coterraneus – el blog de Francisco Núñez del Arco Proaño


De la Monarquía en América, el Reino de Quito y el posterior Estado de Ecuador. Historia Secreta de América -11-

De la Monarquía en América, el Reino de Quito

y el posterior Estado de Ecuador. [1]

Armas de la monarquía ecuatoriana. (Diseño por Francisco Núñez Proaño basado en documentos históricos ©)

El tema del monarquismo en la América Latina del siglo XIX ha atraído poco interés académico. La mayoría de los estudios sobre las nuevas naciones sudamericanas en los primeros años de independencia se han concentrado en los problemas de liderazgo, redacción de constituciones, relaciones entre la Iglesia y el Estado, federalismo frente a centralismo, militarismo, desarrollo económico y desorden fiscal. El análisis de todos éstos temas es importante e ilumina la difícil transición de América Latina del colonialismo hacia la nacionalidad,pero ignorar o dar poca importancia al gran atractivo que tenían las formas y creencias monárquicas en la región sería eliminar un factor muy importante de la ecuación política.

Quizá la relativa facilidad con que los Estados Unidos pasaron del gobierno monárquico británico al régimen republicano ha hecho que muchos latinoamericanistas norteamericanos subestimaran la importancia del monarquismo en la América Latina del siglo XIX. Cierto que los Estados Unidos vivieron tiempos difíciles como nación incipiente, especialmente durante el período de la Confederación, pero estas dificultades iniciales sirvieron más bien para estimular la tendencia hacia un gobierno central más fuerte, bajo una nueva Constitución, y no hacia una restauración de la monarquía.

También es verdad que hubo algunos que creyeron en la superioridad del sistema monárquico, durante la Guerra de la Independencia norteamericana y aún después, pero en realidad el monarquismo nunca contó con numerosos adherentes serios, varias cartas de Thomas Jefferson y algunas de sus observaciones en The Anas han dado la impresión de que el monarquismo era una fuerza amenazadora en las décadas de 1780 y 1790. Sin embargo, Jefferson exageró mucho la influencia del pensamiento realista y distorsionó los puntos de vista de sus oponentes políticos. Gordon S. Wood y otros autores han demostrado que los americanos eran “republicanos por naturaleza” y que el monarquismo sólo tenía el apoyo de un puñado de figuras públicas.

Los historiadores latinoamericanos saben bien que la experiencia política de las naciones latinoamericanas después de la independencia difiere marcadamente de la de los Estados Unidos. En América Latina los nuevos países están amenazados por dificultades mucho más graves que las que tuvieron que enfrentar los Estados Unidos. Dos de esas naciones, Brasil y México, escogieron la monarquía al principio de su independencia como el mejor régimen de gobierno para sociedades imbuidas de realismo autoritario, resultado de tres siglos de gobierno colonial. En el Brasil del siglo XIX, el gobierno efectivo de dos emperadores de la familia real portuguesa proveyó a la nación de un alto grado de estabilidad y unidad hasta casi final del siglo. El primer ensayo mexicano de monarquía fue mucho menos afortunado que el de Brasil. El inepto (Nota editorial: observación muy personal y subjetiva del autor) Agustín de Iturbide (Agustín I) sólo logró hacerse a su corona durante menos de un año, antes de ser expulsado por un levantamiento militar.

La penosa historia de los monarcas de México, primero con Iturbide y más tarde con Maximiliano, ha contribuido probablemente a la noción generalizada de que el monarquismo no merece la atención de los historiadores serios. La mayoría de los estudios sobre el realismo en México se ha centrado en episodios y personajes dramáticos, y especialmente en el fatal reinado de Maximiliano y Carlota hacia la mitad de la década de 1860. El proyecto monárquico del general Mariano Paredes, a mediados de la década de 1840, es poco conocido y quizá habría sido totalmente ignorado a no ser por el trabajo del historiador español Jaime Delgado.
El único estudio general del monarquismo mexicano es una poco conocida tesis doctoral de Frank J. Sanders, ”Propasals for Monarchy in México, 1823-1860″.

Aunque el monarquismo en Argentina fue menos importante que en México, ha recibido sorprendente atención de parte de los estudiosos. Los diversos esfuerzos realistas de Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia y otros han sido estudiados a fondo por cierto número de historiadores, especialmente Ricardo Piccirilli, José Miguel Yrrázaval Larraín, Bartolomé Mitre, William Spencer Robertson, y Julián María Rubio. No es fácil determinar si los proponentes de la monarquía siguieron siendo importantes en Argentina entre 1834 y 1860, pero en 1861 Juan Bautista Alberdi se convirtió al monarquismo y redactó La monarquía como mejor forma de gobierno en Sud América.Sorprende que Alberdi, que tanta inspiración intelectual prestó a la Constitución liberal argentina de 1853, presentara argumentos a favor de la monarquía, pero lo hizo como respuesta a la crisis política Argentina y a la ola de pesimismo republicano que recorría gran parte de América del Sur, en un momento en que se estaban desarrollando planes para restaurar la monarquía en México y el Ecuador. El hecho de que un prominente intelectual argentino de la talla de Alberdi vacilara entre el republicanismo y el monarquismo en la década de 1860 indica que el atractivo de esta segunda forma de gobierno no se limitaba a unos pocos reaccionarios excéntricos mexicanos.

Casi todos los monárquicos latinoamericanos pensaban que les era necesario ocultar no sólo sus opiniones políticas, sino especialmente sus planes para establecer tronos en el Nuevo Mundo, indudablemente, se daban cuenta de que sus puntos de vista chocaban con las opiniones populares y de que una franca declaración de sus planes provocaría una vigorosa reacción republicana. Las ideas realistas se mantenían en privado y sólo con gran circunspección se actuaba de acuerdo con ellas. Esto se puede observar en el caso del general José de San Martín, quien apoyó propuestas monárquicas tanto en Argentina como en Perú durante la lucha por la independencia. Incluso envió agentes a Europa en busca de un príncipe para el trono que proyectaba crear en Lima y, sin embargo, mantenía una capa de secreto sobre sus ideas y sus planes. Se descubrió el secreto, pero pocos admiradores del héroe argentino de la independencia estaban preparados para admitir la evidencia decía de que éste era monárquico. Un estudio biográfico, que mereció un premio y cuyo autor es Ricardo Rojas, insistía que San Martín estaba libre del pecado de monarquismo.

No había nada de vergonzoso en ser monárquico en la América Latina de los primeros años del siglo XIX. Tres siglos de gobierno colonial habían moderado la sociedad y las instituciones gubernamentales bajo principios autoritarios y aristocráticos, notablemente diferentes de los de la sociedad anglosajona de Norteamérica. La escuela de filosofía política basada en los derechos naturales y un gobierno representativo, jugó un papel muy secundario en la experiencia y el pensamiento hispánicos. El brillante ensayo de Richard Morse en The Fouding of New Societies, compilado por Louis Hartz, subraya las diferencias entre anglosajones e hispanoamericanos. Morse señala que el colapso del estado patrimonial resultante de la independencia “requería la intervención de un fuerte liderazgo personalista”, o sea una dictadura. “Las energías de un gobierno de tal naturaleza”, continúa, “tenían que dirigirse a investir al estado común a legitimidad suprapersonal”. El énfasis gubernamental en las tradiciones culturales, el nacionalismo y el constitucionalismo puede proveer esta condición de legitimidad. Pero el gobierno personalista, según Morse, tiene serías debilidades, entre ellas la “legitimidad no transferible” y la tendencia a gobernar a base de impulsos e intimidación.

Tomando en cuenta tales problemas, era natural que líderes tan penetrantes y responsables como Simón Bolívar y sus compañeros se preocuparan de la inestabilidad política y las dificultades inherentes a la creación de nuevas repúblicas, ostensiblemente basadas en la voluntad popular. Salvador de Madariaga, en una biografía fascinante aunque excesivamente crítica de Bolívar, ha descrito detalladamente la atención dada por Bolívar y algunos de sus consejeros a las fórmulas monocráticas para emplear la palabra utilizada por Madariaga y monárquicas para resolver los problemas políticos de Hispanoamérica. Basándose en un considerable conjunto de evidencias, Madariaga concluye que Bolívar deseaba el establecimiento de una monarquía, y que animó a personas de su confianza a entablar conversaciones con diplomáticos europeos, orientadas a crear un trono sudamericano, aunque al final el Libertador se decidió por un gobierno monocrático y no monárquico, porque temía que la imposición de un gobierno realista resultara contraproducente y destruyera su reputación.

La biografía de Madariaga provocó una fuerte reacción entre los adoradores de Bolívar, en parte por la actitud negativa del autor español hacia el Libertador, pero sobre todo porque describía a Bolívar como monárquico. El historiador venezolano Caracciolo Parra-Pérez rápidamente refutó los asertos de Madariaga con un largo y meticuloso estudio, “La monarquía en Gran Colombia”, que defiende a Bolívar de toda imputación de monarquismo. El erudito ataque a la obra de Madariaga, aunque minucioso e impresionante, presenta a Bolívar como el proverbial pianista de un prostíbulo que dice ignorar lo que sucede en los cuartos de arriba. A pesar de todo, el estudio de Parra Pérez parece haber convencido a la mayoría de los bolivarianistas de que el Libertador jamás favoreció el monarquismo.

Que Bolívar anhelara o no una corona para sí mismo es menos importante que el hecho, claramente demostrado por Madariaga, de que el Libertador y muchos de sus consejeros más íntimos prestaron gran atención a la monarquía y distintas formas de autocracia (dictadura, presidencia vitalicia), como alternativas para controlar las anárquicas fuerzas políticas de Hispanoamérica. En efecto, la principal contribución de Madariaga a nuestra comprensión de lo sucedido después de la independencia es la relación que señala entre monocracia y monarquía, que explica cómo la desilusión con los resultados de gobierno republicano condujo directamente a pensar en las de restauración de la monarquía. La opción por la monocracia era meramente una solución temporal, destinada a ejercer control por medio de la represión y la intimidación. Pero la dictadura no pudo resolver el problema subyacente, señalado por Morse, de la legitimidad y la sucesión ordenada. Desde este punto de vista, la monocracia no era adecuada.

La historia de Hispanoamérica revela que los dictadores han realizado interesantes esfuerzos para resolver el dilema de la sucesión ordenada tratando de instalar dinastías nacionales. En el Paraguay, Carlos Antonio López logró que su inepto (Nota editorial: Nuevamente, esta acotación del autor es de un subjetivismo craso e insultante a la gran figura del Mariscal paraguayo) hijo, Francisco Solano López, le sucediera, aunque todas las esperanzas de una dinastía López se esfumaron con la Guerra de Paraguay (o de la Triple Alianza), al final de la década de 1860. Otro intento de cerrar la brecha entre autocracia y monarquía fue realizado por el general Rafael Carrera, de Guatemala. En 1854 Carrera se proclamó “Presidente Perpetuo” y declaró que debían sucederle primero su esposa y luego su hijo, éste cuando llegara la mayoría de edad. Los indios de Guatemala, que lo llamaban “Hijo de Dios”, proporcionaron algo de la mística de la monarquía, lo mismo que un sacerdote católico que decía en sus sermones que el “Presidente Perpetuo” era el “Representante de Dios”.

Armas del Duque de Tarancón, Don Agustín Muñoz y Borbón(siglo XIX) "Principe del Ecuador" "Restaudrador de la Monarquía en Ecuador, Perú, y Bolivia en principio (con trono en Quito)" "...Rey no coronado de un nuevo Imperio y de una nueva Dinastía".

La “presidencia perpetua” de Carrera ilustra la estrecha relación que existe entre la monocracia y monarquía. Ambas concepciones de gobierno eran atractivas para la filosofía política autoritaria y la experiencia histórica de los pueblos hispánicos. Ambas prometían restaurar el orden y mantener la jerarquía social tradicional. Pero la autocracia, que no contaba con la mística de la realeza y de la ordenación divina, no podía resolver los problemas paralelos de la legitimidad y la sucesión. La intención de Carrera de lograr el apoyo del clero para que sancionara “a divinis” la “presidencia perpetua”, en la que habría de sucederle su hijo, no tuvo más éxito que los esfuerzos de Iturbide en México. El fracaso de Carrera demostró la gran dificultad que había en convertir una dictadura en monarquía sin la mística de la realeza.

La monarquía parecía ofrecer varias ventajas sobre el gobierno dictatorial. Resolvía problemas de la legitimidad y estaba en armonía con la tradición y el sistema social jerárquico. La aceptación general de un prestigioso príncipe europeo, según los monárquicos, eliminaría la necesidad de gobernar por medio de la intimidación. Bajo un gobierno monárquico se podía permitir mayor libertad y la existencia de una oposición moderada, sin temor de que los opositores derrocaran al régimen.

Si excluimos la inverosímil elección de un descendiente de los gobernantes de los imperios indígenas del Nuevo Mundo, los monárquicos hispanoamericanos necesitaban hallar un príncipe europeo para llevar a cabo la restauración. La necesidad de apelar a la realeza europea era un dilema para los monárquicos. Por una parte, los gobiernos monárquicos europeos, con la excepción de España, no deseaban realmente proporcionar un príncipe y enredarse en los asuntos políticos internos de las naciones hispanoamericanas. Por otra parte, a los dirigentes europeos les halagaba que les pidieran ayuda, sobre todo cuando se trataba de otorgar protección contra los agresivos designios de Estados Unidos. Algunos de los planes monárquicos incluían propuestas para establecer protectorados europeos, en parte porque las crisis nacionales que estimulaban tales planes incluían la amenaza extranjera contra la nación que buscaba un príncipe europeo. Además, los realistas hispanoamericanos creían que la oferta de un protectorado podía ser un anzuelo tentador para las naciones europeas que anhelaban extender su influencia a través del mundo.

Gran Bretaña, la mayor potencia marítima de siglo, y la más atractiva candidata a auspiciadora de monarquías, declinó todas las ofertas de los realistas hispanoamericanos. Los gobernantes británicos habían decidido que los riesgos de establecer una monarquía protegida eran mayores que sus posibles beneficios. El inmiscuirse a fondo en los asuntos de una nación hispanoamericana podría afectar las relaciones comerciales con toda la región y provocar acciones retaliatorias de los Estados Unidos. Francia desconfiaba de los planes monárquicos casi tanto como Gran Bretafia, aunque Napoleón III sucumbió a una oferta mexicana, en la década de 1860, con consecuencias fatales. España no era una buena posibilidad, dada su debilidad militar y su manchada aceptación de ex-madre patria. Sin embargo, los monárquicos hicieron ofertas a España, y las autoridades españolas estaban muy dispuestas a aceptarlas. A mediados de la década de 1840, líderes tanto de México como del Ecuador consiguieron ayuda de España para establecer tronos en sus países. Ambos proyectos, uno de los cuales es el tema principal de esta obra, fracasaron rotundamente.

El mayor obstáculo para una exitosa restauración de la monarquía era el problema de cómo lograr la transición de república a su reino. La mayoría de los monárquicos evidentemente creían que sus ideas políticas no eran populares y que debían llevar a cabo sus planes en secreto. Meditaciones colombianas, de Juan García del Río, era una de las pocas publicaciones que defendían abiertamente las ideas monárquicas. El secreto con el cual se rodeaban los planes realistas no sólo hacía más dificil su realización, sino que oscureció la historia del monarquismo en la América española del siglo XIX.

Como consecuencia, gran parte de esa historia se ha relegado al plano del rumor y el chisme, escapándose así del interés de la mayoría de los historiadores.

Probablemente nunca se sepa la historia completa de las actividades monárquicas en la era post-independentista de Hispanoamérica. Los defensores de la monarquía no plasmaron por escrito sus pensamientos y planes. Pero, ocasionalmente, la corriente subterránea monárquica sale a la superficie, dejando una huella. Un ejemplo son las cartas de García Moreno a un diplomático francés, publicadas en 1861 en el Perú para avergonzar al presidente ecuatoriano por haber propuesto una monarquía respaldada por Francia. Pero ese es un caso único, y la revelación de proyectos de restauración monárquica ha sido rara.

La correspondencia diplomática constituye la mejor fuente de información sobre las actividades monárquicas en Hispanoamérica, por la sencilla razón de que las invitaciones para instaurar tronos y protectorados tenían que dirigirse a los agentes diplomáticos de los gobiernos europeos. Los archivos diplomáticos de Inglaterra, Francia y España contienen gran cantidad de información sobre propuestas monárquicas, sobre todo referentes a México y al Ecuador, pero también a otros países. Los despachos británicos contienen la mejor información, pero la correspondencia de otras potencias es también valiosa. La calidad de la información provista por los diplomáticos norteamericanos varía grandemente y rara vez es de importancia, ya que nunca hubo propuestas monárquicas hechas directamente a ellos. Por supuesto, hay que tratar todos los materiales diplomáticos con cuidado, pues aún los agentes más capaces y experimentados tienen sus prejuicios y limitaciones.

Aún cuando la información enviada por los diplomáticos españoles en el Ecuador no es de gran calidad, esta correspondencia ha provisto la información más importante para este estudio, por cuanto muestra concluyentemente que el general Flores presentó una propuesta monárquica, no solamente referente al Ecuador sino a Perú y a Bolivia, y que España la aceptó. Aunque los despachos diplomáticos españoles no contestan todos los interrogantes sobre la naturaleza del plan de restauración para el Ecuador, sí prueban de forma concluyente que el general Flores ocupó un lugar central en el complot para restaurar la monarquía en Sudamérica.

Los mejores informes provienen de la pluma de Walter Cope, cónsul británico en Guayaquil y posteriormente encargado de negocios en Quito, redactados entre 1828 y fines de 1859 o 1860, fecha de su muerte. Cope recogía valiosas informaciones de presidentes, ministros, comerciantes y otras personas, y las transmitía al Ministerio de Relaciones Exteriores británico en largos despachos. En sus informes incluso se encuentran referencias a la opinión pública de aquel entonces, especialmente cuando informa de rumores y actitudes sobre la política del gobierno.

Para una información general sobre el Ecuador en el período de las intrigas monárquicas floreanas disponemos de las fuentes históricas usuales: documentos gubernamentales, periódicos oficiales e independientes, panfletos, hojas sueltas y correspondencia particular. Estas fuentes arrojan mucha luz sobre el desarrollo del Ecuador durante sus tres primeras décadas; también muestran cuán frágil era gobernar el país, lo que a su vez explica por qué Flores, y más tarde García Moreno, trataron de restaurar la monarquía.Pero ni siquiera todas las fuentes no diplomáticas reunidas revelan incontestablemente que el general Flores tratara de imponer un gobierno realista en el Ecuador. Tampoco los documentos privados del general proveen información de importancia crucial, aunque se puede encontrar en ellos material suplementario de interés. La falta de información concreta y específica sobre las actividades en pro de la restauración monárquica de las fuentes ecuatorianas explica por qué Luis Robalino Dávila y Gustavo Vásconez Hurtado no afirmen claramente que Flores estuviera involucrado en planes monárquicos.

Combinando las fuentes diplomáticas con todos los demás materiales históricos, se puede reconstruir de manera bastante completa las actividades del primer presidente del Ecuador. Los documentos demuestran que el general Flores llegó a convencerse de que el Ecuador era ingobernable bajo instituciones representativas y que sólo una monocracia bajo su propio control o un protectorado extranjero bajo un príncipe europeo podían rescatar al país del caos. Aunque Flores perdió el poder antes de realizar sus planes, nunca dejó de pensar que la monarquía era un régimen más adecuado para América Latina que la república. Los esfuerzos de Flores por recuperar el poder en el Ecuador contribuyeron a provocar una fuerte crisis interna y externa en 1859, lo que estimuló a otro líder, Gabriel García Moreno, a intentar un nuevo proyecto de restauración monárquica. El fracaso de la iniciativa garciana puso fin a todo pensamiento monárquico serio, así como el régimen de Maximiliano terminó con el monarquismo en México.

(…)

Con el beneficio del tiempo transcurrido, se ve claramente que la monarquía tenía poca o ninguna posibilidad de triunfar en las nuevas naciones hispanoamericanas (Nota editorial: Eso aún está por verse). Había demasiados obstáculos para que tuviera éxito un movimiento restaurador. Sin embargo, podemos afirmar que el monarquismo fue más importante de lo que generalmente se cree, especialmente en los países más conservadores y con insalvables problemas políticos y sociales, como el Ecuador y México (Nota editorial: Cabe recordar aquí que la Junta Suprema del 10 de Agosto de 1809 era eminentemente monárquica, al punto que hoy es aceptado por la historiografía que los montufaristas buscaban la proclamación del Marqués de Selva Alegre, “Su Alteza Serenísima” Juan Pío Montúfar como REY DE QUITO). También hubo brotes de monarquismo en otras naciones, tan diversas como Costa Rica, Guatemala, Perú y Argentina. Era una doctrina atractiva, especialmente para los líderes que desconfiaban de las instituciones representativas y aquellas reformas liberales que perturbaban el orden hispánico tradicional. Los monárquicos no siempre eran los conservadores más reaccionarios, pues muchos de los proponentes de las restauración argüían que al recobrar la legitimidad, un jefe de Estado coronado podía permitir más libertad que un dictador. Pero estos sueños de lograr una mayor libertad eran probablemente ilusorios, porque no tomaba en cuenta la fuerte oposición y probable guerra civil que ocasionaría la imposición de un príncipe extranjero, respaldado por tropas extranjeras. La monarquía probablemente no podría haber recobrado la elusiva legitimidad (ciertamente, la de Maximiliano no lo logró), porque la restauración monárquica parecía negar todo el movimiento independentista y el emergente sentimiento nacionalista.

A pesar de su futilidad, el tema del monarquismo merece un cuidadoso examen histórico. La restauración monárquica tenía poca o ninguna posibilidad de éxito en Hispanoamérica, pero líderes importantes creían en ese ideal y a veces actuaban de acuerdo con él. Aunque los proponentes de la monarquía creían que un gobierno realista salvaría del desorden a sus países, no deja de ser irónico que aquellos que hacían tales planes, como el general Flores en el Ecuador, sólo lograron crear más desorden. Las diferencias irreconciliables en cuanto a creencias políticas que separaron a republicanos y monárquicos en el período post- independentista, eran parte de un defectuoso proceso político que continúa, aún hoy, perturbando y confundiendo los esfuerzos por lograr un gobierno republicano estable en América Latina.

Por Mark Van Aken[2]


[1] El artículo presentado es la reproducción de la Introducción al libro “El Rey de la Noche”, 2da Edición castellana, Quito, 2005, Ed. Del Banco Central del Ecuador. Digitalizado por Francisco Núñez Proaño. NO necesariamente comparto la totalidad de lo expresado.

[2] Mark Van Aken, historiador estadounidense, doctor en historia por la Universidad Estatal de California, Berkeley, en 1952, ha sido profesor de la Universidad de California, Hayward, y ha publicado aparte de numeroso artículos especializados, Pan Hispanism: Its Origin and Development to 1866 (1959) y Los Militantes: Una historia del movimiento estudiantil uruguayo (1990)



Desnortados

Desnortados

 

Desnortado comeperros

eres  un eterno comenzante.

Odias a los elefantes regios,

vas aborreciendo al monarca.

Las caracolas trascendentes dicen:

En el pasado la gente era más feliz

subornidada a los reyes virtuosos.

 

Por Francisco Núñez Proaño. 

Comeperros "suicidado".



12 recomendaciones de un gibelino, Atilio Mordini, para lo que se viene.

12 recomendaciones de un gibelino, Atilio Mordini,  para lo que se viene.

FIAT IUSTITIA ET PEREAT MUNDUS

  1. “El verdadero humanismo, en efecto, debe fundarse sobre el Hombre Universal, sobre el Hombre-Dios, por ende sobre el Cristo y sobre la Tradición de la Iglesia Católica; puesto que solo a condición de que el hombre sea Dios, y sea Dios no como individuo, ni como masa o colectividad, sino en la unión hipostática de dos naturalezas en la misma Persona; sólo a condición de fundarse sobre el Hombre-Dios cual mediador universal entre Creador y criatura de modo que la humanidad pueda hacerse divina por participación de la Gracia, el humanismo puede verdaderamente y con razón afirmarse como verdad absoluta y fecunda, y no difundirse como vana retórica.”
  2. “La ignorancia del mundo moderno es causada pues por el divorcio entre Revelación y razón, entre verbo encarnado y el que San Justino denomina Verbo espermático.”
  3. “Ellos son los secuaces del caballero que desciende sobre el caballo blanco y coronado de oro a la apertura del séptimo sello, el caballero armado de arco que ha venido para vencer. Ellos han ya vencido en el momento mismo que pusieron mano a la guerra santa contra el falso progreso del mundo, en el momento mismo en que las plebes los creyeron derrotados para siempre.”
  4. “No puede haber monarquía legítima que no proceda del Imperio”
  5. “Güelfismo significa sobre todo desconsagración del poder y por lo tanto ateísmo político… Hoy quien es güelfo  y es consecuente, debe ser comunista…”
  6. “El aristócrata feudatario gibelino no es rico en oro de tráfico o de usura, sino en castillos y en tierras fértiles, en murallas pedregosas y en armas, en brazos de trabajadores por él amados y protegidos, y en brazos de generosos caballeros.”
  7. “Sabemos bien que estas afirmaciones nuestras escandalizarán a muchísimos lectores, pero ser aristocráticos significa, por lo menos desde nuestro punto de vista, ser hombres verdaderamente libres; libres de complejos y prejuicios inútiles frente  a la historia, peligrosos para el presente y lo que más cuesta, para el próximo porvenir del mundo cristiano… Lo saben bien y lo sienten los aristócratas verdaderos del coraje, de la virtus y del heroísmo; y de sólo mirarse en los ojos enseguida se reconocen recíprocamente.”
  8. “Y tradicional significa hoy estar dispuestos a todo, significa mil veces preferir la destrucción casi total de la humanidad antes que tolerar el ateísmo y el laicismo del mundo moderno; ¡qué tan sólo algunas pocas parejas del género humano se salven sobre la tierra!”
  9. Unir a los hombres entre sí significa unirlos al Altísimo, y religare =atar juntos, verdadera Unión Suprema y lictoria en el enlace de toda verga y del fascio en su totalidad al hacha de la justicia. Unir a los hombres entre sí y lanzar puentes entre los individuos para hacer de ellos personas libres y vivientes, es lanzar un puente a Dios para someter el tiempo a lo Eterno, venciendo a la muerte.”
  10. “Si la sangre azul puede reavivarse a través del rojo de hombres salido de lo bajo a través de sus virtudes, es sin embargo absurdo y ridículo creer que se pueda crear ex novo una aristocracia. Ni siquiera el cristianismo ha pretendido jamás tanto; y San Gregorio Magno, uno de los mayores papas cristianos, es hijo de la gens Anicia de la antigua nobleza romana; y los príncipes germanos sobre los que se funda la aristocracia carolingia eran herederos de aquellos reyes consagrados antes a los Ases, y más tarde al Redentor.”
  11. “Aquel que se insertará tenazmente en la jerarquía podrá cuanto más ser arrastrado en los bienes y en la vida física, pero nunca en su personalidad que permanecerá inmune a los slogans de las masas cuantitativas; y no caerá presa del convulso y continuo agitarse de crisis en crisis, de reforma en reforma en una historia que no es digna del hombre.”
  12. “…no se debe buscar en la aristocracia de la sangre la nueva clase dirigente así como tal, sino el germen para una aristocracia renovada. Se trataría en suma de una selección a fin de revaluar los elementos aun aptos para el poder para abarcar a los otros, los nuevos; así como Alejandro se hizo investir por Darío moribundo para  poderse así decir legítimo Emperador.”[1]

[1] Citas extraídas de El Católico Gibelino, de Atilio Mordini, Ed. Heracles, Buenos Aires, 1997.



In memoriam: “El Soundtrack de mi vida” por Manuel Calisto
junio 22, 2011, 11:43 pm
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In memoriam: “El Soundtrack de mi vida” por Manuel Calisto

Vía: http://eduardovarasc.wordpress.com/

imagen tomada de cerolatitud.com

“Mis papás eran bien farristas, asi que generalmente los viernes había fiesta en la casa. La niñera trataba de que me duerma, pero en la sala sonaba “…Bartolo, Bartolo, Bartolo, el que no se casa se queda muy solo…”, el disco de Los Tíos Queridos o “El organo melódico de Eduardo Zurita”. En los viajes a la playa en el auto ponían esos cassettes enormes (cartuchos en realidad), y el 504 azul se llenaba de Charles Aznavour, Silvana di Lorenzo, James Last o las rumbas de Peret. Mi hermano mayor escuchaba Pink Floyd, los Doors, Zepellin, Santana, Mercedes Sosa, es decir, lo normal para un adolescente de los setentas.

Mientras tanto yo, el fenómeno, pedía que me compren discos de música clásica o que por mi cumpleaños me lleven a un concierto en el Sucre. Chopin, Mozart, Bach me transportaban a las épocas en las que me hubiera gustado vivir. Odiaba vivir en esta época y todo lo moderno me parecía horrible (todavía me pasa lo mismo). Strauss me hacía sentir lo que a un adolescente normal le hubiera hecho sentir ACDC. Lo que no encontraba, grababa de la radio, generalmente de la HCJB, que era la única que programaba música instrumental además de la clásica, asi que mi colección empezó con discos y cassettes de esa música, que utilizaba como banda sonora de mis radionovelas o de mis cortos. Más claro, desde pequeño la música ya me contaba historias. Creaba la historia y le ponía música o al revés, escuchaba una pieza y me imaginaba la historia. Escribía guiones y dibujaba storyboards guiado solo por la música que iba a utilizar. Los movimientos de cámara, los fundidos, los acercamientos, todo estaba clarísimo en mi cabeza gracias a lo que la música me dictaba. Los cassettes que utilizaba (y que todavía conservo) estaban prolíjamente clasificados. Las etiquetas dicen “música chistosa”, “música de terror”, “música de acercamiento”, “música de ciudad”, obviamente “música feliz” o “música triste” y muchas más.

Como mi hermano es diez años mayor que yo y como yo no era muy amiguero, bastante de mi niñez y adolescencia pasé buscando música incidental para mis historias perfectamente (según yo) musicalizadas. Gracias a discos como Hooked on Classics o The best of the Andrew Sisters mis ideas se ajustaban a la atmósfera que creaba, que en realidad era muy parecida a la de las películas de los cuarentas de las que siempre he sido fanático. Con grabadora en mano (no con micrófono, porque mi grabadora tenía el micrófono incorporado) grababa la música de las películas de Tin Tan, de Libertad Lamarque, de María Felix y muchas de la insuperable argentina Nini Marshal, la mejor comediante que he visto. En todo lo que hacía yo quería recrear la pulcritud sonora y fotográfica de esas películas, con historias de vidas ingenuas, casi sin mancha, y con unos problemas tan trágicos como inocentes.

Con el advenimiento del cd mi trabajo se hizo más fácil. ¡Podía poner la canción que quería sin adelantar ni retroceder! Comenzó a ser más fácil encontrar música y me llené de soundtracks. Para eso, las bandas sonoras de las películas de Almodovar son una maravilla. Encuentras cosas viejas, nuevas, versiones de lo que ya has escuchado y las incidentales, que siempre son dramáticas y seductoras.Esa es, más o menos, la música que ha acompañado mi vida, y para ser sincero, combinó bien con los eclécticos momentos que me ha tocado vivir. Tengo muchos discos favoritos, pero entre los más sonados en mi vida está el soundtrack de A Zed and Two Noughts de Peter Greenaway, el de Run Lola Run, todos los de Almodovar, el de Eat y Kiss de Andy Warhol, el de Underground, el de Mississipi Burning, el de Bleu y el de La Ultima Tentación de Cristo”.

imagen tomada de http://www.cinerama.ec/

Manuel Calisto, actor ecuatoriano (quizás de los pocos que te decían mucho en pantalla y sabían manejar personajes) fue asesinado ayer en su casa, cuando entraron a robar. Así estamos, esto es Ecuador. Perdemos talento y ganamos violencia.

CREDITOS: Artículo escrito para Revista Feedback – Música en papel (cortesía de Roos Sandoval)



Todo es posible.
junio 21, 2011, 12:15 am
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Hoy celebro el septuagésimo cuarto aniversario de mi abuelo materno, don Bolívar Oswaldo Proaño (de los Ríos) López. Tengo la dicha de aún tenerlo conmigo, digo la dicha, pues de él: de sus aciertos y sus errores he aprendido (y sigo haciéndolo) a ser hombre y como fuente vivificante de sangre de mi sangre es el recordatorio perenne de la estipe hispánica e indiana que se acentó en Quito hace casi cinco siglos para hacer Patria, eso que ya no se hace más en nuestros días (los Proaño tenemos el honor de ser de las familias fundadoras y hacedoras de Quito y del Ecuador).  Con él siempre he mantenido una relación muy especial de afecto y respeto mutuo; siempre admiré su estoicismo, su austeridad espartana y su acendrado don de la palabra. Su genialidad (que muchas veces raya en la locura como en mí) es intrínseca a su prosapia. Ahora lo recuerdo con este su magnífico verso que me dedicara en mi cumpleaños vigésimo segundo, sin duda el mejor regalo que recibí en aquella ocasión:

TODO ES POSIBLE[1]

 No poseo la belleza de la perfección, la fuerza de la sabiduría, la mirada amplia del conocimiento.

Solo poseo el suave susurro de la esperanza.

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 El hombre no es otra cosa que su proyecto y solo existe en la medida en que lo realiza.

Si las semillas sembradas en tierra negra pueden convertirse en rosas,

¡Qué no llegará a ser el corazón del hombre en su largo camino hacia las estrellas!

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Solo las pasiones, las grandes pasiones elevan el alma a las grandes cosas.

Ni un dios podría convertir en derrota la victoria de un hombre sobre sí mismo.

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¡Señor!, concédeme el desear siempre, más de lo que alcanzo.

Cada uno es artífice de su propia ventura.

La felicidad nace como las rosas de las espinas y los trabajos.

 

 

Bolívar Proaño, Stockbridge, Septiembre 9 de 2007


[1] Recibí estas letras insertas en una carta manuscrita –todavía habemos quienes nos comunicamos por este medio- que me enviara mi abuelo a mi residencia de Buenos Aires.



Francisco sin tierra. -2-

Francisco sin tierra. -2-

Federico II Hohenstaufen: «stupor mundi».

“Olvidemos para siempre, señores, todo lo pasado; sacrifiquemos por la quietud de la Patria nuestros resentimientos individuales; sin venganzas, sin odios y sin rencores en la felicidad  de nuestros conciudadanos y su Pueblo de Quito y de la Provincia toda, sabed que moriré dichoso quando os vea felices”[1]

Juan Pío Montúfar. Marqués de Selva Alegre.

“Así, se sentían en la soledad de su confinamiento en el extremo del mundo, cuando desde los días de La Condamine y Jorge Juan habían comprendido que estaban en el centro, aunque sin sacar ningún provecho.”[2]

Demetrio Ramos Pérez.

“Pero estos hombre de pocos seso –y se refería a los Francos- toman a un hombre de la ciénaga, sin ningún vínculo de parentesco  y relación con el Mesías, que ignora y es incapaz de hilvanar dos palabras, y lo convierten en su califa (pontífice), vicario entre ellos del Mesías, cuando no merecería para nada tal dignidad.”

Federico II Hohenstaufen, Sacro Emperador Romano Germánico.

Escolios corrosivos:

–          Con el silencio nos conservamos en potencia.

–          A Guayaquil le hace falta tierra, a Quito le hace falta mar y a Cuenca le hace falta Quito y Guayaquil.

–          No somos ni norte, ni sur. Somos centro.

–          Debemos revivir la unidad superior que no divide. Hemos de serlo todo, árbitros de los destinos de  toda la América. La división vino por la guerra, la unidad hemos de reintegrarla por la guerra también.

–          Asincrónicamente somos nada.

–          Siempre aparece el temor insalvable de lo ficticio.

–          La complejización de las sociedades y de la “humanidad” en sí, es parte del proceso revolucionario.

–          La atomización que conlleva la complejización finalmente lleva a la disolución ya sea dentro del caos o el totalitarismo.

–          El proceso revolucionario es a la vez asimétrico e inorgánico, por tal el caos se presentará en las sociedades donde quedan restos de la persona humana, es decir en las sociedades de raigambre cristiana no protestante; mientras que el totalitarismo se impondrá donde el individualismo ha calado más profusa y profundamente: sociedades de origen protestante. Curiosamente la dinámica sur-norte se reafirma desde esta perspectiva. Y la Hispanoamérica se presenta como un péndulo dividido y que tendrá que dividir. Dado que en estos países vivimos un “mix” de las dos formas de disolución: el caos y el totalitarismo.

–          No hay que luchar contra el Sistema, hay que crear otro Sistema.

–          El azul es el color de la amnesia.

–          Con azul, esponjas y vello púbico el mundo moderno quiere taparlo todo.

–          Violencia ritual: Violencia necesaria: Violencia paternal.

–          A veces parece que somos hombres de anteayer y de pasado mañana. Modernidad a un lado.

–          Sólo un príncipe puede ser anarquista.

–          Al fin de cuentas somos hombres de nuestros tiempos. Y es gratis.

–          Yo soy la Voluntad de Dios.

Sino entendiste nada de lo escrito arriba, no te preocupes, eres una quimera.

Por Francisco Núñez Proaño.

Y lo mejor para el final. El mar y la tierra han de serlo todo. El mapa del futuro, nuestro Mare Nostrum:

El mapa del futuro.


[1] Archivo Histórico Nacional de Madrid, Consejos, 21679. Arenga que pronunció el marqués de Selva Alegre antes de instalarse la nueva Junta de Quito.

[2] Entre el Plata y Bogotá. Cuatro claves de la emancipación ecuatoriana. 



La Cueca Larga de los Pincheira.

El mejor homenaje que puede tener un hombre que lleve bien puesto el timbre de hombe son sus propias obras, sus propias acciones. Miguel Ayuso ha dicho de José Manuel González: ” Su actitud, piadosamente patriótica y por lo mismo ajena completamente al error nacionalista, tampoco es por desgracia frecuente en el Río de la Plata. De modo que perdemos un puntal en la transmisión de saberes y actitudes acendradamente tradicionales.” Manolo recuerdo tus palabras para mí: “Pleno de Fe en el camino común”.  Mantengo la Fe  y el mejor homenaje que te puedo hacer es este. ¡Qué viva la Nueva Hispanidad!:

La Cueca Larga de los Pincheira. [1]

Dice José Antonio Pincheira ante la muerte:

Gracias Señor, por tantas tardes bravas,

por tanta noche en vela,

por tantas mañanas con la boca seca,

y el gusto del aguardiente en la lengua

y el temor a la próxima topada.

___

Gracias, mi Dios, por tantas cargas

y por tantas  heridas en la carne,

por las traiciones, las locuras hermosas,

por cuando me caí y me dieron duro,

por el dolor en las sienes y en el alma,

por la inmensa soledad y el silencio

cuando más necesitaba de consuelo.

___

Por tener que compartir con la mala gente

el pan, el agua, la risa y la esperanza,

por la escupida en medio de los ojos

por la sal sobre la herida abierta

y por la  incomprensión de los que quise.

___

Gracias Señor por el paso del tiempo,

por el silencio de los días

y por la duda en la esperanza;

sólo me queda la Fe, empecinada,

la Caridad la han roto una mañana

disfrazándola de palabras y gritos.

___

Sólo me quedan el Rey y una guitarra,

un rosario, un roto poncho negro,

y algo que nunca nombro.

Y que ahora llega, mientras muero

y que viene a mi boca y se desangra.

___

Gracias Señor porque me separaste

de la tropilla y me pusiste marca,

porque escuché canciones buenas, fieles,

cuando otros escuchaban las palabras

que confunden y rompen y desgarran.

___

Gracias Señor por este mate amargo,

aporteñado, que ahora me acompaña,

y por estas estampitas ajadas,

La Mercé, de Jerez, y Chillán, la siempre goda

y aquello que me guardo y que Tú sabes.

___

Gracias Señor por tanta matadura

sobre este cuero viejo que termina.

Cuando deje de pitar, Señor mío,

tendré sabido que di bien la batalla.

José Manuel González

Parque Chas

A los 8 días de Setiembre de 2009


[1] Extraído de La “cueca larga” de los Pincheira – Una montonera realista en la Independencia sudamericana. De José Manuel González, Ediciones Nueva Hispanidad, Buenos Aires, 2009. Los Pincheira fue el nombre por el cual se conoció, durante la Guerra de la Independencia o de Secesión hispanoamericana, a una montonera, partida o guerrilla en la que militaron algunos oficiales del ejército realista de Chile, pero que, esencialmente, estuvo constituida por criollos de aquel país, como los hermanos Pincheira, quienes acaudillaron y dieron nombre a la hueste que luego de las derrotas de Chacabuco y Maipú, compartiendo, quizás la convicción del personaje de Ionesco en El Rinoceronte: “Soy el último hombre (…) Nunca capitularé”, permanecieron leales a las banderas del rey, apoyándose en numerosas comunidades indígenas de ambos lados de la cordillera e iniciando un combate que se prolongó hasta 1832, en la provincia del Neuquén, en suelo argentino.