber sido entonces quedo en medio de una pausa cósmica[2].

La segunda oportunidad que se le presentó a la ya San Francisco de Quito de ser Sede Imperial, fue con el proyecto monárquico del Gral. Juan José Flores, en la década de 1840. Donde el  “Restaurador de la Monarquía en Ecuador, Perú, y Bolivia” con trono en Quito jamás pudo coronarse… Y no pudo coronarse porque la gran finanza londinense no le convenía que sucediera tal y así boicotearon el proyecto. Entonces fue un príncipe europeo Rey no coronado de Quito y Emperador de un nuevo Imperio y de una nueva dinastía quiteña hasta ahora inconclusa.[3]

En este punto vale recordar que “pecaron” de monárquicos e imperiales los mismos libertadores de América del Sur: Bolívar al final de sus días, y San Martín desde el vamos.

Quito, el Quito, San Francisco del Quito… entonces solo puede ser entendido como un ente imperial. Imperial fue cuando Atahualpa “el primero de los reyes del Mundo” que a nadie debía acatamiento, quién adoraba a un “dios vivo, el Sol, (que) vive y hace vivir a los hombres” –cómo el mismo lo señalara- lo asentó como su capital de facto; Imperial fue cuando Benalcázar la refundó “en nombre y al servicio de su Imperial Majestad” Carlos I de Castilla y V del Sacro Imperio Romano Germánico, como se señala en el acta de su fundación… Y amagos de espíritu imperial, si bien ya infectada la idea con valores deletéreos, incluso lo podemos detectar en fechas memorables para la historia oficial, como cuando la junta del 10 de agosto de 1809 proclamaba al mundo y a nuestra América “La sacrosanta Ley de Jesucristo y el IMPERIO[4] de Fernando VII, perseguido y desterrado de la Península, han sentado su augusta mansión en Quito”; Imperial fue cuando García Moreno hizo de la capital republicana la sede de un Imperio espiritual, que aún sin tener ese nombre lo fue… y recordemos, como ya se ha anotado, que incluso el primer presidente del Ecuador Republicano, Juan José Flores, “padre de la patria” y uno más de los “libertadores” no quiso sino otra cosa que instaurar un Imperio que se enseñoreara sobre esta parte del continente.

Sin duda en la mayoría de estos casos la unidad de las gentes estuvo basada en un ideal sacro, el ideal de la jerarquía, que lleva hacia lo eterno, que supera a la mera materia, la organización que vence al tiempo.

SER O NO SER

A pesar de lo dicho, hoy todo esto es incomprendido o peor: es odiado, porque no se entiende que la gloria eterna es en función de la Idea, de la Trascendencia… de lo Alto… es cuando entonces todos los hechos de nuestra gloriosa historia son tergiversados… el Inca y su sistema, ¿una salvaje persona?, la Conquista… ¿un genocidio, acaso?…, el 10 de Agosto ¿una revuelta subversiva?, el proyecto floresano ¿traición a la Patria?, el período garciano ¿una brutal tiranía?… NO… porque además de contrariar la verdad de los hechos históricos, de ser así no seriamos más que los hijos del latrocinio, de la lujuria, del palo, del garrote y del infeliz rigor guiado por los intereses venales de un puñado de míseros seres. Inlcuso en función histórica, no podemos  exigir mentalidad contemporánea en europeos y menos en aborígenes del siglo XVI o en americanos del siglo XIX -como ya lo dijo Luis Pallares Zaldumbide-,  todos con su valentía sin límites, su audacia, su fe, son genuinos valores humanos y más que humanos en muchos casos, dignos antecesores de un pueblo, de una nacionalidad… pero ¿de cuál nacionalidad?… la ecuatoriana muchos pensarán… mas, nuestra verdadera nacionalidad no es otra que la imperial quiteña… De hecho nuestra vocación nos lleva a superar la noción de nación y a ser supranacionales, a ser universales en un punto. Y este es un precedente de infinita trascendencia sí anhelamos llegar en exploración de la Nación hasta los mismos orígenes de nuestra Patria; y que confirman también, en nuestro caso particular, la posibilidad de un ecuatoriano, o mejor de un quiteño altivo, seguro de sus propias virtudes y lleno de fe en su propio ser.

Se podrá objetar que Quito como ente imperial, pudo haber sido algo inexistente, un reflejo celestial trunco como lo dice Platón, pero esto simplemente no es así, la verdad histórica nos lleva a los orígenes solares-heroicos-imperiales de Quito, sin embargo, aún más allá de la verdad histórica, está la verdad trascendente…. Quiteños fueron y son quienes han hecho Patria en torno suyo… han hecho Patria con su Sangre, con su Espíritu, y con su Voluntad, quiteños, fueron desde Atahualpa quien impuso esta como su sede de facto, quiteño fue Benalcázar que dio su voluntad y su victoria por Quito; quiteños fueron los argonautas de la selva como Orellana que nos dio un mundo a orillas del río-mar Amazonas, llave de un continente; quiteño fue Carlos I y V quien amó y procuró la edificación de su  lejana ciudad; quiteño fue García Moreno quién hizo de Quito extensión de su ser… y todos ellos habrían hasta el final de su vida guardar en su mente y en su corazón la misión que la Divinidad les encomendó en otro diciembre de hace ya algunos siglos… Erigir, refundar y posar lo que es más que materia, lo que es la fuente e inspiración de aquellos que son más que hombres, el Orden que debe establecer una verdadera jerarquía, diferenciar nuevas dignidades y, en la cumbre, entronizar la superior función del mando, del IMPERIUM, de quien es verdaderamentre libre, señor de sí mismo.

¡Quito, Quito, Quito! Este nombre retumba con fervor en los corazones de los verdaderos quiteños, sin importar de dónde hayan nacido… después de todo, ¿qué es el Ecuador sino la degeneración del Quito[5]? Quito, el Quito, que no es otra que la Patria en sí, pues la Patria es poseía, la poesía es creación y la creación es Don Divino… Así “la cara de Dios” en la tierra, la “Luz de América”  imperial protegió y cuidó de sus proles, hasta cuando se apartaron de su principio generador. Hoy cuando la mediocridad campea, cuando la estupidez se enseñorea, cuando la vileza y la bajeza se glorían de sus fechorías, cuando los hombres renunciaron a su misión divina separándose de los cielos con la excusa de dominar la tierra, dando primacía a los bienes materiales… finalmente llevándose a sí mismos a la caída total…  pagando un precio alto por eso. Hoy ya nadie más recuerda o no quiere recordar, que frente a la bajeza, y la putridez de la modernidad subversiva y subvertidora… en algún lugar están los muertos que nos observan, y  aborrecen lo que se ha hecho de su creación y simiente… nos dicen desde allí a todos quienes queremos tomar la lucha para regenerar la gloria de nuestro Quito, de nuestra nación quiteña… ¡no olvidéis que hubo una época que los dioses fueron quiteños!

Mi bisabuelo, Luis Proaño Calderón, pudo afirmar el mismo año de mi nacimiento:

El 6 de diciembre de 1534 es fecha inmarcesible que no debe olvidarse y que estará presente en la mente ciudadana, cual azucena que no puede marchitarse… Nuestra Capital celebra su clásica fecha, SEIS DE DICIEMBRE (mayúsculas en el original), con orgullo santo, haciendo honor a sus blasones y a sus glorias del pasado y del presente… Estará esta fecha en los fastos memorables de la Historia de la América Meridional, ungida cual óleo sagrado por el oráculo romano con caracteres de eternidad. La ciudad de San Francisco de Quito, que recibió su bautismo en manos de su Fundador el Adelantado don Sebastián de Benalcázar y que recibió de lo alto la insignia de su cristiandad, se viste de gala en su efemérides para decirle al mundo, desde este balcón de América Hispana e India, y a todos los ecuatorianos de su fe en el destino histórico… bajo el impulso creador de sus esforzados hijos de esta tierra alma de nuestra nacionalidad. Esta ciudad a la vez mestiza y española, dueña orgullosa de su abolengo aristocrático, cada SEIS DE DICIEMBRE irradia de luz, de alegría y de gozo. Necesitamos la obra práctica… su superación cultural, a manera de heredera de la civilización de Occidente.[6]

La superación cultural, nuestra superación cultural, no puede ser otra que corresponder a nuestra vocación. Concluyo concordando con Jorge Luna Yepes que “El Ecuador – como heredero de Quito- ha encarnado el sentido trascendente de la vida frente al pragmatismo utilitario…” ha llegado la hora entonces de  “abandonar la vileza y cobardía de los hombres de ALMA CADUCA y espinazo corvado”, debemos re erigir la “Patria  que será lo que nuestra voluntad elija… está en nuestras manos levantarla.”

Respondamos al espíritu de nuestros héroes, al llamado de los muertos, seamos leales a nuestra tradición de gloria, idealismo y dignidad. Formemos nuestra NUEVA conciencia, levantemos la frente, lancémonos a vencer, lancémonos “…a  la reconquista de lo que fue nuestro. ¿Qué fue nuestro? Nuestra fe, nuestra grandeza imperial. EL IMPERIO.”

Ante todo esto vale preguntarnos:

¿Qué viva Quito?

¡Qué viva lo eterno, qué muera lo viejo!

Alejemos de nosotros a la Quito falsa. Quito será Imperio o no será.

Por Francisco sin tierra, séptima generación de ecuatorianos, novena generación de quiteños, décima generación de quiteños audienciales y undécima generación de americanos por varonía

RELACIONADO: Ecuador: Caos y forma


[1] “Ciudad y urbe no eran palabras sinónimas entre los antiguos. La ciudad era la asociación religiosa y política de las familias y las tribus; la urbe era el lugar de reunión, el domicilio, y sobre todo santuario de esta asociación.” – Numa Denis Fustel de Coulanges

[2] Poderosa analogía histórica es la que podemos realizar en este sentido con la traslación de la sede imperial romana, primero de la Roma fundacional, a la segunda Roma, o sea Constantinopla y de esta a la que debía haber sido o pretendió ser su sucesora: Moscú, la tercera y truncada Roma.

[3] “No había nada de vergonzoso en ser monárquico en la América Latina de los primeros años del siglo XIX. Tres siglos de gobierno colonial habían moderado la sociedad y las instituciones gubernamentales bajo principios autoritarios y aristocráticos, notablemente diferentes de los de la sociedad anglosajona de Norteamérica.” – Mark Van Aken

[4] Imperar y Gobernar en castellano son sinónimos.

[5] Según la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (SENPLADES) son “cinco (los) momentos importantes para la construcción de un Estado nacional” y cinco los presidentes que lideraron estos: 1) Gabriel García Moreno 2) Eloy Alfaro 3) Isidro Ayora 4) Guillermo Rodríguez Lara y 5) Rafael Correa. FUENTE: PLAN NACIONAL PARA EL BUEN VIVIR, Quito, 2012, pág. 104. Llama la atención la ausencia de un solo quiteño entre los 5, lo que vendría a desmontar la idea (siempre siguiendo a la SENPLADES) de que “la construcción de un Estado nacional” ecuatoriano fue una obra de quiteños y de Quito, en  el sentido más estricto del gentilicio.

[6] En Quito – Ciudad de ensueños. Revista Magazine Internacional N° 71, Quito, diciembre de 1985.



Un heroico quiteño en los Tercios españoles

Un heroico quiteño en los Tercios españoles

Patricio Muñoz Valdivieso, historiador y genealogista lojano, nos detalla en su interesante artículo “PARENTESCOS DE (DON) ALONSO PÉREZ DE LOS RÍOS, VIZCONDE CONSORTE DE SAN DONÁS”, la siguiente información sobre un destacado lojano quiteño audiencial que se desempeñó como militar en la Europa del siglo XVI, específicamente en las campañas de Flandes, llegando al grado de General y Maestre de Campo en las filas de los Tercios, además de haber logrado una distinguida posición social (Ver el artículo completo en este enlace: http://www.genealogia.or.cr/pdf/revistas/ACCG-revista019.pdf):

General y Maestre de Campo (D.) ALONSO DE LOS RÍOS (o PÉREZ DE LOS RÍOS o PÉREZ DE LOS RÍOS Y RIBERO o PÉREZ DE LOS RÍOS VIVERO o PÉREZ RÍOS CABALLERO o PÉREZ DE LOS RÍOS Y VIVERO o PÉREZ DE LOS RÍOS DE VIVERO Y RIBERA), Vizconde consorte de San Donás, el cual junto con su esposa son los primeros del título establecidos en el nuevo continente, n. por 1623 en la quiteña Loja. Según Mendiburu nació en Lima, sin embargo, en la capital virreinal solo se crió desde muy joven como él mismo declaró después. Conforme otro testimonio equivocado nació en la andaluza y granadina Lojac, ciudad que quizás, como buen lojano americano, visitó mientras duró su estadía en la península ibérica, y donde tal vez obtuvo una genealogía falsa por los apellidos Vivero, Rivera, Mercadillo y Mendoza, recuérdese que el fundador de la Loja americana el Cap. Alonso de Mercadillo era originario de la granadina Loja.

Fue un caso atípico en la obtención de títulos nobiliarios por parte de individuos nacidos en Indias y concretamente en la jurisdicción de la Audiencia de Quito el de (D.) Alonso Pérez de los Ríos. Marca generalizada, conforme se constata de una revisión somera de la obra de José Alejandro Guzmán Rodríguez, Títulos Nobiliarios en el Ecuador, publicada en Madrid en 1957, fue que quienes alcanzaron esos reconocimientos tenían como cuna a familias cuyos progenitores o parientes inmediatos o ellos mismos habían desempeñado elevados cargos burocráticos en el nuevo continente, tales fueron los primeros Marqueses de Cadreita -o Cadereita o Cadereyta- (1617) y Valdelirios (1703), cuyas familias temporalmente residieron en Quito; o bien provenían de familias criollas domiciliadas en la Audiencia que se habían encumbrado económicamente, como fueron los primeros Marqueses de Solanda (1700), Villa Rocha (1703), Miraflores (1744), Lises (1745), Villa Orellana (1748) y S. José (1815); y los primeros Condes de Selva Florida (fines del siglo XVII), Las Lagunas (1714), Real Agrado (1769) y Casa Jijón (1784). Recuérdese que en la Audiencia de Quito residieron por herencia el siciliano título de Marqués de Maenza y el castellano Marqués de Selva Alegre, que se vincularon familiarmente en esa jurisdicción.

El caso de (D.) Alonso es la excepción a la regla anterior, joven emprendió viaje al viejo continente en busca de fortuna pues el sueño americano no había funcionado tan exitosamente para su familia, la cual de la información que se desprende anteriormente, no alcanzó, sino muy relativamente en algunos de sus integrantes, el cenit económico y social tan deseado. Allá le fue bastante bien en la carrera de las armas y tuvo un excelente ojo para desposarse, consecuencia de ello fue que se le otorgó en Bruselas en 1654-03-14 el título de Flandes de Vizconde hereditario y Preboste de San Donás que era de propiedad de su primera esposa o de la familia de aquella. Este hecho, entonces, abrió nuevos y florecientes caminos para él y para sus hermanos enteros y del tercer desposorio materno, coincide que las ventajosas prebendas y casamientos o uniones de hecho de ellos se dan luego de la obtención del título; sus provincianos paisanos, miembros de importantes familias, y uno que otro de sus vecinos geográficos perdieron la cabeza por emparentar de cualquier manera con el novel Vizconde, probablemente emparentado además por su primera esposa con la alta nobleza europea, y cuyos hijos de segundo matrimonio muchos años más tarde adquirirán por herencia de su familia materna el peruano Marquesado de Villa Hermosa de San José.

Curiosamente, D. Alonso, único lojano, y segundo quiteño audiencial de nacimiento luego de Cadreita, en obtener una dignidad nobiliaria no responde a los dos presupuestos indicados, y el título que recibirá no será de Castilla como es el caso de todos los anteriormente señalados, sino el de uno de los tantos dominios personales del entonces monarca español reinante de la dinastía de los Austrias, aunque claro es necesario acotar que la concesión se la hizo por matrimonio con la beneficiaria del título y no por sí mismo; en todo caso, habría que revisar cuantos Vizcondes de esta denominación hubieron antes en Flandes, pues (D.) Alonso y su esposa son los primeros del título que vivieron en el Perú.

Llamado siempre erradamente Conde en el testamento de su madre (lojana) y por su cuñado Fco. de Ureña al testar. Acaso se lo llamaba Conde, lo que sucederá también con sus sucesores en el título, o bien por confusión, o bien por propia voluntad, o bien para evitar la notoriedad que podría haber significado en el ambiente de entonces de ser considerado menos que Marqués o Conde, títulos que se encontraban al mismo nivel según la legislación castellana conforme lo expresa Julio de Atienza en Títulos Nobiliarios Hispanoamericanos, 1947, p. 18.

En 1646 de unos 23 años ya D. Alonso se encuentra en Madrid, declara que se crió desde joven en Lima y figura como testigo de la inf. genealógica presentada por el limeño D. Fco. de Vargas y Carvajal, integrante de la familia de los futuros Duques de San Carlos, para ser investido caballero de Alcántara.

En 1662-01-25 en Madrid hace una Relación de méritos y servicios el Mte. de Campo D. Alonso, Vizconde de San Donás. En ella se incorpora el testimonio dado en Bruselas en junio de 1658 por García Osorio, Contador del Consejo de Flandes, el que dice que Ríos se estableció en Flandes como parte de una compañía de infantería española en 1648-04-06 y que le fijaron la renta de 8 escudos de ventaja particulares el día 21 como Alférez Reformado que fue de los reinos del Perú, sirviendo en esa calidad hasta 1650-01-28, fecha en que el Archiduque Leopoldo lo puso al frente de una compañía de infantería donde sirvió hasta 1655-05-01 en que se le concedió el mando de una compañía española hasta que en 1658-05-08 D. Juan (José) de Austria le nombró Mte. de Campo del Tercio de Caballería bajo órdenes del Mte. de Campo D. Pedro de Carvajal y Coria hasta que el día 13 se le concedió licencia.

También se encuentran las certificaciones dadas en 1655-04-23 y 1656-05-20 por D. Fernando de Solís, General de Artillería en Flandes, y los Sargentos Generales de Batalla el Marqués de Monroy, el Marqués de Yennes, el Mte. de Campo de Infantería D. Antonio de Bassacourt y el Cap. y Sgto. Mayor D. Jerónimo de Benavente, en las que declaran que lo han visto servir por 8 años, especialmente en 1648 en el asalto de la villa y ciudad de Cotray –llamada también en ese documento Cotras- en Francia con gran valor, habiéndolo visto el Archiduque Leopoldo en una salida que hicieron los enemigos peleando y rechazándolos hasta una entrada encubierta, acto en que se tomaron prisioneros. Luego luchó en la batalla de Lens librada en la provincia de Henao entonces y hoy en Artois donde fue apresado en 1649, después en la entrada que se hizo a Francia en el sitio y toma de la villa de San Venant o San Venante o Saint Venant en Artois, entrada encubierta que se ganó en la noche a órdenes de Solís como parte de su Tercio, habiendo sido Ríos el primero que cruzó el foso que lo pasó a nado tomando el reducto de los enemigos sobre la puerta de ella y bajando el puente para que pase su gente y ocupe la villa.

Que luego fue nombrado por entrar a la villa de Cambray –entonces española y actualmente francesa- en 1650 por el Archiduque como Maestre de una compañía de infantería con la que fue al socorro de la villa y puerto de Ostende en Flandes, distinguiéndose al año siguiente de 1651 en el sitio y toma de la villa de Fornay –llamado también Fornos- en Francia, así mismo ganó con su compañía la entrada encubierta en el sitio y toma de la villa de Berges San Vinoc -o Bergh Saint Vinox o Berghes Saint Vinox en Flandes entonces y hoy francesa-, ocasión en que muy probablemente conoció a su futura primera esposa. En 1652 se distinguió en el sitio y toma de la villa y puerto de Gravelingas o Gravelines en Flandes entonces y hoy francesa y dio buena cuenta del convoy que llevaba muchos pertrechos de guerra el mismo que dirigió desde la villa de Berges -o Bergh Saint Vinox- hasta la de Borburque o Bourbourg en Francia para el sitio de la última, donde escaramuzó con los enemigos que salieron para impedirle el paso. Se destacó también en el sitio y toma de la villa de Dunquerque en Flandes entonces y hoy francesa, en la entrada a Francia que se hizo en 1653 en que se sitió y desmanteló la villa de Bemont –que debe ser la actual Russy-Bémont- en Picardía, también en el sitio y toma de la villa y fortaleza de Rocroy. En 1654 en el sitio de Arras donde fue apresado, habiendo obrado bien en las salidas que hicieron los enemigos franceses desde esa plaza defendiendo con los soldados de su compañía el reducto y cabeza de sus trincheras.

Siendo Capitán de Caballos al mando de su compañía, según dijeron el Príncipe de Ligni –llamado en ese documento también Lignei o Lisni-, Gral. de Caballería de Flandes, el Conde de Marchin -o Marcin o Marsin-, Gral. de las tropas del Príncipe de Condé, y Fco. Sánchez Pardo, Sgto. Gral. de Batalla y Tte. Gral. de Caballería de Flandes, en certificaciones dadas el 16, 17 y 25 de mayo de 1658, se distinguió en 1655 y en 1657 en el convoy que metió en Gravelingas o Gravelines, pues habiéndole enviado el Conde de Marchin que vaya a la vanguardia a mandar un Teniente que estaba con 15 caballos y mantuviese los centinelas alanzados en orden de que si los enemigos franceses e ingleses que ocupaban el fuerte real de Mardique –o Mardick, actual Fort-Mardyck- en Flandes entonces y hoy francesa, intentasen algo o saliesen de allí los cargase hasta sus fortificaciones, lo que en efecto sucedió con apoyo solo de su compañía, puesto que el Teniente y los soldados mencionados lo desampararon, consiguiendo Ríos con su propio Teniente y dos soldados que se retiraran los contrarios, arriesgándose de tal manera que hubiera sido muy difícil ser socorrido por los demás, siendo esta la razón reconocida por Marchin por la que gracias al ingenio de Ríos se pudo introducir el convoy en esa población. Todo esto pesó para que sus servicios fueran aprobados en cartas dirigidas al Rey por el Archiduque Leopoldo, D. Juan (José) de Austria, el Conde de Fuen Saldaña, el Príncipe de Ligni y el Conde de Marchin el 12 de abril y 04 de octubre de 1656, el 04 de junio de 1658 y el 22 de noviembre de 1661, fecha esta última en que el Conde de Fuen Saldaña, Embajador Extraordinario en París, le envió a Madrid en cumplimiento de una misión real.

En 1663-04-10 en Madrid es nombrado Corregidor de Collaguas en Arequipa, Perú. En 1664-09-05 recibe licencia el Corregidor de la provincia de los Collaguas para pasar al Perú junto con su esposa, tres hijos y una criada negra. Previamente levantó una información genealógica, declaró que era hijo de Gabriel de los Ríos y Rivera y de Carolina –le cambió el nombre a la madre- Mercadillo y Mendoza, y nieto paterno de Fco. de los Ríos Vivero y Margarita de Rivera –como ya dijimos esa filiación se la pone en entredicho-. Viajaba con sus tres hijos que se llamaban Alonso, Fernando e Isabel.

También en el desempeño de ese cargo será conocido como Gobernador de la Provincia de Cailomas -o Cailloma-, rica zona minera peruana. En 1669 el Fiscal de la Audiencia de Lima acusa al Vizconde de haber “envenenado a su hija Isabel Pérez de los Ríos y a dos indios”. En 1674 el Vizconde se encuentra otra vez en Madrid, declara que había estado avecindado en Lima y figura como tgo. de la inf. genealógica presentada por el limeño D. Juan José de la Presa y de la Cueva para ser investido caballero de Calatrava.

En enero de 1680 en Loja su cuñado Ureña declara que D. Alonso donó a su hermana Da. Gabriela un pedazo de casa servida con un mitayo del p. de Colambo que había comprado a Juan Pizarro, marido de Marta de la Banda. Su casa o la de alguno de sus descendientes se encontraba en la calle de Gremios en Lima. Así mismo él o alguno o algunos de los sucesivos Vizcondes fue/fueron propietario/s de unas casas situadas en la esquina de Corcovado (cuadra cuarta del jirón Cuzco) y Negreyros (cuadra quinta del jirón Azángaro), casas que antes en 1620, según José Gálvez, fueron adquiridas por Da. Isabel Pérez Penacho, esposa primero de D. Antonio de Paz y luego del Gral. D. Antonio de Morga y Estrada, Alcalde Ord. de Lima. Esta residencia se habría convertido en varias generaciones de los San Donás en su casa solariega.

Ricardo Palma en una de sus Tradiciones Peruanas escritas en 1868 bajo la denominación de “Un litigio original”, producto de una enconada enemistad habida entre el segundo marqués de Santiago D. Dionisio Pérez Manrique y Villagrán y el primer conde de Sierrabella D. Cristóbal Mesía y Valenzuela en los tiempos del virrey Melchor Portocarrero Lazo de la Vega, conde de la Monclova, cuenta que D. Alonso Pérez de los Ríos y Rivero, vizconde de San Donás, fue uno de los testigos a la salida de una de las misas de la iglesia de S. Agustín de Lima del 08 de septiembre de 1698 de una interminable gresca entre los cocheros de ambos personajes, azuzados por sus amos, en la que se negaban a darse paso mutuamente para que sus carruajes pudieran seguir su camino, y el proponente de la idea de acudir ante el Virrey para arreglar el conflicto, pues “el vizcondesito de San Donás, que era mozo de salidas y expedientes oportunos” intervino expresando: “-Pero, señores, esto es una majadería, a la que conviene poner término. Quédense los coches como están, y vamos donde el virrey para que él decida el caso”.

Sin embargo, en este punto es necesario aclarar que para entonces el Vizconde D. Alonso ya había fallecido según el testamento de su hijo y homónimo el segundo D. Alonso otorgado en junio de 1694, del que también se presume debió morir poco tiempo después, así que Palma seguramente se refiere en lo concerniente a los hechos de este episodio a su nieto y homónimo el tercer D. Alonso pues habla de vizcondecito y mozo y para 1698 el tercer D. Alonso tendría unos 18 años. Así mismo, se conoce que D. Dionisio Pérez Manrique fue primer marqués de Santiago y que D. Cristóbal Mesía y Valenzuela fue segundo conde de Sierrabella, acaso es que Palma se intenta referir al segundo marqués de Santiago D. Carlos Pérez Manrique y Camberos, pues parece que ya para entonces habría muerto el primero, y acaso creyó que D. Cristóbal Mesía y Valenzuela era el primer conde de Sierrabella cuando era el segundo realmente (?).

Su nieta Da. María Pérez de los Ríos y Corral, Vizcondesa de San Donás, en 1758 declara que fue General, Mte. de Campo de la Caballería de Coraceros, “militar del Emperador Don Leopoldo Guillermo de Austria en Flandes” por su Alteza Real D. Juan (José) de Austria, Embajador Extraordinario del Rey D. Felipe IV de España ante el Rey Luis XIV de Francia, General de Mar y Tierra en el Virreinato del Perú, Conde consorte de San Donás”, aunque claro que Da. María confundió a dos Leopoldo de Austria, pues con el que combatió el Vizconde fue un homónimo del Sacro Emperador Romano Germánico Leopoldo I, personaje este último que apenas tenía entre 10 y 16 años aún no reinante en 1650 y 1656 cuando se desarrollaron las acciones de armas en que participó el Vizconde a órdenes del archiduque indicado; además exageró su nieta al decir que fue Embajador Extraordinario, estuvo si a órdenes de uno pero no más.

En este último error, considerarlo Embajador en Francia, caen también Mendiburu y Felipe A. Barreda, probablemente ellos se basaron en la detallada relación de servicios de Pérez de los Ríos hecha en “Lima Fundada” de D. Pedro Peralta y Barnuevo, obra escrita en 1732.

En la obra de Mendiburu consta también que fue Tte. Gral. de los Reales Ejércitos. En los papeles de nobleza de los Tamayo de Mendoza se dice que Pérez de los Ríos fue nombrado Corregidor de Huamanga y Collaguas en 1663, sin embargo, se equivocaron, pues lo fue de Collaguas y Cailloma como ya se ha señalado. En 1716 y en 1725 su hijo D. Bernardo Juan declara que D. Alonso fue General y que fue Conde de San Donás, lo que también afirma su hijo D. Fco.

En C1° en Flandes por 1654 c. Da. Isabel Cleis de Guistele y Aremberg –o Cleis de Hulle y Gistele o de Gistele o Cleis de Guisteli y Aremberg o Cleis Guistelli y Aremberg o Cleis y Guistelle-, n. del Condado de Flandes, Vizcondesa titular del estado de San Donás, llamada también Condesa de ese estado, Señora de Grusanave, de San Bino –o Verges de Sanbino en los Estados de Flandes entonces o Berghes Saint Vinos, hoy población francesa- y de Crepus de San Lorenzo, Baronesa de Durpión –o Urpin o Vupin- y de Alpines conforme su nieta Da. María Pérez de los Ríos y Corral y también debió ser Señora de San Donás –o San Donat- y de la Verdaya –o Berdaya- pues sus descendientes asoman con esos títulos también.

Es probable que Da. Isabel haya sido pariente del ya indicado Felipe Fco. de Ligne –o Ligni-, nacido en 1625, quien también fue último Conde, primer Duque, y Príncipe Soberano de Aremberg dentro del Sacro Imperio Romano Germánico, Duque de Aschot y de Croy, Grande de España de Primera Clase, Príncipe de Porceau, Marqués de Montcornet, Conde de Beaumont, de Seneghem y de Lalaing, Barón de Zewemberges, de Commera, de Rotzelaer, de Bierbecke y de Heverlé, etc., el cual luchó en Flandes, fue Gobernador de Valenciennes y Caballero del Toisón de Oro, fallecido en 1674 o 1675, esposo que fue de Da. Magdalena de Borja y Doria, descendiente del Papa Alejandro VI, de los italianos Doria y Colonna y pariente de San Carlos Borromeo, los que tuvieron sucesión que se extinguió, pasando entonces la titularidad de la Casa de Aremberg y sus dominios y títulos a su hermano Carlos Eugenio de quien provienen actualmente las ramas de Francia, Bélgica y Alemania. El título ducal de Aremberg fue poseído alguna vez por Da. Ma. del Rosario de Silva, que también fue Condesa de Fuenclara y Grande de España de Primera Clase, fue esposa del II Duque de San Carlos D. José Miguel de Carvajal y Vargas Manrique de Lara, n. en 1742 en Lima, que no tuvieron sucesión.

En el Nobiliario de los Países Bajos y Condado de Borgoña, cuyo título original es Nobiliaire des Pays-Bas et du Comté de Bourgogne, escrito por Monsieur de Vegiano, se toma en cuenta a las familias De Cleis, De Guistelle y Arenberg. Aunque Arenberg o Aremberg o Ahremberg se encuentra en Alemania en la región de Renania, sin embargo, la familia de los condes (1117-1645) y posteriores duques (1645-1810), que fueron príncipes soberanos en el Imperio entre 1576 y 1810, año en que fueron mediatizados, estuvo muy vinculada a los Países Bajos, concretamente a lo que actualmente es Bélgica, zona donde los Cleis y Guistelle gozaron de feudos.

Se conoce que los Pérez de los Ríos y Cleis de Guistelle por lo menos tuvieron tres hijos nacidos en Europa con los que pasaron al Perú, la posteridad de uno de ellos se verá en la Segunda Rama, en la que continuó la sucesión del título vizcondal de San Donás.

C2° en Lima en 1687-11-12 c. Da. Fca. de Tamayo Mendoza y Navarra –o Tamayo de Mendoza-, n. por 1660 en Cajamarquilla –en el corregimiento de indios de Cajamarquilla conocido también como Pataz el que a su vez estaba entonces dentro de la jurisdicción del corregimiento de Chachapoyas-, Perú, ocasión en que aparece exhibiéndose como Conde. Su segunda esposa al enviudar de D. Alonso contrajo segundas nupcias con D. Fco. de Araujo Pimentel. Ella otorgó ppt. en 1714-10-08 en Lima ante Uceda a su hijo D. Bernardo Juan de los Ríos y Tamayo, no declara ser Vizcondesa pues no le correspondía. Fue hija del Mte. de Campo D. Joseph Tamayo de Mendoza, autotitulado II Marqués de Villahermosa de San José y de Da. Sebastiana de Torres y Navarra. Con sucesión que se puede ver en la Tercera Rama, en la que se radicó por herencia de su familia materna la sucesión del título marquesal de Villahermosa de San José. 

Al parecer la celebración de este segundo enlace matrimonial del Vizconde con la señora Tamayo se debería a la oferta realizada por la Corona a la familia Tamayo de conceder tres hábitos de caballero a los que casen con las hermanas del autotitulado I Marqués de Villahermosa de San José, proceso de obtención de tan codiciada investidura caballeresca que, al menos en el caso del Vizconde, probablemente no se llegó a feliz término acaso por la temprana muerte del pretendiente o porque se modificó finalmente la oferta, excluyéndose la concesión del ingreso a órdenes de caballería, como bien se deja entrever del artículo escrito por el genealogista Gustavo Baca Corzo. Esa dignidad caballeresca ninguno de sus descendientes pretendió alcanzar posteriormente.

(…)



Quiteños al servicio del Imperio Español: Políticos y militares. Historia Secreta de América -16-.

Quiteños al servicio del Imperio Español: Políticos y militares.[1]

Lope Dí­ez de Armendáriz, quiteño (1575), Marqués de Cadreita o Cadereyta. Primer Virrey criollo de Nueva España. Fundador de la Armada de Barlovento que fue la primera institución naval creada en América, para proteger sus territorios ultramarinos americanos de los ataques de sus enemigos europeos, asimismo como de piratas y corsarios.

“Los criollos, los descendientes directos de españoles, de sangre pura, pero modificados por el medio y por sus enlaces con los mestizos que se asimilaban, eran los verdaderos hijos de la tierra colonizada y constituían el nervio social… La raza criolla en la América del Sur, elástica, asimilable y asimiladora, era un vástago robusto del tronco de la raza civilizadora índico-europea a que está reservado el gobierno del mundo. Nuevo eslabón agregado a la cadena etnológica con su originalidad, sus tendencias nativas y su resorte moral propio, es una raza superior y progresiva a la que ha tocado desempeñar una misión en el gobierno humano…”

Bartolomé Mitre

Mito usual y extendido en la ideas y en la historiografía americana oficial y oficiosa es aquel que dice que los criollos durante la  mal llamada colonia, el Imperio, fueron excluidos de toda forma de poder político y de mando, especialmente de los cargos más altos como Virreyes, Presidentes de Audiencia, Capitanes Generales y Gobernadores. Cuando en realidad se cuenta literalmente por miles a criollos que participaron como parte de los gobiernos locales (Oidores, corregidores, regidores etc.) y muchos que desempeñaron las funciones de gobierno de mayor graduación y prestigio. También los criollos conservaban el poder económico del continente. Al respecto el historiador quiteño Carlos Espinosa Fernández de Córdoba nos dice:

“Entre los mitos más difundidos en torno a la colonia, está el que establece que la clase pudiente era exclusivamente española, es decir “gachupín”. Si así fuera, los únicos culpables de los abusos de la sociedad colonial habrían sido los funcionarios reales de paso por América. En realidad los criollos (blancos nacidos en América) constituían el verdadero grupo dominante de la sociedad colonial porque poseían los medios de producción. Eran dueños de las haciendas y los obrajes, también eran los principales beneficiarios de los mecanismos de pillaje como la mita, las mercedes de tierras y la encomienda. Si bien los funcionarios reales españoles ocupaban las posiciones de autoridad formal, el poder efectivo estaba en manos de los criollos. Después de la independencia, los criollos continuaron dominando los recursos económicos y asumieron el poder político, manteniendo un implacable colonialismo interno caracterizado por la subordinación y explotación de los indios y negros.”[2]

Además del poder político y económico, una variedad de criollos se destacaron en ámbitos religiosos (que implicaba poder de facto en una sociedad estructurada religiosamente como la hispana), culturales y científicos, en América y Europa. A continuación a manera de mini biografías expondré tan solo algunos casos representativos, demostrativos y contrastables de quiteños que ejercieron altos cargos de gobierno y poder político en época del Imperio Español.

Virreyes:

Fray Luis Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra (de la Orden de San Bernardo), noble quiteño que desempeñó destacadas posiciones en la España del siglo XVII. Nacido en Quito a fines del siglo XVI, fue el primer Virrey criollo de Cataluña, primer criollo Obispo de Jaca –Huesca en España- (1617-1622), primer criollo Obispo de Urgel (1626-1627), primer y único criollo y único sudamericano en ser  Copríncipe de Andorra (29°) del 9 de Agosto de 1622 – al 3 de Enero de1627, fecha de su muerte en Barcelona. Su padre fue Lope Díez de Aux de Armendáriz, 2° Presidente de la Real Audiencia de Quito, y su hermano mayor Lope, fue el I Marqués de Cadreita o Cadereyta y el primer Virrey criollo de Nueva España y fundador de la primera fuerza naval de América: La Armada de Barlovento, de quien trato a continuación.[3]

Lope Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra[4], I Marqués de Cadreita (o Cadereyta), VI Señor de Cadreita, Caballero de Santiago, Gentilhombre de boca de Su Majestad, nació en la ciudad de Quito, actual Ecuador en 1575. Fue un noble y el primer criollo que llegó a ser Virrey de la Nueva España, cuyo cargo ejerció de desde el 16 de septiembre de 1635 hasta el 27 de agosto de 1640. Nacido en la Real Audiencia de Quito, Lope Díez de Aux de Armendáriz y Saavedra provenía de una familia noble radicada en la ciudad de Quito actual capital de la República del Ecuador, donde su padre ejerció el cargo de Presidente de la Real Audiencia. Realizó sus estudios en carrera naval. Ocupó cargos significativos y obtuvo también grados importantes como el de Comandante de las Escoltas que acompañaron a las flotas mercantes de España que llevaban las mercancías y riquezas de las colonias a la metrópoli, “General en propiedad de la Armada de la Guardia de Indias y de los galeones de la plata de Indias (alcanzando en 1633 la famosa victoria sobre los holandeses, echándoles del puerto y fortaleza de San Martín), y al fin Consejero de Guerra”[5]. Casado con Antonia de Sandoval y Rojas, III condesa de la Torre y VI Condesa de Puebla (consorte y viuda sin sucesión de este enlace) y pariente del poderoso Duque de Lerma, era gentilhombre y mayordomo del rey Felipe IV de Habsburgo. Primer Marqués de Cadreita o Cadereyta, desde 1617, llegó a ser miembro del Consejo de Guerra, como ya se señaló, y embajador ante el Sacro Imperio Romano Germánico y Roma.

Virrey de la Nueva España: El 19 de abril de 1635 el Rey Felipe IV le asignó el cargo de Virrey de la Nueva España (16°). La entrada formal a la Ciudad de México fue el 16 de septiembre de 1635 tomando cargo ese mismo día.

Defensor de la Hispanidad: Para proteger a los habitantes y colonos del Nuevo Reino de León (el actual territorio del estado mexicano de Nuevo León) de los ataques y saqueos provocados por las tribus indígenas de Apaches y Comanches, Lope Díez de Aux edificó un presidio y una fortificación en Cadereyta. También ordenó una expedición a las Californias.

Armada de Barlovento: Se destacó de manera especial este noble quiteño, por haber sido el fundador de la Armada de Barlovento, que fuera una institución militar creada por el Imperio Español para proteger sus territorios ultramarinos americanos de los ataques de sus enemigos europeos, asimismo como de piratas y corsarios. Esta Armada fue la primera institución naval creada en América, por tanto Lope Díez Aux de Armendáriz y Saavedra es el precursor de todas las Fuerzas Navales del continente americano. De esta forma, este quiteño se erigió como el símbolo de la hispanidad tradicional en lucha y ataque contra el naciente capitalismo filibustero, de la “Pérfida Albión” o Inglaterra. Finalmente por extraños sucesos e influencias fue acusado de muchas irregularidades y defectos por sus enemigos, entre ellos el Obispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza. Murió el 28 de agosto de 1640.

De los hermanos Díez de Aux de Armendáriz escribió Jorge Luna Yepes refiriéndose a los quiteños en época hispana: “También fueron políticos, intelectuales o eclesiásticos ilustres Lope Díez de Armendáriz, marqués de Cadereita, hombre de ciencia política y militar, que llega a ser embajador y consejero del rey y virrey de Nueva España; al par que su hermano, Fr. Luis López de Armendáriz, ocupa cargo semejante en Cataluña y el de arzobispo de Tarragona.”[6]

Presidentes, Gobernadores y Capitanes Generales de Reales Audiencias:

Doctor José Antonio de la Rocha y Carranza[7], I Marqués de Villa Rocha[8], Vizconde de Villa Carranza y Caballero de la Orden de Calatrava; nació en Quito el 20 de junio de 1661. El Marqués de Villa Rocha estudió en la Universidad Santo Tomás de Aquino de Quito (la actual Universidad Central del Ecuador), recibiéndose de Doctor en Jurisprudencia en el año de 1678, Capitán y Alcalde de las Mestas por el Estado Noble de Madrid.  En 1699, siendo General de Artillería, fue nombrado Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia y Cancillería Real de Tierrafirme o Panamá, cargo que desempeñó en dos ocasiones. “Cuando pasaba de los sesenta años, esto es, en 1726, decide hacer un viaje por el mundo; arma una expedición con sus recursos y realiza la atrevida hazaña, recorriendo Oceanía, Asia (Filipinas), África y Europa”.[9] El afamado padre Benito Feijoo[10] en su obra Teatro crítico lo calificó de “insigne matemático e instruido en toda la buena literatura”. Fue quien organizó la defensa de las Costas Orientales de América contra la invasión de los piratas holandeses.     

Doctor Fernando Félix Sánchez de Orellana y Rada[11], III Marqués de Solanda, Caballero de la Orden de Calatrava, nació en Latacunga (en la actual provincia de Cotopaxi en Ecuador) en 1723 mientras su padre desempeñaba el cargo de Corregidor de los asientos de Latacunga y Ambato. Fue hijo de Pedro Javier Sánchez de Orellana y Góngora II Marqués de Solanda, natural de Loja del Ecuador, y doña Francisca Rada. Realizó sus estudios de Humanidades, en el Seminario de San Luis; y los de Filosofía y Jurisprudencia Civil y Canónica, en el Convictorio de San Fernando; recibiéndose de Doctor en Jurisprudencia Civil y Canónica. Fue Deán de la Catedral, Teniente de Corregidor y Justicia Mayor de Quito. Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Quito entre 1745 y 1753, uno de los más jóvenes en desempeñar dicho cargo al haberse posesionado del mismo con 22 años de edad.  “El primer quiteño que en tiempo de la colonia llegó a ocupar tan elevado cargo”[12] dentro del territorio de la Real Audiencia de Quito.[13]

Ignacio Flores de Vergara y Jiménez de Cárdenas[14]. Caballero supernumerario de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, “Una de las figuras más notables del Alto Perú”[15]. “Latacungueño, se gradúa en Filosofía en Quito; es profesor de lenguas y de Matemáticas en el Colegio de Nobles de Madrid; en el Ejército llega a coronel; es gobernador de Moxos y de Charcas, domina una sublevación indígena en Bolivia con gran valor y muere en Buenos Aires, en 1786, cuando se defendía de lamentables acusaciones”[16]. Nació en Latacunga (Provincia del Cotopaxi) el 30 de julio de 1733. Hijo segundogénito del Coronel de las Milicias urbanas de Quito, Antonio Flores de Vergara, natural de Ambato (Provincia del Tungurahua), creado Marqués de Miraflores en 1746, confirmado en 1751, y de María Jiménez de Cárdenas, latacungueña. Hermano de Mariano Flores de Vergara y Jiménez de Cárdenas[17], II Marqués de Miraflores y Caballero de la Orden de Carlos III con quien erróneamente suele confundírselo. Huérfano de madre de corta edad. Transcurrieron sus primeros años plácidamente en las haciendas de su padre donde aprendió el quichua; a los diez años viajó a Quito, fue matriculado en el Colegio Seminario de San Luis y se graduó de Maestro en Artes y Bachiller en Filosofía en 1748 en la Universidad de San Gregorio. Posteriormente emprendió viaje a España y estudió en el Colegio de Nobles de Madrid con singular aprovechamiento especializándose en matemáticas, materia que luego enseñó en dicho colegio. En 1755 recorrió las principales cortes de Europa y aprendió latín, inglés, francés e italiano. De regreso a España ingresó de Cadete al Regimiento de Caballería de Brabante; en 1772 fue Capitán de Voluntarios a Caballo bajo las órdenes del General Alejandro O’ Reilly y luchó contra los ingleses en el asalto a Gibraltar y en la invasión a la isla Menorca. Firmado el Tratado de paz en 1777 fue designado por sus conocimientos científicos y matemáticos, Gobernador de las Armas de la recién creada Provincia de Moxos, en los antiguos territorios de las Misiones Jesuitas del Paraguay, que estaban en abandono desde su expulsión. Entonces recibió instrucciones detalladas de cuidar dichas regiones para que no continuara la penetración portuguesa.

Pacificador: El 5 de junio del año siguiente prestó juramento ante la Audiencia de la Plata e inició su gobierno. En 1779 fue promovido al grado de Teniente Coronel de caballería y al estallar ese año la insurrección de Túpac Amaru, Cacique de Tungasuca, recibió desde Buenos Aires el título de “Pacificador militar” a tiempo que Túpac Amaru era ejecutado por orden del visitador Areche; en tales circunstancias, algunos de sus parientes indígenas se hicieron cargo de las fuerzas rebeldes y reiniciaron la lucha. Flores movilizó sus fuerzas en auxilio de las autoridades de La Plata, asediadas por miles de indios en son de guerra. El combate se dio en “La Punilla” donde se produjo una contundente victoria de los realistas que recuperaron la ciudad. Reiniciadas las operaciones Flores avanzó a La Paz con solo 600 hombres y consiguió derrotar a las fuerzas del Cacique Julián Apasa, Túpac Catari, que se retiraron a los montes. Flores ocupó el cerro denominado “El Alto” único acceso por donde se abastecía esa urbe y dejando una guarnición al mando del Comandante José de Reseguín, se dirigió a pacificar las otras provincias levantadas y recobró la villa de Oruro, también cercada. Entonces le llegó el ascenso a Coronel.

Presidente: En 1782 fue elevado a la dignidad de Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Charcas, con capital en La Plata o Chuquisaca, siendo homenajeado en la Universidad de San Francisco Xavier con una “Oración Panegírica” pronunciada por el Catedrático de Vísperas, Dr. Juan José de Segovia. Flores inició su gobierno restituyendo a los últimos sublevados a la obediencia, pues “en su arte de hacer la guerra entraba más la reflexión que el atrevimiento y el deseo de pacificar más que el de destruir.” A los indios hablaba en quechua y sin maltratarlos, respetando a los rebeldes que se acogían a su generoso indulto. En 1785 terminó su periodo, y fue llamado a Buenos Aires, donde falleció en agosto de 1786. Como administrador no descuidó los ramos administrativos y hacendario, así como el desarrollo del comercio y la agricultura. Quiso dotar a su Audiencia de caminos al mar para terminar con su aislamiento. [18]

Julio Tobar Donoso pudo decir de él en su obra Las Instituciones del Período Hispánico, especialmente en la Presidencia de Quito: “El Marquesado de Miraflores, en su época inicial o sea cuando el titular llevó el apellido Flores, tuvo el orgullo de contar entre sus miembros a don Ignacio Flores, Presidente de Charcas. Prestó este quiteño relevantes servicios a la Causa de España, en época difícil de levantamientos y borrascas; servicios que no fueron debidamente recompensados. A la par de su civismo brilló por la ciencia.”

Gobernadores:

Nicolás Felipe Guillermo de Ontañón y Lastra, Romo de Córdova-Pérez Castellanos[19], I Conde de las Lagunas, Caballero de Santiago, nació en Quito el 10 de febrero de 1690, fue General de Caballería del Batallón de la ciudad de San Francisco de Quito, y Gobernador de Popayán (actual Colombia).

Ramón Joaquín Maldonado[20] (hermano del sabio riobambeño Pedro Vicente Maldonado), I Marqués de Lises y Vizconde de Tilipulo, con Grandeza Honoraria por  Felipe V, nació en la villa de Riobamba, en la actual provincia ecuatoriana del Chimborazo, el 20 de febrero de 1700. Entre los cargos y posiciones militares menores que desempeñó constan: Capitán de Caballos de Corazas de sus ciudad natal, Guardia de Honor del Virrey del Perú Conde de la Cueva, Teniente General y Justicia Mayor de Latacunga, Corregidor de Latacunga, Regidor perpetuo y Corregidor de la ciudad de Quito, etc. Fue Gobernador de Esmeraldas (actual provincia de Esmeraldas en Ecuador), como su hermano Pedro Vicente y por poder de este siendo su titular; cooperando con sus hermanos en la catequización y construcción de iglesias en esa provincia, así como en la terminación del camino a Esmeraldas. También se desempeñó como industrial, siendo propietario del Molino de Pólvora de Latacunga, conocido mundialmente en aquel entonces y cuya calidad de pólvora tanto admiró a Humboldt.

Antonio de Alcedo y Bejarano[21] [22],  nació en Quito  el 14 de marzo de 1736. Cuarto hijo de Dionisio de Alcedo y Herrera, natural de Madrid, Caballero de Santiago, Presidente, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Quito y de Maria Lucía de Bejarano y Saavedra, natural de Sevilla. Se destacó como militar y escritor; su obra fundamental es el Diccionario geográfico-histórico de las Indias Occidentales o América, en cinco volúmenes que fue de inmediato traducido al inglés (London, James Carpenter, 1812-1815). Sin duda, la base del Diccionario, fuera de sus cuarenta años de viajes y observaciones por gran parte de América, fueron las noticias y papeles que le facilitó su padre; “conjunto formidable de Historia y Geografía, seguido de otro biográfico y bibliográfico, y finalmente de una complemento práctico con el Diccionario del Comercio, industria y agricultura.” Esta obra le llevó 20 años, lo que no le impidió cultivar las matemáticas, intervenir en el segundo sitio de Gibraltar y ocupar cargos políticos y militares. Estos méritos le valieron ser elegido miembro de la Real Academia de la Historia en 1787.  Éste estuvo sus 17 primeros años en las Indias Occidentales y sólo en 1752 viajó a España para ingresar en la Guardia Real con el grado de Alférez. Desde entonces siguió la carrera militar. En 1779 se halló siendo primer Teniente de Granaderos en el bloqueo y sitio de la plaza de Gibraltar, desde el principio hasta el fin, cuatro años después, que se firmó la paz, fue ascendido a Capitán y luego a Coronel. Alcanzó los grados de Brigadier en 1792,  Gobernador Militar de Alcira y luego en 1800 fue promovido a Mariscal de Campo y en 1802 a Gobernador de la Coruña en el Reino de Galicia (España), donde se encontraba al producirse la invasión napoleónica, resistiendo con valor el asedio y el sitio de las tropas francesas, es considerado héroe de la guerra de la Independencia española. “El 24 de Junio de 1812 presentó y leyó en la Academia su Memoria para la continuación de las ‘Décadas de Herrera’ conteniendo varios capítulos: 1) ‘Estudio preliminar’ en el que se trata del Intento de Muñoz , los trabajos de Alcedo: el Diccionario Geográfico y la Biblioteca Americana, 2) ‘Las Memorias’ que contiene Colecciones de Historia y Relaciones de Indias, Colección de Viajes, Autores que han escrito Historias Generales de Indias, autores del Virreinato de Nueva España, autores del Virreinato del Nuevo Reino de Granada, autores del Virreinato de Buenos Aires y del reino de Chile, Historia del Brasil, y autores que han escrito de la historia natural de las Américas.” Murió ese mismo año de 1812.

Dos Virreyes; tres Presidentes, Gobernadores y Capitanes Generales de Reales Audiencias y tres Gobernadores de Provincia quiteños del vasto y multisecular Imperio Español, solo a manera de muestra.

Por Francisco Núñez Proaño.


[1] Entiéndase que al referirme a “quiteños” abarco a todos los habitantes del actual territorio de la República del Ecuador, de la entonces Real Audiencia de Quito y del conocido Reino de Quito-del denominado Departamento del Sur de la Gran Colombia-. Si bien la Audiencia y finalmente Capitanía General de Quito –Sede virreinal de facto con Mourgeon- abarcaba regiones del actual norte del Perú y el actual sur de Colombia, he preferido en este artículo solo tratar de lo referente al actual territorio del Ecuador.

[2] Espinosa Fernández de Córdoba, Carlos,  Historia del Ecuador en contexto regional y global, Ed. Lexus, Barcelona – España, 2010, pp. 300 y 301.

[3] Guzmán, José Alejandro, Títulos nobiliarios en el Ecuador, Madrid – España, 1957, pp. 27 y 28.

[4] Ibídem

[5] Ibídem.

[6] Luna Yepes, Jorge, Síntesis histórica y geográfica del Ecuador, 2da edición, Madrid – España,  Ed. De Cultura Hispánica, 1951.

[7] Guzmán, José Alejandro, Ob. Cit., pp. 69 y sigs.

[8] El título de Marqués de Villa Rocha había sido concedido por Felipe II, según Real Cédula del año 1564, a su tercer abuelo paterno don Antonio Andrés Girandia de la Rocha, Caballero de Santiago, Alférez, Capitán, Maestre de Campo en los Ejércitos de Flandes e Italia, y en la Real Armada (más de cuarenta años), quien había combatido en la batalla de Lepanto; que no lo ostentó por no poder hacer constar tuviera cierta renta, precisa condición en el título.

[9] Luna Yepes, Jorge, Ob. Cit.

[10] Benito Jerónimo Feijoo, OSB, 1676-1764. Feijoo es quizá el más grande filósofo de lengua española del siglo XVIII. El Teatro crítico universal y las Cartas eruditas y curiosas lograron una difusión insospechada, en España y en América, y fue ya traducido entonces parcialmente al francés, italiano, inglés y alemán.

[11] Guzmán, Ob. Cit.

[12] Avilés Pino, Efrén, Enciclopedia del Ecuador,  Academia Nacional de Historia, Quito, Ecuador.

[13] Suele criticarse que este haya sido el único quiteño Presidente de Quito durante la colonia, desconociendo (o no) que era política y costumbre de la Monarquía que los funcionarios reales nunca debían ser naturales de los sitios que gobernaban, a fin de evitar el nepotismo y la corrupción relacionada a este hecho de filiación y relación con la tierra propia o la patria chica.

[14] Pérez Pimentel, Rodolfo, Diccionario Biográfico del Ecuador.

[15] Efrén Reyes, Óscar, Historia del Ecuador.

[16] Luna Yepes, Ob. Cit.

[17] Coronel de Caballería del regimiento de Dragones de la ciudad de Quito desde 1785.

[18] Cuando Rafael Correa, actual Presidente de la República del Ecuador, visitó Bolivia, se le entregó como regalo por parte del alcalde de Sucre, si mal no recuerdo, un retrato de IGNACIO FLORES DE VERGARA Y JIMENEZ,  quien fuera Presidente de la Real Audiencia de Charcas (Bolivia) desde 1782, como símbolo de amistad entre las dos naciones. Lo que no se, es que si el alcalde y el presidente conocían que este distinguido e ilustre quiteño (del Reino de Quito) al servicio del Imperio Español fue quien reprimió a sangre y fuego el levantamiento de Túpac Catari a quien finalmente derrotó y fue posteriormente ejecutado. Catari junto a Túpac Amaru son actualmente reivindicados por el socialismo del siglo XXI y los movimientos indigenistas como los mayores símbolos de resistencia indígena antihispana. ¿Ironía?

[19] Guzmán, pp. 78.

[20] Ibídem, pp. 34 y sigs.

[21] Luna Yepes, Ob. Cit.

[22] Pérez Pimentel, Ob. Cit.